La inextricable fiesta de la señora Dalloway

‘Mrs. Dalloway’, de Carme Portaceli
Adaptación de la novela ‘La señora Dalloway’ (1925), de Virginia Woolf
Con Blanca Portillo e Inma Cuevas, entre otros
Teatro Principal
Barcas 15, València
Hasta el 12 de enero de 2020

Erigida en una obra de referencia inexcusable en el devenir del modernismo anglosajón y al calor de la vanguardia literaria de entreguerras, ‘La señora Dalloway’, cuarta novela de la eximia escritora londinense Virginia Woolf, ha visto refrendado su vigor estilístico y denuedo semántico a la sombra requerida y contemporánea de su mayúscula figura y ecuménica autoría.

Por ello, se antoja francamente incitante transitar bajo la techumbre perfumada de la Bright Young People y sus cuitas de interbellum, sobre el espinazo vertebral del monólogo interior y los flujos de conciencia que perfilan la deriva narrativa y, por ende, existencial de Clarissa Dalloway durante la jornada en la que acontece la diégesis –epicentro de los preparativos de una ínclita fiesta de sociedad por la que habrán de sucederse nebulosos episodios del pasado y vestigios idiosincrásicos–, en cuyo microcosmos de atribulados personajes Woolf disemina, mediante un dechado manejo de la analepsis, asuntos tan controvertidos (entonces) como universales (vigentes): insania, depresión y suicidio, represión sexual, lesbianismo, bisexualidad y feminismo, amén de conflictos y turbulencias sociales e intergeneracionales más radicalmente emparentados con el período en el que fue publicada la novela.

Blanca Portillo como Clarissa Dalloway durante un instante de la función. Fotografía cortesía del IVC.

Si con sugerente y dispar resultado, los cineastas Marleen Gorris –’Señora Dalloway’ (1997)– y Stephen Daldry –’Las horas’ (2002), adaptación cinematográfica de la novela homónima de Michael Cunningham (1998), inspirada en la obra de Woolf y que toma por título uno de los enunciados manejados original y transitoriamente por la escritora– hubieron procurado adecuación audiovisual a la compleja y retórica estructura del relato, no debía ser menor la tentación y el brete de transmutar los dominios de ‘La señora Dalloway’ en hacienda escénica.

De este modo, instituida como una de las producciones de referencia de la temporada del Teatro Español, y tras su estancia navideña en el Teatre Nacional de Catalunya, recala en el Teatre Principal del València ‘Mrs. Dalloway’, bajo la dirección de Carme Portaceli –quien rubrica la versión junto a Anna María Ricart y Michael De Cock (director del KVS o Teatro Nacional Flamenco de Bélgica)– y la figura de Blanca Portillo encabezando el cartel (apriorísticos elementos de seducción que justifican su inmaculado resultado en taquilla).

Así, con encomiables propósitos e irregulares aciertos (siendo benevolente) cobran acción morfológica las introspectivas aflicciones de los personajes de Woolf, sintetizados en ocho caracteres y diversas licencias –textuales y tecnológicas– que procuran economizar la puesta en escena y actualizar a las predilecciones coetáneas algunos de los temas explícitos y subyacentes manejados en la obra original.

La actriz Inma Cuevas (Sally). Fotografía cortesía del IVC.

Para ello, Portaceli, Ricart y De Cock se hubieron servido de los diarios y la carta manuscrita de suicido de la escritora con el fin de rubricar una de las más relevantes permutas de la presente versión: los personajes de Angélica (contenida y aséptica Gabriela Flores) –escritora flagelada por trastornos del estado de ánimo y trasunta de Woolf– y su esposo Max (excesivo atletismo y correcta acentuación la de Jimmy Castro), en sustitución del soldado Septimus y su novia Lucrezia. Una decisión de atractivos designios que naufraga en su disposición, al igual que zozobran buena parte de los elementos compositivos –ignominioso cierto empleo de la música original y el espacio sonoro procurado por Jordi Collet y el diseño de video de Miguel Ángel Raió, más propios de un ejercicio audiovisual de conciencia plena o mindfullness– y escenográficos –Anna Alcubierre convierte en insípido galpón las posibilidades de la caja escénica, por la que se pierde y empequeñece el octeto interpretativo, y acierta en el empleo efectista de sucesivos cortinajes que van acortando la perpendicular–.

Porque esta decidida versión de ‘Mrs. Dalloway’ principia y concluye erigida en un documento inextricable, argumentalmente ininteligible sin el sustento de la lectura original, confusa en su constitución, y excesiva, urgente y epidérmica en la evolución sentimental del apremiante arco de sus protagonistas, cuyo elenco actoral supervive con dignidad y cierto oficio. Plausible, aquí, el magisterio habitual de Blanca Portillo –capaz de enaltecer con su prosodia el desnortado rumbo de la obra– y la heterodoxa cadencia de Inma Cuevas, quien logra elevar a Sally por encima de la efervescencia protagónica de la presente señora Dalloway.

Blanca Portillo en la imagen promocional de ‘Mrs. Dalloway’. Fotografía de Sergio Parra cortesía del IVC.

Jose Ramón Alarcón

75 recomendables discos del 2019

Como viene siendo costumbre, otro año más desde Makma no queremos que pase el 2019 sin dejar una serie de recomendaciones discográficas por parte de quien ha estado durante todo el año escribiendo y publicando sobre la más reciente cosecha musical.

Por encima de todo me gustaría remarcar en el ámbito anglosajón británico a Michael Kiwanuka y en el americano a Ezra Furman, ambos con dos estilos muy diferentes pero de enorme calidad e intensidad respectiva, el primero con un estilo más neo-soul y el segundo más enfocado hacia una especie de queer-punk. Y a nivel nacional el donostiarra Rafael Berrio, quien nunca nos falla con obras extraordinarias. Sobre los tres un servidor ha escrito a lo largo del año, tanto en este medio como en el Exile Sh Magazine.

Del notable elenco restante decir que siempre es difícil sintetizar lo más destacable de una añada a nivel musical, que los gustos subjetivos siempre implican parcialidad, que siempre se queda alguien fuera que no debería, pero así he establecido un orden a partir de las sensaciones y emociones recibidas tras la experiencia de muchas horas de audición.

1 – EZRA FURMAN – Twelve nudes (Chicago, USA). Talento y crudeza, todo liberación. Enorme. Obra maestra.

2 – MICHAEL KIWANUKA – Kiwanuka (Londres, Inglaterra). Se consolida definitivamente como lo mejor que hay actualmente de neo-soul.

3 – RAFAEL BERRIO – Niño futuro (Donostia, España). La profundidad lírica del donostiarra no tiene comparación en ningún lugar del mundo.

4 – DAVE KUSWORTH & LOS TUPPER – Cinderella’s shoes (Birmingham, Inglaterra). El británico ha conseguido con los cántabros su mejor disco desde los Bounty Hunters.

5 – WIVES – So removed (New York, USA). Tremendo artefacto con grandes influencias como Lou Reed, Pixies, Sonic Youth…

6 – LAGARTIJA NICK – Los cielos cabizbajos (Granada, España). La desolación, el horror y la barbarie humana en el centro de una obra extraordinaria.

7 – AMY LAVERE – Painting blue (Memphis, USA). Melancolía y armonía en este extraordinario susurro celestial.

8 – THE ROVES – All those freaks (Londres, Inglaterra) . Tesoro británico atípico que desborda melancolía y sofistificación.

9 – DOUG TUTTLE – Dream road (Massachusetts, USA) . Repite con otro excelente artefacto de jangle-pop bucólico y cósmico.

10 – DADDY LONG LEGS – Lowdown ways (New York, USA). Tremendo. Pub-rock y rhythm&blues con el influjo de Flamin Groovies, Dr.Feelgood…

11 – MARK MULCAHY – The gus (Connecticut, USA). El de Miracle Legion y su personal mirada a las influencias de Lou Reed, Rem y Jeff Buckley.

12 – LUTHER RUSSELL – Medium cool (Los Ángeles, USA) . Otra demostración de que es uno de los mejores alumnos de Alex Chilton y de Paul Westerberg.

13 – BETTER OBLIVION COMMUNITY CENTER – Better Oblivion Community Center (Los Ángeles, USA). Mucha química en este dueto formado por Conor Oberst y Phoebe Bridgers.

14 – LOS FUSILES – ¿Quién le escribe al Coronel? (Sevilla, España). Pertenecen a la  mejor escuela rocanrolera nacional, con influencias de Gabinete Caligari o Burning.    

15 – GOSPELBEACH – Let it burn (Los Ángeles, USA). Notables melodías de Brent Rademaker con el complemento del tristemente fallecido Neal Casal.

16 – SON VOLT – Union (Illinois, USA). Nunca falla la calidad en la banda de Jay Farrar, esta vez con mayor activismo y compromiso social.

17 – YOLA – Walk through fire (Bristol, Inglaterra). Exquisito country soul de la vocalista de Phantom Limb, producido por Dan Auerbach.

18 – NEIL YOUNG – Colorado (Toronto, Canadá). El más grande continúa facturando grandes discos y haciendo gala de sinceridad y credibilidad.

19 – ROBERT FORSTER – Inferno (Brisbane, Australia). Nos vuelve a seducir con su misteriosa pureza melódica el antiguo líder de Go-Betweens.

20 – THE DREAM SYNDICATE – These times (Los Ángeles, USA). Nuevo episodio de oscura psicodelia velvetiana en la banda del gran Steve Wynn.

21 – DATURA4 – Blessed is the boogie (Fremantle, Australia). La culminación de una gran trilogía en este proyecto del ilustre Dom Mariani.

22 – DANNY O AND THE ASTROTONES – Introducing… (Londres, Inglaterra). De los mejores discos rockabillys facturados en los últimos años.

23 – CHARLY RIVERBOY – Riverboy (Sevilla, España). Excelente debut en solitario de Carlos Yáñez, paralelo a su banda The Milkyway Express.

24 – STEVE GUNN – The unseen in between (Pensilvania, USA). Mucho talento y calidad en una trayectoria cada vez más asentada.

25 – BANTASTIC FAND – Somebody’s world (Cartagena, España). Folk-rock que dignifica todavía más la herencia de Dylan, Petty, Prine…

26 – BARRENCE WHITFIELD SOUL SAVAGE ARKESTRA – Songs from The Sun Ra Cosmos (Florida, USA). Espectacular homenaje al músico de jazz experimental Sun Ra.

27 – MAD ROBOT – Punk me, kiss me, fuck you (València, España). Rabia, sinceridad, distorsión y melodías adictivas del mejor noise-pop.

28 – THOSE PRETTY WRONGS – Zed for Lulu (Los Ángeles, USA). Orfebrería melódica por el dúo formado por dos ilustres como Luther Russell y Jody Stephens..

29 – NICK ENG – Long shot (Nevada, USA). Melodías dulces y pegadizas, en la línea de Raspberries, Phil Seymour…

30 – MENDIZÁBAL – Disparo revelador (València, España). Indudable calidad melódica y rica lírica en castellano del eusko-valenciano.

31 – GLEN CARDIER – Wild at heart (Sydney, Australia). Incombustible cantautor australiano que podría ser un cruce entre Bruce Springsteen y Willy DeVille.

32 – 091 – La otra vida (Granada, España). Veinticuatro años después han vuelto en estudio con la intensidad de antaño.

33 – THE LEMON CLOCKS – Between time and space (Estocolmo, Suecia). Los sueco-americanos mantienen su brillante línea psicodélica y espacial en este cuarto álbum.

34 – EXFAN – Exfan (Castellón, España). Actitud, crudeza  y cálidas melodías entre el noise-pop, el shoegaze y el post-punk.

35 – PETER PERRETT – Humanworld (Londres, Inglaterra). Otra demostración de que mantiene la llama sagrada de Lou Reed y Tom Verlaine.

36 – THE SEASONGS – Destellos (Madrid, España). Luminosas melodías, contagiosos estribillos, aromas sixties.

37 – EVAN THOMAS WAY & THE PHASERS – Long distance (Oregon, USA). La aventura paralela en solitario del compositor de The Parson Red Heads. Todo armonía

38 – STAR TRIP – Salto al vacío (València, España). Guitarras y voces en perfecta armonía. De la escuela de los escoceses Teenage Fanclub.

39 – THE MUFFS – No holiday (Los Ángeles, USA). Disco póstumo tras la muerte de Kim Shattuck. Todo frescura a pesar de la nota agridulce.

40 – OSCAR BRIZ – El soroll del nostre pas (València, España). Elaboradísimas melodías que demuestran el estado de madurez del compositor de L’Alcudia.

41 – THE LONG RYDERS – Psychedelic country soul (Los Ángeles, USA). El retorno en estudio, 32 años después, de la mítica banda de Paisley Underground.

42 – BB SIN SED – La dirección que no tomo (Barcelona, España). Gran retorno que muestra la vertiente más cruda e inconformista de los catalanes.

43 – ROBYN HITCHCOCK & ANDY PARTRIDGE – Planet England (Londres, Inglaterra). Dos históricos de la new wave perfectamente compenetrados en estas suculentas melodías.

44 – BABY SCREAM – Things u can say to a stranger (Buenos Aires, Argentina). Continúa acumulando grandes canciones el orfebre estilista pop Juan Pablo Mazzola.

45 – CHOCOLATE WATCHBAND – This is my voice (California, USA). Tremendo retorno de la pionera banda de garage y proto-punk.

46 – POPRAVINAS – Willy nilly (Santa Mónica, USA)Powerpop y alt-country entre influencias de The Replacements y Old 97’s.

47 – LOS ETERNOS – Vientos solitarios (A Coruña, España). Muy buen disco de raíces americanas cantado en castellano.

48 – THE GOLDEN RAIL – Sometimes when (Melbourne, Australia). Buen pop melódico en la línea de Go-Betweens, Triffids, Church….

49 – PETER BRUNTNELL – King of Madrid (Kingston upon Thames, Inglaterra). Continúa atesorando grandes y emocionantes melodías.

50 – PAUL ZINNARD – Superfin (Madrid, España). Más canciones repletas de calidad por Carlos Oliver, con el influjo de Petty o Cracker.

51 – THE MAUREENS  – Something in the air (Utrecht, Holanda). Exquisito pop melódico guitarrero en el tercer álbum de los holandeses.

52 – ANA BÉJAR – Everything i say (Jerez, España). Enormes versiones de Nick Cave, Beachwood Sparks, Vic Chesnutt y Donna Summer.

53 – ÒSCAR BRIZ – That old feeling (València, España). Soberbias adaptaciones de clásicos de jazz como Harry Warren, Cole Porter, Nat King Cole…

54 – GERMÁN SALTO – Our lady of the wind (Madrid, España). Pura orfebrería son las nuevas perlas discográficas del madrileño.

55 – ZEBRA HUNT – Trade desire (Seattle, USA). Notable trabajo de jangle-pop que sigue la estela de The Feelies, The Bats, Luna, The Clean…

56 – THE HILL FREQUENCIES – 4000 miles from Mississippi (Málaga, España). Firme promesa de este dúo que practica un hill country blues.

57 – SCOTT GAGNER – Hummingbird (San Francisco, USA). Notables melodías con influencias de The Posies o Elvis Costello.

58 – THE FORRESTERS – About you (Sidney, Australia). Excelsas melodías, preludio de un gran álbum por el histórico Anthony Bautovich.

59 – VIOLENT FEMMES – Hotel last resort (Wisconsin, USA). La banda de Gordon Cano recupera las mejores virtudes de sus primeros tiempos.

60 – THE RUBINOOS – From home (Berkeley, USA). Con la producción de Chuck Prophet estos powerpoperos ganan todavía más en frescura.

60 – THE BOYS WITH PERPETUAL NERVOUSNESS – Dead calm (Glasgow, Escocia). Notables melodías del dueto escocés/español formado por Andrew Taylor y Gonzalo Marcos.

61 – MOTEL MIRRORS – Gotta rhythm (Memphis, USA). Espectaculares revisiones de clásicos por el supergrupo de John Paul Keith, Amy LaVere y Will Sexton.

62 – DAVID WOODARD – Everything in between (Nashville, USA). Gran promesa entre influencias de Teenage Fanclub, Nick Lowe, Elvis Costello…

63 – LE GRAND MIÉRCOLES – Lone gunman theory (València, España). Entre reggae, western y rocksteady ha vuelto este estupendo cuarteto.

64 – THE BLENDOURS – Wrong generation (Iowa, USA). Frescos y contagiosos, entre influencias de Everly Brothers, Buddy Holly o Jonathan Richman.

66 – THE FLESHTONES – Layin’ pipe (New York, USA). Cualquier novedad de los fabulosos de Queens siempre es bien recibida.

67 – GENT DEL DESERT – Això s’ha d’intentar (València, España). Folk-rock muy personal en valenciano, con versiones de Squeeze, Costello, Steely Dan…

68 – THE UNSWEPT – Minor blemishes (Chicago, USA). Notables melodías de esta banda inglesa afincada en Chicago.

69 – ANDREW TAYLOR – Somewhere to be (Glasgow, Escocia). El cantante de Dropkick siempre con sus melodías guitarreras repletas de dulzura y armonía.

70 – FERNANDO GARCÍN – Days of the fall (sin detenerse) (València, España). El trovador valenciano con su particular universo, entre jazz, chanson francesa, folk…

71 – JOE BENOIT – Greetings from Forest Hills, NY (New York, USA). Powerpop melódico con influencias de Matthew Sweet, Weezer, Replacements…

72 – DIESEL PARK WEST – Let it melt (Leicester, Inglaterra). Rock and roll fresco y de calidad, al estilo clásico stoniano.

73 – MOLLY ALPHABET – Broken record (Pennsylvania, USA). Exquisitas melodías que suman con alta nota a la escuela femenina de country.

74 – THE REVERBERATIONS – Changes (Portland, USA). Buen revival de pop psicodélico sixtie con brochazos de garage.

75 – THE DATES – Ask again later (Nevada, USA). Powepop melódico con influencias de Teenage Fanclub, Greenberry Woods, Big Star, Raspberries…

¡Feliz 2020!

Juanjo Mestre

“HAMLET” POR UN SOLO TITIRITERO

“Hamlet” de Bambalina Teatre Practicable
Espectáculo en gira

Después del gran éxito que obtuvieron sus dos montajes más recientes; “La Celestina” y “Fausto”, la compañía Bambalina Teatre Practicable estrenaba el pasado 7 de agosto en el festival Sagunt a Escena “Hamlet”, una de las tragedias shakespeareanas más conocidas.

En la nueva producción, dirigida por Jaume Policarpo, se imponía una considerable limitación técnica al reducir el elenco a un único actor/manipulador, Jorge Valle, que debía asumir la interpretación de los numerosos personajes que recogía la adaptación de Policarpo.

Jorge Valle destacaba por la expresividad de su interpretación; sus manos pasaban de conformar un personaje a otro con una sorprendente agilidad y su voz se adaptaba y modulaba ante una sucesión constante de títeres. Pero la dificultad de mantener durante una hora y media una representación de un ritmo tan trepidante, y de abarcar la manipulación de diez marionetas, se volvía excesiva para un solo actor. De este modo, todo entraba en un cierto código humorístico que desdibujaba necesariamente la carga trágica y la profundidad de la obra y sus personajes. Por otro lado, el considerable esfuerzo físico y psíquico del intérprete, provocaba una especie de angustia en el espectador, una sensación que iba aumentando progresivamente, y que solo parecía acabar con el final de la representación y el descanso del actor.

Fotografía tomada de la representación de «Hamlet» de Bambalina Teatre Practicable.

La escenografía se articulaba como una especie de carrusel giratorio, conformado por una estructura metálica y sencillamente adornado por unas tiras de tela que cubrían el techo. El dispositivo contaba con una especie de barra central de la que colgaban los títeres cabeza abajo, de tal modo que Valle tan solo necesitaba elevarlos y colgarlos de unos enganches superiores para que el público los viera. Jaume Policarpo, también escenógrafo de la obra, nos presenta un mundo giratorio, una estructura que no deja de dar vueltas de un lado a otro entorno a un mismo eje. Es casi un tiovivo, un carrusel en el que no se avanza hacia ninguna parte. Tan solo en ciertos momentos, los personajes pueden salir de esa rueda infernal, e incluso observar su giro desde fuera.

Vista de la escenografía creada por Polisario para «Hamlet».

Durante la representación, eran frecuentes los juegos entre realidad y ficción, se señalaba que aquello que estaba ocurriendo en escena era en verdad una historia, una narración contada por un actor. Este mismo juego está en la obra de Shakespeare, hay una ficción y una realidad que se confunden, que se entremezclan; la ficción es a veces un modo de clarificar y mostrar la realidad, una realidad que es al mismo tiempo un fingimiento y una mentira. Tan solo en un momento, Valle se despega del títere, ya no confiere su voz a una marioneta, a una máscara, ya no hay un rostro que se oculta tras un rostro, es Hamlet dejando la comedia.

Fotografía tomada de la representación de «Hamlet» de Bambalina Teatre Practicable.

La compleja restricción que se impuso Policarpo, a pesar de estar llevada con sorprendente maestría dada la hazaña impuesta, tal vez se volvió un reto de excesivo riesgo, que implicó la perdida de aspectos fundamentales de la obra en favor de una proeza que, al fin y al cabo, tampoco aportaba un valor significativo. Puede que, en un deseo por esencializar la sumamente compleja tragedia shakespeareana, abarcándola desde la simplicidad más absoluta, se haya acabado perdiendo en la esencialidad misma de la obra que tanto se perseguía.

A pesar de todo ello, y como en todas las representaciones de Bambalina que haya podido ver, conseguían momentos de una singular belleza e ingenio. Me fascinaba la forma de aprovechar el espacio y de disponer los objetos en él. Con pocos recursos simulaban un universo rico y complejo; las imágenes se perfilaban en la mente del espectador, mientras que su imaginación se desplegaba al amparo de una representación que estaba cargada de ternura y de verdad.

Sofía Torró Álvarez.

Todo sobre (mi) Berlanga

Trayectos (des)esperanzados: de ‘París-Tombuctú’ (Luis García Berlanga) a ‘Todo sobre mi madre’ (Pedro Almodóvar)
XIX Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico
Cátedra Luis García Belanga de la Universidad CEU Cardenal Herrera
Palacio de Colomina
Almudín 1, València
Lunes 8 y martes 9 de diciembre de 2019

Elías Durán, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU Cardenal Herrera, inauguró las XIX Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico, organizadas por la Cátedra Luis García Berlanga, un proyecto que lleva varios años en pie y que pretende dar a conocer la vida y obra de Luis García Berlanga, intentando llegar a todas las generaciones posibles mediante el análisis y la comparación de sus películas con otras de directores de su misma generación, en particular, y del cine español, en general.

De izquierda a derecha: José Luis Moreno, Elías Durán, Juan Viña y César Martí. Fotografía: Eva Min.

Las jornadas contaron con personalidades como César Martí, director de contenidos de À Punt Mèdia; José Luis Moreno, director adjunto de Audiovisuales y Cinematografía del Institut Valencià de Cultura; Juan Viña, presidente de la Fundación Cañada Blanch; los analistas cinematográficos y miembros de la revista Trama y Fondo Jesús González Requena (Universidad Complutense de Madrid) y Luis Martín Arias (Universidad de Valladolid); Toni Cantó, actor y político; Rafael Maluenda, cineasta y gran conocedor de la obra de Berlanga; Javier Rioyo, periodista, escritor y cineasta, actual director del Instituto Cervantes de Tánger; y Julián Núñez, ayundante de dirección de Berlanga y Almodóvar, entre otros.

El cineasta Rafael Maluenda durante su conferencia. Fotografía: Eva Min.

Durante el acto inaugural, Juan Viña, a partir de la interrogante «¿Cuándo un trabajo se convierte en obra de arte?», que él mismo planteó, señaló que «yo, que vengo del campo de la ciencia, se me ocurrió formular esta pregunta, y para su difícil respuesta pensé en la originalidad, porque esta originalidad capta la imaginación; la segunda característica de la obra de arte es que perdura en el tiempo, y la tercera es que nos permita y nos haga ver el mundo del cine y de la ciencia».

José Luis Moreno indicó, por su parte, que «Berlanga, aparte de ser internacional e universal, es el dios del cine valenciano», y estimó que la presente temática de las jornadas eran, además, un magnífico «preámbulo antes de empezar a preparar el centenario de su nacimiento en 2021». Moreno, además, dio a conocer tres acciones que tiene pensadas para el IVC: docencia con talleres, seminarios y actividades, conferencias («hacer que el esfuerzo en el análisis de cine aumente, lo que hará que salgan nuevas interpretaciones»), proyectos científicos («mediante la exposición de la vida y obra de Luis García Berlanga») y los productos audiovisuales donde se proyectarán documentales.

Si durante las jornadas la mayoría de ponentes hablaron de las dos grandes películas del cine español protagonistas de estas –’Todo sobre mi madre’ (Pedro Almodóvar, 1999)’ y ‘París-Tumbuctú (Luis García Berlanga, 1999)’–, Jesús González Requena profundizó en la primera, haciendo un análisis minucioso de la figura de la madre y, de esta forma, de la ausencia del padre.

Jesús González Requena realizando su comparación y análisis durante las jornadas. Fotografía: Eva Min.

«Si es todo sobre mi madre, simultáneamente, es nada sobre mi padre. Para que pudiera haber algo para el padre habría que restar algo al todo originario de la madre. Sería necesario, en suma, que se produjera el complejo de Edipo, el proceso por el cual el individuo sale de esa relación originaria para nacer como persona independiente».

Por otro lado, hablemos de ‘La cuestión del padre o el padre en cuestión’. Así tituló su conferencia Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, en la que realizó una comparación entre las dos películas que se trataron en el evento, apuntando que «la sexualidad está relacionada con la soledad; soledad que queda manifestada maternalmente y en el todo para el otro».

De este modo, «dos universos y trayectos donde la paternidad y el propio marido son epidemias. Ante este eclipse, es la presencia materna, en su protagonismo femenino, quien toma las riendas. Por tanto, la herida abierta de la muerte del hijo que dio lugar al trayecto se cierra con este nuevo hijo, llenando el hueco, protagonizando esta película, el título (‘Todo sobre mi madre’), donde nada falte sobre ella y su hijo. Es ese goce femenino el que se enfrenta a la cultura patriarcal».

Además, Siles comenta que «el miedo que aparece en el cartel de Osborne al final del filme ‘Paris-Tombuctú’ está vinculado con la dialéctica del goce femenino y los valores de la sociedad moderna y, a su vez, relacionado con el surrealismo de autores como Buñuel, Dalí o Ramón Ramírez de la Serna. La sociedad le tiende las trampas suficientes para que se produzca el suicidio individual o colectivo».

Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, y Salva Torres, miembro de Trama y Fondo y director de MAKMA, durante la presentación de la ponencia. Fotografía: Eva Min.

Finalmente, como no podía ser de otra manera, acaba su ponencia con el concepto de lo berlanguiano: «Aquello que convierte las películas en crónicas de un fracaso».

Otro de los principales invitados a estas jornadas fue Toni Cantó, actor y político español, actual portavoz de Ciudadanos en Les Corts Valencianes, quien se siente un privilegiado por haber tenido una estrecha relación con Berlanga y por haber vivido una experiencia unida con Almodóvar, quien, según sus palabras, «es un director que está pendiente de todo y de todos para que absolutamente todo vaya como él quiere y que nada ni nadie se quede sin ese vistazo».

El mundo de la interpretación y de la política son tan distintos que ha sido muy curioso de sobrellevar y que no ha acabado de entender. Cuando entró en el Congreso por primera vez, en calidad de diputado, estaba haciendo una obra de teatro, de la que destaca una frase: «Los actores tenemos la memoria en los pies (poner el texto en pie, practicarlo), y ni los políticos podían entender qué hacía en un teatro ni los actores podían comprender qué hacía en el Congreso de los Diputados».

Sin embargo, nunca ha abandonado ninguno de ambos. De hecho, Cantó expone que »es difícil conseguir que el público aplauda hasta levantarse y que, si es así, ese es el mayor espectáculo que el actor puede llevarse consigo».

Toni Cantó, junto a José Enrique March (CEU), durante su ponencia. Fotografía: Eva Min.

Además, endulzó su charla mediante diversas anécdotas, una de las cuales tenía a una mosca como accidental protagonista de uno de sus planos en ‘Todo sobre mi madre’, hecho que provocó que el director manchego hiciese más caso al insecto que a su propia interpretación: «En aquel momento, a Almodóvar le encantó ese detalle, ya que la muerte estaba sobrevolando a mi personaje, y eso fue algo que valoró mucho».

Para acabar, durante el turno de preguntas, comentó que se deberían introducir materias vinculadas con la escena y la interpretación en la educación: »¿Por qué no me dieron danza en vez de educación física? ¿Habría conseguido un vehículo de expresión del que ahora carezco? Lo más grande que me ha brindado el teatro es ir conociéndome mejor a mí mismo, porque no puedes entrar en un personaje si no sabes cuál es tu persona y tu propio carácter. Lo mágico y lo bonito de la interpretación funciona cuando no estás tú y está el personaje. Sale solo, no sabes cuándo. Introduzcamos las artes y la cultura de forma más decidida y confiemos en quienes saben».

Finalmente, los #EncuentrosCañadaBlanch, patrocinados por la Fundación Cañada Blanch, contaron con la figura del periodista y cineasta Javier Rioyo, quien vino ex profeso a las jornadas desde Tánger –ciudad en la que es director del Instituto Cervantes, tras su paso por las sedes de Nueva York y Lisboa– para conversar en torno de ‘Luis García Berlanga: un mal español’.

«Yo vivo de lo que he visto, vivido y viajado. ‘Un mal español’ se me ocurrió cuando supe que acudiría a estas jornadas para hablar de Berlanga», indicó Rioyo, quien empleó irónicamente este apelativo sobre el director valenciano a propósito de la conocida respuesta del dictador Francisco Franco tras visionar ‘El verdugo’. Y es que Berlanga –quien participó con su testimino sobre la División Azul en el documental ‘Extranjeros de sí mimos’ (Javier Rioyo y José Luis Linares, 2000)– “era un ilustrísimo liberal, un hombre que no había negado nada de su pasado aunque parecía poco ejemplar. Era un hombre muy interesante, muy cercano, un guarro limpio, afectuoso sin ser ninguna pegajoso, educado sin pasarse, divertido sin contar chistes, generoso sin tener un duro, un intelectual antipedante. Era vanidoso disfrazado de gente elegantemente sencilla, sin esfuerzos, elegancia natural en sus formas, dubitativo con una ametralladora cargada, desigual, inquieto por casi todo, republicano y burgués liberal».

Javier Rioyo, junto a Jose Ramón Alarcón (MAKMA), durante un instante de su intervención. Fotografía: Eva Min.

Rioyo cuenta que Buñuel dijo, en varias ocasiones, que después de ver películas sería cineasta, y que Berlanga pronunció las mismas palabras después de leer ‘Don Quijote de la Mancha’, que fue ahí cuando pensó que el cine merecía la pena. A pesar de su proximidad generacional, inquietudes y amistad, sus caminos fueron muy alejados.

En cuanto a su relación profesional con el guionista Rafael Azcona, Rioyo considera que «Berlanga, en soledad, habría hecho cosas espléndidas, pero junto Azcona ha hecho cosas espectaculares». De este modo, si «lo que hace Valle-Inclán con el teatro es modelar un espejo cóncavo del Callejón del Gato y, después sale el esperpento, en el caso de Berlanga-Azcona es lo mismo: la realidad que trataban en sus películas era lo que pasaba en la calle».

En ese sentiddo, «Fernando Fernán Gómez también pertenece a esa tribu heredera de España de actuar en la vida y en las películas; la picaresca es nuestra manera de contar nuestro siglo más lujoso, donde el Imperio, con la miseria al lado, era lo más absoluto, así como parte de la pintura española y pintura negra, humor negro». Por otro lado, «Berlanga era un gran lector, no solo del español, sino también de otros idiomas como el francés. Un ilustrado».

Para concluir su intervención, Javier Rioyo compartió con el público una anécdota seria con un toque de humor, como habría hecho Berlanga. Cuenta que, hace unos años, durante unas ponencias con motivo del 50 anviersario de ‘¡Bienvenido, Mister Marshall!’, en las que participaba junto a Berlanga, José Luis García Sánchez y Luis Alegre, entre otros, recibieron la noticia del fallecimiento del cineasta Juan Antonio Bardem («Bardem y Berlanga se querían y se odiaban», matizó Rioyo). Al escuchar la noticia, Berlanga se quedó bloqueado, pero, de repente, pronunció las siguientes palabras: «Vámonos a algún sitio a ver el partido, que juega el Valencia».

«Sin hablar durante los 90 minutos para no pensar en ello, haciendo como que veía el partido, haciendo no sé qué y no sé cuántos… Ahí me di cuenta de que ese también era Berlanga: ‘¡Joder, tengo miedo! ¡Se acaba de morir y yo no quiero morir!’. Cuando ya había hecho la última película, y parecía que no iba a rodar más, se propuso a sí mismo buscar una nueva producción, todavía quiso seguir trabajando y seguía teniendo esas ganas de contar cosas y ver y escuchar a gente que también las contaba. Echaba de menos un mundo y se dio cuenta de que le pertenecía y ya no lo tenía: sus amigos, sus mujeres, el humor berlanguiano, Berlanga…», concluyó Rioyo.

Estudiantes de Comunicación Audiovisual de la UCH-CEU durante un instante de las jornadas. Fotografía: Eva Min.

Epílogo a unas jornadas, un año más, llenas de historias y anécdotas contadas en primera persona, que dejan huella en profesores, ponentes, oyentes y, sobre todo, en generaciones de alumnos que están estudiando para llegar a ser como nuestro cineasta valenciano por excelencia o, al menos, que se acercan cada día un poco más a la profesión. Una profesión llena de avatares y experiencias inolvidables que culminan en planos subjetivos, porque ¿qué mejor manera de expresar lo que siente el personaje desde su propio yo? ¿Acaso los futuros cineastas no van a sentir en sus pieles lo que alguna vez ha sentido ese personaje? ¿Acaso Berlanga no ha contado la realidad española desde su humor más interior? ¿Acaso el futuro cinematográfico no está en manos de los grandes emprendedores que aprenden observando y copiando a los grandes?

Irene Valdés

Majestuoso Michael Kiwanuka: destacados discos 2019

Artista: Michael Kiwanuka
Álbum: Kiwanuka
Año: 2019
Discográfica: Polydor

Michael Kiwanuka. Imagen de su página facebook

Lo de este británico de ascendencia ugandesa, vecino del Muswell Hill -el barrio de los Kinks-, con influencias musicales dispares que van desde Bob Dylan a Otis Redding pasando por Van Morrison, Radiohead, Bill Withers, Marvin Gaye…, es ya digno de tener muy en cuenta. Tenía todos los focos puestos en su tercer álbum y ha superado este examen con creces, obteniendo la mejor nota posible y convirtiéndolo en uno de los trabajos discográficos internacionales más interesantes del 2019.

Michael Kiwanuka. Imagen promocional con su último disco

Atrás quedan ya los tiempos en que Michael Kiwanuka sorprendió con el folk-soul de «Home again» (2012) o con el bombazo internacional de «Love & hate» (2016) donde certificó la posibilidad de convertirse en un artista de élite y de largo recorrido, compaginando calidad con popularidad gracias a canciones como «Cold little heart», adaptada para la banda sonora de la serie televisiva «Big little kiss», y «Black man in a white world», reconvertida en himno de lucha para la población negra estadounidense.

Portada imagen disco Kiwanuka

Ahora, con una especie de lienzo de un supuesto rey africano en la portada y un contenido asombroso nos desborda emocionalmente y nos induce a pensar de que por fin estamos ante el verdadero monarca de neo-soul.

En «You ain’t the problem», otro indudable hit en su repertorio gracias al cadencioso ritmo de funk, de rythm&blues sixtie y de ese contagioso estribillo de «la la la la la», nos habla del amor que ciega, de malos entendidos en las relaciones sentimentales y de que el tiempo cura el dolor.

Imagen de Michael Kiwanuka en videoclip «You ain’t the problem»

Incide en esa línea de forma más académica con la sensación rítmica de «Rolling», entre aires lisérgicos del R&B sixtie británico que desembocan en una tremenda melodía de tintes gospelianos como es «I’ve been dazed», donde queda bien claro que al final el amor es la respuesta.

Diversos pasajes breves de sofisticada instrumentación dotan en mayor medida a «Kiwanuka» de cierta conceptualidad, sirviendo de introducción a una solemne y sobrecogedora balada como «Piano joint (this kind of love)» con el amor otra vez de bandera contra la presión y contra los enemigos, en «Living in denial» o en ese soberbio e inquietante lamento que es «Solid ground».

Imagen Michael Kiwanuka página facebook

Pero aún queda más. «Hero» es sublime con su guitarra tan Hendrix, además de que apunta a convertirse en otro himno sobre los derechos raciales. Y por último, «Hard to say goodbye», «Final days» y «Light» son las grandes camufladas, auténticas gemas entre arreglos y coros celestiales que sirven para acrecentar la grandeza de este discazo.

Cartel de la gira española 2020 de Michael Kiwanuka

«Kiwanuka» será presentado en España dentro de su gira promocional mundial. Tres fechas del 2020 como son el 12 de mayo en Zaragoza (Sala Oasis), el 14 de mayo en Madrid (La Riviera) y el 15 de mayo en Barcelona (Razzmatazz). Tres oportunidades extraordinarias para disfrutar de este genio en directo. Ahora es el gran momento de verle.

Juanjo Mestre

Desgarrador Ezra Furman: destacados discos 2019

Artista: Ezra Furman
Álbum: Twelve nudes
Año: 2019
Discográfica: Bella Union

Ezra Furman. Imagen promocional del último álbum «Twelve nudes»

A estas alturas de la trayectoria de Ezra Furman pocos dudan de que estamos ante uno de los grandes geniecillos de las últimas generaciones rocanroleras. Dentro de ese recorrido que comenzó en el 2007 acompañado por los Harpoons ha ido madurando con canciones enormes, aunque a la mayoría de álbumes siempre les sobró algo y les faltó homogeneidad.

Portada del disco «Twelve nudes» de Ezra Furman

En base a su talento tenía que llegar tarde o temprano un álbum redondo. Lo que pocos imaginaban y lo que a más de uno puede asustar es que esa masterpiece tuviera como base y esencia el punk-rock. Ojo, «Twelve nudes» no es el típico punk de barrio ni una reproducción de clásicos británicos o americanos en ese estilo, tampoco es grunge o similares. El de Chicago prefiere definirlo como queer punk, un término que me parece muy apropiado debido a diversos factores, desde lo inusual del resultado musical a la identificación con una orientación sexual o expresión de género dentro de la diversidad LGTBI, enfocada a modificar el concepto binario de sexualidad dominante, ese que acaba estigmatizando y discriminando.

Ezra Furman. Imagen videoclip «Thermometer»

Inspirado el título en el poema «El ensayo de cristal» de Anne Carson, su contenido es un auténtico viaje desgarrador, intenso, autorreflexivo y emocional, repleto de ansiedad, temor, rabia y crudeza. Entre las piezas más demoledoras «Calm Down aka I Should Not Be Alone», «»Rated R Crusaders», «Thermometer», «Blown», «My teeth hurt» y «Trauma». Del resto adquiere mayor compromiso social en «Evening prayer aka justice», mayor actitud denunciante en «Transition from nowhere», mayor ironía patriótica en «In America» y finalmente, entre tan suculento material, emerge un imponente himno sobre el amor imposible como es «I wanna be your girlfriend».

Ezra Furman. Imagen videoclip «I wanna be your girlfriend»

Digamos que este candidato a mejor trabajo discográfico del 2019 es un auténtico grito de liberación ante la frustación. Por todo lo expuesto absténganse del mismo los puristas del rock clásico y, muy especialmente, los retrógrados, carcamales, cavernícolas y reaccionarios ultraconservadores que andan tan creciditos en los últimos tiempos. Difícilmente podrían entender la magnitud de esta obra maestra. 

Juanjo Mestre

Estremecedor Rafael Berrio: destacados discos 2019

Artista: Rafael Berrio
Álbum: Niño futuro
Año: 2019
Discográfica: Rosi Records

Imagen extraída de la página de Facebook de Rafael Berrio. En el estudio, con la grabación de «Niño futuro».

Hace poco me vi envuelto en un debate con unos kamaradas (sí, con k, como me gusta denominarles) sobre las virtudes de Rafael Berrio en una década 10 a punto de extinguirse, ya que al menos a nivel musical se tiende a analizar ese bloque cuando cambia la cifra de la decena. Nadie dudaba de la valía, talento e importancia del donostiarra pero un sector pensaba que sus principales valedores exagerábamos.

Como defensor acérrimo de Berrio me encantó que uno de mis más cercanos coincidentes manifestase en la amistosa controversia que tal vez estemos ante el mejor músico de los últimos 10 años. Reflexionando detenidamente después sobre ello llegué a la conclusión de que no me cabe la menor duda. Sí, no conozco ningún compositor, cantante o banda de pop-rock que en los últimos diez años haya parido cuatro estratosféricas obras maestras consecutivas del nivel de «1971» (2010), «Diarios» (2012), «Paradoja» (2015) o el más reciente «Niño futuro» (2019). Y ya no me refiero exclusivamente a España sino a todo el mundillo anglosajón donde más me prodigo. 

Imagen extraída de la página de Facebook de Rafael Berrio. En el estudio, con la grabación de «Niño futuro».

Vayamos a «Niño futuro». Tenía el difícil trance de estar a la altura de una «Paradoja» que, gracias a unas letras existencialistas e influencias musicales de Lou Reed, sedujo tanto a un sector de la crítica especializada como a los más fans, aumentando su popularidad dentro de la geografía estatal, aunque mejor sería hablar de prestigio pues continúa manteniéndose como músico de culto para minorías selectas.

Portada del disco «Niño futuro» de Rafael Berrio

En una admirable evolución Rafa superó el reto y «Niño futuro» apunta a convertirse también en otro clásico nacional que será reconocido en su justa medida con el transcurso del tiempo, donde ha excavado en su universo y donde ha disminuido su aparente crudeza en pro de unas melodías sumamente elaboradas y barnizadas de un sofisticado pop-rock. 

Imagen extraída de la página de Facebook de Rafael Berrio. Actuación de Rafael Berrio

La poesía de la perdición en «Dadme la vida que amo», la deriva personal en «Considerando» con el acompañamiento femenino de Virginia Pina, el examen interior en «Mi álbum de nubes del cielo», el absurdismo de «Sísifo releva a Sísifo», el estremecedor duelo de «Tu nombre», la mística de «Abolir el alma» con otra compañía femenina como Elena Setién, la negrura onírica de «El horror», las intimidades de «Las tornas cambian», el inmenso catálogo revuelto de «Niño futuro» y ese descubrimiento infantil sobre la magia en «El truco era un resorte» son argumentos suficientes para reconocer que estamos ante otro portentoso artefacto sónico de nuestro letrista más culto y más peculiar.

Como dijo otro buen amigo deberían quemar todos los libros actuales de historia de la música pop donde no aparezca Berrio. La década 10 ha sido la suya. Larga vida a Rafael Berrio.

Juanjo Mestre

«O que Arde»: un bello canto a la Galicia rural.

Dirección: Oliver Laxe
Reparto: Amador Arias, Benedicta Sánchez
Título en V.O: O que arde
País: España
Año: 2019
Género: Drama
Guion: Santiago Fillol, Oliver Laxe
Fotografía: Mauro Herce.

Nos introduce en la historia el sonido de los eucaliptos bambaleándose en el aire un instante antes de caer, arrancados por enormes máquinas que avanzan en la oscuridad del bosque. No hay música de fondo, ningún adorno, ninguna sucesión constante de imágenes que emboten los sentidos; tan solo un profundo y embriagador silencio, interrumpido solamente por los golpes de los monumentales árboles que se desploman ante la fuerza de la máquina letal.

“O que Arde” es una película de 2019 dirigida por Oliver Laxe y escrita conjuntamente entre el mismo Laxe y el guionista argentino Santiago Fillol. Los actores principales, Amador Arias y Benedicta Sánchez, nunca antes se habían puesto delante de las cámaras; fueron escogidos por Laxe entre más de 300 candidatos, todos provenientes de los alrededores de las montañas lucenses. La selección de actores sin experiencia se debe a la intención por parte del director de capturar la verdad, una verdad que solo podrían reflejar las gentes del lugar. Y es que Laxe parece perseguir siempre esa mismo intención en todos sus films; la de crear una obra de una profunda sinceridad.

La película obtuvo el premio del jurado de Cannes, en la sección Un Certain Regard. Pero no es la primera vez que Laxe acude a este festival y sale de allí premiado. Ya ocurrió en 2010 con su película “Todos vós sodes capitáns» (Todos vosotros sois capitanes) con la que obtuvo el premio FIPRESCI. Y volvió a acudir en 2016 con “Mimosas”, una película rodada en Marruecos por la que le concedieron el premio de la crítica.

“O que Arde” se rodó en Os Ancares, tierra natal de la familia de Laxe. Viendo la película no dudé por un instante: estos son los bosques en los que nacen las meigas, sobre los que narra Wenceslao Fernández Flórez en su obra “El bosque animado”. En toda la película se percibe la existencia de un vínculo indestructible, profundo, entre el ser humano y la naturaleza. La naturaleza puede ser un hogar, un cobijo, un lugar en el que resguardarse, pero también un ente destructor y violento. Esa dualidad vital se recoge aquí con maestría, en lo que parece ser un bello canto a la vida y a su complejidad.

Benedicta Sánchez resguardándose de la lluvia. Escena de «O que Arde».

La narración comienza cuando liberan a Amador de la cárcel después de cumplir condena por haber provocado un incendio. Puede entonces regresar a casa con su madre, Benedicta, y vivir de nuevo conforme al sosegado ritmo de la naturaleza. Allí cuida de sus tres vacas y de Luna, su perra. Pero un tiempo después de su llegada un incendio arrasa la zona, provocando terribles destrozos. Hay así varios temas significativos que resuenan en la película: la vuelta al hogar, la mirada del otro, la vergüenza pública, la relación entre madre e hijo, la complejidad humana y nuestra incapacidad para abarcarla y comprenderla en profundidad.

Sin duda, el trabajo de Mauro Herce con la fotografía es muy destacable. Las imágenes se recrean en la belleza de la impresionante naturaleza gallega en todas sus formas; la niebla que baja a las colinas y difumina las formas de los bosques, la lluvia que mantiene el verdor y regenera la tierra, pero también la innegable belleza del fuego destructor, del paraje quemado y destruido, de lo que vive y muere en este ciclo eterno que es la vida.

Benedicto Sánchez recorriendo el bosque quemado. Escena de «O que Arde».

La transformación que no cesa, el tiempo imparable y cíclico, son dos conceptos esenciales en el film. Amador sale de la cárcel en invierno, la luz es sombría, llueve, el personaje aún esta recogido, ensimismado. A medida que pasan los meses llega la primavera, todo comienza a renacer, florece la vida que antes estaba oculta, la luz se vuelve dorada y brillante, y así, poco a poco, también parece desplegarse un poco más el alma de Amador. Pero pronto vuelve el otoño, y este da paso al invierno; de nuevo la oscuridad y la sombra, y con él, el fuego.

De modo que podríamos decir que existen tres tiempos en la película. Una primera parte de oscuridad, de penumbra. La parte central, de mayor serenidad y ligereza. Y una parte final en la que de nuevo reinan las tinieblas. Esta sombra final se manifiesta curiosamente en un elemento de luz, el fuego, pero que a su paso es destructivo y ennegrecedor.

Uno de los bomberos tratando de detener el fuego. Escena de «O que Arde».

Resulta significativo lo poco que se intenta indagar en por qué los personajes actúan como actúan. No hay un análisis psicológico de sus motivos internos, no se intenta saber qué los impulsa, ni si quiera sabemos si Amador incendia finalmente el bosque. Son personajes a los que de algún modo no podemos acceder, tan solo contemplar como se comportan, algo que al fin y al cabo, es más verídico que ninguna otra cosa. Eso no nos impide empatizar con Amador, lamentar su suerte, y tratar de imaginar si es culpable o no. Es más, enfatiza el deseo de saber del espectador, el deseo de comprenderle.
En cuanto a la técnica, observamos muchos planos fijos que se recrean en una imagen concreta, de tal modo que el espectador puede profundizar en esas visiones y comprenderlas de otro modo. También son frecuentes los travellings de cámara para mostrarnos la belleza de la naturaleza y de su destrucción: el fuego, su textura, su potencia, sus chispas, cómo se eleva y cómo luce en la noche. A los personajes muchas veces los observamos de espaldas, escondidos detrás de objetos o de su propio cuerpo.

Benedicto Sánchez y Amador Arias. Escena de «O que Arde».

Una de las cosas más destacable del trabajo de Laxe es la sabiduría con la que utiliza la pausa, ¡qué silencio tan necesario y envolvente! Aumenta la fuerza de las palabras, permite respirar, y está cargado de significado. Si algo captura al espectador es la simplicidad con la que se narra lo complejo, la naturalidad de las relaciones humanas. Es simplemente bella.

O que arde parece representar la melodía del son gallego, parece aspirar a recoger y preservar la esencia misma de su gente y su montaña, en las que se respira sencillez, sensibilidad, belleza, y al mismo tiempo una rudeza y brutalidad animalesca. Es un mundo que desaparece, una realidad que se esfuma y arde bajo el dominio de la modernidad.

Escena del incendio de «O que Arde».

Sofía Torró Álvarez

‘La figura de cartón’, de G. Aróstegui, en València

‘La figura de cartón’, de Gonzalo Aróstegui Lasarte
Presentación en George Best Club
Alzira 12, València
Sábado 16 de noviembre de 2019 a las 19:00

Gonzalo Aróstegui y su nuevo libro ‘La figura de cartón’.

‘La figura de cartón’ es el tercer libro que publica el carismático y alternativo Gonzalo Aróstegui, tras ‘Madrid 3’ (2004) y ‘En los antípodas del día’ (2012), profundísimo conocedor de temas musicales y cinéfilos, y fundador y creador del reconocido blog Ragged Glory.

La obra, con perfil de pura edición independiente, vio la luz a través de una campaña previa de micromecenazgo en la editorial Libros.com, y se presenta con un sugerente subtítulo: ‘Relatos de juventud, dolor y violencia’.

En su contenido –relatos con cierto orden o carácter cronológico– Aróstegui se inspira en experiencias tanto ajenas como personales o ficticias, dejando al descubierto emociones juveniles con anécdotas variopintas que van desde un concierto de Iggy Pop a sucesos relacionados con discos de Bob Dylan, Lou Reed, o pasajes que hacen referencia a descripciones de hipotermias nocturnas, reuniones de juegos de cartas, tabaco, whisky, relaciones sexuales, explotación laboral, conciencia social o críticas al sistema.

El libro, que pone en evidencia un estilo personal muy reconocible, fue presentado por primera vez el pasado 12 de septiembre de 2019 en Madrid, y ahora se presenta en el George Best Club de València, lugar de culto a la música y donde Aróstegui se dejó ver por última vez en la ciudad momentos después de la presentación del libro publicado por MAKMA ‘1050 Discos Cardinales’, en cuyo acto participó con una documentada aportación.

En esta ocasión se invierten los papeles, y Aróstegui estará precisamente acompañado por el crítico musical de MAKMA Juanjo Mestre, autor del citado libro «1050 Discos Cardinales», quien realizará la introducción a modo de anfitrión y participará en el coloquio con el autor.

Cartel presentación de ‘La figura de cartón’ en el George Best Club de València.

Una buena oportunidad para disfrutar de los conocimientos musicales de este tándem, y para salir con el ejemplar firmado y con dedicatoria de Aróstegui.

Vicente Chambó

Madrid noir circa José Luis Garci

‘El crack Cero’, de José Luis Garci
Nickel Odeon Dos, 2019

“El escritor realista habla de un mundo en el cual
los gánsters pueden gobernar las naciones y casi gobiernan las ciudades…
donde nadie puede parar en una calle sombría, porque la ley y el orden son temas de conversación, pero se evita cuidadosamente hacerlos respetar…
Es un mundo que no huele muy bien, pero es el mundo en que vivimos»
(Raymond Chandler, ‘El simple arte de matar‘)

Un hediondo sótano al que Chandler desciende con voluntad etopéyica para analizar el género y sus túrbidos aromas, porque deba ser la ciudad la que ofrece, ineludible, las pútridas bajantes hacia las alcantarillas del mundo. Un orbe lóbrego y negro, una metrópoli confusa y negra. Un mundo noir, una ciudad noir.

Alojadas en el acervo literario y fílmico, las calles/meandros del Pacífico esconden sucesos y miradas crepusculares sobre la bruma falconiforme y maltesa de San Francisco (Dashiell Hammet & John Huston) o la perdición (James M. Cain & Raymond Chandler & Billy Wilder), onírica y sempiterna (Raymond Chandler & Howard Hawks), del tórrido lupanar de Los Ángeles.

Germán Areta (Carlos Santos) y El Moro (Miguel Ángel Muñoz) durante un instante de ‘El crack Cero’, de José Luis Garci.

Un modo de aventurarse por la vesania citadina, melanítica y existencial, al uliginoso abrigo de tumorosas costuras, nihilistas y extrínsecas, con las que hidratar, por estos predios, la urbe de secano, árida, desventurada y castiza, de la capital, que huele a gambas a la gabardina y sabe a churros y chinchón. Un Madrí de ateneos y pulmonías, en el que los crímenes uniforman las casas de lenocinio, con su pasión cobriza de ceniceros, adulterio y baquelita. Madrid diurno y gélido; Madrid nocturno, febril e incandescente; Madrid noir.

Y uno rinde, así, tributo lírico (venial apropiación) a la pertinente y lúcida estampilla –’Madrid Noir’ con la que el escritor Javier Valenzuela hubo significado su más reciente novela, ‘Pólvora, tabaco y cuero’ (Huso, 2019), para recorrer, con voluptuosa fruición, los sumideros de nicotina, brandi y alcanfor que revelan, como una radiografía, la naturaleza, obscura y excelsa, que habita en el horizonte estético y matritense imaginado por José Luis Garci; un intermitente e imprescindible cineasta al que se la ha reproducido una virtuosa erupción de pesadumbre, luces de neón y escepticismo en forma de trilogía urbana, infausta y renegrida.

Porque palpita en la mirada de Areta (Landa/Santos, Santos/Landa) la aflicción de un tiempo agotado e irresoluto, desnortado por las cloacas de la certidumbre; esa que a los tipos con “cara de daguerrotipo” les hace arrastrar consigo un perfume de derrota que expurgar en los extintos cines de Gran Vía, frente a los cuadriláteros de Santa Eugenia o sobre el tapete de los billares de Vallecas, haciendo “la carrera del señorito” al mus junto esos camaradas que le auxilian a uno a desplumarse de tanto dinero sucio.

‘El Último Crack’, un homenaje de Javier Di Granti al Madrid retratado por José Luis Garci en ‘El crack’ y ‘El crack Dos’.

Y parece natural regresar, en blanco y negro, al interior de los galpones, archivos y bibliotecas, a los salones y güisqui de los barrios altos, a las cabinas de fichas y a los transistores –aquellos que destilan la prosodia en las ondas de José María García (quizás, siempre, tras un partido del Sporting) o la insigne defunción de Cerillita Bahamonde–, anunciando un tiempo nuevo sobre el doméstico camastro de las transiciones. Un blanco y negro sustentado emocionalmente por la partitura al piano y saxo, cálida, nostálgica, asfáltica y omnipresente, de Glück.

Porque palpita en la mirada de Garci la necesidad de guarecerse de la intempestiva primavera del siglo XXI, templado al calor de lámparas de mesa, de luces convalecientes, junto a las que exhalar de los alveolos el tabaco negro de las fatalidades o el rubio de las madrugadas insomnes.

Jose Ramón Alarcón