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De ‘Love Actually’ y ‘El club de los poetas muertos’ a ‘Tomates verdes fritos’
Cultos y navideños (XI)
Navidad 2025
Escribo esperando una playa bañada de nieve. Han pasado 65 años desde la última nevada de València y Paula Bonet, con sus fantásticas ilustraciones de ‘El año que nevó en Valencia’, y la novela de Chirbes parecen haberse coronado como visionarias.
Esperemos que se escape la nieve de los libros y las televisiones y acuda a su cita valenciana. Yo he decidido quedarme, por si acaso, para verlo. Las Navidades también están hechas para volver a ser niños y soñar a lo grande. Por ello, como cada Navidad, visito algunas de esas películas que nos devuelven la esperanza.
En mi caso, ‘Love Actually’, de Richard Curtis, es imprescindible; frente a la última película de Jarmusch –sintiéndolo mucho–, yo hoy quiero reivindicar la importancia de los finales felices. ¿De qué, si no, vamos a alimentar el alma de los soñadores? Y conforme está el mundo, créanme, nos hacen falta.
Otra de las películas que he visitado para engrandecer mis sueños es ‘El club de los poetas muertos’, de Peter Weir. “¡Oh, capitán, mi capitán!”. ¿Cuántas citas de Whitman o de Thoreau caben en una película? Imposible no disfrutarla, imposible no soñar con Robin Williams dirigiendo el mundo.
Para cerrar mi propio ciclo hibernal, tengo programadas tres películas más. La primera, ‘Historia de una gaviota (y del gato que le enseñó a volar)’, de Enzo d’Alò, es una de mis películas favoritas de la infancia; está basada en una novela de Luís Sepúlveda y recoge la tierna historia de un gato que cría a una gaviota. Una historia de imposibles, donde el amor es un catalizador para alcanzar los sueños.
La siguiente es ‘Puente hacia Terabithia’, de Gábor Csupó, un relato sobre un mundo mágico donde a los niños se les permite defenderse de aquellas hostilidades a las que se enfrentan en su día a día; la importancia de la amistad frente a los infortunios será la llave para abrir la puerta de ese camino hacia el otro mundo. Una película para llorar e imaginar otras realidades posibles.
Y, en último lugar, ‘Tomates verdes fritos’, de Jon Avnet, porque adoro a Ninny Threadgoode (Jessica Tandy) y a Evelyn (Kathy Bates) con su grito “¡Towanda!”; dos mujeres para inspirar una revolución. Sueño constantemente con aquel cuento sobre el lago que desapareció en Alabama porque se congeló en invierno y se lo llevaron los patos volando.
Esperemos que este año no se lleven las gaviotas nuestras frías playas y podamos disfrutarlas nevadas o, ya sin nevar, en el próximo periodo estival.
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