La manifestapena de Albert Pla

Teatro Talia

Albert Pla

Valencia

Hasta el 24 de marzo

C/Caballeros, 31

Manifestación, en euskera, es manifestapena. Lo cual, invertido al castellano puro y duro, no puede tener mejor sonoridad para explicar el último espectáculo de Albert Pla (Sabadell, 1966). Porque resulta que el cantautor catalán, aunque la denominación le quede corta, se ve inmerso en una catarata de manifestaciones durante la trama, sin duda traumática, de su Manifestación. Su intención era quedar con una chica, coincidiendo con una protesta antisistema. Y lo que tenía un cierto cariz romántico, termina siendo el origen de un callejón sin salida. Bueno, con salida en forma de bucle. Porque la protesta antisistema se dará de bruces con otra antiaborto, que desembocará a su vez en otra independista. Y así, de manifestación en manifestación, Albert Pla sufrirá la angustia de quien se halla preso de tamaña manifestapena.

La intención de Pla no era reivindicar una suerte de protesta masiva, sino llamar la atención acerca de lo crispada que está la gente. Crispación que, en el caso de la Manifestación dirigida por Pepe Miravete, y que recala en el Teatro Talía de Valencia tras pasar antes por Madrid, tiene un trasfondo de locura, de camarote de los Hermanos Marx, donde se van juntando antisistema, contrarios al aborto e independentistas. Todos juntos y revueltos. Todos ellos manifestando sus respectivas penas contra lo que consideran injusto: el Estado opresor, el libertinaje, la rancia nación española. Frente a esas injusticias, cada cual reclamando su goce: anárquico, reproductor, independentista.

A Albert Pla todas esas manifestaciones se le quedan cortas. De ahí su Manifestapena. Por eso coge la guitarra, enchufa palabras eléctricas y libera el malestar que lleva dentro y que todas esas manifestaciones juntas no pueden hacerse cargo. Su descarga es visceral, por eso no cabe en el pacifismo de esas protestas. Las toma como eje articulador de una trama que se ríe de tanta manifestación beata. Lo suyo podría resumirse en el acto surrealista por antonomasia: coger una pistola y disparar en la calle al primero que pasa. En el fondo de Manifestación late ese acto reinvindicativo, esa violencia larvada, ese puñetazo que busca el brazo oportuno. Demasiadas manifestaciones, demasiados puntos de colisión, y qué pocas voces autorizadas. Para desautorizarlo todo, ahí está Albert Pla en medio de un sinfín de protestas.

Salva Torres

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