Más perdidos que Carracuca. Sala Russafa

#MAKMAEscena
‘Más perdidos que Carracuca’
Dirección y dramaturgia: Emilio del Valle
Intérpretes: Jorge Muñoz y David Fernández Fabu
Producción Tarambana Teatre, Inconstantes Teatro y A Fuego Lento Gestión y Creación Intérpretes
Sala Russafa
Dénia, 55, València
Hasta el 29 de marzo de 2026

El pasado 27 de marzo fue el Día Mundial del Teatro. Para conmemorar la ocasión, el actor estadounidense Willem Dafoe lanzó un mensaje en el que incidía y reflexionaba sobre el poder transformador de la disciplina teatral y las relaciones interpersonales. Precisamente de la conexión humana es de lo que habla ‘Más perdidos que Carracuca’, de Emilio del Valle, que, además, sirvió para conmemorar esta fecha tan señalada en la Sala Russafa, donde sube a escena hasta el 29 de marzo.

Interpretada por Jorge Muñoz y David Fernández Fabu, la trama sigue la jornada de Rafael y Manuel, quienes, maltratados por la vida y sumidos en la pobreza, discuten y conviven en el cuarto de una ruinosa pensión. Aun así, ambos forman una extraña familia que surge a partir de los principios de cada uno y de una humanidad que emerge desde la miseria más invisibilizada.

Con ‘Más perdidos que Carracuca’, Emilio del Valle, junto a Tarambana Teatre, Inconstantes Teatro y A Fuego Lento Gestión y Creación, se muestra lo que la sociedad más se esfuerza por ocultar: las personas que habitan en la calle, en las pensiones y en cuartos alquilados que, a pesar de su esfuerzo por prosperar, no consiguen salir del agujero. Rafael y Manuel son un retrato de lo que habita la vida urbana o, mejor dicho, sobrevive en la vida urbana porque, como ellos, existen miles cuya cotidianidad está marcada por la supervivencia.

Esta mirada poética y teatral se traslada a la escenografía, que no se basa en montajes grandilocuentes, sino en pequeños objetos como unos simples zapatos y unas botellas de vino que encarnan, por un lado, la esperanza de poder proyectarse en un futuro distinto, y, por otro, la imaginación y la evasión temporal de un desastroso presente a partir de un ritual compartido.

Como consecuencia, el vacío en el decorado es la mejor forma de poner en escena y de explicar la vida en la que hayan los protagonistas. Es, tal y como señala el propio creador, “estar hablando de la precariedad, de las personas que viven en los márgenes”.

Más perdidos que Carracuca. Sala Russafa
Jorge Muñoz y David Fernández ‘Fabu’ protagonizan ‘Más perdidos que Carracuca’, de Emilio del Valle. Imagen cortesía de Sala Russafa.

En este contexto, Jorge Muñoz y David Fernández interpretan a dos personajes que disponen de una gran humanidad que se muestra a partir de la sutileza, de los diálogos, de la complicidad y de la fragilidad. Su química genera momentos tiernamente incómodos mientras se deslizan por la mugre de su pensión, provocando que el espectador esboce una sonrisa emotiva al mismo tiempo que se plantean las diferencias entre clases sociales y cómo la unión surge desde los márgenes.

Todo ello sirve para expresar que la dignidad se mide no tanto por el éxito, sino por la capacidad de sostener al otro cuando todo parece derrumbarse. Con ‘Más perdidos que Carracuca’, el público queda desarmado ante la bofetada que los señala como cómplices de un sistema que permite que personas como Rafael y Manuel busquen conseguir oportunidades, aunque estas no estén al alcance de sus posibilidades. Aun así, lo siguen intentando porque la teoría dictamina que si algo se desea con fuerza se puede conseguir. Sin embargo, en la práctica, da igual quién calce unos bonitos zapatos, van a quedar manchados por la piedra en el camino que es el fracaso y el techo de cristal.

Volviendo a la reflexión de Willem Dafoe, el teatro sirve para cuestionar hacia dónde se dirige la sociedad, porque “el gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar” y su capacidad sirve para “cuestionar hacia dónde vamos”.

‘Más perdidos que Carracuca’ nos confronta a posar nuestros ojos hacia dónde no hemos querido ni nunca queremos mirar. No existe una moraleja o una historia clara de redención, sino la voluntad de querer reconocer y visibilizar las vidas de quienes duermen en camas destartaladas y se cubren con periódicos para resguardarse del frío. Es por eso que “el teatro nunca ha sido tan importante y vital para nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo”.