Catalina Bárcena

#MAKMAEscena
‘Las sombras de Catalina Bárcena’, de Román Calleja
Autora: María José Debén
Reparto: Miriam Díaz Aroca, Nuria Gallardo, Juan Gea y Megan Tyler
Una producción de Caroca Teatro
Estreno absoluto en el Palacio de Festivales de Cantabria (PFC)
Avenida Reina Victoria s/n, Santander
Viernes 6 (20.00) y sábado 7 (19.30) de marzo de 2026

A cada cual, su sitio. Estas son las palabras que se han omitido durante la rueda de prensa de la nueva obra teatral ‘Las sombras de Catalina Bárcena’, de la compañía Caroca Teatro. Un sitio que, poco a poco, con la corriente revisionista que se está llevando a cabo en el teatro español, va devolviendo su esplendor a figuras como la de María Lejárraga (mujer excepcional y una escritora fundamental tanto en política como en literatura) que hasta hace apenas pocos años era desconocida para el gran público.

Por el contrario, esa misma corriente ha colocado el nombre de Catalina Bárcena (1888-1978) en un lugar que no le corresponde. Tildada por la historia oficial como “la otra”, “la amante” o “la actriz eclipsada”, se ha olvidado que fue una de las grandes actrices del teatro español del siglo XX: primera actriz en varias compañías clave, protagonista de estrenos, figura de proyección internacional y presencia central de la escena teatral durante décadas.

Con esta obra de teatro, la autora del libreto, María José Debén, quiere hacer justicia a esa grandísima profesional nacida en Santander, que durante años fue una de las actrices más reconocidas en la farándula teatral de nuestro país y que pasó a ser apenas una nota al pie de página de la vida de su gran amor, Gregorio Martínez Sierra.

Nuria Gallardo y Miriam Díaz Aroca, durante un momento de la representación. Imagen cortesía de Caroca Teatro.

‘Las sombras de Catalina Bárcena’, que acoge el Palacio de Festivales de Cantabria, se desarrolla en octubre de 1948 en un teatro de Madrid, dos horas antes de que la actriz salga a escena tras un exilio de 11 años en Buenos Aires. Por su camerino pasan figuras —unas reales, otras tan solo fantasmas del pasado que la acompañan— como María Guerrero, su maestra; Gregorio Martínez Sierra, su pareja durante 30 años y fallecido meses antes, y María Lejárraga, su antagonista en este triángulo imposible.

Como la propia Debén subrayó durante su intervención, “tratamos de mostrar a una mujer completamente rota, con sus virtudes y sus defectos”, a lo que añadió: “Esta obra no tiene ninguna benevolencia con la figura de Catalina Bárcena, la hace muy humana”.

Es por ello que la Bárcena que nos encontramos sobre el escenario es una mujer que mira su vida en retrospectiva, reviviendo sus éxitos, sus miserias y el trayecto que la ha llevado hasta ese camerino, en el que se encuentra agotada de una existencia que la obliga a continuar trabajando.

La actriz que da vida a Catalina Bárcena, Miriam Díaz Aroca, señaló acerca de su personaje, que se trataba de “una mujer que tiene miedo; sin embargo, ese miedo le da el valor y la fuerza necesarios para continuar”. “En las dos horas vomita todos esos miedos que la han acompañado durante los últimos 11 años de exilio”, agregó.

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La escenografía es sobria, etérea, ocupada solo por lo imprescindible: “Un camerino que es y no es camerino. Un espacio mental donde confluyen todos los tiempos de una vida. Las sombras que visitan a Catalina no son fantasmas literales: son presencias que habitan su memoria, voces que la sostienen o la confrontan”, señaló Román Calleja, director de la obra.

Al fin y al cabo, toda la acción teatral se desarrolla durante dos horas en ese cubículo mental donde los actores entran y salen dando vida propia a sus personajes, a sus palabras y, sobre todo, a las emociones de la propia Catalina Bárcena.

En el resto de la puesta en escena se ve una gran pantalla que preside el escenario desde arriba; en ella se proyectan sombras, momentos de vida, de éxito, de muerte… La obra trata sobre una vida, unas ideas. Sin embargo, como subrayó el propio Calleja, “no es un homenaje a Catalina Bárcena, es una llamada a la verdad y por ello huimos del costumbrismo clásico”. Con esta fórmula, el lenguaje escénico se acerca más a una confesión teatral, donde lo onírico hace que el público empatice con el personaje de una forma íntima y directa.

Miriam Díaz Aroca y Megan Tyler, en un momento de ‘Las sombras de Catalina Bárcena’. Imagen cortesía de Caroca Teatro.

George Orwell escribió en la revista Tribune en 1944: “La historia la escriben los vencedores”. Con esta obra, tanto Calleja como Debén buscan no reescribir esa historia, sino hacer justicia al nombre de Catalina Bárcena y recordar que esa mujer fue la primera que apostó por estrenar una obra de Federico García Lorca, la primera actriz española en Hollywood en rodar películas en castellano, y una intérprete de éxito en escenarios como París, Broadway y Buenos Aires.

‘Las sombras de Catalina Bárcena’ se puede resumir con esta sencilla premisa: para que una estrella brille, no es necesario apagar otra. Por ello, la recuperación del nombre de María Lejárraga ha sido una gran victoria, aunque este reconocimiento no debería haber denostado el nombre de Bárcena. Como se apunta en el dossier de prensa, resumiendo la obra y, por qué no, la tensión entre diversos talentos, “la memoria cultural no es inocente: también selecciona, excluye y castiga”.