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Cultura y educación, una apuesta necesaria
MAKMA ISSUE 09 | ‘La cultura como necesidad’
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2026
“La culture –a dit un moraliste oriental– c’est ce qui reste dans l’esprit quand on a tout oublié”
(“La cultura –dijo un moralista oriental– es lo que queda en la mente cuando se ha olvidado todo”)E. Herriot
“Cultivo de la tierra” en su origen. Cultura hoy es cultivo de lo humano, del arte, del conocimiento, de la ciencia y la educación; aprendizaje, lenguaje, tradición…, son muchas facultades las que concurren en la idea de cultura; pero también confluyen la dimensión moral y la estética, la escala de valores junto con las obras del ingenio humano producidas en un contexto determinado, que otorgan a las sociedades esa identidad diferenciadora. Se constituye así el patrimonio cultural, intelectual y afectivo, una valiosa e influyente herencia colectiva.
Pero la cultura no solo es patrimonio heredado, un todo completo que solo cabe conservar. Es cultivo continuado, un proceso flexible y dinámico de enriquecimiento, que permite el avance y el desarrollo de nuestra civilización; es decir, lo opuesto al automatismo animal: humanización.
Así pues, culturización es evolución, orientación hacia el progreso. Cuando nos consideramos un pueblo civilizado, no solo aludimos a las transformaciones científicas y tecnológicas, hablamos de cualidad, de bienestar físico y emocional, de valores humanos que aportan las luces y el refinamiento siempre en unión con el sentimiento hacia lo natural.
Porque la cultura recorre en diagonal desde el plano humano y espiritual hasta el económico y político; nos aparta de la barbarie y nos eleva como comunidad; deviene así en un eje vertebrador de progreso y valor.
Además de lo heredado, ¿cómo expandir este valioso y necesario acervo cultural? Los esfuerzos individuales son un gran impulso, pero la influencia ejercida por el medio es crucial; la manera en que se siembran y disponen los recursos es la clave para florecer.
El fenómeno de la culturización en un sentido amplio integra al individuo en la cultura de su grupo, pero, dada la globalización en la que estamos inmersos, se hace necesario conocer y explorar otras culturas; impregnación que no suponga la pérdida de nuestra propia identidad.

La vivencia de esta expansión cultural por todo el ámbito social debe operar bajo fenómenos de hibridación o mestizaje, no de sustitución, sino más bien a través de la asimilación creativa. Esta es, a mi juicio, la esencia de la actividad cultural, convirtiéndose por ello en una experiencia de crecimiento y desarrollo.
Aparte de la dimensión estética que aporta el lado cultural, la educación, como recurso de progreso y cohesión social, ejerce una influencia indispensable. Es quizás por esta imperiosa necesidad pedagógica que están surgiendo numerosos proyectos de descentralización de la cultura desde los grandes núcleos urbanos hacia las periferias.
Precisamente en este marco y con esta genuina intencionalidad nace ‘Encuentros de Arte Contemporáneo en Ruta’, un proyecto colaborativo entre varias entidades gestoras junto a un amplio grupo de artistas de trayectoria relevante, unidos en un solo proyecto cultural: ‘Gráfica Estructural y el libro de artista’.
Una muestra expositiva de arte en papel, de pequeño formato, para hacer sostenible tanto el montaje como las itinerancias, con la finalidad de poder acercar obras y autores de reconocido prestigio a pequeñas poblaciones. Consiste en una modesta acción de democratización del arte, permitiendo el acceso a las mismas propuestas culturales que se disfrutan en museos o galerías en las grandes ciudades.
Este itinerario se inició con una primera muestra en la Galería de Cehegín (Murcia); continuó con una exhibición en la Sala Peris Aragó de Alboraya (València), en la Galería MOA de Alarcón (Cuenca), para finalizar en el Museo Ulia de Montemayor (Córdoba).
Abarcando cuatro comunidades diferentes, permitió dar a conocer las obras y a sus autores, pero, sobre todo, hacer comunidad. Con una programación paralela de encuentros de arte y cultura para fomentar las relaciones y el enriquecimiento entre organizaciones, artistas y público, se abordaron los problemas de producción, difusión y acceso a la cultura contemporánea; se reflexionó sobre otras formas de gestionar los espacios dedicados al arte para repensar el alcance de nuestra profesión y el modo de comunicar nuestras experiencias con el espectador.
Se logró, así, ahondar en el lado humano de la cultura, que no consiste exclusivamente en el saber o la erudición, sino en fomentar la movilidad y los encuentros entre artistas con el vecindario, compartir el conocimiento del patrimonio cultural de cada territorio, realizar visitas para disfrutar de la arquitectura, el paisaje, degustando la gastronomía, o acercando sus costumbres; en definitiva, generando nexos de confraternidad entre los gestores de los pueblos implicados y los participantes en cada itinerancia.
En estas actividades paralelas reside el enriquecimiento cultural, que consigue transformar una acción artística en toda una experiencia de conocimiento.
Tanto las entidades que coordinaron como los creadores creyeron y apostaron por esta necesidad: la de priorizar el acercamiento del arte contemporáneo a los pueblos, ampliar la mirada hacia el exterior de los campus universitarios y las grandes ciudades, favoreciendo la integración en sociedad, la aplicación y la transferencia de conocimiento, posibilitando la formación y colaboración a través de la acción cultural.
En suma, vemos cómo el arte va saliendo del museo y las galerías para sumergirse en la existencia. La distinción entre alta cultura y cultura popular se va desintegrando en favor de un sistema más accesible, donde la creatividad y la amplia participación es la principal fuerza productiva.
Sin embargo, debemos considerar también los riesgos de este nuevo fenómeno cultural: por un lado, el de su posible instrumentalización como mero activo financiero o herramienta de marketing territorial, y, por otro, la precariedad de estos nuevos espacios, donde a veces hay una carencia de servicios de cuidado y conservación que las obras y los autores requieren.
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