«El teatro permite mostrar lo que nos falta»

Remando en el mismo barco (y X) | Testimonios de parejas dedicadas a la cultura
Con Anna Marí y Daniel Tormo (fundadores de la Companyia CRIT de Teatre junto a José Valero)
Miércoles 15 de julio de 2020

Cerramos la serie ‘Remando en el mismo barco’, en la que parejas dedicadas a la cultura han analizado los efectos de la COVID-19. Y lo hacemos por todo lo alto, con una pareja que representa la fusión de dos palabras con mayúscula: ‘Amor’ y ‘Teatro’. Son Anna Marí y Daniel Tormo fundadores, junto a José Valero, de la Companyia CRIT de Teatre, en 2009. Les espera una intenso verano, pues estarán en el Festival de Almagro con dos montajes, ‘Espill’ de Jaume Roig y ‘L’increïble assasinat d’ Ausiàs March’, y en agosto estrenan en Sagunt a Escena, ‘La ciudad de escarcha’ basada en la novela ‘Entre visillos’ de Carmen Martín Gaite.

Marí y Tormo llevan 15 años de pareja, aunque «es la primera vez que ‘salimos del armario’ en público como tal», confiesan. «Ocultábamos nuestra relación para evitar que en el trabajo alguien pensara que hablarnos a uno era hacerlo a los dos». Su historia desmiente las teorías sobre lo difícil que es compatibilizar la vida personal con la profesional. «Lo que nos ha acabado de moldear como pareja ha sido justamente trabajar juntos. Porque el trabajo que hacemos no es un trabajo, no es una obligación. Nuestro trabajo es nuestra vida y nuestra pasión, y por tanto compartir esa pasión es maravilloso». Fruto de esa pasión es CRIT, «la criatura que alimentamos y que nos alimenta. La criatura que nos permite vivir en el lugar del mundo que queremos. Es nuestra forma de vida».

Anna Marí y Daniel Tormo en ‘La Ciudad de Escarcha’, basado en la novela ‘Entre Visillos’ de Carmen Martín Gaite. Fotografía de Miguel Lorenzo por cortesía de CRIT.

A Marí y Tormo les encanta que los identifiquen con creadores del Renacimiento por ser polifacéticos, pues combinan la escritura e interpretación con la gestión de su compañía. «Somos versátiles también en los temas e igual nos interesa la literatura que la ciencia. Ahora, por ejemplo empezamos un proyecto con el CSIC.  Sentimos curiosidad y por eso nuestra casa y el local de CRIT parecen una biblioteca, pero también un scriptorium, un laboratorio, una oficina, y por supuesto una cocina y un hogar. Eso es lo que nos gusta, sentir que trabajamos desde un lugar que nos permite saciar y multiplicar nuestra curiosidad. Eso es CRIT».

El teatro es para ellos un espejo envolvente, un artefacto prodigioso que refleja «todas las dimensiones de lo humano». Y esas dimensiones incluyen el arte, la ciencia, las emociones y la trascendencia. «El teatro es el escenario de la vida en formato pequeño y concentrado y, además permite no sólo mostrar lo que hay en la vida que vivimos, sino también lo que nos falta, lo que no se ve, lo que nos gustaría ver, lo que no sabemos, lo que no somos».

Anna Marí y Daniel Tormo. Imagen cortesía del autor.

Dividir  los trabajos en función de lo que mejor hace cada uno es la estrategia que siguen como compañía. «Pero el motor de CRIT son los espacios comunes, no sólo en nuestra pareja, sino también cuando nos reunimos con Valero. En nuestro caso nos encanta escribir juntos. Y para poder hacerlo bien las dos manos deben saber anticiparse y comprenderse. Las dos cabezas han de conocerse tanto que permitan un texto conjunto, y no un popurrí de dos textos. Esa es nuestra fuerza».

La compenetración del equipo hace que en la rutina  aflore a veces un elemento mágico. «Llega un momento en que las ideas se agolpan, y empieza a florecer el proyecto que buscábamos y quizá ni siquiera imaginábamos. No sería posible nada de lo que hemos hecho si alguno de los tres, no sólo de los dos, hubiera ido por otra parte. En gran parte vivimos de serendipias, pero claro, estas no llegan solas, hay que estar siempre buscando».

Anna Marí y Daniel Tormo durante una actuación. Imagen cortesía de CRIT.

Lo que más les inquieta de esta situación es no saber cuándo terminará. «Estamos acostumbrados a las crisis, somos hijos de la de 2008, y hemos aprendido a sobreponernos y amoldarnos. Pero esto es nuevo, y en un sector como el nuestro es especialmente preocupante. El teatro no es teatro si no es en directo y en un espacio compartido. Lo del teatro grabado o emitido por ‘streaming’ está bien para los investigadores, o si estás enfermo o muy lejos de donde se representa, pero no es un sustitutivo. Lo que nos preocupa es el tiempo que durará el miedo de la gente a volver a un patio de butacas».

Pese a la incertidumbre y dificultades están dispuestos a salir de esta crisis,  «aunque tengamos que crear espectáculos para ser representados desde un balcón. Aunque representemos desde un helicóptero o una grúa, seguiremos trabajando por el teatro en directo para continuar con el ritual antiguo que es el encuentro entre actores y público».

Apostar por la cultura como algo esencial, es la asignatura pendiente del Gobierno. «No somos ‘captadores de subvenciones’, sino uno de los bienes que deberían ser más apreciados  como creadores. Eso que ya sabían los mecenas de la antiguedad, y lo saben en países como Francia o Alemania. No somos un sector que necesite inyecciones de dinero, porque somos y hemos sido siempre, además de necesario, un sector rentable. Hace falta ya un estatuto del artista. Y en el caso del teatro, una bajada notable del IVA», concluyen Marí y Tormo.

Anna Marí y Daniel Tormo. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

«Debemos revisar y sanar la herida de la esclavitud»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | Carlos Bardem
‘Mongo Blanco’ (Plaza & Janés, 2019)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Viernes 10 de julio de 2020

Uniformado con los definitivos afeites del Premio Espartaco, que la Semana Negra de Gijón le ha concedido en la presente jornada, en tanto que responsable de la mejor novela histórica del último curso editorial, Carlos Bardem ha recalado en la trigésimo tercera edición del festival de la mano de su más reciente publicación, ‘Mongo Blanco’ (Plaza & Janés, 2019), una mayúscula narración –en corpus orgánico, semántico y estilístico– que asienta su porvenir sobre la figura de “Pedro Blanco, el gran negrero malagueño”.

Una cita marginal y a pie de página que el actor y escritor madrileño refiere como primera fuente de conocimiento de Pedro Blanco Fernández de Trava (1795-1854), conocido en los distantes predios decimonónicos de la trata y compra-venta de esclavos con el sobrenombre de El Mongo (o Rey) de Gallinas –entre otros y variopintos seudónimos–.

Una háptica, exuberante y ubérrima novela de aventuras sobre cuyos cimientos, adheridos al lecho hediondo del esclavismo, se ha edificado “una feroz travesía” por la cronología, delirante y vital, de “un monstruo, objetivamente, dedicado a una atrocidad. Un gran marino, apegado a las novedades técnicas, que revolucionó la trata”, sobre el que “siempre, hago un símil –no muy exacto, pero sí muy ilustrativo–: Pedro Blanco fue el Pablo Escobar de la trata de esclavos; la mejoró y la multiplicó exponencialmente. Su mecánica, su forma de esclavizar y de vender”, ha perfilado Bardem durante su primer encuentro con los medios.

“Un hombre culto y cínico” y, a la par, “excepcionalmente bueno en lo que hacía”, cuyos abominables actos –que le hubieron reportado varios millones de dólares de la época– “no los inventa Pedro Blanco. Es el sistema el que fabrica los ‘Pedro Blanco’ que necesita para realizarse. Porque el esclavismo era sistémico: todo se realizaba con mano de obra esclava en las Antillas”, advierte el autor.

Y he aquí donde el abolengo geopolítico torna su mirada histórica a las elefantiásicas implicaciones de España en este túrbido asunto, “el gran negocio de la época, sobre todo a finales del siglo XVIII y principios del XIX”. Un feudo de la soterrada memoria colectiva erigido, entonces, “en el lugar de máxima rentabilidad para el dinero: la compra y venta de seres humanos. Lo cual está muy documentado y eso significa que hay un consenso unánime sobre un mínimo de gente esclavizada por la trata transatlántica: 12,5 millones de personas, de africanos” –“una cifra consensuada gracias al arqueo y a los manifiestos de carga de los barcos”, si bien «hay autores que elevan esa cifra a más del doble porque, como en todo negocio legal, había una parte ilegal, una trata en b» (lugares de desembarco en paralelo para no pagar aranceles)–, cuyos descendientes pueblan la columna vertebral del continente americano. “Es imposible, para cualquiera de nosotros que haya viajado por América, desde Alaska –la Tierra del Fuego– hacia el sur, no ver la presencia de la negritud en todas sus sociedades. Hemos de tener en cuenta que allí no había negros: todo el que está allí es un descendiente de un esclavo en mayor o menor grado”.

Una contundente apreciación consecuencia de un hecho tan explícito como soterrado por quienes han reorientado, de un modo oscurantista, la narración del devenir histórico. “Este tipo de debates están encapsulados en el mundo académico. En España hay muy buenas monografías, debate a nivel universitario, pero es algo que nunca trasciende al gran público, y por eso no les molesta o no les preocupa a los que se han encargado de que no conozcamos este periodo de nuestra historia”, que sitúa los beneficios del esclavismo sobre la explotación de “los cañaverales de Cuba y Puerto Rico” por parte “de esclavistas españoles, surtidos por negreros españoles” como el Mongo Blanco retratado, desde las fauces sicológicas, en su novela.

Carlos Bardem junto al escritor y periodista Fermín Goñi, durante la presentación de ‘Mongo Blanco’. Fotografía cortesía de la Semana Negra de Gijón.

Recuerda Bardem, al respecto, ese epidérmico sedimento histórico que, a buen seguro, palpita “en el imaginario colectivo” de la mayoría de sus lectores, relativo a que “cuando se habla de esclavitud pensamos, habitualmente, en el relato de Hollywood: Kunta Kinte, ‘Doce años de esclavitud’, Alabama, el algodón…; pero alguien se ocupó de que no sepamos que, al mismo tiempo, coetáneas de esas plantaciones, igual de grandes e, igualmente, dotadas con esclavos secuestrados en África, eran los cañaverales de caña, los ingenios de azúcar” comandados por españoles, tan relevantes como el comercio del algodón; economías de plantación que responden a “las necesidades de las revoluciones industriales”, nutridas “por la trata tradicional africana” y que instituyen ese apogeo intersecular del esclavismo, entonces “una práctica legal” en la que “toda la sociedad participaba” y de la que, en diversos grados, “se beneficiaba”.

Un “fenómeno cultural universal”, idiosincrásico, y sustento de la “ideología de la clase dominante en España” –vertebradora de “una sociedad esclavista equiparable a la Atenas de Pericles”–, por la que transitan eximias (y obscenas) fortunas genealógicas como las de María Cristina de Borbón– “la mayor propietaria de esclavos”, “Carlos III, Felipe V, el Arzobispado de Toledo, el Marqués de Comillas” y el de “Argüelles”, Eusebi Güell –mecenas de Gaudí–, e, incluso, los ascendientes del político “Artur Mas” –“marinos mercantes” condenados por el tráfico ilegal de esclavos entre África y América a mediados del siglo XIX–, así como la constitución de “la Bolsa de Barcelona o las diputaciones provinciales”, tras cuyos pasos encontramos el legado anómino de “miles de indianos” que a su retorno, poblaron, con sus simbólicas palmeras, buena parte de la cornisa cantábrica tras granjearse fortuna con la trata.

Por ello, si uno de sus retos “como escritor era adentrarme en este monstruo (Pedro Blanco) para encontrarle matices y revelar sus razones” –“darle humanidad, comprenderlo, que no justificarlo”–, no de menor relevancia debía ser exhortar al lector a tratar de comprender “una herida abierta que está explotando ahora mismo”. En ese sentido, los acontecimientos del presente aportan un valor añadido a la deriva de la novela durante el último año: “explicarnos cuál fue nuestra parte de responsabilidad”, que hubo sido “extensa e intensa”.

La escritora Berna González Harbour (Premio Dashiel Hammett de novela negra 2020 por ‘El sueño de la razón’) y Carlos Bardem (Premio Espartaco a la mejor novela histórica por ‘Mongo Blanco’). Fotografía cortesía de la Semana Negra.

En consecuencia, Carlos Bardem perfila diversas interrogantes: “¿Por qué hay gente que derriba estatuas? ¿Por qué hay una herida brutal en muchas sociedades del planeta que tiene que ver con el esclavismo y con el racismo?”. Preguntas análogas a las que pueden formularse a partir del concepto de la ‘banalidad del mal’ –alumbrado por Hanna Arendt en ‘Eichmann en Jerusalén’–, asociado al nazismo: “¿Cómo era posible que un país de entre los más cultos, cuna de filósofos y grandes músicos como Alemania, la gente normal, entre comillas, apoyara una monstruosidad como el nazismo?”.

Dubitaciones a las que debemos dotar de respuesta a través del escenario que se aventura en el contexto de su novela: “Sería bueno que tengamos claro que el origen de esta herida sin coser y supurante, que está agitando tantas sociedades, está en este momento de la historia, y que mientras no hagamos nuestros deberes como sociedad y no nos pongamos manos a la obra en revisar, explicar y sanar esa herida, será una herida más que sumar a las muchas que desgarran nuestras sociedades”.

Porque, a la postre, “esta novela también es una reflexión sobre el mal; sobre cómo el mal se ejecuta y se realiza –el mal con mayúsculas–. No creo que exista una relación más viciada y más perversa como la que existe entre un amo y un esclavo. En ese cajón desastre cabe todo: las desigualdades sociales, de género, de religión, etcétera”.

Iniquidades que hunden sus raíces en el légamo de la infecta y tendenciosa memoria de los acaudalados: “Soy de los que piensa que no se puede amasar una gran fortuna siendo honrado. En algún momento aparece la explotación”.

Por ello, Bardem refiere “la importancia de estar siempre alerta, críticos frente a lo que nos dicen que es el sentido común” –en base a él muchos fueron responsables de la esclavitud, como “hoy podemos ser cómplices de una atrocidad” semejante–, en tanto que “vivimos tiempos excepcionales, en los que debemos intentar llevar reflexión y, también, belleza a la gente, frente a lo peor, el miedo. Nosotros (los creadores) debemos ser abanderados contra él”.

El actor y escritor Carlos Bardem en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

«La sociedad tiene que entender su responsabilidad»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | David Trueba
‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Miércoles 8 de julio de 2020

En el contexto de una edición excepcional –tanto por razones cualitativas como insólitas en lo morfológico–, la XXXIII Semana Negra de Gijón ha recibido la visita del cineasta y escritor David Trueba, autor inédito en estas haciendas noir, por las que deambulan los males de Corcira, con sus progenies de Carvalhos, baladas de ahorcados, grandes Pirellis o lentos tranvías de la literatura túrbida y, en ocasiones, sanguinolenta que vertebra el género.

E irrumpe portando consigo los ecos reflexivos de ‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018), un frugal ensayo erigido, durante los dos últimos cursos, en lectura obligatoria para la EBAU en el plan de estudios asturiano –motivo por el que ya hubo paseado sus cavilaciones por diferentes institutos del Principado, con una bienvenida acogida y disculpas previas al alumnado ante su insospechada obligatoriedad–.

Una publicación que forma parte de la colección ‘Nuevos cuadernos de Anagrama’, que nos permite aproximarnos a las rúbricas de Zizek, Michel Houellebecq, Marina Garcés, Sara Mesa, Claudio Magris o Rafael Chirbes, y en la que Trueba encuentra acomodo mediante un florilegio de certeras ponderaciones que radiografían algunos de las insalubridades de nuestro tiempo, situando al individuo (nosotros) en el epicentro del análisis: “En las partidas de póquer, dicen los sabios profesionales que cuando miras a los contendientes y no das con el pardillo, con el tonto que va a ser desplumado, es que vas a serlo tú. (…) Y claro que sí, puede haber una tiranía sin tiranos, porque el mundo siempre contiene tiranteces, pero cuando no das con el tirano de manera clara, es que a lo mejor el tirano lo eres tú”, asevera en su concisa tesis, a modo de colofón.

En cierto modo, en la ‘La tiranía sin tiranos’, David Trueba procura advertirnos del negligente pálpito que reside en otear el devenir histórico desde una posición perniciosamente cronocéntrica, tal y como hubo manifestado en su encuentro con los medios: “Creo que una de las características del ser humano siempre es la de pensar que el tiempo se corresponde con su propio tiempo biológico y solemos tener la tendencia de pensar que todo pasa por primera vez y que todo terminará con nosotros. El carácter apocalíptico de la gente suele ser que, a medida que se va haciendo mayor o anciano, va pensando que el mundo se acaba, y entonces, realmente, el que se acaba es él. No sabemos cuándo se acabará el mundo, pero, seguramente, cuando se acabe no habrá una previsión; impactará de manera sorpresiva”.

Y tal perspectiva de los acontecimientos parece ser fruto de que “unimos la vicisitud del mundo y de la historia a la nuestra, y ahí creo que cometemos el mayor de los errores; si algo tiene la tradición intelectual, cultural y artística es la de haber analizado, de alguna manera, los problemas que continúan igual”.

En ese sentido, “el trabajo de un escritor o de alguien que reflexiona sobre su tiempo es tratar de entender las claves de lo que está sucediendo, incluso antes de que suceda, con el fin de prevenir la repetición de lo que antes ha sucedido, y de ofrecer a la gente una especie de consuelo o de guía para comportarse en esos periodos de total desamparo y confusión, como el que vivimos ahora”.

Tiempos inciertos e inefablemente convulsos en los que, “más allá de lo que los científicos puedan llegar a solucionar, el problema máximo es el de la indefinición. La gente no sabe qué planes hacer para dentro de tres meses porque no sabe qué va a pasar entonces. Pues, seguramente, la manera más inteligente de afrontar esas dudas es tratar de observar los tiempos diversos en que han sucedido cosas similares y cómo ha sido la evolución natural de la sociedad hasta llegar a una cierta calma o llegar a perder ese pánico existencial”.

Si en ‘La tiranía sin tiranos’ Trueba, con atinada y cáustica perspicacia, ironiza sobre el ponzoñoso manejo de la ternura para con las víctimas y los desamparados –cosmética, higiénica y sobreactuada–, el pánico virtual a la mala reputación, el imperio adulterado de las estadísticas mayoritarias o la ególatra consecución de un vacuo y efímero bienestar, buena parte de la responsabilidad de ese horizonte reside en el desnortado uso deontológico de las tecnologías, instituidas en una infructuosa y nueva religión, que nos ofrecía “la sensación de que con ellas todo se quedaba viejo, puesto que nosotros disponíamos de elementos técnicos muy novedosos y, por lo tanto, éramos capaces de adentrarnos en una nueva esfera de la humanidad; y, sin embargo, de una manera muy clara, se ha visto que la tecnología puede que sea un acompañante, un elemento más, pero en absoluto resuelve los problemas básicos del género humano desde su origen”.

David Trueba junto a los estudiantes Álvaro Méndez, Cecilia Cora y Sergio de la Calle (tras la presentación de su ensayo) en la portada de la edición del miércoles 8 de julio de 2020 de A Quemarropa, diario de la Semana Negra de Gijon. Fotografía cortesía del festival.

Un panel de herramientas en el que cobra condición de ubicuidad “la explosión de las redes sociales”, cuya omnipresencia trajo consigo “lo que denomino ‘la cosmética de la solidaridad’, del dolor, de la empatía, etc., que es que todos, por medio de un mensaje muy distante y muy poco comprometido, sentimos el dolor de quien está sufriendo. Pero cuando se requiere la participación en la solución o el compromiso o, incluso, la acción por tu parte, entonces ya es más complicado. Los chicos, ahora, lo llaman postureo”.

Por ello, para Trueba adquiere sobresaliente importancia el desarrollo de la acción comprometida frente al discurso pasivo y estéril. “En el cine, siempre, cuando empezábamos a escribir guiones, decíamos: ‘La diferencia entre un personaje que dice y un personaje que hace es que el que dice no está comprometido; el que hace, de alguna manera, con su acción, está hablando mucho más que el que dice’. Vivimos en una sociedad muy de decir, muy de colocar, muy de la foto, del corazoncito, del dedo para arriba; pero ¿las acciones?, porque las acciones son el verdadero compromiso. Esto ha pasado mucho durante el confinamiento, en el que vivíamos muchas expresiones de solidaridad, de empatía…, pero luego, a lo mejor, le pedías a alguien un piso vacío prestado para que un sanitario pudiera estar y protestaba el vecindario, o el casero te negaba la posibilidad de cederlo”.

Una orfandad de avenencia y compromiso cuya responsabilidad apela a los propios individuos en sociedad. “En ‘La tiranía sin tiranos’ hablo mucho de eso: la sociedad tiene que entender su propia responsabilidad, su propia capacidad de delimitar su vida, su experiencia vital y, a partir de ahí, de uno en uno, convertir en una suma un gran colectivo. Lo que no se puede es ‘yo me salvo de todo y los demás que hagan lo que quieran, esto no tiene que ver conmigo porque no soy responsable de lo que pasa’”, recuperando, de nuevo, a ese abismo que media entre la disertación y la materialización de los hechos:

“Entonces, entre la postura y la acción, ahí es donde uno debe hacerse la pregunta a sí mismo: ‘¿Estás dispuesto a convertir en acción lo que conviertes en discurso?’.

El escritor y cineasta David Trueba durante su encuentro con los medios en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Animales ‘en objetivo’

‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso
Oceánica Producciones, Pascale Prêcheur, 2020
Martes 7 de julio de 2020

El trato que damos los humanos a los animales es hoy objeto de intensas polémicas. Durante milenios el Homo sapiens hizo uso indiscriminado de los irracionales para su beneficio. Pero a finales del siglo XX afloró una nueva mirada, una nueva empatía hacia los seres con los que compartimos el planeta. El animalismo es una corriente caudalosa que empapa la sociedad y las redes. Pero, como en todos los movimientos que despuntan, es inevitable la existencia de cierto radicalismo. ¿Hay que dejar de comer carne? ¿Se debe prohibir la caza? ¿Sufren los animales en los zoológicos?

Reflejar la realidad de ciertos sectores relacionados con el mundo animal con la máxima objetividad posible fue el desafío que se plantearon el cineasta Manu Galipienso y su mujer Pascale Prêcheur, experta en conducta animal, al planificar el documental ‘Animales, por el camino de en medio’, producido por Oceánica y distribuido por Jaibo Films.

Durante un año y medio entrevistaron a más de una veintena de organismos públicos, empresas y profesionales, entre los más relevantes de toda España, para dar a conocer la labor que realizan a favor del bienestar de los animales. Su objetivo: ofrecer un relato imparcial sin caer en maniqueísmos. «No todos comparten los mismos ideales, lo que provoca confrontadas opiniones de toda índole que invitan al espectador a una intensa reflexión», dice Galipienso.

Fotograma del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso. Imagen cortesía del autor.

El documental, que cuenta con el apoyo del Institut Valencià de Cultura y un presupuesto de 53.000 euros, fue emitido por À Punt y se puede ver en su sección ‘A la carta’, en valenciano. Ha sido seleccionado por el Festival Internacional de Cine de Sax como película inaugural y se difundirá durante la semana del 24 al 31 de julio, de manera online, por la plataforma Festhometv. El Festival de Cine de Alicante también lo ha seleccionado como película invitada y se proyectará en cines entre el 17 y 24 de octubre.

Galipienso y Prêcheur trabajaron una temporada como entrenadores de delfines en Mundomar, en Benidorm. «Allí nos dimos cuenta del desconocimiento que existe respecto al bienestar animal», comenta Galipienso. «No solo de los animales en cautividad, sino también de los domésticos. Con el paso del tiempo y tras varias experiencias fuimos conociendo la problemática del tráfico ilegal de especies. De ahí que vimos la necesidad, y casi obligación, de sacar este proyecto adelante, prácticamente desde la nada».

Manuel Galipienso y Pascale Prêcheur. Imagen cortesía del autor.

A lo largo de 74 minutos en la versión corta –y 108 en la larga–, el filme recorre centros de rescate, asociaciones de protección animal, parques zoológicos, legislación, tráfico ilegal de especies, animales de asistencia… «Nos centramos en gremios donde la actitud del ser humano afecta de forma directa o indirecta a los animales. Por motivos de duración no pudimos seguir investigando e incluir en la película temas como la tauromaquia o la industria cárnica».

Al principio, fue relativamente fácil conseguir estos contactos por su trabajo con animales, pero luego se toparon con la reticencia de algunas de sus fuentes ante la idea de participar en la misma película donde aparecían otras personas con una percepción totalamente opuesta sobre el significado de bienestar animal. «Tras muchas y largas conversaciones, se percataron de nuestra imparcialidad, lo que les  animó finalmente a sumarse al proyecto. Nos comprometimos en ese sentido y nuestra idea, desde el principio, siempre fue evitar a toda costa la confrontación y unir a los distintos gremios».

Fotograma del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso. Imagen cortesía del autor.

En su largo periplo han vivido multitud de experiencias y sensaciones tanto positivas como negativas. «Lo peor fue ver magníficos ejemplares de primates, tigres, pumas, linces, caballos, incluso un león, encerrados en casas de campo en deplorables condiciones. Lamentable consecuencia de la casi inexistente coordinación entre organizaciones, profesionales, administraciones, etcétera».

En el balance positivo cuenta la percepción de «que en realidad, todos los que intervienen en el documental tienen mucho más en común de lo que parecía en un principio. Además, la reacción de los espectadores y participantes al ver la película es muy positiva», concluye Galipienso.

En 2010, Galipienso realizó su primer documental, ‘Descubriendo el surf, con Luis Callejo’ –intérprete nominado a los premios Goya como mejor actor protagonista en ‘Tarde para la ira’–, de Raúl Arévalo. Formado como técnico en realización audiovisual y con varios másteres en cinematografía, ha realizado varios cortometrajes protagonizados por actores reconocidos como Javier Gutiérrez. ‘Animales, por el camino de en medio’ es su primer largometraje. Un reto personal en el que ha ejercido de guionista, director y director de fotografía junto a su mujer Pascale Prêcheur, que le acompaña en todos sus proyectos como productora ejecutiva y, en este caso, también como presentadora.

Cartel del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso.

Bel Carrasco

“Tenemos que convivir con mayor incertidumbre”

Remando en el mismo barco (IX) | Testimonios de parejas dedicadas a la cultura
Con los actores y directores Rebeca Valls y Nacho Diago (mago y productor)
Domingo 5 de julio de 2020

«No quiero realidad. Quiero magia». Esta frase que Tennesse Williams puso en boca de Blanche du Bois en ‘Un tranvía llamado deseo’ podía ser, también, el lema de Nacho Diago. Desde la tierna infancia creció fascinado por el ilusionismo y, a partir de los 15 años inició una carrera que de forma progresiva le llevó a la cumbre, en 2005, al ganar el primer premio en el XXVII Congreso Mágico Nacional, que lo acreditaba como el mejor mago de España.

Desde hace 11 años comparte su vida con Rebeca Valls, heredera de una estirpe de artistas. “Nos conocimos en un programa que presentaba para la anterior televisión autonómica valenciana, ‘L’Escenari’, que se grababa en el mítico café teatro de Alcoy”, cuenta Valls. “Nacho vino a actuar. Nos gustamos, nos llamamos un tiempo después y empezamos a salir. Diez años más tarde nació nuestra hija Alma. Ahora somos cuatro contando a nuestra perra ‘López’”. 

Nacho Diago y la perra López. Foto de Nani Gutiérrez.

Diago estudió las carreras de Ingeniería Agrónoma y Arte Dramático, pero sin abandonar nunca su formación autodidacta en el mundo de la magia. “Cuando empecé no existía Internet y había que buscarse la vida”, comenta. “La única manera de aprender técnicas era en los libros o con la ayuda de magos experimentados. En ese aspecto no hay problema porque formamos una hermandad unida por fuertes vínculos vocacionales, tal vez porque este es un oficio minoritario y peculiar”.

Valls y Diago son creadores natos. Ella es actriz y también directora de teatro y él mago, director, creador y productor de sus propios espectáculos.  “Al dedicarnos al mismo oficio, nos comprendemos y nos ayudamos el uno al otro”, dice Diago. “Rebeca participa de modo activo en mis espectáculos, tanto en el proceso de creación como de ayudante de dirección cuando necesito una visión externa”.

Rebeca Valls. Imagen cortesía del autor.

“Nacho no participa directamente en mis espectáculos, pero me ayuda hablarlos con él, compartir dudas, proceso, crisis que surjan, etcétera”, añade Valls. “O, simplemente, llevándolo a un ensayo para después compartir el resultado y aportar, también, una visión externa. Las sinergias que se producen entre nosotros son enriquecedoras tanto a nivel profesional como de pareja. ¡Vernos currar es excitante!”.

Diago pondera el excelente nivel de la magia en nuestro país, como demuetra que el actual campeón internacional sea español y de Castellón: Mago Yunque (Salvador Vicent). “Juan Tamariz ha sido un referente para todos los de mi generación, pero hoy existen magos escénicos fantásticos”, dice. “Al ser también actor, además de la técnica o la originalidad, cuido al máximo la dramaturgia de cada espectáculo”.

Lo que más les inquieta a esta pareja de artistas, a causa de la situación creada por la pandemia, es la incertidumbre. “Y la falta de apoyo y de confianza. En general es una época en la que creo que nos toca convivir con algo más de incertidumbre que de costumbre. Y no solo por el trabajo, también por la salud”. 

Nacho Diago durante una de sus actuaciones. Imagen cortesía del autor.

Les preocupa su sector, profesionales técnicos incluidos. “Nos preocupa que los espectadores tengan miedo y no vayan al teatro. Y que, en consecuencia, los programadores no confíen y caigan los bolos programados. También la subsistencia de las salas, de las compañías y de los correspondientes proyectos. Es un momento delicado para todos y tenemos que apoyarnos los unos a los otros. Creo que es el mensaje fundamental que hemos aprendido a raíz de esta crisis”. 

Apelando al impulso y resistencia que les otorga su vocación, confían en salir del bache. “La gente que como nosotros se dedica a profesiones tan poco estables lo hace porque lo necesita. Es vital para nuestra felicidad y realización. Es nuestro modo de comunicarnos con el mundo y los demás, de contar algo en esta vida. A pesar de tantas trabas y dolores de cabeza, encontramos en ello una recompensa. Así que, sí, pensamos seguir en la lucha, adaptándonos a las necesidades de cada momento y con mucha ilusión y más esfuerzo, si cabe”.

En su opinión, el Gobierno y las instituciones autonómicas “deberían respetar y pagar los proyectos ya contratados, destinando el dinero que ya estaba concedido a ellos. Y ayudar, de algún modo, a las empresas privadas para que puedan salir de esta crisis. Es urgente que la cultura sea una prioridad, ponerla en el lugar que merece como ocurre en el resto de Europa”, concluyen Valls y Diago. 

Rebeca Valls y Nacho Diago. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

«El mundo literario del planeta mira a la Semana Negra»

#MAKMAEntrevistas | Ángel de la Calle (director de contenidos de la Semana Negra de Gijón)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Centro de Cultura Antiguo Instituto
Jovellanos 21, Gijón
Del 3 al 12 de julio
Jueves 2 de julio de 2020

Semejante a aquel célebre proemio alumbrado por René Goscinny y Albert Uderzo que, reiteradamente, nos exhortaba a inmiscuirnos en las vicisitudes gráficas de ‘Astérix el Galo’, la Semana Negra de Gijón resiste, indomable, al invasor –un virulento asaltante que, desprovisto de gladius y scutum, ha transformado en páramo (entre otras y más severas consecuencias) lo que en condiciones ordinarias hubiera sido, durante los próximos meses, un vergel cultural en sus múltiples y estivales acepciones–.

Y, efectivamente, conducido a través de un fértil programa de actividades y una heterogénea y eximia nómina de autores del género, el longevo (y pionero) festival noir gijonés ha logrado sobreponerse a las consabidas contingencias que nos han asolado (con nulos visos de haber tocado a su fin), erigiéndose en la primera cita de este insólito orden cotidiano con el sector de libro y sus heteróclitos habitantes.

Por ello, desde MAKMA entrevistamos a Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana Negra (y celebrado autor de cómic), cuya presente edición, eso sí, se ha visto mermada en lo morfológico, mudándose del populoso escenario de los antiguos astilleros navales (por el que transitaban más de medio millón de individuos) a las dependencias del Centro de Cultura Antiguo Instituto, dejando en cueros culturales lo que otrora era instruida celebración y literaria algarabía social.

La Semana Negra de Gijón formaliza, a partir de mañana, su trigésimo tercera edición. ¿Se ha revelado en una inopinada excepción con motivo de la COVID-19?

Sí. Pero en algún momento habrá que empezar a reunirse los lectores con los autores y estos entre ellos. El lunes tenía un conversatorio con Cristina y Marisol, las directoras del Hay Festival y la FIL de Guadalajara que acaban de recibir el Princesa de Comunicación y Humanidades, y hablábamos de eso. El Hay Festival fue todo telemático y la FIL no se sabe, falta mucho para noviembre, pero México aún está en periodo de ascenso del virus. Pero la idea es tratar de hacer presencial lo que se pueda. Con aforos limitados como nos pasa a nosotros. Por eso el mundo literario del planeta mira a la SN.

Cartel de la XXXIII Semana Negra de Gijón, creado por la artista italiana Lorena Canottiere.

Desde el primer avance de contenidos, en el (ahora distantísimo) mes de marzo, hasta la reciente y última rueda de prensa, ¿ha corrido la Semana Negra pandémico riesgo o, por contra, desde la organización os habéis mantenido incólumes?

Nosotros, ya antes del virus, perdimos a José Luis Morilla, Mori, nuestro fotógrafo desde hace más de 20 años. Llegó a la SN con 17 años. Eso nos dejó tocados, y días después el puto virus llegó y al rato se llevó a Luis Sepúlveda. En fin… El resto del equipo está bien; aquí, en Asturias la pandemia fue más benigna y el sistema sanitario público es de los mejores del mundo. Yo perdía a mi madre, aunque no directamente por la COVID, y cada cual del equipo a su alrededor tendría sus historias, pero directamente nadie fue afectado.

¿Qué te parece y qué esperas de este nuevo formato? ¿Puede compararse, en cierta medida, con las celebraciones incipientes de finales de los años 80?

Hacerla, asumiendo que es una contradicción con lo que nosotros planteamos. Ya saben, públicos masivos, accidentales, un festival literario de primer orden, callejero, en medio de una fiesta popular, etc. Es casi lo contrario de lo que va a ser este año. Lugar emblemático, pero cerrado, con públicos limitadísimos y medidas sanitarias muy exigentes. Entrada gratuita, pero sacada con anterioridad telemáticamente, etc. Por fortuna, podremos salir al aire emitiendo en directo las 6 horas diarias del encuentro literario y de ideas, a través del canal de YouTube de la SN y de la página web www.semananegra.org.

Pero sí es una apuesta vanguardista, como lo fue aquella Semana Negra de 1988, en tanto que somos adelantados en el mundo de cómo hacer un encuentro presencial de autores, tras (o durante, mejor) la pandemia.

(De izquierda a derecha) Pablo León, director general de Cultura del Principado de Asturias, Ana González, alcaldesa de Gijón, y Ángel de la Calle, director de contenidos de la SN, sostienen a la mascota Rufo (creada por el artista Quique Herrero), dedicada en la presente edición al fótografo Mori. Fotografía cortesía de la organización.

Como has mencionado, la presente edición se encuentra huérfana tras los fallecimientos del escritor Luis Sepúlveda y del fotógrafo Mori, dos figuras tan dispares como imprescindibles en el devenir del festival. ¿De qué modo serán homenajeados en los próximos días?

Una de las dos exposiciones, ‘Mori omnipresente’, está dedicada a él y son sus fotos de estos años. La expo la comisaría Alex Zapico, responsable del espacio de fotografía y fotoperiodismo de la SN. El primer acto literario de la SN será la presentación del libro póstumo de Luis –’Historia de Mix, de Max y de Mex’ (Tusquets Editores, 2020)–, con la presencia de su viuda y familia. Pero siempre el mejor homenaje es el recuerdo y la complicidad con sus ideales.

Carlos Zanón, Lorenzo Silva, Juan Bolea y Marta Robles debatirán acerca de lo que le espera a la novela negra española tras la pandemia. ¿Te aventuras a perfilar un horizonte al respecto?

No. Ya no hablo de futuro. Tenía una bola de cristal que heredé de Carlos Marx, pero se me rompió. Misma bola con la que Carlos Marx predijo que la revolución social acontecería en Alemania e Inglaterra.

Más allá de la omnipresencia del coronavirus, ¿qué otros temas destacados forman parte del ubérrimo cronograma?

Realmente, esperamos no hablar de coronavirus. Si miras el programa, en el que hay más de ciento y pico actos, en ninguno se habla del tema. Hablamos de novela negra LGTBI, de novela histórica, de un país sin sindicatos, de la obra maldita de Manuel Vázquez Montalbán, de la fortuna de la familia Franco, de la delincuencia de moqueta y de la de metralleta, de novela fantástica, de poesía, de los 75 años de la liberación de Mauthausen y Auschwitz, del cómic anarquista, del futuro… Y mucha música.

¿Es pronto para situar geográfica y cronológicamente la XXXIV Semana Negra de Gijón?

Te repito lo de mi rota bola de cristal.

Ángel de la Calle. Fotografía de Marina cortesía del autor.

Jose Ramón Alarcón

“Los mitos son nuestro ADN literario“

#MAKMAEntrevistas | Javier Sierra
‘El mensaje de Pandora’
Planeta de Libros, 2020
Miércoles 1 de julio de 2020

Apenas hace unos pocos meses que se declaró la pandemia y ya se han editado libros que analizan sus causas y consecuencias. Unos son ensayos y, otros, testimonios personales del confinamiento. ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra, elude las etiquetas. Fiel al enfoque del autor, se mueve entre la ciencia, la ficción y el género epistolar para enviar un peculiar mensaje de esperanza y curación. Al declararse el estado de alarma, Sierra aparcó dos proyectos para escribir en tiempo récord este mensaje, que enlaza el origen de los tiempos y la vida en la Tierra con el convulso presente. ”Ha sido el libro más fulgurante que he escrito en 25 años de carrera”, confiesa. “Como si su historia necesitara salir de mis manos y llegar al lector con premura”.

Arys, una joven cretense a punto de cumplir mayoría de edad, recibe una carta de su tía. Se la escribe en Atenas al final de la última pandemia vírica que sacude al mundo.  Sus páginas rememoran un viaje que ambas hicieron hace años, al sur de Europa. Francia, Gerona y las comarcas del Ampurdán fueron el escenario de una aventura cuyos recuerdos esconden claves que cobran sentido frente a la crisis sanitaria.

Portada de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

Da la impresión de que ha escrito este libro pensando en los jóvenes.

La protagonista del libro es una chica que acaba de cumplir 18 años, pero, en realidad, es una metáfora de lo que somos como sociedad. Una cultura que ha vivido una infancia prolongada creyendo que la muerte no era cosa suya y que, de repente, de forma global, ha sentido de cerca su amenaza. Es, por tanto, un relato dirigido a todo el mundo, pero poniendo énfasis en aquellos de nosotros que sabemos que todavía podemos hacer algo por este planeta tras la pandemia de la COVID-19.

¿Por qué, precisamente, el mito de Pandora?

Según los textos griegos clásicos, Pandora es la primera mujer. Zeus la envío a la Tierra con una caja que le prohibió abrir y que contenía todos los males. Ella la abrió y con ese acto terminó con la Edad de Oro de la humanidad. La historia de ese mito me recuerda una teoría científica propuesta por varios premios Nobel: que la vida y las enfermedades, dos caras de un mismo proceso, llegaron aquí en «cajas de piedra» que llamamos cometas, asteroides o meteoritos, y fecundaron al planeta como lo haría un espermatozoide con un óvulo 50.000 veces más grande que él. Y a partir de esa conexión, tuve un hilo narrativo maravilloso del que tirar.

Los mitos son «instrucciones en clave para garantizar la supervivencia de la especie». ¿No cree que el pensamiento racional y la tecnología los han borrado de la faz de la tierra?

La invención de la escritura hizo innecesario que nuestros antepasados recordaran de memoria grandes cantidades de versos y de historias. Los mitos se inventaron en esa época remota para encapsular informaciones importantes en ellos y que pudieran ser recordados con facilidad generación tras generación. Pero la llegada del alfabeto nos llevó a formulaciones cada vez más complejas, aunque también a olvidar muchos de esos «datos disfrazados» de los mitos. A mi me interesa mucho recuperarlos. Son nuestro ADN literario. Y eso no implica que la razón deba desdeñarlos; al contrario: debe estudiarlos con ahínco.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Que la vida haya brotado en nuestro planeta o proceda del espacio exterior, supone alguna diferencia?

Sí. Nos da una perspectiva mayor de lo que somos. O, mejor, de lo poco que somos en una galaxia que –acaba de calcularlo la Universidad de British Columbia— tiene seis mil millones de planetas tipo Tierra perfectamente capaces de albergar vida. Visto desde esa perspectiva, la vida es una especie de «infección cósmica». Y saberlo puede ayudarnos a determinar dónde aplicar vacunas que controlen a patógenos potencialmente agresivos.

El animal humano ha dominado a la fauna, sometiéndola a condiciones crueles para su provecho. ¿Se podrían interpretar las pandemias como una especie de venganza por estos excesos?

Existe un movimiento internacional llamado One Health que promueve una saneamiento de los mecanismos con los que tratamos a los animales. Su propósito no es solo mejorar sus condiciones de vida, sino salvarnos como especie. La COVID-19 es un virus zoonótico, que saltó de animales sacados de su hábitat natural y nos agredió. Es una lección que debemos aprender ya si no queremos enfrentarnos a ataques aún peores.

Apunta que anteriores pandemias afloraron aspectos positivos que hicieron progresar a la sociedad. ¿Cree que la COVID-19 va a traer, también, nuevos y mejores tiempos?

Traerá transformaciones que el tiempo dirá si son mejoras o no a nuestra forma de vida. Un ejemplo inmediato es el teletrabajo. Su implantación repercute directamente en la contaminación del transporte de las grandes ciudades y mejora el tiempo que compartimos con la familia. Pero su arraigo traerá más cambios, no todos necesariamente positivos. Habrá que esperar a verlo.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Qué dogmas vigentes hoy nos impiden avanzar en el conocimiento (y en el autoconocimiento)?

Sobre todo, uno muy arraigado: el convencimiento absoluto de que la naturaleza debe domesticarse y ponerse al servicio del ser humano. Lo hacemos sin pensar en ello, como si fuera un derecho. Y no lo es. No somos una criatura ajena a la naturaleza, ni tampoco superior a ella. Somos parte intrínseca suya. Si lo asumiéramos, la respetaríamos más y no la violentaríamos como acostumbramos.

‘La rebelión de los brujos’ es su libro fetiche. ¿Se considera heredero de Bergier y Pauwels?

Ellos son «hijos del 68». Mentes que propusieron un reordenamiento de la historia y una reevaluación de las competencias de la ciencia. Lo hicieron bien. Nos invitaron a pensar. Pero mi época es otra, y los desafíos de mi generación han variado. Ya no nos preocupa tanto lo que el hombre pueda destruir con el átomo, como lo que la naturaleza pueda hacer con nuestra civilización ante el cambio de ciclo que, intuimos, acaba de empezar.

Recuerda a su padre, cartero de oficio en Teruel. Los jóvenes ya no escriben cartas, sino mensajes mínimos. ¿Cree que eso, al igual que las nuevas tecnologías, afectará a sus procesos mentales?

Lo que expresamos es consecuencia de lo que pensamos. En eso no hay secretos ni dobles lecturas. Veo con preocupación esa banalización del lenguaje, porque está generando una pereza en el ejercicio de pensar. Y eso no es bueno para nuestra civilización. Por eso soy un ferviente defensor de las campañas de fomento a la lectura, de acercar a los jóvenes la cultura en todas sus expresiones, y de la exigencia educativa para formarlos en la lengua y su uso.

Javier Sierra. Foto: Asis G. Ayerbe.

Bel Carrasco

El silencio y la radiación de las antenas móviles

Rodrígo de Pertegás, 14 (Valencia)
Estación Base de telefonía Móvil
La Cruz del Grao rompe el silencio
Valencia, 24 de junio de 2020
Día internacional de la contaminación electromagnética

¿Cumplen las antenas base de telefonía móvil la normativa?

A pie de calle para poder realizar un sondeo de lo que representa el respeto a la distancia mínima recomendada y la repercusión de la contaminación electromagnética en la salud (no sobre covid19), hurgamos en un estudio epidemiológico realizado en Alemania en 2004 (denominado estudio Naila) que recomienda una distancia de al menos 400 metros entre una antena base de telefonía móvil y la vivienda más próxima.

Así, de entre las referencias que se podrían encontrar en urbes modernas y como caso de estudio y ejemplo de lo que no se debería permitir por parte de las autoridades, indagamos en el caso de la Estación Base ubicada en la azotea del edificio nº 14 de la calle Rodrigo de Pertegás de Valencia, en cuyo radio de menos de 200 metros se encuentra un Centro de Salud y una Piscina Pública, aunque se percibe todavía como más grave la escasa distancia de viviendas (menos de 30 metros) del citado monstruo de Telefonía Móvil.

Portal del Edificio número 14 en la Calle Rodrigo de Pertegás. Foto: MAKMA

En las inmediaciones, ninguno de los vecinos entrevistados y residentes en este radio de contaminación, ha recibido nunca jamás un técnico experto en representación de las compañías propietarias, ni de las administraciones locales, autonómicas o del estado que haga mediciones para controlar las radiaciones. Las compañías titulares, según el Mapa de Estaciones Base de Telefonía Móvil del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital (Gobierno de España) en su Geoportal, son: Telefónica Móviles, Orange Móvil, Vodafone Antenas, y Xfera Móviles, S.A. Es decir, ni más ni menos que cuatro torres de antena de cuatro operadoras diferentes en un mismo edificio de viviendas.

Geoportal. Recorte tomado del mapa de Estaciones Base de Telefonía Móvil del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital (Gobierno de España) en el que aparecen las empresas responsables de la Estación Base de telefonía móvil de la Calle Rodrigo de Pertegás de Valencia.

Ninguno de los vecinos entrevistados por MAKMA a fecha de 24 de junio de 2020, Día internacional contra la contaminación electromagnética ha recibido llamadas, atención ni visitas de control por técnico ninguno: «se ve a técnicos en la azotea al parecer midiendo la cobertura y revisando las instalaciones, pero jamás  han venido a casa a medir la radiación de ningún domicilio del vecindario», afirma Pilar Sedano, una de las vecinas que lleva 10 años viviendo allí, y en cuyo edificio situado enfrente, después de este tiempo, prácticamente la mitad de las viviendas están deshabitadas.

El dormitorio habitual del «Sintecho» de la imagen se encuentra justo enfrente del número 14 de la Calle Rodrigo de Pertegás de Valencia. Foto: Makma

Sedano, adquirió la vivienda sobre plano, y durante la construcción del edificio que concluyó en 2007: «no me permitieron subir a ver el piso», afirma. Cuando le entregaron las llaves, vio las torres de telefonía y no le hizo ninguna gracia, pero ya había realizado la compra y tras la espera, lo que quería era tomar posesión de la vivienda, así que se resignó. Eran los años en los que la burbuja inmobiliaria tocaba techo y había que darse prisa pues los precios subían de un día para otro.

Vista del edificio con las estaciones base de telefonía móvil en la azotea. Foto: Makma

En los citados domicilios cercanos, el tiempo de reclusión por la pandemia ha hecho sufrir doblemente las radiaciones a los vecinos: son datos de dominio público que el uso de teléfonos móviles durante este tiempo se ha multiplicado, al igual que se disparan los síntomas de insomnio, taquicardias y ansiedad que provocan las radiaciones, y que es ya reconocido por la OMS que la radiación de telefonía móvil puede incidir en la aparición de cáncer. Los vecinos, entre los que hay mucha gente mayor no lo comprenden muy bien, comentan los residentes de menor edad más sensibilizados con el problema.

Como suele ocurrir, los más afectados son los más indefensos. El barrio La Creu del Grao de Valencia (en España), es un barrio humilde y la colocación de la Estación Base está próxima a otro barrio de clase social más desahogada, el de la Av. de Francia y Centros Comerciales, a los cuales, seguramente les llegará cobertura en sus líneas gracias al primero.

Y visto lo visto, es más que fundada la sospecha del incumplimiento de los parámetros que la Conferencia Internacional sobre la ubicación de antenas para móviles que bajo el lema Ciencia Aplicada y Salud Pública, se celebró en Salzburgo en junio del año 2000, y en la que se hace constar que los derechos para la instalación y operación de antenas de telefonía deberían estar sujetos a un procedimiento de licencia cuyo protocolo debería incluir los siguientes aspectos:

·        Información previa e involucración activa de la ciudadanía local.

·        Inspección de ubicaciones alternativas.

·        Protección de la salud y el bienestar.

·        Consideraciones para la conservación del paisaje rural y urbano.

·        Computación y medidas de exposición.

·        Inspección y monitorización (seguimiento) tras la instalación.

Aquella cumbre, también recomendaba la creación de una base de datos nacional a nivel gubernamental que suministre detalles de todas las estaciones base y sus emisiones,  y que las nuevas antenas fueran planificadas para garantizar que la exposición sea lo más baja posible en los lugares donde la gente permanece más tiempo, dentro de unas pautas estrictas de salud pública.

El caso es que las referencias de radiación que aparecen en la citada web del Ministerio muestran unos valores de medición que parecen “fruto del interés de las propias compañías”, asegura Juan Pérez, otro de los vecinos. Que añade “No hay más que ver que los  índices de radiación de las 4 antenas no aparecen siquiera sumadas, aparecen de manera individual, y “ni se han preocupado en trenzar los cables, que parece que reducen la radiación electromagnética”, añade.

Ante la presión de las grandes compañías de telefonía móvil por la instalación de antenas de tecnología 5G, ya prohibidas en países como Suiza, el temor y la incertidumbre crecen en la comunidad de vecinos de La Creu del Grau.

Vicente Chambó

La representación del paisaje como cuestionamiento

#MAKMAEntrevistas | Cristina Ramírez (artista)
Figuración detallada basándose en el cuestionamiento del sujeto y del mundo a través del paisaje
Miércoles 24 de junio de 2020

Podemos comenzar diciendo que continuamos en contacto con artistas que no dejan de trabajar en sus proyectos, tras el periodo de confinamiento, debido a la pandemia que continua acechando y condicionando nuestras vidas. No obstante, mundialmente estamos intentando retornar lo más pronto posible a una «nueva normalidad» en la que, por desgracia, en la mayoría de los casos, no nos deja acercarnos a los espacios culturales para sentir el arte tan cerca como nos gustaría. Pero hay solución para ello: aproximarnos a esos artistas que no dejan de demostrar su valor y su empeño para regalar lo mejor al visitante o espectador.

Hoy, nos dejaremos llevar por nuestra imaginación y nos trasladaremos a una sala donde se encuentran las obras de la artista Cristina Ramírez, quien nos da pistas de su trabajo, de esta manera: «en este proyecto el paisaje y la naturaleza son escenario y protagonista al mismo tiempo; representando un mundo que ya no pertenece al ser humano, recorrido, removido y agitado por fuerzas de origen sobrenatural. En los dibujos se levantan precarias arquitecturas, montículos y agujeros, ruinas naturales que funcionan como lugares simbólicos, portales a otros mundos, restos que permanecen para mostrarnos el poder de esas fuerzas invisibles».

Ramírez nos deja patente que otro de los pilares de su obra es la paradoja, lo que debería ser y no es; un intento de representar lo impensable, lo otro. «Esto da lugar a un trabajo meramente especulativo, a dibujos que, como la ciencia ficción, se basan en conjeturas y participan de la transgresión de lo real mediante la inserción de un hecho imposible».

En otras palabras, estos paisajes y escenas se sitúan en una zona fronteriza y no son tanto la representación de un universo visionario, sino su inminencia; es mirar hacia ese otro universo sin llegar a ver.

¿De qué trata tu obra?

Desde el inicio, en mi obra existe un cuestionamiento del sujeto y del mundo a través de la representación del paisaje. Éste, a menudo, imagen de nuestro mundo, se deforma, se rasga y se pervierte al entrar en conflicto por la irrupción de un mundo ajeno, de unas fuerzas desconocidas de otro orden. Para ello hago uso de una figuración, en exceso, nítida, prolija en detalles que no ofrece descanso a la mirada.

‘El pozo y la pirámide’ (2019). Fundación BilbaoArte, 2019. Fotografía: Jorge Isla.

La mayoría de mis dibujos o esculturas son piezas de umbral: presencias o espacios intermedios, fruto de la intersección de dos mundos, el nuestro y aquél otro desconocido. En las obras hay una intención consciente de agotar la mirada, de retirarle los anclajes, bien sea por la superabundacia de información gráfica; bien por una ruptura con el punto de fuga único que le obliga a deambular de un lado a otro, recorriendo la superficie de la pieza; o bien por una fractura en la narración que viene dada por la inclusión de la geometría como elipsis o símbolo de esa otra naturaleza no humana. La paradoja se convierte, así, en una constante en virtud del deseo por mostrar lo informe, lo impensable, lo desconocido, a través de un exceso de materialismo.  

En mi obra se da una crisis simbólica del orden que, además, conlleva un giro en la mirada, desechando un punto de vista antropocéntrico. Este desplazamiento pone el foco en lo nimio y anecdótico de la posición cósmica de nuestra especie.

¿Cómo ha evolucionado tu obra?

Desde el inicio, mi trabajo mantiene un denominador común, y es el interés por la fractura de lo real a través de la irrupción de un mundo absolutamente ajeno. A esta idea fundamental se han ido sumando otras, como he comentado en la anterior pregunta, que han hecho que la obra gane en complejidad y en honestidad en la correlación entre forma y discurso.

Formalmente, el avance se ha producido en tres direcciones: por un lado, los trabajos sobre muro; por otro, la obra sobre papel y, por último, las incursiones que he comenzado a hacer en el plano de la escultura. 

 
Vista general de la exposición ‘Nueve Ángulos’ (2016), en la Sala Ático del Palacio de los Condes de Gabia (Granada). Fotografía: Rafael Ruiz.

En los murales, la pared ha ido adquiriendo cada vez mayor carga simbólica; el muro ha dejado de ser un mero soporte para convertirse en una especie de membrana que separa nuestra realidad de ese otro mundo sobrenatural al que mi pintura alude. En este aspecto, he desarrollado un interés cada vez mayor por las composiciones que implican la confluencia de dos muros; la esquina se presenta, entonces, como un acceso al abismo, tal y como la entendía H.P. Lovecraft; o como entrada a la propia psique, siguiendo a Ballard. 

Por otro lado, en la obra sobre papel se ha producido una evolución hacia imágenes más libres, con menos complejos, donde el vínculo con la pintura de historia o de paisaje que en un principio era más palpable, ha dado paso a cierto giro pulp.

Por último, el salto a la escultura ha supuesto de nuevo una liberación. He encontrado la traducción lógica de mi obra gráfica, de ese paisaje que deformo y pervierto, al volumen. Así, he llegado a crear una serie de piezas donde el paisaje aparece contenido en una geometría alterada, en una huida hacia el espacio no-euclidiano; mantos de excrecencias vegetales, compost y detritus atrapados en llagas, invaginaciones y membranas.

Ficha técnica de ‘Limes’ (2018). Fotografía cortesía de la Fundación BilbaoArte 2019.

¿Te has sentido encerrada durante el confinamiento, como la palabra indica, o, por el contrario, te has sentido libre y has creado nuevas líneas de trabajo? Y, en relación a esto, ¿cómo ha sido tu actividad durante la cuarentena? ¿Te has mantenido activa?

Lo más complicado del confinamiento ha sido, no tanto el encierro físico como el shock por la irrupción de una nueva realidad con la que debemos aprender a convivir. Una crisis global, la caída de un sistema atrofiado, que nos ha llenado de incertidumbre y en la que ya no hay cabida para viejas soluciones. Ante semejante colapso, he transitado por diferentes estados hasta llegar a inventarme cierta normalidad que me ha permitido seguir trabajando en mi obra.

Las primeras semanas atendía con curiosidad lo que los filósofos de esta época tenían que decir sobre la situación, siendo, de alguna manera, consciente de que lo que estábamos viviendo suponía un punto y aparte en nuestra historia como especie. A la vez, durante estas primeras semanas empiezo a desarrollar una serie de dibujos en pequeño formato casi con carácter terapéutico; obras con un exceso de grafismos, líneas y punteados, que en su mecánica repetitiva tenía un efecto en mi próximo a la meditación, una manera de canalizar la ansiedad.

‘Primer Intento’. Serie ‘La palabra quebrad’a (2019). Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (Córdoba), 2019. Fotografía: Pablo Ballesteros

A medida que pasan las semanas, decido restringir el flujo de información sobre la pandemia. Minimizar la conciencia, tal y como señala Ligotti, analizando ‘El Último Mesías’, de Zapffe, es la única manera de seguir adelante con nuestra existencia. Intentar no ser conscientes de lo que somos y para ello recurrir a estrategias de aislamiento, anclaje, distracción o sublimación; mecanismos de autoengaño que he sentido poner en práctica más que nunca durante estas semanas. Este vivir al día ha sido la única manera de seguir estando, trabajando en el presente.

De esta manera, he podido hacerme un hueco y poder centrarme en mi obra, sin pensar en el futuro inmediato y desarrollar una nueva línea de trabajo. Esta nueva línea surge como resistencia estética a la asepsia y al biocontrol que empiezan a ser cada vez más una realidad tangible. En este trabajo reciente, una serie de masas y tejidos irrumpen en escena en una cita directa al cuerpo  y con ello al contacto, a la infección, al sexo; el contagio como celebración de la libertad de la carne.

Ficha técnica de ‘Vínculo’ (2020).

¿Crees que volverás a la normalidad con esta situación, a nivel de producción, de economía y actividad?

Está claro que caminamos hacia una normalidad diferente en la que tendremos que aprender a vivir con el virus, tenga el nombre que tenga. No podría aventurarme a decir qué trae esta crisis social y económica que se empieza a vislumbrar, pero para los trabajadores de la cultura cuya situación ya era precaria, sin duda plantea un futuro complicado. Creo que vamos hacia nuevas maneras de producción, de economía, de actividad y que su forma dependerá mucho de las decisiones que tomemos ahora.

En definitiva, lo que pretende Ramírez con este trabajo es profundizar aún más en las teorías del pesimismo cósmico y del paisaje, además de en su propio lenguaje plástico.

Irene Valdés

«El español es muy, pero que muy obediente»

#MAKMAEntrevistas | Jano García
‘La Gran Manipulación’ (La Esfera de los Libros, 2020)
Miércoles 17 de junio de 2020

“El Gobierno condenó el presente para salvar supuestamente el futuro, sin embargo, condenó el presente y ha condenado el futuro de generaciones enteras“. Es una de las rotundas afirmaciones que incluye ‘La Gran Manipulación’ (La Esfera de los Libros), de Jano García. Autor de dos libros que definen su postura ideológica –’El siglo del socialismo criminal’, en dos volúmenes y muy presente en las redes–, García reconstruye una minuciosa cronología del proceso de la COVID-19 y analiza el papel manipulador de los medios, especialmente de la televisión y las redes sociales. ¿Panfleto oportunista o lúcida reflexión? En todo caso un texto polémico escrito en tiempo récord por alguien que se define a sí mismo como «liberal pragmático” y autodidacta de la historia, “gracias al privilegio de haber nacido en una época en la que el acceso a la información es más sencillo, rápido y económico que nunca”. Lo que más le fascina de ella es que, como en un inmenso bucle, “todo lo que ocurre ahora ya ha ocurrido antes”. 

Jano García no se considera activista, agitador de conciencias ni youtuber. ”Vivo de vender libros y de mis podcast. Para mí YouTube y las redes sociales son una herramienta de trabajo, nada más. Lo que ocurre es que hoy en día compartes espacio, aunque sea virtual, con el activista y el youtuber, actividad respetable donde las haya, pero no es lo mío”. El pasado noviembre creó el programa ‘En Libertad’, la voz de “los inconformistas, de los que se niegan a rendirse y están dispuestos a dar la batalla por la verdad, (…) sin estar sometidos a intereses partidistas o vendidos a conglomerados empresariales”.

Portada del libro ‘La Gran Manipulación’, de Jano García.

Se mueve con soltura por las redes sociales. ¿Por qué este libro?

Era un deber moral dejar reflejado lo que hemos vivido. Nos olvidamos pronto de las cosas y lo hemos asistido a la mayor crisis económica, sanitaria y social desde el final de la última Guerra Civil.

Acusa al Gobierno de negligencia e incompetencia. ¿La derecha hubiera gestionado mejor la crisis?

No los acuso, simplemente relato los hechos que no son opinables y que demuestran su negligencia y responsabilidad directa de la pérdida de miles de vidas. Tampoco creo que la oposición lo hubiera hecho mejor. Son multitud las Comunidades Autónomas gobernadas por ‘la derecha’ que podrían haber hecho mucho más y ninguna de ellas protegió a los ciudadanos. No escuché a ningún político alertar sobre la inminente tragedia.

¿En qué momento deberían haberse aplicado las medidas de control?

En el mes de febrero ya eran varios los países que no permitían la entrada de personas procedentes de China. La primera semana de marzo muchos países cancelaron multitud de eventos e, incluso, teníamos el caso de Italia, que nos advirtió de lo que iba a ocurrir. Ahora sabemos que el epidemiólogo jefe de Reino Unido, Ferguson, afirmó que simplemente habiendo tomado medidas restrictivas una semana antes se habrían salvado la mitad de las vidas que han perdido los británicos.

¿Por qué cree que se tardó tanto en reaccionar? 

Por motivos puramente ideológicos. El 8M es el mayor espectáculo de masas del año y había que celebrarlo sí o sí. Si ese gran show político, basado en el puro sentimentalismo barato, tuviera fecha el 25 de febrero, por ejemplo, no hubiéramos esperado tanto tiempo para tomar medidas. El que crea que no habría cambiado nada es porque es estúpido.

¿Percibe algún vínculo entre la nueva normalidad y el nuevo orden mundial?

La nueva normalidad será la del mayor control del ciudadano utilizando la excusa de la salud. Ya vemos como el Gobierno ha pedido eliminar el dinero en efectivo y, claro, hay muchos pobres de intelecto que aplauden la medida, obviando que, de ser así, estaríamos en manos de los bancos que podrían cobrarnos tasas abusivas y dejar nuestro futuro en sus manos. La combinación banca-poder político es un cáncer para cualquier sociedad.

Gente paseando con mascarillas. EFE.

¿La mascarilla bozal es una metáfora de la pérdida de libertades a la que nos tendremos que acostumbrar?

Por supuesto. Esto ha servido a muchos gobiernos para saber hasta qué punto su población es obediente, y en el caso de España se ha demostrado nuevamente que el español es muy, pero que muy obediente.

¿Comulga con las teorías que corren sobre la vacuna como medio de control total?

No. Ahora bien, yo no me la pondré cuando esté disponible. Primero que se la ponga Sánchez y su ejecutivo.

Tilda a la sociedad española de fanática y enferma. Gente sumisa y borrega que se conforma con un sueldecito, pisito y vacaciones. ¿No es una visión demasiado pesimista del españolito de a pie?

Desgraciadamente, no. Es la realidad del español medio de las últimas décadas. Franco fue de los pocos dictadores del siglo XX que murió en la cama, lo que demuestra que a los españoles no les importa vivir bajo una dictadura mientras tengan esas necesidades cubiertas. 

Han pasado tres meses desde el vértice del horror y parece que ya se ha olvidado. La gente solo piensa en volver al bar y a la playa. ¿Confirma esto su negativa visión de la ciudadanía como una masa amorfa que sólo piensa en divertirse?

Efectivamente. Antes que las bibliotecas y los comercios han vuelto el fútbol y las terrazas. Que en España haya salido más gente a protestar por el asesinato de un negro al otro lado del charco que por los 45.000 muertos por culpa de la negligencia gubernamental, demuestra que tenemos una masa podrida.

¿Se atreve a hacer alguna predicción política y económica a medio o largo plazo?

Estamos asistiendo a la muerte de Occidente. Es algo que ya viene de tiempo atrás, unos diez años, pero que esta pandemia ha acelerado. Es evidente que este es el siglo de China y el sudeste asiático. Nosotros estamos en decadencia y en la era de los derechos, mientras que ellos están en auge y en la era del trabajo duro para vivir mejor. Algunos dicen que esto ya pasó tras la Segunda Guerra Mundial y que Europa se recuperó, pero olvidan que Asia también fue duramente golpeada durante la guerra. Ahora no, ahora ellos saldrán adelante porque la mayoría de sus ciudadanos solamente piensa en trabajar más para vivir mejor y mejorar la vida de su familia, mientras que en Occidente pensamos en trabajar menos y con sobrevivir nos conformamos.

Jano García. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco