Berlanga

#MAKMAAudiovisual
La oportunidad de los Goya
Con Eduardo Guillot, Cristina Perales y Javier Marco. Modera: Carlos Garsán
¿Cómo contar Berlanga hoy?
Con Pepe Ferrándiz, Rafael Maluenda, Begoña Siles y Miguel Ángel Villena. Modera: Álvaro García Devis
Organiza: Ajuntament de València y Cultur Plaza
Hotel SH Valencia Palace
Passeig de l’Albereda, 32. València
Jueves 16 de diciembre de 2021, de 9.30 a 11.30 horas

El Ayuntamiento de Valencia y Cultur Plaza me han invitado a debatir, con otros colegas arriba nombrados, sobre ‘¿Cómo contar Berlanga hoy?’ Una pregunta que me ha generado otras interrogaciones: ¿a quién contarle? y ¿cómo hacer un hueco al cine de Berlanga en este metauniverso audiovisual?

Dos preguntas, estas últimas, cuyo interés profesional como profesora universitaria del grado de Comunicación Audiovisual me interpelan y que yo reuniría en una sola: ¿cómo atraer la mirada de la generación Z o posmilénica hacia el cine de Luis García Berlanga, entre tanto producto e información audiovisual que consume en sus pantallas digitales? La respuesta que me surge, casi de manera automática, se concentra en un simple adjetivo: difícil.

La obra de Berlanga lo tiene difícil frente a la inmensa oferta de series u otros productos audiovisuales que se emiten en las múltiples plataformas y redes sociales. Pero igual de complicado que la obra de otros directores, sean estos coetáneos o no de Berlanga; centrándonos sólo en el ámbito español, cabría citar los nombres de Víctor Erice, Jaime Rosales, Fernando Fernán Gómez, Pere Portabella, Edgar Neville o Icíar Bollaín. 

Fotograma de ‘Joker’, de Todd Phillips.

Un cine que esta generación Z considera desfasado, tanto en temática como en estética, con respecto a la filmografía de Quentin Tarantino, Lars Von Trier, de Todd Phillips -director de ‘Joker’-, las producciones de Marvel o series como ‘La casa de papel’ (2017-2021), ‘El juego del calamar’ (2021), ‘Juego de tronos’ (2011-19), por citar algunos de los relatos audiovisuales que arrasan en audiencia, entre los más jóvenes y no tan jóvenes. 

Por lo tanto, igual nos deberíamos preguntar cómo romper la resistencia, los prejuicios de esta generación Z, sobre estimulada con los inmensurables productos audiovisuales, hacia cierta obra cinematográfica.  Obra que la mayoría de los integrantes de esta generación considera, de manera despectiva, como perteneciente al siglo pasado: en el sentido que se aleja, a nivel de contenido y de forma, de ciertos gustos predominantes.

Las narraciones actuales que atraen la mirada ávida de la generación Z se abisma por los derroteros propuestos por la pulsión escópica: violencia, acción, sadismo, entropía, pornografía, y todo ello mostrado a un ritmo vertiginoso y delirante de las imágenes. 

Fotograma de ‘Plácido’, de Luis García Berlanga.

Por ello, el cine de Berlanga lo tiene difícil para ser consumido por esta nueva generación. Por una parte, porque el trasfondo histórico, político y social que envuelve las historias de este cineasta está alejado de los problemas que rodean su cotidianidad. La referencia a la ideología del nacionalcatolicismo en ‘Plácido’ (1961), al tardofranquismo y la transición democrática en la trilogía nacional (1978-1982) o en ‘Todos a la cárcel’ (1993), al desarrollismo y apertura a Europa en ‘¡Vivan los novios!’ (1969), a la carestía económica, laboral y de vivienda en ‘Esa pareja feliz’ (1951), les parecen problemáticas, obviamente, anacrónicas con su realidad.  

Y, por otra, porque el ritmo de las películas de Berlanga les resulta lento, lineal, a pesar de sus planos secuencia corales y bulliciosos, con respecto a la hipérbole de la imagen y la hipertrofia de la puesta en escena de los productos audiovisuales actuales. 

Ahora bien, a pesar de esa dificultad, no podemos caer en la apatía, ya que los historiadores, críticos y teóricos del cine tenemos la responsabilidad de hacer valer la filmografía del cine español.  Por lo tanto, la siguiente pregunta sería ¿cómo desde la enseñanza, desde la crítica periodística y desde las áreas culturales de las instituciones públicas se pueden socavar estos prejuicios hacia la obra de Berlanga, en concreto, pero también hacia la obra de otros directores españoles?  

Fotograma de ‘La vida por delante’, de Fernando Fernán Gómez.

En la enseñanza, al igual que en la crítica periodística, sería necesario remover los nombres que forman la enciclopedia audiovisual española: esto es, explicar los conceptos narrativos y estéticos de la escritura cinematográfica, con ejemplos de la obra de directores españoles en aquellas asignaturas y estudios pertinentes, tanto universitarios como de bachillerato o propios de las escuelas de cine.

Así pues, explicar la técnica y la narración del plano secuencia con la obra de ‘Plácido’ de Berlanga; analizar la multiperspectiva con la escena de la película ‘La vida por delante’ (1958) de Fernando Fernán Gómez; hablar del montaje interno del encuadre con ‘La soledad’ (2007) de Jaime Rosales; o tratar el color y la luz con la obra de Pedro Almodóvar o Víctor Erice.  

Y, con respecto a las instituciones públicas, deberían, además de proteger el patrimonio nacional audiovisual, también promover y patrocinar actividades destinadas a divulgar y estudiar el cine español, más allá de la conmemoración de ciertas efemérides. 

Igual de este modo conseguimos erradicar algunos de los prejuicios interiorizados por la generación Z, y, de este modo, que lleguen a apreciar este valioso patrimonio nacional audiovisual. 

Fotograma de ‘Plácido’, de Luis García Berlanga.

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