La inextricable fiesta de la señora Dalloway

‘Mrs. Dalloway’, de Carme Portaceli
Adaptación de la novela ‘La señora Dalloway’ (1925), de Virginia Woolf
Con Blanca Portillo e Inma Cuevas, entre otros
Teatro Principal
Barcas 15, València
Hasta el 12 de enero de 2020

Erigida en una obra de referencia inexcusable en el devenir del modernismo anglosajón y al calor de la vanguardia literaria de entreguerras, ‘La señora Dalloway’, cuarta novela de la eximia escritora londinense Virginia Woolf, ha visto refrendado su vigor estilístico y denuedo semántico a la sombra requerida y contemporánea de su mayúscula figura y ecuménica autoría.

Por ello, se antoja francamente incitante transitar bajo la techumbre perfumada de la Bright Young People y sus cuitas de interbellum, sobre el espinazo vertebral del monólogo interior y los flujos de conciencia que perfilan la deriva narrativa y, por ende, existencial de Clarissa Dalloway durante la jornada en la que acontece la diégesis –epicentro de los preparativos de una ínclita fiesta de sociedad por la que habrán de sucederse nebulosos episodios del pasado y vestigios idiosincrásicos–, en cuyo microcosmos de atribulados personajes Woolf disemina, mediante un dechado manejo de la analepsis, asuntos tan controvertidos (entonces) como universales (vigentes): insania, depresión y suicidio, represión sexual, lesbianismo, bisexualidad y feminismo, amén de conflictos y turbulencias sociales e intergeneracionales más radicalmente emparentados con el período en el que fue publicada la novela.

Blanca Portillo como Clarissa Dalloway durante un instante de la función. Fotografía cortesía del IVC.

Si con sugerente y dispar resultado, los cineastas Marleen Gorris –’Señora Dalloway’ (1997)– y Stephen Daldry –’Las horas’ (2002), adaptación cinematográfica de la novela homónima de Michael Cunningham (1998), inspirada en la obra de Woolf y que toma por título uno de los enunciados manejados original y transitoriamente por la escritora– hubieron procurado adecuación audiovisual a la compleja y retórica estructura del relato, no debía ser menor la tentación y el brete de transmutar los dominios de ‘La señora Dalloway’ en hacienda escénica.

De este modo, instituida como una de las producciones de referencia de la temporada del Teatro Español, y tras su estancia navideña en el Teatre Nacional de Catalunya, recala en el Teatre Principal del València ‘Mrs. Dalloway’, bajo la dirección de Carme Portaceli –quien rubrica la versión junto a Anna María Ricart y Michael De Cock (director del KVS o Teatro Nacional Flamenco de Bélgica)– y la figura de Blanca Portillo encabezando el cartel (apriorísticos elementos de seducción que justifican su inmaculado resultado en taquilla).

Así, con encomiables propósitos e irregulares aciertos (siendo benevolente) cobran acción morfológica las introspectivas aflicciones de los personajes de Woolf, sintetizados en ocho caracteres y diversas licencias –textuales y tecnológicas– que procuran economizar la puesta en escena y actualizar a las predilecciones coetáneas algunos de los temas explícitos y subyacentes manejados en la obra original.

La actriz Inma Cuevas (Sally). Fotografía cortesía del IVC.

Para ello, Portaceli, Ricart y De Cock se hubieron servido de los diarios y la carta manuscrita de suicido de la escritora con el fin de rubricar una de las más relevantes permutas de la presente versión: los personajes de Angélica (contenida y aséptica Gabriela Flores) –escritora flagelada por trastornos del estado de ánimo y trasunta de Woolf– y su esposo Max (excesivo atletismo y correcta acentuación la de Jimmy Castro), en sustitución del soldado Septimus y su novia Lucrezia. Una decisión de atractivos designios que naufraga en su disposición, al igual que zozobran buena parte de los elementos compositivos –ignominioso cierto empleo de la música original y el espacio sonoro procurado por Jordi Collet y el diseño de video de Miguel Ángel Raió, más propios de un ejercicio audiovisual de conciencia plena o mindfullness– y escenográficos –Anna Alcubierre convierte en insípido galpón las posibilidades de la caja escénica, por la que se pierde y empequeñece el octeto interpretativo, y acierta en el empleo efectista de sucesivos cortinajes que van acortando la perpendicular–.

Porque esta decidida versión de ‘Mrs. Dalloway’ principia y concluye erigida en un documento inextricable, argumentalmente ininteligible sin el sustento de la lectura original, confusa en su constitución, y excesiva, urgente y epidérmica en la evolución sentimental del apremiante arco de sus protagonistas, cuyo elenco actoral supervive con dignidad y cierto oficio. Plausible, aquí, el magisterio habitual de Blanca Portillo –capaz de enaltecer con su prosodia el desnortado rumbo de la obra– y la heterodoxa cadencia de Inma Cuevas, quien logra elevar a Sally por encima de la efervescencia protagónica de la presente señora Dalloway.

Blanca Portillo en la imagen promocional de ‘Mrs. Dalloway’. Fotografía de Sergio Parra cortesía del IVC.

Jose Ramón Alarcón

MyFrenchFilmFestival y su cine inédito en Filmin

MyFrenchFilmFestival 2020
Unifrance
Filmin
Del 16 de enero al 16 de febrero de 2020

La plataforma de VOD Filmin será un año más sede en España de MyFrenchFilmFestival, el certamen online organizado por Unifrance que promociona en todo el mundo el cine francófono, en especial aquel que ha tenido poca visibilidad lejos de las fronteras de sus respectivos países.

La décima edición de uno de los festivales online más importantes del mundo se celebrará del 16 de enero al 16 de febrero de 2020, y ofrecerá en Filmin 11 largometrajes y 15 cortometrajes, muchos de ellos estrenados y premiados en festivales de todo el mundo, pero que todavía no habían pasado por los cines españoles.

Entre los títulos más destacados de su programación se encuentran ‘Los confines del mundo’, de Guillaume Nicloux –una historia de venganza ambientada en la guerra de Indochina en 1945– con Gaspard Ulliel y Gérard Depardieu en el reparto; ‘La caravana’, de Méryl Fortunat-Rossi y Valéry Rosier –documental belga sobre los aficionados que acuden a animar a los ciclistas en las etapas del Tour de Francia; ‘El escape’, de Emmanuel Hamon –thriller político sobre una operación de exfiltración de una mujer francesa arrepentida de haberse unido al ISIS en Siria; ‘Perdrix’, de Erwan Le Duc – presentada en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes, cuenta con Fanny Ardant en su reparto; y ‘Jessica Forever’, de Jonathan Vinel y Caroline Poggi – distopía futurista y reflexión sobre la violencia–, que será una de las películas más comentadas de un MFFF2020 que no se olvida del público infantil, al que dedica una sección con 5 cortos de animación.

Selección completa de la programación en Filmin

Gaspard Ulliel y Gérard Depardieu en una escena de ‘Los confines del mundo’, de Guillaume Nicloux. Fotografía cortesía de Filmin.

MAKMA

La narrativa metafórica de Moisés Gil en Jan Royce Gallery

‘El reflex de les narratives contemporànies’, de Moises Gil
Jan Royce Gallery
Almirante 1, València
Hasta el 31 de enero de 2020

Jan Royce Gallery –galería originaria de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) que ha inaugurado recientemente su sede en el antiguo espacio de la Galería Val I 30, durante la Valencia Disseny Week del mes de septiembre de 2019– acoge, hasta finales de enero de 2020, la exposición ‘El reflex de les narratives contemporànies’, del artista de Concentaina (Alicante) Moises Gil.

Autor de dilatada trayectoria, singularizada por un estilo propio que une la reflexión sobre la condición humana a la interpretación del espacio que el individuo habita, la obra de Moisés Gil mixtura entre la figuración y la abstracción tridimensional, representando al hombre en su relación con la arquitectura que le rodea, con una narratividad metafórica que opone al personaje humano definido cualitativamente dinámico y expresionista con un espacio-tiempo delimitado por estructuras geométricas funcionales que lo refugian, lo contienen o lo condicionan.

Una de las obras de Moisés Gil presentes en la exposición. Fotografía cortesía de Jan Royce Gallery.

Planteadas como apartados o capítulos encapsulados de una misma historia, en sus esculturas el ser humano existe, es y está en función de las construcciones que ha proyectado como su propia extensión corporal, emocional y moral. Sus arquitecturas se alzan en el espacio en perfiles esquemáticos y líneas volumétricas en los que la discontinuidad y el vacío refieren a la idea de un proceso en definición: la del hogar que el hombre construye y reconstruye permanentemente cual símbolo de identidad.

Un territorio propio, nunca totalmente delimitado, que el autor escenifica al modo de escenografías existenciales en desarrollo, cuyos personajes, caracterizados como seres anónimos hijos de un común origen gestualmente primitivo y cuya vibrante anatomía se sugiere en evolución, son piezas de una historia que con raíces en el mito de la creación del hombre se ramifica en las actividades de la vida contemporánea bajo la interpretación del individuo como una entidad productiva y, con ello, subyugada a un destino que le es ajeno.

Alegóricamente acentuadas por el contraste entre el destellante modelado en aluminio de sus figuras y el mineral óxido del acero de sus estructuras, en las escenas propuestas por Moisés Gil la vida se verifica como un complejo automatismo en el que el albedrío cumple una función en un mecanismo mayor e invisible.

Una de las obras de Moisés Gil presentes en la exposición. Fotografía cortesía de Jan Royce Gallery.

Sus personajes, solitarios o multiplicados aparecen protagonizando múltiples actividades –son obreros, acróbatas, pensadores, espectadores– de incierto cometido final que aluden a la existencia de una previa y despersonalizada planificación de roles de mecánica dirección y ambiguo objetivo. En un ejercicio crítico metafórico sobre la idea de libertad en un sistema de producción y control social, sus figuras, aunque dotadas de luz propia, encarnan los fragmentos existenciales cotidianos en los que la pregunta por la identidad es opacada por la estructura que la ampara y, a la vez, la sojuzga.

MAKMA

Orientalismo y Europa de entreguerras en el IVAM 2020

Programación expositiva | IVAM 2020
Institut Valencià de A’rt Modern
Guillem de Castro 118, València
Diciembre de 2019

El Institut Valencià de A’rt Modern (IVAM) ha desvelado su programación para el año 2020, que principia con novedosas exposiciones que abarcan desde el imaginario orientalista del siglo XIX – con obras de Goya, Picasso, Sorolla y Benlliure–, una muestra reivindicativa sobre la contracultura valenciana o un proyecto sobre la sexualidad y la cultura visual en la Europa de entreguerras. Estas muestras conformarán una temporada transversal y abierta a los lenguajes visuales y a las más diversas disciplinas.

‘Señor Industrial. El seguro social reduce sus problemas’, de Josep Renau. Fotografía cortesía del IVAM.

Tal y como ha comunicado la institución, “las muestras individuales dedicadas a dos mujeres artistas, como son Mona Hatoum (Beirut, 1952) –ganadora del Premio Julio González 2020– y Gülsun Karamustafa (Ankara, 1946), confirman el firme compromiso del museo con la visibilización de las mujeres, al tiempo que continúa una de las líneas fundamentales de investigación del IVAM, la que se centra en el mar Mediterráneo”.

Los artistas valencianos Miquel Navarro, “con más 40 años de trayectoria creativa”, y Josep Renau, “una de las personalidades más relevantes para las vanguardias históricas y la cultura española del siglo XX”, serán protagonistas de sendas exposiciones. El ‘Gabinete Secreto’ de Miquel Navarro mostrará los dibujos del artista, oriundo de Mislata, junto con piezas de arte africano y de arte antiguo, todas con un componente erótico. La exposición sobre Josep Renau rescatará la parte más desconocida del cartelista valenciano en sus decisivas etapas en México y Berlín.

‘One birth three girls’, de Gülsun Karamustafa. Fotografía cortesía del IVAM.

‘Un nuevo Caso de Estudio’, que se exhibirá en la galería 3 del IVAM, presentará una selección de las 620 imágenes que Robert Rauschenberg utilizó en el escenario del Minneapolis Children’s Theater, donde la coreógrafa y bailarina estadounidense Trisha Brown estrenó en mayo de 1979 ‘Glacial Decoy’.

Igualmente, se subraya la colaboración con el museo MAXXI de Roma –que se formaliza con la muestra de su colección ‘Where is our place?’–, acuerdo inscrito “en el marco de la política que el IVAM ha emprendido de cooperación con importantes museos e instituciones culturales nacionales e internacionales. Dichas colaboraciones ya nos permitieron en el año 2019 exponer coproducciones tan destacadas como la muestra dedicada a Fernand Léger, junto con la Tate Liverpool; la dedicada a Jean Dubuffet, organizada con el MUCEM de Marsella; o la de Zineb Sedira, coproducida con el museo Jeu de Paume de París y la Fundación Gulbenkian de Lisboa”.

En este mismo sentido, y en línea con el convenio de colaboración firmado entre el IVAM y el Museo Reina Sofía, a finales de 2020, el IVAM Alcoi expondrá la muestra de escultura española del siglo XX con piezas de las colecciones de ambos museos.

MAKMA

El extravío | Deformaciones

‘Deformaciones’, de Laura Mesa, Carlos Nicanor, Santiago Palenzuela y Amparo Sard
Galería Artizar
San Agustín 63, La Laguna (Tenerife)
Del 13 de diciembre de 2019 al 18 de enero de 2020
Inauguración: viernes 13 de diciembre a las 20:00

“Es fácil reconocer la columna de humo que se eleva,
pero es imposible predecir la forma turbulenta de su disipación”
(Roger Bartra)

Es fácil reconocer la columna de humo que se dispersa de un cigarrillo o una pipa, pero no lo es discernir acerca del movimiento y del lugar que ocuparán todas las partículas de humo en el espacio conforme pasa el tiempo. De la misma manera que, mientras se buscan formas análogas a imágenes que conocemos, no es posible seguir una masa de nubes en su transformación en el cielo hasta su disolución final. Esta incapacidad de predecir lo que pasará con estos gases nos sirve de metáfora sobre las posibilidades de sus variaciones y, también, de las formas que vemos en ese tránsito, que pertenecen al conjunto de capacidades cognoscitivas y culturalmente estructurales del sujeto que mira. En este punto, nos podemos preguntar cuál es el límite de las mismas, pero ya intuimos que pertenecen al ámbito de nuestro propio extravío.

‘Vantablack’, de Carlos Nicanor. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

El extravío es un momento de verdad históricamente limitado, constreñido –como diría Anthony Giddens en su análisis del concepto de constreñimiento estructural de la sociedad–, es casi una percepción ilusoria, pero que es integral e íntima para cada persona. Esa verdad no tiene que ver directamente con la realidad, sino con las condiciones sociales que la engendran; por lo tanto, no hay una única y verdadera sino muchos extravíos de una misma situación cuyas correlaciones se dan de manera dialéctica.

Pero, si nos vamos a un terreno más difuso en relación a la subjetividad, hacia el ámbito de lo artístico, la idea de otro camino extra por el que discurrir toma una potencia simbólica capaz de vivir fuera y dentro de lo constreñido. Esta capacidad –que tiene el mismo nombre de la exposición a la que se refiere este texto, la de deformar– implica el desarrollo de distintas situaciones en las que la transición de la materia conlleva un tiempo de contemplación. Cada forma, originaria –en un sentido reconocible– o deformada, está rodeada de una gruesa capa de interpretación, que es la manera moderna de comprender algo (Susan Sontag, ‘Contra la interpretación’, 1984), y esa capa es la prefiguración de un deseo de reemplace por otra cos; quizá por otro nuevo extravío. En este, una forma voluble resulta problemática desde el principio, como el humo, no nos permite conocer el destino del proceso de deformación, sino que implica múltiples posibilidades de apresar entidades abstractas, potenciales.

‘Columna’, de Laura Mesa. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Las deformaciones son acciones que trabajan con las cualidades de resistencia o fragilidad de un material frente a fuerzas aplicadas desde el exterior, mientras que la naturaleza de cada material es lo que condiciona su comportamiento y el tipo de interacciones que se dan sobre él. Estas características describen una situación nueva, de transición, que adquiere un carácter masivo, integral y, sobre todo, temporal. Así, el grado de desarrollo de un material condiciona el espacio de interpretación, y las fuerzas aplicadas abren paso a una cadena de acontecimientos que termina en expandir la noción kantiana de experiencia, e incorpora la ciencia, la metafísica, la religión (Barta Roger, ‘El duelo de los ángeles. Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno’, 2004) y la política. Es decir, constructos que indican la existencia de una dinámica que se expande y que alimenta el aparato de representación.

La interpretación ya no estaría en la especulación sobre la forma estática, sino sobre las posibilidades de su deformación, sobre la movilidad de su imagen. Cada una de las que se despliegan en esta exposición es independiente en su ejecución y significado, pero juntas comparten algunas características que las sitúan en un punto de correspondencia. Todas parten de la idea de que la forma no contiene un sentido originario, es presencia y, por tanto, contienen algo de verdad, pero, como tales, atienden a los cambios producidos por fuerzas externas que las dilatan, quiebran o disminuyen, incluso hasta un punto de no retorno.

‘Duggi 36’, de Santiago Palenzuela. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

La idea motriz que atraviesa, y trae a este plano expositivo, es el extravío como ejercicio de salida, interpretación y especulación. Cada artista afronta en su práctica una manera de incorporar o superar los condicionantes sociohistóricos de la representación, ya sea desde la autorrepresentación, la descomposición física del espacio, la disolución de la línea o la emancipación y digresión de la materia. Amparo Sard –viscosidad–, Santiago Palenzuela –plasticidad–, Laura Mesa –fricción– y Carlos Nicanor –elasticidad– abren en ‘Deformaciones’ la puerta al libre extravío, hacia otros lugares donde crecer, derramarse o brotar. La evidencia que destaca en esta sucesión de formas de afrontar la materia deformada es que si la forma es la presencia, lo que se da a ver y se da a pensar, ¿qué ocurre cuando la de-forma entra en la descripción del tiempo, del discurrir de un estado a otro?

Detalle de la obra ‘Inteligencia emocional’, de Amparo Sard. Fotografía cortesía de Galería Artizar.

Dalia de la Rosa

‘Fin de siglo’, la belleza lúbrica del amor

‘Fin de Siglo’, de Lucio Castro
Argentina, Estados Unidos, 2019
Con Juan Barberini, Ramón Pujol y Mia Maestro
Estreno en España: viernes 13 de diciembre de 2019

Como si se tratara de una visión profética, la opera prima de Lucio Castro (Buenos Aires, 1975), ‘Fin de Siglo’, trae consigo un buen augurio para el director argentino, que encamina su trayectoria fílmica con una pieza estremecedoramente bella y sugestiva. Seleccionado por el Departamento de Cine del MoMA de Nueva York para formar parte del ciclo ‘The Contenders 2019’, su fortuna crítica podría llevar al filme a triunfar, hasta convertirse en un clásico de culto. La película ha tenido una muy buena acogida tanto por parte de la critica española como internacional, y se estrenará en los cines de nuestro país el próximo 13 de diciembre de 2019.

Fotograma de ‘Fin de Siglo’, de Lucio Castro. Fotografía cortesía de Filmin.

En las antípodas de las ficciones de consumo rápido a las que hemos terminado por acostumbrarnos, los ochenta y cuatro minutos de la cinta nos conducen a una historia de amor casual, en la que confluyen lenguajes que transitan entre el ayer y el hoy. Sin caer en la fantasía estereotipada e hiperexplotada por el cine más comercial –donde abundan personajes construidos para satisfacer al público heteronormativo–, la obra expone relatos crudos y personajes reales en los que por fin poder vernos reflejados. Huyendo de las consabidas narrativas de adolescentes que descubren su sexualidad de manera temprana, los  protagonistas de ‘Fin de Siglo’ comienzan a peinar canas y construyen discursos maduros basados en vivencias adultas, donde prima la experiencia. La sexualidad explícita de algunas de las escenas quizás sorprenda al espectador menos avezado que, sin duda, podrá aprender y disfrutar de la belleza lúbrica del filme y sus diálogos. 

Fotograma de ‘Fin de Siglo’, de Lucio Castro. Fotografía cortesía de Filmin.

A través de planos fijos, a modo de ventana indiscreta, Lucio Castro consigue satisfacer nuestro deseo escópico de mirar sin ser vistos y nos permite acceder al mundo de Ocho, sus pensamientos, dudas y deseos. Los planos subjetivos nos permiten empatizar con el personaje, conocerlo de una manera casi inconsciente a través de esos momentos en los que el silencio se adueña del tiempo y la soledad es grata compañera. Rutinas que remedan a las propias y que consiguen que el espectador naufrague en la realidad del protagonista. 

Fotograma de ‘Fin de Siglo’, de Lucio Castro. Fotografía cortesía de Filmin.

La gama de colores poco satinados y fríos, con predominancia de matices añiles, contrasta con las tonalidades cálidas que explotan la anatomía de ambos actores. Haciendo uso de imágenes recurrentes en nuestro imaginario colectivo –como la del hombre emergiendo del mar junto con un brillante caleidoscopio de planos y encuadres–, Lucio Castro consigue conjugar la sexualidad de Ocho con el entorno en el que habita. Lugares laberínticos en los que la vegetación y el hormigón armonizan en una particular visión de la ciudad de Barcelona. Espacios como el Museu del Perfum, el Museu Nacional d’Art de Catalunya o el Parque del Laberint d’Horta acompañan a Javi y a Ocho mientras fantasean con proyectos y futuros en los que el cambio de centuria supone un antes y un después en sus vidas.  

El filme, de manera límpida, expone las complejidades del mundo relacional en coexistencia con la sencillez con la que hoy en día planteamos nuestros encuentros sexuales, gestionados por aplicaciones que han terminado por asesinar al ya ajado coqueteo. Normas y reglas que se desvanecen en lo etéreo cuando uno vive enamorado del hoy.

La vida sin tiempo, el tiempo sin vida, dicotomías presentes en el filme y por las que nos dejamos llevar, abandonándonos al presente más absoluto, donde la perdurabilidad del futuro y sus cadenas son un súcubo que se escapa por la ventana cada mañana de sábado. Amaneceres en camas extrañas que, en ocasiones, nos hacen sentir como en casa. Miradas que con los primeros albores del sol atraviesan el alma y hacen de lo fugaz un instante eterno, en el cual dudamos si aún soñamos o jamás estuvimos tan despiertos.

¿Qué queda de nosotros cuando cerramos la puerta tras un encuentro? ¿Qué se lleva el otro al irse? Souvenirs emocionales que nos persiguen como pesadillas en sueños recurrentes, acentuando la soledad patente o la deseada, haciendo figura nuestros miedos y deseos. ‘Fin de siglo’ no deja indiferente; conectando pasado, presente y futuro, construye una narrativa compleja en la que proliferan las visiones especulares de aquello que pudo ser y nunca fue. Relatos que nos incomodan y desorientan, interpelándonos directamente a reconocer las posibilidades de nuestro presente. 

Fotograma de ‘Fin de Siglo’, de Lucio Castro. Fotografía cortesía de Filmin.

Andrés Herraiz Llavador

El metro de València da la nota


El metro de València da la nota
Espectáculo musical en la parada de metro de L’Albereda
Interior de la entrada a la estación de Alameda
Passeig de L’Albereda
Domingo, 24 de noviembre de 2019

Hace unos días, los usuarios del metro quedaban sorprendidos por el regalo que recibían sus sentidos al encontrarse sin saberlo con un espectáculo en el subsuelo. Se trataba de un regalo tanto visual como sonoro que ponía de manifiesto el culto a las bandas de música, y al arte de acción que se profesa en estos lares. Y es que el Concierto para trenes de metro y banda es una especie de fusión con base de instrumentos clásicos, pero con mucha vocación experimental. El sonido de los andenes con público, el espacio acústico propio del metro subterráneo arqueado, las puertas que abren y cierran y todo combinado bajo la batuta de un músico polifacético como lo es Ferrer-Molina, que como los genios invisibles, firman de varias maneras y con varios nombres dependiendo de la línea de composición que realiza, y para quien los trenes emiten un «Re» sin que los afinen para ello.

El director y compositor Ferrer-Molina en plena acción. Fotografía de Nacho Ruiz.

Así fue, producido por Troppemedia con el apoyo del Instituto Valenciano de Cultura, la Diputació de València, Mostra Viva del Mediterrani, Metrovalencia y Turismo València, cincuenta músicos de la Banda de Picanya recorrieron la estación y las líneas del metro realizando una exploración acústica de un espacio público, donde el sonido de los trenes forma parte de la composición.

Músicos tocando en el metro de Alameda, Valencia – Fotografía de Consuelo Peris.

La cara de sorpresa, sonrisas y muecas sobre todo de usuarios del metro extranjeros resultaba ser un ingrediente añadido a la combinación de música inédita en espacio público, coreografía, intérpretes del más alto nivel y el arraigo a las bandas de música propias y vecinas, y que ciertamente daba la sensación de participación de la ciudadanía en un proyecto vanguardista, fresco, innovador y muy identificativo. 

Los músicos de la Banda de Picanya tocando sus instrumento cara a cara, andén con andén. Fotografía de Nacho Ruiz.

‘Concert per a Trens de Metro i Banda’ es una obra site specific para la estación Alameda de Metrovalencia, que ese día aprovechó las cualidades acústicas y lumínicas de la propia estación, integrando los sonidos cotidianos de los trenes y el sonido ambiente en la partitura que interpretaron los músicos.

Músicos reunidos con sus instrumentos y el público a su alrededor – Fotografía de Consuelo Peris.

La afinación de los trenes en RE fue el punto de partida sobre el que se añadió todo el espectro armónico, escalas pentatónicas, etc. Los glissandi de los trenes se fundieron con los de los instrumentos musicales, y viceversa. 

La pieza musical tuvo una duración de 25 minutos, durante los cuales los músicos se apearon escalonadamente en los andenes de la estación, tocaron su instrumento y desaparecieron para reaparecer más tarde en otro andén.

Los asistentes únicamente necesitaron un billete de metro para entrar en la estación y disfrutar del innovador espectáculo musical.

Parada de metro de Alameda, Valencia – Fotografía cortesía de Consuelo Peris.

Irene Valdés

‘Electric Swan’ y ‘Haunted’ conquistan La Cabina

La Cabina– Festival Internacional de Mediometrajes de València
Palmarés de su XII edición
Gala de clausura: viernes 29 de noviembre a las 20:30 en el Centre Cultural La Nau

La Cabina – Festival Internacional de Mediometrajes de València culmina hoy, viernes 29 de noviembre de 2019, mediante una gala de clausura en el Centre Cultural La Nau en la que se entregarán los premios de una duodécima edición que, según declaraciones de su directora, Sara Mansanet, “es la mejor de la historia de La Cabina, con mayor cantidad de estrenos e invitadas e invitados, con una respuesta por parte del público sin fisuras. Es muy complicado lo que se puede llegar a sentir en una semana cuando se ve plasmado el trabajo de tanto tiempo, pero el resultado final justifica cualquier esfuerzo”.

Cantidades, asistencia y esfuerzo que, a la par, se concitan para recompensar a los dos filmes laureados con el premio al mejor mediometraje de Sección Oficial y Amalgama, que han recaído en ‘Electric Swan’ –coproducido por Argentina, Grecia y Francia, de la directora Konstatina Kotzamani– y la película danesa ‘Haunted’, dirigida por Christian Einshøj, respectivamente.

Fotograma de ‘Electric Swan’, de Konstatina Kotzamani. Fotografía cortesía de La Cabina.

Según ha recordado el festival, ‘Electric Swan’ “es un mediometraje que mezcla realismo y fantasía, en el que un edificio se mueve y el techo tiembla, provocando unas extrañas náuseas que devoran a sus residentes”. De este modo, “los que viven arriba creen que caerán y los que viven abajo creen que se ahogarán”. El jurado ha destacado de este filme “su original propuesta cinematográfica, con gran poesía y maestría”, a la par que contiene “crítica social y sentimientos elegantes”. Su directora, Konstatina Kotzamani, también ha recibido el premio a la mejor dirección, y el filme obtiene, igualmente, el premio a mejor interpretación principal –Juan Carlos Aduviri–, mejor interpretación secundaria y dirección de arte, ex aequo con ‘Ultra Pulpe’, de Bertrand Mandico –mediometraje que también ha sido premiado con el galardón a mejor banda sonora y mejor dirección de producción–.

Por su parte, el jurado de Amalgama –compuesto por Ana Ramón Rubio, Ana Pfaff y David Arratibel– ha otorgado el máximo galardón a ‘Haunted’ por “su fascinante evolución narrativa que muestra el acercamiento de un hijo hacia una madre, que se va dibujando a través de capas de ausencias”.

En cuanto al resto de galardones, la mejor escritura audiovisual ha recaído en la hongkonesa en torno al bullying ‘That Morning’, de Wong Wai; mejor fotografía para la sueca ‘Shut Up Haters’, de Jon Blåhed. Así mismo, el jurado de Sección Oficial –integrado por Idir Serghine, Lina Badenes, Jorge Calatayud– también han querido reconocer al mediometraje franco-argelino ‘My Mother’s Garden’, de Lyna Zerrouki, con una mención especial.

Fotograma de ‘Haunted’, de Christian Einshøj. Fotografía cortesía de La Cabina.

Respecto al mejor montaje, este ha recaído en la producción española ‘Urpean Lurra’, de Maddi Barber, mientras que el premio a mejor escritura audiovisual de Amalgama, otorgado por el jurado de Barreira A+D, es para la polaca ‘Unconditional Love’, Rafal Lysak, por “la frescura y sinceridad que transmite y, sobre todo, por el carisma de su protagonista”.

El premio a mejor cartel de un mediometraje, concedido por Ada Díez, Carmen Frontera y Guillermo Climent llopis (Sr Marmota), es para ‘Urpean Lurra’, por “el uso de la ilustración, la composición y cómo conceptualmente casa con lo narrado en el mediometraje, convirtiéndose en un plano más”.

El público del festival, que con sus votos ha participado una edición más, ha querido reconocer al filme valenciano ‘Makun”’, de Emilio Martí López, como mejor mediometraje de Amalgama, y a ‘My Mother’s Garden’ como mejor mediometraje de Sección Oficial.

La dirección del festival ha recordado que, como novedad este año, se ha incluido el Jurado Senior, grupo de estudiantes de La Nau Gran “que han participado activamente durante los 9 días de La Cabina”, y quienes han decidido otorgar el premio a mejor mediometraje a ‘My Mother’s Garden’ y a ‘Makun’, en Sección Oficial y Amalgama, respectivamente, valorando, además, a la producción francesa ‘Jorney Through a Body’, de Camille Degeye, y a la japonesa ‘Wife, Girl, Mother’, de Alain Della Negra y Kaori Kinoshita, con dos menciones especiales.

Esta última edición del festival ha estado coorganizada por el Aula de Cine del Vicerrectorado de Cultura y Deporte de la Universitat de València, el Institut Valencià de Cultura, Conselleria de Cultura a través de la Direcció General de Cultura i Patrimoni, Regidoria d’Acció Cultural de l’Ajuntament de València y Diputació de València, y ha contado con el patrocinio oficial de Cerveza Turia y Caixa Popular.

Fotograma de ‘Electric Swan’, de Konstatina Kotzamani. Fotografía cortesía de La Cabina.

MAKMA

El legado en los huesos de Fernando González Molina

‘Legado en los huesos’ , Fernando González Molina
Atresmedia Cine, Nostromo Pictures, 2019
Con Marta Etura, Imanol Arias, Leonargo Sbaraglia y Susi Sánchez
Estreno en España: jueves 5 de diciembre de 2019

Si palpita en la trilogía del Baztán, de la escritora guipuzcoana Dolores Redondo, material suficiente para aproximar la lectura a los predios cinematográficos, el oficio narrativo, de hechuras audiovisuales, de Fernando González Molina parecía apuesta indubitable con la que emular el resultado comercial que la autora hubo obtenido de la ubicua mano de Ediciones Destino durante el último lustro.

Guarismos corroborados por la primera de las adaptaciones de la trama policial polarizada en torno de la detective Amaia Salazar, en tanto que ‘El guardián invisible’ rindió correctamente en taquilla –más allá de aquellas controvertidas declaraciones de la secundaria Miren Gaztañaga–, refrendando, de este modo, el heterogéneo y, a la par, práctico devenir profesional del cineasta pamplonés, avezado tanto en lides televisivas –’Los hombres de Paco’ y ‘El Barco’, verbigracia– como en la gran pantalla mercantil –’Fuga de cerebros’ (I y II), ‘Tres metros sobre el cielo’ y, fundamentalmente, ‘Palmeras en la nieve’, adecuación de la homónica novela histórica de Luz Gabás–.

No cabían, por tanto, razones contrarias a mantener el envite implementado por González Molina, gozando, además, del nihil obstat literario de Redondo y un asaz pulmón económico para manufacturar un producto final tan digno y rentable como lábil.

Es por ello que el próximo 5 de diciembre de 2019 se asoma a las pantallas ‘Legado en los huesos’ –y que gracias a la labor de la empresa valenciana Mercacine y los ABC Park, se ha podido visionar, junto a su director, en pase de prensa (cuestión que siempre se agradece por estos, en ocasiones, secundarios lares)–, segunda parte de esta unidad argumental edificada junto a la cabecera del río Bidasoa, en la que Marta Etura retoma las angustias atávicas de su personaje, lacerado por los uliginosos paisajes de la túrbida mitología de Elizondo, que diluye su cimientos gótico tardíos a base de truculentas cuitas maternales, litúrgicos suicidios y ofrendas antropófagas al cíclope Tartalo. Un extravagante argumento que se hubo antojado plausible para lectores poco exigentes y espectadores con epidérmicas necesidades.

‘Legado en los huesos’ cumple, así, su misión de distraído thriller, uniformado con una notable producción y un plantel de apellidos seductores, como, amén de la propia Etura, Arias (Imanol), Sbaraglia (Leonardo), Mínguez (Elvira), Casablanc (Pedro), Librado (Carlos), y la siempre inquietante Susi Sánchez, entre otros insignes de la pequeña pantalla. Sin embargo, el filme adolece de las mismas flaquezas que su predecesor, obstinado en complicar la prosodia de sus actores a base de diálogos arquetípicos que imposiblitan la necesaria naturalidad del verbo y compelen a la impostura, restando credibilidad semántica a la acción e impidiendo diluir la tediosa sensación de encontrarse ante personajes planos y predecibles.

Y deba ser durante la primavera de 2020 cuando Fernando González Molina retorne a las salas con ‘Ofrenda a la tormenta’, reportando epílogo al suspense criminal de Dolores Redondo, confiando en que el pecunio y los aforos sean suficientes para solidificar la supervivencia cinematográfica de un cineasta al que, a buen seguro, le llegará su obra.

Jose Ramón Alarcón

‘Fieras’ o el empoderamiento de Estefanía Martín Sáenz

‘Fieras’, de Estefanía Martín Sáenz
Galería Gema Llamazares
Instituto 23, Gijón
Del 22 de noviembre de 2019 al 11 de enero de 2020
Inauguración: viernes 22 de noviembre a las 20:00

Como un número místico, o como un código secreto, el 10 del 10 de 2010 me encontré ante Sekhmet, ‘La más poderosa’, ‘La invencible’, la diosa egipcia con cara de leona que simbolizaba la fuerza, la que era considerada diosa de la guerra y también de la curación.

‘Espera y verás’, de Estefanía Martín Sáenz. Fotografía cortesía de la galería Gema Llamazares.

Como un rompimiento de gloria, la luz entraba de manera cenital en su templo de Karnak. El guía nos leyó la oración que se utilizaba para invocarla y, de pronto, ante mí, surgió su poderosa magia. Cualquiera que haya estado allí sabe que no miento; la teatralidad y el poder de la sugestión que tan bien sabían producir los egipcios por medio de esas escenografías, luces, sombras y máscaras, tan bien escogidas, hará reconocible ese instante en su persona.

Estefanía Martín Sáenz, propone con ‘Fieras’, en la galería Gema Llamazares de Gijón, un empoderamiento individual (y colectivo) que está cargado de códigos, de escenografía, de teatralidad y, en el fondo, a pesar de la gran mentira que podrían interpretarse de los personajes de una obra, de absoluta verdad. A lo largo de la historia del arte la figura de la mujer, siempre musa, siempre sumisa, siempre adornada de lo que el hombre (varón) quería o presuponía de ella, ha otorgado a las mujeres una máscara que nada tiene que ver con la verdadera mujer que hay tras esa representación. Han sido siglos de lectura errónea de cualquier escena, de cualquier papel que presuponemos en las representaciones plásticas que hoy, afortunadamente, podemos releer y reenfocar.

‘Me muerdo la lengua’, de Estefanía Martín Sáenz. Fotografía cortesía de la galería Gema Llamazares.

Siempre que hablo de Sekhmet termino, inevitablemente, hilvanándola con la figura central (y femenina) de ‘La libertad guiando al pueblo’, de Delacroix. Marianne, como se la denomina en Francia, es un icono del Romanticismo y de un auténtico cambio social y económico de la Europa del siglo XIX. La Revolución francesa, la Revolución Industrial…; en definitiva, ¡la revolución! Una revolución que, en estos días, traducimos casi gráficamente a las reivindicaciones feministas de las Femen. Mujeres que con sus pechos al aire reivindican una nueva ética.

Estefanía recurre a lo contrario, a tapar, a enmascarar, a ocultar los rostros de las mujeres que representa en esta serie. Mujeres, todas ellas, distinguidas o reconocidas por alguna razón, no solo por un rasgo físico, sino por su quehacer, por su profesión, por su mente, por sus hechos. La máscara que Estefanía les otorga –femenina, delicada (por los materiales que utiliza)–, resultan, a su vez, terriblemente características, terriblemente intimidantes, terriblemente poderosas. Personajes que las mujeres representamos, hasta siendo nosotras mismas, en las diferentes facetas de la vida: madres, editoras, artistas, críticas, comisarias, diseñadoras, creadoras, hijas, nietas, parejas, hermanas…; mil facetas que nos hacen cambiar de piel cada pocos instantes, pero que nuncanos hacen perder nuestra esencia, esa esencia que Estefanía nos ayuda a concentrar como en un elixir…

El procedimiento es el siguiente: la artista hace un breve cuestionario, igual para todas las mujeres representadas (rasgo que te identifica, palabra, color…), extrayendo, así, todo nuestro potencial, pero (ojo) no con el que nos ven, sino con el que nosotras nos identificamos, nos representamos. Papeles con los que, probablemente, nos sentimos cómodas o con los que nos hemos visto obligadas a enfrentarnos a los condicionantes sociales de los que, hoy, la artista nos hace desprendernos.

‘Yo es que hago magia’, de Estefanía Martín Sáenz. Fotografía cortesía de la galería Gema Llamazares.

Podría parecer que Estefanía nos hace estar protegidas con las máscaras, cuando en realidad nos ha hecho desnudarnos, bucear, enfrentarnos y entendernos con nuestros rasgos más característicos y confesar nuestras fortalezas y debilidades.

Heroínas, al fin y al cabo, es lo que representa EMS con esta serie. Al igual que los superhéroes de ciencia ficción, somos nosotras, las mujeres, las heroínas, las fuertes, las poderosas, con presencia…, y reales, las que, probablemente, en ocasiones invisibilizadas, tapadas, tamizadas, pudorosas por los logros, no nos habíamos visto así: enigmáticas, colectivas, pioneras, portadoras de esos códigos que nos hacen diosas, únicas…, guerreras y, a la vez, dadoras y receptoras de los cambios más poderosos de nuestra existencia.

Con ‘Fieras’ –que podremos ver en la galería asturiana desde el 22 de noviembre hasta principios del próximo año–, Estefanía Martín Sáenz hace un ejercicio de visibilidad y empoderamiento que, como viene siendo habitual en su trayectoria, tamizado con un lenguaje y estética refinada y elegante, resulta una cuidada y cruenta reflexión para el que, como ya reflexionaba Gibrán, el hombre se vuelva loco al desposeerse de toda máscara, arrancadas estas por los dioses; pero sea en esa conversión a la locura cuando, realmente, encontremos la libertad.

‘Mira mira’, de Estefanía Martín Sáenz. Fotografía cortesía de la galería Gema Llamazares.

Noemí Méndez