María Toledo
#MAKMAEntrevistas| María Toledo (cantaora)
‘Corazonada’ (Universal Music, 2019)
Teatro Talía
Caballeros 31, València
Concierto previsto para el 4 de febrero, aplazado al 2 de mayo de 2021

María Rodríguez del Álamo (Toledo, 1983) llega al Teatre Talía de València, en el corazón del barrio de El Carmen, con botas marrones, uñas rojas y mascarilla negra con una inscripción legendaria: “Si me queréis, irse”.

El sol es un braserito que apenas calienta las calles. Una marcha de hosteleros penitentes enfila hacia el Palau de la Generalitat, sede del Gobierno autonómico, con un repique de cacharros de cocina para protestar por el cierre forzoso de sus establecimientos.

A falta de terraza para la entrevista, la cantaora María Toledo elige un banco a unos metros de la fachada del auditorio, donde estaba previsto que el 4 de febrero pusiera el broche a una etapa artística con su último trabajo: ‘Corazonada’.

Sucede que, desde diciembre de 2019, lo único que sigue ahí al despertarse no es el dinosaurio de Monterroso, sino un virus respiratorio que a menudo provoca que los planes estallen como mosquitos contra un parabrisas. «Estamos todos en vilo: hoy sí, mañana no, pasado, veremos…». María Toledo confiaba en que la de febrero fuese la fecha definitiva («ya está impreso el cartel con el 4 de febrero y todo. Yo creo que se hará»).

Pero no. El bucle de restricciones y prohibiciones para contener la pandemia (esta vez, el aislamiento de las ciudades de más de 50.000 habitantes los fines de semana) ha hecho elástico el calendario y el concierto vuelve a quedar aplazado para el 2 de mayo. Eso si, a la manera de los encabezamientos de los carteles taurinos, el virus lo permite y las autoridades no lo impiden.

María Toledo
María Toledo, con el Teatre Talía al fondo. Foto: Roberto Fariña.

¿Las uñas rojas fueron una marca personal para el primer disco o venían de antes?

Nunca me verás con otro color. Es parte de una rebeldía. Cuando tocaba clásico, el profesor, al llegar a clase, me obligaba a quitarme las uñas con quitaesmalte. Le cogí tanto coraje que decidí que tocaría el piano siempre con las uñas pintadas de rojo.

Hace poco, presentaste el videoclip deMamá’, uno de los temas de tu último disco, ‘Corazonada’, con el que dices que concluyes una etapa musical.

Al acabar estos conciertos sacaré un primer single con un videoclip y empezaremos una gira que será lo larga que nos deje la pandemia.

Quieres autoproducirte el próximo trabajo.

Siempre he tenido una multinacional detrás, pero eso no significa que yo no haya estado al pie del cañón. ‘Corazonada’ lo saqué en licencia con Universal, pero he probado de todo: desde licencias a exclusivas. En la música ahora se lleva grabar mucho single y yo no soy artista de single. Prefiero hacer un trabajo completo. Me pasó con el tercer disco, ‘Consentido’, que estaba creado para no sonar en la radio, con temas muy largos. Al final, fue el que más sonó en radio. 

Se les hace largo a las compañías esperar a que el artista reúna 12 o 13 temas.

Antes, de esa docena de pistas te quedabas con cinco o seis, pero creo que el camino no es ese. La gente te recuerda por las etapas que vas superando en tu vida. Mi forma de ser es más de disco que de single. Por eso me interesa autogestionarlo. ¿Le puede interesar a una multinacional? Ya lo veremos. Hoy por hoy puede pasar de todo. Si tengo que hacerlo de forma independiente, como soy muy independiente y lo he sido toda mi vida, no habrá ningún problema. Al final lo subes a las redes y es mucho más fácil.

Es decir, que harás el trabajo como quieras y luego lo ofrecerás.

Hay muchas formas de hacerlo. Una, que es lo que me ocurrió a mí con ‘Uñas rojas’, que te descubran, contraten a un productor y te hagan el disco. Otra posibilidad es que te presentes con el disco terminado y ellos te compren el máster, te lo licencien o te distribuyan el disco.

María Toledo, en la entrada del Teatre Talía de Valencia. Foto: Roberto Fariña.

¿Has tenido que rechazar muchas propuestas a lo largo de tu carrera?

Mi primer disco fue como yo quería, como lo había pensado. Cuando haces un disco y eres flamenca te intentan colar en una radiofórmula. ¿Qué pasa? Que no hay tantos programas que apuesten por la música flamenca o aflamencada: Radiolé y Cadena Dial. Por mi giro tan flamenco, yo no podía entrar en una radiofórmula más comercial. Me dijeron: “Graba un single e intenta no girar”.

Para mí, eso fue duro. Si yo elimino mis giros flamencos soy otra persona, pierdo mi sello. En aquel momento era una chavalilla. Tiempo después te planteas por qué tienes que hacer según qué cosas. A día de hoy, si alguien me dice “no gires para poder entrar en una radio”, no lo hago.

Habrás oído más de una vez que salirte del flamenco con esa voz y ese dominio de los cantes clásicos es echarte a perder.

Siempre he tenido en mente hacer una antología flamenca. Pero me gusta coquetear con las composiciones. En el flamenco, si un tango es de la Niña de los Peines vale más que si un autor contemporáneo crea una letra nueva. Parece que si adaptamos lo que hacían los antepasados, eso sí es flamenco; pero si se nos ocurre crear, ya no. Ese es un debate que siempre va a estar presente y se solucionará cuando dentro de décadas ya no estemos ninguno de nosotros y los que vengan escuchen nuestra música.

También hemos cometido el error de llamarlo a todo a flamenco y que todas las cancioncitas valgan. El triunfo, ¿qué es? ¿Llenar teatros, vender discos? Eso es subjetivo. A lo mejor uno cantando en una pescadería que atrae a curiosos que se interesan por lo que hace se siente el más triunfador. Lo que hay que tener claro es que la crítica siempre va a estar ahí.

Te llamaron «abogada de Toledo» para presentarte en un concierto.

Estaba en primero de carrera. Con 12 fue peor, me llamaron flamenquicida y otras muchas cosas que rozan la vulgaridad.

Siendo abogada colegiada, no se puede negar que cantabas por derecho.

La que más por derecho canta, vamos… Totalmente.

¿Cómo empieza tu proceso creativo? En María Toledo es todo atípico: una flamenca que se acompaña con el piano, que compone sus canciones y escribe sus letras, que es aún más raro.

Depende de si compongo o hago versiones. Cuando compongo suele salirme una melodía y una letra al mismo tiempo. Cuando se trata de versiones, pruebas el repertorio que le va bien a tu voz, es más largo.

¿Compones sola o a varias manos?

Las dos. Ahora se lleva mucho eso, lo llaman ‘campings de creación’. Es bastante divertido y te sirve para salir de tu zona de confort.

Has llegado a cantar casi como un desafío. Como cuando grabaste martinetes, tonás, deblas…, palos que encajan mejor en una voz masculina.

He crecido a base de palos. El primero, cuando empezaba, mi maestro me dijo: “Tú tocarás el piano cuando yo tenga el título de ballet”. De manera que cuando terminé los estudios en el conservatorio le envié una carta a su casa y le puse: “Ya te puedes comprar el tutú”. Tengo buena memoria y recuerdo a quien no dio un duro por mí en mis inicios.

¿Te ha pasado lo mismo con los músicos?

Al principio, muchos no me querían acompañar y hoy me preguntan que por qué no cuento con ellos.

En tu último disco, ‘Corazonada’, hay canciones para casi cualquier forma de amor: el romántico, el de familia y hasta el amor hacia lo que aún no es. ¿De tanto escribir sobre el amor y pensarlo, has descubierto algo nuevo o te has rendido a la misma conclusión que el poeta Carlos Edmundo de Ory, que decía que la física nuclear no le servía para comprender por qué lloraba por amor?

Por mucho que se intelectualice el amor, es algo tan del alma que no se puede llegar a entender. Todo son preguntas. A mí me gusta ser así, un poco imprevisible. En el amor he aprendido que las cosas que creíamos eternas pueden no serlo. Eso duele mucho porque todos hemos sufrido por amor. Sueles sufrir cuando tienes una imagen que no corresponde con la realidad.

El amor obnubila, ciega; cuando te entregas y te vacías te quedan cicatrices que no llegan a curar. Pero siempre hay que creer en el amor. Creo que en estos tiempos no nos paramos a amar lo suficiente.

En tus inicios eras de esa clase de afición que iba a las juergas flamencas con una grabadora para llevarse puesto algún cante a casa. ¿Es importante vivir y aprender en el ambiente flamenco?

Yo lo he vivido y lo echo muchísimo de menos. Con la ayuda de las redes sociales se puede aprender a construir un cante, pero falta la vivencia, hay un parte del proceso creativo que falta. Yo cogía autobuses en Toledo a las 22:00 para llegar dos horas más tarde a las juergas del Candelas. Por la mañana volvía en taxi para asistir al colegio. En algún momento de mi vida me gustaría rescatar todo lo que tengo grabado en cintas y, a través de ellas, explicar mi proceso creativo.

¿Qué nos enseñarían esas grabaciones?

Por ejemplo, cuando Antonio Arenas me corregía las soleás. Con eso quiero reivindicar la figura de los maestros del flamenco. Ahora mismo, los tenemos muy grandes con mucha capacidad para enseñar, como El Pele o Diego Carrasco.

Hablando de El Pele, tienes muy buena relación con los sobrinos…

Lin y Nani. El otro día lo llamé por su cumpleaños y a mí me parece que es un genio. Él fue quien me enseñó a cantar el mirabrás.

Diego Carrasco, el rey del compás.

Te puede llegar a enseñar un concepto del compás que no te imaginas.

María Toledo, en una imagen del álbum ‘Corazonada’.

¿Algún otro maestro con el hayas cruzado tu camino y realmente te apeteciera?

Me estoy volviendo tímida y eso me da mucho coraje. Siempre he sido muy «echá pa’lante». Me han dicho que es cosa de la edad. Antes iba al encuentro de los que mejor cantan por palos. El otro día estuve con Paco Cepero y en ese tipo de reuniones se aprende muchísimo. Se nos está yendo el disfrutar del ahora pensando que vendrán tiempos mejores.

Chano Domínguez me contó una vez que solía llevarse un pianito de tres octavas de viaje para aplacar el mono de tocar.

Un tecladito siempre llevo. El mío está reventado de golpes. No me obsesiono con la técnica ya, no puedes vivir preso de ella. Cuando salgo al escenario me dejo llevar y en ocasiones te sorprendes de lo que haces, tanto por lo bien como por lo mal que pueda estar.

Antes de que decidieras acompañar el cante con el piano no había un modelo en el que fijarse, no se había hecho, al menos para el público. ¿Fue costoso traspasar el compás flamenco sin instrucciones?

No lo pensé demasiado porque yo ya tocaba y cantaba. No apliqué técnica alguna porque ya lo tenía interiorizado. La técnica flamenca la tienes que aprender, pero después te tienes que olvidar de ella, no puedes estar obsesionado. Eso, a quien no ha nacido en un ambiente flamenco, hay que explicárselo porque puede resultar incomprensible. Tuve la suerte de estar con Antonio Arena y Pepe Pucherete, que me explicaron el ritmo y su porqué.

¿Fue antes el cante, el piano o todo a la vez?

Empecé con el instrumento a los ocho años, antes de presentarme a los concursos de cante. El piano ha sido igual que la voz. Los concursos vinieron con 9, 10…, con 11 voy al festival de las Minas. Esa etapa la abandoné a los 16 o 17. En un concurso haces dos o tres cantes y te vas a tu casa y a mí me encanta tirarme dos horas cantando en el escenario. Cuando empiezo no hay quien me baje.

El escenario impone distancia con público, pero te mantienes muy conectada a tu público a través de las redes sociales. ¿Llega a resultar agotadora esa promoción sin fin?

Que resulta agotador lo pienso todos los días de mi vida. Doy todo a la gente, pero ese cariño me ayuda a conocer qué espera el público de mí. El respeto hay que darlo a cualquiera. Hay muchos momentos en que no puedo estar pendiente de todo, como, por ejemplo, cuando estoy componiendo. Yo estoy en la música porque me gusta, pero las redes sociales no lo son.

¿Es peor la crítica profesional o la aspereza de los trolls?

Los comentarios críticos en redes sociales no me importan. A veces hasta llevan razón. Y si no la llevan, les respondo, pero no bloqueo a nadie. Cada uno puede decir lo que quiera. A los comentarios de la crítica, cuando son fundamentales, hay que estar atentos. Hoy en día no me afectan tampoco demasiado. Cuando con 12 años fui al Teatro Central de Sevilla y me criticaron, me dolió mucho. Sufrí mucho.

María Toledo, junto al cartel del concierto previsto en el Teatre Talía. Foto: Roberto Fariña.

Sergio Moreno