«He tenido una adolescencia similar a la de Bukowski»

‘Sacudido por la existencia’, de Raúl Bartleby
Valencia. 2019

Raúl Bartleby, nacido en Alicante en 1980, pasa infancia y adolescencia callejeando en el barrio de la colonia Santa Isabel (Alicante), hecho que marcó su personalidad y sus fechorías. Con el cambio de milenio se marcha a Valencia y allí continúa con sus «hazañas». Constructor de palabras, consigue sobrevivir a base de trabajar en la obra de la especulación (es de aquellos alumnos extirpados de la vida académica), pero su verdadera obra es la literaria, donde encuentra su verdadera vocación. Se considera un inadaptado del siglo XXI, que busca romper estereotipos estigmatizándolos desde dentro. A veces muy soez y chabacano en su expresión, no deja títere con cabeza, ni lugar donde esconderse de su indolente narrativa. 

Raúl Bartleby, a punto de arrojar contra el suelo una máquina de escribir. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo definirías tu tipo de escritura? 

Simplemente, solo es un estilo de un hombre libre. Al no ser periodista, ni político, ni haber estudiado filología, ni estar en ninguna editorial potente, supongo que mi escritura es diferente. 

Háblanos sobre el por qué de tu novela. 

Bueno creo que esta obra era la idónea respecto a otras que he escrito para presentarme al mundo. El tiempo dirá si me equivoqué o no. 

¿Por qué adquiriste tu seudónimo de Bartleby? 

Cuando empecé a escribir, por algún motivo, siempre rechazaba cualquier propuesta de estilo en mi escritura, por parte de la gente más cercana que intentaba aconsejarme. Me decía: “Podrías hacerlo así o escribir sobre esto o sobre esto otro”, y yo siempre me negaba pues tenía claro lo que quería. Entonces, un día mi compañera, de tanto escuchar estos alegatos, me dijo que me parecía al personaje de Herman Melville y ahí empezó todo. 

‘Sacudido por la existencia’, de Raúl Bartleby, a pie de calle. Imagen cortesía del autor.

¿Hasta qué punto el libro es autobiográfico? 

Un 100%, quizás más, o tal vez un 0%, depende del día. 

¿Cuánto tienes en común con el personaje de tu novela? 

Bastante, hemos compartido muchos universos juntos. 

¿Consideras que tu forma de escribir está influenciada por Charles Bukowski? 

Bukowski y Ray Loriga son los escritores que más admiro y los autores que más he leído, pero creo que con Bukowski lo que ocurre es que hemos tenido infancia y adolescencia similares. Además, su forma de fotografiar con palabras lo que veía lo hace para mí un tipo diferente. Era un escritor de verdad. Por eso me influyó desde el principio, desde que cayó en mis manos el libro de ‘Mujeres’ y, después, simplemente Bukowski pasó a formar parte de mi familia. 

Raúl Bartleby, pensativo. Imagen cortesía del autor.

¿Crees que hay que renovar el panorama literario? 

¿Para qué? ¿Para que sigan los mismos solo que con otra cara, cambiar los cromos? Lo que debe existir es una editorial nacional, si no las grandes corporaciones, los  mastodontes que fagocitan las letras, seguirán sin dejar un lugar por donde colarse, si entre otras cosas no pasas la prueba de sodomización. Luego están esos pequeños seres, esos escritores que trabajan en estas empresas y que se creen únicos. Son los mismos que reparten el carnet de escritor según les convenga. 

¿Dónde podemos adquirir tu libro? 

O bien por la misma editorial de ECU, en El corte inglés, Fnac, o bien si a alguien le apetece pueden pedirlo a través de Instagram y lo puedo enviar dedicado. 

@raulbartleby #sacudidoporlaexistencia

Raúl Bartleby, máquina de escribir en mano. Imagen cortesía del autor.

Lorena Riestra 

Todo sobre (mi) Berlanga

Trayectos (des)esperanzados: de ‘París-Tombuctú’ (Luis García Berlanga) a ‘Todo sobre mi madre’ (Pedro Almodóvar)
XIX Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico
Cátedra Luis García Belanga de la Universidad CEU Cardenal Herrera
Palacio de Colomina
Almudín 1, València
Lunes 8 y martes 9 de diciembre de 2019

Elías Durán, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU Cardenal Herrera, inauguró las XIX Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico, organizadas por la Cátedra Luis García Berlanga, un proyecto que lleva varios años en pie y que pretende dar a conocer la vida y obra de Luis García Berlanga, intentando llegar a todas las generaciones posibles mediante el análisis y la comparación de sus películas con otras de directores de su misma generación, en particular, y del cine español, en general.

De izquierda a derecha: José Luis Moreno, Elías Durán, Juan Viña y César Martí. Fotografía: Eva Min.

Las jornadas contaron con personalidades como César Martí, director de contenidos de À Punt Mèdia; José Luis Moreno, director adjunto de Audiovisuales y Cinematografía del Institut Valencià de Cultura; Juan Viña, presidente de la Fundación Cañada Blanch; los analistas cinematográficos y miembros de la revista Trama y Fondo Jesús González Requena (Universidad Complutense de Madrid) y Luis Martín Arias (Universidad de Valladolid); Toni Cantó, actor y político; Rafael Maluenda, cineasta y gran conocedor de la obra de Berlanga; Javier Rioyo, periodista, escritor y cineasta, actual director del Instituto Cervantes de Tánger; y Julián Núñez, ayundante de dirección de Berlanga y Almodóvar, entre otros.

El cineasta Rafael Maluenda durante su conferencia. Fotografía: Eva Min.

Durante el acto inaugural, Juan Viña, a partir de la interrogante «¿Cuándo un trabajo se convierte en obra de arte?», que él mismo planteó, señaló que «yo, que vengo del campo de la ciencia, se me ocurrió formular esta pregunta, y para su difícil respuesta pensé en la originalidad, porque esta originalidad capta la imaginación; la segunda característica de la obra de arte es que perdura en el tiempo, y la tercera es que nos permita y nos haga ver el mundo del cine y de la ciencia».

José Luis Moreno indicó, por su parte, que «Berlanga, aparte de ser internacional e universal, es el dios del cine valenciano», y estimó que la presente temática de las jornadas eran, además, un magnífico «preámbulo antes de empezar a preparar el centenario de su nacimiento en 2021». Moreno, además, dio a conocer tres acciones que tiene pensadas para el IVC: docencia con talleres, seminarios y actividades, conferencias («hacer que el esfuerzo en el análisis de cine aumente, lo que hará que salgan nuevas interpretaciones»), proyectos científicos («mediante la exposición de la vida y obra de Luis García Berlanga») y los productos audiovisuales donde se proyectarán documentales.

Si durante las jornadas la mayoría de ponentes hablaron de las dos grandes películas del cine español protagonistas de estas –’Todo sobre mi madre’ (Pedro Almodóvar, 1999)’ y ‘París-Tumbuctú (Luis García Berlanga, 1999)’–, Jesús González Requena profundizó en la primera, haciendo un análisis minucioso de la figura de la madre y, de esta forma, de la ausencia del padre.

Jesús González Requena realizando su comparación y análisis durante las jornadas. Fotografía: Eva Min.

«Si es todo sobre mi madre, simultáneamente, es nada sobre mi padre. Para que pudiera haber algo para el padre habría que restar algo al todo originario de la madre. Sería necesario, en suma, que se produjera el complejo de Edipo, el proceso por el cual el individuo sale de esa relación originaria para nacer como persona independiente».

Por otro lado, hablemos de ‘La cuestión del padre o el padre en cuestión’. Así tituló su conferencia Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, en la que realizó una comparación entre las dos películas que se trataron en el evento, apuntando que «la sexualidad está relacionada con la soledad; soledad que queda manifestada maternalmente y en el todo para el otro».

De este modo, «dos universos y trayectos donde la paternidad y el propio marido son epidemias. Ante este eclipse, es la presencia materna, en su protagonismo femenino, quien toma las riendas. Por tanto, la herida abierta de la muerte del hijo que dio lugar al trayecto se cierra con este nuevo hijo, llenando el hueco, protagonizando esta película, el título (‘Todo sobre mi madre’), donde nada falte sobre ella y su hijo. Es ese goce femenino el que se enfrenta a la cultura patriarcal».

Además, Siles comenta que «el miedo que aparece en el cartel de Osborne al final del filme ‘Paris-Tombuctú’ está vinculado con la dialéctica del goce femenino y los valores de la sociedad moderna y, a su vez, relacionado con el surrealismo de autores como Buñuel, Dalí o Ramón Ramírez de la Serna. La sociedad le tiende las trampas suficientes para que se produzca el suicidio individual o colectivo».

Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, y Salva Torres, miembro de Trama y Fondo y director de MAKMA, durante la presentación de la ponencia. Fotografía: Eva Min.

Finalmente, como no podía ser de otra manera, acaba su ponencia con el concepto de lo berlanguiano: «Aquello que convierte las películas en crónicas de un fracaso».

Otro de los principales invitados a estas jornadas fue Toni Cantó, actor y político español, actual portavoz de Ciudadanos en Les Corts Valencianes, quien se siente un privilegiado por haber tenido una estrecha relación con Berlanga y por haber vivido una experiencia unida con Almodóvar, quien, según sus palabras, «es un director que está pendiente de todo y de todos para que absolutamente todo vaya como él quiere y que nada ni nadie se quede sin ese vistazo».

El mundo de la interpretación y de la política son tan distintos que ha sido muy curioso de sobrellevar y que no ha acabado de entender. Cuando entró en el Congreso por primera vez, en calidad de diputado, estaba haciendo una obra de teatro, de la que destaca una frase: «Los actores tenemos la memoria en los pies (poner el texto en pie, practicarlo), y ni los políticos podían entender qué hacía en un teatro ni los actores podían comprender qué hacía en el Congreso de los Diputados».

Sin embargo, nunca ha abandonado ninguno de ambos. De hecho, Cantó expone que »es difícil conseguir que el público aplauda hasta levantarse y que, si es así, ese es el mayor espectáculo que el actor puede llevarse consigo».

Toni Cantó, junto a José Enrique March (CEU), durante su ponencia. Fotografía: Eva Min.

Además, endulzó su charla mediante diversas anécdotas, una de las cuales tenía a una mosca como accidental protagonista de uno de sus planos en ‘Todo sobre mi madre’, hecho que provocó que el director manchego hiciese más caso al insecto que a su propia interpretación: «En aquel momento, a Almodóvar le encantó ese detalle, ya que la muerte estaba sobrevolando a mi personaje, y eso fue algo que valoró mucho».

Para acabar, durante el turno de preguntas, comentó que se deberían introducir materias vinculadas con la escena y la interpretación en la educación: »¿Por qué no me dieron danza en vez de educación física? ¿Habría conseguido un vehículo de expresión del que ahora carezco? Lo más grande que me ha brindado el teatro es ir conociéndome mejor a mí mismo, porque no puedes entrar en un personaje si no sabes cuál es tu persona y tu propio carácter. Lo mágico y lo bonito de la interpretación funciona cuando no estás tú y está el personaje. Sale solo, no sabes cuándo. Introduzcamos las artes y la cultura de forma más decidida y confiemos en quienes saben».

Finalmente, los #EncuentrosCañadaBlanch, patrocinados por la Fundación Cañada Blanch, contaron con la figura del periodista y cineasta Javier Rioyo, quien vino ex profeso a las jornadas desde Tánger –ciudad en la que es director del Instituto Cervantes, tras su paso por las sedes de Nueva York y Lisboa– para conversar en torno de ‘Luis García Berlanga: un mal español’.

«Yo vivo de lo que he visto, vivido y viajado. ‘Un mal español’ se me ocurrió cuando supe que acudiría a estas jornadas para hablar de Berlanga», indicó Rioyo, quien empleó irónicamente este apelativo sobre el director valenciano a propósito de la conocida respuesta del dictador Francisco Franco tras visionar ‘El verdugo’. Y es que Berlanga –quien participó con su testimino sobre la División Azul en el documental ‘Extranjeros de sí mimos’ (Javier Rioyo y José Luis Linares, 2000)– “era un ilustrísimo liberal, un hombre que no había negado nada de su pasado aunque parecía poco ejemplar. Era un hombre muy interesante, muy cercano, un guarro limpio, afectuoso sin ser ninguna pegajoso, educado sin pasarse, divertido sin contar chistes, generoso sin tener un duro, un intelectual antipedante. Era vanidoso disfrazado de gente elegantemente sencilla, sin esfuerzos, elegancia natural en sus formas, dubitativo con una ametralladora cargada, desigual, inquieto por casi todo, republicano y burgués liberal».

Javier Rioyo, junto a Jose Ramón Alarcón (MAKMA), durante un instante de su intervención. Fotografía: Eva Min.

Rioyo cuenta que Buñuel dijo, en varias ocasiones, que después de ver películas sería cineasta, y que Berlanga pronunció las mismas palabras después de leer ‘Don Quijote de la Mancha’, que fue ahí cuando pensó que el cine merecía la pena. A pesar de su proximidad generacional, inquietudes y amistad, sus caminos fueron muy alejados.

En cuanto a su relación profesional con el guionista Rafael Azcona, Rioyo considera que «Berlanga, en soledad, habría hecho cosas espléndidas, pero junto Azcona ha hecho cosas espectaculares». De este modo, si «lo que hace Valle-Inclán con el teatro es modelar un espejo cóncavo del Callejón del Gato y, después sale el esperpento, en el caso de Berlanga-Azcona es lo mismo: la realidad que trataban en sus películas era lo que pasaba en la calle».

En ese sentiddo, «Fernando Fernán Gómez también pertenece a esa tribu heredera de España de actuar en la vida y en las películas; la picaresca es nuestra manera de contar nuestro siglo más lujoso, donde el Imperio, con la miseria al lado, era lo más absoluto, así como parte de la pintura española y pintura negra, humor negro». Por otro lado, «Berlanga era un gran lector, no solo del español, sino también de otros idiomas como el francés. Un ilustrado».

Para concluir su intervención, Javier Rioyo compartió con el público una anécdota seria con un toque de humor, como habría hecho Berlanga. Cuenta que, hace unos años, durante unas ponencias con motivo del 50 anviersario de ‘¡Bienvenido, Mister Marshall!’, en las que participaba junto a Berlanga, José Luis García Sánchez y Luis Alegre, entre otros, recibieron la noticia del fallecimiento del cineasta Juan Antonio Bardem («Bardem y Berlanga se querían y se odiaban», matizó Rioyo). Al escuchar la noticia, Berlanga se quedó bloqueado, pero, de repente, pronunció las siguientes palabras: «Vámonos a algún sitio a ver el partido, que juega el Valencia».

«Sin hablar durante los 90 minutos para no pensar en ello, haciendo como que veía el partido, haciendo no sé qué y no sé cuántos… Ahí me di cuenta de que ese también era Berlanga: ‘¡Joder, tengo miedo! ¡Se acaba de morir y yo no quiero morir!’. Cuando ya había hecho la última película, y parecía que no iba a rodar más, se propuso a sí mismo buscar una nueva producción, todavía quiso seguir trabajando y seguía teniendo esas ganas de contar cosas y ver y escuchar a gente que también las contaba. Echaba de menos un mundo y se dio cuenta de que le pertenecía y ya no lo tenía: sus amigos, sus mujeres, el humor berlanguiano, Berlanga…», concluyó Rioyo.

Estudiantes de Comunicación Audiovisual de la UCH-CEU durante un instante de las jornadas. Fotografía: Eva Min.

Epílogo a unas jornadas, un año más, llenas de historias y anécdotas contadas en primera persona, que dejan huella en profesores, ponentes, oyentes y, sobre todo, en generaciones de alumnos que están estudiando para llegar a ser como nuestro cineasta valenciano por excelencia o, al menos, que se acercan cada día un poco más a la profesión. Una profesión llena de avatares y experiencias inolvidables que culminan en planos subjetivos, porque ¿qué mejor manera de expresar lo que siente el personaje desde su propio yo? ¿Acaso los futuros cineastas no van a sentir en sus pieles lo que alguna vez ha sentido ese personaje? ¿Acaso Berlanga no ha contado la realidad española desde su humor más interior? ¿Acaso el futuro cinematográfico no está en manos de los grandes emprendedores que aprenden observando y copiando a los grandes?

Irene Valdés

«En la danza cada uno es una pieza de un gran puzzle»

#MAKMAEntrevistas | Amaya Lubeigt (coreógrafa)

Amaya Lubeigt, asistente donostiarra, trabajó trece años como bailarina en una importante compañía de danza, después de pasar diez años como estudiante de danza profesional en Barcelona y Essen (Alemania), además de haber sido bailarina invitada en las compañías de danza teatro de Essen y Wuppertal.

Amaya Lubeigt y Wilfried van Poppel durante los ensayos de ‘Five Days to Dance’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

A qué te dedicas? ¿Cuál es tu especialidad dentro de la danza?

Soy bailarina profesional de danza contemporánea y llevo muchos años haciendo danza-teatro como espectáculo. En primer lugar, durante varios años en Alemania, en la compañía Bremen Dance Teatro. Estuve allí trece años trabajando, aunque empecé a bailar cuando era pequeñita, y en el conservatorio hacía ballet, pero con doce años lo dejé y hasta los veinte no volví a empezar. 

Cuando digo a los veinte me refiero a que empecé a bailar en serio a partir de esa edad, puesto que primero hice dos años de baile como hobby y luego, a los veintidós, entré en el Instituto de Teatro de Barcelona.

¿Cuándo empezaste a hacer danza?

Hice la carrera profesional de danza contemporánea durante tres años, y antes de acabar me fui a Alemania, a Essen, a continuar los estudios allí, en La Folkwang Schule (Universidad Folkwang), la escuela que está relacionada con Pina Bausch. De hecho, cuando yo estudié allí ella era la directora artística. 

Años después, fue también en Essen donde empecé a trabajar, primero en la compañía de la escuela y luego me fui a Bremen Tanztheater, el teatro donde bailé todos esos años hasta 2007. Posteriormente, cuando acabé el contrato, dejé la compañía y empecé a ayudar a Wilfried van Poppel, a quien conocí en la compañía de danza de Bremen, quien se convirtió en mi marido y con quien tuve dos hijas. Él acabó antes que yo, salió antes de la compañía, y empezó a hacer coreografías y proyectos con jóvenes, sobre todo danza-teatro para niños o, mejor dicho, para todos los públicos. 

Años después yo dejé la compañía y empecé a ayudarle en esos proyectos de baile que hacía, simplemente por apoyarle, pero me gustó tanto que desde entonces (concretamente, desde 2008) trabajo colaborando con él en la compañía de The Loopers Dance Teathre, también llamada The Loopers Dance Together, ya que tiene las dos connotaciones. Primero empezamos a hacer obras más profesionales, que consistían en un grupo de expertos bailando para todos los públicos y, sobre todo, para los niños, pero más adelante los proyectos de ‘Five Days to Dance’ cogieron tanta fuerza que, a día de hoy, llevamos dos años sin poder bailar de manera profesional, ya que estamos haciendo de coreógrafos continuamente, realizando proyectos por todas partes.

¿Qué habéis venido a hacer en València? Háblame del proyecto que lleváis desarrollando durante un tiempo.

Estos días en València hemos hecho un proyecto llamado ‘Five Days to Dance’, que realmente son los trabajos que hacemos habitualmente. La historia u origen de este gran proyecto comienza cuando un amigo nuestro de hace muchos años que es periodista, que trabajaba en el antiguo Canal 9, y que hacía documentales, nos plantea lo siguiente: grabar un documental sobre nuestro trabajo, a lo que nosotros lo llamábamos «proyectos escolares de danza». Primero empezamos a hacer estos ensayos en España, “a ver qué pasaba’’. 

Representación de la coreografía ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Ese documental, que finalmente se llevó a cabo, se llamó ‘Five Days to Dance’. Se grabó en 2013 en Bremen, durante una semana, otra semana en un colegio de San Sebastián y, luego, se estrenó a finales de mayo de 2014. Tuvo mucho éxito en España, ya que estuvo en cartelera durante mucho tiempo en València y también en Barcelona. Precisamente, en la ciudad condal fue el documental del año en junio de 2014. Mucha gente lo vio, sobre todo muchos profesores de escuelas y padres de alumnos; desde entonces nos piden que vayamos a los centros escolares a hacer bailes con estudiantes. 

Por ello, desde ese momento tomó ese nombre, pero no siempre son escolares. Por ejemplo, cuando estuvimos en Galway (Irlanda) eran vacaciones de otoño, nada de trabajo académico. Lo que nunca cambia es el formato, son proyectos de una semana de duración de cinco a seis días; empezamos el lunes con un grupo nuevo de personas –treinta mínimo y ciento ochenta máximo–, aunque los grupos escolares suelen ser entre sesenta y ciento veinte, normalmente.

No obstante, tenemos uno o dos proyectos al año de unas ciento cincuenta personas. También hay escuelas que nos piden participación de alumnos de varios cursos, y no son proyectos optativos, sino que la escuela decide que los niños van a hacer este proyecto; todo nuestro equipo vamos allí y ocupamos todas sus horas escolares, y esa semana no tienen clases de ninguna otra materia. Simplemente, vienen por la mañana hasta que acaban el horario escolar (5-6 horas diarias) y el viernes o sábado, por la tarde o de la mañana, dependiendo de la disponibilidad del lugar donde actuarán los niños.

Ahora, en València hemos estado haciendo este proyecto de ‘Five Days to Dance’ con un grupo de ochenta niños y adolescentes de 3º de la ESO, que han aprendido una obra que toma el nombre de ‘Parade’, inspirada en una exposición que hubo sobre pintura alemana en Bremen hace unos años, cuyo pintor se llama Max Bergman. El Museo de Arte Contemporáneo de Bremen suele hacer colaboraciones con nosotros y es en estas exposiciones donde nos inspiramos para realizar nuestros proyectos, donde participa gente desde siete hasta setenta años. 

Representación de la obra ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

De estas grandes obras sacamos otras más pequeñas de una media hora, cuarenta o cuarenta y cinco minutos de duración, según cómo se vaya a gestionar la obra. Tenemos un repertorio de cinco obras para adolescentes y tres o así para niños, por lo que, según lo que nos pidan las escuelas, hacemos unos proyectos u otros, ya que los propios colegios nos piden que hagamos proyectos diferentes, nunca repetidos. 

En este caso, la obra ‘Parade’ hablaba sobre la identidad de los personajes que nos toca representar en la vida y cómo este cambio de personalidad no lo hacemos nosotros solamente, sino que nos toca representarlo como intérpretes de la propia obra. Pero cuando estos papeles cambian, cuando nos desprendemos de estos personajes, seguimos siendo nosotros mismos.

Volviendo al tema de que trabajamos con los niños, el lema que pusimos cuando hicimos el proyecto de Bremen fue ‘El mundo es un teatro, la vida es un teatro’, y jugamos un poco a representar los papeles. ‘Parade’ es una de las obras más locas, pero los niños lo vivieron con mucha diversión y genial desde el primer día, pensando: «¿Qué nos va a tocar hacer ahora?». Cuando les decimos que van a representar media hora de coreografía no se lo pueden creer, pero al final lo sacan con muchísimo éxito. 

¿De qué trataba la representación en el Monasterio de Sant Miquel del Reis?

En la escuela donde trabajamos en Valencia es Juan Comenius, es una cooperativa y tiene un 30% o más de niños con diferentes capacidades, tanto físicas como conjuntivas, intelectuales, ideológicas, socioculturales… Se trata de una escuela muy rica en diversidad. 

En el grupo donde hemos trabajado ahora había dos niñas con sillas de ruedas; una de ellas tenía una fuerte discapacidad, como si dijéramos que le era imposible el movimiento en cualquier parte del cuerpo, incluso la cabeza, pero eso sí, hablaba genial, era capaz de traducir del inglés al español cuando Wilfried hablaba en inglés. La discapacidad no ha significado para nada un problema, ha sido parte de la obra desde el primer segundo hasta el último, y protagonista en todo lo que hiciera falta; la otra niña sí que tenía movilidad en la parte de arriba del cuerpo, y también se impregnó de ideas para la coreografía.

Detalle de una de las niñas en silla de ruedas que también bailan. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Los alumnos y compañeros son parte del grupo, no hay ninguna división, simplemente cada uno coge su sitio y va encontrando su posición, van ayudándose unos a otros. En la obra que hemos hecho hay partes que son fijas y que deben aprender, y hay otras donde ellos tienen que poner de sí mismos unos movimientos o poses que les pedimos, caracteres que han de elegir. Por otro lado, tienen que hacer también pequeñas coreografías en grupos reducidos con diferentes temas que les mandamos, y luego otros fragmentos eran más nuestra coreografía. En total salía una obra de unos treinta y cinco minutos o así, y el lugar donde actuamos era precioso e impresionante. El acto fue en una iglesia que ahora se usa para para actuaciones como este, pero lo nuestro era difícil de adaptar.

La verdad es que ha sido un reto muy grande no solo porque es un reto en sí mismo, sino porque además el hacer la obra de media hora con niños que no saben bailar y que la mayoría ni siquiera quieren hacerlo, es una aventura difícil. El truco está en ir conquistándoles para que llegue el viernes y la actuación vaya sobre ruedas. La semana es agotadora, pero día a día es como subir al Everest. Es impresionante. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius atentos a las explicaciones e indicaciones de los coreógrafos. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Además, digo que es un reto porque el sitio en sí no es un teatro, tenía unas tres alturas que podíamos utilizar y lo que era el escenario era demasiado pequeño y ni siquiera tenía una rampa para subir las sillas de ruedas. Con lo cual delante del escenario había una explanada muy grande, pero tampoco era suficientemente grande como para que bailaran todos juntos. Además, si colocábamos al público abajo tampoco lo podían ver, así que tuvimos que hacerlo a tres alturas. La parte de arriba, la de abajo del escenario, y unas escaleras que también utilizamos, además de la parte del altar que tenía espacio como para bailar con un grupo más pequeño. En total, sumándole a todo ello, el pasillo que había entre los bancos, no spudimos arreglar en cuanto a la disposición de todos los alumnos. 

La obra, como he dicho, se titulaba ‘Parade’, quiere decir pasacalle, y es por ello por lo que en un momento las chicas hacen una especie de pasacalle con unos movimientos en fila, pasando entre el público: ha sido una obra muy artística, muy bonita, muy personal y preciosa. Y lo han bailado precioso, han defendido la obra como si fuera realmente suya, y estaban orgullosísimos. Lo han hecho con una entereza y grandeza que incluso a nosotros mismos nos han embelesado, aunque estamos súper acostumbrados a hacer estos proyectos, cada vez nos enamoran más los participantes.

Porque es nuestro trabajo, pero si se lo damos y ellos van haciendo lo suyo, al final brillan en el escenario, y por eso ha sido tan emocionante. Esto fue el viernes 15 de noviembre, y seguimos disfrutando con esto. Este tipo de proyectos los hacemos continuamente, la semana que viene nos vamos a Sardanyola (Barcelona) a hacer otro proyecto con otra obra, llamada ‘Voyage’, en otra escuela formada por noventa chavales de 3º de la ESO. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius en plena coreografía. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Antes de venir a Valencia estuvimos en Galway, donde conocimos a Estíbaliz y, al final, fueron como treinta y tantos niños de diferentes edades, entre doce y dieciocho años, los que interpretaron la obra ‘Home sweet home’.

Con todo ello, en suma, nosotros vamos viajando de Alemania, a España, a Galway, estuvimos en Irlanda, vamos a ir a China, a Bruselas el año que viene, hemos estado en Palestina, en Corea, en Nigeria… Esta es nuestra vida: ir de lugar en lugar haciendo proyectos, disfrutando muchísimo y haciendo disfrutar a los demás, que es una maravilla.

¿Qué sientes al bailar?  

No sé. A ver, yo bailo muchas veces en muchas situaciones diferentes. No es lo mismo bailar cuando estás ensayando o enseñando una coreografía, que bailar libremente; yo bailo en cualquier momento, es algo muy natural e innato. 

La danza es algo muy natural y agradable, además de bonita. Cuando estoy en el escenario es más que eso, porque la sensación que siento mientras lo estoy haciendo me viene muy de dentro, es como si en mi interior creciera algo enorme, como si se hincharan todas las células, y como si al expulsarlo al exterior saliese el movimiento y la energía. Yo siento al público, a veces lo veo y otras no, según la iluminación, pero yo siempre sé que está ahí. Yo cuando hago danza crezco, me hago grande, y desde esa grandeza me empiezo a mover y sale toda esa energía preciosa como una cascada muy bonita que llega hasta el público y que sirve como regalo para ellos.

Además, como ellos se colocan en ese punto tan sensible, tan bonito, tan mágico de revivir eso que tú estás dando, esa relación que se tiene con el público es como si fuera una pared, donde tú tiraras la pelota y te devolvieran. Cuando ellos sienten lo que tú estás dando, automáticamente se ponen en ese punto, un punto muy del corazón, con mucha alegría profunda y bonita que da como resultado algo precioso e imposible de describir.

¿Hay algo que te haga sentir algo parecido a lo que experimentas cuando haces danza?

Lo que me hace sentir lo mismo es que desde muy jovencita aprendí a meditar, a estar conmigo misma, son esos momentos de intimidad y de alegría por dentro, profundos, los que me hacen sentir algo tan cercano a la danza. Cuando medito, estoy quieta y cuando bailo, me muevo. Quizás no es lo mismo, pero sí que viene de la misma fuente. 

Y no, no es la música, no es la música la que me hace bailar, no es el movimiento el que me hace bailar, sino lo que sale de dentro. Puede que haya un impulso ahí fuera, una propuesta, algo que oyes, pero normalmente es algo que sale de ti y que, luego al añadir la música que es maravillosa, se agranda aún más. A mí me gusta que sea el sentimiento profundo, no me gusta que sea la música la que me influya a hacer algo, a bailar una coreografía, sino que sea una idea, una sensación, algo que vaya definiendo.

Niños del colegio Juan Comenius saludando tras la representación en el Monasterio de Sant Miquel del Reis. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Como digo, cuando se añade música se hace cada vez más grande, pero si no hay música para mí la danza es igual de preciosa, me encanta también bailar sin música.

Entonces sí, un maestro me enseñó a meditar y a sentirme bien conmigo misma, la misma sensación que tengo al bailar. Tanto cuando medito como cuando hago danza, lo siento y lo quiero regalar a los demás. Es la vida quieta y en movimiento, dejándola fluir, disfrutándola y agradeciéndola con toda mi alma en ambas situaciones.

¿Cuál es la situación de la danza hoy en día? Ya que, aunque sea un gran arte, es la disciplina menos valorada, generalmente.

Esta pregunta me cuesta mucho responderla, porque estamos tan metidos en lo que hacemos y he trabajado tanto con la danza, que siempre me cuesta hablar de ella, en general.

Pienso que vivir de la danza es realmente complicado para los bailarines, aunque hayamos estudiado muchísimos años y nos hayamos formado mucho, e incluso a pesar de que la gente empieza a bailar desde pequeña y después invierte muchas horas, mucha energía, mucho dinero, mucho de todo en hacerse profesional. 

En España las posibilidades de vivir de la danza profesionalmente como he vivido yo en Alemania, creo que son casi inexistentes, o el porcentaje es muy bajo. La gente cuando quiere vivir de la danza quiere hacer otros trabajos o, al menos, dar clases de baile para poder conseguir un buen sueldo al mes. Sin embargo, lo que es vivir de la danza, bailar estando en una compañía, con actuaciones, eventos, y luego un proyecto, una producción, como hemos hecho nosotros en Alemania, es súper difícil que suceda. 

No obstante, al mismo tiempo pienso que la danza en sí es una disciplina de verdad, una herramienta muy impresionante a nivel social, a nivel humano, con grandes posibilidades, porque con cualquier idea y mezcla de artes se puede utilizar. Nosotros por ejemplo en Alemania lo hemos vivido con un placer inmenso; el poder crear obras con todos los elementos que te puedas imaginar que tengas ganas de experimentar y poner juntos me parece que es un arte riquísimo aparte de ser una herramienta social, una pasada. 

Los proyectos que estamos haciendo ahora son tan bienvenidos en tantos aspectos, en tantos ámbitos sociales… Acabamos de venir de la cárcel de Barcelona, donde hemos estado trabajando con los presos de allí y ha sido una auténtica pasada, no solamente por lo bonito que ha sido el proyecto, sino por la aceptación, la apreciación, el cómo lo han sentido y vivido ellos, y todos los demás. Todos juntos, en verdad. Nosotros hicimos este proyecto con cuarenta o cincuenta presos, pero es que los cuatrocientos cincuenta presos restantes que estaban mirando, acogieron la actuación con una franqueza y con una veracidad gigante. En este caso era danza teatro y ellos no están acostumbrados a verlo, pero desde el primer momento no se movían un pelo, se quedaban embelesados, había una concentración increíble, una sensación de sincronización con lo que estaba pasando en el escenario, realmente inconcebible.

Tres de las alumnas del Colegio Juan Comenius durante la representación de danza-teatro ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Era una sensación tan potente y fuerte que pienso que la danza tiene muchísimas posibilidades, lo que pasa es que no está casi apoyada, no sé por qué, quizás porque los bailarines no sabemos comunicarlo tan bien como otras artes o porque no hemos luchado tanto. ¿Puede ser porque en la historia ha sido un arte más y hemos sido simplemente instrumentos de la élite? No lo sé. No sé por qué no está más en la sociedad, por qué no está tan aceptada o apoyada institucionalmente, pero al mismo tiempo también justo por este motivo de que no está tan apoyada, el alma de la danza es muy fuerte, es muy salvaje. Los que todavía queremos vivir del baile y llevarla a muchos lugares lo hacemos muy visceralmente, nos faltan medios, pero no nos falta pasión. 

Y sí, hay muchas disciplinas, hay muchas cosas que por institucionalizarlas a veces pierden esta fuerza que tiene la pasión cuando eres tú quien las mueve. Me parece que la danza tendría que estar muchísimo más apoyada porque de verdad es muy potente, pero con cuidado de no cortarnos las alas; porque la danza es un arte que de verdad necesita volar, no puede estar anclada a unas cadenas, tiene que ser libre. Eso sí, al mismo tiempo apoyada para que tengamos fuerza y no nos caigamos en medio.

¿Cómo definirías la danza en cinco palabras?

Pasión, desnudez, entrega, sensibilidad y magia.

Dentro de las cinco palabras que he elegido, he dicho desnudez, pero porque a mí me parece que nosotros al bailar estamos desnudos. Nada nos protege, no hay un instrumento, no hay algo, somos nosotros mismos tan a pelo que por eso la vergüenza es algo que nos impide sentirnos cómodos, porque realmente la gente te mira como si fuera un acuario, una pecera como si lis demás mirásemos desde fuera al piececito desde fuera, el pececillo solo puede nadar, no puede pensar lo que están pensando todos los que te están mirando, y te sientes como un pececito muy desnudito muy poquita cosa pero al mismo tiempo muy grande porque así somos los eres humanos, por fuera quizás pequeñitos pero por dentro muy grandes.

Para muchos niños y niñas, además de jóvenes, cuando colaboran en los proyectos anteriormente comentados, es la primera vez que toman contacto con la danza moderna y la danza teatro, e incluso con la música y el arte contemporáneo. El resultado es un enfoque diferente hacia el arte y la cultura.

Varios niños del Colegio Juan Comenius en un altar del Monasterio de Sant Miquel del Reis – Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Con la experiencia sensorial de la expresión artística a través de la danza, los jóvenes ven cómo se les abre una nueva dimensión que fortalece su potencial como individuos, estimula su auto-confianza y les ayuda a la comunicación entre ellos. Amaya y Wilfried creen firmemente en el hecho de que la danza comunitaria puede afectar en la vida de los individuos y de las comunidades de una forma muy positiva.

¿Qué pregunta me haría a mí misma?

Esto siempre lo comento porque me impresiona mucho y al mismo tiempo me parece súper importante. Y es que cuando hacemos los proyectos, la implicación que necesitan los participantes cuando se está bailando es total, han de estar tan completamente concentrados en el presente, en lo que está sucediendo, y no con la cabeza en otras mil cosas, que se les exige mucho a los participantes, una intensidad de la que no están acostumbrados. Por lo tanto, lo que más les suele molestar al principio y lo que más miedo les da en realidad es tener vergüenza, que piensan que van a hacer el ridículo, que no les va a salir, se comparan unos con otros… Esas cosas, todos esos miedos capaces de eliminar.

Por este motivo, desde el principio Wilfried les dice que hay que poner la vergüenza en la basura, y se quedan solo con eso, con que la vergüenza se va a la basura. Y este es el primer reto. Este es el primer gran paso que tienen que dar, pero luego ya cuando van sintiéndose más contentos y seguros, el segundo día o incluso el primer día a mediodía, ya están mucho más a gusto.

No obstante, lo que más impide a los niños, sobre todo en las escuelas, es llevar adelante el proyecto. En realidad en cualquier ámbito de la vida, en cualquier cosa que hagan, siempre el problema al que se enfrentan es la falta de concentración, el ponerse en lo que están haciendo, y no estar distrayéndose con seiscientas otras cosas; esos jueguecitos, hacer lo mínimo para que nadie se dé cuenta… “Yo simplemente paso el día así, lo más liviano posible’’, “yo estaba ahí porque tenía que estar, pero bueno hago el mínimo y así no me canso tanto”. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius posando, felices, al final de la actuación. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Este tipo de actitud que es lo que llevan normalmente en la clase, que es sobrellevar el día a día larguísimo, el hecho de que la escuela sea interminable y las asignaturas vayan una detrás de otra, un examen después de otro, es un estado de supervivencia. Esto para un espectáculo que tenemos que montar en cinco días con tantísimas personas no puede ser, necesitan concentrarse, implicarse al cien por cien, estar en lo que están, no sirve ese “me quito y los demás hacen el resto’’. Como dije en una de las preguntas anteriores que me hiciste, por un lado, creo personalmente que el movimiento es lo que tienes dentro de ti, eres tú quien mueves a tu cuerpo, no es que tu cuerpo dirige y tú vas detrás, sino que eres tú el que te implicas, el que mueves.

Por tanto, es obvio que a nivel físico es súper importante en la danza, porque mover el cuerpo es la única herramienta que tenemos, y no solo para bailar, sino para toda la vida, y no la usamos, no lo trabajamos, al final acabamos muy mermados de posibilidades, lo que hace que luego tengamos dolor, tengamos problemas… Eso a nivel físico y emocional, el movimiento es súper importante.

Si estás contigo mismo, las emociones van saliendo con ese movimiento, te vas liberando de congojas, de esas cosas que te pasan.  Eso sí, moverse por moverse tampoco es danza, si te mueves “por hacer algo’’ tampoco sirve, así que la danza hay que hacerla junto a las emociones, hay que poner esa emoción y sentimiento, esa sensación de llegar hasta el final, de sentir nuestro cuerpo y luego el espacio, a la hora de danzar.

No tienen ni idea, “¿para delante?’’ “¿para detrás?” “¿tengo sitio o no tengo sitio?’’ “Si me pongo en línea, luego no podré moverme’’, “bueno pues coge más espacio, ponte más delante, más detrás…’’ Toda la cuestión espacial que es imprescindible para la vida tampoco se trabaja en la escuela, entonces para ellos tantas personas compartiendo un espacio donde encima tienen que moverse, donde no están simplemente sentados en una silla, es muy complicado y muy difícil de vivirlo, la musicalidad ¡imagínate! Los movimientos no son 1,2,3,4, no tienen el mismo acento.

Varias alumnas interpretando la danza-teatro ‘Parade’ en el Monasterio de Sant Miquel del Reis. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Nosotros al menos les ponemos retos muy grandes, la música que ponemos no es la que ellos escuchan normalmente, cuando nos piden esas músicas les decimos que las escuchan todo el rato, les decimos que las sigan escuchando en su casa si quieren, pero que nosotros venimos con un proyecto de fuera, un proyecto profesional, con una música específica para el mismo.

En este tipo de proyectos hay una profesionalidad, se utilizan muchos más elementos, hay mucha más variedad, entonces claro, la música que les ponemos no es “pum, pum, pum’’, tienen que aprender a oírla, a escucharla, a coger los acentos, a saber cuándo sube y baja, cuándo esperan…. Es enorme lo que tienen que aprender y para mí, en mi opinión, lo que más les ayuda y nos afecta en la sociedad es que es un proyecto, se trata de montar una coreografía, somos un montón de personas juntas, pero no es competitivo, no vamos a competir contra nadie, ni vamos a competir contra otro grupo, se acabó. 

No va a haber gente que brilla y otros que no, ni unos que ganen y otros que pierden, no, no y no. Lo nuestro es muy de unirnos para, juntos, conseguir un objetivo común, que es lo que necesitamos para el mundo, la vida, la sociedad, para que el día a día funcione, que todos encontremos el gran puzzle de la vida, donde cada uno va encontrando su sitio, se va moviendo en algún momento, va cogiendo diferentes responsabilidades.

Familiares, amigos y profesores de los alumnos del Colegio Juan Comenius que no quisieron perderse la gran actuación. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Cada persona es igual de importante, si en algún momento estás abajo o estás en el medio o estás arriba, si en un puzzle estás en una esquina o estás en el medio o estás en cualquier sitio, eres importante estés donde estés. Si cada uno está en su sitio, todos juntos conseguimos que la imagen sea preciosa y maravillosa, y que cada uno se sienta bien.

Pues con el movimiento ocurre lo mismo: también se puede ejercitar con las clases de gimnasia, pero en estas clases y en el deporte en general, hay mucha competencia y mucha competitividad, al igual que en la escuela, donde, por desgracia, también te enseñan a que hay que ser el mejor, a ser demasiado exigente contigo mismo.

Cartel de la representación realizada por los alumnos. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

El hecho de saber el máximo de ti mismo es importantísimo, pero no hace falta que porque yo esté arriba, los otros tengan que estar abajo, sino que cada uno coge su sitio, si alguien tiene que liderar, lo lideras, pero no tienes que ser más importante que los demás. En ese momento tienes esa responsabilidad, es por ello por lo que esto me parece una riqueza impresionante, el hecho de que podamos traer proyectos de danza que se conviertan en mucho más que eso, en algo que se hace conjuntamente. Supongo que con las orquestas y con los coros pasará lo mismo, pero yo lo hablo desde mi persona, desde nuestro trabajo con la danza. 

Para muchos niños y niñas, además de jóvenes, esta será la primera vez que tomen contacto con la danza moderna y la danza teatro e incluso con la música contemporánea y el arte contemporáneo. El resultado es un enfoque diferente hacia el arte y la cultura. Con la experiencia sensorial de la expresión artística a través de la danza, los jóvenes ven como se les abre una nueva dimensión que fortalece su potencial como individuos, estimula su auto-confianza Y les ayuda a la comunicación entre ellos.Creemos que la danza comunitaria puede afectar en la vida de los individuos y de las comunidades de una forma muy positiva.

Irene Valdés

Un ballet para los Goya

‘Tututú’, de Rosa y Mercedes Perís Medina
14 minutos
España, 2019
Cortometraje animado nominado a los Premios Goya 2020

El ballet llega a los Goya de la mano de ‘Tututú, una animación dirigida y producida por las hermanas Rosa y Mercedes Perís Medina (1984, València). Su primer corto muestra una historia metafórica de sentimientos, emociones, deseos y relaciones humanas, cuya inspiración parte estéticamente del ballet y te envuelve gracias a la música de Juan Ferrer, compositor e investigador de sonidos en clave contemporánea.

Fotograma del cortometraje ‘Tututú’, Rosa y Mercedes Perís Medina.

Estas dos artistas interdisciplinares destacan el papel protagonista que tienen el dibujo, la pintura y la animación en sus obras. La importancia que tiene para ellas la carga estética confluye con el movimiento, ya sea real o fantástico, de sus figuras. Sin embargo, faltaba en el mundo de la narración y, para ello, fue clave la estancia que Rosa realizó en la Abadía de Fontevraud, donde se relacionó con otros profesionales de la animación y aprendió sobre escritura del guion. No obstante, siempre han mantenido la materia sensible como medio para trasmitir ideas y sensaciones. Del mismo modo, la participación en festivales supuso un jarro de agua fría, pues se suele premiar la narración por encima de la capacidad técnica del dibujo, por lo que Rosa se pregunta: “¿Cómo vamos a considerar obras de arte a los cortos si muchas veces se juzga la animación como un medio cinematográfico, si se la juzga más en relación con el cine de acción real que al medio plástico?”.

Fotograma del cortometraje ‘Tututú’, Rosa y Mercedes Perís Medina.

El guion de ‘Tututú’ quedó en espera hasta que decidieron dar el salto hacia la producción, retomándolo y trabajándolo en profundidad. El mundo profesional resultó una verdadera liberación, pero no exenta de miedos sobre el posible buen reconocimiento de su obra por el público. Una vez manos a la obra, comenzaron con el guion grafico o story board, el diseño de los personajes y los fotogramas clave. Para ello, Rosa realizó un importante número de dibujos principales, permitiendo una mayor precisión a la hora de establecer dónde iban los dibujos intermedios que realizaba y coloreaba Mercedes.

Respecto al tema, el ballet surgió del interés por dibujar el movimiento y se relaciona con otra de sus estancias, en este caso, en la Kunsthochschule für MedienKöln de Colonia, y al espectáculo al que pudo asistir. En una tarima de madera, los pasos de los bailarines resonaban fuertemente, dejando caer el peso de sus cuerpos y chocando la visión grácil de sus movimientos. Esta experiencia y el universo estético del ballet inspiró a Rosa para dibujar y, fruto de ello, es este cortometraje, donde el dibujo y el color quedan abocetados, inacabados, en comunión con constante movimiento de los bailarines.

Si bien, no nos encontramos frente a una típica historia de ballet, pues el mundo real y el onírico se alternan, acabando por imponerse el primero debido a su peso y gravedad, expresado a través de las pisadas de los bailarines que retumban en el parqué. Frente a él, la fragilidad y volatilidad de los sueños, en los que la protagonista se transforma en aves o mariposas, pero que también pueden convertirse en mares de dudas en los que un caballo, azul como los de Franz Marc, la salva del monstruo de sus pesadillas. La ausencia de diálogos otorga un lugar privilegiado a la música, realizada a posteriori y que obligó a algunas pequeñas variaciones en el dibujo, suponiendo un verdadero reto, pues debía sugerir en pocos segundos la misma sensación que transmite una obra de ballet en horas.

Cartel de candidatura a los Goya 2020 del cortometraje ‘Tututú’.

A pesar del trabajo independiente de ambas como ilustradoras, su animada colaboración les ha permitido participar, por primera vez, en los Premios Goya de la Academia de Cine. Su obra ha sido seleccionada para la siguiente fase en la categoría de cortometrajes de animación. Los diez seleccionados serán sometidos a votación y los cuatro mejor valorados optarán a Goya. Más allá del resultado, las artistas destacan el gran honor que supone para ellas participar en estos premios con su opera prima, en la cual se han dejado el corazón y la piel.

Andrés Ávila Valverde

No son historias “sobre mujeres para mujeres”


‘La revolución de la mujer en el cine egipcio’
34 Mostra de València-Cinema del Mediterrani
Fundació Bancaixa
Plaza de Tetuán 23, València
Sábado 26 de octubre de 2019

La Mostra de València-Cinema del Mediterrani celebró su 34ª edición realizando un repaso del nuevo cine europeo en su Sección Oficial y Sección Informativa. Además, lo hizo con actividades paralelas tales como la mesa redonda ‘La revolución de la mujer en el cine egipcio’, donde se pretendió potenciar la visión de la creación cinematográfica egipcia hecha por mujeres, así como la diversidad de puntos de vista que la generan, con el objetivo de acercar al público a las diferentes realidades políticas, culturales y de género en Egipto.

Directoras y guionistas egipcias durante la mesa redonda. Fotografía: Irene Valdés.

Esta mesa contó con la presencia de las directoras Hala Khalil, Amal Ramsis, Kamla Abu Zekry, Nadine Khan y Mariam Abou Ouf, de la mano de la moderadora Awatef Ketiti, profesora de la Universitat de València especializada en políticas de género.

Asimismo, para dejar patente esta visión tan innovadora del cine, La Mostra proyectó doce películas de diversas directoras egipcias, como ‘Kas wa lask (‘Cut and Paste’, 2006), de Hala Khalil; ‘Bebo Wa Bashir’ (2011), de Mariam Abou Ouf; ‘Harag W’ Marag (‘Chaos, Disorder’, 2012), de Nadine Khan; y ‘Villa 69’ (2013), de Ayten Amin.

Así pues, debemos introducir el encuentro, dividido en dos partes bien diferenciadas, diciendo que todas son herederas de una generación de mujeres pioneras del cine árabe y, muchas de ellas, hijas de grandes intelectuales. Por otro lado, hay que decir que llevan siendo partícipes de la industria cinematográfica desde el movimiento feminista que apareció en el siglo XIX. 

La mesa redonda se dividió en dos apartados, como se ha expuesto anteriormente: la revolución de las mujeres en el cine egipcio y la revolución vista y tratada por estas mujeres.

La moderadora comenzó el debate dejando patente que el público español tiene escasa información acerca del cine egipcio, y que es posible que, simplemente, se conozca esa historia donde las mujeres han sido muy importantes desde principios del siglo XX. Awatef Ketiti tiene entendido que ha habido altibajos desde los años ochenta que han frenado la participación de la mujer en la historia cinematográfica, a pesar de que se haya regularizado después de las revoluciones árabes, en lo que una de ellas no estuvo de acuerdo. 

Así pues, Amal Ramsis refutó: “nuestra generación no tiene que ver con la revolución en Egipto, ya que casi todas nosotras ya habíamos empezado a hacer cine antes de la revolución, es decir, todas formamos parte de ese movimiento político que hubo y sigue habiendo actualmente con los problemas y consecuencias que eso conlleva, pero hemos luchado y seguimos luchando para poder darnos voz en el mundo audiovisual’’.

Collage de las cinco mujeres egipcias que formaron parte de la mesa redonda. Fotografía: Irene Valdés.

Nadine Khan comentó que el gran problema del cine egipcio después de la revolución realmente no existía o, mejor dicho: “sería lo de menos”. “El hecho de enfrentarnos a la revolución lo hacemos porque existe un gran control de nuestras producciones, hay mucha censura que nos prohíbe dar pasos hacia delante, ya que el cine egipcio está pasando por una crisis’’. En el amanecer de este tipo de cine hay muchas caras conocidas, y es por ello por lo que la revolución significará un salto hacia delante, importante para el cine en general. 

¿Cuál es vuestra visión general del cine?

Todas ellas estuvieron de acuerdo en no saber cómo explicar lo que tuvieron que pasar y sufrir durante esa revolución; no podían hablar de ella como algo general porque cada una tiene su historia. Sin embargo, hay algo común sobresaliente en todas ellas: han estado viendo escenas horribles, sucesos inesperados e, incluso, algunos actos que no quieren recordar, por eso hay ciertos hechos que no pueden contar, que no pueden sacar a la luz en sus películas.

Sin embargo, Hala Khalil expuso que no solo había problemas en el cine femenino, sino que todos los cineastas se toparon con consecuencias y dificultades durante la revolución, y es por ello por lo que no pudieron hablar de ella, de la guerra real, de la experiencia que han vivido desde el 25 de enero.

De hecho, Kamla Abu Zekry también dejó patente que hay muchas opiniones, que se ha hablado mucho después de la revolución, y que ella ha podido hacer y producir varias películas después de la revolución, pero no grabarlas o producirlas durante la misma o antes de ella.

¿Cuál es vuestra visión o evaluación del rol de la mujer en la creación de cine árabe?

Mariam Abou Ouf contó que la revolución ha pasado por varias etapas, no solo una en concreto. Expuso que, por ejemplo, en 2011 y 2012 había productoras de cine y muchas directoras cinematográficas, pero que esa fue una etapa que no podían controlar, aunque fuesen mujeres u hombres.

“Es decir, para mí hubo muchos cambios y por eso no podría expresar de forma libre qué nivel de producción cinematográfica se dio. Durante estos dos años la vida estaba un poco más avanzada, pero de todas formas yo no era consciente, no podía ver, me faltaba el aire, necesitaba más tiempo para recuperarme; hablar de la revolución antes de ese tiempo, para mí era imposible. A lo mejor he tardado dos años o así en volver a la vida, y a partir de 2013 y 2014 he podido contar esa experiencia que viví’’.

Hala Khalil manifestó: “yo hice una película sobre la revolución después de la misma y era como un receso donde se pudo hablar de temas tabú, pero luego ya no podíamos hacerlo libremente. Si ahora quisiera proyectar la película que hice después de la revolución, estoy segura de que no podría. El cine depende de cada etapa por la que vamos pasando’’.

La mujer representada en el cine egipcio. Fotografía cortesía de La Mostra.

Kamla Abu Zekry: “Yo quería añadir que, por otro lado, Francia ha tenido mucha importancia en la industria del cine en Egipto y ha ayudado a que tenga valor. El gobierno empezó en 1972 una crisis, luego emigraron a otros países y, posteriormente, en 1980 hubo otra crisis. En los 90 el cine también pasó por muchos problemas y etapas. En resumen, cada etapa quedó afectada por crisis o revoluciones. De hecho, actualmente estamos pasando por una revolución tecnológica’’.

No obstante, ahora los jóvenes pueden hacer sus películas incluso con el móvil; ahora todo es más fácil, hay muchos jóvenes que han entrado en este dominio. Además, al hablar de mujeres o productoras egipcias, a nivel de conciencia tienen mucho que ver las personas intelectuales. “Yo, por ejemplo, he hecho tres películas y las protagonistas han sido mujeres, pero hemos tenido muchos problemas para su producción. Yo sí que pude estrenarlas al pasar un tiempo, pero conozco a productores y productoras que tuvieron que crear una personal para poder sacar a la luz sus películas’’.

Fotograma de la película ‘Cut and Paste’, de Hala Khalil. Fotografía cortesía de La Mostra.

Nadine Khan: “Intentamos luchar entre todas, pero no estamos dentro del núcleo del cine porque, al fin y al cabo, es un negocio y, a veces, es muy complicado seguir ahí; siempre tienes que buscar solución’’.

Amal Ramsis: “Creo que antes lo ha comentado Kamla, cuando hablamos del cine egipcio no hay mucha producción cinematográfica, pero tenemos un escaso lugar en el que nos apoyamos, por ejemplo, en otras empresas europeas de fuera o del oriente. En Marruecos hay ayudas del gobierno, pero en Egipto no. Después de la revolución sí que era algo moderno, había muchos documentales, pero han pasado varios años y podemos decir que, en este momento, las ayudas de los ministerios no existen. Ahora seguimos igual y yo produzco mis propias películas. Por ejemplo, después de la revolución se estrenó mi película, pero poco después ya no se podía proyectar, a la gente no le interesaba estar en estas salas de cine viéndola, porque la producción no es solo sacar adelante una película, es también conseguir proyectarla y explotarla en las salas de cine y eso sí que está limitado. De hecho, en Egipto hay unas salas donde pueden proyectar una vez o dos a la semana, e, incluso, había veces que se podía exhibir solo una vez al año. Pensamos que el cine egipcio es raro».

Mariam Abou Ouf: “Pienso que somos pocas las mujeres en el cine y la única protectora, pero no podemos hablar de que hay rol en la mujer en este punto sin hablar del Festival Internacional de Cine de El Cairo, que se celebra durante 10 días en el mes de noviembre de cada año desde su fundación, en 1976, con la excepción de las ediciones de 2011 y 2013, que fueron canceladas debido a la inestabilidad política que estábamos pasando. También me veo en la obligación de nombrar a Nadine Labaki, cineasta libanesa nominada al Oscar por ‘Cafarnaúm‘, que es una de las autoras más personales y críticas del panorama cinematográfico actual.

Produce, escribe, dirige y protagoniza sus proyectos porque todavía no ha encontrado a nadie mejor que ella para plasmar las ideas y la miseria que ella pretende mostrar al mundo sobre la sociedad en la que se crió. Con esto me refiero a que, como decía al principio, es verdad que somos pocas, pero tenemos un rol muy importante en la producción cinematográfica, es verdad que la cantidad es escasa, pero todos y todas, directores y productoras, somos importantes’’.

¿Tenéis una definición del cine? ¿Tenéis fe en la existencia del cine? ¿La visión del cine en la mujer es distinta del cine del hombre? ¿La productora tiene problemas respecto al productor hombre?

Nadine Khan: “Yo, por ejemplo, estuve en el festival de cine de la mujer en Egipto, y la directora del certamen planteó que no siempre se tiene por qué tratar temas de la mujer, que el cine también nos da una visión a la hora de presentarlo al mundo. Por ejemplo, hace dos años se presentó una película de los trabajadores en Asturias, concretamente la manifestación de los mineros intentando abrir y cerrar las minas. La productora de la película habló sobre ella, contando las penurias que los mineros que estaban en ellas sufrían. Es decir, no es obligatorio tratar el tema de la mujer.

Hala Khalil  comentó que varias de sus películas, como ‘Nowara’,  ‘Día para mujeres’ y, sobre todo, ‘Kas wa lask’ (‘Cut and Paste’, 2006), premiada como mejor película en el Arab Film Festival, muestran la visión de la mujer, pero dejó patente que cuando empezó a hacer películas le molestaba un poco “el cine de mujer”, porque ella quería hablar de todo en general y no de la mujer en particular.

Sin embargo, al pasar el tiempo, casi sin darse cuenta descubrió y sintió que la protagonista de una película siempre debía ser una mujer, o que la historia hablase de esta. Esto no quita su pensamiento de que hay hombres que tratan el tema de la mujer incluso mejor que ellas, porque la apoyan y saben sobre el tema. “Creo que, aunque me proponga hablar sobre otros temas, me sale solo hablar de las mujeres porque la siento dentro de mí; aunque intente buscar escenarios y personajes hombres, siempre acabo acudiendo a los brazos de la mujer’’.

Una de las directoras egipcias en acción. Fotografía cortesía de La Mostra.

Kamla Abu Zekry: “Es verdad que yo veo mujeres cineastas. De hecho, yo lo soy, yo soy productora, pero ¿cuántas mujeres pueden serlo? Una vez hice un cortometraje que contaba la historia de una niña que se va haciendo mayor y va pasando por diferentes etapas durante su vida, enseñando cambios hormonales como la menstruación y cómo le afectaba, sus estudios… Es un corto que se me ocurrió cuando fui a París. Estaba sentada en una cafetería cerca de Notre Damme y escuché un ruido –“tac tac tac’’–, unos golpes en el suelo».

«Al principio pensaba que eran gotas de lluvia, pero no. Salí a ver y observé muchas mujeres parisinas que iban corriendo con tacones al trabajo, y ahí me acordé de la hermosa mujer egipcia yendo al trabajo por la mañana. Me pregunté lo siguiente: ¿por qué la mujer egipcia cuando va al trabajo va siempre encogida, con miedo por si le acosan por la calle? Y ¿por qué la mujer europea es tan orgullosa y refleja tanta confianza en sí misma? ¿Por qué?’’.

“Entonces empecé a pensar que yo era una persona muy conservadora y sin nada de relación con la industria cinematográfica. Una vez empecé en el mundo del cine me convertí en una persona muy revolucionaria, muy dinámica, no me gusta la sumisión. Una vez crecí y cumplí mi mayoría de edad, hubo un cambio a nivel personal. Mi familia siempre me ha dicho que no fuese sola a ningún lugar, que no fuese de esa manera vestida…; ahí creció en mí un miedo a ser mujer, a ser inferior al hombre, dándome cuenta de cómo educaban los conservadores a sus hijas, haciendo una mujer sumisa, sin excepciones, porque ellos educan a las niñas árabes para ser madres, hijas y esposas. Entonces, la directora tiene que ser una revolucionaria que rechaza la realidad egipcia, porque la productora tiene que ser ella. Yo cuando estudié en la universidad participé en teatro y no fui vergonzosa, pude no ser sumisa’’.

Amal Ramsis: “Yo hablaba un día con un grupo de chicas y pensaba que eran de generación antigua, con educación sumisa y conservadora, pero por suerte se está formando una generación después de la revolución que está rompiendo con esas cadenas, ha habido un cambio en el que nacerán muchas directoras’’.

“Esto son indicadores de que la ciudad está cambiando, en El Cairo se pueden hacer más cambios comparado con lo rural, está mejorando la situación, vemos a más chicas fuera de muchas clases sociales, que pueden vestirse de forma más liberal ahora, y eso es muy positivo’’.

¿Hay límites a la hora de producir? ¿Es muy complicado tener un suministro de financiación al ser mujer? Al ser directoras, ¿habéis tenido problemas con vuestros compañeros hombres en cine?

Mariam Abou Ouf: “Yo empecé a trabajar en este ámbito a los 16 años, pero nunca he sufrido discriminación por parte de hombres, nunca me he sentido inferior a pesar de haber trabajado como ayudante, siempre me he sentido bien con ellos. Me sentía la única mujer detrás de la cámara, por lo que sí que es verdad que sentía cierta inseguridad por los actores y productores, ya que al principio no sabía cómo iban a reaccionar. Como era muy joven tenía miedo sobre todo al volver a casa, pero nunca sentí una discriminación por parte de mis compañeros. Sonará raro, pero es ahora cuando estoy notando esa discriminación porque no puedo hacer películas comerciales, de acción o comedia y es verdad que un hombre que tiene la misma visión que yo tiene el mismo problema de financiación, por lo que no es un problema solo para las mujeres en el cine, también lo es para el hombre’’.

“No obstante, no podemos decir que las mujeres producen igual que los hombres, porque hay películas que no se pueden hacer; tenemos hombres productores, pero no podían producir ciertas obras cinematográficas porque existe la prohibición y censura no solo en Egipto. De hecho, las directoras árabes tienen que hacer películas diferentes ya que para hacer películas con temas como el terrorismo, el velo o la ablación tienes que ser un hombre’’. 

Nadine Khan: “Yo, a veces, cuando escribo pienso que si fuese un hombre podría haber añadido más cosas, más detalles o haberlo contado mejor; las películas que hago siempre salen de la motivación o experiencia personal, porque suelo escribir películas de historias o vivencias, y a veces pienso en mi madre, mis amigos, mi hija, etc.’’.

“El cine es un reflejo de la realidad de la sociedad, el cine es un público grande y fuerte con sus clases, pero no podemos hacer muchas cosas; tenemos que volver a la fase de reeducar a la sociedad. Pero es que yo no quiero reeducar a nadie, cada uno que viva su vida, eso existe y está impuesto para la mujer, para el hombre y para la sociedad en general. Siento que no puedo discutir un tema tan importante porque, al final, soy como el hombre ingeniero que trabaja en la construcción o el electricista que arregla los productos rotos, y estamos en la misma situación’’.

Fotograma de una de las películas proyectadas durante el festival. Fotografía cortesía de La Mostra.

Hala Khalil: “Antes de escribir un guion has de enviarlo a edificios de censura para que los despachos digan sí o no, siempre controlan lo que se puede poner o no, grabar o no, proyectar o no. Realmente no hay ninguna norma o criterio en los edificios de censura, no hay guías, pero cuando estás escribiendo, tú como egipcia sabes lo que puedes dejar o no, lo que debes quitar, lo que dejas y te pueden eliminar… Por ejemplo, no podrías hablar ni de relaciones sexuales, ni de religión, ni de política, ni de riqueza… Solo hablamos de nosotros, de nuestro pueblo, es como mostrar una telenovela. Si quieres decir algo debes leer entre líneas y depender de la estupidez de la censura y, sobre todo, que cuando quieras transmitir un mensaje, que no se malinterprete y se entienda perfectamente lo que quieres comunicar’’.

Amal Ramsis: “Ellos lo llaman cine limpio. Un ejemplo de cine limpio fue una anécdota que me gustaría contar. Yo estaba haciendo una película de amor, con una pareja. En una escena había una escena de beso, de los dos enamorados, pero tanto el actor como el productor se negaron a grabarlo. Yo insistí en que el actor debía besar a la chica porque no entendía por qué era un tema tabú, era solo un beso. De hecho, la actriz estaba ahí quieta y esperando. La excusa del actor para no dar el beso era que mucha gente iba a estar mirando, tanto a la hora de rodar como a la hora de ver la película en la sala de cine. El productor insistió en que la quitase, hasta que al final llegamos a un acuerdo, porque él se negaba a sacar esa escena en pantalla y yo quería que se diesen un beso en la película. Al final decidimos que el actor diese un beso a la chica únicamente rozando sus labios, sin llegar a tocarse y, cuando pareciese que iban a besarse, pasar a la siguiente escena, cortar de raíz. Cuando el público vio la película y, en concreto, esa escena, había mucha gente contenta de saber que la película iba a acabar con la escena de un beso, y, de repente… ¡pum!, ¡se cortó!’’.

Un instante de la mesa redonda. Fotografía: Irene Valdés.

Al acabar la mesa redonda, protagonizada por estas mujeres tan revolucionarias y dispuestas a cambiar el mundo, se realizó una ronda de preguntas por parte del público donde las directoras continuaron respondiendo y contando anécdotas con gran ilusión y sin tapujos. 

El acto finalizó con la frase que una de ellas pronunció mientras respondía a una de las preguntas: “Ojalá volviéramos a la mujer faraónica, porque fue ella quien tuvo el poder y gobernó el mundo’’.

Irene Valdés

Aritz Moreno y sus ‘Ventajas de viajar en tren’

‘Ventajas de viajar en tren’, Aritz Moreno
Logical Pictures / Morena Films / Señor y Señora, 2019
Noviembre de 2019

‘Ventajas de viajar en tren’, primer largometraje de Aritz Moreno, que cuenta con un elenco más que apetecible –Luis Tosar, Belén Ortiga, Ernesto Alterio, Macarena Garcia, Pilar Castro y Quim Gutiérrez, entre otros–, materializa su estreno en salas tras su buena acogida en el 52 Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.

Con tal motivo, MAKMA entrevista al director guipuzcoano y a Leire Apellániz –productora, junto a Moreno, de Señor & Señora–, con el fin de desentrañar algunas de las claves y singularidades de su ópera prima.

Aritz, ¿cómo has afrontado el salto del corto al largo?

Muy a gusto, la verdad. Yo pensaba que hacer un largo iba a ser mas difícil que hacer un corto, pero en realidad todo está mejor organizado y, por lo tanto, se hace más fácil trabajar bien. Es más cómodo porque estás más protegido. La peli tiene que estar hecha ya antes de empezar a rodar, y luego ya es solo cuestión de darle al botón de rec.

Leire, ¿de dónde obtienes la financiación para el proyecto?

Pues los dos (Aritz y yo) tenemos la productora Señor y Señora, y yo me he ocupado más de la parte financiera, pero en realidad lo hemos hecho todo colaborando juntos. Al trabajar desde San Sebastián hemos podido acceder a ayudas que no existen en el resto del país.

Una vez armado el proyecto, ya fue fácil convencer a los inversores de las posibilidades financieras que prometíamos. Juan y Merry, de Morena Films, tenían el pulso financiero y el know-how que a nosotros nos faltaba. Son muy majos, y decidimos ir con ellos.

Además, también nos seleccionaron en el Co-Production Market de Berlín. Allí conseguimos un co-productor francés, Logica Pictures. Después, ya también ha entró Movistar. Nos ha costado arrancar, pero luego ha ido todo rodado, y ha fluido solo.

La película se divide en capítulos, ¿Aritz, ha habido alguno más difícil de rodar que otro?

Para mí, el de Pilar (Castro) y Quim (Gutiérrez). Ellos tenían que construir el tono original, y saber mantenerlo. Hay otras partes más gamberras y más lúdicas, pero esa parte en concreto sí que fue complicada. Hay muchos detalles en ella, y merece un segundo visionado, con tranquilidad.

Físicamente, también fue difícil esa parte porque rodamos en invierno, hacia mucho frío y Pilar tenía que estar en el barro. Ella, además, nos ayudó a captar miembros del elenco para montar la peli. Siempre ha sido la más entusiasta desde el principio. Es muy generosa.

¿El elenco ha sido de primeras opciones?

Sí, el 90% han sido primeras opciones. Primero Pilar, luego Quim, Luis, Macarena, casi todos.

¿Cómo te sientes, Aritz, al debutar con un equipo de lujo?

Es un privilegio absoluto. Me lo han hecho todo muy fácil. Son grandes profesionales muy cercanos y con los que se puede trabajar muy bien. Me han ayudado mucho en la puesta en escena. Y con su experiencia han hecho que las complicaciones se hicieran mas fáciles.

Por ejemplo, Luís Tosar hacía tomas de siete minutos del tirón. ¡Ahí entiendes porque son la leche! Son efectivos en pantalla y, además, te hacen la vida fácil. Eso es impagable.

Para mí es imprescindible, antes de rodar, tener unas conversaciones previas con los actores y las actrices para ver si existe la química necesaria para que todo fluya perfectamente, como en este caso.

Artiz Moreno. Fotografía de David Herranz cortesía de Filmax.

La dirección artística es impecable.

Está todo muy trabajado. La foto la ha hecho Javi Aguirre, con el que ya he trabajado desde el principio con mis cortos, y también es el director de fotografía de ‘Handia’, ‘Loreak’, ‘La Trinchera infinita’, etc. Somos muy amigos y nos entendemos muy bien.

Y Mikel ha hecho el arte, y tuvo muy poco tiempo, pocos recursos, pero es altamente resolutivo. Además, es muy humilde y se pone a disposición absoluta para lo que haga falta. Incluso Orejudo, el autor del libro, nos dijo que veía su libro puesto en escena en nuestra película. Tener ese reconocimiento del creador de ese mundo tan personal es todo un logro. Es incluso mágico.

Y ahora, ¿qué proyecto tienes en mente?

Me encantaría hacer una peli de Batman. Por soñar que no quede. Es que lo normal no me atrae. Algo diferente. No sé, algo original, provocador, algo de terror… Además, pasa que esta película ya es tan perfecta, que yo mismo me he puesto el nivel muy alto. Voy a necesitar otros cinco años para poder levantar un proyecto con el que me sienta identificado (risas). Con Leire queremos hacer las pelis que nos gustaría ver a nosotros.

¿Has intervenido en el guion?

Sí, sí, hemos tenido que adaptar el libro a la pantalla, pero el guion ha salido muy bien y hemos conseguido llevar el mensaje original al espectador.

El largometraje está clasificado como un thriller, comedia, drama, amor y terror. Debutas con una película muy ambiciosa. ¿Piensas ir más allá?

No sé donde vamos a ir, porque vivimos al día. Hace cinco años Leire me pasó el libro y hemos tenido suerte de hacer la película, y ahora no tengo otro libro en mente, pero estoy seguro de que voy a hacer algo muy diferente. Lo opuesto, seguramente.

Un instante del rodaje de ‘Ventajas de viajar en tren’, de Artiz Moreno. Fotografía de David Herranz cortesía de Filmax.

Neus Flores

«Sería intolerable legalizar la prostitución»

#MAKMAEntrevistas | Inés Plana [autora de la novela ‘Antes mueren los que no aman’ (Planeta, 2019)]

La novela negra goza en España de una excelente salud, con una red de festivales y un nutrida nómina de autores, muchos de ellos de proyección internacional. Pero lo que revela su vitalidad es la aparición de nuevas firmas que renuevvan y enriquecen el conjunto. Una de las que ha irrumpido pisando más fuerte es la periodista Inés Plana (Barbastro, 1959), que acaba de publicar en Planeta su segundo título, ‘Antes mueren los que no aman’, en el que retoma a los principales personajes de su debú, ‘Morir no es lo que más duele’. Así, reencontramos al teniente de la Policía Judicial de la Guarda Civil, Julián Tresser, junto a su equipo que investiga la muerte de una funcionaria de la Seguridad Social, al mismo tiempo que busca obsesivamente a Luba, una niña atrapada en las tramas de explotación sexual.

La acción transcurre en las Navidades de 2009 en plena crisis y en distintos lugares —la periferia de Madrid, la Costa da Morte y Palencia—, algunos reales y otros imaginarios.»En una novela negra hay escenarios donde ocurren cosas desagradables, sucesos luctuosos que podrían molestar o estigmatizar a quienes habitan realmente en ellos”, dice Plana. «Por eso prefiero inventarme esas geografías imaginarias, para escribir sobre ellas con libertad, sin el corsé creativo que supondría que existieran de verdad. En cuanto a los escenarios geográficos reales, los elegí por sus peculiaridades y también porque quería recrearme en ciertas atmósferas y sensaciones, como la dureza del clima en la montaña palentina, la magia de los paisajes de Galicia y mis vínculos emocionales con Cantabria», añade.

Portada de ‘Antes mueren los que no aman’, de Inés Plana.

Desde su infancia en Barbastro –donde su padre, amante de la poesía, tenía un comercio y ella vivió hasta los 18 años–, Plana ha sentido el impulso de narrar y, como muestra en sus dos novelas, lo hace con soltura y eficacia. La primera surgió de una imagen macabra, la de un hombre ahorcado al borde de las vías de ferrocarril que vio de refilón mientras viajaba en tren, reflejado en ‘La muerte no es lo que más duele’, su novela milagro. La denomina así porque llamó la atención de Planeta sin intermediación de agente, premio literario o éxito en internet. También porque la escribió en circunstancias muy difíciles. «Coincidió con los años más duros de la crisis económica, y en mi familia y en mi entorno más íntimo hubo problemas graves de salud y hubo fallecimientos de seres muy queridos», recuerda. «Pensé que no lo conseguiría, porque estaba muy rota emocionalmente, pero no me rendí y, a pesar de todo, seguí adelante con mi sueño. Por eso digo que culminar mi primera novela fue un milagro».

Sumergirse en el sórdido mundo de la prostitución no llegó a pasarle factura, aunque le produce “mucho dolor, rabia e impotencia ese universo atroz donde las personas se compran o se venden como mera mercancía para uso sexual”, subraya. “Me afecta y me parece una realidad insoportable, pero cuando escribí sobre ello tuve que tomar distancia, alejarme emocionalmente para poder plasmar lo que yo quería sin que me cegaran los sentimientos y la visceralidad”. Totalmente en contra de la prostitución, piensa que debería prohibirse. “Sería intolerable que se blanqueara legalmente al proxeneta y se legalizara, por tanto, la esclavitud sexual que sufren la prostitutas”, sentencia.

Inés Plana. Imagen cortesía del autor.

Es obvio que le gusta dar cierto tono sentencioso a sus títulos. “Como autora me ha gustado impartir en la ficción una justicia, digamos poética, en la que, en efecto, algunos personajes mueren porque son incapaces de amar, incapaces de mostrar la más mínima empatía con el ser humano. Pienso que el título, ‘Antes mueren los que no aman’, refleja ese espíritu. Todos moriremos, somos seres caducos, pero en mi fabulación he querido que ellos fueran los primeros”.

El éxito literario no le llevará a dejar el periodismo. “Llegué a él por vocación. Pero la literatura es una especie de adicción para mí, es pasión y es una necesidad vital. Escribo cuando puedo, robándole tiempo al tiempo. Entonces me encierro en mi estudio ante el ordenador y dejo el reloj fuera. Sólo existimos mi historia y yo. Desaparece el mundo, por decirlo de algún modo”.

En cuanto al panorama editorial se muestra optimista. “El número de lectores en España ha crecido hasta el 62% de la población, lo cual es ilusionante, aunque sigue habiendo casi un 40% que no lee nunca o casi nunca. Veo el panorama editorial con cierto optimismo y quiero pensar que poco a poco se irá inculcando el hábito de la lectura en las nuevas generaciones. España tiene una potente industria editorial y grandes autores y autoras en todos los géneros literarios. Eso es el mejor aval para que los libros estén en nuestras vidas y estén cada vez más presentes”, concluye Inés Plana. 

Inés Plana. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

«Las mujeres estamos encontrando el sitio»

#MAKMAEntrevistas | Carmen Machi (Premio de Honor del IV Festival de Cinema Antonio Ferrandis de Paterna, València)
Octubre de 2019

“Hoy por hoy, las mujeres estamos encontrando el sitio. En gerundio, porque el recorrido es largo’’

El trabajo actoral que lleva realizando Carmen Machi desde que era pequeña se ha visto reflejado en el galardón de honor que recibió el pasado 19 de octubre de 2019 en la IV edición del Festival de Cinema Antonio Ferrandis. “Una trayectoria llena de momentos de felicidad, de gloria en el mejor de los sentidos, por compartir con ciertos compañeros, por trabajar con ciertos directores, por viajar, por estar en un momento como el de hoy, recibiendo un premio que simboliza a lo que te dedicas, que te recuerda a qué has entregado tu vida porque has querido. Es difícil destacar un momento porque todos son especiales. Y hoy es uno de esos momentos’’, ha declarado la actriz madrileña.

El festival le pidió a la intérprete que eligiese una película importante para ella y, a ser posible, alguna que tuviera algo relativo a la Comunidad Valenciana, y así lo hizo. Eligió ‘La puerta abierta’ (Marina Seresesky, 2016), porque, además de ser una película con escenas en València y Cullera, está llena de momentos felices y tristes, esto es, emociones que le hicieron posicionarla en el pódium de sus películas favoritas y porque, visionándola como espectadora, le parte el alma, la deja demolida. “La película es optimista, pero hay algo asolador en la soledad de un vacío, de un no futuro. Rosa ha decidido plantear su vida como una prostituta y tú como espectador la ves y dices: ¡jolín, qué cosa tan triste! Pero ¡haz algo! ¡Espabila! ¡Muévete!’’.

Carmen Machi. Fotografía: Uiso Crespo (Discipuli.es)

Porque, como la propia actriz comenta, “es muy complicado ponerse en la piel de cada ser humano’’, no se puede generalizar en la prostitución. Ese es el motivo por el que tanto le gustó el enfoque que le dio la directora y guionista de la película, Marina Seresesky, puesto que el público está viendo al ser humano que se pone tacones y falda por la noche y sale a conseguir dinero para comer, porque ser prostituta también es una manera de vivir.

Durante la entrevista para MAKMA tras la proyección, lanzo esta pregunta al aire: «¿Qué es más difícil para el equipo técnico y artístico de las películas, hacer reír o hacer llorar?»

Carmen Machi responde asegurando que ambas son igual de fáciles, o igual de difíciles, pero que lo importante está en el propio trabajo actoral; lo que de verdad importa es que el espectador se crea que lo que está viendo es real, que se introduzca en el mundo de los personajes que lo interpretan, que se emocione, porque por eso paga y ese es su cometido. Un actor, por regla general, no nace siendo cómico. Ni tampoco siendo dramático. Ambos extremos se trabajan con gran exactitud y dedicación, con un gran control sobre el tiempo, el ritmo, la escucha, el timing, el gag, el objetivo en ese momento, la pausa; la clave está en llevar a cabo un trabajo constante y diario que produzca emociones. Para constatar esto, acudamos a la regla que Machi comentó: «Hay una regla en teatro –que yo la creo hasta cierto punto– que es que ‘el actor que llora en teatro, mal actor cuando hace drama’. Tú no tienes que llorar, tiene que llorar el espectador».

Y es que, si nos paramos a pensar, la vida es risa y llanto todo el tiempo. Aunque a veces se haga algo de manera innata, siempre se hace caso a lo de dentro, el corazón manda, el cerebro manda, el ser humano es una bipolaridad continua, e igual pasa con la construcción de un personaje a la hora de actuar.

No obstante, Carmen Machi no necesita basarse en nadie, consigo misma se basta y se sobra, porque, como deja patente, eso te condiciona, te hace que te olvides de ti y de tus defectos, intentando seguir a otros. Mas por supuesto que tiene referentes personales y técnicos, porque, al fin y al cabo, son trabajos en sintonía con personas que se han quedado en su retina de manera permanente, tales como Amparo Baró o el mismísimo Antonio Ferrandis, de los que ha mamado y admirado mucho esa forma de trabajar de “tonterías las justas, vamos al grano y siempre con mucha verdad’’.

Carmen Machi e Irene Valdés en un momento de la conversación. Fotografía: Uiso Crespo (Discipuli.es)

Esto lo apoya, por otro lado, con el argumento de que “querer logar la perfección es una estupidez; el ser imperfecto, el estar en el camino del aprendizaje es lo que te hace evolucionar, y si crees que ya has llegado a la excelencia, ¡menudo aburrimiento! Y esto, ¿quién te lo va a aportar? Pues fácil, gente muy mayor, con la sabiduría de decirte: ¡Equivócate!, y gente muy joven que se equivoca sin quererlo y hace arte’’. Eso para la actriz, esa mezcla heterogénea, le ha hecho enriquecerse tanto a nivel profesional como personal.

Para finalizar la entrevista se le planteó una difícil pregunta: “¿Cómo describirías en dos o cuatro palabras el oficio de ser actriz?’’. A lo que ella respondió: “Pasión, felicidad, amor a algo y ser un gran mentiroso, sin dejar atrás la timidez, porque hay que diferenciar bien la persona que actúa del personaje que se interpreta, hay que ser muy tímido para luego tener el arrojo de ponerte la máscara y ser valiente’’.

La penúltima pregunta y cuya respuesta fue la más escueta (no por nada, sino porque no necesita decirse nada más), fue dedicada a Luis García Berlanga, referente por excelencia del cine valenciano y español. Carmen Machi siempre tiene una sonrisa profunda, pero al nombrar a este increíble director se le iluminó la cara, ya que estamos hablando de palabras mayores. Ella cree –y, posiblemente, esté en lo cierto– que no hay ni habrá absolutamente nadie en el universo que pueda hablar mal a nivel artístico o que no hable con admiración del señor Berlanga, y que eso pocas personas lo han conseguido. «Berlanga y Dios están casi a la misma altura», prosigue, «porque es único, ha conseguido transcender a lo largo de la historia y lo seguirá haciendo en la vida. No hay nadie como él y todo el mundo quiere igualarse, siempre con mucho respeto».

Sabemos que a la actriz, ganadora del premio honorífico del festival de Paterna, le encanta València –sobre todo los restaurantes de Quique Dacosta–, y nos ha chivado que probablemente vuelva a la ciudad de la mano del teatro porque empezará gira el año que viene.

Carmen Machi en la entrevista con MAKMA
Carmen Machi e Irene Valdés durante un instante de la entrevista. Fotografía: Uiso Crespo (Discipuli.es)

Irene Valdés

Los caminos cruzados de Xavier Monsalvatje

#MAKMAEntrevistas | Xavier Monsalvatje
Octubre de 2019

Ceramista, pintor, escultor…, Xavier Monsalvatje (Godella, 1965) vivió desde niño en un ambiente que favorecía la creación artística. En su juventud explora lenguajes fronterizos como el cómic, el graffiti…, que le llevan a integrar conceptos, experimentar medios y arriesgarse en el camino de crear un idioma artístico propio con el que conjugar códigos e influencias. Nunca ha renunciado a mostrar abiertamente esas referencias, y en su obra conjuga evocadores destellos de antigüedad clásica con personales y vertiginosas visiones futuristas.

Reflexivo, estudioso, su tiempo discurre entre el taller en Moncada y sus interminables viajes que le llevan a recalar por lugares de medio mundo (China, EE.UU, Dinamarca, Túnez, Taiwán y Turquía), en los que trabaja y muestra sus piezas. Lleva con él su bagaje –estudios de Artes y Oficios, formación en la Escuela de Manises, una amplia trayectoria profesional–, su talento, una curiosidad feroz por experimentar y una humildad sincera que le hace avanzar en un aprendizaje constante.

‘La ciudad manipulada’, de Xavier Monsalvatje. Imagen cortesía del artista.

Trasladarse a miles de kilómetros, aceptar retos que ponen a prueba su capacidad de adaptación, trabajar en fábricas y ámbitos desconocidos, aprender habilidades nuevas e integrarlas en su obra no supone dificultad alguna para este artista valenciano que en cada aventura se empapa de lecturas, matices, conversaciones, relaciones personales, narrativas y signos que llenan de sentido los distintos tiempos de su travesía.

En el último año su maleta ha parado en casa muy pocos días. Exposiciones, encuentros artísticos, estancias, talleres, comisariados…, le han llevado a asentarse en geografías diversas. Desde la revista MAKMA nos acercamos a este artista discreto, poco dado al ruido y al autobombo, para que nos cuente detalles de lo realizado en los últimos meses y nos adelante interesantes retos que afrontará en esta temporada artística que ahora comienza.

Xavier, el 2018 empezó con una exposición en el Museo de Cerámica de L´Alcora (Castellón), un lugar muy valorado por ti.

Sí, el 2018 fue intenso en nuevos proyectos, exposiciones y viajes. A principios de año, el Museo de l’Alcora me invitó a montar una exposición que mostrase un breve recorrido a través de diferentes proyectos en los que he ido trabajando, vinculados de alguna forma al patrimonio industrial. Al mismo tiempo, me propuso impartir talleres a estudiantes de la localidad para así conectar mi proceso creativo, relacionándolo con la imaginería industrial ycon la reciente compra por parte del Ayuntamiento de l’Alcora de la Real Fábrica de Cerámica del Conde de Aranda.

‘Marcel Duchamp still pissing’, de Xavier Monsalvatje. Imagen cortesía del artista.

Con esta exposición titulada ‘La Ciudad Especular, signos, superposiciones e interferencias’, tuve la necesidad de no realizar solo un repaso a lo anterior, sino también llevar a cabo un trabajo específico para el museo de cerámica. Desde mi estancia en la fábrica de Kale Group en Turquía, donde fui invitado a trabajar sobre el cartógrafo otomano Piri Reis, en 2013, y en la que tuve la ocasión de poder intervenir sobre paneles cerámicos industriales de grandes dimensiones, quería volver a trabajar sobre este tipo de material; un reto que precisa de la colaboración y el apoyo de la industria cerámica, que no resulta siempre fácil.

En el mismo museo de L´Alcora has comisariado, también, una exposición colectiva de varios ceramistas americanos contemporáneos con los que colaboras en distintas ocasiones, fuera y dentro de España.

Sí. Paralelamente a mi exposición, y en otra de las salas de exposiciones temporales del museo, coordiné la muestra ‘American Clay, cuatro visiones de cerámica contemporánea americana’, que incluía los trabajos de Karen Gunderman, Christopher Davis-Benavides, Catherine Schmid-Maybach y Cameron Crawford. Esta muestra colectiva se ha podido ver también este verano en Navarrete, La Rioja, en la sala de exposiciones municipal Zaldivar, dentro de las actividades de la Feria N.A.C.E.

Has vuelto a Estados Unidos de nuevo. ¿Qué ha supuesto para ti regresar algunos años después a un país que conoces bien y que valora tanto tu trayectoria?

Tras llevar mi obra a Filadelfia, participar en cursos y talleres en las universidades de Wisconsin (Milwaukee) y Chico (California), trabajar en sus fábricas (Kohler)…, fui invitado de nuevo a ir a los Estados Unidos en otoño de ese mismo año por la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. Cuando volví allí a impartir un taller en el Departamento de Cerámica, tuve la sensación de encontrarme con cierta iconografía que desde mi primer viaje por esas tierras, en 2011, no me ha abandonado. También regresé a California y, posteriormente, a Nevada, quizás, al igual que Milwaukee, mis lugares en Estados Unidos donde siempre soy bien recibido. En Reno (Nevada) organizaron una exposición en The Wedge Ceramic Studio con parte de mis dibujos y piezas cerámicas elaboradas en la Universidad de Chico (California), donde había sido invitado a impartir una conferencia y demostración a los estudiantes; un tiempo que compartí con Cameron Crawford, catedrático de esta universidad.

‘La Ciudad Especular’, de Xavier Monsalvatje. Imagen cortesía del artista.

Pensar en el próximo viaje se ha convertido en una constante en tu vida, una pulsión contra el paso del tiempo. ¿Qué te aportan personalmente esas estancias lejos de tus puntos de referencia?

Trabajar fuera de la zona de confort de tu propio taller te obliga a desarrollar más adaptabilidad a lo desconocido; a los materiales de trabajo, las cocciones, los tiempos y, cómo no, a las maneras de relacionarte con las personas de tu entorno. Todo influye, sobre todo cuando te desenvuelves en un medio como es el cerámico, pero quizás el haber transitado desde siempre por la periferia te da una perspectiva más real del trabajo.

Durante este año sumas un reconocimiento más a tu trayectoria, al ser seleccionada tu obra en un encuentro hispano-ruso. Háblanos de esta experiencia.

Sí, entre todo esto, mi viaje a Málaga, al ser seleccionado en el primer Simposium Hispano&Ruso de cerámica contemporánea, dos semanas de trabajo, una vez más, fuera de mi propio taller, pero en una ciudad conocida, donde también desarrollo mis siguientes obras gráficas con mi amigo, el artista cubano Rodolfo Llopiz. Otro espacio, con otro proceso y lenguaje diferentes al habitual que me permiten indagar en mi iconografía e intentar desarrollar una visión distinta a la de siempre.

También en Andalucía, has expuesto recientemente tu trabajo gráfico.

A finales de año inauguré una exposición en el Palacio Condes de Gabia de Granada, ‘Desde Laguada a Sandunga y más allá. Obra seriada entre dos siglos, el caso de Granada’, y en el Museo de Osuna, Sevilla, con la exposición ‘Naturaleza’; exposiciones donde se muestran algunos ejemplares de mi obra gráfica.

‘Debemos salvarnos del tiempo’, de Xavier Monsalvatje. Imagen cortesía del artista.

Xavier, ¿qué otras convocatorias destacarías de entre las que has participado durante la pasada temporada 2018-2019?

Durante este año he ido colaborando en diferentes propuestas y exposiciones. En febrero participé en JustMad, con la galería Set Espai d’Art, y en mayo fui seleccionado por Fundesarte para participar en la exposición ‘Revelations’, exposición que se desarrolló en el Grand Palais de París.

Y ya para terminar este acercamiento a los últimos pasos en tu devenir profesional, cuéntanos en qué proyectos andas inmerso y cómo afrontas tus nuevos retos.

Los proyectos en los que estoy trabajando son mis próximas exposiciones en la galería Set Espai d’Art y en la sala de la Fundación Giménez Lorente de la UPV, en València, para mayo de 2020. En enero, he sido elegido como artista invitado en Art i Chol Madhya Pradesh en India, y a finales de junio en la fábrica de porcelanas de Vista Alegre en Aveiro (Portugal), donde me han seleccionado como artista residente.

Una vez más, el viaje, los caminos cruzados, las ciudades y el paisaje que vas encontrando, las miradas que van trenzando una nueva narración y la experiencia del viaje conforman una línea cartográfica de tus emociones. Quizás esta es una de las razones por las que, en mi próxima idea, el mapa sea uno de los elementos que estén incorporados en el relato y no tan solo como imagen.

Xavier Monsalvatje en su estudio. Fotografía: Scott Seifert.

Marisa Giménez Soler

La lectura vital desde la no ficción de Esmeralda Berbel

#MAKMAEntrevistas | Esmeralda Berbel, autora de la novela ‘Irse’ (Editorial Comba)
Octubre de 2019

Después de otros libros como ‘Trátame bien’, ‘Alismas’, ‘Interiores’, ‘Detrás y delante de los puentes’ y varios poemarios como ‘Calma corazón, Calma’, la escritora Esmeralda Berbel nos invita a entrar en su cotidianidad más íntima con su diario ‘Irse’, permitiendo en la lectura el acceso a un periodo intenso y delicado de su vida.

MAKMA atesora la ocasión de entrevistarla tras su paso por el Festival de Cine de San Sebastián, en el que su hija Greta Fernández ha obtenido la Concha de Plata a la mejor actriz por su papel en ‘La hija de un ladrón’, de Belén Funes.

¿’Irse’ nace de una inspiración o de una catarsis real para expulsar el sufrimiento de la ruptura de un matrimonio que duró veinticinco años?

Escribo diarios desde los trece años. Para mí este formato es una escritura muy familiar, sobre todo porque el tema es mi propia vida, pensarla, escribirla me ayuda a comprender qué me sucede y por qué me sucede.

El diario es un género muy interesante, es híbrido, lo acoge todo; puedes escribir bien, mal, ensayar inicios de relatos, de poemas, diálogos, no tienes que corregirlo porque es para ti, es personal, privado. ¿Por qué lo he publicado? En ese periodo de mi vida yo escribí con mucha frecuencia, todo era muy difícil y volví al hábito del diario, me daba mucha fuerza, era casi urgente. Cuando todo pasó y estaba más tranquila quise mirar qué había hecho, en qué momento la escritura, el pensamiento empezaba a cambiar. Nunca había dado mucha importancia a escribir un diario, sin embargo he leído diarios de escritores y me encanta el género, la bondad de abrir el corazón, así pensé que tenía ante mí un reto, hacer literario lo que todavía no lo era. Trabajé la escritura con el mismo rigor que corrijo y trabajo mis novelas y mis cuentos. Tardé un año. Cuando lo entregué a la Editorial Comba pensé que pasaría con sigilo, con pocos lectores y, sin embargo, el libro ha causado mucho furor, el tema es universal. Ha sido una justicia poética. Alumbrar el dolor.

¿Crees que este éxito puede ser debido a la fama de tu familia?

Espero y deseo que eso no tenga nada que ver con mi escritura. Si mi diario tuviera una escritura monótona, pesada, o aburrida, no creo que hubiera ido bien. La fama es un bluf. No puede sustentarse por mucho tiempo si no hay un trabajo de verdad, de fondo.

El tema toca el dolor de una separación y todo el mundo –eso me dicen– se identifica, haya sido como haya sido la ruptura. Hay muchos libros que tratan este tema, y yo llevo muchos años escribiendo, así que ‘Irse’ tiene la calidad de un trabajo propio y –al menos a mí sí que me sucede– leer la vida desde la no ficción me hace comprender y pensar mejor la vida.

Aparte de tus libros en prosa, también has escrito libros de poesía. ¿Cómo te inspiras?

Yo escribo lo que necesito escribir. Lo que tengo ganas de compartir. No soy tan libre en el deseo del género, o de la forma o del tema. Miquel Martí i Pol decía que la poesía se escribe cuando ella quiere, no cuando uno quiere.

Empecé a leer poesía muy tarde. Sin embargo, ya desde muy jovencita me atraía la escritura más evocadora, más sensual. No me interesan tanto los textos, novelas con mucha épica, acción, aventura, sino la escritura per se.

Soy una enamorada de Marguerite Duras, Menchu Gutiérrez, Alice Munro, Helen Cixous, Rosario Ferré, Cortázar, y soy fan de Javier Pérez Andújar; me fascina la escritura que me emociona por la conjunción de la frase, del engarce, de las analogías…

He escrito dos libros de poesía, ‘Calma corazón calma’ y ‘Fumar en la bañera’ (junto con Rut Múñoz). ‘Alismas’ es un libro de cuentos imbricado entre la prosa y la poesía.

Veo que el universo femenino es una constante en tus libros, como en ‘Trátame bien’, ‘Alismas’, etc…

‘Trátame bien’ fue un libro de encargo, de la editorial Alba, en el que entrevisté a dieciocho mujeres que habían sufrido abusos y maltrato físico y psíquico. Me interesó muchísimo y aprendí acerca de la complejidad y la dificultad de ver desde dentro lo que ocurre en una relación abusiva y violenta, y como el hombre va ejerciendo el maltrato de forma gradual, creando una gran confusión y culpa en la mujer. Con este libro aprendí a entrevistar, a escuchar, a dejar que la voz del otro fuera yendo hacia el lugar más necesario. Escuchar es una de las cualidades que necesita tener todo escritor, diría toda la humanidad; ojalá.

¿Tienes previsto hacer un libro en el que el protagonista sea un hombre?

Lo estoy escribiendo ahora. No puedo contar mucho…

Cuéntanos un poco entonces sobre tu libro ‘Interiores’.

Este libro va a salir en breve. Se reedita con la editorial Salto de Página.

‘Interiores’ consta de entrevistas a personas que en una etapa de su vida estuvieron al límite físico o psíquico. De hecho, el titulo anterior era ‘Nueve monólogos al límite’. Cuando lo escribí estaba muy interesada en comprender por qué alguien cruza la línea de sí mismo, por qué algunos de nosotros llevamos la vida hasta el límite, y otros no. Qué elementos, qué construcción crea una persona dentro de sí para no poder contenerse, hacer lo que necesita, ser amado o destruirse.

¿Cuáles son tus proyectos ahora mismo?

Estar cerca de las personas que amo. Acompañar a mi hija en esta celebración que es la vida. Mirar a mi madre. Escribir este nuevo libro. Y trabajar en lo que más me gusta: enseñar a escribir.

La autora Esmeralda Berbel. Fotografía cortesía de Editorial Comba.

Neus Flores