Es interesante pensar las fotografías que se registran en las performances a partir de los postulados de Susan Sontag (1996), quien plantea que la fotografía suministra evidencia, dejando a su paso rastros de la realidad. Muchos artistas performáticos y creadores del happening han utilizado la fotografía como herramienta de uso y huella de sus acciones, haciendo énfasis en el acto creador del artista, en la acción. Esther Ferrer y Olga Diego son algunas de ellas. Se trata de reflexiones sobre el propio cuerpo, en su actuación como elemento estético, con múltiples significados sociales y políticos, que hacen del arte un espacio crítico. La realidad de ese acto efímero se acomoda a la imagen que tiene el artista de la acción y quiere dejar visible al espectador.

Este autorretrato de Esther Ferrer aborda un análisis del paso del tiempo y la inexorable transformación física que supone el envejecimiento, un tema prácticamente tabú en la cultura occidental, tan obsesionada por la exaltación de la juventud. Cada imagen se compone de dos fotografías diferentes de un primer plano de la artista, con una diferencia de cinco años entre ellas, dando como resultado un rostro que sintetiza una realidad que tiene sobre las mujeres un efecto cultural particularmente sexista. Mientras que Esther Ferrer muestra en las imágenes un proceso extendido en el tiempo, Olga Diego establece un cambio de roles donde el centro de atención se sitúa en el clímax de la acción, fotografiando ese momento. En realidad se trata de una serie de videos que registran la acción de quemarse, de los cuales extrae una imagen como expresión de una idea. El rasgo principal de esta serie es la utilización del propio cuerpo como soporte en el que aplicar y explorar cuestiones relacionadas con el género, los límites del cuerpo y las posibilidades de la mente, encontrando numerosos puntos en común con la obra de la reconocida Esther Ferrer, entre las que se entabla un fluido diálogo.

Olga Diego desarrolla estas actividades como fundamento de su acción directa ante la cámara, sin manipulación en la edición, mientras que la pieza de Esther Ferrer es el resultado de una intencionada composición. En ambos casos encontramos el elemento temporal como un agente transformador con implicaciones en las cuestiones del rol de la mujer y su condición sexual, reivindicando la necesidad de libertad para atravesar lo establecido, desdibujando la línea que separa lo lógico de lo irracional, lo aceptado de lo rechazado, lo políticamente correcto de lo que no lo es.

Begoña Martínez Deltell / José Luis Pérez Pont

Olga Diego. Serie Fuego. Fuego en la cabeza, 2007. Videoacción. Asistencia en la fotografía Andrés Rubio. Cortesía de la artista.
Olga Diego. Serie Fuego. Fuego en la cabeza, 2007. Videoacción. Asistencia en la fotografía Andrés Rubio. Cortesía de la artista.

DialogARTE fue un coleccionable producido por Doble Hélice y distribuido por el diario Información de Alicante que ponía en diálogo simbólico obras de arte del siglo XX, pertenecientes a las colecciones del MACA y la CAM, con el trabajo de jóvenes artistas alicantinos. El comisariado del proyecto estuvo a cargo de Begoña Martínez Deltell y José Luis Pérez Pont.

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