Julio González

#MAKMAArte
‘La mujer en la obra de Julio González’
Comisaria: Brigitte Leal
Coordinación: Josep Salvador
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 28 de febrero de 2027

El IVAM celebra el 150 aniversario del nacimiento de Julio González (1876-1942) con una exposición que reúne 148 obras del artista, centrándose en las diversas formas de representación del cuerpo femenino a lo largo de su trayectoria. Obras procedentes de la Colección del propio instituto valenciano, a las que se suman cuatro dibujos de la colección Alfons Roig de la Diputación.

La mujer en la obra de Julio González’, muestra comisariada por Brigitte Leal, se hace eco, por tanto, del modo en que el artista fue concibiendo la figura femenina, a partir de las vivencias de su propio entorno familiar y de los cambios sociales que repercutían en su mirada a la hora de crear sus diferentes representaciones. Obras que, perteneciendo a un tiempo concreto, escapan a su contexto para dejarnos la huella de ciertas emociones universales.

Tanto Blanca de la Torre, directora del IVAM, como Brigitte Leal pusieron el acento en la importancia de la mujer en la obra de González derivada del hecho de haber estado rodeado el artista de mujeres en su entorno familiar: desde su madre a sus hermanas, pasando por su esposa Marie-Thérèse Roux y su hija Roberta.

Entorno familiar –y esto es lo relevante– que se caracterizaba por una misma vocación creativa, formando todos sus miembros “una comunidad artística muy unida”, según se recoge en uno de los vinilos de sala. Esta es una de las causas de la notable presencia de ‘La mujer en la obra de Julio González’, que ha dado pie al enfoque expositivo.

Vista de la exposición ‘La mujer en la obra de Julio González’, en el IVAM. Foto: Miguel Lorenzo.

Una vez constatada tan palmaria presencia, cabe interpretar la obra de González, a la luz de ese corpus que la atraviesa, de distintas maneras, porque, como subrayó De la Torre, el trabajo del artista “admite relecturas inagotables”, no siendo menor su posible lectura feminista que, a la directora del IVAM, le sorprendió que no se hubiera todavía llevado a cabo.

“No íbamos a inventar un Julio González feminista, porque no se podían romper las ideologías del momento”, señaló la comisaria, que después, no obstante, tiró de ese hilo para destacar el modo en el que el artista representó a la mujer urbanita, tras las penurias de la Primera Guerra Mundial y la irrupción del París de los “locos años veinte”, años de mujeres emancipadas profesional, lúdica y ociosamente, dando lugar al “nacimiento de un público lector femenino”, cuyo estereotipo traslada González “a planchas metálicas de cobre o latón repujado”.

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He ahí la parte sociológica de una exposición que, tratándose de un artista como Julio González, aborda aspectos que escapan al discurso, para adentrarse por los terrenos de la más fértil interrogación. Interrogación acerca del desnudo, que el artista plasmó con academicismo, para ofrecer una serie de figuras carnales poseedoras de “una gran carga simbólica”, que es tanto como decir, de un gran peso cultural relacionado con el misterio del cuerpo del que todos procedemos.

De lo familiar, del academicismo y de la modernidad asociada a esa mujer lectora emancipada, ‘La mujer en la obra de Julio González’ hace especial hueco y protagonismo a dos piezas señeras del trabajo del artista: la Montserrat y la ‘Mujer ante el espejo’. Dos piezas que, ubicadas en el contexto del periodo próximo al estallido de la Segunda Guerra Mundial, vienen a proclamar su sustantividad en tanto esculturas de hierro cuya materia conmueve.

Dos obras de Julio González en la exposición ‘La mujer en la obra de Julio González’, en el IVAM. Foto: Miguel Lorenzo.

De esta forma, la violencia se adueña de los cuerpos femeninos representados, ya sea a través de la mitológica Dafne –ninfa sufriente perseguida por Apolo–, de la virgen Montserrat –símbolo de la identidad catalana–, cuyo grito al cielo con los brazos levantados viene a representar el dolor de violencia desatada, o de la más íntima ‘Mujer ante el espejo’, cuyo montaje en la exposición del IVAM destila una sombra bien traída como reflejo de la tensión entre lo figurativo y lo abstracto.

También el tema de la campesina destila idéntica tensión. “Omnipresente en la obra de González”, como se apunta en uno de los textos que acompañan la muestra, sus campesinas poseen el mismo carácter telúrico de la maternidad sometida a la dureza del trabajo, ausentes los hombres como carne de cañón de la guerra.

Es esta parte de la exposición, allí donde la violencia comparece como consustancial a la vida y la muerte, la que viene a sellar el tránsito que va del universo familiar íntimo, a la modernidad que pronto se verá truncada por el estallido bélico. Las mujeres representadas por Julio González poseen ese carácter poliédrico de las figuras habitadas por el misterio de la vida, al tiempo que destilan el dolor inscrito en esas mismas figuras despojadas de interioridad.