Estela Sanchis, Mamen Monsoriu y Marina Sanmartín

#MAKMALibros
Mamen Monsoriu: Librería El Imperio (València). Autora de ‘Justicia poética’, ‘La segunda’ y ‘Ser la otra’
Marina Sanmartín: Librería Cervantes y Compañía (Madrid/Ponferrada). Autora de ‘Las manos tan pequeñas’ y ‘La doble desaparición de Abril del Pino’
Estela Sanchis: Librería Bangarang (València). Autora de ‘Hasta aquí todo va bien’

La pasión por los libros tiene diversos grados. A la mayoría nos basta con leerlos, hay quien los colecciona compulsivamente y otros que tienen la suerte de editarlos o hacerlos accesibles a los lectores en las bibliotecas públicas. Incluso hay quienes no se conforman con vivir rodeados de historias plasmadas en papel, negro sobre blanco, y se lanzan a escribirlas, como es el caso de estas tres libreras valencianas, cuyas obras responden a un patrón muy variado.

El Imperio poético de Mamen Monsoriu
Mamen Monsoriu
La escritora Mamen Monsoriu, fundadora de la librería El Imperio.

Nacida en 1994, Mamen Monsoriu estudió una carrera de ciencias en la Politécnica, pero pronto traicionó a los números para abrazar las letras. Ha publicado un par de poemarios y dos novelas –’Justicia poética’ y ‘La segunda’– que tratan sobre la maternidad y las relaciones asimétricas y tóxicas.

Entretanto, tuvo a su hija y creó El Imperio, una librería en el corazón de Russafa. Tras unos años vertiginosos, ha decidido tomarse un respiro en su faceta creativa, pero seguro que la veremos de nuevo firmar.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Mamen Monsoriu (@mamenmonsoriu)

«Creo que ser librera me regala dos facilidades como narradora: la posibilidad de escuchar a muchos de los autores contemporáneos a los que admiro, y el hecho de que, teniendo tantas voces literarias al alcance de la mano, es más fácil construir la propia», dice Monsoriu.

La ficción criminal de Marina Sanmartín
Marina Sanmartín. ©© Isabel Wagemann
La novelista y librera Marina Sanmartín. Foto: Isabel Wagemann.

Marina Sanmartín, socia administradora y gestora de las librerías Cervantes y Compañía, en Madrid y Ponferrada, también reconoce que trabajar rodeada de libros le da cierta ventaja como narradora, «aunque no de forma consciente». Periodista, librera y escritora, se inició en la ficción con el aclamado blog ‘La fallera cósmica’ y ha publicado cinco novelas.

La cuarta, ‘Las manos tan pequeñas’, ambientada en Japón, mereció el premio a la mejor novela en la décima edición del festival Valencia Negra, en 2022, y la quinta, ‘La doble desaparición de Abril del Pino’ (Siruela), perteneciente al género de ficción criminal –como a la autora le gusta denominar, un conjunto de subgéneros– brinda homenaje a Agatha Christie, a Blasco Ibáñez –a través de ‘Cañas y barro’–, al ambiente que se respira en las librerías y también al cine, con una evocación a ‘El secreto de la pirámide’, pues Sanmartín no concibe un mundo sin libros ni películas.

Situada en diciembre de 2024, la acción se desarrolla entre Madrid y València en torno a la desaparición de una célebre escritora de novela negra tras participar en un evento celebrado en una librería, Las Palabras Mágicas, regentada por Ágata Caballé. «Crecí rodeada de gente que leía mucho y desde muy pronto las novelas de Conan Doyle y Agatha Christie formaron parte de mi paisaje».

«Siempre me ha gustado que me cuenten historias y que esas historias me intriguen hasta el insomnio. De ahí mi pasión por el suspense. Me gusta decir “ficción criminal” porque la novela negra es solo una pequeña parte de ese territorio, que incluye también otros subgéneros, como la novela de enigma, la novela de espías o el thriller».

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Ediciones Salamandra (@salamandraed)

La historia transcurre en dos lugares y dos tiempos: la actualidad y un episodio ocurrido 32 años atrás en El Saler, protagonizado por tres niñas entre la pubertad y la adolescencia. Se inicia con un tono ligero, incluso humorístico, propio del cozy crime, y se hace más sombría al plantear la malicia y crueldad que puede darse en los primeros años de la vida con un trasfondo que recuerda a ‘Picnic en Hanging Rock’, ‘Heridas abiertas’ o ‘Criaturas celestiales’.

¿No te pareció algo peligroso presentar este tema cuando la sociedad sacraliza hoy a los niños?

«Más que peligroso, yo lo creo necesario. Lo que sí es peligroso es frenarse a la hora de escribir sobre determinados temas por el miedo al rechazo social. La escritura, al menos para mí, es la mejor manera de formularse preguntas y buscar respuestas sobre lo que nos preocupa, y para eso es requisito indispensable la libertad delante de la hoja en blanco».

Tras la performance literaria de Estela Sanchis
Estela Sanchis
Estela Sanchis, escritora y directora de la la librería Bangarang.

Estela Sanchis ha sido la última en salir a la palestra con un impactante debut, ‘Hasta aquí todo va bien’ (Candaya), un perturbador relato sobre la violencia, el voyeurismo, la crueldad en el arte y los límites de la intimidad. Son temas que exploró como fotógrafa tras licenciarse en Bellas Artes y que cobran dimensión literaria en este libro.

Junto a Jaime, su pareja, que le apoya en su faceta de creadora, abrió la librería Bangarang en Extramuros y es madre de gemelos. «Vivir rodeada de libros me da ventaja. Sobre todo porque vivo en un contexto en el que se habla de literatura y la gente te cuenta qué le ha gustado y qué no, lo que funciona y lo que les cabrea; te enseñan muchísimo sobre cómo leer. Eso es una suerte que no se puede comparar con nada».

El mestizaje de géneros está a la orden del día y Sanchis ha dado un paso más con un híbrido entre arte contemporáneo y literatura.

¿Se podría decir que ‘Hasta aquí…’ contiene unas cuantas performances contadas con palabras?

«Quería que el libro pudiese acercar la experiencia de la performance a aquellas personas que nunca antes se hubieran interesado. Contar una performance, explicarla, elimina ese primer momento de desconfianza hacia obra y artista porque, a diferencia del arte, la narrativa utiliza unos códigos que, en general, conocemos. Además, quería intentar que el propio libro funcionase de alguna forma como tal. Y para ello tenía que poner el cuerpo, que en este caso equivaldría a reconocerme como el personaje principal, con todas sus vilezas», afirma la autora.

«Me interesan todas esas mujeres artistas que tienen una mirada un poco cruel hacia el espectador porque lo confrontan con aquello que es difícil de mirar. Como, por ejemplo, que cualquiera de nosotros puede ser en determinado momento una persona terrible».

Estela Sanchis es una mujer peculiar que se deja arrastrar por impulsos que le llevan a invadir la intimidad de los desconocidos o a experimentar peligrosamente con la violencia.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Estela Sanchis (@_estelasanchis)

¿De qué parte de ti surgió este personaje tan intenso y cómo fue convivir con ella y sus neuras durante largo tiempo?

«Más bien diría que la Estela de ficción tuvo que convivir con las neuras de su autora. Había vuelto hacía poco de la residencia en la que se desarrolla la historia y necesitaba buscar una resolución formal a lo que había vivido allí».

«La novela surgió en un principio como proyecto artístico, así que incorporaba todas las obsesiones sobre las que estaba investigando: el voyeurismo, la invasión del espacio privado, los límites de la ética, la violencia… Cuando el relato se fue expandiendo, hizo falta la ficción para encajar algunas de estas piezas».

Sanchis ansía ser artista, pero, al mismo tiempo, desprecia el sistema del arte y se rebela contra el hecho de que para ser artista haya que ir vestida «como un mamarracho».

¿Te ocurre algo parecido?

«En realidad, no. El personaje arremete contra lo que puede porque se siente frustrada de no pertenecer. Su discurso no encaja con el del resto porque no es productivo, pero no sabe dónde señalar».

«Pienso que el sistema del arte es perverso porque, como todo, está mediado por el capitalismo. Esos mamarrachos a los que el personaje desprecia son personas que trabajan casi siempre en condiciones muy duras de precariedad con la ilusión de, algún día, poder llegar a cobrar por su trabajo».

La autoficción es otro tema que se plantea en el relato. ¿No crees que se está abusando un poco de la primera persona del singular?

«No creo que se abuse de la primera persona del singular. Creo que, en todo caso, hay un mercado editorial que detecta una tendencia y la explota. La autoficción no es nueva, pero parece que ahora supone un problema; ahora es molesta y exaspera a mucha gente».

«Y creo que tiene que ver con que se ha empezado a publicar autoficción escrita por mujeres de manera masiva –tiene sentido, dado que las mujeres son las que más libros compran– y esos relatos son en su mayoría testimonios de violencia. Y, claro, entonces deja de ser divertido porque, como siempre ocurre, se desactiva su valor relegándolo a cosas de chicas».

Tienes una hermana gemela, eras madre de gemelos y estas trabajando sobre la gemeralidad.

«Cuando has compartido un útero, resulta imposible pensarte en singular», piensa Estela.

¿La añoranza por su gemela explica sus impulsos?

«Mi intención era que nada de lo que le ocurre a Estela tuviese una explicación. Porque la explicación es el bálsamo que necesitamos para aquello que no entra en nuestro sistema de valores. Es lo que nos tranquiliza y nos dice, por ejemplo, que eso a nosotros no nos va a pasar porque no reunimos esas mismas condiciones. Pero, a veces ocurre que la anomalía surge de la nada y creo que eso está bien. Las pulsiones de Estela están, de alguna forma, en todos nosotros, pero ella ha encontrado la fórmula, aquello que le da permiso para explorarlas».