«La sociedad tiene que entender su responsabilidad»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | David Trueba
‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Miércoles 8 de julio de 2020

En el contexto de una edición excepcional –tanto por razones cualitativas como insólitas en lo morfológico–, la XXXIII Semana Negra de Gijón ha recibido la visita del cineasta y escritor David Trueba, autor inédito en estas haciendas noir, por las que deambulan los males de Corcira, con sus progenies de Carvalhos, baladas de ahorcados, grandes Pirellis o lentos tranvías de la literatura túrbida y, en ocasiones, sanguinolenta que vertebra el género.

E irrumpe portando consigo los ecos reflexivos de ‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018), un frugal ensayo erigido, durante los dos últimos cursos, en lectura obligatoria para la EBAU en el plan de estudios asturiano –motivo por el que ya hubo paseado sus cavilaciones por diferentes institutos del Principado, con una bienvenida acogida y disculpas previas al alumnado ante su insospechada obligatoriedad–.

Una publicación que forma parte de la colección ‘Nuevos cuadernos de Anagrama’, que nos permite aproximarnos a las rúbricas de Zizek, Michel Houellebecq, Marina Garcés, Sara Mesa, Claudio Magris o Rafael Chirbes, y en la que Trueba encuentra acomodo mediante un florilegio de certeras ponderaciones que radiografían algunos de las insalubridades de nuestro tiempo, situando al individuo (nosotros) en el epicentro del análisis: “En las partidas de póquer, dicen los sabios profesionales que cuando miras a los contendientes y no das con el pardillo, con el tonto que va a ser desplumado, es que vas a serlo tú. (…) Y claro que sí, puede haber una tiranía sin tiranos, porque el mundo siempre contiene tiranteces, pero cuando no das con el tirano de manera clara, es que a lo mejor el tirano lo eres tú”, asevera en su concisa tesis, a modo de colofón.

En cierto modo, en la ‘La tiranía sin tiranos’, David Trueba procura advertirnos del negligente pálpito que reside en otear el devenir histórico desde una posición perniciosamente cronocéntrica, tal y como hubo manifestado en su encuentro con los medios: “Creo que una de las características del ser humano siempre es la de pensar que el tiempo se corresponde con su propio tiempo biológico y solemos tener la tendencia de pensar que todo pasa por primera vez y que todo terminará con nosotros. El carácter apocalíptico de la gente suele ser que, a medida que se va haciendo mayor o anciano, va pensando que el mundo se acaba, y entonces, realmente, el que se acaba es él. No sabemos cuándo se acabará el mundo, pero, seguramente, cuando se acabe no habrá una previsión; impactará de manera sorpresiva”.

Y tal perspectiva de los acontecimientos parece ser fruto de que “unimos la vicisitud del mundo y de la historia a la nuestra, y ahí creo que cometemos el mayor de los errores; si algo tiene la tradición intelectual, cultural y artística es la de haber analizado, de alguna manera, los problemas que continúan igual”.

En ese sentido, “el trabajo de un escritor o de alguien que reflexiona sobre su tiempo es tratar de entender las claves de lo que está sucediendo, incluso antes de que suceda, con el fin de prevenir la repetición de lo que antes ha sucedido, y de ofrecer a la gente una especie de consuelo o de guía para comportarse en esos periodos de total desamparo y confusión, como el que vivimos ahora”.

Tiempos inciertos e inefablemente convulsos en los que, “más allá de lo que los científicos puedan llegar a solucionar, el problema máximo es el de la indefinición. La gente no sabe qué planes hacer para dentro de tres meses porque no sabe qué va a pasar entonces. Pues, seguramente, la manera más inteligente de afrontar esas dudas es tratar de observar los tiempos diversos en que han sucedido cosas similares y cómo ha sido la evolución natural de la sociedad hasta llegar a una cierta calma o llegar a perder ese pánico existencial”.

Si en ‘La tiranía sin tiranos’ Trueba, con atinada y cáustica perspicacia, ironiza sobre el ponzoñoso manejo de la ternura para con las víctimas y los desamparados –cosmética, higiénica y sobreactuada–, el pánico virtual a la mala reputación, el imperio adulterado de las estadísticas mayoritarias o la ególatra consecución de un vacuo y efímero bienestar, buena parte de la responsabilidad de ese horizonte reside en el desnortado uso deontológico de las tecnologías, instituidas en una infructuosa y nueva religión, que nos ofrecía “la sensación de que con ellas todo se quedaba viejo, puesto que nosotros disponíamos de elementos técnicos muy novedosos y, por lo tanto, éramos capaces de adentrarnos en una nueva esfera de la humanidad; y, sin embargo, de una manera muy clara, se ha visto que la tecnología puede que sea un acompañante, un elemento más, pero en absoluto resuelve los problemas básicos del género humano desde su origen”.

David Trueba junto a los estudiantes Álvaro Méndez, Cecilia Cora y Sergio de la Calle (tras la presentación de su ensayo) en la portada de la edición del miércoles 8 de julio de 2020 de A Quemarropa, diario de la Semana Negra de Gijon. Fotografía cortesía del festival.

Un panel de herramientas en el que cobra condición de ubicuidad “la explosión de las redes sociales”, cuya omnipresencia trajo consigo “lo que denomino ‘la cosmética de la solidaridad’, del dolor, de la empatía, etc., que es que todos, por medio de un mensaje muy distante y muy poco comprometido, sentimos el dolor de quien está sufriendo. Pero cuando se requiere la participación en la solución o el compromiso o, incluso, la acción por tu parte, entonces ya es más complicado. Los chicos, ahora, lo llaman postureo”.

Por ello, para Trueba adquiere sobresaliente importancia el desarrollo de la acción comprometida frente al discurso pasivo y estéril. “En el cine, siempre, cuando empezábamos a escribir guiones, decíamos: ‘La diferencia entre un personaje que dice y un personaje que hace es que el que dice no está comprometido; el que hace, de alguna manera, con su acción, está hablando mucho más que el que dice’. Vivimos en una sociedad muy de decir, muy de colocar, muy de la foto, del corazoncito, del dedo para arriba; pero ¿las acciones?, porque las acciones son el verdadero compromiso. Esto ha pasado mucho durante el confinamiento, en el que vivíamos muchas expresiones de solidaridad, de empatía…, pero luego, a lo mejor, le pedías a alguien un piso vacío prestado para que un sanitario pudiera estar y protestaba el vecindario, o el casero te negaba la posibilidad de cederlo”.

Una orfandad de avenencia y compromiso cuya responsabilidad apela a los propios individuos en sociedad. “En ‘La tiranía sin tiranos’ hablo mucho de eso: la sociedad tiene que entender su propia responsabilidad, su propia capacidad de delimitar su vida, su experiencia vital y, a partir de ahí, de uno en uno, convertir en una suma un gran colectivo. Lo que no se puede es ‘yo me salvo de todo y los demás que hagan lo que quieran, esto no tiene que ver conmigo porque no soy responsable de lo que pasa’”, recuperando, de nuevo, a ese abismo que media entre la disertación y la materialización de los hechos:

“Entonces, entre la postura y la acción, ahí es donde uno debe hacerse la pregunta a sí mismo: ‘¿Estás dispuesto a convertir en acción lo que conviertes en discurso?’.

El escritor y cineasta David Trueba durante su encuentro con los medios en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Radiografiar la cultura en español tras la COVID-19

‘El valor de la cultura’ | Jornadas sobre los efectos de la COVID-19 en la cultura
Fundación Ortega-Marañón (Revista de Occidente), en colaboración con Planner Media y el apoyo de Acción Cultural Española (AC/E)
Martes 7 y miércoles 8 de julio
Lunes 6 de julio de 2020

La Fundación Ortega-Marañón, a través de su Revista de Occidente, en colaboración con la consultora de comunicación Planner Media y el apoyo de Acción Cultural Española (AC/E), organiza las jornadas ‘El valor de la cultura’, que contará con la participación de 50 destacados expertos para analizar sector cultural en español tras la COVID-19.

Dirigidas por Joan Álvarez, Fernando R. Lafuente y Federico Buyolo, estas jornadas abordarán los efectos que ha tenido la COVID-19 en la cultura y la metamorfosis que se está produciendo en creadores y consumidores. Como destaca Joan Álvarez, «hemos organizado estas jornadas con la certeza de que la cultura es fruto de un proceso creativo conjunto como sociedad, de modo que, si su valor se incrementa, todos salimos beneficiados: las grandes empresas, el turismo, el propio producto de España; pero también cada ciudadano como persona y como español. La cultura en español tiene una gran marca, pero hay que ponerla al día. El objetivo es que la sociedad aproveche la energía de cambio que se está liberando durante la crisis de la covid-19 para dar un paso en esa dirección”.

Sobre los objetivos de este encuentro, Fernando R. Lafuente remarca, a su vez, que “es importante dejar muy claro ante la sociedad que para que nuestra cultura tenga un gran prestigio en el exterior nosotros tenemos que apreciarla sin reparos, como se merece”.

Las jornadas ‘El valor de la cultura’, que se celebran de forma presencial y virtual los días 7 y 8 de julio, pretenden generar un necesario punto de encuentro plural, reflexivo y, a su vez, propositivo. Está previsto que participen más de 50 protagonistas de la cultura, entre creadores, artistas, gestores culturales y profesionales estrechamente ligados al ámbito cultural en un momento donde este sector está sufriendo de forma muy directa los efectos de la COVID-19, pero donde es necesario más que nunca, como incide Federico Buyolo, detectar oportunidades y mirar hacia el futuro a través de las nuevas generaciones: “existe un compromiso con una nueva generación de líderes de la creación y de la gestión cultural para la que deberíamos tener los medios de formación adecuados y un reconocimiento sincero y sólido».

Las sesiones virtuales ya cuentan con más de 600 inscritos de países muy distintos, unidos por los valores que genera la cultura en español, y con interés por escuchar a especialistas tan destacados como Antonio Najarro, bailarín y coreógrafo; Ángeles González-Sinde, guionista, directora de cine, novelista, presidenta del Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, presidente del Teatro Real y la Fundación Ortega-Marañón; Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, poeta, catedrático de Literatura española de la Universidad de Granada; Jesús Cimarro, director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida; Alicia Gómez Navarro, directora de la Residencia de Estudiantes o Peter Andermatt, director de la Oficina Media de la Unión Europea en España.

El programa se divide en paneles con diálogos y testimonios que girarán en torno a las siguientes temáticas: el valor de la cultura en su proyección exterior; los creadores y el aprecio de la cultura; lo que la pandemia está cambiando; nuevas estéticas y nuevos valores para la creación y la gestión; cómo cultivar la autoestima; para reforzar la proyección exterior. Una de las sesiones también ahondará sobre los valores que aporta la cultura, como se ha comprobado de forma visible durante el periodo de confinamiento, a los modos de vida de los españoles como muestra el diálogo que se producirá, con el título ‘La cultura como una clave del buen convivir’, entre José Andrés Torres Mora, presidente de AC/E y Manuel Cruz, filósofo y senador.

Ponentes y testimonios (por orden del programa): José Manuel Rodríguez Uribes, José Andrés Torres Mora, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, Luis García Montero, Ángeles González-Sinde, Joan Álvarez, José Luis Gómez, Fernando Bayón, Luis Alfonso Albornoz, Salomón Castiel, Nadia Arroyo, María Acaso, José María Lassalle, Victor Gulías, Marta García Haro, Santiago Herrero, Verónica García, Lucía Sala, Javier Limón, Jesús Cimarro, Silvia Marsó, Nuria Enguita, Azucena Rodríguez, Antonio Najarro, Suso 33, Eva Manjón, Nico Casal, Curro Royo, Isabel Fuentes, Juan Cruz, Joan Carles Martí, Juana Escudero, Sara Rubayo, Federico Buyolo, Alicia Gómez Navarro, Inmaculada Ballesteros, Julián Zabala, Ángel López García, Peter Andermatt, Manuel Ortuño, Jorge Martínez, Conchi Cascajosa, Elisa Grafulla, Gustavo Salmerón, Charo Otegui, Ángel Badillo, Manuel Lucena, Rafael Soriano, Alfonso Lucini, Fernando R. Lafuente y Manuel Cruz. Se sumarán más testimonios.

Programa completo: El valor de la cultura

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

MAKMA

La educación cultural como primera necesidad

#MAKMAOpinión | Comunicado de TAULA (Associació d’Educadores Culturals de Mallorca), AVALEM (Asociación Valenciana de Educadores de Museos) y AMECUM (Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid)
Jueves 2 de julio de 2020

En momentos de supervivencia sobrevenida, parece haber cosas que nadie se atreve a replantear. Respecto a la educación, pocos y pocas reflexionan sobre su importancia y su valor de primera necesidad para construir, conjuntamente, una sociedad igualitaria, solidaria y comprometida. Ahora hay que incidir en aquello que entre muchos hemos conseguido y por el que tenemos que seguir luchando: el procomún. Por eso es tan importante visibilizar y poner en valor la educación cultural.

En los centros de arte y museos los procesos educativos tienen un largo recorrido. Si recurrimos a la historia, en 1961 aparece la educación por primera vez a la definición de la ICOM (Consejo Internacional de Museos) y ya no deja de formar parte hasta el día de hoy. Este año, para celebrar el Día Internacional de los Museos, el ICOM ha propuesto el lema «Museos por la igualdad: diversidad e inclusión», con el objetivo de potenciar procesos de mediación con el fin de empoderar la diversidad y la inclusión en nuestras instituciones culturales.

Ahora ya nadie duda de la importancia de estos procesos, de la educación desde el arte y el patrimonio, y en muchos museos y centros de arte los departamentos educativos se han consolidado como una pieza clave a la hora de comunicar y hacer presente el patrimonio cultural a todo tipo de colectivos. La educación se ha convertido en mediación cultural, la cual posibilita que se genere –desde el patrimonio, el arte contemporáneo o la cultura visual– pensamiento crítico y aprendizaje significativo, y, a partir de estos procesos artísticos, dar herramientas a todo tipos de visitantes para posicionarse como agentes activos, generadores de contenidos simbólicos diversos.

Todo ello coincide con el objetivo del ICOM para el pasado 18 de mayo del 2020: «Propiciar un punto de encuentro para celebrar la diversidad de perspectivas que conforman las comunidades y el personal de los museos, así como promover herramientas para identificar y superar los prejuicios en aquello que los museos muestran y en las historias que explican. Concienciar sobre la importancia de los museos como medio para el intercambio cultural, el enriquecimiento de las culturas, así como para el desarrollo de la comprensión mutua, de la colaboración y de la paz entre los pueblos».

Cartel promocional del Consejo Internacional de Museos (ICOM) con motivo del Día Internacional de los Museos 2020.

En el Estado español conviven diversidad de experiencias al respeto. Gran parte de las instituciones tienen una programación de mediación más o menos consolidada, a pesar de hacer falta todavía mucha más estabilidad laboral. Aun así, muchos de ellos han podido trabajar de lo lindo durante este confinamiento y sus propuestas han facilitado nuestro anormal día a día. Todo ello fruto de la función pedagógica que los museos, desde los setenta hasta ahora, han ido desarrollando con los años. Todo un largo e inestable recorrido con tiras y aflojas que hizo posible el surgimiento de los primeros DEAC (Departamento de Educación y Acción Cultural). Probablemente, los departamentos históricamente más mal dotados, lcuyos miembros se han considerado no profesionales con, a menudo, contratos precarios, o simples becarios o, directamente, como personal perteneciente a empresas externas.

No es de extrañar, pues, que en estos años hayan surgido asociaciones y colectivos para velar por todo ello. TAULA, por ejemplo, nació desde Mallorca con la voluntad de ser un espacio de encuentro para profesionales que, desde realidades pedagógicas diferentes, puedan reflexionar sobre las posibilidades y la importancia de la educación artística hoy.

Del mismo modo y en otro ámbito territorial, existen AMECUM, desde Madrid, y AVALEM, desde València. Las tres asociaciones estamos en contacto y sinergia, y las tres firmamos este manifiesto. Un texto que se quiere sumar al de tantos otros ámbitos y profesionales de la cultura de este país, como, por ejemplo, el que se está haciendo desde las mesas sectoriales sobre artes visuales en las respectivas comunidades autónomas.

Llegados aquí, queremos reflexionar sobre el momento actual de la educación y sobre la necesidad de su profesionalización en el campo del pensamiento y de la acción. La mediación cultural no es una mera traducción y transmisión de contenidos dados por el comisario, el artista o el especialista en patrimonio, ni tiene como único objetivo la captación de públicos. La mediación cultural es generadora de procesos reflexivos, que en una gran diversidad de formatos –talleres, prácticas colaborativas, visitas comentadas, seminarios, acciones, comisariados…– tiene como objetivo articular relaciones que construyen pensamiento crítico. La mediación cultural es una práctica crítica y transformadora, y necesita profesionales especializados que la lleven a cabo. A raíz del estado de alarma provocado por la pandemia de la COVID-19, queremos poner en valor los departamentos educativos de los museos y centros de arte y a todo el mundo que trabaja en este ámbito como profesionales autónomos.

En un momento en que incluso el ICOM reclama un interés en la diversificación del modelo cultural, la visibilización y consolidación de la tarea de las educadoras es más esencial que nunca. Como dice Carmen Mörsch, “son las que tienen las herramientas para conseguir que nuestras instituciones no sean excluyentes, sino mucho más progresistas… Intensificamos la dimensión educativa en estos momentos de miedo, pérdida y reorganización comunitaria, priorizando las relaciones con los colectivos más marginales”.

Ahora nuestros políticos tienen la oportunidad de reimaginar cuál tiene que ser el papel de la cultura en estos momentos de crisis. La supervivencia económica no tiene que competir con alimentar el espíritu. No podemos transformar la sociedad sin poner un acento importante en el pensamiento. Porque la cultura y, especialmente, la educación son también una primera necesidad. Sin ignorar las dificultades del momento actual, tenemos claro que para conseguir verdaderos cambios estructurales al respeto es necesario ser valientes. Esto es el que esperamos de aquellas y aquellos que nos representan.

‘Educación pública + arte público’, de Luis Miguel Jaramillo. Imagen cortesía de SeDI (UV).

TAULA (Associació d’Educadores Culturals de Mallorca),
AVALEM (Asociación Valenciana de Educadores de Museos) y
AMECUM (Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid)

«El mundo literario del planeta mira a la Semana Negra»

#MAKMAEntrevistas | Ángel de la Calle (director de contenidos de la Semana Negra de Gijón)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Centro de Cultura Antiguo Instituto
Jovellanos 21, Gijón
Del 3 al 12 de julio
Jueves 2 de julio de 2020

Semejante a aquel célebre proemio alumbrado por René Goscinny y Albert Uderzo que, reiteradamente, nos exhortaba a inmiscuirnos en las vicisitudes gráficas de ‘Astérix el Galo’, la Semana Negra de Gijón resiste, indomable, al invasor –un virulento asaltante que, desprovisto de gladius y scutum, ha transformado en páramo (entre otras y más severas consecuencias) lo que en condiciones ordinarias hubiera sido, durante los próximos meses, un vergel cultural en sus múltiples y estivales acepciones–.

Y, efectivamente, conducido a través de un fértil programa de actividades y una heterogénea y eximia nómina de autores del género, el longevo (y pionero) festival noir gijonés ha logrado sobreponerse a las consabidas contingencias que nos han asolado (con nulos visos de haber tocado a su fin), erigiéndose en la primera cita de este insólito orden cotidiano con el sector de libro y sus heteróclitos habitantes.

Por ello, desde MAKMA entrevistamos a Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana Negra (y celebrado autor de cómic), cuya presente edición, eso sí, se ha visto mermada en lo morfológico, mudándose del populoso escenario de los antiguos astilleros navales (por el que transitaban más de medio millón de individuos) a las dependencias del Centro de Cultura Antiguo Instituto, dejando en cueros culturales lo que otrora era instruida celebración y literaria algarabía social.

La Semana Negra de Gijón formaliza, a partir de mañana, su trigésimo tercera edición. ¿Se ha revelado en una inopinada excepción con motivo de la COVID-19?

Sí. Pero en algún momento habrá que empezar a reunirse los lectores con los autores y estos entre ellos. El lunes tenía un conversatorio con Cristina y Marisol, las directoras del Hay Festival y la FIL de Guadalajara que acaban de recibir el Princesa de Comunicación y Humanidades, y hablábamos de eso. El Hay Festival fue todo telemático y la FIL no se sabe, falta mucho para noviembre, pero México aún está en periodo de ascenso del virus. Pero la idea es tratar de hacer presencial lo que se pueda. Con aforos limitados como nos pasa a nosotros. Por eso el mundo literario del planeta mira a la SN.

Cartel de la XXXIII Semana Negra de Gijón, creado por la artista italiana Lorena Canottiere.

Desde el primer avance de contenidos, en el (ahora distantísimo) mes de marzo, hasta la reciente y última rueda de prensa, ¿ha corrido la Semana Negra pandémico riesgo o, por contra, desde la organización os habéis mantenido incólumes?

Nosotros, ya antes del virus, perdimos a José Luis Morilla, Mori, nuestro fotógrafo desde hace más de 20 años. Llegó a la SN con 17 años. Eso nos dejó tocados, y días después el puto virus llegó y al rato se llevó a Luis Sepúlveda. En fin… El resto del equipo está bien; aquí, en Asturias la pandemia fue más benigna y el sistema sanitario público es de los mejores del mundo. Yo perdía a mi madre, aunque no directamente por la COVID, y cada cual del equipo a su alrededor tendría sus historias, pero directamente nadie fue afectado.

¿Qué te parece y qué esperas de este nuevo formato? ¿Puede compararse, en cierta medida, con las celebraciones incipientes de finales de los años 80?

Hacerla, asumiendo que es una contradicción con lo que nosotros planteamos. Ya saben, públicos masivos, accidentales, un festival literario de primer orden, callejero, en medio de una fiesta popular, etc. Es casi lo contrario de lo que va a ser este año. Lugar emblemático, pero cerrado, con públicos limitadísimos y medidas sanitarias muy exigentes. Entrada gratuita, pero sacada con anterioridad telemáticamente, etc. Por fortuna, podremos salir al aire emitiendo en directo las 6 horas diarias del encuentro literario y de ideas, a través del canal de YouTube de la SN y de la página web www.semananegra.org.

Pero sí es una apuesta vanguardista, como lo fue aquella Semana Negra de 1988, en tanto que somos adelantados en el mundo de cómo hacer un encuentro presencial de autores, tras (o durante, mejor) la pandemia.

(De izquierda a derecha) Pablo León, director general de Cultura del Principado de Asturias, Ana González, alcaldesa de Gijón, y Ángel de la Calle, director de contenidos de la SN, sostienen a la mascota Rufo (creada por el artista Quique Herrero), dedicada en la presente edición al fótografo Mori. Fotografía cortesía de la organización.

Como has mencionado, la presente edición se encuentra huérfana tras los fallecimientos del escritor Luis Sepúlveda y del fotógrafo Mori, dos figuras tan dispares como imprescindibles en el devenir del festival. ¿De qué modo serán homenajeados en los próximos días?

Una de las dos exposiciones, ‘Mori omnipresente’, está dedicada a él y son sus fotos de estos años. La expo la comisaría Alex Zapico, responsable del espacio de fotografía y fotoperiodismo de la SN. El primer acto literario de la SN será la presentación del libro póstumo de Luis –’Historia de Mix, de Max y de Mex’ (Tusquets Editores, 2020)–, con la presencia de su viuda y familia. Pero siempre el mejor homenaje es el recuerdo y la complicidad con sus ideales.

Carlos Zanón, Lorenzo Silva, Juan Bolea y Marta Robles debatirán acerca de lo que le espera a la novela negra española tras la pandemia. ¿Te aventuras a perfilar un horizonte al respecto?

No. Ya no hablo de futuro. Tenía una bola de cristal que heredé de Carlos Marx, pero se me rompió. Misma bola con la que Carlos Marx predijo que la revolución social acontecería en Alemania e Inglaterra.

Más allá de la omnipresencia del coronavirus, ¿qué otros temas destacados forman parte del ubérrimo cronograma?

Realmente, esperamos no hablar de coronavirus. Si miras el programa, en el que hay más de ciento y pico actos, en ninguno se habla del tema. Hablamos de novela negra LGTBI, de novela histórica, de un país sin sindicatos, de la obra maldita de Manuel Vázquez Montalbán, de la fortuna de la familia Franco, de la delincuencia de moqueta y de la de metralleta, de novela fantástica, de poesía, de los 75 años de la liberación de Mauthausen y Auschwitz, del cómic anarquista, del futuro… Y mucha música.

¿Es pronto para situar geográfica y cronológicamente la XXXIV Semana Negra de Gijón?

Te repito lo de mi rota bola de cristal.

Ángel de la Calle. Fotografía de Marina cortesía del autor.

Jose Ramón Alarcón

‘Ride’ viaja desde Terrassa al festival Incorto de México

‘Ride’, de Neus Flores
‘Incorto’ | Festival internacional de cortometrajes de México
Estreno: viernes 26 de junio a las 9:00 (hora peninsular)
Miércoles 24 de juno de 2020

El cortometraje ‘Ride’, ópera prima de la periodista, agente cultural y colaboradora de MAKMA Neus Flores, será exhibido en ‘Incorto’, festival internacional de cortometrajes de México, el próximo viernes 26 de junio de 2020, sumándose a la trayectoria que atesora este filme de docu-ficción desde su reciente première mundial del pasado noviembre de 2019, en la Sala Rasa64 de Terrassa, y su refrendado pase por el Clermont Ferrand International Short Film Festival –uno de los festivales de ineludible referencia en su género–.

‘Ride’ -o cinema veritée– basado en hechos reales y que pretende acercarse a la verdad cotidiana desde un punto de vista universal –territorio en el que las emociones se entienden en cualquier cultura– y con el uso de varios idiomas, mediante un guión de proyección internacional.

‘Ride’, que ha contado con el apoyo de Faktoria d´Arts y La Bonne (Centro de Cultura de Mujeres Francesca Bonnemaison), se postula a modo de un cinema veritée que pretende acercarse a la verdad cotidiana desde un punto de vista universal –territorio en el que las emociones se entienden en cualquier cultura– y con el uso de varios idiomas, mediante un guión de proyección internacional.

Un viaje por las emociones, un trayecto por la vida de dos mujeres (madre e hija, interpretadas por Mari Arveheim y Alba Manobens Flores, respectivamente) que pasan por una etapa de crecimiento propio y de enfrentamiento a nivel familiar, para terminar uniéndose a nivel personal a través de las vicisitudes de su recorrido por la Costa Brava.

El desencuentro entre ellas se inicia en el ámbito del hogar durante un desayuno cotidiano y desemboca en un club nocturno, donde Emma (la madre) encuentra a Alex (su hija, aún menor de edad) bailando a cambio de dinero.

Emma and Alex

Emma, Alex's mother, getting ready to celebrate mother's day.

Publiée par RIDE sur Dimanche 3 mai 2020

Alex decide irse de casa tras la virulenta reacción de su madre y Emma es consciente de que si deja marcharse a su hija la perderá para siempre; por este motivo decide irse con ella a lo largo de un viaje por la costa catalana -durante el que se encontrarán con diversos personajes que les harán crecer a nivel personal y emocional, hasta llegar a mejorar su relación y entenderse de nuevo.

‘RIDE’ es un viaje desde la oscuridad emocional y física, hasta encontrar la luz y el optimismo que mejorará la relación de estas dos mujeres para siempre, al final de su viaje y dentro del marco incomparable de la casa museo Dalí, en Port-Lligat (Cadaqués, Costa Brava).

“Una road-movie inspirada en ‘Thelma &Louise’ y ‘Little Miss Sunshine’, que no deja indiferente a nadie”, en palabras de su directora, Neus Flores.

MAKMA

Una decena de conciertos online para Serenates 2020

Serenates 2020
Universitat de València | Institut Valencià de Cultura
Edición online del 24 de junio al 3 de julio
Miércoles 17 de junio de 2020

El festival Serenates, que organizan cada año la Universitat de València y el Institut Valencià de Cultura, se celebrará del 24 de junio al 3 de julio con una novedad importante: la 33 edición de este histórico festival se hará en formato digital a causa de la imposibilidad de reunir público en el claustro de la Universitat de València por la situación de pandemia provocada por la COVID-19. Los diez conciertos gratuitos se trasladan a los canales de YouTube del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València y del Institut Valencià de Cultura, coorganizadores del festival. Todos se emitirán a las 20 horas a través de estos canales, desde donde, además, se podrá recuperar el concierto con posterioridad.

Para la edición de este año, que tiene la colaboración y el patrocinio de la Diputación de Valencia, el Ayuntamiento de València, el Palau de la Música, la Fundación Banco Sabadell, Caja Popular, EASD València y Clemente Pianos, se han programado una decena de conciertos: seis han sido grabados ex professo para este festival y cuatro más corresponden bien a conciertos de ediciones anteriores, o bien a material grabado que se recupera en esta edición tan especial de Serenates.

La rectora de la Universitat de València, M.ª Vicenta Mestre, ha destacado que, con los cambios que está suponiendo vivir una nueva normalidad a consecuencia de la COVID-19, la edición de este año, que es la número treinta y tres, continúa con el espíritu de más de tres décadas de festival y será una edición histórica que recupera actuaciones memorables e incorpora nuevas interpretaciones, y se abre así a todos los públicos a través de los medios sociales. Además, ha agradecido la colaboración de todas las instituciones y estructuras universitarias que han hecho posible la programación de este año, deseando que “pronto volveremos a encontrarnos en persona compartiendo el placer de la música en directo en los espacios emblemáticos de la que es su universidad: la Universitat de València”.

Cartel de Serenates 2020 elaborado por los alumnados de la EASD València Clara Bayo Molina, Teresa Dehesa Díaz y Laura Jover Laguarda.

La directora adjunta de Música y Cultura Popular del IVC, Marga Landete, añade que “en el IVC hemos estado trabajando para conservar y reprogramar nuestras actividades desde el primer momento. Queremos la máxima seguridad sanitaria, recuperar la actividad de los artistas y ofrecer al público una programación de máxima calidad. Estas serenatas digitales cumplen estos tres objetivos y estoy segura que satisfarán tanto al público como a los propios artistas, que están deseando volver en el escenario”.

Por su parte, el diputado de Cultura, Xavier Rius, señala que “es un placer colaborar con la Universitat de València en este proyecto y en otros como Escena Erasmus y el festival La Cabina. Con la cultura que hace la Universitat de València tenemos una colaboración estable, porque apoya las líneas que también son estratégicas para la Diputación: la cultura de proximidad y de calidad, y de apoyo a los sectores profesionales y a las jóvenes promesas”.

El cartel de este año, como los de las últimas ediciones, ha sido elaborado por el alumnado de la EASD València. Las alumnas ganadoras de esta edición son Clara Bayo Molina, Teresa Dehesa Díaz y Laura Jover Laguarda, con un trabajo grupal que representa visualmente de manera muy acertada los principales atributos del festival con un lenguaje visual polisémico, sugerente del espacio donde se hace el festival (el claustro de La Nau) y la música.

Programación día a día: Un clásico de verano que se reinventa digitalmente

El festival Serenates (#Serenates2020) se inaugurará el miércoles día 24 de junio con el concierto que la cantautora Maria del Mar Bonet ofreció en 2014 junto a la Orquestra Filharmònica de la Universitat de València. En la primera noche del festival, la cantante mallorquina y Medalla de la Universitat interpretará ‘Bellver’. En este trabajo, que obtuvo el Premio Cubadisco en 2011 en la ciudad de la Habana, Bonet repasa su carrera en formato sinfónico. El concierto recoge los temas más significativos de su universo musical, marcado por las influencias mediterráneas. El repertorio incluye quince canciones griegas, turcas, sardas, italianas, catalanas y mallorquinas, entre las que también hay espacios para las jotas y temas propios seleccionados por la cantante.

El jueves 25 de junio, el festival Serenates se reafirma en el apoyo a los músicos valencianos y ha programado la actuación del grupo de cámara La Remembrança, que ofrecerá un concierto con obras de Vivaldi y Mozart.

El viernes 26 de junio, Serenates recuperará ‘Cantúria Cantada’, el concierto con que el ya desaparecido Carles Santos y el Cor de la Generalitat inauguraron hace cinco años el festival Serenates. En aquella ocasión, el polifacético músico de Vinaròs, también Medalla de la Universitat de València, presentó una de sus últimas creaciones: un espectáculo creado para 37 voces y un clarinete que reúne pasajes destacados de sus obras vocales.

El sábado 27 de junio llegará el turno de València Baryton Project, un grupo que se dedica a la interpretación de música para baryton, un instrumento musical de cuerda frotada de la familia de la viola de gamba, de uso habitual a la Europa del siglo XVIII, que cayó en desuso debido a su gran dificultad de interpretación.

El día siguiente, el domingo 28 de junio, será el turno de las formaciones universitarias. Actuará una sección de cámara de la Orquestra Filharmònica de la Universitat de València y del Orfeó Universitari de València. Del programa, hay que destacar el estreno de la obra ‘Alter eros’ de José Vicente Fuentes, así como otras piezas de W. A. Mozart, F. Mendelssohn y D. Shostakóvich.

El lunes 29 de junio, el pianista valenciano establecido en los Estados Unidos, Jorge Tabarés, dedicará su recital a Alicia de Larrocha, una de las pianistas españolas más importantes del siglo XX, que consiguió poner la música española en la escena internacional y a quien el joven pianista ha dedicado su primer disco.

El martes 30 de junio se rendirá homenaje a los valores del festival: formación, creación e innovación, a través de fragmentos de espectáculos creados ex professo para Serenates durante la última década por la Orquestra Filharmònica de la Universitat de València, el Orfeó Universitari de València y el Grupo de Danza de la Universitat de València, junto a estudiantes de otros centros de enseñanzas artísticos.

Ya en julio, en el concreto del miércoles día 1 actuará Cafè de Fel, un tándem de poesía de verso libre en valenciano y música jazz, a cargo de tres mujeres, que acercan la historia del jazz a través de las pioneras que rompieron moldes y transmutaron los estereotipos de género.

El jueves 2 de julio continuará el ‘jazz’ a través de jóvenes promesas valencianas. Se trata del concierto de la Jove Big Band Sedajazz, dirigida por Francisco A. Blanco Latino. 23 jóvenes músicos protagonizan este concierto, que se grabó en directo en enero de 2020 en La Mutant y que ahora formará parte de la programación de Serenates.

Serenates 2020 se despedirá el viernes 3 de julio con la Orquesta de València, dirigida por Ramón Tebar, con el concierto ‘Carmen sin palabras’, un programa de música de inspiración española con obras de R. Shchedrin y G. Giménez.

Grabación en La Nau del grupo de cámara La Remembrança. Fotografía de Eduardo Alapont cortesía de los organizadores.

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Retorno introspectivo a los orígenes del sida

#MAKMAOpinión #MAKMACine | ‘1985’, de Yen Tan
85′
Estados Unidos, 2018
‘Back to Indie’ | Filmin
Martes 16 de junio de 2020

Desequelibrados, aún, por el insólito escenario sanitario que ha devenido de la COVID-19, prosiguen palpitando con vigorosa actualidad las escenas y reflexiones rubricadas por Albert Camus en su novela ‘La peste’ (1947) –a buen seguro, uno de los títulos más generosamente referidos durante las primeras semanas de confinamiento–, en la que el autor procura una inquietante radiografía de la epidemia de contemporáneos acentos: «La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. (…) Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas”.

Sin embargo, ni aquella peste oranesa –de coléricas inspiraciones históricas– ni la presente pandemia por coronavirus han adquirido el vergonzante estigma social que hubieron de padecer los primeros afectados por el virus del sida, una de las pandemias más severas –hoy cronificada y perniciosamente silenciosa– que han asolado el orbe de nuestra contemporaneidad.

Desde finales de los años ochenta, han sido innumerables las incursiones narrrativas y aproximaciones cinematográficas –desde el verídico testimonio documental, la memoria autobiográfica o la diégesis de la ficción– que han situado en el epicentro de la argumentación las complejas derivas y consecuencias sociales y sicológicas de la enfermedad durante sus primeros años de incidencia sobre la población de Estados Unidos –país de ineludible referencia tanto por el carácter pionero de su producción artística y su activismo sobre la materia como por la reaccionaria política social y sanitaria implementada durante la ultraconservadora era Reagan–.

De este modo, el cineasta estadounidense de origen malasio Yen Tan –director de los notables filmes de subgénero queer ‘Happy Birthday’ (2002) y ‘Pit Stop’ (2013)– retorna al núcleo cronológico de la pandemia en ‘1985’ (2018) –película que forma parte del ciclo de cine independiente norteamericano de la plataforma Filmin ‘Back To Indie’–, con el fin de seguir los pasos emocionales de Adrian (Corey Michael Smith), un joven publicista gay que viaja por Navidad, desde Nueva York, a Fort Worth, pueblo texano del que es oriundo, tras varios años de ausencia y distanciamiento familiar, portando consigo el oneroso secreto de su orientación sexual y de su reciente condición de enfermo de sida.

Un regreso, en absoluto estocástico, a un momento decisivo en el desarrollo universal de la pandemia por razones mediáticas y sanitarias, siendo 1985 el año en que se comercializaron, internacionalmente, las pruebas serológicas para el diagnóstico del VIH y, a la par, en el que fallecío el actor Rock Hudson –primera figura de reconocimiento internacional muerto (oficialmente) a causa del sida–, dotando de eximia fisicidad a una enfermedad que ya se había cobrado más de 20.000 víctimas anóminas en el país, guarismos que apenas se instituían en una lacra estadística del “cáncer gay” que era el desarrollo del sida para las autoridades.

Sin embargo, Tan huye de la convulsión urbanita de la enfermedad para acudir a su periferia geográfica y sicológica, perfilando un emotivo retrato, sapientemente contenido y doméstico, en el que confrontar la devastadora cuita introspectiva de Adrian con la atmósfera familiar, provinciana y (aparentemente) reaccionaria, en la que sus progenitores (espléndidos Virginia Madsen y Michael Chiklis) encarnan, sin mácula, el perfil del ciudadano medio norteamericano, abocado a mimetizar y perpetuar las tradiciones religiosoas y heteronormativas que prosiguen constituyendo el devenir moral de Estados Unidos.

Yen Tan, cuya película se inspira en diversos detalles de su cortometraje hómonino ‘1985’ (2016), recurre al empleo de un cacofónico blanco y negro, en tanto que “la idea es que el sida era un problema pintado en blanco y negro y la sexualidad también era un problema en blanco y negro: era bueno o malo. En un mundo en el que la sexualidad ahora está siendo vista más como un espectro, lo que es maravilloso, la monocromía nos lleva a un tiempo en el que las cosas no eran tan fluidas, y nuestra individualidad era reflejada como algo bueno o malo, como un etiqueta social”, asevera el director.

Una individualidad lacerada, entonces, por el flagelo del oscurantismo, abocada a aquella ausencia de libertad aventurada por Camus, no tanto por la incontenible diseminación de las plagas –en sus múltiples morfologías posibles–, sino por la gestión usufructuaria que las políticas reaccionarias siempre han viralizado en tiempos de desequilibrio.

Jose Ramón Alarcón

Reactivando el pulso teatral con ‘Sagunt a escena’

XXXVII ‘Sagunt a escena’ | ‘Recuperem l’escena’
Del 4 de agosto al 5 de septiembre de 2020
Lunes 15 de junio de 2020

Cultura de la Generalitat ha organizado el paquete de medidas ‘reaCtivem’ para ayudar y acompañar en la reanudación y reconstrucción cultural valenciana a causa de los efectos provocados por la COVID-19. En este contexto, ‘reaCtivem’ se marca como una de las medidas importantes reprogramar todo lo que sea posible y mantener esta programación factible, siempre que las autoridades sanitarias lo permitan y definan en cada escenario medidas de seguridad en los aforos culturales.

En este marco, y en la fase de desescalada hacia la nueva normalidad, la 37ª edición del festival ‘Sagunt a escena’, que se celebrará del 4 de agosto al 5 de septiembre con el lema ‘Recuperem l’escena’, organizado por el Institut Valencià de Cultura y por el Ayuntamiento de Sagunto, cuenta también con la colaboración de la Diputació de València y de varias entidades privadas. En este contexto, hay que recordar que Cultura de la Generalitat ha destinado un aumento de 100.000 euros con respecto al que será el presupuesto total del festival.

La secretaria autonómica de Cultura, Raquel Tamarit, ha explicado que “el festival prevé una mayor presencia de compañías valencianas en todos sus espacios de exhibición por el hecho de que es una obligación promover a los y las profesionales de las artes escénicas valencianas e iniciar este camino que nos lleva a recuperar espacios, recuperar espectáculos y permitir que el trabajo de los artistas nos ayude a nosotros, los espectadores, a recuperar también las sensaciones que nos producen las palabras, los gestos, la música y todo lo que tan solo las artes escénicas en directo nos pueden ofrecer”.

En este sentido, ‘Sagunt a escena’ tendrá cerca de 40 espectáculos de artes escénicas y musicales, de los cuales más de una veintena serán de grupos y compañías valencianos. El director general del Institut Valencià de Cultura, Abel Guarinos, ha avanzado que “en todos los espacios el festival ofrecerá este año varios estrenos absolutos, entre los que ya se pueden destacar ‘R-Minds’, la primera producción de teatro de calle en la historia del IVC; ‘Saguntilíada’, de Paco Zarzoso, a cargo de la Hongaresa Teatre; ‘Los nueve’, de Perros Daneses, en el Auditori Joaquín Rodrigo, o ‘Divina aberració’, de Cashalada, en la subida al castillo”.

En los últimos años, y en cada una de las sucesivas ediciones, el festival ha tenido una línea argumental que hacía de hilo conductor para todos los espectáculos exhibidos en el festival. Para esta edición, y teniendo en cuenta las circunstancias, el lema elegido es ‘Recuperem l’escena’. Según Juan Vicente Martínez Luciano, director del festival: “Este es precisamente el objetivo: que los profesionales de la escena, las instituciones y, sobre todo, el público recuperen los escenarios del festival y, por extensión, todos los escenarios de las artes escénicas valencianas después del obligado paréntesis”.

Un instante de las representación de ‘Sagunt a escena’ en el Teatro Romano de Sagunto. Fotografía cortesía del festival.

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‘El tutor burlat’ comienza su gira con Les Arts Volant

‘El tutor burlat’ |‘Les Arts Volant’
Les Arts (Cultura de la Generalitat) en colaboración con la Diputación de València y el Ayuntamiento de València
A partir del 27 de junio
Domingo 14 junio de 2020

‘Les Arts Volant’ llevará la ópera ‘El tutor burlat’, del compositor valenciano Vicente Martín i Soler, por diferentes poblaciones de la geografía valenciana, gracias a la colaboración de Cultura de la Generalitat, el Área de Cultura de la Diputación de València y la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de València.

‘Les Arts Volant’ es un proyecto de difusión cultural impulsado desde Les Arts, en colaboración con la Diputación de València y el Ayuntamiento de València, que nació en 2017. Su propósito es hacer llegar la ópera a cualquier rincón del territorio, especialmente a aquellos lugares con escasa actividad musical o donde sería complicado llevar a cabo una representación por carecer de los medios técnicos o instalaciones necesarias.

Para ello, la compañía de ‘Les Arts Volant’ viaja en un gran camión preparado para transformarse en escenario a su llegada a la plaza de cualquier localidad y, posteriormente, ofrecer una ópera en directo interpretada por los artistas del Centre de Perfeccionament del Palau de les Arts, acompañados al piano.

Para esta cuarta gira, el título escogido es la amable, elegante, dulce y algo pícara ‘Il tutore burlato’, de Vicente Martín i Soler, que se presenta en su versión traducida al valenciano por Enedina Lloris. Jaume Policarpo es el director de escena de esta nueva producción, con vestuario de José María Adame e iluminación de Antonio Castro.

Como principal novedad desde que se inició el proyecto, ‘Les Arts Volant’ tendrá cobertura autonómica, tal y como ha anunciado Jesús Iglesias Noriega, ya que Cultura de la Generalitat ha incluido ‘Les Arts Volant’ dentro de las acciones de ‘reaCtivem’ para la recuperación de la vida cultural valenciana.

Con cinco representaciones durante los meses de junio y julio en localidades que han ostentado la capitalidad cultural valenciana, el camión-escenario visitará por primera vez municipios de las comarcas de Alicante y de Castellón como Altea y Villafranca del Cid, para cumplir con la vocación autonómica del proyecto.

“Tras un periodo de consumo digital, debemos recordar a la ciudadanía la experiencia del arte en vivo. No sólo hay que pensar en quienes pueden venir a Les Arts, sino también en los que por distancia o circunstancia no pueden hacerlo. Por ello, ‘Les Arts Volant’ es la más potente herramienta para acercar y dar a conocer la lírica sin limitaciones de cualquier tipo”, ha añadido Iglesias Noriega.

La gira autonómica se fusionará con la gira provincial que auspicia el Área de Cultura de la Diputación, y se verá complementada con las actuaciones en Les Arts, y posteriormente, tras un pequeño descanso en agosto, con las actuaciones en los barrios de València, a propuesta del Ayuntamiento.

Con todo, se prevé un intenso ciclo que contará con hasta 21 representaciones entre finales de junio y principios de octubre.

La gira 2020

La gira para este año 2020 arrancará en la pedanía La Barraca d’Aigües Vives (27 de junio), localidad a la que seguirán Sagunto (28 de junio), Villafranca del Cid (1 de julio), Potries (2 de julio), Godella (4 de julio), Alcublas (5 de julio), Casinos (8 julio), Palau de les Arts (10 y 11 de julio), La Pobla del Duc (15 de julio), Benirredrà (16 de julio), Ayora (18 de julio), Corbera (19 de julio), Gandia (21 de julio), Altea (22 de julio), Atzeneta d’Albaida (24 de julio) y Buñol (25 de julio).

Una escena de ‘El tutor burlat’. ‘Les Arts Volant 2020’.

Tras un paréntesis en el mes de agosto, el equipo de ‘Les Arts Volant’ retomará la gira concentrando sus últimas actuaciones en los barrios de la ciudad de València: Benicalap (25 de septiembre), Sant Marcel·lí (26 de septiembre), Parc Central (27 de septiembre), Malva-rosa (2 de octubre), Patraix (3 de octubre) y Aiora (4 de octubre).

El diputado de Cultura, Xavier Rius, ha manifestado su emoción al ver crecer y consolidarse el proyecto, pues “desde las primeras conversaciones que mantuvimos las administraciones implicadas para activar este proyecto, a finales de 2016, supimos que teníamos ante nosotros un enorme reto. Descentralizar la cultura y poder ofrecer productos de gran calidad cultural a todos los rincones de nuestra geografía, por pequeños que fueran. Es una tarea sobre la que debemos volcar todo nuestro ánimo”. También ha incidido en que “‘Les Arts Volant’ representa los mejores valores de la creatividad valenciana: una apuesta por la excelencia musical y las artes visuales como nexo de hermanamiento entre los pueblos valencianos”.

“No cabe duda de que las tres administraciones implicadas estamos consolidando un proyecto que produce una gran satisfacción y gozo allí donde llega el camión de ‘Les Arts Volant’”, ha remarcado el diputado de Cultura, Xavier Rius.

Por su parte, la concejala de Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de València, Glòria Tello, también ha querido mostrar su entusiasmo con ‘Les Arts Volant’. “Durante tres años hemos llenado los barrios y rincones de València con una representación única que ha cautivado a todo tipo de públicos. Nuestro deber como responsables de la cultura es el acercamiento a la ciudadanía y la democratización de la cultura, y más si cabe con un proyecto que ha superado todas nuestras expectativas”.

La concejala del Ayuntamiento ha resaltado que “he tenido ocasión de asistir a casi todas las representaciones, y me ha resultado muy emocionante ver al público cautivado por unos actores y cantantes que se entregan por completo”. Desde el Ayuntamiento de València, ha proseguido Tello, “tratamos de fomentar nuevos hábitos de consumo cultural entre el vecindario y estamos convencidos de que un año más ‘Les Arts Volant’ provocará la satisfacción de nuestros conciudadanos, a quienes quiero invitar a no perderse esta singular representación”.

La obra

Les Arts recupera la primera ópera que escribió Vicente Martín i Soler para este proyecto divulgativo, que además de descubrir la lírica a nuevos públicos, permitirá dar a conocer la figura del compositor valenciano más internacional de todos los tiempos.

“Martín i Soler llevaba casi diez años ausente en el repertorio de Les Arts”, ha recordado Jesús Iglesias Noriega. Por ello, el director artístico ha señalado la importancia de que una iniciativa como ‘Les Arts Volant’ ponga en valor su obra. “En el siglo XVIII un valenciano rivalizó en popularidad con Mozart en la Viena imperial, pero todavía sigue siendo un desconocido para la gran mayoría de la población, también la valenciana. Gracias a la colaboración de Generalitat, Diputación y Ayuntamiento no sólo vamos a hacer la ópera más cercana a la ciudadanía, sino que también vamos a poner en valor el patrimonio cultural de este territorio”, ha añadido.

Jovial y fresca como el paisaje de la campiña romana donde ocurre su trama, esta comedia primera de Martín i Soler evoluciona desde la crítica velada a las férreas normas sociales establecidas a mediados del siglo XVIII hacia la defensa de la libertad y el amor por encima de la convención y la conveniencia, a la vez que expone con cordial clarividencia el nuevo posicionamiento social de la mujer en los años previos a la Revolución Francesa.

Para ello, Jaume Policarpo propone una puesta en escena con una estética inspirada en las tarjetas postales románticas del siglo XIX, de colores tenues, pastel. La escenografía, que también ha diseñado el director valenciano, es “un personaje más. En este caso, hablamos de paneles alegres que se van moviendo para crear espacios distintos, que dan pie al humor y al juego escénico”.

El punto de contraste lo aporta el vestuario, encomendado a José María Adame, que conjuga colores más intensos y elementos actuales, que resaltan con la iluminación de Antonio Castro.

El reparto de ‘El tutor burlat’ está formado por los artistas del Centre de Perfeccionament Aida Gimeno (Violante), Vittoriana De Amicis (Dona Menica), Oleh Lebedyev (Fabrizio) y Omar Lara (Pippo), junto con los cantantes valencianos David Ferri (Don Lelio) y Gonzalo Manglano (Anselmo). Carlos Sanchis acompañará al piano en todas las representaciones del espectáculo.

‘El tutor burlat’. ‘Les Arts Volant 2020’.

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Nuestro lugar en la Fase 1: ‘We’re Here’

#MAKMAOpinión #MAKMAPantallas | Nuestro lugar en la Fase 1
‘We’re Here’, de Stephen Warren y Johnnie Ingram
HBO, 2020
Sábado 6 de junio de 2020

El 13 de abril de 1990 tuvo lugar la primera acción política de Queer Nation, un movimiento LGTB neoyorkino que surgió como reacción a la tremenda discriminación hacia las personas LGTB y a una escalada de violencia hacia este sector de la población en las calles de Nueva York. Esta acción tuvo lugar en el bar Flutie, un bar hetero, y cuyo objetivo era reclamar un espacio de ocio y socialización de la gente LGTB que no estuviera limitado dentro del ambiente. Entre las numerosas consignas que estos outsiders coreaban estaba el ya mítico “We’re Here, We’re Queer, Get Used to It!”, algo así como “estamos aquí, somos maricas, acostúmbrate a ello.” Esta frase expresaba toda una declaración de intenciones: reclamamos un espacio dentro de la sociedad heteronormativa, estamos orgullosos de nuestra diferencia y, sobre todo, trasladamos la agencia a un nivel global. No es que tengamos que asimilarnos socialmente, sino que es esta sociedad la que tiene que aprender a reconocernos y respetarnos. Era ya la hora de empezar a añadir más letras a un colectivo que cada vez incluía a más personas.

“We’re Here, We’re Queer, Get Used to It!». Primera acción política del colectivo LGTB Queer Nation. 13 de abril de 1990.

También fue en 1990 cuando Judith Butler publicó uno de los libros más influyentes de la teoría queer y el feminismo: ‘Gender Trouble’ (‘El género en disputa’). En él, Butler plantea la concepción de género y sexo como constructos y la posibilidad de subvertirlos para poder enfrentarse así a una ley heteronomativa –y, principalmente, masculina–. Frente a la performatividad del género, es decir, de la repetición de actitudes y modos socialmente construidos que se asumen como reales, ella propone la posibilidad de una performance, de “actuar” dicho género. Esta compleja y fascinante distinción entre performatividad y performance puede intentar simplificarse de este modo: yo, como sujeto-hombre, reproduzco en mi cuerpo de manera inconsciente una serie de conductas y patrones que se asumen socialmente como masculinas. Esto es la performatividad de mi cuerpo. Por otro lado, puedo llevar al extremo mi masculinidad actuándola, jugando con ella, incluso parodiándola, y para ello la puedo reforzar con un frondoso bigote y con un uniforme. Puedo incluso reproducir movimientos y actitudes propias de Clint Eastwood en ‘Harry el sucio’ (1971) –o en cualquiera de sus películas–. Esto sería la perfomance. E, incluso, se podría llevar la perfomance al extremo de construir en mi cuerpo una feminidad que, teóricamente, no corresponde con mi género ni mi sexo. Y es aquí donde surge la esencia de lo drag.

El documental ‘Paris is Burning, rodado también en 1990, mostraba la escena drag neoyorkina de la época: hombres y mujeres que, a través del vogue, actuaban unas masculinidades y unas feminidades que no encajaban con sus cuerpos. Creaban un efecto de realidad a través de una revisión y reapropiación de unos constructos sociales de género y sexo que les oprimían en sus vidas cotidianas y que, en muchos casos, les condenaba a vivir en el margen, fuera de ese here, ese espacio reclamado por Queer Nation. Sin embargo, el voguing reforzaba a su vez la idea de pertenencia: cada uno pertenecía a una de las distintas casas que surgían en torno a una mamá drag que les preparaba para las competiciones. Es cierto que Madonna popularizó el voguing en su archiconocido ‘Vogue’ (1990), pero la esencia del vogue, no como un baile inspirado en las poses de las modelos de la famosa revista de moda, sino su carácter de empoderamiento de cuerpos no normativos, de latinos, afroamericanos, personas con sobrepeso, alcanza su cota más alta de popularidad gracias a ‘RuPaul’s Drag Race’. Palabras como realness, shade, sashay away, herstory o squirrel friends se convierten en términos de uso global no solo dentro de la escena queer tras 12 temporadas, programas repesca de antiguos concursantes, como ‘RuPaul’s Drag Race All Stars’ o franquicias internacionales como la versión británica.

La drag queen y diseñadora de moda Pepper LaBeija durante una escena del documental ‘Paris is Burning (1990), de Jennie Livingston.

30 años más tarde, HBO estrena ‘We’re Here’, una especie de spin-off de telerrealidad en la que tres antiguas participantes de ‘Drag Race’ – Shangela, Eureka O’Hara y Bob the Drag Queen, tal vez tres de las drag queen del programa con cuerpos y personalidades menos normativas– recorren diversas localidades de los Estados Unidos que distan mucho de parecerse a la América deslumbrante de las series televisivas. Su llegada a las diversas localizaciones, montadas en coloridos vehículos con forma de bolso y en sus plataformas, recuerda a la travesía por los desiertos australianos de las protagonistas de ‘Las aventuras de Priscilla, reina del desierto’ (1994).

Una vez llegan a la ciudad en torno a la que gira cada uno de los episodios, ya sea Twin Falls (Idaho) o Farmington (Nuevo México), se suceden una serie de planos fijos en los que el protagonista es el espacio vacío, sin música, de las calles de la ciudad. El ‘We’re Here’ del título sería el grito de estas drags advirtiendo de su llegada para organizar un show de drag en la ciudad, como si su colorida y popular presencia no fuera ya en sí suficiente declaración de intenciones. En cambio, lo que se encuentran en las calles y locales de las ciudades son miradas de recelo, algunas de ellas incluso amenazantes, recordando que ese espacio está aún por conquistar y que, a pesar de que ya han pasado treinta años desde 1990, hay lugares donde el tiempo para la diferencia se ha detenido. Lo que no puede evitarse es que la diferencia esté allí, que esté luchando por encontrar su propio espacio alternativo, que quiera sentirse parte de la comunidad.

Debajo de la superficie aparentemente uniforme de cada ciudad también es posible encontrar diversidad: hombres heterosexuales que están dispuestos a modificar modelos de masculinidad tóxica que han tenido que adoptar para sobrevivir; gays nativo-americanos que intentan encontrar su identidad dentro de esa tierra de nadie que es pertenecer a dos grupos sociales al mismo tiempo; mujeres que asumen una masculinidad que no afecta a su concepción de género; y madres cuyo sufrimiento tiene su origen en ver cómo sus hijos niegan su identidad para no ser señalados.

Shangela, Bob y Eureka les ayudan a montar el show y todo acaba resultando ser una experiencia liberadora. Podrían ser la versión drag del equipo de ‘Queer Eye’ en las que llegan, transforman a la persona a la que adoptan y se van, dejando a su bebé drag de nuevo en su aislamiento social. Sin embargo, esto no es así: en su performance llena de maquillaje, pelucas y tacones vertiginosos, cada uno de los protagonistas experimenta la sensación de poder que otorga el mostrarse, paradójicamente, tal y como uno es y la aceptación por parte de una comunidad, que también celebra la diferencia. Cada uno se apropia del ‘We’re Here’ de presentación de las tres drags protagonistas para reclamar su posición dentro de sus ciudades. A pesar de la uniformidad imperante, están aquí y, además, están aquí para quedarse.

A través de la pantalla, es difícil no sentir empatía por cada uno de los protagonistas de los diversos capítulos e intentar ponerse en su piel y sentir ese dolor que, en algún momento de nuestras vidas, todos hemos sentido y, desgraciadamente, volveremos a sentir. Todos queremos pensar que en treinta años no es necesario reclamar un espacio social para nuestra diferencia.

Todos esperábamos que esta crisis sanitaria y pandémica haría resurgir todos los valores positivos de la sociedad, pero esas mismas pantallas nos presentan también una sociedad en la que el otro se ha convertido en un potencial enemigo, en donde la movilidad física y social está limitada, en donde un hombre afro-americano muere asfixiado por la acción brutal de un policía y en donde, en un pleno del Congreso, un representante político puede proclamar, ante el aplauso mediático de un número considerable de individuos, que “Decir ¡Viva el 8-M! es decir ¡Viva la enfermedad! Y ¡Viva la muerte!”. Es en esos momentos cuando nuestras vidas se convierten en ese plano fijo de un Branson (Missouri) que necesita llenarse de música, maquillaje y fantasía.

Shangela, Eureka O’Hara y Bob the Drag Queen, protagonistas de la serie ‘We’re Here’. Fotografía cortesía de HBO.

Eduardo García Agustín