Sorolla

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‘Sorolla. Orígenes’
Comisariado: Luis Alberto Pérez Velarde
Museo de Bellas Artes de València
San Pío V 9, València
Del 30 de marzo al 11 de junio de 2023

“Un genio en potencia que se desarrollará en los años siguientes”. Así destacó Pablo González Tornel, director del Museo de Bellas Artes de València, la obra que del novato Joaquín Sorolla acoge la pinacoteca valenciana, en colaboración con el Museo Sorolla de Madrid. Un total de 56 pinturas, seis dibujos y dos acuarelas -acompañadas de fotografías y documentos- que ponen de relieve el talento (“era un superdotado”, subrayó González Tornel) que ya atesoraba el artista en tan temprana edad: las obras mostradas las realizó de los 15 a los 21 años.

‘Sorolla. Orígenes’, tal es el elocuente título de la exposición que reúne un total de 103 piezas -algunas de ellas inéditas-, pone el foco en ese talento casi impúber del llamado artista de la luz que, tras ver la muestra, permite establecer algunas aproximaciones más fidedignas en torno a ese carácter lumínico de su abundante producción.

‘El grito del Palleter’, de Joaquín Sorolla, en la exposición ‘Sorolla. Orígenes’ del Museo de Bellas Artes de València.

De hecho, dos de las obras que protagonizan esos “orígenes”, como son ‘El grito del Palleter’ -premio de la pensión de pintura en Roma de la Diputación de València- y ‘Dos de mayo’ -medalla en la Exposición Nacional de 1884-, en torno a la Guerra de Independencia española, poseen ya la luminosidad tan característica de Sorolla: limpia y transparente, como el sol que destila cierta existencia dichosa, pero entreverada con los claroscuros asociados a lo que el escritor Manuel Vicent llamó una “vida aperreada”, presente, por tanto, de igual manera en esa luz positiva atribuida a su Mediterráneo feliz.

Podríamos, de esta forma, apropiarnos del título con el que Tzvetan Todorov abordó la obra de Goya, ‘A la sombra de las luces’, para, siguiendo ese mismo rastro, dotar a la propia luz de Sorolla de ese carácter ambivalente: placentero, sensual y hedonista, por un lado, al tiempo que sombrío, lúgubre y telúrico. Quizás, por hilarlo con el tema de la Guerra de la Independencia -presente en las dos obras premiadas de Sorolla-, asociado a esa mezcla de exaltación revolucionaria y caos letal.

Vista de la exposición ‘Sorolla. Orígenes’, en el Museo de Bellas Artes de València.

De hecho, el Museo Sorolla ya se hizo eco de ese ‘Sorolla en negro’, en una muestra comisariada por Carlos Reyero, para recalcar esa supuesta paradoja entre la luz blanca “con infinitos matices” y el negro, metáfora de la oscuridad, igualmente presente “de manera notoria” en la paleta del genio levantino. El Año Sorolla, que ahora se celebra y del que forma parte la exposición del Museo de Bellas Artes de València, puede servir para ampliar esa mirada circunscrita a la bonhomía de la luz sorolliana.

Luis Alberto López Velarde, comisario de ‘Sorolla. Orígenes’ ya se refirió a esa conjunción cuando aludió al carácter impresionista que destilan algunas de sus obras, junto al dramatismo que se puede observar en sus composiciones fruto del impacto que le produjo el contacto con los cuadros de Velázquez. ‘Dos de mayo’, subrayó el comisario, “es la primera vez que se ve en Valencia”, aunque se trate del boceto del original que mide seis metros de largo y cuatro de altura y que ha sido imposible traer por problemas derivados de su conservación.

‘Sorolla. Orígenes’, en el Museo de Bellas Artes de València.

De ’El grito del Palleter’, González Tornel dijo que se trataba de una pieza que posee cierto “carácter de inmediatez, del natural, que la diferencia de otras pinturas de carácter histórico; es como si estuviera casi pintado a brochazos”. En ella se recrea la arenga de Vicent Domènech, campesino conocido precisamente como el ‘Palleter’ por vender mechas de paja, para animar a sus conciudadanos a rebelarse contra los franceses.

La muestra que el Museo de Bellas Artes acoge hasta el 11 de junio está dividida en distintas secciones dedicadas a ese influjo en su obra por parte de Velázquez, al eje Valencia-Madrid que se establece de manera temprana, los grandes premios ya mencionados y el arte de retratar, género con el que alcanzará “cotas de refinamiento máximas en su producción posterior”, tal y como se recoge en uno de los vinilos de este apartado expositivo.

Pablo González Tornel (en primer término) y Luis Alberto Pérez Cuenca, en la presentación de ‘Sorolla. Orígenes’. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de València.

El escritor Manuel Vicent, en su texto para el libro ‘Sorolla y el mar’ (La Fábrica), insiste en esa paradoja que contiene la luz en la obra de Joaquín Sorolla: “Quien crea que su estética carece de profundidad y solo expresa la sensualidad mediterránea se equivoca. Más allá de sus escenas marineras, que a simpe vista el espectador puede confundir con un paradigma de la dicha solar, el pintor da testimonio de una lucha cruel por la vida”.

Crueldad que Sorolla sintió desde muy pequeño, porque, tal y como explicó Pérez Velarde, la pérdida de sus padres cuando apenas tenía dos años le marcó profundamente. Orfandad que le llevó a la búsqueda de esa luz prístina con la que envolvió sus figuras y paisajes mediterráneos, sin poder evitar que en su obra se manifiesten las sombras de aquellas tempranas muertes familiares. Luces y sombras recogidas en este primer Sorolla que ahora muestra el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Sorolla
Vista de la exposición ‘Sorolla. Orígenes’, en el Museo de Bellas Artes de València.