Aquí Gritarán los Mudos

‘Aquí Gritarán los Mudos’ de la Compañía Migro Danza
Sala Off
Carrer del Túria, 47, Valencia

El pasado 21 de Noviembre tuvo lugar la danza teatro “Aquí Gritarán los Mudos” interpretada por la compañía Migro Danza.

‘Aquí Gritarán los Mudos’ es un tributo a la migración, no es a una historia concreta, sino todas esas voces que han pasado por esa situación. Es una obra silenciosa, donde dos personas, sin identidad, se encuentran en un punto del camino y como juntos se enfrentan a las distintas adversidades que supone dejar su tierra natal.

Fotografía de la obra 'Aquí Gritarán los Muertos'. Cortesía de la compañía Migro Danza

Fotografía de la obra ‘Aquí Gritarán los Mudos’. Cortesía de la compañía Migro Danza

A través del movimiento se cuentan distintas historias. La danza va alternándose entre pausas y momentos de tensión. La emoción envuelve el contexto en el que se encuentran ambos protagonistas donde vemos amor, violencia, muerte, desesperación, impotencia y cómo, a pesar de emociones y sentimientos tan fuertes, se da a entender un mensaje de seguir adelante ante las inclemencias que surgen a lo largo del camino. Los momentos de pausa podríamos considerarlos “falsos” ya que es una tranquilidad extraña, tensa, más como un sentimiento de derrota o fatigamiento de los protagonistas que un momento de paz.

La obra se realiza sobre un suelo de tierra. La tierra es otro personaje más con un simbolismo muy profundo, la tierra como elemento primario, una referencia que quizá aluda a que todos somos iguales y que provenimos del mismo lugar, el planeta Tierra y por otro la tierra como una elemento que causa desconocimiento, un espacio yermo, donde todo parece similar pero que el migrante no consigue adaptarse a él. La frontera se conceptualiza como un comodín cerrado el cual impide la entrada de los protagonistas a un nuevo lugar, causando una angustia y tensión en la obra que, unido a una música y la luz, refleja la angustia que sufren los migrantes al encontrar cortado su camino, unido a la incertidumbre de si podrán continuarlo.

Fotografía de la obra 'Aquí Gritarán los Muertos'. Cortesía de la compañía Migro Danza.

Fotografía de la obra ‘Aquí Gritarán los Mudos’. Cortesía de la compañía Migro Danza.

La música, compuesta por David Ortolà es una pieza improvisada en directo, buscando frescura en cada nueva interpretación de la obra y quizá también para reforzar el mensaje de tributo a las diferentes historias que deja el camino y como cada una tiene una serie de características personales. La música además ayuda a marcar ese mensaje crítico respecto a la situación del migrante. No estamos en una película de acción con una música épica o dramática, sino que la obra es una ventana a la realidad, la que vivimos actualmente. En la vida real no hay una banda sonora que nos acompañe, por lo que esta se compone por un sonido electrónico ambiental. La música no pretende ser bonita o gustar sino ser estridente, poner en tensión al espectador y crear esa sensación de no descanso que viven los protagonistas. La luz también es un agente que ayuda a canalizar ese mensaje de espacio etéreo, no importa donde se contextualiza la escena, sino el mensaje que transmite.

Con todos estos componentes los protagonistas interactúan a través de su danza, una muestra de esas ideas a través del entorno. Siempre danzan en torno a la tierra haciendo una metáfora de todos los viajes que no han sido contados, perdidos en el camino, no hace falta palabras ya que todos los componentes inertes (musica, tierra, luz) junto a los cuerpos de los protagonistas hablan a través de ese contraste de momentos ‘lentos’ y ‘agresivos’ consiguiendo impactar al espectador, buscando dejar tras de sí en él un pensamiento o idea tras terminar la obra.

Fotografía de Edward Quintana y Gracia Sánchez tras finalizar 'Aquí Gritarán los Muertos'. Cortesía de la compañía Migro Danza

Fotografía de Edward Quintana y Gracia Sánchez tras finalizar ‘Aquí Gritarán los Mudos’. Cortesía de la compañía Migro Danza

Esta es la primera obra dentro de teatro compuesta por la compañía Migro Danza interpretada por Edward Quintana y Gracia Sanchez. Ellos mismos se definen como ‘un colectivo de investigación corporal, que responde a las búsquedas y relaciones entre diferentes manifestaciones artísticas entorno a la elaboración de productos escénicos de calidad , así como en la construcción de un estilo propio de abordar el movimiento, dentro del discurso de la danza contemporánea’. ‘Aquí Gritarán los Mudos’ es una obra interesante e intensa con un tema muy actual que sin duda saben transmitir a través de algo tan abstracto como lo es la danza.

Aquí Gritarán los Mudos Trailer

Fotografía de la obra 'Aquí Gritarán los Muertos' Cortesía de la compañía Migro Danza.

Fotografía de la obra ‘Aquí Gritarán los Mudos’ Cortesía de la compañía Migro Danza.

CalimaR’T 18: don de la fuga, infinito y misterio

’1.1 Univers’, de Amparo Garrido, Ana Elena Pena, Geles Mit, Javier Velasco, Jöel Mestre, Pep Carrió y Xavier Monsalvatje
CalimaR’T 18
Centro Calima. Observatorio de los sentidos
Nova Malvarrosa 11, Gilet (València)

Esto no es una crónica. Es un arpegio. De nota. Un cuento de los Tales y sin los cuáles nada sería. Porque no estamos en el 212 a.C., ni el número es el 22. Y tampoco falta la O. Se trata de un once, upon a time. Y UNIVERS. Un número que no se puede tocar porque es maestro. La introspección, si es íntegra, se abre por la fuga del horizonte de sucesos, dándolo todo, más allá del espacio y del tiempo. Porque el principio del mundo es lo ilimitado. Como la eternidad y un día, ese mañana en la frontera de enfrente.

CalimaR'T. MAKMA

’1.1 Univers’

¿Se trata de un once? Mirándolo bien, son dos unos separados por un punto. Lo interesante es cogerle el punto. El punto y seguido, los suspensivos… El punto y sus partes. Uno + uno son dos. Por alegrías. Uno punto uno punto es el principio de lo irrenunciable. Uno y uno, ecuación y devoción, ¿pasión? Matemática de longitudes y latitudes en el poliedro que inmiscuye la casa y el estudio, el jardín entorno. Una secuencia de la suma —el rito y el verano— , que en su cuarta edición reúne en Calima’RT a once artistas del valor sin dimensiones mirando mejor y bien, despertando el ser a los sentidos en la música mundana.

Y si aquí están los unos, ¿dónde están los otros? Pues también están. Dicen que siempre es más recomendable hablar de los otros y, que si lo haces, sea a partir del yo, en el punto de la madeja universal cuando deja de ser ovillo.

Al parecer, el dato científico es que esta exposición se ha inaugurado el 15 de junio de 2018, en CalimaR’T, cocinada por la artista alsaciana Deva Sand, sabiendo, no obstante, que el tiempo no existe. Ah, y un añadido del cyborg: la versión 1.1, en lenguaje computador, es que se trata de un software fiable. Porque las x.o tienen errores. ’1.1 Univers’ en un espacio de conocimiento donde habita el cambio de conciencia. Desde la receptividad y lo creativo. Entre los arquetipos y la magia, la transmisión y la confianza. La intuición, nada de comprensión. El toque sanador entre los principios y las profundidades, las pies y los manos.

Un único verso de naturaleza armónica. La unidad y la igualdad con la diversidad por sobre. Las velas sincrónicas. El viento en Sí, sostenido, en clave de Fa. El detalle está en el punto que los divide o los une de forma indivisible, que lo ilimitado está hecho de sus supuestos opuestos.

Imagen de las obras de Pep Carrió que forman parte de '1.1 Univers'. Fotografía cortesía de CalimaR'T.

Imagen de las obras de Pep Carrió que forman parte de ’1.1 Univers’. Fotografía cortesía de CalimaR’T.

El mar en la cocina. Palmeras, con sus cocos, en la movie room, esa habitación con vistas a la que el visitante llega al principio, si viene por Trotamundos; al final, tras atravesar la sala blanca, la fábrica de sueños o el balcón, viniendo por la playa. Y es en la intemperie donde está la puerta de esta exposición, con vistas al mar. A la Sureste. Miradas sobre la realidad unidas dentro del Observatorio de los Sentidos.

Un cosmos salpicado de grama. Las fotos están tomadas con pinzas. La poesía se fotografía, la pintura es cerámica y la escultura, la arquitectura de la crónica cuando te mira. Y animales que responden, la música clásica es para todos. Hay cápsula de bombeo. Y diálogo, entre la vida y la muerte, cómo no. Cuadros de mármol negro y flores en las rotondas, y lagos. Y un viaje, “la historia y el pasado a fuego y resistencia en una vida detenida en el tiempo por necesidad y por lucha”. Y fuego encendido en la alcoba, esas vidas del arte póvera.

Hay un paseo del olfato, el árbol de los deseos, un puerto de conexión, que proyecta una idea al espacio. Aquí se trata con la naturaleza y el esperanto, el reflejo es blanco y se mira con la raíz por los ojos, con hilos rojos, que bailan al viento. Arena de duna y Flora. Plantas de arenales, embrionarias, móviles, en la frontera donde resurge la vida y la ballena saluda. El lugar universal del germen en la tarea de cada artista, sagrado en sus bellas artes. Una extraterrencia en vida con cerezas de postre. Y el eje, un huevo de cristal con burbuja de aire en su interior. El origen, que diría aquél. Arriba y abajo es lo mismo como una pequeña vibración. Perdón, variación. Porque hablamos de la exposición ’1.1 Univers’, que es como decir, artículo 1: Los hombres (personas, animales y cosas) y las mujeres, nacen y permanecen libres e iguales, también en derechos, o cuanto menos aún los vericuetos. Las distinciones sólo pueden ser acorde de la música común de corazón limpio.

-¿Y de menú?
-Quiches veganos.

Imagen de una de las obras de Xavier Monsalvatje que forman parte de '1.1 Univers'. Fotografía cortesía de CalimaR'T.

Imagen de una de las obras de Xavier Monsalvatje que forman parte de ’1.1 Univers’. Fotografía cortesía de CalimaR’T.

María Tomás García

 

AVVAC reclama al IVAM el libre acceso de artistas

II Jornadas sobre profesionalización en las artes visuales
Centre del Carme de Cultura Contemporània (CCCC)
23 y 24 de noviembre de 2018

Durante las II Jornadas sobre profesionalización en las artes visuales, que han tenido lugar el pasado viernes 23 y sábado 24 de noviembre de 2018 en el Centre del Carme de Cultura Contemporània, numerosos participantes –artistas, gestores, críticos y ponentes– marcharon desde este centro hasta el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), para hacer entrega de una carta de petición en este sentido.

La misiva iba firmada por la actual presidenta de la Unión de Artistas Contemporáneos de España (UNIÓN_AC), Consuelo Vallina, integrante a su vez de la International Association of Art (IAA), organización que agrupa a las asociaciones de artistas de la Unión Europea y de la que forma parte AVVAC.

Esta acción, consistente en la entrega de una veintena de ejemplares de la mencionada carta, dirigida al director del IVAM, José Miguel G. Cortés, tiene la intención de que se desbloquee el acuerdo por el que las/los artistas de AVVAC y del resto de asociaciones federadas a la UNIÓN_AC vuelvan a tener libre acceso al museo, tal y como ocurría en el pasado. Según la direc- ción del IVAM, este incomprensible retraso se produce debido a cuestiones burocráticas, mientras que desde AVVAC se empieza a perder la paciencia, en tanto que dicho trámite empieza a contarse por años.

Un instante de la concentración de miembros de AVVAC a las puertas del IVAM. Fotografía cortesía de la asociación.

Un instante de la concentración de miembros de AVVAC a las puertas del IVAM. Fotografía cortesía de la asociación.

Máxime cuando, además, y contraviniendo la filosofía de transparencia que parecen imponer los tiempos, recientemente, con la aprobación de la nueva Ley del IVAM se han marginado de su consejo asesor a las asociaciones profesionales del sector, entre ellas AVVAC, cuestión sobre la que se mantiene una negociación destinada a encontrar una solución adecuada, siendo uno de los temas tratados en la última reunión que mantuvo AVVAC con la Consejería de Cultura, el pasado 19 de septiembre (https://www.makma.net/compromiso-de-albert-girona-con-avvac/).

Con gran éxito en la convocatoria y en la calidad de las ponencias, las jornadas celebradas en el Centre del Carme Cultura Contemporània de València, se ha conmemorado el décimo aniversario de la creación de la asociación Artistas Visuals de València, Alacant i Castelló (AVVAC), colectivo   que se ha destacado en el esfuerzo por la defensa de los intereses profesionales de las/los artistas y en el impulso al conocimiento y la promoción del arte contemporáneo.

Dos jornadas donde han tenido lugar diversas mesas y talleres, contando con la participación de profesionales, colectivos y asociaciones de distintos ámbitos del arte, cultura y educación de distintos puntos de la Comunidad Valenciana, sobre temas como la aplicación de las Buenas Prácticas en el sector, la enseñanza de las artes, la gestión cultural, talleres prácticos, fiscalidad, Estatuto del Artista y otros, que han servido para cohesiones y aglutinar a las/los artistas e interesados en el mundo del arte y la cultura, en defensa de los intereses comunes del sector.

Con la sala llena, desafiando al clima y como colofón de las jornadas, se celebró una performance donde, en tono festivo y reivindicativo, se concedieron los primeros premios AVVAC, a través de una acción a cargo del artista Graham Bell.

Diversos miembros de AVVAC muestran la misiva firmada por la presidenta de la Unión de Artistas Contemporáneos de España (UNIÓN_AC) a las puertas del IVAM. Fotografía cortesía de la asociación.

Diversos miembros de AVVAC muestran la misiva firmada por la presidenta de la Unión de Artistas Contemporáneos de España (UNIÓN_AC) a las puertas del IVAM. Fotografía cortesía de la asociación.

AVVAC

 

Exquisitos y heterodoxos en el 56 FICX

‘En busca del Óscar’ (Octavio Guerra, 2018), ‘Cassandro The Exotico!’ (Marie Losier, 2018) y ‘Qué tal Pascual’ (Bárbara Brailovsky, 2018)
Competición Internacional Rellumes
56 Festival Internacional de Cine de Gijón/Xixón (FICX)
Hasta el 24 de noviembre de 2018

“Hazme una máscara y una pared que me aparten de tus espías,
de esos ojos filosos y esmaltados, de esas garras patéticas
de ultraje y rebelión en los orfanatos de mi cara”
(‘Hazme una máscara’, Dylan Thomas)

Heteróclitos, inusitados, desusados, acrisolados y conceptivos, feraces y ubérrimos, ópimos y exquisitos, turbios o vítreos, yermos o fructuosos, distinguidos y decadentes, propios, raros, extravagantes y singulares.

Desde las precursoras escenas de ‘Eminescu-Veronica-Creanga’ (Octav Minar, 1914), la evolución del documental biográfico ha transitado por inquietantes carreteras secundarias al calor de lúbricos cineastas cuyos fascinantes (y, en ocasiones, estocásticos, perturbadores y enlodados) intereses han contribuido a colmar de personajes –sugestivas celebridades o embriagantes indocumentados– el exuberante devenir de las cinematografías periféricas.

Libérrima y parcialmente rescato del légamo a seres como las Edith Beale (madre e hija, tía y prima, a la par, de Jacqueline Kennedy Onassis), confinadas en la ruinosa hacienda de ‘Grey Gardens’ (Albert y David Maysles, 1975); el elegíaco fin de raza de los Panero en ‘El desencanto’ (Jaime Chávarri, 1976) y su ulterior y valetudinario ‘Después de tantos años’ (Ricardo Franco, 1994); la razón trágica, cristiana y cantillanera de José Pérez Ocaña en ‘Ocaña, retrato intermitente’ (Ventura Pons, 1978); la inefable sombra en cut-up de William Burroughs en ‘Burrgoughs: The Movie’ (Howard Brookner, 1983); el empolvado lupanar autobiográfico de Ramona Coronado en ‘Mónica del Raval’ (Francesc Betriu, 2009) o el hechizante hermetismo estepario del mirífico Harry Dean Stanton en ‘Harry Dean Stanton: Partly Fiction’ (Sophie Huber, 2012), solo por citar algunas confesas y aseadas debilidades.

Por ello, celebro con incontenibles albricias haberme precipitado en la presente edición del FICX por la cotidianidad escarpada de tres sujetos de rumbos vitales tan asimétricos como mesmerizantes, cuyos derroteros rivalizan en la sección internacional Rellumes (Destellos) del festival gijonés.

De este modo, el director canario Octavio Guerra escolta el concurso profesional del escritor bonaerense, crítico de cine y presidente de AEPRECI Óscar Peyrou en ‘En busca del Óscar’, mientras que la cineasta y comisaria francesa Marie Losier acompaña la biografía fronteriza del luchador paseño y queer Saúl Armendáriz Cassandro en ‘Cassandro The Exotico!’ y ‘Qué tal Pascual’ –mediometraje largo de Bárbara Brailovsky para el Máster en Teoría y Práctica del Documental Creativo de la UAB– rubrica el retrato del octogenario fígaro barcelonés Pascual Iranzo.

Si uno acicala sus argumentos con el perfume pseucocientífico de la morfopsicología, no cabe duda posible acerca de la excepcionalidad que portan consigo Peyrou, Cassandro e Iranzo, seres amanecidos en la pantalla con el porte de una fisiognomía tan arquetípica como heterodoxa:

Noble estatura, encarnada gorra de beísbol, camisas hawaianas y atuendo de lino estival, córneas y pupilas prominentes y lentes de alto índice, sempiterno estío, palabra lacónica y reticente, verbo abúlico y sucinto; principios que confieren al paso una inexorable impresión de vulnerabilidad y cáustica inapetencia (Óscar Peyrou).

Compacto tallaje, atlético torso, pómulos botulínicos y rostro cosmético, cabello cardado y áureo, prosodia mestiza y creencias sincréticas, chewing gum de fresas desérticas y ácidas, refrescos de cola con grosellas y poliuretano; aditamentos para un primer diagnóstico de figura tumefacta y camp (Cassandro).

Anatomía enjuta y talle encopetado, nariz prominente, cejas impetuosas, ojos acerados y anteojos mayúsculos, pelambre encoletado, verbo petulante y vanidad insolente, trago largo de maltas fermentadas y cítricos; ademanes opulentos y armonías consuetudinarias (Pascual Iranzo)

En consecuencia, Octavio Guerra, Marie Losier y Bárbara Brailovsky atesoran el afanoso reto de escudriñar tras la ceremoniosa máscara que, adherida, administra el pulso de sus personajes, con el propósito de permitirnos otear el envés, consumar la etopeya que toma refugio tras los overoles y completar el retrato digno de sus flaquezas.

Más allá de las iridiscentes y controvertidas críticas cinematográficas de Peyrou –cuya metodología de trabajo ha sido motivo de excelsa reflexión en estos predios por parte de Jesús García Cívico en el artículo ¿Es posible hablar de las películas que no se han visto?–, ‘En busca del Óscar’ desvela a un individuo abreviado por la biografía, encamastrado de emigración, viudedad, cinefilia y silencio. Octavio Guerra y Víctor Montoya (director de fotografía) apuestan por una plausible ataraxia estilística, cuyo perenne equilibrio permite que sean su protagonista y sus diversos interlocutores quienes acentúen la métrica de la estupefacta hilaridad (protagónica) y las tribulaciones (tan comedidas como suficientes para evitar el remedo).

Provista de los ornamentos perforados y la textura amateur del 16mm, ‘Cassandro The Exotico!’ secunda el auge de la memoria y la decadencia gimnástica y emocional de Saúl Armendáriz, erigido en prócer de los exóticos –luchadores profesionales enmascarados con ademanes afeminados e hiperbólicos–. Marie Losier aporta las virgulillas estéticas a la semblanza locuaz de Cassandro, acérrimo y vigoroso adalid sobreviviente de narcóticos sótanos y hostigamientos, eclosionando de entre púlpitos domésticos, camastros de hotel, barbacoas costumbristas y cicatrices existenciales.

Por su parte, Bárbara Brailovsky y Gustavo A. Mejía (director de fotografía) se sitúan con esteticismo entre la facunda máscara y los espejos del ínclito peluquero Pascual Iranzo, atentos a los combinados del barman Ginés Pérez Navarro –en la contrastada barra del Belvedere– o a las prosaicas y jocosas reuniones de amigos en la costa de Blanes. Un filme que supera sin mácula las expectativas de un primer proyecto cinematográfico.

Guerra, Losier y Brailovsky ofrecen aventajados motivos para permanecer atentos a sus ulteriores propuestas. Peyrou, Cassandro e Iranzo han manifestado el carácter para alojarse en la memoria, tras haber sido razón.

Un instante del rodaje de 'Cassandro The Exótico!', de Marie Losier. Fotografía cortesía del FICX.

Un instante del rodaje de ‘Cassandro The Exótico!’, de Marie Losier. Fotografía cortesía del FICX.

Jose Ramón Alarcón

 

Fluxus, arte y tecnología en la UCV

‘Fluxus en la era digital’
III Congreso Internacional de la Cátedra de Arte y Tecnología
Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir (UCV)
Jorge Juan 18, València
Jueves 22 y viernes 23 de noviembre de 2018

‘Fluxus en la era digital’ es el nombre del III Congreso Internacional de la Cátedra de Arte y Tecnología que se llevará a cabo los jueves 22 y viernes 23 de noviembre de 2018, en el salón de actos San Juan y San Vicente de la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir (UCV), con la participación de importantes artistas, curadores e investigadores de transcendencia internacional que analizarán la situación actual del arte y la cultura ante los nuevos medios.

El evento se encuentra coordinado por el Dr. José Alfonso Cosme, director de la Cátedra de Arte y Tecnología de la UCV. Entre los invitados internacionales destaca la presencia virtual (online) de Rolando Peña (El príncipe negro), artista conceptual de fama internacional y creador de la Fundación Para la Totalidad en Nueva York, quien trabajó junto a Warhol, Maciunas, Duchamp, Yoko Ono y otros padres del Fluxus en los años sensenta.

FLUXUS. MAKMA

Durante el encuentro se realizarán Mesas Fluxus, con la participación de asistentes presenciales y online unidos a los artistas y a más de una veintena de ponentes de ámbito internacional, como la artista Andreina Fuentes, reconocida promotora cultural y fundadora de la plataforma Arts Connections, desde Miami. El profesor de semiótica y cultura Humberto Valdivieso desde la Universidad Andres Bello de Venezuela; el director del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá Gustavo Ortiz; el curador Colombiano Juan David Quintero y Gerardo Zavarce, desde Santo Domingo.

Además, por España, participan los catedráticos David Pérez y José Ramón Alcalá, la Dra. Virginia Paniagua, el especialista en Arte y robótica Ximo Lizana, el especialista en net art Nilo Casares, el artista performer Carlos LLavata, la curadora Rosa Ulpiano, y  Oscar Mora, de Intramurs.

Este congreso permitirá entender la afectación de los nuevos medios y los avances tecnológicos en las reflexiones y propuestas artísticas, además de investigar, desde el aspecto sociológico, las mutuas influencias que se desarrollan en la evolución cultural, ante un panorama novedoso y cambiante con gran rapidez, como es el arte y la tecnología͟, explicó Cosme.

El profesor y artista internacional José Cosme desarrollará el encuentro como parte de un performance e indicó que todo lo que se muestre en el congreso será un importante reflejo de la realidad internacional en arte y tecnología, que por su inabarcabilidad necesita registro y análisis constante, a medida que evoluciona.

FLUXUS. MAKMA

 

1050 Discos Cardinales, Lapido, LGEB, Dr.Divago…en 16 Toneladas

Sala 16 Toneladas
C/Ricardo Micó, 3. Valencia
16 de Noviembre
Presentación libro ’1050 Discos Cardinales’ de Juanjo Mestre
19:30 h. Entrada Gratuita
Concierto de José Ignacio Lapido + La Gran Esperanza Blanca
22:00 h. Entrada 15 € anticipada (movingtickets aquí). 19 € taquilla

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Imagen recortada de la contraportada del libro ’1050 discos cardinales’ de Juanjo Mestre

Con motivo de la publicación del libro “1050 discos cardinales” de Juanjo Mestre, editado por Makma, se ha organizado un evento especial en la sala 16 Toneladas de Valencia.

El libro cuenta con ilustraciones originales de Cristina Benavente, y está teniendo una excelente acogida de público y entre crítica alternativa especializada.

“…El texto es de una independencia que nunca, y lo repito: nunca, había visto antes en ningún libro sobre discos, demostrando que se puede comer caviar y sopa borsch con la chupa de cuero puesta…” (Jorge García, Rock & more by Addison de Witt)

“…1050 discos cardinales es la mejor guía escrita en castellano sobre el rock and roll y los discos que le han ido dando forma…” (Gonzalo Aróstegui, Ragged glory)

“…Disfruto cada página y, después de esto, pienso que tal vez debería irme a una isla lejana a escuchar toda esa música que no ha pasado por mi reproductor…” (Juan Aybar, Being Vain)

“…Una perfecta guía de campo para un fascinante viaje por el cosmos de eso que se llama rock and roll…” (Bernardo de Andrés, Rock the best music)

“…Aquesta guia s’adverteix imprescindible per a tot aquell amant de la bona música de qualitat i el bon rock, de les guitarres i sense prejudicis d’estils…” (Chals Roig, No sé viure sense rock)

“…Si no es único en su género, sí es al menos un libro tan exhaustivo como singular en su planteamiento…”  (Salva Torres, El Mundo)

Y es que el contenido del libro responde a una selección de discos en orden cronológico que podría considerarse como un manual imprescindible de historia del rock desde un perspectiva muy personal de su autor, Juanjo Mestre, colaborador habitual de MAKMA y del que es fácil encontrar reseñas y críticas también en otros medios como Exile SH Magazine o el Espacio Woody/Jagger.

Mestre, con su peculiar estilo nos introduce en el mundo discográfico a través de obras muy reconocidas (Elvis, Beatles, Rolling Stones, Bob Dylan…) y de bastantes otras que no lo son tanto, sin dejar de lado la actualidad, ni por supuesto, a grandes músicos representantes del panorama español que podrían considerarse menos conocidos, y todo ello con el objetivo de generar afecto y despertar interés por esa faceta del arte y del entretenimiento a la vez que ayuda a depurar el criterio personal del lector.

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Cartel del evento con horarios de presentación del libro ’1050 discos cardinales’ de Juanjo Mestre

Junto al autor compartirán mesa como ilustres invitados en el coloquio dos nombres de reconocido prestigio nacional en el mundo de la música y que están muy presentes en el libro, concretamente ambos son compositores, guitarristas y vocalistas en sus respectivos proyectos musicales, por una parte el granadino José Ignacio Lapido -que tras su paso por 091 tiene una destacable trayectoria en solitario-, y por otra Cisco Fran, líder de la banda valenciana La Gran Esperanza Blanca. A ellos hay que sumar un tercer invitado, el bilbaíno Joserra Rodrigo, crítico musical, autor del muy recomendable libro “Pasión no es palabra cualquiera” y que también participa con un prólogo en “1050 discos cardinales”.

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La Gran Esperanza Blanca: Chuso, Fede Ferocce, Luis y Cisco Fran

Con el fin de hacer más ameno este acto participarán con canciones en formato acústico Manolo Bertrán y Antonio Chumillas ‘Chumi’, miembros del grupo valenciano Doctor Divago, otra de las bandas que ocupan un hueco importante entre esos “1050 discos cardinales”.

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Manolo Bertrán y Chumi de Doctor Divago

Después, para rematar una jornada con el mejor rock español de los últimos tiempos la sala 16 Toneladas abrirá nuevamente sus puertas a partir de las 22 horas. Será el momento de disfrutar primero con las nuevas canciones de La Gran Esperanza Blanca junto a otras más antiguas de su trayectoria.

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Cartel concierto en 16 Toneladas de José Ignacio Lapido + La Gran Esperanza Blanca

Finalmente el maestro José Ignacio Lapido, que se halla a punto de acabar la gira de su último álbum “El alma dormida”, culminará un evento que para los seguidores más exigentes ya está considerado como la reunión musical más prometedora e interesante de este año en la capital del Turia.

Vicente Chambó

¿Es posible hablar de las películas que no se han visto?

¿Es posible hablar de las películas que no se han visto?
A propósito del film ‘En busca del Oscar’ (Octavio Guerra, 2108)

“Nunca leo los libros que debo criticar para no sufrir su influencia”, ese es el lema de Oscar Wilde que sirve como frontispicio al célebre ensayo del profesor de literatura y psicoanalista Pierre Bayard ‘Cómo hablar de los libros que no se han leído’. El trabajo de Bayard, brillante y alegre al mismo tiempo, es todo menos un conjunto de trucos o una selección de imposturas para darse aires haciéndose pasar uno por más leído de lo que se es. Lo que plantea ‘Cómo hablar de los libros que no se han leído’ es, por el contrario, una estimulante reflexión a propósito del significado de la lectura. Una exigente reflexión a partir de algunas formas de no-lectura (libros olvidados o que conocemos de oídas, libros que leímos a medias, libros hojeados o vagamente referidos) donde la cuestión principal es pensar mejor acerca de la dimensión creativa de la lectura.

De las posibilidades de esa dimensión creativa, y no sólo recreadora (o recreativa), dan cuenta insignes escritores que fueron a la vez finos lectores: Musil, Wilde, Valéry, Montaigne, Borges o Lodge. Entre las distintas formas y situaciones en las que acontece la posibilidad de hablar de los libros que no se han leído, la más hermosa es la de quien puede hablar de cualquier libro (lo haya leído o no) porque ha adquirido con la práctica una visión de conjunto, esto es, porque conoce a fondo, al modo del personaje de ‘El hombre sin atributos’, en medio de los problemas que entrelaza la cultura y el infinito, los secretos de la gran biblioteca.

Cartel de la película 'En busca del Oscar', de Octavio Guerra.

Cartel de la película ‘En busca del Oscar’, de Octavio Guerra.

Un postulado implícito en nuestra cultura consiste en considerar que es necesario haber leído (o visto) un libro (o una película) para hablar de él (o de ella) con algo de precisión, por eso el libro de Bayard fue el primero que nos vino a la cabeza cuando hace unos años el escritor y crítico cinematográfico Oscar Peyrou (Buenos Aires, 1945) comenzó a publicar ‘Déjà vu’ en la Revista de arte, literatura y filosofía (del colmillo) Canibaal, una sección de crítica cinematográfica en la que más que de un tipo de paramnesia del reconocimiento de experiencias que sentimos como si se hubieran vivido previamente, se hablaba alegremente de una película que (y eso se reconocía claramente) no se había visto. ¿Haría falta una suerte de cobertura teórica a la idea de Peyrou? ¿Llegará el día en que alguien se atreva a pedirnos cuentas?

La revista está a punto de desaparecer después de cinco años y diez números de andadura, tras haber desfilado por ella escritores y artistas de primera talla: de Raúl Zurita a Vila-Matas, de Isabel Muñoz a Carmen Calvo. Con ella también desaparece la sección ‘Deja vu’, aunque al menos quedará la falsa impresión de familiaridad con su recuerdo. Ha sido la sorprendente película de Octavio Guerra, que ahora se estrena en España (y participa en la sección Rellumes del 56 FICX), la que ha situado a Oscar Peyrou en el centro de la polémica, y por tanto de la actualidad.

‘En busca del Oscar’ es una mezcla de documental y ficción basada en la vida del escritor y crítico argentino Óscar Peyrou, presidente de la Asociación Española de la Prensa Cinematográfica y delegado de la Federation Internationale de la Presse Cinematographique (FIPRESCI) en Madrid. Durante el filme seguimos a Peyrou por algunos de los festivales de cine que visita como crítico o jurado. El film, rodado en Chicago, San Sebastián, Buenos Aires, República Dominicana, La Palma y Valladolid, es, según lo veo, una suerte de comedia dramática, por momentos muy sofisticada, cínica, más caustica que irónica, una película iconoclasta que a uno le recuerda enseguida al cine polaco de los años 60, al Monsieur Hulot de Tati, a la compañía teatral polaca Crickot, al cine y a la literatura de personas desubicadas, a los preludios mudos del slapstick de Buster Keaton.

En lo que más nos interesa aquí, la película de Guerra sobre Peyrou, siendo muchas cosas a la vez, es también, lo hemos adelantado ya, un film sobre la crítica y en el seno del amplísimo (al menos en teoría) campo de la crítica, un film a propósito de un crítico de cine del que apenas se apuntan, de forma intencionadamente vaga, problemas de visión, quizás una tragedia. Un individuo singular que reconoce abiertamente que no ve (o que apenas ve, porque no quiere) las películas que ha de criticar.

Fotograma de la película 'En busca del Oscar', de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Fotograma de la película ‘En busca del Oscar’, de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Reténganse ya dos aspectos de lo dicho anteriormente: uno, se trata de una película (de una ficción de aspecto documental); dos, se trata de una película que, entre otras cosas, aborda la cuestión de la crítica. Y ahí, planteamos de nuevo, mutatis mutandi, el interrogante inicial: ¿es posible hacer la crítica de las películas que se han dejado de ver? El interrogante no es, insistimos, el leitmotiv de la historia sobre Peyrou, lo cual dice mucho del talento del director de este largometraje. Y es que Octavio Guerra (Las Palmas 1976) ya fue nominado al Goya al mejor cortometraje de no ficción en 2015. Su documental ‘Agua Bendita’, también dirigida por el grancanario, estuvo presente en más de 50 festivales internacionales de 30 países, ganó cinco premios internacionales y fue seleccionada en festivales tan importantes como Chicago, La Habana o Toulouse.
Guerra abre con ‘En busca del Oscar’ el abanico de temas de una forma superficial (en un sentido no degradado del término), esto es, de una forma epidérmica, como intuyendo que de profundizar en cualquiera de los asuntos que Peyrou se trae consigo, ello significaría romper un raro encanto. El espectro de situaciones es suficientemente amplio y está sugerido más que apuntado. Entre ellas: ¿es posible hablar de películas que no se han visto?

Si contestamos desde la observación del mundo circundante, la respuesta es que es así como ya se habla de muchas películas, desde el texto que acompaña la promoción de su estreno, a la publicidad televisiva de las cadenas que han participado en su producción. El Hollywood clásico ofrece multitud de ejemplos de información proporcionada por los estudios, desde el frívolo anuncio de un affaire entre los protagonistas a los micro-textos de la cartelería publicitaria. El mismo Oscar Peyrou ya hablaba de hecho de las películas que no había visto, en la sección de la revista que mencionábamos atrás. El ámbito cinematográfico, por cierto, no sería el único lugar donde se hablase e incluso se hiciera crítica de un producto cultural sin haberlo visto o leído. En el seno de mi profesión más específica, mi labor como profesor e investigador en la universidad, es habitual que la crítica de un trabajo se haga a partir de elementos del paratexto (aquí, básicamente bibliografía y citas a pie de página).

Otra cuestión es: ¿resulta o puede resultar interesante hablar de películas que no se han visto a partir de intuiciones, elementos periféricos (cartelería, banda sonora, casting, título, etc.) y fondo de armario cinematográfico? La respuesta, según lo veo, es también afirmativa. Y trataré de poner algún ejemplo de las posibilidades de la aproximación superficial (o epidérmica). Ya hay toda una serie de disciplinas que han acabado por estudiar lo más profundo desde la superficie, en medicina el sudor tiene un enorme potencial para detectar de forma temprana y poco invasiva numerosas enfermedades de hígado; recientemente, científicos norteamericanos han descubierto en la saliva diversos tipos de ARN que funcionan como biomarcadores del cáncer y de la diabetes, entre otros trastornos. ¿Es posible hablar de una película desde fuera, como si se tratara de la membrana epitelial que recubre el cuerpo de un artefacto cultural?

En realidad, podemos formular mejor la pregunta: ¿cómo podemos hablar de las películas que no se han visto o se han visto superficialmente? Yo creo que en el ámbito específico en el que nos movemos, el de la crítica cultural, una buena respuesta sería: podemos hablar de las películas que no hemos visto siempre que lo que digamos de ellas sea interesante.

Fotograma de la película 'En busca del Oscar', de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Fotograma de la película ‘En busca del Oscar’, de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Desde la experiencia de Bayard, “resulta perfectamente posible mantener una conversación apasionante a propósito de un libro que no se ha leído, incluso, y quizás de manera especial, con alguien que tampoco lo ha leído […]. A veces, para hablar con rigor de un libro es deseable no haberlo leído del todo, e incluso no haberlo abierto nunca”. ¿Resultan extrapolables las consideraciones de Bayard al ámbito de la crítica, y, concretamente, al ámbito de la crítica cinematográfica?

La respuesta aquí es, una vez más, afirmativa, porque, tarde o temprano, la cuestión de adónde vamos a parar es: ¿qué es una crítica? (aquí, qué es una crítica de cine). Relacionado con esto, está lo que mi colega, el filósofo Daniel Innerarity, dice en su último libro a propósito de la crisis de las profesiones de mediación (el crítico es un intermediario entre la película y el espectador, de forma análoga a cómo media el médico entre el paciente y la enfermedad o el profesor entre el estudiante y el conocimiento). Mientras Proust ya defendía la separación entre la obra y el autor, (para comprender una obra no es interesante informarse acerca del autor), Valéry no se contentaba con eliminar al autor del horizonte de la crítica literaria y aprovechó para desembarazarse también del texto: “la práctica de la crítica sin autor ni texto no es absurda. Descansa, en el caso de Valéry, sobre una concepción argumentada de la literatura”, reconoce Bayard. Y añadimos nosotros, volviendo a la crisis de las profesiones de mediación, que la crítica actual no solo puede (o debe) desembarazarse del autor y de la historia, sino que le es lícito asumir que el texto crítico no puede descansar en la mera cronología de los hechos (algo que puede consultarse en Filmaffinity o Imdb), o en la nueva redacción de la ficha técnica, sino más bien en la habilidad de un autor para transmitir experiencias subjetivas (de vocación intersubjetiva), emociones particulares e impresiones singulares. Nótese que me gustaría hacer descansar en el término “singularidad” la posibilidad de decir algo sutil, interesante y distinto, y no algo cierto, científico y definitivo, y mucho menos una suerte de reproducción fidedigna de los valores de la obra de acuerdo con una intención análoga a la de Pierre Menard, el conocido personaje de una de las ‘Ficciones’ de Borges, cuya aspiración vital era reescribir ‘El Quijote’ exactamente tal como lo escribió Cervantes.

Y es que, si incidimos en la pregunta ¿qué es una crítica de cine?, y tratamos de responderla de una forma sincera y mínimamente realista, no podemos dejar de señalar el actual acrecentamiento de algunos problemas típicos de la crítica tradicional. El poeta Auden ya señalaba que es imposible hablar mal de un libro sin pavonearse. ¿Nos suena de algo esa actitud? Otro problema tradicional de la crítica apunta a un lastre aparejado a las relaciones entre críticos y autores, un entorno demasiado estrecho que conlleva todo un aparato de complicidades, guiños y códigos internos, todo un sistema coactivo de obligaciones y prohibiciones débiles que podría seguir teniendo como consecuencia suscitar una simulación generalizada sobre las películas, sobre los libros (aquí me refiero tanto a los libros o a las películas efectivamente leídos como a los vistos o leídos en condiciones de parcialidad). En el contexto de los especialistas, un tipo de simulacro es general y proporcional a la importancia que en dicho contexto ocupa el producto cultural.

Vendrían aquí también a colación argumentos muy diversos, por ejemplo, las conocidas tesis de Tom Wolfe –y su antecedente, Rodolfo Walsh– y el nuevo periodismo, esto es, la explosión de nuevas formas de narrativa periodística, la integración de fórmulas de la literatura de ficción a la crónica de los hechos, el cultivo de textos preciosistas en las descripciones, en nuevos géneros informativos donde el juego con el punto de vista es esencial. Lo realmente divertido de todo esto es que Peyrou no pretende, ni mucho menos, la inauguración de una nueva crítica cinematográfica de forma análoga a cómo Walsh, Gay Talese, Capote, Joan Didion o el mismo Wolfe, sentaron las bases del nuevo periodismo. Lo que tanto el filme de Octavio Guerra como la personalidad del propio Peyrou apuntan es que se trata de un juego cultural tan honesto como cargado de interés.

Al modo del bibliotecario de la inmensa novela de Musil, hay quien conoce no el contenido, sino la situación de un libro; en nuestro caso, el modo en que una película se dispone en relación con otras películas, o lugar que ocupa en la gran filmoteca colectiva. Probablemente, nosotros tampoco hablemos, cuando hablamos de cine, de una sola película, sino de toda una serie de películas a la vez, serie que interfiere en el discurso a través de tal título concreto, cada uno de los cuales remite al conjunto de una concepción de la cultura de la cual solo es símbolo temporal. Cargamos con una filmoteca interior llena de cintas reales e imaginarias que determinan la recepción de nuevas historias. Somos la totalidad de películas acumuladas tanto las vistas como las no vistas: un amontonamiento heteróclito de fragmentos de filmes. Por otro lado, Peyrou no dice (insistimos en ello) haber visto la película (tampoco asume no haberla visto), tampoco su crítica es caricaturesca, sino que a menudo se refiere al filme de forma vaga para colocarlo como objeto abierto de comentarios privilegiados que aportan una originalidad que, sin duda, no habría alcanzado de haber visionado el filme. Y si se nos vuelve a admitir la transposición, ¿no defendía el mismo Valéry que es suficiente haber hojeado un libro para consagrarle todo un artículo y que, incluso, sería inconveniente, para ciertos libros, proceder de modo distinto? “En última instancia, es cerrando los ojos ante ella y pensando lo que podría ser como el crítico tiene la ocasión de percibir lo que le interesa para precisamente superarlo: aquello que no es pero que comparte con otras”. La búsqueda de un singular punto de perspectiva implica procurar no perderse en tal o cual pasaje y, por tanto, mantener respecto al libro una distancia razonable, aunque sólo sea para permitir apreciar su significación verdadera.

Sugiero, pues, admitir que tanto la crítica literaria como la cinematográfica tiene (puede tener) un sentido, no solo explicativo o comprensivo, sino también lúdico y recreativo. Y que, asimismo, a través de estas dos últimas actividades se puede comprender mejor una obra. Apoyándose en Umberto Eco, razona Bayard que el libro aparece como un objeto aleatorio sobre el cual discurrimos de manera imprecisa; un objeto con el que interfieren permanentemente nuestras ilusiones y nuestros fantasmas. La lectura es una recreación. La película es también un objeto reconstruido. La reconstrucción es un juego abierto que trasciende la actualidad del film, un ensayo. Y fue, precisamente, Montaigne uno de los primeros en pensar sobre la relación entre la adquisición de cultura y la falta de memoria. Al hilo de una serie de reflexiones sobre los límites de nuestra naturaleza, quedaba claro al lector de los ‘Ensayos’ que no hay una diferencia tan grande entre lo que se ha visto o leído y lo meramente ojeado. Montaigne olvidaba los libros que había leído. Olvidaba incluso el motivo concreto por el que se había encaminado a la biblioteca. Con sus experiencias reiteradas de eclipse de sí mismo, escribe Bayard, da la sensación de eliminar todo límite entre lectura y no lectura. Para el filósofo francés, no conservamos en nuestra memoria libros homogéneos, sino, antes bien, fragmentos arrebatados a lecturas parciales, a menudo mezclados entre sí, y, por si fuera poco, remodelados por nuestros fantasmas personales: vestigios de libros falsificados, análogos a nuestros recuerdos-pantalla mencionados por Freud, que sobre todo desempeñan la función de disimular otros. Bien podría suceder que tanto los libros como las películas no fueran más que el soporte transitorio de una sabiduría impersonal. ¿No es así? Vale para el cine lo que sobre los libros estimaba Montaigne, que es propio de la lectura no producir más que un conocimiento frágil y temporal. ¿Vimos las películas que hemos olvidado por completo? Si nos damos cuenta, al fin y al cabo, pensar sobre estas cuestiones nos conduce irremediablemente a una posición desdoblada. ¿Y no es precisamente el desdoblamiento, el agente secreto que obtiene todo su poder de lo que oculta, uno de los temas más recurrentes en la literatura de Oscar Peyrou?

Portada de 'Al entrar en el río', de Oscar Peyrou (Canibaal, 2017).

Portada de ‘Al entrar en el río’, de Oscar Peyrou (Canibaal, 2017).

Hace un año pude, junto con Pablo Miravet y Ximo Rochera, editar con Canibaal el libro de Oscar Peyrou, ‘Al entrar en el río’. Se trataba de una estupenda antología de relatos que abarcaba casi 50 años de ejercicio de la ficción escrita. Por jugar con el título de este volumen, en él, lo recuerdo bien, se sucedían relatos y micro-relatos que recogían, en un nadar a contracorriente subiendo el cauce de un río de vida al modo del salmón, el extenso campo semántico, literal y metafórico de la muerte. La muerte es lo que vemos durante el día, dejó escrito Heráclito. Y un frío y turbador misterio que cubre los primeros planos de un cuadro, añadimos entonces nosotros, pensando en la pintura que sirvió de ilustración a la antología de Peyrou y luego (o a la vez) a ‘En busca del Oscar’, la película de Octavio Guerra sobre Peyrou. Muchos de los relatos de ‘Al entrar en el río’, como el tipo de crítica al que nos estamos refiriendo aquí, ocurren en el lapso de tiempo que media entre el amanecer y los crepúsculos: la noche, las ruinas, la palidez, el silencio, el gran pájaro negro, los ríos y los ruidos nocturnos, la atracción por el suicidio, la oscuridad, las sombras, la soledad y los suspiros; la desaparición callada de las puertas, las partidas, los lagos, la autopista, el olvido y la extrañeza, la rendición y los andenes, el cansancio, los resplandores funestos, la niebla gris y las luces cenitales. El lector encuentra en ‘Al entrar en el río’ luces de muchas clases, ciudades como mares, análisis de la cautela y el disimulo, micro-relatos inmensos en su exigente brevedad, cuadros donde se reflejan las miradas del espectador y la mirada misma de la noche, pinceladas sinestésicas sobre el color de la música, sobresaltos nocturnos, odiseas en el pasillo, críticas del fustigante crítico de la impostura y de la sonrisa de los idiotas; recreaciones: horas adversas en las que ese fingidor, probable autor de esos relatos, se queda solo y quieto, mirando la luz que oscurece todo.

Los que lo conocemos sabemos que Peyrou se parece a un agente secreto trufado de vida (y pantalla) interior y de vidas imaginarias a la manera de Marcel Schwob: el hombre poderoso –lo hemos dicho-  no es el que sabe, sino el que sabe y oculta lo que sabe. Con todo su misterio expresado en mil formas, el crítico cinematográfico es también un artista de la simulación cultural, un sofisticadísimo aparecido, un alma que ríe con Kipling y con Kafka, con Conrad y con Chesterton, con Borges y con Wallace Stevens.

Creo, en definitiva, que Peyrou juega un juego muy sutil y que su crítica creativa, hábil en el manejo de estilemas singulares capaces de escuchar las virtualidades de la obra, aprovecha el transcurrir de un río con meandros cuya forma de plantear la cultura desapareció de forma sigilosa. Las consideraciones de Peyrou –por muy alejadas que en apariencia puedan estar del desarrollo original de una película (pero ¿qué significa estrictamente estar cerca?) aportan al encuentro con ella una originalidad sugerente y abierta que, sin duda, no habría alcanzado si hubiera emprendido de forma ortodoxa su visionado. El estilo festivo (incidentalmente iconoclasta) de su crítica no sería posible, por ejemplo, sin los cambios de contextos de Duchamp, pero tampoco sin la jocosidad con la que asumimos, desde las últimas décadas del siglo XX, que habríamos de tratar con los tics más simples de la posmodernidad. El espectador de ‘En busca del Oscar’ como el lector de ‘Al entrar en el río’ percibirá las posibilidades imaginativas de la prolepsis o anticipación, figura en que se previenen las objeciones que pudieran hacerse dándoles una respuesta anticipada. El film de Guerra, al igual que el libro de Oscar Peyrou, no hacen explícito el discurso, pero tampoco caen en la sensiblería. Peyrou, maestro del understatement, como el buzo que deserta de una armada antigua, explora —sin darle apenas importancia– las profundidades de la muerte y de la vida con una sigilosa emoción intensa y sumergida.

Fotograma de la película 'En busca del Oscar', de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Fotograma de la película ‘En busca del Oscar’, de Octavio Guerra. Fotografía cortesía del director.

Jesús García Cívico

Carolina y Mike, rock alternativo en Veles e Vents

Carolina Otero & Mike Grau
+ Primo
9 de noviembre
20:00 H.
Edificio Veles e Vents
Marina de València, Muelle de la Aduana S/N, València
Presentación ‘Superfruit’
Entradas 4 € anticipadas (www.eventbrite) y 5 € taquilla

Carolina Otero y Mike Grau 1

Mike Grau y Carolina Otero

Otro de los más interesantes eventos musicales que se acumulan durante el próximo fin de semana en la capital del Turia es la presentación en directo de “Superfruit”, el interesantísimo disco con el que han sorprendido a propios y extraños Carolina Otero y Mike Grau, un trabajo paralelo pero con cierta relación a la labor que ambos desempeñan al frente de sus bandas respectivas, The Lil’ Knife y Mad Robot.

Carolina Otero y Mike Grau 3

Cartel de presentación de “Superfruit”, el nuevo álbum de Carolina Otero & Mike Grau

Ocho canciones, y seguramente alguna más que se una al magno evento, componen una obra que sigue la línea independiente y alternativa de nombres americanos como Breeders, Pixies o Pavement, con buenas dosis de distorsión guitarrera pefectamente coordinadas con bellas melodías otoñales.

Carolina Otero y Mike Grau 2

Carolina Otero y Mike Grau en uno de sus últimos conciertos

“Tied to you” fue el buenísimo temazo de presentación previa pero es que las restantes “Night wolves”, “Bad times”, “Our way”, “Grey” o “Body” tienen un nivelazo similar.

Todo soledad, todo pasión, todo deseo, todo luminosidad. Ah, y con una exquisitez de versión como es “Lovesong”, el temazo de Robert Smith que fue incluido en el “Disintegration” de The Cure en 1989. Pues eso, altamente recomendables.

Juanjo Mestre

Más de 500 mediometrajes para el XI La Cabina

XI edición de La Cabina – Festival Internacional de Mediometrajes de València
Del 14 al 24 de noviembre de2018
Inauguración: miércoles 14 de noviembre a las 20h en el Palau de la Música

La XI edición de La Cabina – Festival Internacional de Mediometrajes de València (que se celebrará del 14 al 24 de noviembre) se ha presentado en el Aula Magna del Centre Cultural La Nau con la presencia de Albert Girona, Secretario Autonómico de Cultura y Deporte, Antonio Ariño, Vicerrector de Cultura y Deporte de la Universitat de València; Sara Mansanet, directora del festival; y Ana Illueca, artista ceramista creadora del trofeo de esta edición.

Al acto también han asistido José Luis Moreno, Director Adjunto de Audiovisuales y Cinematografía del IVC; Paco Alós, Director de Relaciones Institucionales y RS de Caixa Popular; Eduardo Almiñana, Departamento de Marketing & Comunicación Barreira A+D; y Manuel Martínez, Director de la Escuela Superior de Cine de Barreira A+D y el Centro Sperimentale di Cinematografia di Italia en València y miembro del jurado Barreira. En la presentación oficial ante los medios, La Cabina ha anunciado todas las novedades que tiene preparada para esta nueva edición, que se inaugurará el miércoles 14 de noviembre a las 20 h en el Palau de la Música.

Cartel de La Cabina 2018, obra de César Sebastián. Imagen cortesía del festival.

Cartel de La Cabina 2018, obra de César Sebastián. Imagen cortesía del festival.

Antonio Ariño ha querido remarcar la implicación de todas las instituciones, como la Generalitat Valenciana o el Ajuntament de València, y la empresa privada, como Caixa Popular o Cerveza Turia, que ayudan a que el festival “siga adelante”. Además, ha confesado estar “muy orgulloso de La Cabina” ya que está convencido de que el Centre Cultural La Nau tiene que cumplir la función de ser un “laboratorio de iniciativas culturales” y que, gracias al trabajo de estos once años, el festival se ha asentado en la ciudad.

Albert Girona, Secretario Autonómico de Cultura y Deporte, ha destacado que la Generalitat apoya al festival desde 2015 y agradece al Centre Cultural La Nau que siga siendo una fábrica de proyectos culturales, a los cuales las instituciones tienen que estar muy atentos “no sólo para apoyar sino también para trabajar conjuntamente”. El Secretario Autonómico también ha comentado de La Cabina: “es un festival atractivo por varias razones: tiene su propio formato, tiene una identidad propia, tiene un público muy definido y tiene unos valores muy claros que la Generalitat comparte”.

Sara Mansanet, directora del festival, ha declarado ante los medios asistentes que la filosofía del festival de “defender un formato audiovisual difícil de distribuir” continúa y se siguen dando pasos para ello. Entre esos pasos están la renovación del acuerdo con la plataforma Filmin, que creará un canal específico de La Cabina en el que se podrá ver una selección de mediometrajes durante los días que dura el festival. Sin olvidar una de las grandes apuestas de esta edición: “uno de los cambios más evidentes en la programación es el aumento del número de sesiones diarias y su conversión en sesiones individuales. Esto ha sido posible gracias también al apoyo y la confianza de los responsables de programación de La Filmoteca y de La Nau, apostando así por dedicar cada sesión íntegra a un solo mediometraje (independientemente de su duración), dándole la importancia de obra completa que debe tener”.

Fotograma de Chasse Royale, de Lise Akoka y Romane Gueret. Festival Internacional de Mediometrajes de València La Cabina.

Fotograma de Chasse Royale, de Lise Akoka y Romane Gueret. Festival Internacional de Mediometrajes de València La Cabina.

Mansanet también ha destacado el récord que se ha batido en 2018, llegando a los más de 500 mediometrajes recibidos para participar en sus secciones a competición: Sección Oficial, cuya sede es La Filmoteca, y Amalgama, con sede en el Centre Cultural La Nau.
La undécima edición se inaugurará el 14 de noviembre con una gala celebrada en el Palau de la Música y conducida, por segundo año consecutivo, por Viviendo del cuento. A partir de ese día, se vivirán 10 jornadas del mejor cine de entre 30 y 60 minutos que inundará València. Mansanet ha recalcado, además, que este año la sección Amalgama acoge cinco estrenos autonómicos, dos estrenos en España, un estreno europeo y el estreno absoluto de la producción valenciana ‘Motherhood’, dirigida por Laura García Andreu e Inés Peris.

Además, como novedad, Barreira A+D, unidos al Centro Sperimentale i Cinematografia di Italia, y en el marco de su recién inaugurada Escuela Superior de Cine en València, ofrecen el Premio Barreira a mejor guion en la sección Amalgama de La Cabina, dotado con una beca para el taller de guion que el cineasta Pablo Berger impartirá en València el próximo mes de diciembre.

De Amalgama también ha destacado que las diez películas que conforman esta sección plantean constantes debates como: “las mujeres ante la elección de no ser madres, la conversión religiosa tras un profundo ateísmo o el desmantelamiento de la industria minera en España, entre otros”.

Mientras que en la Sección Oficial, en la que compiten 16 mediometrajes de 14 países diferentes, “encontraremos temas de calado social, como la transexualidad, la pedofilia, o el tratamiento de enfermedades terminales”, comenta la directora del festival, Sara Mansanet, y añade: “recuperamos asimismo la animación y el género musical, después de varias ediciones sin contar con ellos en la selección”.

Fuerte apuesta por las secciones paralelas

En esta XI edición, La Cabina ha ampliado sus actividades paralelas con la jornada dedicada a los Fashion Films, en colaboración con Barreira A+D; Video Poesía o la proyección al mejor mediometraje documental premiado por el jurado DOCMA en el 50 festival de cine documental Alcances. Además, La Cabina acogerá el estreno nacional del mediometraje interactivo ‘Tantale’, en colaboración con el Institut Français de València, una proyección en la que el público toma las riendas de la historia a través de sus smartphones.

Kenzo the Everything. Imagen cortesía de La Cabina.

Kenzo the Everything. Imagen cortesía de La Cabina.

Además, la educación en el audiovisual sigue siendo de gran importancia para La Cabina, prueba de ello es que su sección AulaCabina añadiendo sesiones para que mayor cantidad de estudiantes de secundaria y bachillerato puedan asistir a La Filmoteca, en jornadas matinales, y disfruten de una selección de mediometrajes dentro de un contexto didáctico adaptado, además de ampliar sus conocimientos acerca de la industria y los oficios del cine.

El punto musical lo volverá a poner este año la Sección Visuals, que repite sede y se celebrará en el claustro del Centre del Carme Cultura Contemporània gracias a la colaboración del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana. En ella, tres grupos valencianos (Mueveloreina, Bearoid y Chico y Chico DJ) que incorporarán visuales en sus actuaciones y ofrecerán un concierto el día 22 de noviembre, sumando así la potencia de la imagen con la música en directo. La entrada será libre hasta completar aforo.

Siguiendo con esta importancia en la música, La Muñeca de Sal cerrará la XI edición en la ceremonia de clausura, que se celebrará en el claustro del Centre Cultural La Nau el 24 de noviembre. En ella, la banda valenciana presentará su último trabajo presentarán ‘El Gran Poder’, con los visuales del realizador Fermín Sarrión.

Continúa la sección Inèdits, en la que se proyectan mediometrajes de directores consagrados que son desconocidas para el gran público. Además, se mantiene la apuesta por las proyecciones en versión original con subtítulos en valenciano e inglés. El 16 y el 17 de noviembre, el Aula Magna de La Nau acogerá la selección de 6 mediometrajes de dirigidos por directores y directoras de la talla de Helena Lumbreras, Anna Biller, Emmanuelle Bercot o la mismísima Lois Weber, actriz, guionista, productora y la primera mujer en dirigir un largometraje. De ella presentamos su mediometraje de 54 minutos ‘Hypocrites’.

Inèdits también apuesta este año por la animación con ‘El hombre que plantaba árboles”’(Frédéric Back, 1987), galardonado con un Oscar, y recupera otra de las obras de Iván Zulueta: ‘Ida y Vuelta’.

La cerámica valenciana tradicional de Ana Illueca

También se ha presentado en rueda de prensa el trofeo que la ceramista valenciana, Ana Illueca, ha creado para los premios a Mejor Mediometraje de Sección Oficial y Amalgama. Colabora el Centre de Artesanía de la Comunitat Valenciana, entidad destinada a difundir y potenciar la artesanía de la Comunitat Valenciana, así como a promover la consolidación y la competitividad de las empresas de los distintos sectores artesanales que la integran.

La ceramista valenciana Ana Illueca posa con uno de los premios a Mejor Mediometraje de Sección Oficial y Amalgama. Fotografía cortesía del festival.

La ceramista valenciana Ana Illueca posa con uno de los premios a Mejor Mediometraje de Sección Oficial y Amalgama. Fotografía cortesía del festival.

La artista se ha mostrado muy ilusionada con el trabajo realizado y ha confesado que “ha sido un trabajo que he podido crear con total libertad, lo que hace que haya que trabajar mucho en el concepto”. Además, Illueca ha comparado su proceso de creación con el de un mediometraje: “para hacer un mediometraje hay que escribir muy bien el guion, hay que pensar mucho en lo que quieres decir, no puede sobrar nada”.

Ana Illueca ha creado a mano el trofeo utilizando un torno y reivindicando la cerámica valenciana tradicional renovada. El diseño, cargado de simbolismo, lo conforman dos platos unidos en el que “el plato de dentro representan los 37 que dura el mediometraje ‘La Cabina’, de Antonio Mercero, y el de fuera los 90 minutos que sería la media de un largometraje”, confiesa la ceramista.

La XI edición de La Cabina, que se celebrará del 14 al 24 de noviembre, está organizada por el Vicerectorat de Cultura i Esport de la Universitat de València, el Institut Valencià de Cultura, Conselleria de Cultura a través de la Direcció General de Cultura i Patrimoni, el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y Diputació de València. Cuenta asimismo con la colaboración del Ayuntamiento de València, Palau de la Música y el patrocinio oficial de Cerveza Turia y Caixa Popular.

Detalle del cartel de La Cabina 2018

Detalle del cartel de La Cabina 2018