#MAKMAArte
Enric Mestre Estellés (Alboraya, València, 1936-2025)
Obituario

Escribir sobre Enric para despedirme de él no me es fácil, primero porque no quiero describir la trayectoria artística del que, sin riesgo a equivocarme, ha sido un referente en la cerámica contemporánea a nivel internacional; lo que me resulta más difícil es la responsabilidad de tener que escribir sobre la persona que fue mi maestro y amigo durante tanto tiempo.

Y digo maestro no porque su apellido era Mestre, sino porque desde el año 1969, que entró como profesor en la antiguamente denominada Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Valencia (EAAOA), ejerció una labor de enseñanza libre en el ámbito de cerámica que propició varias generaciones de ceramistas que cambiaron y siguen renovando la visión del proceso artístico a través del barro.

Algo tan difícil como “crear Escuela” justo en la calle Escalante, donde se ubicaba una de las sedes de la EAAOA, al lado del puerto y delante de un búnker de la Guerra Civil, forma geométrica, cosas del destino, que en algunos aspectos referenciaban al maestro. Una calle en un barrio con identidad propia y que en ese principio de los años 80 era lugar de experiencias en el extrarradio de la ciudad, como también lo es dedicarse al bizarro mundo de la cerámica.

“La Escuela”, espacio de enseñanza, creación y camaradería, donde se sentía una libertad acorde a los tiempos que vivía el país en ese momento. Talleres que conocí en el año 1984, cuando decido elegir la cerámica como especialidad, influido por mi hermano Jorge, también ceramista y con el que colaboré asiduamente.

Enric Mestre. Xavier Monsalvatje
Xavier Monsalvatje y Enric Mestre. Foto: Carlos Laullón.

Se me agolpan los recuerdos de esos talleres y del patio con dos grandes palmeras donde Enric construyó, con la ayuda de sus alumnos, dos hornos de leña; porque una de las muchas enseñanzas del maestro era el control del fuego dentro del horno, algo esencial para obtener buenos resultados y del buen ánimo que se respiraba cuando los hornos de leña se encendían.

Unos talleres en los que se respiraba y se vivía la independencia creativa compartiéndose procesos y resultados, evidentemente, dentro de un orden estricto, ya no solo en el cuidado del material colectivo –hornos, materias primas y herramientas–, sino del espacio de trabajo. A Enric le gustaba dejar al alumno tomar sus propias iniciativas y responsabilidades, ya que pensaba que debíamos estar en la escuela como si fuera nuestro taller, responsabilizándonos de ese espacio como propio.

Un recuerdo del maestro austero, riguroso, pero que, al mismo tiempo, compartía sus experiencias cuando regresaba de alguno de sus viajes internacionales, asistiendo activamente en las asambleas que organizaba anualmente la Academia Internacional de la Cerámica, para posteriormente organizar en la Escuela una charla con las diapositivas que había tomado y compartir con nosotros la cerámica contemporánea que había visto y que se estaba realizando en otros países, incluyendo la arquitectura, pintura y escultura. Era aprender viajando con la mirada del maestro.

De esos contactos con ceramistas internacionales creó las Jornadas Artísticas en la EAAOA, invitando a ceramistas internacionales a trabajar en la Escuela; y gracias a este esfuerzo los alumnos aprendimos nuevas técnicas y formas de ver la cerámica.

Enric Mestre y Xavier Monsalvatje en el estudio del artista en Alboraya. Foto: Rafaela Pareja.

Bien es cierto que su presencia en los talleres en esos años 80 siempre despertaba en nosotros el nerviosismo de saber que su opinión sobre el trabajo en el que estábamos inmersos no sería condescendiente, todo lo contrario, ya que él aplicaba su propia exigencia a sus alumnos. Rigor en el trabajo ha sido una de sus influencias en los estudiantes que pasaron por esos talleres, tener criterio autocrítico. Su expresión “eso es una ocurrencia” la recuerdo vivamente por lo que significaba: uno no debía confiarse en la “inspiración”, era mejor un proceso reflexivo, analítico y continuado.

Hay que tener en cuenta que Enric desempeñaba su labor educativa al mismo tiempo que desarrollaba su extensa e importante labor artística en su taller, y esta dualidad nos transmitía su pasión por el trabajo, la investigación y la reflexión, generando ese profundo respeto y admiración que le hemos profesado muchos de sus alumnos.

Pero también quiero destacar su carácter fuera del ámbito de la Escuela y del taller. Recuerdo nítidamente un día al salir de clase: paseando por la calle manteníamos una conversación –que, admirablemente, Enric también recordaba– sobre algunas de las piezas que en ese momento estaba realizando en la Escuela y que defendía desde mi ignorancia. En un momento dado, se paró delante de un muro al que el tiempo le había infligido carácter, y observando la tapia reflexionó sobre el misterio que debía tener una obra de arte a la vez que me preguntaba qué es lo que podía ver entre esas capas de pintura, fragmentos de carteles y desconchones que se distribuían por el muro.

Debo reconocer que tuve que poner lo mejor de mí mismo para entender lo que me estaba explicando, pero con el tiempo creo que esa conversación nos unió más como amigos que departen sobre arte. Aunque confieso que Mestre nunca dejó de ser mi maestro y referente a modo de baliza a la hora de realizar mi trabajo.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de ENRIC MESTRE (@enricmestreartist)

Entre las muchas razones de mi admiración, aparte de su capacidad de trabajo, era su amor al dibujo como proceso independiente y, al mismo tiempo, preparatorio, de investigación y de toma de decisiones; el ojear sus cuadernos de dibujo era siempre un regalo. Otra razón ha sido la pintura, de la que siempre hablábamos cuando visitaba su taller y charlábamos de exposiciones visitadas o cuando me enseñaba sus últimas pinturas.

Él sabía que la pintura es otra de mis pasiones, y escribiendo estas líneas me emociono al pensar que en algunas ocasiones era él quien me pedía mi opinión sobre alguna de ellas: pinturas, acuarelas y dibujos, que son un complemento indispensable para entender su trabajo y adentrarse en su cerámica y que, en mi humilde opinión, no han sido valoradas en su justa medida.

Enric Mestre siempre estuvo, aún una vez jubilado de sus labores educativas en el año 2001, apoyando a sus alumnos; ante cualquier cuestión técnica o duda que tuvieras siempre encontrabas las puertas de su taller abiertas. Un espacio rodeado de su querida huerta en Alboraya, fuente de inspiración y paisaje absoluto, donde podías llamar o pasarte por el taller, que siempre sabías que estaba. También es cierto que su fuerte carácter se fue suavizando con la edad, aunque para mí nunca fue algo que me importara en exceso, ya que, aunque no lo pareciera, era un gran conversador.

Es en ese vínculo con algunos de sus antiguos estudiantes donde surge el colectivo llamado Relación Cerámica, sin pretensiones de ningún tipo, más si cabe como forma de colaborar y generar sinergias alrededor de la figura del querido profesor. Un grupo que, en muchas ocasiones y con pretextos varios, nos reuníamos ante una buena mesa –porque en el colectivo hay grandes cocineras y hasta un vinicultor–; excusa para conversar de lo humano, lo divino y lo mundano o planificar posibles exposiciones en las que contábamos con las sugerencias, indicaciones y participación del maestro en todo momento.

En los últimos años, esa relación se intensificó con el apoyo de algunos de sus alumnos en su taller, dejando testimonio visual con dos documentales sobre su obra y organizando exposiciones individuales sobre su trabajo, creando una estrecha relación de colaboración que ha perdurado en el tiempo.

Un colectivo en el que se unen diferentes generaciones y amistades, donde se plantean exposiciones colectivas a nivel nacional e internacional como forma de poner la cerámica en el lugar que se merece en el mundo del arte; un oficio, quizás, de los más antiguos del mundo llevado al arte o, como decía a veces el maestro, “más vale un buen artesano que un mal artista”.

Ahora nos queda su trabajo y en sus piezas se mantiene vivo su recuerdo.

¡Gracias, Enric!

Enric Mestre
El artista Enric Mestre en su taller de Alboraya. Foto: Merche Medina.

Últimos artículos de Xavier Monsalvatje (ver todos)