«Tengo miedo. L.»

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Begoña Siles (profesora del departamento de Comunicación Audiovisual de la Universidad CEU Cardenal Herrera)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

“Tengo miedo. L.”. Estas son las últimas palabras filmadas y firmadas por el director Luis García Berlanga en el último plano de su última película ‘París-Tombuctú’ (1999). Y, aunque las palabras de un artista deben siempre tomarse con cierta precaución (ya que suele ocurrir que la obra terminada es ajena y, a veces, está reñida con lo que el artista sentía o deseaba expresar cuando comenzó), también deben ser escuchadas y leídas con especial atención y respeto. Sobre todo cuando esas palabras contrastan aparentemente en la forma y en el contenido con el universo creativo del artista.

Y la frase “Tengo miedo. L.” contrasta, por su excesiva concisión, con el barroquismo de la obra cinematográfica del director; o, más exactamente, con su berlanguiano universo diegético definido como coral, cómico, caótico, esperpéntico, miserable, pero entrañable y vitalista.

Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

La citada frase posee, por otro lado, una turbadora exactitud. Y es ahí, en esa turbadora exactitud de las palabras, frente a la exuberancia verbal del cine de Berlanga, donde podemos sentir la angustiosa verdad del cineasta, de su filmografía y, también, la del propio espectador. “Tengo miedo. L.” expresa, “sin vuelo en el verso”, como dijo el poeta José Hierro en su poema ‘Réquiem’, una emocionada metáfora del dolor no solo del cineasta, sino de cualquier ser humano ante los embates de la vida. La obra de Berlanga, desde su primera película, ‘Esa pareja feliz’ (1951) –co-dirigida con Juan Antonio Bardem–, pasando por ‘Plácido’ (1961) y ‘El verdugo’ (1963) –ambas escritas con Rafael Azcona–, hasta la última, ‘Paris-Tombuctú’, muestra a unos personajes atrapados en el inevitable encuentro con las decepciones y el sufrimiento que a todo ser humano le depara la existencia.

Todas las películas de Luis García Berlanga tienen la misma estructura dramática. Una estructura que el propio director –en el discurso pronunciado al ser investido doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Valencia, en 1997– explicó de la siguiente manera: “Se inicia con alguien que tiene un proyecto de futuro, en el que naturalmente está incluido el bienestar deseado y las dotaciones para ello. Y junto a ello, obviamente, la libertad personal como necesidad paradójicamente imperiosa. Pero en ninguna de ellas, desde ‘Esa pareja feliz’ a la última realizada, el protagonista puede alcanzar su meta. La sociedad le tiende sinuosamente las trampas suficientes para que el sueño, individual o colectivo, llegue (sic) a realizarse”.

“Arco berlanguiano” se denomina a este modo de configurar la trama de la historia. Un arco dramático, el berlanguiano, que muestra, con humor y tragedia, con piedad y comprensión, a unos protagonistas convirtiendo sus vidas o, como señala el propio director, “mis películas, en crónicas de un fracaso”.

Las películas de Berlanga dejan un regusto amargo, a pesar de estar aderezadas de un vivaz humor negro. La composición plástica de la mayoría de los últimos planos de sus relatos son una amarga metáfora de la soledad de sus personajes; sus historias los arrastran –sobre todo a los masculinos–, a una patética e insatisfactoria existencia, debido a la espesa red de normas culturales en la que irremediablemente quedan atrapados hasta la asfixia. Los personajes de Luis García Berlanga sienten esas normas como producciones que coartan la libertad del individuo, hasta desear, intensamente, huir de la realidad que habitan. Huir hacia la muerte, como sucede en ‘Tamaño natural’ (1974), o a lugares imaginarios como en ‘Calabuch’ (1956) o ‘París-Tombuctú’.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Son historias de ficción, pero, como señaló Berlanga, “la realidad es mucho más grave. (…) por eso mi pesimismo y recelo ante la sociedad que me cobija”.

Que la vida, tal y como ha sido impuesta, “es demasiado pesada, depara excesivos sufrimientos, decepciones, empresas imposibles”, ya lo expresó, sin la belleza poética del cine de Berlanga, Sigmund Freud en su obra ‘El malestar en la cultura’. Y, también, que la cultura no permite alcanzar la felicidad, el principal fin y propósito de la vida para los seres humanos. A pesar de que, como Freud argumentó, las producciones e instituciones que suman la cultura están pensadas para distanciar “nuestra vida de la de nuestros antecesores animales” y creadas con dos fines: “Proteger al Hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí.” Ahora bien, Sigmund Freud también remarcó los diferentes lenitivos para hacer más soportable la existencia. Y entre los remedios para mitigar la penalidades de la vida, nombró el Arte.

La imaginación artística, tanto desde la posición activa del creador, como desde la pasiva del espectador, del lector…, ofrece cierto placer y consuelo ante las congojas de la vida. No podemos negar que Luis García Berlanga sublimó la existencia a través del arte cinematográfico. Su universo imaginativo, berlanguiano, exorciza las miserias de la vida a través de la comedia, del humor negro y del absurdo.

Y, posiblemente, la desgarradora, perturbadora y lacónica confesión “Tengo miedo. L.” expresa sin pudor el horror vacui de un artista que encontró refugio, ante los azares de la existencia, en la “opción mágica del cine”, como él siempre decía.

Luis García Berlanga en el rodaje de ‘El Verdugo’. Imagen cedida por la familia.

Begoña Siles

Así que pasen cinco años

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Juan Carlos Garés (gerente de Sala Russafa y confundador y administrador de Arden Producciones)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Un lustro da mucho de sí, pero como todos sabemos, el tiempo es lo más relativo que podamos tener entre las manos; o mejor dicho, es tan relativo que se nos escurre entre los dedos, como si de agua se tratara.

Y el tiempo, cuando lo relacionamos con el ámbito cultural, puede ser más particular y relativo si cabe, pues lo que parece un gran avance en el logro de estructuras, de creación de nuevos estilos, de obtención de libertades… puede resultar en realidad un ínfimo paso adelante. O hacia atrás.

Cualquier sociedad puede medir su desarrollo en la medida en que sus habitantes consumen cultura; al menos es uno de los parámetros habituales y difundidos para calibrar si un país crece o no en desarrollo.

Y me pregunto, ¿es proporcional el consumo de cultura con el índice de desarrollo en nuestro país? ¿La evolución moral y el cuidado de los valores crece a medida que asciende el interés por el conocimiento? Seguramente me estoy poniendo muy profundo y el tema es más para un ensayo sobre sociología que para un escueto artículo de opinión que pretende poner en valor las iniciativas culturales, esas que reman contra corriente y que, a pesar de ello, consiguen llegar a mar abierto y navegar… Así que, mejor pensemos que efectivamente el consumo cultural nos hace mejores, que nuestro país crece cuanto más se cuida y fomenta la cultura y que la involución moral en las libertades es solo un fugaz y pasajero momento en nuestra evolución. Y dejemos los estudios socio-filosóficos para quien corresponda.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

En nuestro último lustro hemos vivido (y vivimos) una inusual eclosión cultural. Aunque habría que analizar si ha sido (y es) consecuencia de nuevas infraestructuras, programas e intenciones políticas, o simplemente responde a una silenciosa revolución/revulsión ante la nulidad de incentivos y el desprecio sistemático por el fomento de lo intangible: el pensamiento.

En la cultura escénica –a la que yo pertenezco y en donde milito– asistimos a un impetuoso relevo generacional, ávido de cambios y hambriento de nuevos caminos para los agentes activos (los que crean, ellos y ellas) por los que transitar, pidiendo con vehemencia un hueco para sus creaciones. En realidad, en cualquier ámbito de la Cultura ocurre algo parecido; un momento de cambio nacido, seguramente, de la precariedad absoluta, que se define con la denuncia, la acusación y el hartazgo. Un cambio con un fuerte aroma contestatario que irrumpe con paso firme y que rechaza cualquier perfume a anterior. Y no es para menos, es comprensible. Durante más de tres décadas hemos ido cimentando las estructuras creativas en terrenos fangosos que han hecho que edificios aparentemente sólidos se tambaleen y muestren ahora sus muchas grietas.

Una sociedad repleta de iconos surreales seguramente propicia que el surrealismo se prodigue, a pesar de que sus metáforas cuesten mucho de entender. Como un drama lorquiano, en el que, a día de hoy, nos cueste comprender sus símbolos y sus claves. Es el momento del triunfo de lo básico, de lo evidente, lo explícito, frente a la sutilidad de la reflexión, frente a los mensajes subliminales que invitan al cambio íntimo. También la pugna entre lo artificioso y lo hiper-naturalista; entre lo disfrazado y lo desnudo.

Una amiga con la que disfruto mucho conversando opina que la realidad que se vive en nuestra céntrica capital es bien diferente a la de “las provincias”, su periferia. Posiblemente no le falte razón y la evolución de las artes en los micro-universos periféricos sean para analizar aparte, sin comparativas, sin competiciones.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Hace diez años, después de veinticinco de profesión, empezamos a construir un teatro en un barrio de Valencia donde hacía décadas que ya no existían las artes escénicas; un barrio en cambio, en el que hubo una gran tradición teatral, donde llegaron a convivir una decena de teatros y ateneos en los que regularmente se consumía cultura. Y en medio de ese desierto, ya sin nostalgia por lo que hubo, creamos un lugar para intentar resucitar el gusto por la escena. Tras ocho temporadas hiperactivas, seguimos en el empeño… Pero lo nuestro, ya se sabe, es vocacional. Además, nosotros nacimos sin demasiados referentes directos, cogiendo el testigo de valientes teatros universitarios de los setenta, a los que conocimos solo de refilón. Y sin proponérnoslo, sin desearlo ni quererlo, mi generación se convirtió en referente para los que venían detrás. ¡Menos mal que no éramos conscientes de esa responsabilidad!

Ha pasado el tiempo y con la mirada que te otorga la distancia, intentas analizar el presente. Y el pasado reciente. Los últimos cinco años creo que han sido detonante de un paso de época y, por tenerlo tan cerca, tan próximo, aún nos cuesta ver que estamos inmersos en pleno proceso de cambio; pero el cambio es imparable, lento pero incansable, irreversible. Relevo de generación, de género y de generales. Los referentes se cuestionan. Nuevos patrones para nuevos horizontes.

Por eso los y las emprendedoras de nuestros ámbitos culturales deben tener ese valor añadido de combatientes en tierra hostil. Los que han demostrado su permanencia con resistencia zen y los que irrumpen queriendo demostrar que tienen mucho que contar. Porque el compromiso es la fórmula mágica, la que en verdad crea ese tejido mestizo tan necesario. Pero a unos y a otros solamente les es deseable la calma que equilibra al creador airado, esa que te abre el horizonte y te permite relativizar tu lugar en el mundo.

Cinco años no es nada. Y es mucho. Felicidades.

‘Shakespeare en Berlín’, de Arden Producciones.

Juan Carlos Garés

Perspectiva aérea

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Felicia Puerta (artista y docente de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, UPV)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Desde hace décadas eclecticimo y pluralismo son rasgos generales que caracterizan el panorama artístico y parece que permanecerán manteniendo su vigencia dada la persistente proliferación de formas, lenguajes y experiencias artísticas que, ligadas ahora a la introducción masiva de nuevos materiales y tecnologías, han venido a diversificar, multiplicando tanto los valores estéticos como las resultantes icónicas; nuevos conceptos y funciones que, distanciándose en apariencia de condicionamientos clásicos, han transformado y abierto paulatinamente nuestro modo de entender lo que hoy puede considerarse arte.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

La perspectiva temporal no sólo remite al aumento vertiginoso en cantidad, variedad de imágenes y acciones creativas, sino a los cambios estructurales en su proceso de evolución, su fuerza expresiva; quizás sea esta la causa, justo el exceso y la frecuencia lo que haya hecho disminuir su capacidad de impactar o asombrar, así como su proximidad. Con la masiva divulgación, gracias al gran incremento de medios de comunicación, por un lado, y la facilidad de acceso a su consumo, por otro, ocupan y compiten en los mismos espacios que el resto de imágenes, enfrentándose con otras más poderosas derivadas, por desgracia, de nuestra realidad política social.

Esta producción inconmensurable provoca irremediablemente una gran contaminación, sobre todo en las artes visuales, planteando una mayor dificultad tanto para la innovación, como para su aprehensión. Volver hoy sobre la noción de experiencia estética, criterios de evaluación o, incluso, juicios sobre el gusto, es aceptar la pluralidad y, con ella, alguna de sus peores consecuencias; no obstante, de un modo riguroso, es necesario repensar esta pluralidad, pues la diversificación y la masificación no deben transformarse en puro relativismo; para ello, seguramente hemos de agrandar, al tiempo que flexibilizar, nuestra manera de percibir y estar en la contemporaneidad.

Cada vez son más los actores que participan en lo que ya no se denomina actividad, sino “Industria Cultural», y esta nueva designación introduce un rasgo muy significativo del cambio. El artista ahora no es el único protagonista de la acción, críticos, historiadores, galeristas, programadores, profesores, diseñadores, ilustradores, estudiantes de arte, políticos … configuran, agrupados, lo que también se ha venido a calificar como el “Sistema del Arte”; así, siguiendo el patrón empresarial, se estudian y proponen nuevos modelos de fabricación.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

El arte, por fin, ha ampliado su reducida y elitista esfera de proyección para integrarse, numerosa y profesionalmente, como una rica actividad productiva en y para la sociedad, con nuevas funciones como la mediación, la gestión, el comisariado… nuevas preocupaciones globales relacionadas con la justicia social o el medioambiente, que generan trayectorias de artistas cada vez más comprometidos con su contexto local/temporal, como lo demuestra la proliferación del arte urbano, la introducción de lo “eco” y lo sostenible; por otra parte, nuevas facultades dan paso a carreras directamente relacionadas con la innovación digital enfocadas hacia el diseño, moda, animación, vídeo arte, etc.

En este momento, pienso que tan necesario es celebrar esta rápida expansión y profesionalización de la cultura artística, como ser conscientes o saber gestionar los efectos del cambio. Regular la actividad exige cumplir con códigos establecidos, lo que puede llevar a la banalización de la idea del “ser creativo”, uso unidireccional de las funciones del arte, explotación de su aspecto didáctico, ilustrativo, abuso del enfoque social u otras tantas aplicaciones pragmáticas. La utilización del arte como medio, aún siendo lícita y deseable, puede diluir parte de la libertad para los creadores, que en demasiadas ocasiones están condicionados o dependen de proyectos predeterminados por convocatorias, bases temáticas, dirigidas a grupos sociales concretos, etc.

Dedicarse a la creación, como cualquier otra profesión, exige conocimiento previo, metodología, y mucha vocación; no es una actividad divina, pero tiene rasgos distintivos, pues en su génesis está el placer unido a la necesidad.

‘Sin dogma, solo rigor I y II’, de Felicia Puerta.

Felicia Puerta

Estival y periférica comedia europea en el CCCC

Ciclo de cine ‘¿De qué nos reímos en Europa?’
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
Programación del martes 20 al domingo 25 de agosto de 2019
A las 22:00

El Centre del Carme Cultura Contemporània, dentro de su ciclo de cine ‘¿De qué nos reímos en Europa?’, abre la puerta a la comedia griega con firma femenina con la proyección, el martes 20 de agosto, de ‘Attenberg’ (2010), dirigida por la cineasta Athina Rachel Tsangari.

Probablemente sea el cine griego el que está produciendo el cine más crítico y arriesgado de Europa. Este es el filme más celebrado de Athina Rachel Tsangari, quien produjo los primeros filmes de Yorgos Lanthimos. ‘Attenberg’ ofrece surrealismo punk en manos de sus dos jóvenes protagonistas, capaces, entre otras muchas cosas, de reproducir con gracia algunas piruetas de los Monty Python, las del sketch del ‘Ministerio de los Andares Tontos’. La Academia de Cine de Grecia la escogió para optar al Oscar a la mejor película extranjera.

‘Århus by night’ (1989), de Nils Malmros.

Otro de los platos fuertes de la semana se podrá ver el miércoles 21 de agosto. La comedia danesa ‘Århus by night’ (1989), de Nils Malmros, es aparentemente una versión nórdica de ‘La noche americana’ (1973), de François Truffaut, pero esta obra, inédita en España, resulta muy superior.

Que el cine puede ser una herramienta que ayuda a trascender nuestras propias limitaciones es lo que acaba contando este memorable filme de Nils Malmros. A diferencia del mítico filme francés, aquí el rodaje expuesto alude a una película que sí existe, ‘Dregen’ (Boys, 1977), que significó el tránsito de cineasta amateur a profesional cuando era el único que hasta entonces rodaba en su ciudad. En cada una de sus obras, este personalísimo cineasta danés va narrando su vida, siendo esta la más divertida.

El jueves 22, llega el turno de ‘Shik’ (‘El traje’, 2003), con dirección de Bakhtyar Khudojnazarov, una coproducción de Rusia, Alemania, Francia, Italia y Ucrania.

‘El traje’, de Bakhtyar Khudojnazarov.

Los protagonistas de ‘El traje’ tan solo buscan mejorar sus oportunidades, pero el éxito de este empeño puede resultar titánico en un país tan complejo como Rusia. Como ya demostró en ‘Luna Papa’, Bakhtyar Khudojnazarov imprime ese brío alegre que despide la poética de Emir Kusturica para aliñar el periplo ingenuo de sus tres protagonistas, ansiosos de obtener y compartir un precioso traje que debería cambiar sus grises vidas.

En medio de sus colaboraciones con Pier Paolo Pasolini, Mauro Bolognini presenta con ‘Arrangiatevi’ (1959), el viernes, 23 de agosto, una obra magistral que se origina a raíz del grave problema de la vivienda que se dio tras la II Guerra Mundial. Con un argumento muy propio de la época de su producción, ofrece un retrato mordaz de un país azotado por una ley, Merlín, y volcado en la elección de un papa que sucediera a Pío XII.

El sábado 24, la comedia alemana ‘Das leben ist eine Baustelle’ (‘La vida en obras’, 1997), de Wolfgang Becker, nos conduce hacia un viaje a lo desconocido, como lo definió su director “porque nunca sabemos qué nos depara el mañana”.

‘La vida en obras’, de Wolfgang Becker.

Muy propio del momento de su producción, este filme de culto de Wolfgang Becker tiene la habilidad de utilizar el caótico paisaje germánico que siguió a la caída del muro para generar una saludable y torrencial diversión. Todo un mérito para una comedia ligeramente romántica gestada cuando Eros y Tánatos estrechaban fuertes lazos, ese cine de los noventa que daba cuenta del azote temible que produjo el sida en las relaciones más personales.

Otra de las joyas de este ciclo se podrá ver el domingo 25. ‘Tandem’ (Francia, 1987) supuso el descubrimiento asombroso por parte de la crítica de Patrice Leconte, quien hasta entonces no pasaba de ser un cineasta comercial especialista en urdir comedietas y películas de acción. Esta road movie de aires claramente quijotescos oculta una historia íntima y sutil. En sus capas externas, disfrutamos de un argumento delicioso y amargo; en las más profundas, de una historia de amor entre hombres que, por supuesto, también palpitaba en la pluma compleja de Cervantes. Su primera secuencia no narrativa describe perfectamente qué es exacta y visualmente eso que llamamos cine. Según Daniel Gascó, “aparte de guionista y director, Patrice Leconte hizo de operador de cámara dando una lección magistral de cómo se escribe con la luz y las imágenes”.

‘Tandem’, de Patrice Leconte.

¿De qué nos reímos en Europa?

El Centre del Carme Cultura Contemporània refresca las noches de agosto con su ciclo de cine de comedia europea ‘¿De qué nos reímos en Europa?’. Hasta el próximo 30 de agosto de 2019, el ciclo presenta varios títulos producidos en el siglo XX y XXI pertenecientes a diversos puntos de la geografía europea. Clásicos poco vistos, obras maestras ignotas, filmes asombrosos que no llegaron a estrenarse en España comparten cartel con perlas imprescindibles de la comedia europea que hace mucho tiempo que no son exhibidas.

El CCCCinema del Centre del Carme se ofrece a las 22 horas, con entrada gratuita, cada noche de agosto, excepto los lunes. Las películas se proyectan en versión original, con subtítulos en español. Toda la programación se puede consultar en www.consorcimuseus.gva.es.

‘Attenberg’, de Athina Rachel Tsangari.

MAKMA

‘El pionero’: tras el truhanismo de Jesús Gil

‘El pionero’, de Enric Bach
Miniserie de TV | 4 capítulos
HBO España, 2019

En pleno diástole canicular eclosiona, (f)estival y nocturno, el retrato audiovisual de un ser elefantiásico e hiperhidrósico, uniformado con bermudas y guayaberas de impúdica abertura frontal en la que se refugian los ecos de una forma de ser/estar en el procaz orbe patrio, cuyos vestigios de aluminosis y truhanismo prosiguen erigidos en el plúmbeo perfume de verano de perillanes, galopines y soplagaitas, menesterosos émulos de una las figuras indispensables del hediondo y vigente pasado reciente, opulento adalid del vasto y necrosante feudo de la endémica corrupción española: Gregorio Jesús Gil y Gil (El Burgo de Osma, Soria, 1933 – Madrid, 2004).

Precursor, adelantado, ascendiente, tan fundador como un brandi invernal y burgense, su fastuosa y ya onírica remembranza se revelan en suficiente alimento para que la taquilla en casa de HBO haya tenido a bien implementar su primera producción por estos dispares dominios, procurando el sacramento que une al alevoso/insigne con la idiosincrasia pútrida, lega y verbenera de aquellos que fueron, siempre han sido y prosiguen estando.

De este modo, ‘El pionero’, del sabadellense Enric Bach, en compañía del brítanico Justin Webster (‘Muerte en León’, 2016), dirige la atención sobre el curso biográfico, carcelario, colchonero y marbellí del primogénito de los Gil y Gil, transitando epidérmicamente por sus gélidos y exiguos orígenes castellanos y edificando la entoldada semblanza bajo las vergonzantes ruinas del vasto y funesto comedor de la urbanización Los Ángeles de San Rafael –luctuoso episodio cuya negligencia se hubo cobrado 58 víctimas en la primavera de 1969 y, a la par, su primera encarcelación (por homicidio involuntario) e indulto ulterior (beneficiándose de una segunda conmutación, preelectoral y socialista, a mediados de los años 90)–; su atlético y convulso dominio durante varios lustros (1987-2003) del palco del Vicente Calderón –siendo cesado de su cargo durante el invierno de 2000 por decreto de la Audiencia Nacional y repuesto cuatro meses después, tras la crispada administración de Luís Manuel Rubí– y las tres desconcertantes mayorías absolutas que le auparon como regidor del Ayuntamiento de Marbella (1991-2002) bajo el acrónimo ególatra y personalista del GIL (Grupo Independiente Liberal) –interrumpidas por su inhabilitación tras ser condenado por malversación y falsedad documental en el célebre caso ‘Camisetas’ y su eximia publicidad de Marbella en las camisetas de diversos equipos de la LFP–, hasta su fallecimiento el 14 de mayo de 2004 a la edad de 71 años.

‘El pionero’ cobra morfología serial –henchida de constantes analepsis y diversas reiteraciones prescindibles– con el rutilante sustento del archivo audiovisual legado por su facundia improvisada y visceral –registrada en innumerables apariciones televisivas y grabaciones particulares– y el refrendo testimonial y decisivo de una nutrida nómina de individuos, próximos por consaguinidad o confrontación profesional y judicial, que auxilian a recomponer los rasgos fundamentales de su estampa, tan ladina y diestra como charanguera y facinerosa.

Así, restauran la parte más afín, amable e hilarante del relato diacrónico de ‘El pionero’, entre otros, las evocaciones de sus hijos Jesús Gil Marín (insólito alcalde de Estepona por el GIL, de 1995 a 1999); Miguel Ángel Gil Marín (consejero delegado del Atlético de Madrid); hermanos y amigos infantes; el productor cinematográfico y presidente del Atlético de Madrid Enrique Cerezo; el inefable e hidrocarbúrico José María García; el proverbial extremo portugués Paulo la pantera de Montijo Futre y la epicúrea hazaña del doblete del entrenador serbio Ramodir Antic, cuyas respectivas aserciones, si no reveladoras, cuando menos no eluden la ratificación de un modus operandi nebuloso y túrbido, aún cuando (supuestamente) bienintencionado.

Por su parte, amén de otros inquietantes testigos, Isabel García Marcos –otrora obstinado (resignado y tránsfuga en el epílogo) azote del gilismo desde el PSOE marbellí– y el jurista madrileño Carlos Castresana –fiscal del caso ‘Gil’– aportan luz –desde la dubitación (la primera) y la determinación (el segundo)– sobre alguno de los sótanos uliginosos erigidos en los cimientos del hampa del GIL, que operaba en el latifundio de oropeles y golfería en que se había convertido la Costa del Sol Occidental.

Se concitan, por tanto, los suficientes elementos enardecedores como para propugnar de un modo sobresaliente la necesidad de instituir a ‘El pionero’ en una exuberante radiografía que trasciende la propia y crasa figura de Jesús Gil, efímero cenit de un putrefacto trastorno político y económico irresoluble (me temo) y vigente. Si Gil hubo encarnado los profanos males de la demagogia –discurso simple, efectista y seductor–, la ineptitud y el oscurantismo, el presente nos revela un horizonte uniformado de populismo aventajado y predominante, reduciendo a Gil y Gil –cuestión que Enric Bach y Justin Webster eluden sapientemente– en desdeñadas noches de tal y tal, remedos imperiosos e ignominiosas caricaturas de un tiempo febril, disparatado y estrambótico que, sin duda, fue y, quizás, siga siendo ahora con distintos afeites.

Jesús Gil y Gil en un fotograma de ‘El Pionero’. Fotografía cortesía de HBO España.

Jose Ramón Alarcón

MuVIM: un museo diferente

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Marc Borràs (jefe de investigación y gestión cultural del MuVIM)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

El MuVIM es un museo que se avanzó a su tiempo. Una declaración tan pomposa puede resultar presuntuosa, sin duda, pero en este caso es rigurosamente cierta. Porque el Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat se definió, desde su inauguración en 2001, como un museo de ideas (consagrado, por tanto, a preservar, proteger y transmitir un bien intangible) y, sin embargo, no fue hasta 2007 —seis años después— que el ICOM modificó su definición de museo para amparar bajo ese concepto a aquellas instituciones que se ocupaban exclusivamente de conservar patrimonio inmaterial.

Es evidente que la particular naturaleza incorpórea del objeto museográfico del MuVIM le obligaba a modificar las estrategias discursivas empleadas hasta entonces en los museos cuyo cometido era almacenar, catalogar y exponer objetos materiales: un retrato, un resto arqueológico, una herramienta de labranza tradicional. Eso explica que la exposición permanente del MuVIM prescinda de objetos y textos explicativos y se vehicule a través de la palabra y las nuevas tecnologías de comunicación.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Contra la univocidad del objeto museográfico

Los museos son entidades expertas en tratar con objetos. Pero no sólo eso. En el museo tradicional la relación entre el museo y el objeto es tan estrecha que la naturaleza del segundo determina el carácter del primero. Parece obligado pensar que un retrato al óleo solo puede ser expuesto en un museo de arte, el resto arqueológico en un museo de Prehistoria o la herramienta tradicional de labranza en un museo etnológico. Porque según parece, cada objeto solo puede ser interpretado de una —y solo una— manera.

A finales del siglo XIX, el matemático y filósofo alemán Gottlob Frege —fundador de la moderna filosofía del lenguaje— estableció una diferencia entre referencia (bedeutung) y sentido (sinn) que puede resultarnos especialmente útil ahora. Un mismo referente — Cervantes, por ejemplo— puede ser aludido a través de diferentes expresiones o descripciones definidas —“el manco de Lepanto”, “el autor de El Quijote”— que, a pesar de tener un mismo significado, tienen distinto sentido, porque nos aportan distinta información: puede ser que yo supiera que Cervantes escribió ‘El Quijote’, pero desconociera que quedó manco como desafortunada consecuencia de una batalla.

Esa —sutil— distinción fregeana permite combatir la tradicional univocidad del objeto museográfico, porque un mismo objeto —o referente— puede servirnos para distintos propósitos expositivos, es decir, que puede ser interpretado de distintas maneras que aportan también distinta información sobre él: nada impide que una obra de arte pueda ser utilizada para reflejar una idea o representar una época, ni que podamos valorar un resto arqueológico o cualquier objeto etnográfico tan solo por sus cualidades estéticas. El MuVIM apuesta, precisamente, por romper esa disciplina del sentido único proponiendo, en cambio, una lectura transversal: los objetos que aparecen en sus exposiciones no sólo se exhiben por sus (supuestas) características intrínsecas, sino porque sirven como acicate y excusa para reflexionar sobre un tema de más amplio calado intelectual o interés sociológico. Distintos retratos regios permiten explicitar cómo ha cambiado la imagen del poder. Fotografías de personajes mediáticos ilustran hasta qué punto se ha modificado el ideal de belleza.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

La herida siempre abierta de la modernidad

Sin embargo, alguien podría pensar que hablamos de preservar ideas muertas, que han perdido la utilidad que un día tuvieron —como el bifaz de sílex o el molino manual de piedra— y que, precisamente por eso, se conservan en un museo: como residuos históricos que ya no tienen función social. Nada más lejos de la realidad. La Ilustración fue, en efecto, un movimiento intelectual que quiso reorganizar la (vida en) sociedad a partir de premisas racionales con un claro propósito emancipador: el de liberar al individuo de las numerosas trabas que impedían su pleno desarrollo. La liberación es —como dice Alain Finkielkraut— el gesto moderno por excelencia: libertad de conciencia y de pensamiento, libertad de expresión, libertad de reunión e incluso libertad para elegir quién y cómo nos gobierna.

La Ilustración propició una auténtica revolución de la mente que sentó las bases intelectuales y políticas de nuestro mundo, es cierto. Pero no fue la única partera de la modernidad: la industrialización, la expansión —también colonial— del capitalismo y, en general, la progresiva implantación de una racionalidad eminentemente instrumental han desembocado en una situación paradójica. Por una parte, la veta ilustrada ha permitido que el individuo atesore ahora una serie de derechos y libertades políticas inalienables. Pero, por otro lado, la racionalidad tecnocientífica ha reducido a ese mismo individuo a la impotencia: puede ejercer democráticamente sus derechos políticos pero difícilmente podrá cambiar el statu quo económico, por ejemplo, dado que la economía se presenta como una ciencia contra cuyas leyes poco o nada se puede hacer.

Esa ambivalente situación estructural genera conflictos, tensiones y disfunciones que se expresan social y, sobre todo, culturalmente. Y son precisamente esas manifestaciones culturales —en sus múltiples variantes expresivas (pensamiento, palabra, acción, perfomance, artes plásticas, audiovisuales, etc.)— la materia prima con la que trabaja un museo como el MuVIM, dado que son exteriorizaciones de ese permanente hiato entre promesa de plenitud e impotencia efectiva que caracteriza la vida del individuo moderno. En el siglo XVIII tanto como en el XXI.

Eso quiere decir que aquel ideal emancipador sigue vigente y no deja de desplegar nuevas estrategias discursivas ni de actualizar aquel caudal de ideas primigenio, con la esperanza de cerrar definitivamente la herida siempre abierta de la modernidad, aspirando, así, a completar la tarea inacabada de la Ilustración. Una Ilustración que no es tanto un corpus doctrinal como una actitud siempre crítica hacia el presente que nos ha tocado vivir, como dijo en su día Foucault. Y por todo eso —tanto por la particular naturaleza como por la permanente actualidad del objeto que custodia— el MuVIM es un museo diferente que no quiere dejar indiferente a nadie.

Imagen del hall del MuVIM. Fotografía de Jesús Granada cortesía del museo.

Marc Borràs

‘Arde’ Sagunt

XXXVI Sagunt a Escena
‘Palabras y Sonidos’
Teatro Romano de Sagunto
Hasta el 7 de septiembre de 2019

Inmunes al azote del calor, las piedras del Teatro Romano enmarcan la 36 edición del festival Sagunt a Escena con un contenido versátil que incluye desde piezas dramáticas inspiradas en los grandes clásicos a recitales de música, danza y circo. En total 32 espectáculos para todos los gustos que combinan producciones internacionales, estatales y valencianas. Bajo el lema ‘Palabras y Sonidos’, es el programa más musical de los últimos años.

A punto de cruzar el ecuador, el festival deja buen sabor de boca con montajes espléndidos como ‘Viejo amigo Cicerón’, coproducción del Teatro Romea y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, un texto de Ernesto Caballero, dirigido por Mario Gas e interpretado por Josep Maria Pou, Bernat Quintana y Miranda Gas. Una obra que aproxima a los ciudadanos de hoy esta figura histórica, cuyas reflexiones mantienen plena vigencia, y que revive en escena junto a su secretario Tirón y su hija Tulia.

Cicerón fue protagonista de las luchas y transformaciones ocurridas en el siglo primero anterior a nuestra era en Roma, personificando la imagen de la integridad moral de quien mantiene la coherencia de sus convicciones políticas incluso en las circunstancias más adversas. Un político excepcional en medio de un mundo de mezquinas ambiciones personales, deslealtades y pequeños enredos propios de la vida pública. Político, jurista, orador, filósofo, divulgador, el personaje encarna la máxima de Terencio: Nada humano le era ajeno.

Una original versión del clásico inmortal ‘Hamlet’ se estrenó en el Centro Cultural Mario Monreal, producción de la compañía valenciana Bambalina Teatre Practicable, dirigida por Jaume Policarpo e interpretada por un solo actor manipulador de títeres, Jorge Valle. Bambalina propuso en su ‘Hamlet’ un juego particular con una de las tragedias de Shakespeare sin dar nada por supuesto, intentando hacer lo más difícil de la manera más sencilla. Con este punto de partida planteó un reto con títeres que representan los personajes de la tragedia y un solo intérprete-demiurgo buceando en la obra como quien llega a un planeta inexplorado. Otros espectáculos destacados fueron ‘Somni’, del Institut Valencià de Cultura, con Núria Vizcarra y Juan Carrillo, el homenaje al maestro Joaquín Rodrigo o el ballet ‘El Quijote de plata’, dirigido por Igor Yebra.

Imagen de la puesta en escena de ‘Divinas palabras’, dirigida por José Carlos Plaza. Fotografía cortesía de Sagunt a Escena.

Superados los rigores de la canícula, el festival afronta su segunda mitad en la que todavía tiene mucho que ofrecer. Un aluvión de propuestas entre las que destaca el ya sexto montaje que realiza José Carlos Plaza de ‘Divinas palabras’, de Valle-Inclán, en escena el 24 y 25 de agosto. Lo interpretan María Adánez, Javier Bermejo, Alberto Berzal, María Heredia, Chema León, Carlos Martínez Abarca, Ana Marzoa, Diana Palazón, Luis Rallo, José Luis Santar y Consuelo Trujillo. Escrito en 1919 y publicado en 1920, este texto se sitúa en un momento en que Ramón María del Valle-Inclán da forma a su visión esperpéntica de la realidad. Dividido en tres jornadas, se centra en la figura de un idiota, hidrocéfalo que, al morir su madre es explotado por sus tíos que lo exhiben por las ferias como un monstruo, que igual inspira compasión que burlas grotescas.

En palabras de José Carlos Plaza, se trata de “una obra claramente agresiva, a veces brutal. Inmersa en las raíces de un pueblo que, sin perder su pasión, se comporta con el instinto y no con la razón. Un instinto deformado que lleva a cometer acciones inimaginables y que corroen los pilares de una sociedad burguesa, retrógrada y castradora. Y todo ello a través de un acidísimo humor negro. Desde el concepto de la familia, reflejada como una unión forzada que se usa como tabla de salvación, al concepto del dinero como único y auténtico dios que todo lo domina. Desde una miseria social y moral, al concepto de orden establecido, corrupto y mezquino. O hasta los miedos más profundos de la ignorancia. Y, dominándolo todo, la religión”.

Enrico Barbaro y Asier Etxeandia protagonizan ‘Mastodonte’. Fotografía cortesía de Sagunt a Escena.

El 22 de agosto, Asier Etxeandia y Enrico Barbaro lanzan su primer proyecto musical, ‘Mastodonte’. Un viaje conceptual a través de la vivencia del ser humano desde una vida anterior a su nacimiento pasando por la niñez, la adolescencia, el descubrimiento de la pasión y el amor, la madurez, la perdida, el perdón y la muerte y serena aceptación de sus errores. El último día de agosto los amantes del flamenco tienen una cita con ‘Bailando con Carmen’, la primera ópera flamenca en la que el amor y la tragedia reflejan la sociedad actual.

Dentro del circuito Off Roma se incluye, entre otras opciones, ‘Juicio y muerte de Sócrates’ (19 y 20 de agosto), un espectáculo dividido en dos partes que revive los momentos de mayor tensión vividos durante el juicio al que sometieron al filósofo griego, acusado de introducir nuevas divinidades en Atenas y de corromper a la juventud, y su posterior suicidio. ‘Con dos coplas de más’ llega el 4 de septiembre, combinando música y poesía, y el 7 de septiembre tendrá lugar una actuación del ganador o ganadora de la edición de 2019 del Festival del Cante de las Minas.

Josep María Pou durante un instante de ‘Viejo amigo Cicerón’, dirigida por Mario Gas. Fotografía cortesía de Sagunt a Escena.

Bel Carrasco

Alarcón celebra su festival de música ecléctica

IV El Ruso Festival de música ecléctica de Alarcón
Alarcón (Cuenca)
Del 26 al 28 de julio de 2019

Reunir con ánimo de conciliar valores, ideas y tendencias. Así nació El Ruso Festival de música ecléctica de Alarcón y con esa misma filosofía ha llegado a su cuarta edición, celebrada este año entre el 26 y el 28 de julio. Nada mejor para arrancar que los soportales del ayuntamiento, un espacio abierto que, a modo de ágora griega, sirvió de escenario para dar la bienvenida al festival con el proyecto del inclasificable Gilbertástico, alter ego de Gilberto Aubán. El artista valenciano actuó solo, cual trovador del siglo XXI, y una vez más consiguió dar coherencia a una mezcla de estilos de lo más variada, una propuesta musical que aúna folk, jazz, psicodelia y ritmos balcánicos. Además, sentado al piano deleitó al público con un homenaje a Franco Battiato, una de sus mayores influencias.

Veinticuatro horas después, la tarde noche del sábado acogió el resto de conciertos. En esta ocasión el escenario ganó en altura y en vistas con el traslado a la terraza del restaurante de Raúl Poveda, ‘La cabaña de Alarcón’, uno de los patrocinadores del festival y parada ineludible en una visita a la localidad. El primer plato del menú lo cocinó el director artístico del festival, Néstor Mir, a quien su inquietud artística le ha movido más allá de los confines de la música para adentrarse también en las artes escénicas, la narrativa y el audiovisual. Agitador sociocultural y alma mater de la discográfica independiente Malatesta Records, Mir es un especialista en escribir y musicar historias cotidianas para discos arriesgados y atrevidos. En la cuarta edición del festival optó por presentarse en versión one man band para dar voz a parte de su repertorio más reciente acompañado de una Fender Jaguar, un secuenciador y un looper, aparatos que sumó a su propuesta asesorado por las alcoyanas Júlia, artistas invitadas a la primera edición del festival en el verano de 2016.

Con los últimos rayos de sol llegó Petit Mal. El anaranjado atardecer acompañó en escena a este grupo liderado por Suso Giménez, asiduo al festival y que en esta ocasión estuvo acompañado por Anna Sanz de Galdeano al violín, y Lourdes Casany al bajo acústico. Juntos interpretaron buena parte del nuevo álbum de Petit Mal. ‘Andar sobre hielo frágil’ha visto la luz casi 15 años después de ‘Finlandia’, pero mantiene su esencia. Canciones intimistas de aire nostálgico con melodías delicadas, letras que conjugan el existencialismo y el día a día en un propuesta musical que busca la emoción y lo consigue. También hubo tiempo para recordar grandes éxitos de ‘Finlandia’ como ‘Yo soy tu fan¡ y para versionear, con absoluta libertad, temas clásicos como el ‘China girl’, coescrito por Iggy Pop y David Bowie.

Gilberto Aubán, Gilbertástico, durante su actuación en el festival. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Después de cenar se encargó de amenizar el postre la dulce y potente voz de Elen & Roseville, proyecto personal de Elena G. Morillas, acompañada por el artista de Java (Indonesia) Hans van de Stadt (ármonica, voz y guitarra). Su propuesta musical, también ecléctica, hizo viajar al público por diferentes rincones del mundo. A través de la unión de diferentes estilos musicales y letras compuestas en francés, inglés y árabe, Elen & Roseville camina con equilibrio entre el rock, el blues, el folk francés y la música étnica.

Fue el broche final a la parte musical de un festival alejado de modas y carteles de renombre, pero con proyectos de indudable calidad. Una propuesta sólida que goza de la belleza de la intimidad en un entorno medieval envidiable. También del apoyo incondicional del Ayuntamiento de Alarcón.

Paralelamente a la propuesta musical, el festival tiene su vertiente cultural con sede en el Museo del Ruso, espacio de arte contemporáneo dirigido por Marisa Giménez Soler, directora del festival, galerista y comisaria de arte, pero sobre todo una mente inquieta que desde aquellos maravillosos años de La Esfera Azul no ha parado de idear interesantes proyectos. El museo fue parte del desaparecido palacio de los Castañeda, del que solo se conserva la imponente portada del siglo XVI y su nombre procede del pintor y coleccionista ruso Miguel Ourvantzoff, que vivió durante años en Alarcón.

Posado grupal de artistas, músicos, gestores y patrocinadores del festival. Fotografía cortesía de Marisa Giménez Soler.

En su pequeña y única sala, y coincidiendo con el festival, se ha inaugurado la exposición ‘Colectiva ecléctica’, que reúne tres propuestas completamente diferentes: obras de Calo Carratalá (Torrent, 1959), Felicia Puerta (Murcia, 1967) y Fernando García del Real (València, 1967).

Calo Carratalá, considerado uno de los exponentes del nuevo paisajismo contemporáneo, muestra obras de su viaje a Tanzania, una mirada cautivadora sobre la naturaleza. La obra de Felicia Puerta, profesora de la Facultad de Bellas Artes de València, se caracteriza por la abstracción pura, la geometría y el minimalismo, plasmados en texturas y una sobria paleta cromática. Fernando García del Real se expresa a través del collage digital. Sus obras destilan un atractivo estilo retro contemporáneo que sorprende por la original descontextualización de imágenes, con claras influencias del cine, la música, la literatura y el cómic.

El festival es una ocasión perfecta para conocer Alarcón, pero cualquier momento es bueno para descubrir un lugar que atrapa. Un pueblo asentado sobre un promontorio y rodeado por una doble muralla, la medieval y la formada por un meandro del Júcar. Coronado por una fortaleza medieval de origen musulmán, Alarcón ofrece al visitante una buena dosis de arquitectura religiosa y civil que le valieron el reconocimiento de conjunto histórico artístico hace ya más de tres décadas.

Petit Mal durante un instante de su concierto durante la cuarta edición de El Ruso Festival de música ecléctica. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Carmen Pastor

Contra las muletas, cultura universitaria

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Antonio Ariño (vicerrector de Cultura e Igualdad de la UV)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Cuando llegué por primera vez al Vicerrectorado de Cultura se me preguntó, desde un medio de comunicación, que cuál era el proyecto que traía para La Nau y en qué medida iba a suplir las carencias de otras administraciones –estoy hablando del año 2011–. No dudé ni un segundo (creo) en la respuesta: la misión cultural de la Universidad viene regulada en la legislación universitaria, por tanto, no entra en competencia con otras administraciones ni debe adoptar una función supletoria.

¿Cuál es el planteamiento que debe seguir la Universidad en relación con la cultura? Al menos hay que remontarse al último cuarto del siglo XIX cuando, entre otros, Rafael Altamira puso en marcha la extensión universitaria, para encontrar un enfoque certero. Su planteamiento era muy claro. En una universidad elitista, había que sacar el saber a las calles, a los barrios obreros, a las clases populares. Por otro lado, decía que toda persona es siempre “más que su profesión”, el químico también se ha de formar como ser humano (y, añadiríamos hoy, como ciudadano).

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Así pues, la misión cultural de la Universidad se bifurca en dos dimensiones: la democratización del saber que se genera en sus espacios de investigación y se transmite en sus aulas, y la formación integral para quienes forman parte de la comunidad universitaria y, en especial, para el estudiantado.

Esta misión no ha perdido vigencia, aunque en una sociedad digital y del aprendizaje han cambiado (o deben cambiar) los medios, los programas y las formas de llevarlos a cabo. La cultura que debe transmitir y/o crear la Universidad no es cualquier cultura. Hay muchas formas culturales aborrecibles. El sello “cultura” no es garantía de nada. La cultura que compete a la Universidad ha de ser, en primer lugar y sin género de dudas, una cultura científica y crítica, que se basa en el conocimiento más sólido y se orienta a desmontar prejuicios y mitos de toda clase que proliferan y abundan en cualquier sociedad.

Puede resultar sorprendente, pero hay que afirmarlo con rotundidad: nuestra sociedad da pábulo y crédito a toda clase de prejuicios y mitos. Los estamos viendo apoderarse de gobiernos y gobernantes estos días, en la Europa post-ilustrada, como si retornáramos a épocas nefastas. Miles de millones de personas murieron y mataron en las dos guerras mundiales por mitos y prejuicios. Ahora estos pueden sustentarse en un ropaje científico o incluso revestirse con los argumentos de que se actúa por el bien general y el bien público, pero no hay tal y la función de la Universidad debe seguir siendo la de desenmascarar y la de provocar.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Desenmascarar. Cuando se dice que vivimos en la era de la posverdad se da pábulo a un mito. ¿Ha existido alguna era de la verdad? ¿Cuándo no han intentado todos los poderes existentes legitimarse más allá del cimiento democrático? ¿Cómo defender sin sonrojo que la educación nos hace libres? ¿Qué educación? ¿Qué libertad?

Provocar. Porque es muy fácil acomodarse a clichés explicativos y parece tarea ardua cambiarlos por otros más convincentes si alguien no sacude nuestro sopor. Conviene recordar el poema de Brecht sobre el hombre con muletas que fue a visitar al médico. Este le preguntó: ¿por qué llevas muletas? Porque estoy tullido, respondió el paciente. El médico le invitó a caminar, aunque fuera a cuatro patas; le quitó las muletas y se las rompió en la espalda. “Ahora estoy curado. Ando. Me curó una carcajada. Tan sólo a veces, cuando veo palos, camino algo peor por unas horas”.

La cultura que proponemos en exposiciones, seminarios, conferencias, talleres, debería provocar nuestros modos de pensar y quitarnos las muletas. Cultura crítica, pero también cultura inclusiva y democrática.

Claustro y deambulatorio del Centre Cultural La Nau. Fotografía: Miguel Lorenzo.

Antonio Ariño

«Soy del amor al arte de Soledad Lorenzo»

MAKMA ISSUE #01
Entrevista a José Miguel G. Cortés, director del IVAM
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

José Miguel G. Cortés, director del IVAM, habla en todo momento de proyecto, porque según él la mayoría de museos y centros de arte cuentan con programaciones que valen para cualquier sitio. Y su proyecto, con una mirada internacional y cosmopolita, no se olvida de la proximidad y la singularidad del entorno. También critica los tiempos livianos actuales que dan por válido todo, al tiempo que se manifiesta contrario a la dictadura de las audiencias. Sueña con un IVAM del siglo XXI ampliado, porque necesita más espacio para mostrar en condiciones los más de 100 años de arte moderno y contemporáneo que atesora el museo valenciano.

¿Qué tiene el IVAM que no tengan otros museos?

El IVAM fue uno de los primeros museos de arte moderno y contemporáneo que se creó en España y que lo ha hecho de una manera distinta. Incluso antes de inaugurarse ya tenía una colección importante. En otros muchos museos, primero se creó el espacio y luego se ha ido comprando la colección. Yo he intentado recuperar esa actitud de, lo primero de todo, tener un proyecto. De hecho, uno de los grandes problemas que ha tenido precisamente el IVAM durante estos últimos años es que no ha tenido un proyecto. Y el no tener proyecto lo que significa es que todo vale, de manera que no puedes discutir por qué se hace una cosa u otra porque no hay ningún criterio.

¿Y cuál es su proyecto?

El proyecto que yo presenté tiene unas características muy específicas. Por un lado, que tenga una mirada internacional y cosmopolita y, por otro, muy anclado en el entorno. Uno de los problemas que tenemos es que la inmensa mayoría de los museos y los centros de arte da igual que estén en Valencia o en Honolulu. Y me refiero a espacios tanto públicos como privados. Son programaciones que se pueden hacer en cualquier sitio. Un ejemplo (y no es que me parezca mal): la fotografía de calle norteamericana está muy bien pero la puedes hacer en Valencia, en Bilbao, Estrasburgo, Liverpool o donde sea. Entonces, trabajar el entorno es algo fundamental bajo mi punto de vista.

¿Cómo se atrae al público en la coyuntura actual?

Hay que trabajar con una concepción del arte que no se vea como un aspecto de banalización, de vulgarización del pensamiento. Creo que vivimos en unos tiempos livianos, en los cuales cualquier cosa es válida y no tienes que justificar nada, simplemente que está bien, es chulo, o es joven o es viejo, como si eso fuera un valor en sí mismo. Habrá gente joven que tenga discursos muy bien elaborados y gente mayor que no los tenga. El problema, entonces, no es ser joven o viejo, sino qué cuentas, en torno a qué.

Extracto inicial de la entrevista publicada en MAKMA ISSUE #01.

¿Y en qué se centra su proyecto, qué cuenta?

El actual proyecto del IVAM se basa en varios ejes. Y uno de ellos es el Mediterráneo, que es una parcela que nadie estaba reivindicando hasta ese momento. ¿Y por qué el Mediterráneo y no el Atlántico? Bueno, pues porque nuestras raíces históricas, sociales y culturales tienen que ver con el Mediterráneo.

¿Y eso atrae?

El IVAM no está en el ranking del número de visitantes. Esa no es nuestra lucha, no es nuestro planteamiento, no es nuestra liga. Nuestro planteamiento es: o el IVAM sirve para ampliar nuestra mente, para hacernos mejores sensitiva y conceptualmente, o no sirve para nada, por muchos millones de visitantes que tenga. A un museo no se le puede medir por el parámetro del número de visitantes –ese puede ser uno, pero secundario–. Lo fundamental es cómo ayudas a difundir el conocimiento del arte. Por poner un ejemplo, entre muchos: ¿qué es mejor, una película de La 2, que ven 100.000 personas (¡que ya son personas!), u otra de La 1 o de Telecinco, que ven dos millones de personas, que es un blockbuster sin el menor interés, ni fílmicamente ni en ningún otro sentido? Ahí está la cuestión.

También es importante cómo haces las cosas. Tú puedes hacer una exposición y poner los medios para que la gente la entienda. Las exposiciones temáticas son una forma de atraer a un público distinto. No se trata de hacer una programación difícil, críptica, extraña, sino de hacer una programación exigente, pero poniendo los medios para que a la gente le interese. ¿Que es complicado? Sí, es complicado, pero se trata de trabajar para lograrlo.

Esto nos lleva al dilema de ofrecer al público lo que supuestamente se espera de él o arriesgar a la hora de programar.

No se trata de culpabilizar a nadie, pero generalmente hay una conciencia de que todo tiene que ser flojo, débil, banal, superficial, una actitud no hedonista de la vida, sino intrascendente de la existencia, y que lo otro es aburrido. Y claro está que hay cosas sesudas, aburridas y mal planteadas, y cosas banales muy divertidas. No se trata de plantearlo en blanco o negro. Hoy en día ya no hay un público, sino muchos públicos, hay minorías de públicos. Y un centro vivo como el IVAM tiene que ser capaz de llegar a todas esas minorías con actividades diversas, sin importar si a una conferencia vienen diez o vienen cincuenta. Esa carrera alocada por la audiencia no nos lleva a ninguna parte.

¿Atender a lo más próximo significa descuidar lo más alejado y viceversa?

Pues no. Mira, un ejemplo, Josep Renau y Martha Rosler. En esta ciudad, en esta Comunidad, en este País Valenciano /llamémosle como queramos), a Josep Renau se le ha visto miles de veces, por arriba, por abajo, por delante, por detrás, de miles de maneras, pero, qué casualidad, a nadie se le había ocurrido plantear a Renau con otros artistas internacionales. ¡Joder, menudo olvido!

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿El IVAM, como museo público, se enfrenta al auge de la iniciativa privada por dejadez de las instituciones públicas en relación con la cultura?

Que quede claro, si alguien se gasta dinero en comprar arte, muchísimo mejor que si se lo gasta en un yate. Pero, ojito, porque esto es igual que los hospitales privados y las universidades privadas. ¿Quién tiene biblioteca? Los museos públicos. ¿Quién hace exposiciones y trabajos sobre cuestiones que nadie trabaja? El IVAM. Si me muestras siempre Sorolla o Manolo Valdés o un artista norteamericano muy conocido, pues vale, eso es lo mismo que hacen las universidades privadas. ¿Qué es lo que se vende, medicina, arquitectura y derecho? Perfecto, pues para mí y para ti, poesía francesa del XVIII. Yo vengo de la pública y ahí trabajamos sobre aspectos que nadie trabaja.

De manera que yo amor al arte, todo, pero soy del amor al arte de Soledad Lorenzo, que cede su obra al Reina Sofía, de Martínez Guerricabeitia, que cede su obra a la Universidad de Valencia, de los coleccionistas norteamericanos que dan 200 millones de dólares [y lo repite], 200 millones de dólares, para la ampliación del MoMA. Yo soy de esos.

Pero ante la dejadez de lo público –que la ha habido en materia de cultura–, lógico que se hayan volcado muchos en busca de esa iniciativa privada, ¿no?

¿Sabe las dificultades que hay para que un museo público funcione? Son brutales. De personal, de presupuesto, de cuestiones administrativas… La ley de mecenazgo permite que una empresa privada se desgrave por compra de obra y nosotros no. Tú tienes un Picasso, me lo cedes a mí y, hoy por hoy, no te lo puedes desgravar, y se lo cedes a una empresa privada y puedes hacerlo. ¡Si esto no es ir contra la institución pública, que venga dios y lo vea!

¿La colección del IVAM es uno de los puntos fuertes de su proyecto?

Estamos en lo mismo. No se trata de hacer colección por colección. Tenemos más de 11.000 obras. Y estamos en un intento de organizar, de estructurar la colección. Yo me encontré con cosas muy buenas y también con un totum revolutum. Por ejemplo, lo que se hizo con las vanguardias europeas de los años 20 y 30 todavía tiene coherencia. Esto es de lo mejor a nivel estatal. Es que en Valencia no se tiene ni idea de lo que tenemos. El tema también de fotografía, de arte pop español y extranjero, realmente bueno. Hasta los 70 tenemos una colección magnífica y a partir de ahí tenemos obras muy buenas, pero no tenemos colección.

¿Y qué presupuesto de compra tiene?

Cuando yo entré teníamos 80.000 euros y el año pasado ya teníamos 600.000. Hemos dado un salto importante.

Entonces, ¿existe ahora una mayor sensibilidad política?

No toda la que nos hubiera gustado, pero también es verdad que yo pido más.

Tiene contrato hasta 2020, ¿es tiempo suficiente para desarrollar su proyecto?

Para un museo como el IVAM yo pienso que cada cuatro años es poco, has de contar con un mínimo de 10 años. Menos, no te da tiempo a nada, entre que tomas posesión del cargo, conoces donde están las cosas y demás, se te he pasado ya un año.

¿Cómo está posicionado el IVAM con respecto a otros museos?

Pienso que tiene una identidad propia y muy específica. Estamos trabajando mucho en torno al Mediterráneo, o en la presencia de las mujeres en la colección. Y en museos importantes de arte moderno y contemporáneo solo estamos el Reina Sofía y nosotros. Y el IVAM antes.

Pero el IVAM arrastra cierta mala imagen de estos últimos años.

Es un trabajo larguísimo que hay que hacer. Pero lo cierto es que no hay nadie en España que le interese el arte que no valore al IVAM como uno de los mejores museos y con una programación más coherente y más interesante de este país. El MACBA en 2018 tiene seis exposiciones y nosotros tenemos 12.

José Miguel G. Cortés. Fotografía: Biel Aliño.

¿No caemos con eso a la valoración en función de la cantidad?

No, a ver, tampoco se puede obviar que si un museo como el MACBA hace seis exposiciones y de las seis, solamente una corresponde a una mujer, ya no es una cuestión de números, sino de cultura ideológica. Nosotros estamos prestando mucha atención al trabajo realizado por mujeres y por mujeres a las que, pensamos, no se les ha dado la oportunidad que merecen.

¿Qué le gustaría dejar como legado?

Me gustaría, en el 30 aniversario, darle un impulso al IVAM. En dos sentidos: por un lado, consolidar el museo de arte moderno, que sería el centro Julio González –y aquí incidir mucho en la colección–, y, por otro lado, digitalizar la colección para que pudiera estar a disposición de los estudiosos. Y una cosa más: ampliar la labor de la biblioteca, que es magnífica y ahora está muy reducida, y darle mayor importancia a la educación, a la didáctica. Todo eso con relación al centro Julio González.

Y luego, la ampliación del IVAM del siglo XXI, porque el IVAM necesita otros espacios, otras maneras de abordar el arte de los últimos 20 o 30 años y el arte del futuro. Y aquí no tenemos espacio para abordar todo esto. Nosotros tenemos, en cuanto a metros cuadrados y en cuanto a presupuesto, teniendo en cuenta el arco histórico que estamos trabajando, desde inicios del siglo XX hasta mañana, un espacio ridículo. Estamos trabajando un siglo. Hay sitios que tienen menos que nosotros, pero están trabajando con chavales jóvenes.

¿Cómo Luther King, usted también tiene el sueño de un IVAM del siglo XXI ampliado y carente de polémicas?

Bueno, cuando se creó el IVAM ya hubo mucha polémica, porque luego las cosas se mitifican. Yo considero que igual que digo que no se puede comprar o exponer cualquier cosa, sino que todo tiene que ir en función a un programa, también deberíamos tener las líneas muy claras con respecto a la política cultural que nos gustaría tener. Y hay cosas que son fundamentales. El IVAM se creó hace 29 años y medio y fue un acierto completo, a pesar de la polémica y que iban cuatro a las exposiciones, porque repito que aquí las cosas se mitifican. Al Centro del Carmen iban otros cuatro, porque yo estaba allí y la segunda exposición la hice yo. Y ahora parece que todo aquello era maravilloso, cuando resulta que el 80% de los que hablan de eso ni venían. Bueno, pues se trata de hacer una apuesta, y este es el momento de aprovechar el 30 aniversario del IVAM para hacerla.

Esta entrevista fue publicada en MAKMA ISSUE #01, revista especial en papel con motivo del quinto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2018.

José Miguel G. Cortés. Fotografía: José Cuéllar.

Salva Torres