No hay incendio sin cenizas

Vestigios de una cultura contemporánea, de Urtzi Ibarguen
Fundación BilbaoArte
C / Urazurrutia, 32. Bilbao
Hasta el 3 de mayo de 2017

Urtzi Ibarguen recurre al fake, que en este caso refiere a la “re-creación” arqueológica neutra, desde cero y prescinde de la copia, la imitación o el remake al carecer de objeto/cosa al que copiar, para desvelar, desde una perspectiva actual, lo que deben ser los restos de algo que podría no tener pasado. Quizá ni siquiera presente.

Se trata, en principio, de una arqueología sin historia o (rescato de nuevo a Derrida) de una huella que no remite a una pisada originaria, sino que intenta mostrar que todo es una huella de una huella de una huella y así hasta el infinito, es decir, sin origen primero. Vestigios de una cultura contemporánea tiene precisamente como rasgo singular la imposibilidad de encontrar referentes originales en su presencia inmediata, por lo tanto, todo potencial principio es puesto en tela de juicio.

Vista de la exposición 'Vestigios de una cultura contemporánea', de Urtzi Ibarguen, en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

Vista de la exposición ‘Vestigios de una cultura contemporánea’, de Urtzi Ibarguen, en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

No obstante, ¿cómo puede surgir algo de la nada absoluta? Para que esto suceda necesitamos algo que aniquile totalmente lo anterior. Tiene que ser algo descomunal y extraordinario. Por ejemplo, un gran incendio que arrasará con todo rastro material y con toda memoria, y así, que obligase a crear otros dioses que indiquen otros génesis y otros hombres y mujeres que, como ha sucedido siempre, lo interpretasen, lo constatasen y si fuera necesario que lo rebatiesen.

Los sondeos científicos, al menos desde el Big Bang hasta ahora (y resulta cuanto menos sospechoso que pueda explosionar algo desde el vacío total) han demostrado sobradamente el carácter persistente de lo material y de momento no hubo cataclismo divino alguno que borrase el recuerdo de otros panteones previos. El cristianismo, sin ir más lejos, todavía no pudo acallar del todo los gritos, a veces ensordecedores, que llegan desde el monte Olimpo. Zeus no deja de codearse con el todopoderoso sumerio Enlil… y así sucesivamente. No hay incendio sin cenizas.

Obra de Urtzi Ibarguen en la exposición 'Vestigios de una cultura contemporánea', en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

Obra de Urtzi Ibarguen en la exposición ‘Vestigios de una cultura contemporánea’, en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

Partir de, o tener la “nada misma” como máximo objetivo a alcanzar, como telos último, ha sido siempre un tema recurrente aunque los trasuntos no fueron completamente afortunados. En un contexto artístico, por ejemplo, ante la imposibilidad de partir de nada, (hay que tener en cuenta aquí que una idea es siempre recursiva, o sea, A es A, una rosa es una rosa es una rosa) se ha intentado llegar a “la nada” mediante la negación radical de toda clase de tradiciones (económicas, sociales, culturales y políticas) heredadas de épocas anteriores.

Filippo Tommaso Marinetti en su manifiesto futurista (1929) condena todo lo obsoleto (que para él era todo lo anterior a la era industrial) al escombro; glorifica la guerra como si fuera una máquina capaz de convertir en NADA lo que hasta ahora existía, la guerra era la única “higiene del mundo”; quería destruir los museos, los archivos, las bibliotecas y las academias de todo tipo…. reducir el mundo a cenizas. Pero las cenizas son cenizas.

Obra de Urtzi Ibarguen en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

Obra de Urtzi Ibarguen en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

En la misma línea, Max Stirner, el filosofo de “nada está por encima de mí”, se queda tan ancho al afirmar que todos los elementos de la sociedad (estado, propiedad, religión, etc…) e incluso la sociedad misma, se establecen sobre unas bases absolutamente vacías y sólo se cosifican en la mente del individuo, que es único y está directamente relacionado con la nada en cuanto que sólo él, como único que es, es fundamento de toda relación posible. Así las cosas, el héroe de Stirner sería el o la artista que realizase un trabajo improductivo, no-económico, sin propósito alguno, sin ningún objetivo más allá de sí mismo, un objeto artístico que representara toda negación. “Cuadro blanco sobre fondo blanco” podría ser la obra paradigmática del encumbramiento de “la nada Nada”. Pero la obra de Malevich no sería sino hubiese algo que demoler primero.

Obra de Urtzi Ibarguen en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

Obra de Urtzi Ibarguen en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

La base de los “objetos arqueológicos” que aquí se exponen no es, ni mucho menos, ni el gran vacío físico ni lo vacuo existencial, aunque se tengan en cuenta algunas de sus causas y consecuencias. Tampoco se pretende conquistar un grado cero de la historia o algo parecido. Muy por el contrario se trata de materializar determinadas conductas sociales contemporáneas con un fuerte fundamento ideológico (saber qué) y tecnológico (saber cómo) que caracteriza el presente ya histórico en el que vivimos y que en apariencia no tiene cuerpo, por lo tanto puede asemejarse, desde alguna perspectiva muy generalista, a la nada total.

Vista de la exposición 'Vestigios de una cultura contemporánea', de Urtzi Ibarguen, en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

Vista de la exposición ‘Vestigios de una cultura contemporánea’, de Urtzi Ibarguen, en Fundación BilbaoArte. Imagen cortesía del autor.

Juan Llano Borbolla

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