Lluís Llort
Lluís Llort: ‘Herencias colaterales’
Editorial Alrevés
I Premio Paco Camarasa de Novela Negra

Año 1989. La familia de Ernest Claramunt celebra en un restaurante de lujo un buen negocio. El páter familia ha firmado un acuerdo con una anciana octogenaria por el cual, a cambio de una renta mensual recibirá tras su fallecimiento el gran piso que ésta posee, en pleno centro de Barcelona. Pasan los años, y lo que parecía una apuesta segura, se convierte en un grave problema. Tras la muerte súbita de Ernest, agobiado por la necesidad de seguir pagando a la anciana, que ya forma parte del club de centenarios españoles, su hijo Artur, un vago y un golfo dado a la buena vida, piensa en tomar medidas drásticas. Quizás demasiado drásticas.

Es la trama principal de ‘Herencias colaterales’ (Editorial Alrevés), de Lluís Llort, ganadora del la primera edición del Premio Paco Camarasa de Novela Negra, creado por nueve festivales del género para homenajear la figura del librero, fallecido hace un par de años. La historia de la pensión vitalicia, inspirada en un hecho real ocurrido hace años en París, se entrelaza con la de la centenaria, ‘vendida’ por motivos económicos por su padre a un hombre que acaba detestando.

Premio Paco Camarasa de Novela Negra, por cortesía de la organización.

Nadie, ni siquiera la presunta víctima es inocente. Como dice Llort, «ningún personaje es blanco o negro, todos están en la trama de grises en la que nos movemos. Incluso a los más desagradables se les puede comprender, de alguna manera».   Con saltos temporales, el relato abarca casi un siglo, aunque se centra entre los años ochenta y el presente.  «Siempre mezclo géneros», afirma Llort. «Una de mis obsesiones es evitar ser predecible, tanto en las tramas como en los personajes e incluso en los adjetivos que uso».

Lluís Llort (firma sólo con su apellido) es autor de más de una decena de novelas para adultos, jóvenes y niños, y con ‘Herencias colaterales’ publica por primera vez en castellano. Su primer título se publicó en 1999 y el pasado septiembre salió el número 13. «Todos en catalán, no por falta de ganas de ser traducido, sino porque el mercado está saturado y sin el aval de un premio o ventas aseguradas las editoriales no se arriesgan. Fue una sorpresa que con mi primera novela en castellano me seleccionaran para este nuevo premio. Estoy contento, especialmente, del nombre que lleva».

«Paco Camarasa y yo nos teníamos mucho cariño. A finales de enero del 2015, celebrando en su librería la clausura de la edición del año de BCNegra, me agarró del pescuezo y me arrastró entre el gentío buscando a una editora de RBA, donde había publicado hacía pocos meses Herències col·laterals, en catalán. Le soltó: ‘Tenéis que publicar esta novela en castellano porque es muy buena’. Ella no dijo ni sí ni no. Paco era así, impulsivo y dado a estrechar nudos entre cabos sueltos».

Portada de la novela ‘Herencias colaterales’, de Lluís Llort.

Los que hayan leído a Llort en catalán no percibirán en ‘Herencias colaterales’ (traducida por él mismo) ningún cambio. Se mantiene fiel a su estilo. «Como lector siempre me ha atraído la novela negra y, algo menos, la policíaca. En todas mis novelas hay un aroma de género negro, pero hasta 2010 no me decidí a escribir un noir con toda la intención. Lo hice pero me salí de los márgenes y desde entonces la mezcla y la perversión del género son mis señas de identidad».

Esta actitud transgresora le permite romper moldes y saltar márgenes. En ‘Herencias… combina temas contemporáneos como la especulación inmobiliaria, la decadencia de ciertos barrios de Barcelona o la prolongación de la esperanza de vida con otros pretéritos, a través de la vida de la centenaria Francesca Puigmajor. Tanto en el pasado como en el presente se impone un leiv motiv: El dinero como elemento tóxico, catalizador de los conflictos familiares. 

«Quizá el dinero no hace la felicidad, pero ayuda mucho. Al menos, si tienes lo necesario para vivir y un poquito más. Se puede ser feliz con poco dinero, pero la falta de recursos crea monstruos, como los de Goya, que pueden destruir hasta lo más sagrado».

Lluís Llort, por Oriol Malet.

En su relato Llort profundiza en los mecanismos por los cuales una persona común y corriente experimenta el impulso de matar a un semejante.  «Una de mis constantes como autor es  crear personajes ‘normales’ y empujarlos hasta el abismo para ver cómo reaccionan. Obligarlos a decidir si se saltan o no líneas rojas. El lector se identifica más con ellos que con un asesino en serie o un policía duro».  

El humor negro y de otros tonos, de la ironía al esperpento con toques berlanguianos en los últimos capítulos, impregna la narración en contraste con las situaciones dramáticas. «El humor forma parte de mi forma de ser. Más que el chiste fácil, que también, en modo de ironía, incluso de sarcasmo. Algunas novelas mías son directamente comedias, pero todas tienen pinceladas de humor. En una escena de violencia cruda, un gag o dos ayudan a distender la sensación desagradable de lo que se narra, permite que el lector toma una distancia profiláctica».

Lluís Llort es periodista desde hace 35 años y escritor. Un escritor impulsivo y a la vez muy currante. «Soy perezoso en casi todo excepto en ponerme a escribir. Cuando una idea me coge de las… narices, necesito sacarla a toda velocidad y en tres o cuatro semanas ya tengo un primer borrador. Después, dedico largos meses a revisar hasta la extenuación el texto. Es la parte que más me gusta, la fase de orfebre».

Dedica el tiempo libre a la música, aunque un problema de oído le impidió de joven dedicarse profesionalmente a ella, hoy toca la batería. Un rasgo singular es que no está en las redes sociales. «Exigen demasiada atención. Soy impulsivo, tendría problemas y, además, los editores ya dan por segura la autopromoción. Yo me comprometo a entregar una novela tan impecable como pueda. Si la publican, genial, pero de venderla se encargan ellos», concluye Llort.

Lluís Llort. Foto: Andreu Puig.

Bel Carrasco

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Colaboradora de MAKMA
Escritora, cronista de cultura y de lo que se tercie. Andarina pertinaz, devota del silencio, aquadicta y amante de los gatos.
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