De la carpeta Antropofauna, Manolo Miralles, 1969-1970. Aguafuerte sobre papel Arches. 57,5 x 77 cm. Imagen cortesía de Diego Arribas.

Manolo Millares, obra gráfica

Manolo Millares. Obra gráfica.
Diego Arribas

Fundación Museo Salvador Victoria
C/ Hospital 13, Rubielos de Mora (Teruel)
Inauguración: 22 de junio a las 20 h.
Hasta el 31 de octubre de 2013

Manolo Millares, Salvador Victoria y Elvireta Escobio en la Galería EGAM, Madrid, 1971. Fotografía de Enrique Gómez Acebo. Imagen cortesía de Diego Arribas.

Manolo Millares, Salvador Victoria y Elvireta Escobio en la Galería EGAM, Madrid, 1971. Fotografía de Enrique Gómez Acebo. Imagen cortesía de Diego Arribas.

 

La muestra, compuesta por un total de 33 obras, recoge 21 grabados que forman las carpetas “Mutilados de paz” (1965), “Auto de fe” (1967), “Antropofauna” (1969-1970), “Torquemada” (1970) y “Grupo 15” (1972).

Si bien algunas de estas obras se han expuesto sueltas con anterioridad, es la primera vez que podrán verse reunidas en estas cinco carpetas. Una recopilación inédita, que nos permite desplegar una visión panorámica sobre la obra gráfica de Millares.

Junto a las carpetas, se exhiben ocho aguafuertes impresos tras el fallecimiento del autor, así como dos serigrafías y un collage original, correspondientes a carteles de sus últimas exposiciones. Todas las obras pertenecen a la colección de su viuda, Elvireta Escobio, excepto un dibujo original de 1964 que cierra la muestra, procedente de la colección Ars Citerior. Los asistentes podrán ver, además, tres de las planchas originales que utilizó en sus últimos grabados.

Millares fue uno de los artistas fundador del grupo El Paso en 1957,  junto a Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manuel Rivera, Antonio Suárez, Antonio Saura, Pablo Serrano, Martín Chirino, Manuel Viola y los críticos de arte José Ayllón y Manolo Conde. Juntos, abanderaron el movimiento de vanguardia española de posguerra, que abrió el camino de la renovación de la plástica española.

La obra de Millares parte de la fascinación por la cultura aborigen del pueblo guanche y su particular cosmogonía. Un tributo a la memoria de su origen canario, que plasmó en sus primeras pictografías de los años 50, relacionadas con las composiciones de Paul Klee o Joan Miró.

En la segunda mitad de esa década aparece la figura del homúnculo, con el que introduce el uso de la arpillera en sus obras. Los signos guanches son sustituidos por sus momias “De ahí parten mis arpilleras –dice Millares-. Es algo que, naturalmente pertenece al pasado, pero que me permitía entrar en el presente y adquirir conciencia de ella”. Esa conciencia de la muerte, ese sentido arqueológico de sus composiciones y el interés por desempolvar la memoria colectiva de un pueblo exterminado, ya no abandonarán su obra, tal como señalaba el crítico de arte Antonio Zaya.

En las serigrafías y grabados de esta exposición, Millares nos habla de esa realidad descarnada de la lucha por la supervivencia, esa delgada frontera entre la vida y la muerte y la instrumentalización zafia que de ella se hizo en el pasado: Inquisición, torturas, ejecuciones…, dejando patente su capacidad para el dibujo, la destreza en las composiciones y la gran expresividad de sus grafismos.

La última exposición retrospectiva de Millares tuvo lugar en la Fundación Caixa Galicia: “Manolo Millares, la destrucción y el amor” (Exposición antológica), entre julio y octubre de 2006, por lo que esta es una buena oportunidad para volver a encontrarnos con el genio del creador canario a través, en esta ocasión, de su obra gráfica.

De la carpeta Antropofauna, Manolo Miralles, 1969-1970. Aguafuerte sobre papel Arches. 57,5 x 77 cm. Imagen cortesía de Diego Arribas.

De la carpeta Antropofauna, Manolo Miralles, 1969-1970. Aguafuerte sobre papel Arches. 57,5 x 77 cm. Imagen cortesía de Diego Arribas.

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