PALACE FESOL: TRADICIÓN Y VANGUARDIA

PALACE FESOL: TRADICIÓN Y VANGUARDIA
Palace Fesol
Calle Hernán Cortés, 7
Valencia

Resulta difícil creer como tan solo 100 años separan la clásica gastronomía valenciana de pequeños bares, colmados y tabernas, de la que conocemos actualmente a través de la gran burbuja hostelera de restaurantes, mesones y franquicias con precios low cost y extravagancias varias como la paella de chorizo o la de guisantes. No obstante y afortunadamente para todo aquel amante culinario que busque el alma valenciana a través del gusto, aún queda en pie esa tan buscada esencia tradicional de aquellos años tan encantadores, donde comer era un verdadero placer y no una mera foto en Instagram. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la Calle Hernando Cortés número 7 con el anecdótico nombre de ‘Palace Fesol’. Un singular espacio tradicional que ha visto crecer la huerta y urbe valenciana desde sus adentros durante más de un siglo a través de sus cuatro generaciones y que guarda en su interior gran parte de la historia social, artística y gastronómica española, y en especial la valenciana desde el 1909 hasta nuestros días.

Cocina del restaurante Palace Fesol. Imagen cortesía del Palace Fesol.

Cocina del restaurante Palace Fesol. Imagen cortesía del Palace Fesol.

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Azulejo valenciano mural de 1966, escena campestre. Imagen cedida por Palace Fesol.

Más de un siglo hemos de remontarnos para ubicarnos en el contexto del ‘Palace Fesol’. Concretamente tras la primera exposición regional de Valencia, la cual supuso no solo un impulso hacia la modernidad, sino la proliferación de multitud de negocios al ver los nuevos progresos de la ciudad como las reformas urbanas y la construcción e instalación de la pasarela y el funicular del río Turia, se facilitó el acceso a la ciudad. Tras estos avances, Doña Rosa Quiles y Don Rafael Muñoz, fundadores del futuro Palace Fesol, se trasladaron desde Pedralba hasta la Plaza de Vannes de Valencia bajo el nombre de ‘CASA ROSA’, con la intención de dar a conocer los productos pedralbinos que tanto conocían: embutidos, aceites, vinos de Plantafina, etc.

Durante la siguiente década será pues cuando se fragua la imagen del actual ‘Palace Fesol’ gracias no solo a su excelente comida, sino también por su gran trato hacia el cliente, pues numerosos artistas de la época ya acostumbraban a frecuentar el local. Como por ejemplo, Imperio Argentina, quién lo bautizó con el nombre de Palace Fesol por sus suculentas alubias a degustar. Sin embargo, años más tarde, tras el estallido de la Guerra Civil, el restaurante permaneció cerrado hasta el fin de la contienda. Tras el regreso de la familia Muñoz pasó a ser regentado por la hija mayor, Rosa Muñoz, quien trasladó el local en múltiples ocasiones hasta emplazarlo donde se encuentra actualmente. Es en este momento cuando atraviesa su época dorada, tanto por el punto de vista gastronómico como por la fama y la afluencia de caras conocidas que visitan el local frecuentemente, ansiosos de deleitarse con unos de sus clásicos arroces o su tradicional paella.

Extracto del Periódico Lanza, visita del actor estadounidense Gregory Peck, año 1953. Imagen cortesía del restaurante Palace Fesol.

Extracto del Periódico Lanza, visita del actor estadounidense Gregory Peck, año 1953. Imagen cortesía de Francisco Sanmiguel.

Ya entrados los años 70, el ‘Palace Fesol’ pasa a ser regentado y reformado por la tercera generación formada por las hermanas Ibáñez Muñoz e Isidro Sanmiguel, marido de la hija mayor, quien dirige el negocio desde su formación de maître y su dominio del inglés y el francés, pudiendo acceder así a una clientela más internacional. De igual manera que en las anteriores generaciones, los hijos de este matrimonio (Rosa Mª y Francisco) a principios de los años 90 y formando la cuarta generación, siendo este quien lleva a cabo la última y más importante reforma del restaurante hasta la fecha, buscando recuperar los elementos antiguos y genuinos de la historia del mismo pero combinándolos con la modernidad de nuestra época.

Fotografía de la familia Muñoz y Ibañez, 2ª generación del Palace Fesol. Imagen cedida por Francisco Sanmiguel.

Fotografía de la familia Muñoz y Ibañez, 2ª generación del Palace Fesol. Imagen cedida por Francisco Sanmiguel.

El ‘Palace Fesol’ ha sido durante más de 100 años un cálido hogar para multitud de artistas y personajes como Gregory Peck, Imperio Argentina, Miguel de Molina, Juanito Valderrama, Manolete, o Rafa Camino, entre una larga lista que se han sentado en la mesa esperando degustar el sabor más auténtico de la gastronomía valenciana tradicional pero con un ligero toque en formas y representaciones vanguardistas que la elevan y resaltan por encima de los platos de antaño donde la copiosidad y la abundancia rebosaban como principales ingredientes.

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Doña Rosa Muñoz junto con el personal del Palace Fesol. Fotografía de 1958 gentileza del restaurante Palace Fesol.

Cristian Torada

¿No es país para jóvenes?

¿No es país para jóvenes?

Hace unos días entrevisté a un joven pintor mexicano, José Antonio Ochoa, el reciente ganador del premio de pintura de la Fundación Mainel. Repasando su trayectoria, me contaba con naturalidad cómo sus años de formación le llevaron de México a Chicago, luego a Sevilla y finalmente a Valencia. Ese detalle no me llamó la atención durante la conversación. Y precisamente por eso, testimonia algo de lo que tal vez no somos siempre conscientes, en el medio local: la capacidad de atracción que ejerce nuestra escena artística -y como parte de ella, la pictórica- entre creativos jóvenes. Seguro que, si nos preguntasen por la trayectoria vital de los artistas valencianos en el presente, tal vez muchos contestaríamos que lo normal entre jóvenes creadores es irse. Y sería parte de la verdad.

On the road de Jose Antonio Ochoa. Ganador XXI Premio Nacional de Pintura

On the road de Jose Antonio Ochoa. Ganador XXI Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel.

Pero uno es historiador (del arte), cosa que ya no tiene remedio. Si te acostumbras a intentar mirar con un poco de perspectiva, surgen otros contextos, otros elementos de referencia. Empezando por las administraciones públicas, es ya lugar común tomar la apertura del IVAM en 1989 como el gran proyecto activador de la cultura artística valenciana contemporánea. Más allá de los altibajos en su historia, lo tiene todo para seguir siendo el referente esencial de la escena artística valenciana, por colección, por exposiciones, y por actividades. Desde fechas mucho más recientes, el Consorcio de Museos aspira a consolidarse como un actor atento a intereses y perfiles mucho más diversos, a proponer enfoques innovadores de gestión, y a vertebrar el territorio superando la tradicional focalización en la capital autonómica.

El siguiente elemento a considerar es, sin lugar a dudas, una Facultad de Bellas Artes de la UPV que ha tenido un desarrollo extraordinario en las últimas décadas. Bien dotada en cuanto a capital humano y a medios materiales, actúa como polo de atracción en la formación de -entre otros perfiles artísticos- pintores, dentro de una gran variedad de prácticas, de estilos y tendencias. Me cuesta valorarla como otra cosa que una historia de éxito: con sombras y luces, como todas, pero con neto predominio de las segundas, sobre todo si se compara con muchas de sus homólogas nacionales.

El coleccionismo privado siempre había estado ahí, pero ahora se está institucionalizando y va ganando visibilidad pública. Bombas Gens es el caso paradigmático, aunque ni mucho menos el único. Ahí están la Colección Martínez Guerricabeitia, o la Fundación Chirivella Soriano, o las múltiples iniciativas artísticas de DKV. Para cuando abra sede en 2020, las expectativas sobre la Fundación Hortensia Herrero son muy altas; lógicamente, tanto como el perfil de la familia Roig. Ninguna de estas colecciones se limita a un ámbito valenciano, pero tampoco se entendería que no contribuyesen a cultivarlo, incluyendo a los jóvenes.

Ya que hablamos de cultivar, las becas formativas para artistas también son importantes, incluso en tiempos de globalización y vuelos de bajo coste. Las becas Alfons Roig dan una dignísima continuidad a la labor ya centenaria de la Diputación de Valencia, en este campo. La colaboración del Ayuntamiento de Valencia con la Casa de Velázquez es un reciente añadido en este campo.

Exposicion XVIII Premio Nacional de Pintura. Cortesia de Jorge Sebastián Lozano

Exposicion XVIII Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesia de Fundación Mainel

Y después de la formación, los premios para jóvenes. El concepto no está exento de dificultades, de las tensiones implícitas en diferenciar pintores jóvenes respecto a ¿emergentes? ¿media carrera? ¿precarios permanentes? La variedad de premios y enfoques refleja las soluciones propuestas, tanto desde la Administración como desde la sociedad civil. Hay dónde elegir: la Real Academia de San Carlos, el Senyera, el de la Fundación Mainel, el Mardel, la Bienal Comenge…

No quiero dejar de mencionar la continua vitalidad del arte público y el arte urbano, tan activos en nuestro entorno cercano. Intentar encajonar esa escena dentro de las coordenadas pictóricas, que son el marco de este texto, equivaldría a deformarla. Pero tampoco puede negarse que existen conexiones.

Por supuesto, esta panorámica -que no tiene ninguna pretensión de exhaustividad- estaría incompleta sin los retos de mejora. Muy especialmente, hay toda una serie de retos en cuanto a la escasa demanda de artes visuales en la sociedad valenciana. Los datos de mera asistencia a actividades artísticas hablan por sí solos. Sigue habiendo un desequilibrio entre la amplia oferta disponible y la demanda real. La compra de arte sigue siendo vista como algo fuera del alcance de las clases medias. En los casos en que sí hay voluntad de comprar, además, esa demanda se cubre mayoritariamente en ferias y foros internacionales. Todo esto se traduce a que los trabajadores del sector luchen seriamente por la mera supervivencia laboral, en un contexto caracterizado por la precariedad, según informes varios vienen refrendando.

Como consecuencia pero también como causa de lo anterior, tenemos un escenario de medios de comunicación culturales muy fragmentado e inestable. Esta problemática no es específica del ámbito valenciano, sino que forma parte de una situación general nacional. No faltan iniciativas de calidad; falta escala. Ojalá los recién recuperados medios de titularidad autonómica sirvieran para mostrar que información, entretenimiento y cultura pueden coexistir de maneras creativas. Queda mucho por aprender, en este campo, pero la propia MAKMA es un ejemplo estimulante.

Otro reto radica precisamente en la gran proliferación de iniciativas. Pensemos en la escena local de festivales, pocas semanas después de Russafart. A la vez, no lo neguemos, muchas iniciativas adolecen de inestabilidad y falta de continuidad. Por introducir aquí un actor tan esencial como son las galerías, la crisis financiera se llevó por delante profesionales que ya parecían consolidados en nuestra escena; pero no se trata sólo de la crisis, es algo más amplio. Algún día habrá que escribir la historia de tantas galerías que abren y desaparecen antes de dos años, la de los premios que dejaron de convocarse tras pocas ediciones, la de ferias de arte o salas públicas de exposiciones que cierran tras décadas de actividad…

Inauguración XIX Premio Nacional de Pintura. Cortesía de Jorge Sebastián Lozano

Inauguración XIX Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel

Dándole la vuelta a la moneda, no es menos reseñable el mérito y el esfuerzo detrás de las iniciativas que sí se mantienen en pie. Al principio cité un ejemplo, que conozco de primera mano, las 21 ediciones del premio de pintura Mainel para pintores menores de 35 años; por él han pasado muchísimos nombres que hoy ya vemos consolidados dentro del panorama expositivo. El mérito nunca corresponde a una sola institución, sino que suele explicarse por la colaboración de otros actores; en este caso, la generosa participación de los jurados es un punto esencial.

En cuanto a los propios artistas, la disparidad de situaciones entre ellos es tan grande que dificulta un diagnóstico compartido. Poco en común tienen nuestros nombres más internacionales y tantos jóvenes que empiezan a enviar sus dossiers al terminar la carrera. La dureza de la profesionalización artística es extrema. Desde el asociacionismo profesional, AVVAC ha jugado un papel relevante de organización y denuncia durante muchos años. Sus actuales problemas institucionales hacen visible la fragilidad de la estructura, el escaso atractivo del esfuerzo colectivo, que sin embargo sigue siendo imprescindible.

Mucho de todo esto resulta evidente al leer las entrevistas a artistas que vertebran Espais d’Art, la estupenda exposición todavía visitable en Bancaja. La propia sede de esa exposición es emblema del amargo devenir de un actor económico y social tan importante como fue la principal caja de ahorros valenciana. Los damnificados en ese proceso fueron muchísimos; uno de ellos, poco visibilizado, fueron los propios artistas valencianos. El actual equipo gestor sigue planteando exposiciones útiles en este sentido, cosa también digna de agradecimiento, pese a una limitación radical de medios, en comparación con los años dorados. Por contraste, el Caixaforum será sin lugar a dudas un foco de enriquecimiento cultural para Valencia, pero está por ver si se prestará una atención grande a la escena local. No parece ser parte de su modelo institucional, ni tampoco tendría por qué serlo, pero el nicho y la necesidad existen.

Tantos logros y tantos retos no deberían hacernos perder de vista el resultado de toda esta escena, aquí apenas bosquejada. Y no es otro que una galaxia -no se busquen aquí metáforas futbolísticas, por favor- de abundantes e interesantes pintores valencianos jóvenes. Por supuesto, no es sencillo definir su valencianidad, más allá de la circunstancia biográfica de formarse o estar activos, más o menos establemente, en Valencia. Pero, aprendiendo de nuestra historia, estaría bien que les valorásemos aquí antes de que obtengan fuera el reconocimiento que merecen.

Exposición XX Premio Nacional de Pintura. Cortesía Jorge Sebástian Lozano

Exposición XX Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel

Jorge Sebastián Lozano
Universitat de València

 

Del verde al luto

Cuidado o ceniza.

La política forestal, desidia y mala gestión, junto al cambio climático, son los principales factores a tener en cuenta en la problemática de incendios de bosques. No cabe duda, que en los últimos años ha ido en aumento el número de siniestros, quizás esto se deba no únicamente a las altas temperaturas sino a la falta de prevención ocasionada fundamentalmente por el ser humano, a quien ha dejado de importarle el medio natural y lo utiliza como vertedero residual. Nos olvidamos de los parajes naturales, bosques y montañas, que nos aportan y garantizan funciones medioambientales como la biodiversidad, abastecimiento de agua y autorregulación climática. Resulta curioso e incluso sorprendente que busquemos nuestro propio malestar, pero la realidad es esta. La ambición de poder llega a tal punto que incluso recientemente en 2015, el poder ejecutivo del gobierno, aprueba ordenanzas como la Ley de Montes, que permite construir en terreno incendiado y deja vía libre a las comunidades autónomas para la recalificación de suelo que haya sufrido carbonizaciones sin que tengan que pasar los 30 años marcados como plazo en la anterior Ley del 2003.

Y después de los incendios forestales ¿qué? Imagen cortesía Noticias Forestales/Forestry News

Incendio forestal. Imagen cortesía Noticias Forestales/Forestry News.

Estamos en un momento en el que aun existiendo organizaciones ecologistas como Greenpeace, Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Bajo el Asfalto está la Huerta, que entre sus objetivos principales está concienciar y fomentar la participación humanitaria a favor del equilibrio medioambiental, seguimos viendo prácticas contradictorias que una vez más se suman al monstruo más sanguinario y cruel, la hidra capitalista. Sin ir más lejos, el incendio forestal intencionado en 2016 entre el área de Jávea y Benitatxell (territorios de la provincia de Alicante) arrasó con 319 hectáreas urbanas y rurales, incluyendo el Paraje Natural de La Granadella. Quién sabe si tras esa “intención” y desaparecido culpable haya un plan urbanístico esperando el momento oportuno para introducir sus cimientos bajo el terreno. Suceso que recuerda particularmente al de 1992 en Sierra Cortina de Benidorm, terreno conocido como ‘la mayor pinada del Mediterráneo’ que figuraba como ‘no urbanizable de especial protección forestal’, y donde sobre sus cenizas actualmente se encuentra el parque temático de Terra Mítica, una enorme zona hotelera y dos campos de golf.

Vistas aéreas del incendio de Benitatxell. Imagen cortesía Levante emv.

Vistas aéreas del incendio de Benitatxell. Imagen cortesía Levante Emv.

Instalaciones de Terra Mítica. Imagen cortesía ABC - Juan Carlos Soler.

Instalaciones de Terra Mítica. Imagen cortesía ABC realizada por Juan Carlos Soler.

Es importante enfatizar en que el origen de estos “fuegos intencionados” no se investiga, no hay culpable sino culpables que pretenden desregular y eliminar cualquier tipo de limitación a la hora de desarrollar ciertas actividades urbanísticas y económicas. Sumidos en una corrupción contínua que viene de la mano de nuestro propio Gobierno y que no hace nada por cambiar la situación que afecta directamente al ecosistema. Debemos ser conscientes de la realidad y esta no es en absoluto satisfactoria, más bien lo contrario. Cada vez con más frecuencia y debido a los continuos incendios, se interrumpen los ciclos naturales de los bosques provocando la extinción de especies, aumentan los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, contribuyendo al efecto invernadero y por consiguiente al cambio climático. Existencia que en algún momento pareció un espejismo pero que ahora es evidente e inevitable.

Incendio en Jávea. Vista aérea del frente del fuego en la urbanización Cumbres del Sol. Imagen cortesía de EFE

Incendio en Jávea. Vista aérea del frente del fuego en la urbanización Cumbres del Sol. Imagen cortesía de EFE

‘Basuraleza’, la amenaza silenciosa

Nos encontramos en un momento donde la contaminación medioambiental forma parte de nuestro día a día, siendo totalmente habitual ver en los medios de comunicación noticias de última hora alertando del grave estado al que el ser humano está sometiendo a los ecosistemas acuático y terrestre. Lo más triste de todo esto es que nadie parece ser culpable pero todos lo somos.

El plástico, vidrio y diversos metales son algunos de los materiales más contaminantes que afectan en gran medida a los océanos, dado su carácter biodegradable lento que en muchos casos perdura cientos de años. Sin embargo su uso durante el paso del tiempo ha ido adquiriendo popularidad, llegando a producirse millones de toneladas en tan solo un año. Latas de refrescos, redes de pesca, botellas de agua, bolsas de la compra, y envases que albergan sustancias líquidas son vertidos a los mares sin tener consciencia de las repercusiones que esto tiene en la fauna y flora marina. Especies acuáticas que ingieren residuos microplásticos llegan a sufrir terribles dolores e incluso la muerte, redes de pesca a la deriva que se convierten en prisiones de tortugas, focas y delfines, praderas oceánicas plagadas de objetos residuales que alteran el ciclo vital y reproductivo de estos seres vivos.

Isla de basura del Pacífico.  Imagen cortesía El Telégrafo.

Isla de basura del Pacífico. Imagen, cortesía El Telégrafo.

El gran parche de basura del Pacífico. Imagen cortesía SkyAlert.

El gran parche de basura del Pacífico. Imagen, cortesía SkyAlert.

Sin ir más lejos, hace aproximadamente un mes en la costa de Tailandia, concretamente en el canal de Songhkla murió agonizando una ballena tras ingerir nada menos que ochenta bolsas de plástico. Realidades que están mucho más cerca de lo que parece, ya que el pasado 22 de abril en Murcia se corrió la voz de otra muerte por contaminación pero esta vez de un cachalote. Treinta kilos de plástico tuvieron la culpa. Y esto no es más que una pequeña parte de las consecuencias que provoca la ambición e inconsciencia que puede llegar a tener el ser humano. Se llega a tal extremo, que encontramos hasta cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos sin límite de extensión, desde botellas y bolsas hasta los omnipresentes microplásticos que se concentran en torno el Pacífico Sur y Norte, Océano Índico y Atlántico Sur y Norte.

Se trata del ciclo vital que acaba por el mismo lugar por el que empezó. Los envases y plásticos vertidos al mar por el ser humano, incluso en periodo de descomposición, son ingeridos por los animales que habitan en él, creyendo que es comida, sufriendo efectos nocivos a corto, medio y largo plazo. En este punto es donde “recogemos lo que sembramos”, viéndose perjudicada nuestra salud al comer el mismo pescado que previamente ha sido víctima de la contaminación residual plástica propagada por nosotros mismos.

Resulta increíble, pero a la contaminación hídrica -que tiene como gran referente al plástico-, se le suma la liberación de partículas de ciertas sustancias químicas que afectan directamente a la atmósfera, tras la filtración de sustancias en el suelo, generando alteraciones físico-químicas que determinan la inhabitabilidad del lugar por emulsión de material radiactivo, y contaminación acústica, plasmada en una serie de sonidos que resultan dañinos para el medio o seres que habitan en él.

Un mundo sometido a la constante alteración que viene dada por el ser humano y su idea de progresión continua, arrastrando con él un elevado número de víctimas y destrozas naturales.

“La contaminación nunca debería ser el precio de la prosperidad.”
- Al Gore

Ave ingiriendo un vaso de plástico. Imagen cortesía NEWS|MUNDO.

Ave ingiriendo un vaso de plástico. Imagen, cortesía NEWS|MUNDO.

 

Tortuga enredada en una red de pesca. Premio World Press Photo 2017. Fotografía de Francis Pérez.

Tortuga enredada en una red de pesca. Premio World Press Photo 2017. Fotografía de Francis Pérez.

La Mutant y “Pops Marítims”.

La Mutant. POPS MARITIMS
Las Naves
Calle Juan Verdeguer
Valencia

Cuando ya ocupa los espacios de La Mutant el Festival Tenderete, todavía suenan los ecos de los pasados días 18 y 19 de mayo, en los que se llevó a cabo el festival de música Pops Marítims. Durante los días mencionados se desarrollaron varios conciertos de formaciones musicales muy variadas con unas propuestas que distan bastante del panorama comercial al que la cultura de masas nos tiene acostumbrados.

El festival se pudo entender como una especie de lugar de encuentro tanto para los artistas participantes y sus propuestas, como para los espectadores que van a la búsqueda alternativa de la música que suelen escuchar, la respaldada por grandes sellos discográficos, la que se escucha por todos lados y se cuela en nuestras vidas aunque no estemos demasiado interesados en ella. Lo que llegamos a encontrar en La Mutant, fueron oyentes habituales de música que dista de esta realidad sonora que, en cierta manera, la sociedad en la que nos encontramos nos impone.  El público que encontramos en La Mutant, tenía la intención de escuchar, indagar en otros tipos de música, de poder conocer las propuestas emergentes del panorama musical local y, en algún caso, internacional.

Se pudo ver la presencia tanto de artistas con una trayectoria ya consagrada como otros prácticamente nuevos. La mayoría, como hemos comentado, de ámbito nacional. Pudimos observar una gran presencia de grupos y artistas procedentes de la Comunitat Valenciana, así como de Catalunya. A su vez, en cuanto al resto de España se refiere, hubo bandas de Sevilla, Zaragoza, o País Vasco. Como apartado internacional, pudimos ver a Dorian Wood, de ascendencia portorriqueña y establecido en Los Ángeles.

"North State" en el escenario exterior  de La Mutant durante el festival "Pops Marítims" los días 18 y 19 de mayo. Fotografía por: Baltasar Camps.

“North State” en el escenario exterior de La Mutant durante el festival “Pops Marítims” los días 18 y 19 de mayo. Fotografía, Baltasar Camps.

El espacio, La Mutant, resulta acogedor. Presenta un escenario interior con un buen espacio central, al igual que un piso superior a modo de palco. También cuenta con un patio exterior en el que se representaron algunos de los conciertos.

La resolución del espacio en sí, la calidad, tanto de artistas como la buena organización del festival, contribuyó al contento del público, que generó un ambiente fascinante, en el cual la diferencia de música, respecto a lo que algunos de los asistentes -seguro- solían escuchar contribuye a consolidar un espacio que ha iniciado un cambio de rumbo interesante. Algo que en cierta manera dibuja en la memoria las quedadas de intelectuales típicas del mítico Cabaret Voltaire en Zúrich.

No es solo un festival que huya de la música convencional hacia lo alternativo. No es esto lo que nos encontramos en La Mutant. Más bien pudimos ver aquello que muchos clasifican de underground. Grupos como Júlia trabajan en el marco de la psicodelia. La música que realizan las chicas de Alcoi, no presenta mucha lírica, pero no les es necesario. Son los sonidos adulterados de los instrumentos, propios de un grupo de rock convencional, pero obviando la batería, los que nos transportan a una especie de mundo idílico en el que flotamos sobre las nubes. De una manera similar crea música El Petit de Cal Eril. Al grupo catalán se le nota mucho que ya llevan recorrido un buen trayecto artístico, puesto que su concierto fue de lo más animado del festival.

"Júlia" durante su concierto en el escenario interior de La Mutant durante el festival "Pops Marítims" los días 18 y 19 de mayo. Fotografía por: Baltasar Camps.

“Júlia” durante su concierto en el escenario interior de La Mutant durante el festival “Pops Marítims” los días 18 y 19 de mayo. Fotografía, Baltasar Camps.

Aun así, vimos música a la que, por lo general, estamos más acostumbrados si nos referimos a cantautores. Anari y Jordi Lanuza, que debuta en solitario, mostraron unas actuaciones muy íntimas y sentimentales. Además, Anari se encontraba con la falta de su guitarrista, por lo que uno de los integrantes del grupo tuvo que hacer doble tarea. Por si fuera poco, durante una de sus canciones, el equipo de sonido dejó de funcionar. Anari, eso sí, continuó cantando, lo que transformó lo que podría ser considerado una pifia, en un directo improvisado entrañable.

"Anari" en el escenario interior  de La Mutant durante el festival "Pops Marítims" los días 18 y 19 de mayo. Fotografía por: Baltasar Camps.

“Anari” en el escenario interior de La Mutant durante el festival “Pops Marítims” los días 18 y 19 de mayo. Fotografía, Baltasar Camps.

Sin duda los que más nos asombraron fueron Pony Bravo y Dorian Wood. Pony Bravo nos pareció algo magnífico, una sorpresa. Y es que pocas veces se mezcla de manera tan buena el humor negro junto con reflexiones populares a la vez que filosóficas. Muestran el mundo tal cual es, sin pelos en la lengua, con una mordaz crítica social. Y todo esto en un directo que no puede dejar indiferente a nadie.

"Pony Bravo" en el escenario interior  de La Mutant durante el festival "Pops Marítims" los días 18 y 19 de mayo. Fotografía por: Baltasar Camps.

“Pony Bravo” en el escenario interior de La Mutant durante el festival “Pops Marítims” los días 18 y 19 de mayo. Fotografía, Baltasar Camps.

Por otro lado, Dorian Wood, bajo nuestro criterio, es un artista de los pies a la cabeza. No solo es buen compositor, cantante y pianista, sino que puede llegar a ser un performer. Cualquier lector que conozca al artista podría pensar que basamos esta afirmación en lo que Dorian deja ver en sus vídeos musicales, pero no. En sus directos, a parte de su gran talento como músico, sus propias actuaciones son performances. La forma en la que viste, las cosas que hace en el escenario, la defensa de la libertad sexual y de género hacen que sea más que un simple artista.

"Dorian Wood" en el escenario interior  de La Mutant durante el festival "Pops Marítims" los días 18 y 19 de mayo. Fotografía por: Baltasar Camps.

“Dorian Wood” en el escenario interior de La Mutant durante el festival “Pops Marítims” los días 18 y 19 de mayo. Fotografía, Baltasar Camps.

Así pues, el trabajo realizado por la organización de La Mutant para acoger el festival sale con muy buena nota, y lo mismo podríamos afirmar de todas y cada una de las actuaciones, que en los casos menos reconocidos, han permitido abrir camino y mostrarse al público, y a los que llevaban más tiempo y por lo tanto, son reconocidos, a dar una oportunidad a congregar a sus seguidores. Por no hablar del reconocimiento que merece que exista música diferente, independiente, a la que las grandes discográficas nos ofrecen. Un evento y un escenario, en el que, tras tocar, los músicos y artistas, normalmente, bajan al patio exterior, donde el público ha compartido y conversado con ellos plácidamente.

"El Petit de Cal Eril" en el escenario exterior  de La Mutant durante el festival "Pops Marítims" los días 18 y 19 de mayo. Fotografía por: Baltasar Camps.

“El Petit de Cal Eril” en el escenario exterior de La Mutant durante el festival “Pops Marítims” los días 18 y 19 de mayo. Fotografía, Baltasar Camps.

Baltasar Camps Estellés.

Un Vistazo a “Las Leyes de la Termodinámica”.

El pasado 20 de abril se estrenó la película «Las Leyes de la Termodinámica», película de Mateo Gil. Nosotros pudimos asistir a su preestreno en Kinépolis (València) y en el presente artículo trataremos tanto lo que nos pareció como las reflexiones que hemos hecho en torno a ella. Se trata de ese tipo películas que demuestran como su director puede tratar una gran variedad de géneros, en este caso se trata de una comedia romántica enmarcada en el contexto de un falso documental. Para ello, Mateo Gil se ha servido de un reparto poco numeroso, pero eficaz. Hablamos de Vito Sanz, Berta Vázquez, Chino Darín y Vicky Luengo.

El argumento es simple. Se trata la típica formula de «chico conoce chica», pero con unas cuantas variaciones. Los protagonistas no se enamoran al instante, sino que poco a poco se observa como el personaje de Vito Sanz acaba ganándose al de Berta Vázquez mediante su personalidad y la atracción que supone la curiosidad que despierta todo aquello que estudia. Él ya se encontraba en una relación que le iba bien, una chica que le entendía, que le quería y que sabía apreciar todas las cosas que para la gente en general serían meras «frikadas».

Pero como suele ocurrir, la relación se encuentra en un punto en que la monotonía es tal que cualquier mero accidente, y usamos esta palabra en el sentido más científico posible, puede hacer que todo se desmorone. De hecho, eso es lo que ocurre. En un momento de la película, en el que todos los protagonistas entran en juego y en que solo la parte masculina se conocía de antemano ocurre este accidente mediante el cual terminan por conocerse y se inician dos relaciones paralelas. La primera, la de los protagonistas, se basará en el menosprecio del protagonista hacia él mismo respecto a su amada. A causa de estas inseguridades provocadas por verse inferior a ella en todos los aspectos, le trasladará todas sus dudas a ella y ocasionará su ruptura. Por otro lado, los otros dos protagonistas llevarán una relación en la que él no puede evitar querer estar con otras mujeres, pero que al final se percatará de que verdaderamente solo quiere a la pareja que en este encontronazo conoce.

Chino Darín y Vicky Luengo en "Las Leyes de la Termodinámica". Fotografia cedida por Sony pictures.

Chino Darín y Vicky Luengo en “Las Leyes de la Termodinámica”. Fotografía cedida por Sony pictures.

Todo esto, e insistimos, todo, se encuentra explicado mediante las leyes de la termodinámica por el propio protagonista. ¿A qué se debe? Hemos de tener en cuenta que él se encuentra realizando su tesis doctoral y, además, es un apasionado de todo lo que tiene que ver con su disciplina. Así pues, traslada todo cuanto estudia y sabe a todos los ámbitos de la vida. Muestra de manera constante como las personas nos encontramos siempre predeterminadas a hacer todo tipo de acciones, ya sea despejarnos dando un paseo, enamorarnos e incluso llevar a cabo nuestras necesidades biológicas, algo que se puede ver a lo largo de todo el filme.

Manel (Vito Sanz) colaborando en una clase de la universidad como ayudante. Fotografía cedida por Sony Pictures.

Manel (Vito Sanz) colaborando en una clase de la universidad como ayudante. Fotografía cedida por Sony Pictures.

Los datos que se trasladan a la pantalla son totalmente verídicos, y es aquí donde entra en juego el falso documental. A lo largo de la película aparecen una serie de científicos de gran renombre, según el propio director, que nos explican, o más bien aclaran, cuáles son las fuerzas que intervienen en cada parte de la trama, mostrándonos, eso sí, de una manera magistral, en cuanto a lo formal, y muy didáctica, todos los procesos termodinámicos correspondientes. Se recurre a esquemas visuales y planos dentro de la trama en que se expone con flechas, líneas y dibujos todo lo que ocurre en la ficción en relación con la ciencia. En este punto es muy destacable la escena de la discoteca, en la que los principales protagonistas se dan el primer beso a la vez que se explica la atracción gravitatoria.

Aunque el planteamiento y la idea son muy originales, debemos exponer también que acaba por volverse algo tedioso. A lo que nos referimos es a que se trata de conceptos entendibles y muy bien explicados, pero que, al ser expuestos de manera tan rápida y tajante sacan al espectador de la trama constantemente. Lo que queremos decir es que tal vez al realizar toda esta serie de explicaciones de manera tan perfeccionista se corta el hilo de la historia, ya que, debemos esforzarnos en comprenderlas. Claro está que, si estamos familiarizados con el tema, estos tramos de la película pueden volverse muy disfrutables, puesto que se conocen los conceptos. Sin embargo, si se trata de un espectador estándar, que no conoce dichos conceptos, le estaríamos mostrando, a priori, objetos a los que debe dar significado para poder llegar a comprender la relación entre éstos y lo que ocurre en pantalla. Esto ya representa un esfuerzo comprensivo que, en nuestra opinión, separa al espectador de la trama principal. Sin embargo, si conocemos los conceptos, lo único que tenemos que hacer es aplicar las ideas, por lo tanto, el esfuerzo es menor y el disfrute, mayor.

La idea de que las emociones humanas se encuentran determinadas en gran parte no es algo nuevo en nuestros tiempos. Son numerosos los estudios que cada vez más asocian la aparición del amor con procesos químicos que se generan en nuestro organismo. Sin embargo, la película usa la termodinámica, es decir, física, no química. Esto la convierte en una temática de lo más original. El protagonista, como hemos comentado, se encuentra obsesionado con ello, de hecho, puede darse el caso de que nos traslade en cierta manera esa obsesión, puesto que a lo largo de la película se despierta en el espectador un sentimiento de curiosidad que en cierto modo le lleva a querer saber que nueva ley intervendrá en el siguiente punto de la trama argumental.

Llegados a este punto, y como se avanza nada más comenzar la película, la relación entre los dos protagonistas termina. Sin duda, esta es otra de las partes del filme que se explica mediante leyes de la física, pero a estas alturas, eso no nos sorprende. El protagonista entra en una espiral de depresión y obsesión con respecto a su amada, lo que le pasó a él con su expareja le acaba de pasar a él. Busca en todos los rincones posibles teorías, explicaciones que le den respuestas a sus dudas, incluso culpa al personaje de Berta Vázquez. Todo esto termina en una escena rápida y con un texto conciso que no solo da un golpe de realidad al protagonista, sino también al espectador. Hablamos del momento en que Elena (Berta Vázquez) se gira para decirle a Manel (Vito Sanz): «¡Las leyes de la termodinámica no se pueden aplicar al amor!».

Manel (Vito Sanz) pensativo en el lugar de trabajo de su amigo (Chino Darín). Fotografía cedida por Sony Pictures.

Manel (Vito Sanz) pensativo en el lugar de trabajo de su amigo (Chino Darín). Fotografía cedida por Sony Pictures.

Es en este punto en el que se descubre la tesis de la obra. El hecho de que bien es cierto que se puede fantasear con que exista cierta relación entre las leyes físicas y el amor, esto no deja de ser lo que es, fantasía. El amor es mucho más que eso. Creer que todo se encuentra determinado no solo es antinatural, también es retorcido. De hecho, tras esto se muestra como realmente, Manel es quien precipita la relación al fracaso con una serie de flashbaks en los que se pone en manifiesto como esconde su frustración, inseguridad y baja autoestima tras su especialidad, que son las ciencias. De hecho, que lleve a cabo esta actitud es síntoma no solo de sumisión, sino también de su falta de voluntad o de valor para enfrentarse a lo adverso, puesto que, para él, todo está predestinado y es inmutable. De esta manera se libera de su actitud en la relación y, además, le es más fácil culpar a los demás, en este caso, a Elena. Él mismo es quien desde un principio cree que todo acabara porque se ve en un plano inferior en todos los sentidos a su nueva pareja.

Elena (Berta Vázquez). Fotografía cedida por Sony Pictures.

Elena (Berta Vázquez). Fotografía cedida por Sony Pictures.

La película, sin duda, representa una propuesta muy original por lo que plantea. Porque puede llegar a esconder más cosas de las que se puede ver a simple vista. Se nos muestra una trama que permite al espectador reflexionar entorno a ella, puesto que, todos alguna vez hemos comparado el amor con cualquier cosa con el fin de simplificar algo que de por sí es de las emociones más sumamente complejas que pueden experimentar los seres humanos, con un sinfín de factores que lo condicionan, por no hablar del más importante, el libre albedrío. La manera en que se exponen los puntos que hacen referencia a las leyes de la termodinámica son muy interesantes y, a nuestro juicio, en cuanto a su contenido formal, muy agradables, ya que acompañan de manera espléndida las explicaciones, así como, a su vez, enriquecen la experiencia visual en algunas escenas como la de las dos rupturas emocionales mediante planos superpuestos.

Manel (Vito Sanz) y su exnovia en una de las escenas en que se ven los planos superpuestos. Fotografia cedida por Sony Pictures.

Manel (Vito Sanz) y su exnovia en una de las escenas en que se ven los planos superpuestos. Fotografía cedida por Sony Pictures.

Como hemos comentado anteriormente, probablemente, aquello que no nos ha parecido lo mejor es el hecho de que se reiteren tanto las relaciones entre leyes y trama, entre concepto y objeto. Probablemente, sea mucho más disfrutable si se realiza un segundo visionado en el que ya tengamos más o menos claras las ideas planteadas y así relacionarlas mejor, para no tener que prestar tanta atención a éstas y que de esta manera el juego que establecen sea más ostensible para el espectador. Aun así, se trata de una propuesta muy original y que invita a la reflexión y al disfrute de todo aquel que esté dispuesto a pasar un rato reflexionando sobre algo tan enigmático como es el amor.

Momento en que todos los protagonistas: Vito Sanz, Chino Darín, Berta Vázquez y Vicky Luengo sufren el accidente que les hace conocerse. Fotografia cedida por Sony Pictures.

Momento en que todos los protagonistas: Vito Sanz, Chino Darín, Berta Vázquez y Vicky Luengo sufren el accidente que les hace conocerse. Fotografía cedida por Sony Pictures.

Fuego, siempre alrededor

Salvar el foc
Proyecto de Fermín Jiménez Landa
Falla Mossén Sorell Corona
Marzo 2018

Fallas experimentales, tradicionales, monumentales, grandes, pequeñas, infantiles… ninguna se salva de un desenlace ceniciento. Ningún cambio ha habido en este sentido durante todo este tiempo, siempre se queman. El año que llegué a Valencia me preguntaba, como otros turistas, ¿por qué? Pronto obtuve respuesta: sin el fuego, nada tendría sentido; normal que Jean Cocteau escogiera salvarlo.

Fermín Jiménez Landa, el artista que cruzó España nadando de piscina en piscina y que llevó a cabo, en verano, una guerra de bolas de nieve, que previamente había recogido en invierno y guardado en un congelador, llega ahora a la falla Corona. Como él mismo reconoce, su trabajo invita a ver la realidad desde un punto equidistante entre lo absurdo y lo sensato, lo entrañable y lo iconoclasta, lo empírico y lo inverificable.

El monumento fallero de Escif, carente de escala monumental, se camuflaba con todo lo demás, todo lo demás que hasta el momento parecía que sobraba. Así, nos advirtió sobre la cotidianeidad alterada del espacio público en Fallas haciendo de lo molesto, una falla. Este año, la propuesta de Fermín Jiménez Landa no está huérfana de ingenio, ni de gracia. La calle, en lugar de cortarse, más bien, se bifurcará. Al parecer, Jiménez Landa erigirá un edificio con planta baja y dos alturas, dando origen a una tercera manzana. Este inmueble será su hogar, donde hará de centinela del elemento clave de las Fiestas Josefinas: la lumbre, el fuego que lleva guardando desde la cremà de 2017, destructivo, constructivo, purificador…

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Fuego y hogar son dos conceptos ligados, a la vez que opuestos. Fuego procede del latín focus, como hogar, hoguera. El fuego puede ser creador, es el calor, es la vida y justifica el hogar; también es destructor, si es un incendio, es el fin. Existen multitud de expresiones en nuestro lenguaje en torno al fuego, prueba evidente de su importancia. Algunas de ellas son propiamente de carácter bélico, otras forman parte del hablar cotidiano: poner la mano en el fuego, a fuego lento, atizar el fuego, apagar el fuego, dar fuego, echar fuego por los ojos, jugar con fuego, ¡hagan fuego!, alto al fuego, pegar fuego, prender fuego, línea de fuego, prueba de fuego, echar leña al fuego o sacar las castañas del fuego.

Todo parece haber cambiado bastante desde la génesis de la fiesta de las Fallas, desde aquel momento en el que el gremio de carpinteros comenzó a quemar trastos y sobrantes de sus trabajos al final del invierno. El carpintero, como el herrero, es constructor, pero el herrero está especialmente vinculado al fuego, del que obviamente rehúsa el carpintero. El herrero es el forjador del universo que somete con el martillo y el yunque a lo animal, lo vegetal y la Naturaleza en general. Según Bachelard, para los dogones, un grupo étnico de Mali, el sol es el fuego de la fragua celeste, ocupando el herrero el papel de encargado de robar ese fuego y traerlo a la Tierra. Así, aquí en la Tierra, el fuego es un fragmento vivo del sol, alrededor del cual nunca dejamos de girar.

Pero el fuego es ancestral, es un gesto primitivo de dominio del mundo. El fuego proporcionó luz a los primeros homínidos, y gracias a él pudieron aumentar su actividad nocturna. Controlaron, así, algo tan indomable como la propia rotación de la Tierra, el día y la noche. Al llegar la primavera, con más horas de día gracias al movimiento eclíptico de traslación de nuestro planeta, los carpinteros valencianos quemaban los parots, una suerte de candelabros para sujetar el candil e iluminar los talleres cuya apariencia antropomorfa dio lugar, dicen, a los primeros ninots. El fuego, el hogar y las Fallas, tienen argumentos planetarios, universales.

Ismael Teira

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Música, comportamiento individual y colectivo

«La música debe hacer saltar fuego en el corazón del hombre, y lágrimas en los ojos de la mujer». Es la famosa frase del gran Ludwig van Beethoven. Si una obra no logra hacer que el alma se estremezca, no es buena. No habrá logrado su objetivo. Si una obra no consigue que sintamos aquello que pretende expresarnos, aquello que, a menudo, no hay palabras para describir y ella consigue, no es buena, es una mera consecución de sonidos colocados en un papel de manera arbitraria.

Si bien estas afirmaciones pueden ser discutidas, nos preguntamos, si la música penetra en nosotros y consigue que seamos poseídos por ella, ¿cuáles son sus consecuencias? ¿Qué hay tras ese estado de éxtasis? Tal como viene, ¿se va? ¿O más bien cambia nuestra percepción de la realidad? ¿Pueden los sentimientos que la música representa cambiar nuestro estado de ánimo, pensamiento, o nuestras obras?

Recientemente, y no tan recientemente, se ha abierto de nuevo el debate. ¿Realmente, el tipo de música que escuchemos tiene algún poder sobre nosotros? Muchos hemos escuchado en distintos medios argumentos que asocian un acto de cualquier tipo con la música. Actos que llegan a ser trágicos y objetivo de claro reproche. El ejemplo más claro es cuando se produce un asesinato y el sujeto en cuestión resulta que escucha rap, heavy metal, o algún estilo musical similar. Nuestra área de estudio es la música, pero bien sabemos que este tipo de argumentos se pueden extrapolar muy fácilmente a otros elementos de la sociedad en la que vivimos.

Slipknot Live at Download Festival in 2015.

Slipknot Live at Download Festival in 2015. Imagen cortesía de itsnotenough.mx

Así pues, trataremos con nuestra primera pregunta. ¿La música ejerce influencia sobre nosotros? Sí. Desde luego que sí, a veces una canción alegre puede hacer que se enfrente el inicio del día con una mayor positividad. O que, por el contrario, una triste nos ayude a desahogarnos en un momento dado. De hecho, es tanta la influencia que la música puede ejercer sobre nosotros que el cine la utiliza exactamente para eso. Potencia la carga sentimental de una escena, llegando a tener el mismo o mayor protagonismo que ésta.

Ahora bien. ¿Es tal la influencia que genera la música sobre nosotros que puede motivarnos a hacer algo malvado? ¿Puede la música quebrar nuestra personalidad? No. La música, como hemos comentado, influye, pero no cambia. El individuo es quien es independientemente del tipo de música que este escuche, por mucho que la sociedad se empeñe en que no sea así. Porque vivimos en una sociedad en la que si alguien escucha reggaeton es machista, si alguien escucha rap pertenece a alguna banda callejera, y si escucha heavy metal la higiene no es su fuerte y su personalidad es irascible. No vamos a negar que en algunos casos estos clichés coincidan, pero no deja de ser mera casualidad. Si alguien escucha reggaetón y es machista, no es porque escuche reggaetón, es porque es machista, y esto se repite con los demás ejemplos que hemos planteado.

El individuo siempre tiene la última palabra. Aunque la música le haga sentirse de una manera determinada, si él tiene juicio propio, sabrá actuar en relación a éste. Es decir, una persona en su sano juicio no va a convertirse en asesino por mucho Slipknot que escuche, lo escucha porque le gusta, porque «salta fuego en su corazón». La música, de carácter agresivo, suele realizar una función de medio. La agresividad sale del cuerpo usando la música como canalizador. Es una especie de purga. De hecho, sus usuarios así lo describen. Todo depende del individuo. Si sabe diferenciar lo correcto de lo que no, sabrá actuar en consecuencia. No va a matar a su pareja por haber escuchado «A Little Piece of Heaven» (Avenged Sevenfold), sino porque es un asesino.

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Slipknot en concierto. Imagen cortesía de itsnotenough.mx

En el caso del colectivo, hemos de decir que interviene un gran factor. La globalización, a la que se le suma la música comercial. Los individuos que no tienen una personalidad propia o lo suficientemente fuerte tienden a seguir al resto del colectivo. De hecho, muchas veces adoptan formas de vestir, complementos, e ideas que propugnan algunos cantantes o grupos musicales. Estas ideas, por norma general no son malas. Pero sí que es cierto que aquellas personas que no tienen las ideas claras tienden a caer en ellas o tomarlas como algo más allá de lo que son, aunque algunas sean muy acertadas. Nos referimos, sobre todo a los jóvenes que, en ocasiones, al crecer, se avergüenzan de como vestían años atrás. Aunque visto así, se ven influenciados por la sociedad del mismo modo, puesto que ésta les muestra «lo correcto», sobre todo de cara al mundo laboral, al igual que a los jóvenes les muestra «lo que mola», de cara a sus amigos.

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Secreto «El Famoso Biberón» en el videoclip de su canción «Mi cumpleaños». Imagen cortesía de www.hlsradio.com

Así pues, la música es una de las cosas que más influyen en el ser humano desde que somos lo que somos. Pero no por ello estamos sometidos a ella. Nosotros tenemos siempre la última palabra, el poder de decidir. Además de que la música en sí misma, sea del tipo que sea, invita al placer, no al dolor. De hecho, como dijo Tchaikovski: «En realidad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco».

Fotografía de la primera escena de la película «Apocalypse Now» (Francis Ford Coppola, 1979). Cortesía de www.cinemaarchives.com

Fotografía de la primera escena de la película «Apocalypse Now» (Francis Ford Coppola, 1979). Cortesía de www.cinemaarchives.com

Baltasar Camps Estellés

El arte de la ideología

Creación y pueblo
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 6 de mayo de 2018

De verdad es que salgo de uno y me meto en otro; no sé qué va a ser de mí, porque los ataques de risa me dejan el cuerpo dolorido. Y además están sobrevalorados, no son elegantes. Tampoco me gustaría parecer exagerado pero es que la realidad siempre acaba por superar cualquier fantasiosa previsión. Lo último es ya hilarante desde el propio título del artículo. ¿O era una noticia? En fin, que ya no se puede condensar más gracia en un título a pesar de la extrema gravedad y seriedad que pretende su abstracto autor*. Veamos si puedo escribirlo de tirón: “CREACIÓN Y PUEBLO: EL ARTE COMO RESISTENCIA”. Traduzco: El pueblo unido en la creación sólo puede dar de sí un arte (decente), el de la resistencia. Bueno, más o menos. El caso es que es ¡tan marxista! Y no es que tenga nada en contra del lenguaje marxista más allá de su indiscutible anacronismo y de su patética autoconsciencia moral, es simplemente que por todo ello me parece hilarante.

Quizá hiciera falta, antes de continuar, situar el texto en cuestión, el del artículo/noticia, en su contexto. Se trata de un texto/noticia publicado/a en la revista cultural-digital que hace referencia a una exposición que se exhibe en el Centre del Carme, uno de los Museos del Consorci de Museus, una exposición llamada Creación y Pueblo. Así pues, y esto resulta tan relevante como definitorio, se trata de la reseña (?) de una exposición exhibida en un Centro de Arte Institucional sufragado con dinero público y amparado por el Gobierno de turno. El director del Consorci lo explica: “Creación y Pueblo es una exposición producida por el Consorci, de carácter colaborativo que transgrede el ámbito del centro de arte para involucrar a toda la ciudadanía desde diferentes perspectivas”. Aquí no hay nada que traducir, todo es demasiado literal en la transmisión de su ideología. Otra cosa sería entender realmente el significado de los conceptos colaborativo, trangresión y (toda la) ciudadanía. O mejor, otra cosa sería dilucidar la relación de esos conceptos con la verdad de los hechos. O incluso con la efectividad.

Vista de la exposición 'Creación y pueblo'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición ‘Creación y pueblo’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Parece mentira, pero a estas alturas de la vida haría falta recordar algo tanto a la comisaria, como al director del Museo, como a los artistas de la muestra: que estamos en la era digital, es decir, en la era de la hiper-información y de la hiper-comunicación. Así, si hay algo que distingue a un ser analógico de un ser digital es que el primero podía intuir algo acerca de su alienación mientras que el segundo sólo puede tener la absoluta certeza de ello. O por decirlo de otra manera: en la era analógica (en la que habitó esa era del Arte que duró poco más de 200 años) el problema capital -desde el punto de vista ideológico- era el de creer o no en la distinción entre Arte elitista y arte popular, mientras que en la era digital esa distinción resultaría patética, pues el arte se ha integrado definitivamente en lo social, se ha, por fin, democratizado. Es decir, el objetivo último del Arte Moderno, el de igualar el Arte con la Vida (recuerden: Arte=Vida) se ha hecho realidad, quizá incluso a su pesar, tal y como intentaremos demostrar.

O por decirlo ahora con un ejemplo: no es lo mismo ser (supuestamente) combativo y activista cuando TODA la información NO estaba al alcance de cualquiera (era analógica), que cuando TODO el mundo ya sabe eso que denuncian y combaten los artistas de forma absolutamente manierista y sofisticada…  y además desde una atalaya inevitablemente elitista, la del Museo Institucional. Así, la ingenuidad de Hans Haacke o la de Joseph Beuys pudo ser relativamente perdonable porque el Arte podía concebirse como una vía de información a la que no TODOS podían acceder, una vía que podía resultar medianamente creíble en la medida en la que fundamentaba su activismo en el rechazo de lo institucional, sin embargo resulta verdaderamente patético que los artistas se crean hoy en día provocadores de algo. Y ya no tanto por decir lo que ya TODO EL MUNDO SABE, que también, sino por hacerlo a rebufo de los mismos requerimientos de la Institución Político/Ideológica que va y resulta es más radical que ellos, los artistas. Qué risa.

Para justificar la exposición su comisaria habla de desequilibrios sistémicos en nuestra sociedad para concluir: “Desde la idea de que todos estamos al servicio de un sistema establecido, los artistas invitan al público a reaccionar” […] “La práctica artística puede ser definida como un ejercicio de libertad que se opone a la complacencia generalizada y a la homogeneización de un mundo cada vez más global. Si el arte transforma la realidad, o trasciende las ideas desde la marginalidad, el arte resiste creando”.

Vista de la exposición 'Creación y pueblo'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición ‘Creación y pueblo’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

¿Ven ustedes a lo que me refiero? Lean de nuevo las explicaciones de la comisaria si no les es de mucha molestia. No puede ser más hilarante un discurso que sólo se sostiene desde el voluntarismo buenista y simplón. Supongo que no haría falta señalar la extrema simplicidad que emana de la idea explicatoria genérica; que es ésta: porque todos estamos al servicio de un sistema establecido… los artistas invitan al público a reaccionar. Así, una vez más y como si no hubiera pasado el tiempo (Lehman Brothers, Internet, Big Data, Redes Sociales), estamos de nuevo ante los artistas como seres iluminados, mesiánicos.

Por otra parte ¿por qué aceptar que la práctica artística es un ejercicio de libertad cuando vemos que la intención de los artistas coincide a la perfección, ¡oh casualidad!, con la de los Poderes Fácticos? La Institución Política, es ahora (en la era digital=Corrección Política) la perfecta abanderada de todas las causas justas. Que otra cosa distinta a la auto-promoción de los Poderes Fácticos es lo que hagan después esos Poderes Fácticos en connivencia con el Mercado. Es precisamente la Instittución Política la que a través de sus Concejalías de Cultura y sucedáneos se limpia la deteriorada imagen usando a los artistas, comprándolos, y los artistas los que acuden raudos con el mocho a limpiarla para que ésta tenga una buena imagen. Y lo peor es que lo hacen por un puto plato de lentejas. Y perdón por perder las formas.

Además, ¿por qué presuponerle al público (al que tanto dicen respetar) una -intolerable- complacencia generalizada? ¿Acaso no podría ser abonable la tesis de que al público le proporciona cierto goce la alienación? ¿Y qué decir de la homogeneización, no es eso lo que al fin y al cabo pretende todo discurso buenista: homogeneización, igualdad, recorte de las diferencias? Por otra parte, ¿el arte transformador de la realidad… existiendo Internet? Me muero de risa de nuevo, no lo puedo evitar. En vez de decir que el arte resiste creando, ¿no sería mejor decir que la creación resiste a pesar de ese ejército de paniaguados engreídos que conforma ese mundillo del arte que patéticamente se resiste a reconocer el acabamiento del Arte (que se produjo desde que precisamente el arte se integró en lo social)? Tal y como decía en el postanterior, nunca en la Historia se había visto tanto supuesto activista comprometido chupándole el esfínter al Poder de forma tan perfecta.

*El artículo/noticia se encuentra en MAKMA. Aquí el enlace para quien lo quiera leer: https://www.makma.net/creacion-y-pueblo-el-arte-como-resistencia/

Vista de la exposición Creación y pueblo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición Creación y pueblo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Alberto Adsuara

Es que me muero de risa con el mundillo del arte

Valencia. Enero de 2018

Hace unos días aparecía esta noticia a toda página en la contraportada de El País: “Una exposición repleta de falsos ‘modigliani’”

La contundencia de la noticia se vale por sí misma, ya no tanto por lo que dice cuanto por lo que significa. Decir repleta no es decir cualquier cosa, es decir, repleta. Tal y como el mismo subtitular reza con un tipo de letra intermedia:

“Un informe policial asegura que un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”

Exposición de los falsos Modigliani en Génova. Imagen extraída de la web de rtve.

Exposición de los falsos Modigliani en Génova. Imagen extraída de la web de rtve.

Lo cierto es que el Arte Moderno y Contemporáneo tienen sus cosillas. De hecho, son las cosillas que envuelven a ese Arte Moderno que comenzó a imponerse a finales del XVIII las que de forma previsible nos condujeron a su inevitable acabamiento. Y así le ha ido al Gran Relato que fue la Historia del Arte: que ha desaparecido en los bajos fondos de la Revolución Tecnológica. Aunque haya tanta gente que se muestre reacia a percatarse de esa desaparición, bien por inercia, bien por melancolía, bien por intereses económicos.

Así que el Arte fue un sueño -de la razón- que transcurrió entre Revoluciones, la Francesa y la Tecnológica. Ese periodo de tiempo en el que el Arte se imponía a dedo… ya no por Reyes, como en el Antiguo Régimen, sino por Expertos; críticos, exegetas, historiadores, marchantes, políticos y narcotraficantes. No hay persona mínimamente informada que no sepa que el Arte Moderno surge, precisamente, cuando la maestría y la excelencia (de un arte al servicio del Poder) fueron sustituidas por la sinceridad y la autenticidad de unos seres (artistas) que justificaban su presencia en el hilo narrativo de la Historia a partir de un relato hiper-racionalizado, valga la paradoja y en contra de las apariencias.

Uno de los falsos Modigliani expuesto en Génova.

Uno de los falsos Modigliani expuesto en Génova.

El caso es que ¡“Un tercio de los cuadros exhibidos en Génova la pasada primavera no eran auténticos”!, dice la noticia […]. Perdón por la pausa, pero es que me da la risa y me cuesta escribir, se me emborrona la tinta con los lagrimones que se me escapan involuntariamente. Sobre todo cuando pienso en los más de 100.00 visitantes que salieron del Palacio Ducal cachondos por la ingesta de Alta Cultura. Si verdaderamente fueran dignos de tanta cultura exquisita exigirían la devolución del dinero de la entrada, y los padres y profesores pedirían compensación por los daños y perjuicios causados por la pérdida de autoridad ante hijos y alumnos. Me meo. Perdón, pero es que me imagino a esos profesores de instituto intentando culturizar a los amantes de Netflix señalando la genialidad de lo que habían hecho unos cuantos mindundis… y me meo. Perdón de nuevo, pero es que leo las conclusiones de la experta (Isabella Quatttrocchi) que ha analizado las obras expuestas, “están vulgarmente falsificadas” y es que no lo puedo evitar, me meo. Y perdón.

Uno de los falsos Modigiliani expuesto en Génova.

Uno de los falsos Modigiliani expuesto en Génova.

Alberto Adsuara