#MAKMAArte
‘El aura de una saga moderna: Ignacio, José y Marisa Pinazo’
Comisario: Javier Pérez Rojas
Coordinación: María Jesús Folch
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 7 de febrero de 2027
En el final de un poema de Emily Brontë se condensa el caudal pictórico por el que ha navegado la saga familiar de los Pinazo. Dice así: “Juega con la flor perfumada, la rama tierna del joven árbol, y deja mis sentimientos humanos, en su propio cauce inquieto”. Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916), su hijo José Pinazo Martínez (1879-1933) y la hija de este, Marisa Pinazo Mitjans (1912-1990), diríase unidos por la pintura que corre por las venas de todos ellos, en sus diferentes gradaciones, aunque navegando al unísono por ese mismo cauce inquieto.
Javier Pérez Rojas, comisario de la exposición ‘El aura de una saga moderna: Ignacio, José y Marisa Pinazo’, que reúne en el IVAM 138 obras del clan familiar, lo que hace es seguir el curso de sus diferentes trayectorias, con sus afluentes y respectivas singularidades, para mostrarnos el legado pictórico de una de las familias artísticas más notables de la ciudad de Valencia de finales del siglo XIX y principios del XX.
Y como toda comparación puede resultar odiosa, teniendo en cuenta además el aura alcanzada por Pinazo Camarlench, Pérez Rojas se limita a imbricar sus obras con el fin, precisamente, de que observemos la influencia de aquel en la práctica pictórica de su hijo y, después, de su nieta, poniendo igualmente el acento en la ejercida por Pinazo Martínez sobre su hija Marisa.

“Los Pinazo son todos artistas, lo que hacemos ahora es poner el foco en la obra de Marisa, cuya figura es desconocida”, señaló el comisario. Esta inclusión del trabajo llevado a cabo por la nieta de Ignacio Pinazo otorga a la exposición cierto carácter documental, al tiempo que singulariza su enfoque mostrando por primera vez la producción artística de tres generaciones juntas.
“Aunque la potente personalidad del abuelo sea objeto de veneración, el arte de cada cual sigue su curso y las creaciones de los tres van hablando de una superación de modelos y de evoluciones estilísticas que, en su conjunto, posibilitan realizar un sugestivo recorrido que nos lleva del Naturalismo y el Modernismo al Art Deco”, apunta Pérez Rojas en el texto que viene a resumir el conjunto expositivo.
Una primera ligazón, reveladora de la sangre pictórica que corre por las venas de los tres miembros de la saga familiar, se encuentra en las obras que recogen la pasión por la pintura de los vástagos en su más tierna infancia. Así, en ‘Retrato de familia’, uno de los apartados en que se divide la muestra, el comisario resaltó aquellos cuadros en los que se ve a José y, posteriormente, a Marisa, ya concentrados desde muy pequeños en la práctica de la pintura supervisada por sus progenitores.
A modo de muñecas rusas, Ignacio Pinazo dibujará a su hijo José en la obra ‘Pepito pintando’; José Pinazo hará lo propio con su hija, en ‘Retrato de Marisa’, para que finalmente sea la propia Marisa quien pinte ‘Retrato de su hijo Francisco’, mediante estilos muy diferentes entre sí: pintura al claroscuro del primero, más Art Deco del segundo, con atisbos “cubistas” (Pérez Rojas dixit) en la tela verde que enmarca a Marisa, y de una tierna figuración por parte de la desconocida Marisa Pinazo.
Ese “cauce inquieto” por el que navegan los tres –con resultados distintos–, bien pudiera desembocar en lo que en cierta ocasión manifestó Ignacio Pinazo, tomando prestadas las palabras de San Agustín: “Me convertí en un enigma de mí mismo”. Enigmas interiores que cada cual recogió en su obra con mayor o menor fortuna.
Así, Pinazo Camarlench, a través de sus paisajes turbios, sus sutiles figuras abstractas y sus dibujos inacabados para mostrar la superficie vacía de la pintura, su materia misma, se hará eco de lo que él mismo denominó “la identidad con respecto a la alteridad radical”, para dar fe de la complejidad que nos habita; el enigma que atraviesa su cautivante pintura.

Un mismo enigma emerge en el apartado ‘Los espacios vividos’, donde José Pinazo se hace eco de lo inquietante que puede resultar una ‘Vista desde la ventana’ (1899), aquí exhibiendo la conexión con los “modelos del claroscuro paternos”, a los que se refirió el comisario. “El ejemplo paterno orienta las primeras creaciones de José Pinazo, pero su evolución es una de las más definidas y cultas de la pintura regionalista valenciana”, destaca Pérez Rojas.
“Del costumbrismo anecdótico y sentimental evoluciona a un regionalismo más literario e idealizado que gana en refinamiento y depuración”, para finalizar inscribiéndose, a partir de 1915, en “una clara tendencia antiimpresionista”, abriéndose “hacia los modernos realismos”, añade el comisario.

El enigma de Marisa Pinazo pasa por sus desiguales naturalezas muertas y algunos retratos que, como máscaras -véase ‘Sin título’ (1930)–, nos devuelven el misterio del rostro cuya mirada parece hurgar en el vacío que ella misma sintió, fruto de la depresión tras la muerte de su padre.
‘El aura de una saga moderna: Ignacio, José y Marisa Pinazo’ contiene “el viento suave y apacible” del aura contenida en el título, reflejo del entrañable encuentro pictórico de tres generaciones de artistas, al tiempo que revela el diferente pálpito de la pintura que corre por sus venas, ya sea por las conexiones familiares o por las tendencias pictóricas que venían a sacudir sus bien distintos talentos.
- Los Pinazo o cómo la pintura se convierte en herencia genética - 13 marzo, 2026
- Antoni Tàpies: la radicalidad de sus últimos años mostrando el vacío como plenitud - 9 marzo, 2026
- Mar Guerrero y Anna Talens comparten sus inquietudes marinas en el IVAM - 27 febrero, 2026


