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‘Juana Francés. La construcción de una artista moderna (1945-1956)’
Comisariado: Rosa María Castells y Natalia Molinos
Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA)
Plaza de Santa María 3, Alicante
Del 8 de octubre al 25 de enero de 2026
Los primeros pasos de un artista siempre marcan; sus primeras formaciones e incluso las primeras imágenes que recibe resultan luego ser clave para su futura obra. Hoy en día, las imágenes nos bombardean, pero quizá, en 1924, cuando nace Juana Francés, buscar esa referencia constante era algo más complicado. Precisamente, ‘Juana Francés. La construcción de una artista moderna (1945-1956)’, la nueva exposición temporal que nos propone el MACA, pretende introducirnos en esos primeros pasos de la gran artista alicantina.
Juana Francés se formará en Madrid acabando sus estudios de piano y matriculándose en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, aunque previamente fue en Alicante donde comenzó esas primeras lecciones de música y donde también se inició en el dibujo, copiando fotografías, de manera bastante aproximada.
“Durante toda su infancia y juventud, carteles de fiestas populares y monumentos fogueriles debieron ser contemplados por nuestra artista, y pudieron influirle de una manera inconsciente en la concepción de las estilizadas figuras de su primera etapa”, escribe Natalia Molinos, una de las grandes expertas en su trabajo y comisaria de la muestra en el MACA; añadiendo también otros posibles nombres que le influenciaron dentro del ámbito local, como Gastón Castelló o Emilio Varela.

Pionera del informalismo abstracto y única mujer del grupo de vanguardia español El Paso, es muy interesante adentrarse en esta propuesta de la etapa de formación a través de las 52 piezas que componen la exposición. De estas, una veintena aproximadamente son inéditas y no se habían visto nunca.
Por ello, se agradece la colaboración público-privada entre las cuatro instituciones a las que Juana Francés donó su obra: el MNCARS de Madrid, el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza, el IVAM de Valencia y el MACA de Alicante; además de colecciones privadas como Colección Studiolo de Candela A. Soldevilla, la de la familia de Nellina Pistolesi, la de Francés Coloma o también la de Izard Francés, entre otras.
Al iniciar el recorrido encontramos mucho abocetado y claramente la figura femenina predomina. Hay que tener en cuenta que en el contexto de 1945 las academias de Bellas Artes están ancladas a artistas del diecinueve y no había mucho hueco para las novedades internacionales, por ello lo más próximo a su tiempo que se estudiaba era el impresionismo de Sorolla.
Nos cuentan que sus dos principales profesores fueron Juan Adsuara (de dibujo al natural) y Daniel Vázquez Díaz (de pintura mural y al fresco), técnicas que siempre le interesaron. Con un número muy bajo de alumnas en esas escuelas, Juana trabó amistad con Isabel Díaz y Nellina Pistolesi.
Destacan en el inicio escenas desdibujadas donde los lápices de acuarela ya casi han desaparecido, pero se intuyen. De estos primeros bocetos y dibujos, en un formato más pequeño, pasamos a grandes óleos que realiza con espátula, consiguiendo esos colores planos con los que otorga una extraña incomodidad a temas como bodegones o maternidad, temáticas tratadas tradicionalmente por las mujeres y que deberían ser amables. Francés no parece querer encajar ni siquiera en estos primeros momentos.
Al terminar sus estudios, entre 1951 y 1953, consiguió dos bolsas de estudios que hicieron que se empapara de todo el arte antiguo en Italia y de la pintura más moderna en Francia. En París conocerá el trabajo de Dubuffet, Picasso, Fautrier, etc, mientras que en Italia estudiará en detalle a los primitivos renacentistas y el arte etrusco.
De esta época son, sin duda, algunas de las obras más singulares de la muestra como ‘Silencio’, donde la figura emerge del fondo en actitud enigmática mientras se tapa la boca. ¿Es quizá una pista sobre la censura de la época? ¿Nos intenta transmitir algo desde su posición de artista-mujer?

El hieratismo y la frontalidad, así como las influencias italianizantes son claras a partir de 1952, momento en el que figuras humanas grandes empiezan a aparecer sobre fondos geométricos de corte metafísico. En ‘Figura de un hombre’ todavía se reconoce el fondo de un puente en algún lugar urbanizado, pero claramente hay algo que esconde, bien sea en su mirada o en el libro que oculta. A partir de estos años, sus exposiciones y varios reconocimientos en certámenes se suceden y sitúan a la artista en el centro del panorama artístico nacional.
A mediados de los años 50, de manera callada y sin que nadie lo supiera, empieza a experimentar con la abstracción en las figuras y en los fondos. La técnica también cambia, destacando combinaciones entre el frottage, grattage o la encáustica; esta última técnica se repite en otros lienzos anteriores.
Empezará también a probar otros soportes (cartón) y otros colores (rojos, violáceos, naranjas). Son estudios que jamás enseñará en público y que desembocarán, inevitablemente, en la total abstracción informalista que logró en 1957.
Desde esta interesante perspectiva que se nos propone, no podía faltar una parte de documentación donde entre postales, cartas y demás documentación (como, por ejemplo, su partida de nacimiento o un expediente académico) también observamos imágenes y fotografías familiares de la vida de Juana. Una magnífica y sobre todo bien investigada exposición, fruto del verdadero interés por subrayar la importancia de una artista que su propio tiempo trató de invisibilizar.
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