La figura de cartón de G. Aróstegui en València

La figura de cartón
Presentación libro de Gonzalo Aróstegui Lasarte
George Best Club
Calle Alzira, 12 de València
Sábado 16 de noviembre a las 19 horas

Gonzalo Aróstegui y su nuevo libro «La figura de cartón»

«La figura de cartón» es el tercer libro que publica el carismático y alternativo Gonzalo Aróstegui tras «Madrid 3» (2004) y «En los antípodas del día» (2012), profundísimo conocedor de temas musicales y cinéfilos, y fundador y creador del reconocido blog «Ragged glory».

La obra, con perfil de pura edición independiente, vio la luz a través de una campaña previa de micromecenazgo en la editorial Libros.com, y se presenta con un sugerente subtítulo: «Relatos de juventud, dolor y violencia».

En su contenido, -relatos con cierto orden o carácter cronológico- Aróstegui se inspira en experiencias tanto ajenas como personales o ficticias, dejando al descubierto emociones juveniles con anécdotas variopintas que van desde un concierto de Iggy Pop a sucesos relacionados con discos de Bob Dylan, Lou Reed, o pasajes que hacen referencia a descripciones de hipotermias nocturnas, reuniones de juegos de cartas, tabaco, whisky, relaciones sexuales, explotación laboral, conciencia social, o críticas al sistema.

El libro, que pone en evidencia un estilo personal muy reconocible fue presentado por primera vez el pasado 12 de septiembre en Madrid, y ahora se presenta en el George Best Club de Valencia, lugar de culto a la música y donde Aróstegui se dejó ver por última vez en Valencia momentos después de la presentación del libro publicado por MAKMA «1050 discos cardinales», en cuyo acto participó con una documentada aportación.

En esta ocasión se invierten los papeles, y Aróstegui estará precisamente acompañado por el crítico musical de MAKMA, Juanjo Mestre, autor del citado libro «1050 discos cardinales» quien realizará la introducción a modo de anfitrión y participará en el coloquio con el autor.

Cartel presentación de La figura de cartón en el George Best Club de València

Una buena oportunidad para disfrutar de los conocimientos musicales de este tándem, y para salir con el ejemplar firmado y con dedicatoria de Aróstegui.

Vicente Chambó

Madrid noir circa José Luis Garci

‘El crack Cero’, de José Luis Garci
Nickel Odeon Dos, 2019

“El escritor realista habla de un mundo en el cual
los gánsters pueden gobernar las naciones y casi gobiernan las ciudades…
donde nadie puede parar en una calle sombría, porque la ley y el orden son temas de conversación, pero se evita cuidadosamente hacerlos respetar…
Es un mundo que no huele muy bien, pero es el mundo en que vivimos»
(Raymond Chandler, ‘El simple arte de matar‘)

Un hediondo sótano al que Chandler desciende con voluntad etopéyica para analizar el género y sus túrbidos aromas, porque deba ser la ciudad la que ofrece, ineludible, las pútridas bajantes hacia las alcantarillas del mundo. Un orbe lóbrego y negro, una metrópoli confusa y negra. Un mundo noir, una ciudad noir.

Alojadas en el acervo literario y fílmico, las calles/meandros del Pacífico esconden sucesos y miradas crepusculares sobre la bruma falconiforme y maltesa de San Francisco (Dashiell Hammet & John Huston) o la perdición (James M. Cain & Raymond Chandler & Billy Wilder), onírica y sempiterna (Raymond Chandler & Howard Hawks), del tórrido lupanar de Los Ángeles.

Germán Areta (Carlos Santos) y El Moro (Miguel Ángel Muñoz) durante un instante de ‘El crack Cero’, de José Luis Garci.

Un modo de aventurarse por la vesania citadina, melanítica y existencial, al uliginoso abrigo de tumorosas costuras, nihilistas y extrínsecas, con las que hidratar, por estos predios, la urbe de secano, árida, desventurada y castiza, de la capital, que huele a gambas a la gabardina y sabe a churros y chinchón. Un Madrí de ateneos y pulmonías, en el que los crímenes uniforman las casas de lenocinio, con su pasión cobriza de ceniceros, adulterio y baquelita. Madrid diurno y gélido; Madrid nocturno, febril e incandescente; Madrid noir.

Y uno rinde, así, tributo lírico (venial apropiación) a la pertinente y lúcida estampilla –’Madrid Noir’ con la que el escritor Javier Valenzuela hubo significado su más reciente novela, ‘Pólvora, tabaco y cuero’ (Huso, 2019), para recorrer, con voluptuosa fruición, los sumideros de nicotina, brandi y alcanfor que revelan, como una radiografía, la naturaleza, obscura y excelsa, que habita en el horizonte estético y matritense imaginado por José Luis Garci; un intermitente e imprescindible cineasta al que se la ha reproducido una virtuosa erupción de pesadumbre, luces de neón y escepticismo en forma de trilogía urbana, infausta y renegrida.

Porque palpita en la mirada de Areta (Landa/Santos, Santos/Landa) la aflicción de un tiempo agotado e irresoluto, desnortado por las cloacas de la certidumbre; esa que a los tipos con “cara de daguerrotipo” les hace arrastrar consigo un perfume de derrota que expurgar en los extintos cines de Gran Vía, frente a los cuadriláteros de Santa Eugenia o sobre el tapete de los billares de Vallecas, haciendo “la carrera del señorito” al mus junto esos camaradas que le auxilian a uno a desplumarse de tanto dinero sucio.

‘El Último Crack’, un homenaje de Javier Di Granti al Madrid retratado por José Luis Garci en ‘El crack’ y ‘El crack Dos’.

Y parece natural regresar, en blanco y negro, al interior de los galpones, archivos y bibliotecas, a los salones y güisqui de los barrios altos, a las cabinas de fichas y a los transistores –aquellos que destilan la prosodia en las ondas de José María García (quizás, siempre, tras un partido del Sporting) o la insigne defunción de Cerillita Bahamonde–, anunciando un tiempo nuevo sobre el doméstico camastro de las transiciones. Un blanco y negro sustentado emocionalmente por la partitura al piano y saxo, cálida, nostálgica, asfáltica y omnipresente, de Glück.

Porque palpita en la mirada de Garci la necesidad de guarecerse de la intempestiva primavera del siglo XXI, templado al calor de lámparas de mesa, de luces convalecientes, junto a las que exhalar de los alveolos el tabaco negro de las fatalidades o el rubio de las madrugadas insomnes.

Jose Ramón Alarcón

‘La trinchera infinita’: un topo andaluz y la represión franquista

‘La trinchera infinita’, de Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi
Con Antonio de la Torre, Belén Cuesta y José Manuel Ponga
Coproducción España-Francia; La Claqueta PC, Manny Films, Irusoin, Moriarti Produkzioak, 2019

Antonio de la Torre. Escena de ‘La Trinchera infinita’.

Que yo sepa no es un tema que se haya tocado demasiado a nivel de cine, literatura u otras ramas de la cultura, y eso que es un asunto que da para mucho. Hablo de los topos, un término que se normalizó a partir de 1977 gracias a la obra titulada con ese vocablo por el leonés Jesús Torbado y por el vasco Manuel Leguineche, y que desde entonces se utiliza para definir a las personas que se escondieron durante bastantes años en zulos de casas, cobertizos, corrales, establos…, con el fin de evitar la durísima represión franquista de la posguerra.

Belén Cuesta y Antonio de la Torre. Escena de ‘La Trinchera infinita’.

Hay constancia de que hubieron abundantes casos hasta que se publicó el decreto-ley del 1 de abril de 1969, por el que se declaró la prescripción de los delitos cometidos con anterioridad al final de la Guerra Civil. Muchos de estos seres humanos fueron perseguidos por chivatazos, con manipulaciones vengativas de sus paisanos del pueblo, sin haber cometido delitos de sangre o sin pertenencia política a instituciones republicanas y, curiosamente, también recibieron la reprobación de los maquis debido a su oculta falta de acción contra el régimen dictatorial. De uno de ellos –del andaluz Higinio Blanco– trata la nueva película de Jon Garaño, José Mari Goenaga y Aitor Arregi, tres guipuzcoanos que ya saborearon las mieles del éxito –o mejor sería decir del reconocimiento crítico– gracias a ‘Loreak’, en 2014, y a ‘Handia’, en 2017.

Antonio de la Torre. Escena de ‘La Trinchera infinita’.

Visto lo visto, mucho me tendría que equivocar si ‘La trinchera infinita’ no lograse, nuevamente, tanto o, incluso, mayor valor crítico que sus antecesores largometrajes, puesto que es un peliculón de tomo y lomo, donde, además, Antonio de la Torre y Belén Cuesta se salen en sus respectivos papeles protagonistas; tanto, que rozan la mayor de las excelencias interpretativas. 

Escena inicial de persecución. ‘La Trinchera Infinita’.

A destacar los primeros planos de la persecución inicial antes de entrar en la angustia de una situación que influye en el trato con los vecinos y en una relación personal de pareja –o, posteriormente, también con la de su hijo– que, gradualmente, se va deteriorando por todo el conjunto de difíciles circunstancias. 

Antonio de la Torre en una escena de ‘La Trinchera infinita’.

Considero que es una película que deberían ver todos los españoles, primero, porque, a pesar de la dificultad de su argumento, es tratada con ingenio para no perder intensidad a lo largo de todo su visionado; segundo, porque ofrece brillantemente el lado oscuro del sufrimiento personal a partir del temor constante, del sentimiento de soledad o de tortura psicológica convertida en pesadilla; y tercero, porque es parte de una historia nuestra que no se podrá borrar por mucho alzheimer colectivo que se quiera imponer.

Cartel de ‘La Trinchera Infinita’.

Por todo ello y por mucho más, el resultado es una peli sumamente detallista, emotiva y con buenas dosis de suspense. No, no es cuestión de comparar y para gustos no hay nada escrito, pero, por mucho bombo que le den a Amenábar o a Almodóvar, yo apuesto por ‘La Trinchera infinita’ como la más seria candidata a los próximos Goya, tanto como mejor película como respecto a los actores principales. Veremos. 

Juanjo Mestre

Yanis Varoufakis y la farsa europea con Grecia

Adults in the Room (Comportarse como adultos)
Dirección: Costa-Gavras
País: Grecia
Con Christos Loulis, Alexandros Bourdoumis, Ulrich Tukur, Josiane Pinson, Valeria Golino…

Christos Loulis, Alexandros Bourdoumis representando respectivamente a Yanis Varoufakis y a Alexis Tsipras

Tenía especial interés en visionar este film del griego Costa-Gravas por el complejo tema que aborda acerca del rescate financiero de Grecia en el 2015, porque sabía que se basaba en la autobiografía del carismático Yanis Varoufakis y porque este director siempre ha practicado un cine activista y socialmente comprometido. De él siempre recuerdo «La caja de música» con Jessica Lange interpretando el papel de una abogada que defiende a su padre, un exiliado húngaro al que le acusaban de colaborar con los nazis.

Lo cierto es que me esperaba mucho más de un «Comportarse como adultos» que, desde la lamentable traducción del título -no le pillo para nada el significado, parece un melodrama juvenil- hasta toda la línea argumental, me dejó la sensación de un largometraje algo incompleto e impreciso, seguramente una subjetiva impresión motivada por echar en falta más profundidad en la realidad social del pueblo heleno.

Imagen de la película Comportarse como adultos

Y es que toda la cinta se sumerge casi exclusivamente en las duras negociaciones que Varoufakis mantuvo con la Troika, ese grupo de intimidantes hombres de negro que dependen del Fondo Monetario Internacional, del Banco Central Europeo y de la Comisión Europea.

Por supuesto hay detalles que hacen reflexionar al espectador, tales como que las opiniones del pueblo mediante sus votos sirven para bien poco frente a las políticas neoliberales más restrictivas, o cómo esas élites financieras no dudan en seguir sus dictámenes de austeridad sin casi ningún atisbo de benevolencia, filantropía y solidaridad. En ese sentido, así como en la importante responsabilidad de los medios de comunicación, sí que consigue Costa-Gavras exhibir su faceta más comprometida y emocional.

Cartel de la película Adults in the room ‘Comportarse como adultos’

Para ello descarga todo el peso principal de la peli en Christos Loulis, quien se encarga de representar correctamente la firmeza del guaperas, motero y peculiar Yanis Varoufakis -posiblemente uno de los políticos europeos más individualistas e interesantes de los últimos años-, abarcando hasta los últimos días en que se aleja de ser la mano derecha del primer ministro Alexis Tsipras, líder de la coalición de izquierdas Syriza, y presenta su dimisión.

Lo dicho, no está mal la película, tiene sus momentos pero está excesivamente apelmazada por tanto detalle técnico a nivel económico cuando lo principal se cocía en las calles de Grecia. Como dijo a principios del año en curso Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, «se aplicó una austeridad irreflexiva, no fuimos solidarios con Grecia y la insultamos». Pues eso, lo que les decía Varoufakis.

Juanjo Mestre

Woody Allen, llueve sobre mojado en New York

A rainy day in New York
Dirección: Woody Allen
País: EE.UU.
Con Timothée Chalamet, Elle Fanning, Selena Gomez, Jude Law, Annaleigh Ashford, Rebecca Hall, Diego Luna, Liev Schreiber, Cherry Jones…

Escena de la película con el paraguas. Gatsby Welles (Timothée Chalamet)

Por fin llegó el cincuentavo largometraje del genio neoyorkino a la gran pantalla tras verse envuelto por una desmesurada polémica previa, con boicot americano incluido debido al último -mejor sería decir penúltimo- episodio familiar privado ajeno a su labor de director, como fueron las declaraciones de su hija adoptiva Dylan Farrow.

El retraso de «A rainy day in New York» impidió su habitual regularidad de película por año, apuntando incluso a convertirse en un film maldito. Finalmente ha podido ser distribuida, al menos en Europa.

Escena película con Ashleigh (Elle Fanning) y Ted Davidoff (Jude Law)

Antes de introducirme en algunas particularidades sobre su contenido decir que mi admiración por Woody Allen se mantiene intacta, no ha decrecido ni un milímetro por descréditos de influencias dispares y se trata de un atípico caso por el que no siento ningún deseo de tener objetividad. Eso sí, me resultan curiosas las diferencias entre la crítica especializada y las opiniones de amigos con probado criterio que han ido a verla, en líneas generales estas últimas mucho más positivas y más cercanas a la mía. 

Y es que la mayoría de las apreciaciones que he leído en los medios «oficialistas» han sido bastante negativas, que si hay gags repetitivos de su filmografía, que si el guión es justito, que si tal o tal es demasiado predecible, que si hay cansancio creativo… Incluso alguna me ha parecido que se ensañaba en exceso, predominando aversión por Allen y dando sensación de ir más allá de un riguroso análisis de cine.

Selena Gómez), Timothée Chalamet y Woody Allen en un momento del rodaje

Entrando de lleno en este lluvioso día neoyorquino podríamos decir que sabe a nostalgia, a día otoñal, adquiriendo esa precipitación atmosférica la condición de elemento fascinante. Entre los actores no queda más remedio que destacar a un joven talento como Timothee Chalamet. Este chaval ya me pareció admirable en la exquisita peli italiana “Call me by your name” de Luca Guadagnino y, ahora, ha conseguido asentarme esa opinión con el papel de pijo intelectual que rechaza buena parte de su opulencia material familiar, deambulando entre el pesimismo, el neurotismo, la tozudez, la ironía y un curioso enamoramiento de su chica Ashleigh (Ellen Fanning), quien peca de excesiva inocencia, todo lo contrario que Shannon (Selena Gómez) aunque ambas coincidan en sensibilidad y en admiración hacia el personaje principal de Gastby Welles.

Shannon (Selena Gómez) y Gatsby Welles (Timothée Chalamet)

Sí, está claro que es la comedia romántica típica de Allen repleta de desventuras, relaciones complejas, contradicciónes y equívocos, con los prodigiosos diálogos característicos y poniendo énfasis paralelamente en las miserias de exitosos hombres maduros y en una sorprendente charla final madre e hijo que resulta determinante en el desenlace.

Cartel español de «Dia de lluvia en Nueva York» de Woody Allen

Que sí, que sí, que llueve sobre mojado. ¿Pero y qué? Ahí está, imperturbable y demostrando una ficticia elegancia que entusiasma. Queda claro que no es su mejor película, que no es una obra maestra y que posiblemente acabe en la segunda división woodyalleniana. Pero también que probablemente será otra de tantas en su inmenso arsenal filmográfico que se reconozcan cuando no esté.

Personalmente durante los noventa y tantos minutos de duración me evadió de la vida cotidiana, me contagió la sonrisa y me emocionó en algunos instantes. Eso es mucho, suficiente, tanto como para exclamar una vez más: Larga vida al gran genio Woody Allen!!!

Juanjo Mestre

Hasta siempre hijo mío, duelo y bondad

Hasta siempre hijo mío
Dirección: Wang Xiaoshuai
País: China
Con Liya Ai, Du Jiang, Zhao-Yan Guo-Zhang, Jingjing Li, Xi Qi, Roy Wang, Wang Jingchun, Cheng Xu, Mei Yong…

Imagen de la película «Hasta siempre hijo mío», utilizada también para el cartel

Extraordinaria, sensacional, exquisita, impactante, maravillosa… así podría llegar hasta un sinfín de elogios apasionados que ensalzaran como se merece a “Di jiu tian chang”, aka traducida como “Hasta siempre hijo mío”, el más reciente film de Wang Xiaoshuai.

La peli del director de Shanghái dura algo más de tres horas, un detalle que, a pesar de que en ningún momento se hace pesada, podría sumarse como hándicap a lo de ser un rodaje oriental. Por ello, casi con toda seguridad, acabe convirtiéndose en una apreciada película de culto para el mundo cinéfilo occidental.

Imagen de la película «Hasta siempre hijo mío»

Uno de sus aspectos más interesantes es que, junto a la trama principal que envuelve a los personajes, permite aproximarnos a la evolución socio-política del gigante asiático durante los últimos 40 años, de cómo una férrea dictadura comunista cede paso a una implacable expansión capitalista.

En ese transcurso de tiempo se entremezclan los asuntos cotidianos de la clase obrera china con las imposiciones de un régimen autoritario que influye directamente en el día a día, soportando y transigiendo con la disciplina y con las prohibiciones de obligado cumplimiento, como por ejemplo las fiestas privadas clandestinas o la política de control y represión sobre el hijo único que se aplicó en la República Popular China desde 1978 hasta el 2015 con el fin de reducir el crecimiento demográfico.

Imagen de la película «Hasta siempre hijo mío»

Ahora bien, si hay una particularidad original es que el guión no sigue un estricto orden cronológico, cosa que permite al espectador jugar con la imaginación de varias historias paralelas que convergen en una.

Pero indudablemente donde está el meollo importante es en los dos duelos, el de un hijo que muere ahogado y el de un hijo adoptado que no acepta su situación y se escapa de casa. A partir de ahí el director retrata extraordinariamente la dureza existencial de personas sencillas, humildes y nobles, con miradas, gestos y estados como la miseria, la bondad, el dolor y la tristeza que adquieren condición de belleza. Por supuesto a destacar la soberbia actuación de dos auténticos perdedores de la vida, como es el matrimonio protagonista formado por Jing-chun (Liu Yaojun) y Yong Mei (Wang Liyun).

Imagen de la película «Hasta siempre hijo mío»

Quizás la única pega para el que suscribe sea una recta final excesivamente reconciliadora por el sentimiento de culpa que afecta a varios personajes. Con todo me parece que apunta a clásico del celuloide, de las mejores películas que un servidor ha visto en la última década. 

Imagen de la película «Hasta siempre hijo mío»

Por ello y por mucho más recomiendo que vayan a verla, es de esos filmes que engrandecen el séptimo arte. Llévense pañuelos y si es preciso lloren, que no es nada malo derramar lágrimas. Además supongo que no durará mucho en la cartelera comercial, ya saben cómo funcionan estas cosas, máxime si no hay suficiente público interesado en el verdadero cine de calidad.

Juanjo Mestre

Amenábar, Unamuno y el franquismo

Mientras dure la guerra
Dirección: Alejandro Amenábr
País: España
Con Karra Elejalde, Eduard Fernández, Santi Prego, Patricia López, Inma Cuevas… 

Karra Elejalde en el papel de Miguel de Unamuno

Siempre he pensado que en todas las facetas del arte y de la cultura hay nombres sobrevalorados, infravalorados y los que más o menos están justamente reconocidos. Del repóker de nombres muy famosos del cine que exportan la marca España por el resto del mundo creo que la cosa se podría quedar en un full de dos ases (Almodóvar y Bardem) y tres jotas (Amenábar, Banderas y Penélope Cruz). Es decir, dos que han cosechado muchos méritos y tres que no son para tanto, opinión subjetiva sin ánimo de ser compartida.

Del director de cine Alejandro Amenábar que, al fin y al cabo, es el asunto central que nos ocupa, nunca he sido muy fan a pesar de que le reconozca méritos. De su filmografía creo que “Tesis” y “Mar Adentro” fueron las pelis con las que más conecté, aunque no hace mucho revisé la primera de ambas, todo un éxito del cine independiente español de mediados de los noventa, y no me pareció tanto como en su día.

Eduard Fernández en el papel de Millán-Astray

Ahora Amenábar vuelve plenamente al centro de la actualidad internacional con “Mientras dure la guerra”, una peli que empezó a generar gratuita divulgación en mayo del 2018 a partir de que la plataforma patriótica de legionarios, la misma que había intentado impedir que se cambiara la calle del fascista Millán-Astray en Madrid (actualmente calle de la maestra Justa Freire), advirtiera de posibles acciones legales si desde su óptica no se respetaba al fundador de la Legión y de Radio Nacional de España.

Alejandro Amenábar y Karra Elejalde en el rodaje

Ahí no acabó la cosa ni creo que acabe durante las próximas semanas. En los días previos al estreno oficial del pasado 27 de septiembre, a causa de los medios de comunicación enchufados que pudieron asistir al preestreno y a las entrevistas ofrecidas por el director chileno-español, se ha intensificado de manera desmesuradísima la polémica, tanta que es posible que sea un buen indicador de la situación o del país donde vivimos, donde las heridas todavía supuran porque nunca cicatrizaron.

Realmente lo que más me ha sorprendido de tanta controversia es el grado de irritación que he observado en las redes sociales por un sector, con improperios, insultos y descalificaciones hacia Amenábar y hacia una supuesta conspiración de adoctrinamiento “pseudo-progresista”. Curiosa tanta suspicacia y recelo, tanta indignación y exacerbación, tanto ruido en un país donde claramente se adoctrinó -esa palabra ahora tan de moda otra vez- en una sola línea durante los 40 años posteriores a la Guerra Civil y donde, en líneas generales, ha prevalecido un pacto de silencio tanto a nivel familiar como social, detalles que en cierto modo impiden madurar suficientemente nuestra democracia. Y lo más grave e increíble de todo es que muchos comentarios se realizan sin ver la película de marras. 

Santi Prego en el papel de Franco

Dejando al margen cuchicheos, chismorreos y un sinfín de absurdos debates, la peli versa -como cada vez más gente sabe- sobre los días precedentes al mítico acto de exaltación de la raza y de celebración de la Hispanidad que tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca con el célebre Miguel de Unamuno como rector junto a numerosos militares, el Obispo y Carmen Polo, la esposa del dictador Francisco Franco.

Cartel de la película «Mientras dure la guerra»

Seguramente la cinta contiene rigor histórico en un elevado tanto por ciento, con algunos detalles que posiblemente no están suficientemente acreditados y con algunos añadidos lógicos para hacer más atractivo su resultado. Que si los apuntes sobre civilización occidental cristiana, que si vencer y convencer, conquistar y convertir, que si los vivas a la muerte y en contra de los intelectuales, que si la Polo salvó a Unamuno de las iras fascistas…

Lo que más me parece interesante de esta peli, que no considero para tirar cohetes dentro del séptimo arte, es el enorme papel del actor vasco Karra Elejalde, quien consigue a la perfección que el personaje transmita ese librepensamiento que caracterizaba al escritor y filósofo bilbaino, con sus contradicciones, sus paradojas y su evolución ideológica, incluidas sus reflexiones cuando es apoyado y destituido de su cargo tanto por la República como por el bando sublevado y golpista. Solamente por eso, porque además la peli es entretenida y porque siempre es un placer acercarse a Don Miguel de Unamuno como una de las grandes figuras de nuestro patrimonio cultural me parece que debería ser bien valorada entre la crítica y entre los espectadores españoles.

Juanjo Mestre

La servilleta de MAKMA

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Vicente Chambó (MAKMA y El Caballero de la Blanca Luna)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Publicar un resumen de 5 años en materia de eventos o exposiciones, artistas visuales, actores, músicos, comisarios, bailarines, editores, gestores culturales y otros protagonistas del ámbito de la cultura en general, se antoja imposible, habida cuenta que ha sido abundante y de calidad la oferta producida y, en buena parte, imposible de cubrir por medios de comunicación en general, a los que la crisis internacional, sumada a la progresiva fuerza del soporte digital, empujó al cierre o a severos ajustes. Situación que, por otro lado, ha generado en los últimos tiempos la aparición del mayor volumen de información visto en la historia de la humanidad. Ahora, cualquier ser humano es capaz de editar y remitir una grabación de video con su teléfono móvil y compartirla en redes, haciendo inútil el esfuerzo de enviar a todo un equipo de profesionales con cámaras y micrófonos que, antes de partir, ya no serían primicia informativa. Son los pros y contras de la inmediatez. Ventajas e inconvenientes de la era digital, escenario en el que MAKMA vio la luz hace un lustro.

Como intención, cubrir las noticias con rigor, mirar al frente y atender los brotes de esperanza encontrados en el trayecto, pero también ir sembrando, como si las dificultades coyunturales no existieran, cuando la realidad auguraba que un medio de comunicación escrito y digital dedicado a la cultura pocas posibilidades tenía en un escenario tan poco propicio para su viabilidad.

Durante este tiempo, al menos una vez cada año, MAKMA ha ido convocando a sus integrantes y colaboradores –pincho, vianda y plato por delante- con el fin de hacer balances parciales de lo acontecido. Y no está de más mencionar que en cada ocasión ha habido que hacer encaje de bolillos para enumerar, entre bocado y sorbo, asunto tras otro, lo más destacado de cada temporada y que, posteriormente, quedará publicado en www.makma.net, bajo el titular ‘La servilleta de MAKMA’.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Cada una de estas veladas ejerce en los contertulios un efecto balsámico y liberador, un algo que ayuda a aflorar las críticas más severas y los elogios más sinceros, elevando casi a lo espiritual el ejercicio de destacar o censurar todo aquello que se encuentra en uno u otro lado de la balanza, aunque es verdad que el objetivo es y será -salvo situación extrema- aprovechar la energía para construir. Hablamos de la predisposición natural de plantear caminos para mejorar la calidad y cantidad de información a ofrecer, pero también de profesionalizar y de explorar sendas para que los creativos dotados de talento tengan algún escaparate en un hábitat que es poco propicio para la germinación de ideas y su posterior evolución a convertirse en realidades.

Por esto, y un lustro después, dejar registrado en una sentada y unas líneas lo acontecido desde que MAKMA vio la luz hasta hoy sería imposible. Es cuestión de volumen; hace cinco años no había menos actividad a pesar de la crisis, no. Había menos actividad institucional por falta de presupuestos (vamos a dejarlo así), pero la comunidad artística nunca dejó de producir noticias, aunque, desgraciadamente, muchas de ellas han estado alejadas de lo que se podría considerar un ejercicio profesional legítimamente reconocido, económicamente hablando. Nuestra sociedad no contempla al artista como a un profesional que en justa medida pueda vivir de su actividad, y esto tenemos que lucharlo desde los hogares hasta los centros de educación.

Por otro lado, ordenar algunas de las ideas que siguen bullendo después de media década requiere inspirar y expirar con profundidad, el aire entra en los pulmones como después de subir la cuesta más vertical, como en los inicios, cuando MAKMA es concebida en ese escenario complicado de crisis en el que la sociedad está atenazada, los talentos emigran para poder alimentarse y las expropiaciones de viviendas son dramas habituales que afectan a seres próximos, a la vez que los casos de corrupción en los Órganos del Estado anulan la esperanza de los más fuertes. Simultáneamente, los medios de comunicación de papel y las hormigoneras han desaparecido del paisaje. Estamos en un escenario cuya predicción únicamente muestra catástrofes, pero la creación de un medio como MAKMA tiene posibilidades de ofrecer esperanza, de aportar algo de luz y megáfonos. Debe ajustar sus esfuerzos en base al soporte digital, pero involucrándose para poner en valor el talento y a las entidades que se ocupan de dar visibilidad a ese talento cumplirá una buena labor. Hay elementos cuya supervivencia en la franja más árida del desierto están necesitados de esperanza, y la sequía es menos cruel con riego por goteo.

Todavía quedan numerosos protagonistas activos en el sector, son los que con su fuste y resistencia han sobrevivido con lo mínimo, siguiendo sus planes de exposiciones en un páramo de difícil retorno. Al final, pasada la criba de la selección natural, en una sequía tan brutal solo pueden sobrevivir los poetas hibridados con genes de gladiador. Seguro que muchos de nuestros lectores están levantando la mano.

Y es que en materia de cultura, artes visuales, escénicas o energías renovables, no hay legislación fiscal ni plan efectivo que haya dado con la clave, y estamos perdiendo el tiempo. Un país de creativos es una potencia en exportación de ideas y de valores. Un patrimonio no explotado que con algunos ajustes movería montañas.

‘Gruta 4-4’, de Carlos Domingo.

Es verdad que tenemos en nuestra sociedad una cuestión importante a solventar que se percibe claramente cuando se viaja fuera de nuestras fronteras: por falta de información, de educación o de lemas formativos, bajo el manto espiritual de poner la otra mejilla, la ganancia se antoja censurable y poco digna de un artista honesto. Así vamos por mal camino. Son muchas teclas, muchos mimbres que tocar por parte de todas las instituciones para cambiar la mentalidad. Aquí queda la reflexión: en los países (no mejores ni peores) cuya mayoría confesional (practicante o no) es protestante, el esfuerzo tiene como legítima correspondencia el premio, el estímulo y la retribución por ese esfuerzo, por ese logro.

Hemos de tener claro que el desarrollo profesional en materia de cultura requiere una compensación por el trabajo. Y cuando el profesional destaca por sus capacidades en una selva tan dura no debería ser cuestionado. En una sociedad con todas estas complicaciones, quien consigue salir adelante honestamente, más bien debería ser digno de admiración y de estudio.

Los lobbies han existido siempre, galerías, críticos, medios o editores, son piezas clave en la consolidación de un artista, al igual que el productor, director o gestor de un teatro. Los apoyos determinan el futuro del protagonista, sí. Incluso a menudo se observa la búsqueda de estrategias, la puesta en marcha de la inteligencia, la sintonía de intereses comunes, sí. Pero la información de la que MAKMA se ocupa refleja y obedece a criterios de imparcialidad. Unas veces más, otras veces menos acertados, pero los creativos que están en la órbita del interés de MAKMA son ídolos de quienes buscamos la ética en la estética. El mensaje sincero. Por esto sentimos que cuanto más preparada esté la sociedad, más honesta será la criba del artista que se consagrará y más garantías de sinceridad tendrá su discurso. Esto es evidente. Y aquí está MAKMA para aportar su grano de arena, y esto pasa también por despertar el interés del público que debe sentirse partícipe, atreverse a valorar y potenciar su criterio en el mundo de la creatividad, desarrollar sus argumentos, pros y contras, aplicarlos y llevárselos a su terreno. Invertir en ellos.

Estos son algunos de los pensamientos que durante noches, días, semanas, meses y años se alternan en orden, pero no en intensidad. A veces se adormecen, pero resurgen, siempre reaparecen. Hoy, aunque de forma un poco desordenada, pero de manera muy directa, necesitaban salir de paseo para poner en valor el trabajo de los que se esfuerzan por hacer bien el día a día sin desfallecer. Este proyecto llamado MAKMA les apoya, aunque en el balance del lustro cumplido no se incluyan explícitamente nombres y apellidos.

Estas palabras surgen como almas justicieras exigiendo lluvia para los poetas-gladiadores. Los que siguen sobreviviendo en esta franja más extrema del desierto. Los que consiguen que su siembra, actividad diaria, exposición, película, guión y verso broten con brío. Los que interpretan su danza poniendo el alma. Los que producen las cosechas en condiciones adversas. Nos gusta esta gente por ello, porque sólo los sabios humildes pueden ajustar sus mimbres para sacar el mejor partido al escenario.

Para redactar los balances anuales, y el 5º cumpleaños no es una excepción, suele acudir a la memoria el caso de la sentada en un restaurante no identificado -probablemente en París- que al parecer reunió a Picasso, Georges Braque, Juan Gris, Max Jacob, André Salmon, Jean Cocteau y Guillaume Apollinaire. Comieron y bebieron tres bocados y ocho tragos más de los que cabían en sus buches, y a la hora de abonar la cuenta todos se hicieron los suecos. Miraban hacia un lado y el otro y silbaban. Entonces Picasso toma la iniciativa, y abre los brazos apartando copas, platos y cubiertos, dejando despejada su parcela de mantel. Toma su estilográfica, hace un dibujo sobre una servilleta y solicita la presencia de la dueña del restaurante. Una vez que ésta acude, le ofrece la servilleta para sufragar los gastos. La dueña, sonriente, solicita a Picasso que firme el dibujo. El genio, mirando a la señora, le responde:

“Estoy pagando el almuerzo, no comprando el restaurante”.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

No estamos en el París anterior a 1918 (fallecimiento de Apollinaire). Redactores y colaboradores de MAKMA han venido reuniéndose en varios restaurantes de la ciudad de Valencia. MAKMA ha ido convocado al equipo de forma progresiva, intermitente y a hornadas cada vez que ha habido que afrontar el balance en su momento justo. Por lo general, despidiendo el año. Brindar en hermandad genera una atmósfera especial. Entre los reunidos siempre ha quedado huella de alguna servilleta coloreada, algún dibujo ilustrado sobre el mantel, aunque cualquier papel es válido si la rugosidad de la servilleta no resulta ser un buen soporte. Es genial planear sobre tanta vocación en suma. En realidad, la entrega y dedicación de cada uno de los componentes de MAKMA nace por el respeto a la propia condición inventiva y constructiva. Ama al prójimo como a ti mismo. Construir y crear con humildad es algo innato en todos y cada uno de los miembros que en una u otra ocasión han estado presentes durante estas reuniones específicas, esto no es casualidad. MAKMA (mejor repetirlo que quedarse corto) es el resultado de esa voluntad que hace cinco años puso en marcha un proyecto de comunicación innovador y riguroso con vocación de informar y crear, sobre y para creativos y actores de la cultura, porque en la creatividad está la clave para solucionar los problemas del s. XXI. Si el mundo de la ciencia, empresas y entidades de todo tipo, cuentan con creativos para sus consejos y asambleas, las soluciones estarán más cerca.

Los garabatos y dibujos que han quedado en servilletas y manteles después de cada cenáculo MAKMA son testimonios íntimos que podrían ser compartidos con nuestros lectores. ¿Con quién sino?, y hasta podrían convertirse en un ejercicio para acercarnos y estrechar nuevos vínculos a través de esta idea a la que podríamos llamar, cómo no, ‘La servilleta de MAKMA’.

Comunicar e intercambiar emociones son rasgos característicos entre la especie humana, y desarrollar nuevos proyectos puede ayudar a generar un tejido cultural entre los universitarios que deciden hacer sus prácticas de empresa en MAKMA, a través del programa de colaboración que MAKMA tiene abierto con la Universitat de València, y que ha sido fuente de empatía con ESAT por la necesidad de tener en cuenta el factor viabilidad en las profesiones artísticas durante el periodo de formación.

Picasso y los suyos seguro que no siguieron ningún orden establecido en sus intervenciones, no creo que pidieran turno de palabra en aquella sentada gastronómica, no de derecha a izquierda, ni de izquierda a derecha, si no de arriba a abajo, al centro y para dentro (trago).

Tampoco en los cenáculos de MAKMA hay turnos. El vino suele proceder de Fontanars dels Aforins, de Utiel Requena, de D.O Alicante o D.O Valencia, y levantar la mano para pedir la palabra suele ocasionar confusión. Cuando cualquiera de los presentes alza el brazo no se está seguro si pretende decir “camarero (sin mayúscula) sírvame” o está pidiendo turno de réplica.

Una cosa parece clara, Picasso habría tenido que recurrir a la estilográfica de Apollinaire -aquella con la que hacía sus caligramas- para firmar cantidad de servilletas a cocineros y restauradores encontrados en el camino. Los mismos profesionales -ilusionados creativos de los fogones- que con su esfuerzo han mantenido abiertos sus restaurantes a pesar de la que ha caído. Sí, aquella estilográfica con la que Apollinaire podría haber escrito el borrador de su ‘Manifiesto Cubista’ del que rescatamos una consigna para la ocasión:

“La buena voluntad no garantiza en absoluto la victoria”.

Manos a la obra.

Obra del artista Carlos Domingo.

Vicente Chambó

El tabú de la cultura como epitafio del arte

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Jesús García Cívico (crítico literario, crítico de cine miembro de FIPRESCI, profesor universitario y escritor)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Siempre he pensado que una época se expresa, sobre todo, a través de aquellas palabras que le cuesta pronunciar. Si en la puritana sociedad victoriana no se podía hablar abiertamente de “sexo”, y la palabra “agnosticismo” casaba mal con el franquismo (lo que indicaba que los ingleses se pasaban el día pensando en el fornicio o que la mayoría de los españoles de la época se comportaran como pésimos cristianos), en nuestros días, uno de los términos que suscita mayor incomodidad es el de cultura. Hoy ya resulta difícil encontrarla en los suplementos culturales que hace tiempo pasaron a utilizar el rótulo ‘culturas’ como expresión, según lo veo, de un tipo de complejo etnocéntrico y una predisposición a conducirse según la inercia más simple de los tiempos.

Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

¿Qué es cultura? ¿Por qué apenas podemos hablar de ella con adjetivos que criben lo mejor de lo peor? Escribió Raymond Williams que el de cultura es “one of the two or three most complicated words in the English language”. En ‘Culture’, los antropólogos Kroeber y Kluckhohn compilaron una lista de 164 definiciones de cultura que abarcaban desde la metáfora del cultivo, de la que proviene etimológicamente el término, al culto a los dioses, de la descripción de costumbres (incluidos, por ejemplo, los sacrificios humanos o la tortura) al conjunto de conocimientos y desarrollo científico, intelectual o artístico que permite a alguien desarrollar un juicio crítico (por ejemplo, en relación con los sacrificios humanos y la tortura). En la filosofía y literatura alemanas hay dos palabras para referirse a la cultura: Kultur y Bildung, que remiten a una dualidad básica de sentidos. La primera refiere el conjunto de instituciones que determinan la originalidad de un grupo humano o una sociedad; mientras que Bildung se orienta a la acción formativa de algunas obras del arte y de la literatura sobre el sujeto (un ser humano en particular). Estas dos ideas cobraron forma en una acepción subjetivista y una objetiva del término, la primera ligada a la educación de los individuos, la segunda de tono antropológico, al folclore de los pueblos. En la intersección de ambos sentidos, según lo veo, podríamos haber hablado sin ambages de logros culturales en un sentido evolutivo ligado a la idea de progreso. ¿Cuáles? El pluralismo democrático, la tolerante polifonía de la novela, la separación de poderes, las vanguardias artísticas, la abolición de la esclavitud, los derechos sociales, la extinción del analfabetismo, la lucha contra el fanatismo religioso, el respeto al medio ambiente, la emancipación de la mujer.

La ambigüedad del término dio pie, sin embargo, a usos enfrentados: de la “Industria cultural como engaño de masas” en Adorno y Horkheimer a la sentencia de Benjamin: “no hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie”; del recelo de Freud a la decepción profunda expresada por Georg Steiner por la coexistencia, en pleno siglo XX, de la “alta cultura” con el horror más absoluto; de la “cultura del pelotazo” al relativismo cultural como bandera de la postmodernidad. Deleuze, Guattari, Baudrillard o Lipovetski hicieron un diagnóstico, más bien estremecedor, sobre la situación de la cultura a finales del siglo pasado: lo que empezaba a caracterizar a los modos de producción capitalistas no era solo un registro particular de los valores de cambio, sino un modo de control de la subjetivación. La sustitución de una singularidad (la de Egon Schiele o la de Kafka, por poner solo dos ejemplos) por la individualidad como dimensión esencial de la cultura de masas. La cultura de masas produce individuos normalizados con una inquietante predisposición al populismo y a indignarse como parte de colectivos zaheridos. ¿Nos suena de algo? El relativismo de tipo posmoderno permite la explosión de un número de individualidades predispuesta a asumir sin ningún sentido crítico expresiones del tipo “filosofía empresarial”, “cultura del hip-hop” y muchas otras, de forma análoga a cómo las corridas de toros o las peleas de gallos habrían generado su propia “cultura”.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿No es toda cultura el resultado de un sinnúmero de influencias sin fronteras? ¿No es un territorio abierto en el que Kurosawa habla la lengua de Dostoievski, Cheever la de Chéjov o la Martinica el de Gauguin? ¿No implica el rótulo ‘culturas’ la negación de la universalidad del arte, su atributo más característico y más hermoso? Y, en el mejor los casos, ¿no es una expresión “plurietnocéntica”? La crisis del criterio crítico, el tabú de la “alta cultura”, las patologías a la hora de juzgar no sólo no terminan con el etnocentrismo, ¡lo multiplican por cien!

El arte es un tipo de expresión cultural muy particular. En primer lugar, a diferencia de la ciencia o del derecho (donde podemos hablar, quizás más claramente en la primera que en la segunda, de progreso), el arte tiene una historia, pero no un progreso (no hay nada que pueda convencernos que de que Schubert o Jellinek sean superiores a Mozart o Bach, Malévich a Rembrandt, Coetzee a Marcel Proust). Además, el arte se rige por su propio valor, es inútil en la expresión más bella de la expresión: no es una herramienta para algo superior, se basta a sí mismo. La autonomía del arte, por último, permite una libertad absoluta desligada de tabúes, independiente de la moral y de la injerencia política, pero también del poder que descansa en el pueblo. Lo importante no es que todo el mundo pueda exponer en un museo, sino (y es ese el logro democrático), que todo el mundo pueda entrar en un museo. Si no distinguimos entre las acepciones del rico término “cultura” una que consideramos digna de protección, digna de exhibición, es posible que fenómenos muy análogos se extiendan y, por ejemplo, un día no muy lejano la obligación de la televisión pública de programar cultura se solvente con programas de cocina y talent shows o que la agenda de un centro de cultura contemporánea enarbole como mérito la sensibilidad moral del artista o se dé prioridad a reivindicaciones sociales o aquellas expresiones que llamamos equivocadamente populares, cuando no son hallazgos de ningún folclore sugerente rico en imaginación, sino parte de una estudiada mercadotecnia social de preocupaciones populistas nada singulares.

‘Los de fuera II’ (proyecto ‘Negro Humo’), de la artista Cristina Ramírez, ganadora del II Premio de Dibujo DKV-MAKMA.

Jesús García Cívico

WDC: del texto a la acción

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Pepe Romero (profesor del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, UPV)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

“Podemos hablar de cómo la realidad baila con la ficción en la frontera?
Está bien, entonces llevaré mi librea de hogareño
No comprendo
Tampoco yo entiendo eso del baile en la frontera”
(‘Doctor Pasavento’, E. Vila Matas)

Quizá fuesen las lecturas del ensayo de Balzac, ‘Teoría del andar’, y de la tonificante conferencia ‘Caminar‘, de Thoreau, las que provocaron que cuando nos reunimos por primera vez, decidiésemos cambiar de nombre* y realizar acciones consistentes en la lectura de estos libros mientras caminábamos al mismo tiempo, por ciudades distintas.

‘Simetrías Perversas’ y ‘Lecturas Peripatéticas’ se originaron con la lectura de unos vigorosos relatos que a diferencia de lo imperceptible de nuestra fugaces acciones, nos habían sorprendido y maravillado.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Caminar como si la noción de lateralidad no existiese, o hacerlo al mismo tiempo que fijas tu atención en el dispositivo citado, constituyeron las primeras acciones del grupo WDC. Tras ellas, un alegato contra el tiempo mercancía, expresado en el recorrido de un espacio corto o muy corto (1 metro en 5 minutos o 60 metros en 5 horas) y realizado con un paso ínfimo, componían ‘Tiempos Suspendidos’, performances en los que, incluso, se llegó a eliminar el movimiento, para ubicarnos en la inacción de la pura presencia, diluida, eso sí, en el bullicio de las calles comerciales del centro de la ciudad.

Aquí la ficción, como punto de partida, subrayando esa “frontera” en la que transcurre la danza y, lo mismo de lo mismo, en ‘Deambular por la Biblioteca’, un paseo con zapato-libro, en el que un grupo de personas recorren dicho lugar.

Posteriormente, dos de los componentes del grupo WDC realizaron acciones basadas directamente en relatos de ficción, y ya no se trataba de inspirarse, sino de reproducir la experiencia que otros habían descrito en sus textos.

‘Mr Gwyn’, de A. Baricco, relata la decisión de un escritor que, por ser inadecuada, deja su ocupación habitual (de nuevo, el preferiría no hacerlo) y la sustituye por la de copista. Se dedica, entonces, a copiar a la gente y a realizar unos retratos escritos que, más que nada, se definen como un “llevar de regreso a casa”. Para ello, solicita la presencia de modelos desnudos a los que, tras un mes de trabajo conjunto en su estudio, les entrega el sueldo previamente acordado y su retrato.

Un retrato que no es la descripción de un personaje, sino la de una historia escrita con un tono, un ritmo y una atmósfera en la que podemos así reconocerlo: “no somos tan sólo el personaje sino también el bosque por donde camina, el malo que lo incordia, el barullo que hay alrededor, toda la gente que pasa y el color de las cosas…”.

En el mes de octubre del año 2018, durante cuatro días, Almudena Millán y Pepe Romero, ambos del grupo WDC, se encerraron con los escritores Josep Carles Laínez y Rosa Mª Rodríguez Magda para posar como modelos durante dos horas cada día. Estos últimos debían realizar unos retratos de sus modelos partiendo del relato de Baricco. Iniciaron, así, una extraña experiencia algo alejada del relato poético, con el que se establecieron ciertos paralelismos.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Previamente, se firmó un contrato en el que, entre otras cosas, se les impedía comunicarse verbalmente, y ese ‘Performance para un solo espectador’ se realizó en Plutón C. C. (Espacio Enano Creative Commons) y fue incluido en el programa del Festival de Arte Intramurs de Valencia.

No se establecieron pautas específicas para la realización de los retratos y ni siquiera se discutió sobre qué aspectos del texto eran los más relevantes para cada uno de los cuatro involucrados en el proyecto que, por otro lado, no se conocieron hasta entonces.

Durante los cuatro días que duró la acción, los artistas esperábamos, ya desnudos, la llegada de los escritores para que realizasen su trabajo y, en aquel espacio, de repente surgió algo que en el relato es apenas visible. La disposición de los muebles y el resto de los objetos señalaron psicológicamente límites, territorios personales de confort y al mismo tiempo defensivos. Límites, que se mostraron en principio casi infranqueables. Posteriormente, cuando nos habituamos a compartir el espacio, dichos objetos se convirtieron en un apoyo y en un pretexto relacional, posibilitando acercamientos, juegos y otra virtualidades.

Ocurrieron muchas cosas en aquellos cuatro días que serán debidamente presentadas en su momento, pero avanzando una primera conclusión, creo que, en los trabajos enunciados, la realidad, en el caso de que baile con la ficción, lo hace siempre más allá de la frontera.

El extendido binomio arte-vida, no deja de ser una entelequia y el lenguaje artístico siempre es y será una ficción, una abstracción y un proyecto, aunque estos discurran paralelos y junto a la realidad cotidiana.

*Almudena Millán, Elia Torrecilla y Pepe Romero, bajo los seudónimos de Walker Citizen, Damian von Rosemarin y Camomille de Rodríguez componen el grupo de performers WDC.

Pepe Romero junto a otros artistas durante una de sus performances.

Pepe Romero