“Todos los artistas hacemos autorretrato”

‘Embody’, entrevista a Elvira Carrasco
Galería Mark Hachem
28 Place des Vosges, París
Del 18 al 28 de diciembre de 2018

La artista Elvira Carrasco, nacida en Cuenca pero afincada en Valencia, proviene de una familia donde la influencia cultural fue una constante desde que era pequeña. Decidió estudiar Historia del Arte pero en los últimos años su faceta artística ha resurgido y, a partir de su formación fotográfica en Londres, entró en la escena artística con su característico ‘Faces project’. Este proyecto llama la atención por lo versátil y colorido, así como por la aplicación del “conócete a ti mismo”. Su obra puede encontrarse en distintas galerías repartidas por la geografía española e internacional. En Valencia, sus obras puedes encontrarse en la Galería Maika de Valencia. Si bien Elvira produce su su obra principalmente en Valencia, tiene una gran repercusión en el extranjero, contando con el apoyo de galerías extranjeras como Mark Hachem, donde se expondrá su obra con motivo de la exposición ‘Embody’. Makma contacta con ella para acercarse un poco más a su producción.

Sé que probablemente es una pregunta que te hacen mucho pero ya que me gustaría empezar por tus estudios, ¿cómo influye a la hora de tomar referentes en tu producción el hecho de ser Historiadora del Arte?

Influye de manera muy contundente. Por supuesto, un rico y amplio conocimiento de la Historia del Arte, te ayuda a poder crear algo nuevo partiendo de tus predecesores e incluso contemporáneos. Me he dedicado durante, los años previos a “Faces Project”, a estudiar a fotógrafos creativos que me dieron una visión totalmente diferente de lo que para mí, hasta entonces, había sido la fotografía. Descubrí un mundo nuevo, lleno de posibilidades y quise, por supuesto, añadir mi granito de arena al mundo del arte con un proyecto innovador, que aportase algo distinto a lo ya conocido y realizado. Trabajé con varios proyectos hasta decantarme definitivamente por el actual y darle mayor protagonismo en mi carrera. Sin embargo, a pesar de estar más focalizada en fotógrafos en estos últimos años, cierto es que durante la carrera aprendí muchísimo sobre artistas, sus épocas, vivencias y producción; llamándome la atención numerosos de ellos, aunque no fue hasta que terminé mis estudios cuando me di cuenta de que yo quería formar parte de esta apasionante historia.

'Panacea'. Imagen cortesía de la artista.

‘Panacea’. Imagen cortesía de la artista.

En tu obra podemos ver como unes diversas técnicas (body painting, fotografía, dibujo…) para lograr un resultado final que, en realidad, aparenta ser muy improvisado…

En cada autorretrato doy una parte de mí. Ciertamente parece improvisado y, hay que darle rienda suelta a la improvisación, al nervio que te corre por el cuerpo a la hora de enfrentarte al “lienzo en blanco”, en este caso, mi rostro. Antes de comenzar cada obra, analizo y pienso qué colores quiero emplear, qué quiero transmitir a través de ellos y, no nos olvidemos, del papel tan importante que tiene la mirada en mis fotografías, te lleva a sentimientos y sensaciones placenteras o inquietantes. Juego con bocetos, anotaciones, composiciones de color. Pienso qué quiero conseguir y a dónde quiero llegar y después, el “nervio” o comúnmente llamado “genio creativo” hace su trabajo. No sé cómo explicar lo que se siente cuando vas a pintar o a crear algo, incluso a recitar un poema que sientes que te atraviesa el pecho… Es energía, vibración, miedo, angustia, frenesí y, el conjunto de todas esas emociones y sentimientos, ayudan a la ejecución de la obra.

Recientemente has empezado a trabajar la escultura en ‘Faces Project’, ¿cómo te estás enfrentando a este nuevo reto?

Pues con muchísima ilusión. Era algo que llevaba bastante tiempo pensando, dándole vueltas en mi cabeza para encontrar el mejor modo de conseguir esculturas para poder pintarlas como hago actualmente. Como suelo decir, son mis pequeñas joyas que produzco como complemento para seguir investigando “Faces Project” y materializar algo que, en mi rostro, acaba siendo fugaz. Además, esta técnica me permite también añadir complementos (ramas, huesos, collage…) a las figuras, lo cual me resulta extremadamente creativo y revitalizante.

Aunque la técnica cambie, el soporte siempre es el mismo: tu rostro. El uso del cuerpo y su experimentación en el arte está ligado muchas veces al concepto de identidad, ¿es este tu caso?

Considero que cuando un artista trabaja, ya sea consigo mismo o sobre un lienzo, está dándole al espectador (y por qué no, a sí mismo) un hilo del que tirar en cuanto a su personalidad se refiere. Todos los artistas hacemos autorretrato. Nuestras obras son parte de nosotros mismos, de nuestro interior y de nuestro propio mundo. Por supuesto que creo fielmente que los artistas nos cuestionamos cosas que para el resto del mundo seguramente pasen desapercibidas, tenemos dudas existenciales, cuestiones acerca de quiénes somos y por qué hacemos lo que hacemos para seguir vivos. El arte es un veneno que te ayuda a seguir hacia delante, es la mecha que enciende cada uno de nuestros días.

El autorretrato contemporáneo tiene muchas versiones. Por ejemplo, Cindy Sherman lo utilizó en su momento desde una perspectiva feminista, o Gillian Wearing con sus máscaras para mostrar la sociedad actual oculta; ¿te interesa explotar el autorretrato desde varias perspectivas?

Me interesa el autorretrato en todas sus versiones. Recuerdo que fui al IVAM de Valencia a ver la exposición que se hizo de Gillian Wearing y quedé realmente fascinada. Es una gran artista, me transportó a otro mundo, algo que grabo con gran ilusión dentro de mí. Incluso recuerdo la escultura de una de sus manos, también recuerdo los vídeos en los que la gente hablaba de sus miedos, inseguridades y preocupaciones, siempre dentro de una máscara que tapase su identidad. Creo que tanto Wearing como Sherman han abierto un gran debate en cuanto al autorretrato se refiere. Yo, sin embargo, podría hablar del autorretrato como soporte, como lienzo, dándole también valor a la obra de Yves Klein cuando utilizaba a esas mujeres llenas de pintura para sus creaciones. Lo tomo como el lienzo sobre el que expresaré con abstracción, forma y color, un mundo de posibilidades. Sin embargo, hay algo en lo que sí quiero hacer énfasis y es el uso de la mirada como referente, punto de encuentro entre el espectador y yo, de conexión mutua, como podría verse en los ojos de cualquier personaje de un museo, atravesando el lienzo.

'The Garden'. Imagen cortesía de la artista.

‘The Garden’. Imagen cortesía de la artista.

Hay algo de performático que, unido al concepto de lo efímero, hace que ‘Faces project’ pueda interpretarse desde lo multidisciplinar…

El proyecto abarca diferentes disciplinas artísticas. Se trata de una performance oculta al público, desde la soledad e intimidad de mi estudio, que se materializa en forma de fotografía. La pintura del rostro acaba formando parte del olvido, muy a mi pesar, y cambia de estado del propio cuerpo al soporte fotográfico. Sin embargo, todo este proceso, para mí, es un ritual, un momento en el que me encuentro sola conmigo misma, delante de diferentes pinturas, pigmentos y colores con los que realizaré un baile para conseguir mi objetivo final, el momento en el cual decido que la obra está preparada para ser fotografiada. A pesar de dicha soledad, sí que me planteo hacer performance delante de un público, algo que espero no tarde mucho en producirse.

¿Puedes adelantarnos algo de tus próximos proyectos?

Ahora mismo estoy ultimando detalles antes de empezar el nuevo año. 2019 viene cargado de viajes y nuevas exposiciones importantes para mi carrera, además de ferias de arte. Milán, Taiwán, Barcelona o Nueva York son algunas de las ciudades que puedo adelantar. En cuanto a ‘Faces Project’, sigo investigando cada día una nota nueva, sé que en mi cabeza todavía quedan miles de melodías por tocar y es eso lo que al final continúa moviendo mi motor.

¿Qué opinas sobre el panorama actual artístico?

El arte actual está colmado de sabiduría y experiencias. Los artistas más jóvenes nos movemos en los mundos de la tecnología y las redes sociales, lo cual nos permite exponer nuestro trabajo de forma eficiente. Miles y millones de personas estamos conectadas a través de aplicaciones en las que subimos nuestras creaciones para que un porcentaje elevado de gente pueda saber qué hacemos, cómo y por qué. El mundo está cada vez más globalizado, tendemos a unirnos cada vez más. Considero que, el estudio incansable de la Historia del Arte (desde sus inicios hasta hoy) llena de posibilidades una esfera que necesita artistas nuevos, apasionados y hábiles para llegar a las grandes galerías del mundo. Me considero afortunada por estar entrando en este bucle, tan importante a la vez que sufrido, en el que todo se convierte en una lucha constante del propio ser humano.

El giro constante del planeta nos lleva a los artistas a producir, pensar, viajar, distribuir y, poco a poco, crear una atmósfera reconocible y seria que pueda ser entendida por el público en general.

'Rock Gold'. Imagen cortesía de la artista.

‘Rock Gold’. Imagen cortesía de la artista.

Con esta reflexión sobre la hiperconexión actual y su ya inevitable incursión en gran cantidad de producciones artísticas, Elvira Carrasco presenta su personal proyecto ‘Faces project’ haciendo hincapié no solo en la parte técnica, sino en aquella que explora sus inquietudes, profundizando en la historia de la retratística y siempre con nuevos proyectos en mente. Para más información, se puede consultar su web www.elviracarrasco.com

María Ramis.

“Siempre intento juntar morbo y elegancia”

‘God is Queer’
Mamut Concept Store
Carrer del Pintor Salvador Abril, 48, 46005 València
Del 23 al 15 de diciembre de 2018

De las redes y para las redes, así es el Arte hoy, un cúmulo de me gustas, hashtags y retos que han transformado al artista en objeto de deseo de las miradas escópicas del individuo posmoderno. Subsumidos por el capitalismo imperante, muchos artistas optan hoy por realizar sus obras basándose en las preferencias de sus seguidores en las redes, lanzando preguntas e interactuando con los que habrán de convertirse en sus futuros compradores. Esta nueva dinámica entre los agentes artísticos se deja ver en propuestas como el Inktober, un reto lanzado desde 2009 por el ilustrador Jake Parker que apuesta por “exprimir” la creatividad de los jóvenes artistas. Una vez pasado octubre, podemos disfrutar de los resultados de esta iniciativa en exposiciones como ‘God is Queer’ de TheHugo, una serie de dibujos realizados a tinta en los cuales el joven ilustrador ha plasmado las complejidades que alberga el género en sus diversas manifestaciones. Ilustraciones donde morbo, transgresión y elegancia se funden para fascinar al público a través de las redes.

Hugo Díaz (TheHugo) comenzó su carrera como ilustrador realizando una autoedición de su primer libro que, a modo de cuento infantil, reelaboraba los dibujos de su infancia bajo el título ‘Mira que dibujo más bonito he hecho mamá’. Su periplo lo llevó a moverse por eventos relacionados con el manga y el anime, centrándose en el cómic a partir del cual empezó a interesarse por el dibujo. Durante la educación secundaria cambió sus intereses en torno a la biología marina por los lápices, y comenzó a orientar su futuro hacia el bachillerato artístico. Tal como apunta el artista, desde niño le encantaba crear personajes, siempre estaba dibujando y creando historias entre ellos.

En enero de 2016 se publicó ‘El fuego en el que ardo’ de Mike Lightwood ilustrado por TheHugo y que supondría su primer contrato en el mundo de la ilustración editorial. Un año después, y a raíz del éxito del primer libro se publica ‘El hielo de mis venas’, la segunda entrega del escritor sevillano editada por Plataforma Editorial e ilustrada por este prolífico artista. Entre sus proyectos se encuentra el cómic ‘Living la vida loca’ inspirado por la manera de contar historias de Paco Roca, en el cual realizó una serie de microrelatos que narraban de manera gráfica las experiencias vividas tras su paso por el grado superior en Segovia.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

¿Qué es God is Queer? ¿De dónde surge la idea de esta exposición?

El proyecto en sí nació del reto viral Inktober, una propuesta del ilustrador Jake Parker. Consiste en hacer un dibujo al día a tinta durante el mes de octubre y subirlo a las redes con el hashtag #Inktober.

¿Parten esta exposición y la serie de dibujos de las redes sociales?

Sí, esto nació sí o sí de las redes. El año pasado participé en el Inktober y conseguí hacer una serie completa de 31 retratos con tinta negra y con detalles en azul, un color que aplico en todo, y la verdad es que gustó bastante.

Este año me lo preparé con más tiempo y en agosto ya estaba pensando en qué serie de ilustraciones podría hacer. Todo surgió a partir de una ilustración de Hermes, que hice con un estilo más detallista y anatómico, no tan royo “comiquero”, como lo que suelo hacer. Tuvo una muy buena recepción en redes, y pensé ¿por qué no hacer 31 dioses para el Inktober?

En cuanto al tema elegido he de decir que la mitología me ha acompañado a  toda mi vida. Tengo libros infantiles más didácticos y algunos más de adultos que tratan la mitología griega, egipcia, nórdica, etc. Es algo que me hacia mucha ilusión ilustrar.

La idea era hacer 31 dioses diferentes, completamente desnudos con algunos detalles de la iconografía propia de cada dios. No quería limitarme a hacer cuerpos academicistas, clásicos o normativos y me sentía en la casi obligación de visibilizar el colectivo LGBTI, algo que me motivaba desde un principio. Quería hacerlo desde un punto de vista reivindicativo, de ahí que hayan dioses transexuales, más gordos, más delgados, con más pelo, con menos, más amanerados o masculinos, etc. He jugado con todo el espectro que nos ofrece el género y el cuerpo humano.

¿Cómo elegiste a las divinidades?

Fue algo básico, busqué dioses que tuvieran algo atractivo a la hora de representarlos. También me guié por lo que iba leyendo sobre las mitologías y por lo que la gente me iba proponiendo por las redes. Quería hacerlos humanos. Podría hacer incluso alguno con cuatro brazos, pero no quería hacerlos con cabezas de animales. Prefería humanizarlos. Por eso, y pensando en ese toque de ilustración de moda que siempre tengo en mente, basándome en la figura animal hice detalles en algunos personajes como la nariz puntiaguda, o un peinado que tenga unas orejas de chacal, etc. En el caso del dios romano Jano, al cual se le suele representar con dos caras, la suya y otra en la nuca, como no quería alejarme tanto de lo humano, decidí hacerlo como un persona de a pié que usa dos máscaras diferentes, una joven y otra anciana.

¿Por qué las máscaras de Jano no llevan el lunar, tan representativo de tu obra?

No tienen el lunar porque lo tendría debajo de la máscara. En realidad cuando lo dibujaba pensaba en el Inktober del año pasado en el cual todos los retratos tenían el lunar excepto uno, “Venenoso”, que represntaba a un chico quitándose la máscara y dejando ver que debajo solo tenía serpientes. Era una manera de representar a las personas tóxicas. De algún modo, tanto la máscara de Venenoso como las de Jano no son reales, simbolizan aquello que se quiere exponer, es como si yo por estética quisiera quitarme el lunar.

Detalle de la ilustración "Venenoso" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración “Venenoso” de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Háblanos de la estética homoerótica tanto de esta serie como la de tus obras previas

Yo siempre intento juntar morbo y elegancia por amor a la estética. Esta fusión la plasmo en toda mi obra. Me gusta darle a lo banal, a lo pornográfico ese toque de elegancia. Al principio me pregunté ¿por qué si soy gay tengo que hacer ilustraciones gays? Luego me lo propuse y me di cuenta que salía solo, que es parte de mí. Me encanta la estética del hinduismo y budismo pero por cautela, al ser una religión y una cultura aún vivas, no quería ponerme a representar a los dioses desnudos, aunque los hindúes, por ejemplo, veneran la androgínia. Pensé que esto podría llegar a ofender.

¿Entiendo qué has hecho un ejercicio de autocensura?

Sí, hay un ejercicio de autocensura. Por ejemplo, en las redes me preguntaron si iba a hacer a Cristo. La verdad es que respeto las creencias de la gente y si hacerlo a mi manera atentaba contra estas, prefería centrarme en los mitos y leyendas. Ofender por ofender me parece demasiado gratuito.

¿Crees que esta fusión entre estética y porno determina el público al que va dirigida tu obra?

Siempre he pensado que hacer obras de carácter homoerótico quizás me cerrara puertas para ilustrar algún día un cuento infantil. El público al que llego no es intencional. Hago lo que siento, y de esa manera llego a gente con inquietudes y gustos similares. La mayoría de mi público van a ser hombres, de hecho en Instagram podría decir que el 85% que compra mi obra son hombres del colectivo LGBTI. Con mi obra pretendo dar visibilidad al mundo no normativo. Es una lucha que llevo conmigo, pues considero que por ser hombre no he de vestir de una manera concreta. A la hora de realizar algunos de los dioses he consultado a personas de colectivos queer, para ver si podría ofenderles la manera de representar algunos personajes.

¿De dónde sacas los modelos para tus personajes?

De mi cabeza, aunque en algunas ocasiones he recurrido a alguna cuenta en Instagram para inspirarme con las anatomías y las poses que beben mucho del mundo de la moda. Cuando dibujaba en mi escritorio habían dos libros: uno de mitología dirigido a publico adolescente que recopilaba divinidades de diversas mitologías, y otro que recogía las obras del artista Alphonse Mucha. Considero que su elegancia a la hora de transmitir las formas del cuerpo femenino, su estética silueteada en rostros, manos y pelo han sido de gran inspiración para mis obras.

Detalle de la ilustración "Helios" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración “Helios” de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

¿Qué hay de ti en estas ilustraciones?

Soy tan visceral que todo lo que hago lo saco de mí. Cuando decidí marcarme un “Frida Kahlo” haciéndome autorretratos continuamente o poniendo a todos los personajes que diseñaba el lunar, me di cuenta que era algo de lo que pequeño renegaba y ahora es parte de mi identidad.

¿Por qué elegiste Mamut Concept Store para exponer God is Queer?

En realidad me eligieron ellos a mí. Es una tienda que nació hace unos meses, en la que se vende, ropa y productos de decoración realizados por diseñadores emergentes. Los dueños de la concept store llevan también Ediciones Hidroavión, una editorial así mas “indie”, en la que publican a escritores e ilustradores emergentes. El pasado verano a través de Instagram me escribieron desde Mamut y me ofrecieron exponer en su tienda. Fijamos fecha y programamos la exposición God is Queer.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

¿Para cuándo el próximo proyecto? ¿Qué ideas tienes en mente?

Me quiero centrar, por temas de trabajo, en la ilustración editorial y de moda. Tengo varias ideas para ilustrar algunas de las colecciones de diseñadores como Versace o Moschino, con colores muy “pop”. Por lo que respecta a esta exposición sí que me gustaría crear un libro con esta misma estética de ilustración, con diferentes historias, mitos y leyendas con temática queer.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Andrés Herraiz Llavador

“El bodegón y el objeto son mi leitmotiv”

‘IVÁN ARAUJO’
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Septiembre-octubre de 2018

Grabador, pintor y escultor, Iván Araujo (Madrid, 1971) muestra su obra más reciente en el Museo del Ruso de Alarcón y ultima ya las próximas presentaciones de sus libros de artista y libros objeto, que tendrán lugar en el Festival ConFusion de Benimaclet (del 19 al 21 de octubre en el espacio Doce Islas Benimaclet ‘Libros Inquietos’) y en el Festival del Libro SINDOKMA (del 25 al 28 de octubre en el Centre Cultural La Nau) en Valencia.

Talento desbordante, mucho trabajo en el estudio y una personalidad arrolladora que escapa a cualquier quiebro o desaliento son premisas que subyacen bajo una obra de fuerte arraigo, teñida de influencias elegidas y queridas, de rigor y coherencia, que nos acerca al lirismo más sutil por el camino del recuerdo y la nostalgia.

Hablamos en esta entrevista con el artista de sus comienzos en el mundo de la pintura, de sus influencias, trayectoria, pasión por el grabado… y de sus proyectos más inmediatos.

Iván Araujo. MAKMA

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del arte?

Cuando era pequeño, disfrutaba con mi padre de los ratos en los que él iba a pintar acuarelas al campo, hacíamos apuntes juntos y todo esto me permitió crecer en un ambiente de gusto por la pintura, el dibujo y por el arte en general. Disponía de materiales a mi alrededor y me pasaba las horas pintando en cuadernos y yendo a ver exposiciones de arte.

¿Tuviste claro siempre que querías estudiar la carrera de Bellas Artes?

Mi decisión de matricularme en Bellas Artes fue tardía, ya que en principio pensaba estudiar arquitectura por tradición familiar, pues mi padre y varios de mis tíos eran arquitectos. Justo en mi último año antes de comenzar la universidad decidí ingresar en Bellas Artes. Mi apuesta fue clara: desde pequeño había sentido la necesidad de hacer cosas con las manos y me fascinaba dibujar. Quería tener un contacto más directo con la obra que el que podía darme el mundo de la arquitectura, donde el proyecto y dirección de obra te alejan mucho de la creación pura; lo había visto miles de veces con mi padre. Con el tiempo descubrí que fue una decisión muy acertada, puesto que yo necesito tener un control de principio a fin del proceso creativo y concentrarme en una obra más íntima, cercana y abarcable como la que puedes realizar en tu taller. Además, me involucro mucho físicamente, para lo cual me es indispensable elegir la técnica y el material adecuado, dotándolos de las cualidades expresivas y conceptuales que deseo para cada pieza.

Elegiste la especialidad de grabado, que está presente siempre en tu trabajo, ¿qué te aporta esta técnica?

El grabado ha condicionado absolutamente mi forma de trabajar en cualquier disciplina artística, puesto que mi formación y posterior desarrollo profesional se han centrado, en gran parte, en esta técnica. Ya en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, mientras estudiaba la carrera, trabajaba para pagarme los estudios en distintos talleres profesionales de grabado y estampación. Esto me hizo adquirir muchísima técnica y oficio. Cuando me licencié y mientras estudiaba mi doctorado en dibujo contemporáneo, trabajé cinco años en Ediciones Benveniste, donde realicé obra gráfica para grandísimos artistas nacionales e internacionales. Posteriormente me saqué una plaza de profesor asociado en la Facultad de Bellas Artes de la UCM (Madrid), en grabado calcográfico. Tras tres años dando clases decidí dejar la facultad y montar mi propio estudio de grabado. Desde 2001, realizo mi propia obra gráfica y la de otros artistas, compatibilizándola con la obra original. La forma en la que afronto la creación de un grabado me ayuda a conceptualizar mucho la idea de la imagen que persigo. El grabado te obliga a trabajar por capas y debes decidir muy claramente qué técnicas debes utilizar según los resultados que quieras obtener, con lo que el método ensayo-error en grabado no es válido como en ocasiones ocurre en la pintura; la gráfica te enseña a tomar elecciones y a posicionarte de forma activa ante el proceso creativo, asumes riesgos y debes estar siempre abierto a integrar aquello que el grabado te pueda ir ofreciendo en cuanto a las pequeñas desviaciones que surgen tras los complejos procesos de mordida y estabilización de la matriz.

Se perciben en tu trabajo ciertas influencias. ¿Quiénes han sido y son tus artistas de referencia?

En mis inicios me interesaba mucho el arte con un fuerte contenido simbólico; obra y artistas con un marcado contenido existencial, en los que su trabajo era un reflejo poderoso de su posicionamiento conceptual y estético ante la obra. Joseph Beuys y Paul Klee me fascinaban por su intensidad y la verdad que emanaba de su obra. Artistas muy apoyados en el dibujo, como fuente vertebradora de la obra y como estructura que sustenta sus creaciones. Me atraían también, por su fuerza poética, los expresionistas abstractos De Kooning y Rothko. Sin duda alguna, el cubismo, Juan Gris y Picasso han sido grandes influencias en mi obra, tanto por su forma de mirar y re-presentar el objeto, como por la propia forma ponderada y matemática de plasmar su pintura. El collage es otro recurso que utilizo muchísimo y que está muy presente en los cubistas o surrealistas, y también en algunos artistas de estética pop posteriores, que me resultan muy interesantes, como David Hockney.

Otra referencia fundamental en mi trabajo nace de mi amor por la pintura metafísica, De Chirico, y en general de toda aquella pintura que trasciende a la realidad, proyectándose en escenarios arcádicos y poéticos; la aspiración a lo mínimo y a la inclinación por el juego arte-juego de Torres García y, por último, cierto salvajismo simbólico y primitivo de la transvanguardia italiana, muy presente en Mimmo Paladino. Podría seguir y la lista no acabaría… soy muy revisionista, un mirón empedernido; son muchos y variados los artistas que me interesan, ya que mi trabajo se vale de cientos de miles de retales, de instantes capturados en mi cerebro y retina que llevo siempre conmigo.

Imagen de la escultura 'Casa-barco', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la escultura ‘Casa-barco’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Has ejercido de profesor en la universidad,sigues impartiendo cursos y talleres en distintos lugares de la geografía española. ¿Qué te aporta artísticamente la enseñanza?

De la época de profesor en la universidad no guardo especial buen recuerdo, ya que la relación con los alumnos, salvo algunas buenas excepciones, se veía condicionada por las calificaciones. Eran muy pocos los que realmente se volcaban con interés y pasión en el taller. Mi relación posterior con la enseñanza en cursos y talleres en distintos lugares, incluso en mi estudio, con los artistas que trabajan regularmente conmigo, es muy diferente. Se establece siempre una relación de necesidad mutua; a mí me gusta ofrecer al alumno las herramientas para que él pueda dar forma a su obra y, naturalmente, en ese proceso el intercambio de pareceres  y puntos de vista es extraordinariamente rico. Cuando trabajo con gente a la que al mismo tiempo enseño, vuelvo a someter todos mis conocimientos y bagaje artístico a un examen riguroso; en el terreno de la creación no se puede dar nada por sentado y los modelos y soluciones que a uno le sirven no tienen porqué valer a otro en otras circunstancias.

Esta condición multireferencial del hacer creativo permite que uno aprenda constantemente y en cada momento de su trabajo y del de los demás. Para mí, trabajar la obra de otros artistas me sitúa en escenarios diferentes a los de mi obra, enriqueciendo mi visión del arte y, lo que es más interesante, me fuerza a entender la obra que el artista quiere realizar desde sus propios parámetros. Este desplazamiento es siempre nutritivo, como lo es cuestionarse y actualizar los propios conocimientos.

¿Cómo es tu día a día en el estudio? ¿Eres un artista metódico, ordenado?

Yo trabajo a diario en mi estudio, sea cual sea la situación, tanto si estoy preparando una exposición de gráfica, pintura o escultura. Trato de ser muy sistemático en mis horarios y suelo trabajar en series largas de producción, en cualquiera de las disciplinas anteriores. Hacerlo así me permite dar distintas respuestas a un mismo problema; todas ellas se encadenan unas a otras y en conjunto, conforman un discurso coherente que pieza a pieza resulta complicado. Me cuesta mezclar disciplinas; si estoy con unas piezas de escultura o grabado, hasta que no las acabo no paso a otra técnica, por ejemplo, pintura. Cada disciplina requiere tiempos y una disposición ante la obra muy diferentes. Lo que sí pasa a veces es que al trabajar tantas técnicas diferentes, siempre hay vuelcos e influencias de unas a otras. No solo es inevitable sino que es lo más interesante. Además, al compatibilizar mi obra con la producción de obra gráfica de otros artistas en mi taller, hay contaminación, ideas bullendo, interferencias…

A veces es un poco agotador, pero tras muchos años trabajando así me he acostumbrado a filtrar toda esa información y a desarrollar más capacidad de concentración. No creo en la inspiración; creo en el trabajo diario y en pasar muchas horas en el taller, desarrollando una relación de necesidad e implicación con tu obra y los materiales y técnicas que eliges para llevarla a cabo. Los tiempos muertos, trabajo en pequeñas libretas y libros de artista que son el cajón desastre y, al mismo tiempo, el germen y semilla de muchas de las futuras producciones.

En la exposición que presentas en el Museo del Ruso, el bodegón es el tema principal en tus obras.

Sí, en efecto. El bodegón y el objeto han sido el leitmotiv de mi producción de estos últimos cinco años. Me interesaba la forma en que el bodegón, que ha sido un género artístico presente en todas las etapas de la historia del arte, suscita la mirada del observador. En el cuadro, la naturaleza muerta circunscrita al estudio del pintor reordena el espacio, creando una fuente de sinergias entre los diferentes objetos que lo rodean. Cada forma alude a su presencia y situación en referencia a sí misma y a los demás elementos, creando un microcosmos y, sobre todo, nos habla de una determinada manera de entender la ocupación del espacio de aquel que la ha depositado en ese lugar.

El diálogo que se establece entre las distintas formas-objetos me interesaba, puesto que nos relata una historia de necesidades, equilibrios, armonías y espacios. Esta exposición supone un fin de etapa, ya que ahora mi trabajo es decididamente más objetual y simbólico, recuperando iconos que siempre han estado ahí, en mi mundo, en mi territorio plástico. Pero lo que la hace especialmente interesante, además del magnífico enclave de la sala del Museo del Ruso, es que conviven varias series que están en transición a ese cambio hacia lo simbólico, sobre todo la serie de pintura de ‘La sonrisa del cazador’ y ‘AntarMouna’, y la serie de esculturas-arquitecturas presentadas en conjunto, que pertenecen a mi producción actual.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Háblanos de tu escultura, de esas casas soñadas, esos micromundos que unen infancia, nostalgia y utopía.

Las arquitecturas forman parte de una instalación que proyecté para mi última exposición en Madrid, el año pasado en la APPA Art Gallery, donde un grupo de arquitecturas se presentaban en la pared, dispersas, formando un conjunto, que a modo de constelación salpicaba de puntos la pared. Se titulaba ‘Todas las casas que hay en mí’ y al menos cuatro o cinco de esas piezas originales se exponen junto a las demás. Las hemos presentado en el suelo, formando una ciudad, un pequeño asentamiento, podríamos decir. Muchas de ellas son nuevas, pero siguen heredando el nombre que las originó. Son casas realizadas con maderas encontradas, dañadas, que recojo y restauro en el estudio. Les aplico decapantes y las lijo para sacarles la veta y con ligeras policromías las retoco, en las ocasiones que quiero cromarlas. Al contrario que las pinturas, se trata de colores deslucidos y transparentes que sugieren lo mínimo y silencioso y que recuerdan a los juguetes de la infancia. Tienen, en efecto, mucho de esto, de recuerdos, de pérdidas y nostalgia; hablan de la lluvia, del sonido del mar, de la añoranza de la madre, de los días lentos, de estrellas, constelaciones y de sueños por cumplir. La casa, etxea en la cultura vasca de mis antepasados, es la madre que acoge y protege y, en las diversas formas poéticas que la presento, adquiere una cualidad de metáfora visual que se potencia por la desnudez del material y la simplicidad en las formas.

Tus libros de artista y tus libros objeto son siempre requeridos y apreciados en ferias y convocatorias dedicadas a la edición. ¿Qué valor les concedes dentro de tu proceso creativo?

El libro de artista me permite ensayar, escribir, proyectar y soñar con nuevos escenarios y, dado lo abarcable del formato, en ocasiones lo continúo realizando en casa o cuando estoy fuera del estudio. Vaya donde vaya, y más si me voy de viaje, siempre llevo un libro de artista conmigo. Suelen ser contenedores de ideas y proyectos que están por venir o bien tienen un carácter más experimental, como es el caso de libretas en las que trabajo composiciones de estudio. Estas segundas me sirven en muchas ocasiones para afrontar futuros trabajos, ya sea en gráfica o pintura, y, por lo general, suelo utilizar mucho collage y acuarelas, grafito y demás técnicas sobre papel. Como es natural, estos libros de artista no los suelo exponer, ya que me sirven como material de estudio y además no están concebidos para tal fin.

Por otro lado, está el caso de los libros de artista o libros objeto, que tienen un valor intrínsecamente artístico en sí mismos y son los que muestro en ferias y exposiciones como obra final. En muchas ocasiones son libros-cajas que he realizado en grabado y que presentan series de gráfica, como es el caso de ‘ArsBodegonia I y II’ (2015) o ‘Paisajes interiores’. La modalidad de libro objeto la he afrontado en casos como los de ‘Le petitpaysage’ (2016) y ‘Nuit et jour’ (2016), en los que la totalidad de la caja encerraba un grabado tratado volumétricamente como un bajo relieve con abundante collage de todo tipo de materiales. También se da el caso de libros de artista más complejos como este último, ‘La palabra pintada’ (2018), que expondré con Galería El Museo del Ruso para los festivales ConFusión y SINDOKMA 2018, en el que presento originales con sus respectivos textos. Este tipo de festivales, como el caso de SINDOKMA, suponen el encuentro feliz de una serie de creadores y editoriales con una fascinación común por el libro de artista, promoviéndose un clima muy interesante de intercambio de información, ideas y proyectos.

Tienes una consolidada trayectoria como editor, has colaborado con importantes artistas. ¿De qué trabajos estás más satisfecho?

Mi actividad como editor se remonta a estos tres últimos años en los que, como reacción a la apatía generalizada que se instaló entre las galerías y editores, con un descenso muy notable de las ediciones de autor de gráfica en el panorama artístico, me animé a intentar editar a artistas que me resultaban especialmente interesantes. Para ello diseñé una fórmula de coedición, en la que el artista podía animarse a editar asumiendo riesgos mínimos y en mi caso, como taller de edición y coeditor, controlar el proceso al máximo y realizar una inversión razonable.

Hasta la fecha he coeditado a la artista Ángeles Conde con dos suites, la ‘Serie Köln’ y ‘Skylines’ (2017), y a la artista Kristin de George, afincada en Montpellier, con el díptico de aguafuertes ‘Mediterranée: le rêve de Mages’ (2018). Fuera del contexto de la coedición me siento especialmente orgulloso de haber editado en mi estudio la carpeta ‘PRE-POSICIONES’, del artista Ángel Cajal (2016/2017). Una suite de diez grabados presentados en el Paraninfo de la Universidad de Valencia la pasada edición de SINDOKMA, en 2017. Otro proyecto que disfruté muchísimo fue la serie de cinco aguafuertes del artista Eduardo Barco, editada por Amara Gutiérrez en 2017. El procesado de planchas fue un trabajo muy experimental que realizamos Eduardo y yo en mi estudio y la estampación cuidadísima y muy técnica completó una edición de referencia.

Cuéntanos tus próximos proyectos

Mis proyectos futuros a corto plazo pasan por presentar físicamente el libro de artista, ‘La palabra pintada’, en SINDOKMA 2018, y en mostrarlo en todas aquellas ferias y eventos en los que tú, amiga y galerista del Museo del Ruso, decidas exponerlo. A mediados de noviembre participaré en el FIG de Bilbao 2018, la feria de obra gráfica más importante que hay en la actualidad en el territorio nacional, en la que expondré series de monotipos y gráfica de gran formato en el stand de la Galería de Arte Contemporáneo Espiral (Noja, Cantabria). A mediados del mes de octubre darán comienzo también los nuevos cursos que impartiré en el Museo ABC de Madrid de técnicas de grabado y estampación contemporáneas directas, en un taller que he creado especialmente para la ocasión. Pasadas estas fechas comenzaré a trabajar nuevas series de obra para mi próxima exposición individual, que se celebrará en la Galería de Arte Contemporáneo Espiral, en octubre de 2019.

Imagen de la obra 'Antar Mouna II. Silencio Interior', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Antar Mouna II. Silencio Interior’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler

 

Metro cuadrado. Danza, espacio y reflexión

Entrevista a Edwin Valentín, director de Metro cuadrado
Grupo de danza 33 Volts
Teatre Carme, Carrer de Gregori Gea, 6, Valencia
Del 18 al 21 de octubre de 2018

¿Somos conscientes del espacio que ocupamos?
La velocidad con la que transitamos los lugares apenas deja tiempo para una toma de conciencia real del espacio que habitamos. En el mundo en que vivimos, se impone más que nunca repensar la forma en la que consumimos tiempo y espacio, conocedores de que ambos son compartidos y en muchas ocasiones efímeros. El arte, y más concretamente la danza, siempre interesada en el movimiento, ha investigado y conformado la manera en que vemos el cuerpo. Ahora, la concepción de este ha cambiado para terminar fundiéndose en un todo. Fagocitados por una rutina opresora que vacía de sentido nuestros trayectos, sumergiéndonos en dinámicas donde se desdibujan los límites de nuestra frontera de contacto.

Sin duda, la danza es el mejor catalizador a través de la cual el ser humano puede expresar sus ansiedades y miedos, experimentar con sus emociones y dirigir su fuerza, tanto hacia lo individual como a lo colectivo. Las residencias del Carme Teatre acogerán en este mes octubre la práctica e investigación en torno al movimiento hecho danza. Gracias al grupo 33 Volts, dirigido por Edwin Valentín, podremos disfrutar de la belleza ecléctica de un espectáculo en el que las Bellas Artes se funden para conformar una crítica reflexiva del espacio, el yo y el nosotros.

Edwin Valentín estudió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, su país de origen, de donde parte la inspiración de sus obras. Licenciado y especializado en Antropología Física, sus proyectos ahondan en los fenómenos sociales y culturales que tienen como punto de referencia el cuerpo y su relación con el entorno. Su formación artística comenzó en un Bachillerato de Artes y Humanidades, ligado al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en el que se especializó en danza.

En 2014 quedó en 4º lugar en la primera edición del concurso “Encuentro Creadores de Danza, Premio Movimiento Original”, de la Ciudad de México, en la cual presentó por primera vez el proyecto Metro cuadrado, que estrena en Valencia el próximo jueves 18 de octubre.

Fotografía de Edwin Valentín, cortesía del director.

Fotografía de Edwin Valentín, cortesía del director.

 ¿De dónde surge Metro cuadrado?

El contexto de la ciudad de México es el de vivir en una ciudad enorme en la cual las dinámicas que tu generas o que la propia ciudad te genera, te ponen en un estado de alerta. Más allá de la situación del país, el hecho de cómo convivir con tanta gente, es lo que me inspiró. Cuando has de ocupar el transporte público para moverte a cualquier lado, entras en relación con un todo, en un estado en el cual ves a las personas y no te queda otra opción que estar cuerpo a cuerpo, en una ciudad en la que todas las horas se han vuelto “hora pico”, en algunas líneas de metro. Por mucho que trates de evitarlo el espacio personal se pierde y termina por generarse una masa. El hecho de cruzarme la ciudad de México, de norte a sur para trabajar me hizo pensar en esas personas que hacen todos esos tránsitos constantemente.

Un día que estuve en un paradero de autobús esperando el trasporte, empecé a agobiarme por el ruido de los puestos ambulantes, el tráfico, la gente, el cansancio etc. y traté de voltear la cabeza hacia arriba para respirar y ver hacia el cielo. Me encontré con una enredadera de cables y me di cuenta de que no había espacio por ningún sitio. De ahí sale Metro cuadrado, de esa sensación en la que te preguntas ¿estamos viviendo esto?, ¿de dónde viene? y ¿para dónde vamos? En ese momento, mi punto de apoyo fue el metro de la ciudad que sirvió para la primera exploración de la obra.

Al momento de mudarme a Valencia, me encuentro con una ciudad en la que se siente totalmente lo contrario, en la cual yo tengo espacio, mi cuerpo lo vive distinto, se llega a relajar de otra manera. Descubro esta ciudad, nueva para mi y la siento totalmente contraria, los mismos traslados se hacen sin tanta gente, y no siento la misma sensación que en México. Entonces fue cuando me planteé ¿cómo estas personas viven  la relación con la sobrepoblación mundial?, ¿cómo se vive la sobrepoblación mundial en una ciudad como Valencia? y ¿qué pasa con este concepto?, ¿se piensa? De ahí, decido retomar Metro cuadrado aprovechando la oportunidad que generan las residencias del Carme Teatre. Estas me permiten generar un proyecto para trabajar las visiones de cómo los habitantes de una ciudad más pequeña sienten la sobrepoblación aunque, tal vez, pueda parecer que no está tan presente ese concepto o imagen. Tenia todavía esa sensación de que se podía indagar más en Metro cuadrado, explorando los distintos ángulos de donde tratar este tema. Desde un principio me interesó tener bailarines de aquí para que ellos me hablaran de sus vivencias y ver cómo sus cuerpos las expresan.

 Háblanos de la obra ¿en que consiste?

La obra parte de la danza contemporánea y podría definirse como tal porque el principal elemento del cual comunicamos es el cuerpo y el movimiento. Nos apoyamos de video, de artes plásticas, etc. La música es esencial ya que el espectáculo es mudo. La piezas sonoras no son del todo melódicas y hay algunas que transmiten sonidos ambientales con el fin de generar una sensación concreta. El sentido del oído está muy presente dentro de la pieza, por lo tanto, hablamos de danza contemporánea apoyada en otras artes.

¿Metro cuadrado tiene un punto experimental?

Si, los bailarines van a ser quienes a través de su cuerpo trasladen una serie de sensaciones al público. Siempre les pido que hablen y que conozcan el concepto que trabajamos en la obra, con el fin de que ellos lo reflexionen e investiguen y me vayan contando a través de sus experiencias y su vida cómo sienten esta relación entre ellos y la reducción de espacio. A partir de esta reflexión previa, comienzan a investigar el movimiento que posteriormente integrarán dentro del discurso. Este proceso a mi me enriquece tanto a nivel personal como profesional, nutriendo también el trabajo y la obra en sí, en la que se pueden ver un conjunto de emociones diversas.

Detalle de los bailarines ensayando Metro cuadrado. Fotografía cortesía de Edwin Valentín

Detalle de los bailarines ensayando Metro cuadrado. Fotografía cortesía de Edwin Valentín

¿Cómo fue el proceso de selección del equipo de Metro cuadrado?

El proceso de selección de bailarines fue un poco largo, porque al principio tuve que buscar personas que quisieran integrarse dentro del proyecto. Buscaba en primer lugar, que más allá de que fueran bailarines tuvieran una buena condición física, porque la propuesta tiene varios momentos de mucha fisicalidad, en la cual el cuerpo se pone muy al límite. El equipo lo conformamos Cristina Martí (Conservatorio Superior de Danza del Institut de Teatre Barcelona), Ivan Colom (Conservatorio Superior de Danza de Valencia), Pablo Caracol (Ilustrador y bailarín), Natalyd Altamirano (Asistente de dirección, actriz y bailarina y yo mismo como antropólogo físico, director, coreógrafo y bailarín.

¿Qué te pareció el espacio del Carme Teatre?

Tenía mucha ilusión de representar en el Carme Teatre. La primera vez que conocí la sala, en su sede actual, me provocó bastante. Es una sala no muy grande en la cual el público está muy cerca de lo que está sucediendo. Cuando entré inmediatamente lo pensé, “aquí yo podría representar Metro cuadrado”. Desde un primer momento, la sala en mi mente se prestaba para realizar esta obra en la que quería que la gente estuviera cercana a lo que hiciéramos en escena. El Carme Teatre es el espacio perfecto.

¿Podríamos afirmar que hay un tono crítico en la obra?

Mi intención es que el público reflexione sobre la sobrepoblación y llegue a pensarlo como algo que no está tan lejano, que se vea como un espejo que refleja una sociedad. En nuestro planteamiento, confluyen muchos elementos que sirven para hablar de este tema y hacer pensar al público que somos distintos elementos. Existe una complejidad mayor, no por estar separados unos de los otros y que aquí en Valencia no se viva esta situación de sobrepoblación, no significa que en otro lado no esté pasando.

El fin último es que el arte comunique alguna emoción, sentimiento o imagen, que mueva al público hacia esta reflexión. Nosotros a partir de las emociones, el movimiento y las imágenes pretendemos que al público se le genere algo en su ser que lo haga reflexionar. Para mi es muy importante este tema y considero que es algo relevante de que hablar. La población mundial va en aumento. No está mal que vaya en aumento, pero hemos de darnos cuenta que no somos los únicos, la humanidad no es lo único que habita en este espacio.

¿Crees que Metro cuadrado se podría lanzar a la calle?

Sí, es una buena manera de acercar la danza al público en general. Yo creo que el arte debe ser más accesible, con apoyo del gobierno y de las instituciones, y tiene que haber un hábito y una educación por consumir arte en la sociedad. Creo que ahora más que nunca la gente necesita ser muy empática, sentir y saber qué es lo que están sintiendo los demás. En estos tiempos todo es tan rápido que la gente necesita tomarse un tiempo para reflexionar eso que está sintiendo, y el arte ayuda en este proceso.

¿Si te dieran la oportunidad de lanzar Metro cuadrado a la calle lo harías?

Sí, sin pensarlo, lo haría.

¿Para cuándo la próxima obra? ¿Alguna idea de futuro en mente?

Tengo varias ideas en mente, pero hay una en especial que me está moviendo mucho desde hace unos meses atrás. Primero habría que terminar Metro cuadrado, seguir representando la obra hasta donde se pueda y una vez asentada, empezar otra investigación. Yo que veo México en la distancia y me genera muchas emociones y pensamientos, hay algo sobre mi país de lo que quiero hablar, quizás no sobre él, pero sí partiendo del mismo. Creo que en el próximo proyecto México estará más explícito que en Metro cuadrado, que ya está más globalizado. Considero que la obra debería estar abierta y continuar. Se puede adaptar a otras circunstancias, espacios y bailarines.

Logotipo del grupo de danza 33 Volts. Imagen cortesía de Edwin Valentín

Logotipo del grupo de danza 33 Volts. Imagen cortesía de Edwin Valentín

Andrés Herraiz Llavador

“Me expreso a través de los artistas”

Desayunos Makma en la cafetería del IVAM
Con Begoña Martínez, directora de la Galería Aural de Alicante
Abierto Valencia. Fiesta de apertura de las galerías valencianas
Viernes 21 de septiembre de 2018
Entrevista realizada por Jose Ramón Alarcón, Vicente Chambó, Merche Medina y Salva Torres, del equipo de redacción de Makma

Begoña Martínez participa todos los años en Abierto Valencia, la fiesta de apertura de la temporada expositiva que se realizó los pasados días 21 y 22 de septiembre, viniendo desde Alicante, donde tiene su Galería Aural, con el fin de dar visibilidad a su espacio y a los artistas que trabajan con ella. Lo hace convencida de lo que hace, aunque por lo bajini muestre alguna que otra contrariedad por su propia invisibilidad dentro del colectivo de las galerías de LaVAC, la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana. Apenas lo deja caer, para centrarse en lo que de verdad le apasiona: el arte y los artistas que lo ejecutan.

Sabedora de que cualquier coleccionista “se va a comprar a Madrid, a Berlín o a cualquier parte del mundo”, sugiere que Abierto Valencia debería apostar firmemente por atraerlos. Sobre todo, tras comprobar que, por ejemplo en Alicante, “desde los años 80, no hay un programa de compras por parte de las instituciones públicas. Entonces, ¡hay un vacío tan grande! El propio Ayuntamiento ha abandonado la colección que estaba haciendo de arte joven”. Y apostilla: “¡Son 30 años de vacío!”

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural de Alicante, en un momento de la entrevista. Foto: Merche Medina.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural de Alicante, en un momento de la entrevista. Foto: Merche Medina.

Viene a  Abierto Valencia, cuyo nombre ya indica la centralidad de un evento que acoge a todas las galerías de la Comunidad Valenciana, porque le interesa: “Estar aquí me da visibilidad, aunque no opte a los premios”. Según dice, no opta a ellos porque donde expone en Valencia, la galería el Tossal del Ayuntamiento, no le permite montar una exposición como lo haría en su propio espacio de Alicante. “Y tampoco puedes entrar en los Premios Adquisición que otorgan Gandía Blasco, DKV y la Fundación Hortensia Herrero, porque depende de lo que esas empresas quieran comprar, según sus criterios, en los que entiendo que mis obras no entran”.

A rebufo de esta impresión, y al margen de su lógica utilidad para aquellas galerías premiadas, insiste en modificar el trazado de Abierto Valencia: “Yo antes que en los premios, gastaría dinero en traer coleccionistas y prensa de fuera, porque los premios generan competencia. Traer coleccionistas y periodistas nacionales e internacionales redunda en beneficio de todos, porque eso sí que te da visibilidad. Y con 5.000 euros puedes hacer mucho en esa dirección. Además, eso no solo da visibilidad a las galerías, sino a la ciudad”.

También es de la opinión, compartida por responsables de otras galerías valencianas, que las instituciones públicas lo suficiente en dar visibilidad a Abierto Valencia mediante publicidad en las calles, “porque piensan que esto es un evento de las galerías, cuando es algo que hace tejido de ciudad”.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural de Alicante, en un momento de la entrevista. Foto: Merche Medina.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural de Alicante, en un momento de la entrevista. Foto: Merche Medina.

La propuesta con la que se presentó en el Tossal reunía a un grupo de artistas bajo el denominador común de la Autorreferencialidad y otros narcisismos. Anna Bella Geiger, Luis Gordillo, Concha Jérez (que al final no pudo estar en la inauguración por problemas familiares), Fernando Sinaga, Pep Agut, José Maldonado, Armando Miguélez y Ángeles Agrela conformaba el rico plantel de artistas de la exposición. “En realidad, esta es la propuesta con la que cierro la temporada pasada, porque yo abro ahora en octubre arranco con obra actual de Luis Gordillo, al tiempo que lo hace el MACA (Museo de Arte Contemporáneo de Alicante) con obra de los años 70 del propio  Gordillo. Hemos unido fuerzas para empujar Alicante”.

Begoña Martínez explica que suele hacer una colectiva cada dos años. “En este caso es sobre la idea de cómo los artistas trabajan la autorrepresentación. Las galerías tenemos el deber de dar visibilidad a los artistas y de que el público los conozca. Yo con los artistas tengo una relación amistosa, de crear equipo. Además yo soy especialista en artistas difíciles. Aunque he de decir que una característica común de los artistas con los que trabajo es que todos aman el arte. Y el arte está por encima de las personas, de los problemas entre ellos, de los conflictos”.

Profundizando en el tema de la exposición colectiva que trajo al Tossal, afirma que hay una idea común relacionada con el hecho de qué es ser artista. “Pep Agut, por ejemplo, habla del artista atado a su mesa, en la que el objeto es creado y ya tiene vida propia. La idea de la muerte también está muy presente en cada uno de los artistas. Temas que encuentras comunes, eligiendo las piezas que mejor casan con ellos. En casi todas las colectivas busco los artistas que me gustan y qué temas podrían funcionar, las similitudes y conexiones. Y luego hablo con ellos para trabajar juntos las piezas que mejor funcionan a partir de esa idea común”.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural, en un momento de los Desayunos Makma. Foto: Merche Medina.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural, en un momento de los Desayunos Makma. Foto: Merche Medina.

De Armando Miguélez dice que habla “de cómo se siente él en el mundo, porque no ha parado de viajar. Tiene un sentimiento de desarraigo, pero no lo percibe como algo negativo, sino positivo. Él cuando está mucho tiempo en un sitio necesita de la experiencia del no lugar. Y son temas que me interesan a mí también, porque al fin y al cabo es una forma de expresarme a través de los propios artistas. Son discursos, por ello, que me interesa que se visibilicen, porque entiendo que el arte es conocimiento y pensamiento por encima de todo. Yo como galería soy lógicamente el vehículo para sacar las obras a colecciones. Si no hay coleccionismo no se pueden ver las obras luego en los museos. Y esa es mi finalidad”.

Otro ejemplo que pone es el de Fernando Sinaga, que lo que hace es “trabajar los infrarrojos”. Y lo explica un poco más: “Dibuja su cuerpo por el calor y eso es algo tan etéreo: una huella calórica que dibuja su silueta”. Mientras que en el caso de José Maldonado señala que tiene que ver “con el cuestionamiento de la propia representación del arte, hacerse desaparecer a sí mismo: se auto borra”.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural, en un momento de los Desayunos Makma. Foto: Merche Medina.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural, en un momento de los Desayunos Makma. Foto: Merche Medina.

Esa temática de la identidad, el autorretrato y la autorreferencialidad, le lleva a Begoña Martínez a indagar o explorar ciertas ideas: “Estamos ahora en el mundo del selfie, del estallido del yo, pero del yo transformado, porque es de pura pose. Por eso hablo también del autorretrato y la autorrepresentación, que no son lo mismo, porque en el selfie no hay intención de retratarse a sí mismo, como el de utilizar su cuerpo para hablar de determinadas cuestiones”.

Y de ahí a uno de los conflictos por antonomasia, el de las identidades colectivas de los pueblos, no hay más que un paso: “El conocimiento de los otros nos hace más flexibles y esa flexibilidad a su vez nos hace seguir aprendiendo. Si nos cerramos a lo que sabemos, no nos desarrollamos como personas. Estamos en el mundo de la globalización, lo que provoca que se acentúen los nacionalismos en el momento en que se homogeniza todo.  Por eso tenemos tanto miedo al inmigrante, a ser invadido por algo extraño”. Extrañeza que ella, como buena galerista, prefiere afrontar desde el terreno mucho más fértil del arte como espacio de una interrogación radical acerca de lo que somos. El 27 de octubre, ya de nuevo en la Galería Aural de Alicante, lo seguirá haciendo Begoña Martínez ahora de la mano de Luis Gordillo.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural, delante del cartel de Abierto Valencia. Foto: Merche Medina.

Begoña Martínez, responsable de la Galería Aural, delante del cartel de Abierto Valencia. Foto: Merche Medina.

Salva Torres

“El paisaje cercano es inspiración”

Entrevista con el artista Nando Ros con motivo de:
‘Ben Davant’, de Marisa Casalduero y Nando Ros
Sala ‘exposicions de la Rectoria, Banyalbufar (Mallorca)
Hasta el 9 de septiembre de 2018

Conocí Banyalbufar (Mallorca) hace ya bastantes años, en el verano de 1994. En realidad, yo, a mi manera, ya había estado allí, todos los amigos de una forma u otra sentíamos que lo conocíamos. Y es que nuestra imaginación había vagado ya subiendo y bajando sus calles y laderas, descansado en los sugerentes paisajes de su escarpada orografía, llamado a algún vecino por su nombre y, a veces, hasta teníamos la sensación de haber nadado en sus calas transparentes. Nando (Fernando Ros) nos habló tanto, cuando aún vivía en Valencia, de su escondite mallorquín; nos contaba tantas cosas, tantas historias, tantas anécdotas… que el contagio de emociones había sido intenso y todos intuíamos antes de ir que aquel paraíso particular, referente vital de nuestro amigo, iba a marcar para siempre, también, nuestra cartografía más personal.

Aquella primera vez desembarcamos en el pueblo una pandilla de quince personas. Un grupo variopinto formado por artistas, incipientes galeristas, biólogos, psicólogos… amigos de siempre y amigos recientes. Nos alojamos en una casa preciosa, con unas vistas increíbles, azules. Su terraza fue testigo de charlas sin pausa y risas infinitas. Como éramos tanta gente y dormíamos bastante incómodos, acortábamos las noches allí, bajo la luna, con el sonido del mar al fondo. Fue un viaje de iniciación maravilloso, la mayoría teníamos “veintitantos” y esos días quedarán ligados a la idea que tenemos de esa palabra tan grande y resbaladiza que es felicidad.

Desde entonces hemos venido muchas veces, unos más y otros menos, por separado, juntos, con gente nueva, con novios, parejas… a casa de Nando, al hotelito lleno de encanto de Penny y Mateo, a casas alquiladas… y siempre nos han recibido tan bien, hemos sentido tan cerca el cariño de sus habitantes generosos, especiales, hemos disfrutado tanto, hemos hecho tan nuestro el pueblo que volver hoy con una excusa tan bonita es un regalazo.

Y, sin embargo, a partir de un momento, recordar deja de ser un viaje dulce, placentero. Ya no estamos todos y es duro, insoportable, pensar que nada volverá a ser lo mismo. Hace cinco años que Marisa Casalduero nos dejó y su ausencia duele. Impulsar esta exposición, ‘Ben Davant’ es una muestra más de lo mucho que la echamos de menos. Creo que a ella le hubiera encantado mostrar su obra aquí, en Banyalbufar, donde tan feliz fue, organizada con tanto amor por Juanra, compartiendo espacio con Nando, arropada por su familia, sus amigos, rodeada de su mar…

Nando Ros. MAKMA

Hoy hablamos con Nando Ros de este reencuentro de emociones, de recuerdos compartidos y de su recorrido vital y artístico.

Hablemos de este rincón mallorquín mágico de la Serra de Tramuntana, que hoy nos vuelve a unir con motivo de la exposición ‘Ben Davant’, una muestra esperada y celebrada por todos los que conocimos a Marisa, te conocemos a ti y admiramos vuestra obra.

Banyalbufar es un pueblo lleno de encanto para el visitante que lo descubre y disfruta pero es también un lugar ligado a la cultura internacional ya que ha sido refugio de muchos artistas. Desde algún poeta de la Generación Beat americana, hasta creadores contemporáneos han encontrado aquí la inspiración.

Es cierto, uno de los últimos poetas de la Generación Beat, Robert Creeley, vivió en Banyalbufar por algún tiempo. Mucha gente descubrió esta zona de Mallorca y se instaló en Deià, Valldemossa, Sóller… Son conocidos los casos de Joaquín Mir, Santiago Rusiñol, George Sand y Chopin; Robert Graves y músicos como Mike Oldfield, Kevin Ayers… El referente fue Robert Graves, muchos de estos artistas llegaron de su mano. Venían a verle, a pasar unos días, les encantaba el lugar y acaban quedándose. En Palma, desde los años cincuenta, Camilo José Cela, editaba Papeles de Son Armadans, una publicación que atraía a la isla a los mejores escritores del momento; también, en torno al mítico Hotel Formentor se concentró una nutrida colonia de artistas. Muchos venían y se iban, otros se quedaron. Banyalbufar permaneció como un último reducto, tal vez por eso hoy lo disfrutamos casi intacto

La Serra de Tramuntana es uno de los últimos lugares vírgenes, tanto por su naturaleza como por su cultura, que quedan en el Mediterráneo español y Banyalbufar es un imán. Caminas por la Tramuntana gozando del paisaje, que es maravilloso, y, de repente, te encuentras por sorpresa con Banyalbufar, casi te dejas caer, y te cautiva. Tienes el mar delante, la montaña detrás, verde y azul perfecto, tal y como debía de ser hace mucho tiempo. Un pueblo íntegro sin anexos de barriadas residenciales, ni nada parecido, de una pureza que es arrebatadora y de la que no es fácil escapar. Te sientes tan prendado, tan enganchado al lugar, que quieres quedarte. Le ocurre a mucha gente. Decía George Sand (pseudónimo de Aurore Dupin) que a ella le costó mucho trabajar en Mallorca, porque el paisaje era tan subyugante, tan invasivo para su mente, que se sentía incapaz de superar la belleza de lo que estaba contemplando, que le costaba inventar algo mejor que lo que tenía delante de los ojos.

Yo vivía en Valencia y durante muchos años soñaba con los fondos azules, las aguas cristalinas, con los encinares sombríos y, hasta que no conseguí venir a vivir aquí, no descansé. Hay quien lo ve como un terreno hostil, cuesta llegar, la carretera es complicada, el mar y la sierra son como dos murallas, estás emparedado y a mucha gente esto le ha resultado angustioso. Yo lo he disfrutado y lo sigo disfrutando y me parece que esta complicada orografía funciona como un filtro que permite mantener intacto su encanto.

En Valencia estudiaste Bellas Artes, allí comenzaste tu carrera artística y un día decides venir y quedarte, ¿cómo ha sido y es tu relación con Banyalbufar?

Llevo 20 años viviendo aquí, los últimos en Palma por motivos familiares, pero sigo estrechamente ligado a Banyalbufar. Mi relación es de amor profundo. Siempre me he visto acogido por el pueblo y su gente, siempre me he encontrado bien. Me siento comodísimo, me siento en casa, es una relación de amor incondicional, me da todo, me provoca cosas siempre buenas, me crea estabilidad, me incita a crear. Lo disfruto de todas las maneras posibles. Además, para nosotros, los valencianos, es un sueño y creo que nos es familiar porque es como debería ser nuestra costa antes de la llegada masiva del turismo; es como un paraíso.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Desde que llegaste aquí se ha creado una discreta pero profunda y permanente corriente artística que hace que muchos artistas, galeristas y profesionales relacionados con la cultura vengan y conviertan Banyalbufar en uno de sus rincones favoritos.

Cuando vivía en Valencia tenía la suerte de estar rodeado de gente maravillosa que de una u otra forma estaban conectados con el mundo del arte y la cultura, tengo muy buenos amigos artistas, galeristas, promotores, gente que se conoce entre sí y he tenido la fortuna de ser muy amigo de alguno de ellos. Muchos han venido a visitarme, les he invitado a mi casa, han repetido, han venido acompañados de gente, que luego ha vuelto con otros amigos… También ha funcionado mucho el “efecto llamada”. La gente que ha venido ha quedado cautivada y se ha producido cierto circuito e, incluso, alguno se ha quedado por aquí.

Tu relación artística con el pueblo es intensa. Has expuesto, impulsado proyectos, ilustrado publicaciones…

Yo llegué aquí y ya tenía una línea de trabajo. Mi primera ilusión fue montar un estudio en mi casa, con todas las energías renovadas de llegar a un sitio así y de encontrarme el gran escaparate delante de los ojos. Alquilé un local y promovimos una pequeña galería de arte, pero no resultó viable y tuvimos que abandonar el proyecto. Yo he continuado trabajando y exponiendo tanto en Valencia como en Mallorca y en otros lugares. Aquí he expuesto en varias ocasiones, hay una escultura mía en un rincón del pueblo, he ilustrado varios libros, algunos de poesía, otros de narrativa, ensayo, incluso diccionarios, algunos promovidos por el Ayuntamiento de Banyalbufar y, bueno, he continuado trabajando, haciendo cosas…

Esta exposición es de dos artistas con amplia trayectoria y una obra consolidada en el tiempo, pero es, también, la exposición de dos amigos. ¿Qué significa para ti exponer con Marisa Casalduero?

Íntimamente siempre había sido un deseo. Siempre quise exponer con ella por muchas razones. Marisa y yo éramos buenos amigos –era imposible estar cerca de Marisa y no ser un buen amigo suyo–. Marisa era una gran trabajadora, una gran artista y es una referencia para todos por muchos motivos, y cuando Juanra, su marido, me propuso la idea, acepté agradecidísimo. Ella, por supuesto, estuvo en Banyalbufar, le encantaba, incluso dejó alguna pequeña obra (con el tiempo he conseguido recuperar algún dibujo que dejó a amigos de Banyalbufar). Ella era así, hacía las cosas, demostrando todo el cariño, todo el amor. Marisa también tenía una vinculación muy fuerte con el mar, con el Mediterráneo, con la costa, se reflejaba mucho en su obra y para mí era un sueño, siempre tuve esa ilusión y desde luego poder hacerlo al fin, más que un sueño, es un honor. Estoy entusiasmado con la idea.

Imagen de algunas de las piezas de la artista Marisa Casalduero que forman parte de la exposición. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de algunas de las piezas de la artista Marisa Casalduero que forman parte de la exposición. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

¿Cómo definirías la obra de Marisa Casalduero?

Es especialmente sugerente por lo vitalista, el trabajo de Marisa es siempre un canto a la alegría, a la vida, al color, a la luz, y lo muestran sus obras y sus escritos; conocerla era darte cuenta de que su obra es su reflejo, su manera de ver la vida, y ahí hay un cierto punto de conexión con lo mío, compartimos un cierto disfrute, casi infantil. La suya es más luminosa, también más vitalista. En la mía hay siempre un elemento subyacente dramático, a veces hasta ridículo; un barquito que se hunde… Me siento unido a su obra por esa perspectiva casi infantil de la vida, esa visión limpia y alegre de verla, aunque tengas un drama dentro de ti.

Respecto al uso de técnicas y materiales, sí que se observan diferencias entre vosotros. Tú eres más dibujante, más pintor. Ella juega, experimenta, con diferentes técnicas y soportes; objetos encontrados, telas, papeles, piedras…

Yo me amarro al dibujo, me aferro, me sujeto fuerte. Lo mío siempre está colgado de un esqueleto de dibujo, siempre hay un armazón al que me agarro como a un clavo ardiendo y sobre el que pongo pintura o dispongo otros materiales. Sin embargo, a Marisa le provoca cualquier objeto encontrado, papeles, piedras, palos, elementos del mar, incluso pequeños juguetitos (hablábamos antes de la mirada infantil, alegre, de la vida). Variadísimos elementos le sugieren una obra de arte y yo necesito recalcularla, redibujarla y atarla a algo. Ella es mucho más directa, dispone directamente sobre el soporte, yo voy siempre haciendo capas, añadiendo capas. El 90% de mi obra no se ve, está detrás de lo que se ve, pero está ahí, debajo. Marisa es mucho más directa, es mucho más plana en el mejor de los sentidos, más limpia. En lo mío siempre hay un elemento subyacente dramático que a veces se percibe y otras veces no.

Tu obra está plagada de una personal iconografía: animales que actúan como humanos, seres oníricos, fantásticos, fondos negros que evocan pizarras de infancia. ¿Bebe de influencias surrealistas y dadaístas?

Siempre hay un imaginario, una iconografía a la que me cuesta renunciar. A veces, los personajes salen ellos solos y, a veces, se me plantan directamente dentro de la obra, incluso, a veces, pretendo renunciar a ellos… y surgen. Hay referencias, gestos humanos… Hablando con Àngel Bofarull –artista de referencia en el ámbito del collage contemporáneo–, aquí, en Banyalbufar, hace años, él sí se reconocía como hijo del surrealismo, de Max Ernst, aunque también de Schwitters; yo, sin embargo, siempre he querido negarme, no me siento surrealista. No tengo esa referencia onírica, no la reconozco, es más la visión infantil de una persona adulta sobre el drama de la vida. Sí que tendría que ver más con el dadaísmo de alguna manera, es verdad, pero también con el expresionismo y los alemanes de entreguerras, como Dix o Grosz, y esas referencias a la pizarra, con otros elementos, y luego el animal como parte del ser humano que es casi incontrolable.

El animal en mis obras siempre está relacionado con ese algo que se nos escapa, que no podemos negar y que no podemos controlar, que nos obliga a hacer cosas y luego… la parte contraria, la del humano, con referencias animales que es un poco la misma, pero es casi más ridícula, es la de aquel que quiere controlarse, que quiere ser cerebral, que quiere controlar todo lo que le rodea y, en el fondo, obedece a un instinto; hay una parte que se le escapa a su control, a su cerebro, a su raciocinio… y que tiene más importancia de la que él quiere reconocer. El animalito siempre es más libre, siempre hace un poco lo que quiere y no se arrepiente, y esa parte sale mucho en mi obra, es verdad. Eso tiene mucho que ver con el niño, la parte infantil, esa parte que funciona completamente libre y que tiene mucho que ver con el disfrute y con el vivir, simple y llanamente, sin darle tantas vueltas. La parte humana siempre tiene algo de ridículo o patético en mi obra.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Imagen de una de las obras de Nando Ros incluidas en ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

La parte bohemia relacionada con el arte, el sabor parisino de principios del siglo XX, los cafés, vapores de humo y alcohol… están muy presentes en muchos de tus cuadros, dibujos y grabados. ¿Qué te sugieren tanto estos ambientes?

Tiene mucho que ver con el disfrute del artista, con lo que le rodea, con su mundo. Esa manera de entender la vida que busca la evasión, el momento oscuro, el rincón… dejar que nuestra cabeza se vaya en vapores de todo tipo que puede acabar de cualquier modo, o entablando relaciones profundas, en borrachera… o en disfrutes más grotescos. Dejar salir todo lo que hay dentro y disfrutar de la diferencia, siempre buscar el momento distinto y que nada te ate demasiado; me atrae esa parte bohemia de la noche, esas reuniones alrededor de una mesa que invitan a mantener conversaciones interminables y provocan situaciones especiales que siempre se recuerdan. Creo que todo esto estimula la creación e incita a lo extraordinario, ayuda a que la cabeza se vaya un poquito por donde quiera. También hago mucha referencia a la literatura y a los libros.

¿Qué influencia tiene la literatura en tu proceso creativo?

Cuando preparo una exposición la preparo fundamentalmente leyendo; me gusta mucho leer, meterme dentro de todo lo que estoy leyendo y que todas esas referencias queden dentro de la cabeza y acaben reflejándose de alguna manera en mis obras. Al fin y al cabo, es creatividad sobre creatividad, alguien ha inventado algo que te provoca, tu cabeza sigue dando vueltas y estás así un día tras otro. Procuro leer mucho y, especialmente, cuando estoy pintando, cuando estoy dibujando. Me gusta tener todo tipo de referencias y, a veces, esto se plasma en mi trabajo. Parece que no, pero siempre está ahí.

¿Qué artistas reconoces como fundamentales en tu desarrollo artístico?

Para mí hay una referencia clarísima que es Chagall, incluso sin ser consciente de ello, siempre me gustó, desde niño, y, cuando me doy cuenta, miro y es verdad, incluso la iconografía se parece. Hay algo, hay cosas muy reconocibles. No lo puedo negar. Picasso me marca mucho también, ya he hablado de los dadá y los alemanes y luego me marcan mucho los antiguos; Giotto y aquel primer renacimiento, los últimos góticos…

Muchos de tus personajes aparecen tocando instrumentos, la música está presente en muchas de tus escenas.

Sí, yo siempre digo que mi vida es con banda sonora. Siempre tengo una canción en la cabeza. Siempre estoy cantando. No entiendo la vida sin música, la encuentro en todos los sitios, la provoco y la echo de menos siempre que no la tengo. Creo que el arte es universal y lo invade todo. Necesito oír música, ver cosas, leer cosas y todo lo que sea creación me parece que es absolutamente necesario. Para mí es muy difícil desligar una cosa de la otra. No entiendo al artista encasillado, que nada le influye más que lo suyo, lo que toca. Me parece que las ramas se entrelazan y son una misma cosa, la creación pura y dura. La música es sugerencia, te transporta. Es pura abstracción, sonidos organizados, es fundamental. No sé vivir sin música.

La música forma parte de tu día a día, ¿sigues componiendo y tocando en varios grupos?

En este momento toco en tres grupos y en dos de ellos con gente de Banyalbufar. Hace un mes hemos presentado con Musol (con Guillem Coll y Rodrigo Álvarez) un disco en el teatro Mar i Terra de Palma con bastante éxito, tengo que decir; salió muy bien, ahora tratamos de promocionarnos. Los Aphònics llevamos más de 20 años tocando en verbenas, fiestas y no perdemos ocasión de divertirnos. Ramón Rosselló, de Esporles, también cuenta conmigo (y Pep y Jaime). Bueno, la cosa es difícil, porque tocar por ahí es muy complicado, pero lo hacemos con mucha ilusión y con mucho amor y disfrutamos mucho. El disco que hemos grabado de Musol tiene una portada mía, por cierto.

Volviendo a la exposición, en esta muestra cambias de registro y presentas obra muy diferente a la anterior, temas nuevos y distintas técnicas. Háblanos de esta etapa que comienza.

A la idea de exponer mi obra con la de Marisa le estuvimos dando vueltas. El hilo conductor entre nosotros podría encontrarse fácilmente, nuestra referencia personal es directa; éramos amigos, compartimos muchos momentos, pero también queríamos poner en relieve la vinculación que tenemos con el mar Mediterráneo, que tanto nos separa y tanto nos une. Imagino que ella está delante de mí y yo delante de ella, en dos orillas diferentes, enfrentados en el mismo mar, uno delante del otro, queriendo vernos, pero sin vernos, disfrutando de lo mismo, o viendo lo mismo pero sin saberlo. Este hecho nos sugirió, también, que la exposición se dispusiera en paredes enfrentadas, un wall to wall, y que la obra de uno estuviera delante de la del otro; esto marcó la manera de seleccionar la obra para la exposición.

La idea que elegí, finalmente, fue la de dar protagonismo a aquello que nos inspira, justamente lo que tenemos delante, ben davant, y procurar prescindir de todo el imaginario, de todo el animalario, toda la serie de personajes que aparecen casi de forma espontánea en mis obras y quedarme justo en lo que tengo enfrente, en lo que está delante de todos esos personajes, lo que nos envuelve, lo que nos rodea, aquello que forma nuestra corteza, lo que nos sugiere todo lo demás y que, a veces, lo tenemos tan cerca que nos cuesta verlo. Concentrarme en lo que en otros momentos ha sido el decorado, empleando técnicas que provoquen sensaciones que esquiven la introspección o el examen, técnicas que ataquen directamente el soporte, como óleos, acuarelas o acrílicos, buscar la inmediatez, no recurrir al grabado, por ejemplo, que exige cierta continuidad técnica y pide estar sobre la pieza tocando y retocando varios días.

Esa era la idea de ‘Ben Davant’, que es el título de la exposición. Quedarnos con lo que tenemos justo enfrente de nuestros ojos. Las Baleares tienen mil colores delante, tienen el mar, la montaña, el bosque… algunas de las acuarelas que se van a colgar están hechas en Cabrera, otras en otros lugares de las islas, Marisa también tiene piezas hechas en Formentera. El paisaje cercano es inspiración, volvemos la vista a nuestro entorno más íntimo.

El artista Nando Ros durante un instante de la entrevista con motivo de la exposición 'Ben Davant'. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

El artista Nando Ros durante un instante de la entrevista con motivo de la exposición ‘Ben Davant’. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Marisa Giménez Soler

 

‘Distintos’, camino a los Óscar

‘Distintos’, de Josevi García Herrero
Entrevista con el director del cortometraje

El verano de 2018 es un tiempo de buena cosecha para el guionista y cineasta valenciano Josevi García Herrero por la buena acogida que ha tenido su último proyecto, el cortometraje ‘Distintos’, que lleva más de cincuenta selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Ha recibido catorce premios, además de conseguir la preselección a los Goya 2019 y la selección en el Festival Indy Shorts de EEUU, calificador de los Óscar de la Academia de Hollywood, que podría ser la antesala para lograr esa meta el año próximo.

‘Distintos’ es una iniciativa de Fundación Asindown, que eligió a un director sensibilizado con temas de trasfondo social, como acreditan sus anteriores cortos, ‘¡Se vende varita mágica!’ y ‘Contando estrellas’. Lo que hace a este filme especial es haber sido protagonizado por dos chicos con síndrome de Down, Pablo Molina y Salva Albert –sin experiencia actoral previa– y la participación altruista de Alejandro Sanz. La historia cuenta el viaje de los chicos para asistir a un concierto de su ídolo musical. En el reparto: Carlos Olalla, Ventura Rodríguez, Llum Barrera, Sandra Cervera, María De Paco y Guillermo Montesinos. La banda sonora es del compositor valenciano Josué Vergara.

Distintos. MAKMA

“Esta experiencia ha sido un auténtico y enriquecedor aprendizaje para mí”, dice García Herrero. “He tenido la oportunidad de conocer de cerca y en profundidad cómo es la vida con síndrome de Down. Tuve que investigar y explorar para escribir el guión y poder hablar de ello, y entendí mejor las dificultades que podían llegar a tener los chicos, así como sus virtudes y capacidades. Tanto Pablo como Salva me han demostrado que querer es poder, que con sus ganas y su esfuerzo podíamos llegar adonde nos propusiéramos”.

Entre las numerosas anécdotas del rodaje que tuvo lugar en Valencia y Madrid, recuerda el divertido y entrañable encuentro de los chicos con Alejandro Sanz –la primera escena que se rodó– y hasta los doce donuts que tuvo que comer Salva, pues su personaje comía uno en una secuencia, y con las repeticiones de planos y tomas se convirtieron en una docena. También memorable la escena de la lluvia, “era el último día, había nervios, tristeza porque todo llegaba al final y eso de mojarse completamente no resulta muy agradable en octubre”.

 

Desde su estreno en la Seminci (Valladolid) el pasado octubre, ‘Distintos’ ha emprendido un camino de éxitos. “Lo más difícil es acertar con el tono de la historia, y creo que he dado en el clavo. Es una historia fresca, desenfadada, nada condescendiente, lejos de un tono dramático y empalagoso que hubiera hundido esta película. También he acertado en el modo de contarla, el humor es la otra clave. Decir las cosas sin miedo, con libertad, con verdad y con corazón; y que los protagonistas fueran conscientes de su realidad y los primeros que se identificaran, y que eso no fuera un freno para contarlo y mostrarlo. Tenía que ser un discurso valiente que se alejara del todos somos iguales para decir todos somos distintos. Es la única forma real de conseguir que esta sociedad compuesta de personas distintas, reconociéndonos todos distintos, nos ofrezca el modo de encontrar y entender la igualdad”.

Fiel a su vocación solidaria y social, el cineasta hace un llamamiento a los directores, guionistas y creadores en general: “Tenemos la suerte de poder contar historias para que muchas personas disfruten y se entretengan y, además, podemos y debemos pensar que  también pueden ayudar a muchas otras personas invisibles por algún motivo. Hagámoslo. Incluyamos en nuestros guiones esas historias necesarias”.

García Herrero no se duerme en los laureles. Tiene entre manos tres proyectos de series de ficción, mientras revisa el guión de su primer largo. Al mismo tiempo, prepara una campaña de sensibilización con la Asociación Esperanza y Sonrisa, que apoya  la investigación del cáncer infantil, y dirige el Ficticia, el festival de ficción online de Aranjuez.

Distintos. MAKMA

Bel Carrasco

 

“El cine es el arte narrativo definitivo”

‘Blackwood’, de Rodrigo Cortés
Entrevista con el director con motivo del próximo estreno de su más reciente película
Cines Kinépolis Valencia
Avenida Tomás y Valiente, s/n. Paterna (Valencia)
Estreno en España: viernes 3 de agosto de 2018

“No hay forma, una vez vista ‘Blackwood’, de relacionarla con las sagas juveniles recientes que todos tenemos en la cabeza, sino con esa época en que el género se tomaba en serio a sí mismo”

Efectivamente, ‘Blackwood’ nos ha generado esta impresión que su director se encarga de verbalizar. Rodrigo Cortés (Pazos Hermos, Orense, 1973) estrena su cuarto largometraje, después de los impactantes ‘Concursante’, ‘Buried’ y ‘Luces rojas’. Y, si en películas anteriores contaba con estrellas como Ryan Reynolds, Robert De Niro, Sigourney Weaver o Cillian Murphy, en esta ocasión su cómplice es Uma Thurman.

Rodrigo Cortés es uno de los cineastas más admirados por quien escribe: capaz de reconocer abiertamente a una periodista que no tiene una opinión formada sobre un tema en concreto y, ante el asombro de quien pregunta por tan inusitada sinceridad, insistir en que no se puede tener opinión formada sobre todo; y, a la vez y sin asomo de vanidad por ello, se trata de una persona con riquísima formación artística y cultural, bien documentado sobre las cuestiones de las que habla o trata y con una capacidad para la comunicación y la divulgación envidiable. Es también un notable escritor, tanto en artículos publicados en prensa como en otras publicaciones, como la de su novela ‘Sí importa el modo en que un hombre se hunde’. Conversamos tras el preestreno auspiciado en Kinépolis Valencia por el Festival Antonio Ferrandis de Paterna.

Rodrigo Cortés. MAKMA

RODRIGO CORTÉS (RC): Es una película con trampa de forma literal: parece que va a ser la película del cartel, pero tiene agazapada otra película dentro. Uno empieza a verla pensando que va a ver una película aventurera del tipo ‘Los Cinco’, de Enid Blyton -o ‘Las Cinco’, en este caso-, viviendo algún tipo de intriga en una casa grande. Pero, poco a poco, de esta primera película emerge otra, que empieza a devorar a la primera, que empieza a oscurecerla y a llevarla a terrenos infinitamente más perturbadores. Si alguien hiciera pause sobre las niñas en el minuto doce de esta película para acercarse a revelar al oído del espectador cómo va a acabar cada una de ellas, no habría manera de anticipar el modo en que tal cosa es posible, cómo esta película puede acabar convertida en la otra. Por esto que no hay forma, una vez vista, de relacionarla con las sagas juveniles recientes que todos tenemos en la cabeza, sino con esa época en que el género se tomaba en serio a sí mismo y trataba aspectos dramáticos fundamentales a través de intérpretes de primera clase. Las referencias para hacer esta película tienen mucho más que ver con cineastas como (Roman) Polanski, como (Nicholas) Roeg, como (Peter) Weir que con esos otros nombres que todos podemos invocar sin necesidad de que lo haga yo.

RAFAEL MALUENDA (RM): -’Blackwood’, como todas tus películas, está sumida en una atmósfera opresiva. Los personajes tienen que pugnar por deshacerse de cuanto constriñe sus vidas como un mecanismo hermético. Salí de ver ‘Concursante’ con la sensación de estar inmerso en una trampa. Igualmente ocurre con ‘Buried’, restringidos protagonista y espectadores a las dimensiones de un ataúd; ‘Luces rojas’ presenta un espacio mental absolutamente claustrofóbico. También asocio rimas entre tus películas, como el pájaro que se estrella contra el cristal en Blackwood’, que también está en ‘Luces rojas’… Incluso si pensamos en un corto como ’15 días’, ya había en él un planteamiento temporal que obligaba al protagonista a estar pendiente de mantener un equilibrio para que no se desorganizara su original sistema de vida, aun cuando el tono derive hacia la comedia.

RC: Me alegra que me cuentes esto, porque he luchado lo indecible para que ésta fuera mi cuarta película, y no mi primera película de estudio. Aunque no soy muy consciente de ello, es más, trato de pensar lo menos posible en ello, incluso para mí es fácil percibir que me gustan los personajes sometidos a fuerzas superiores a ellos, fuerzas que zarandean sus vidas y los obligan a despertar de alguna manera, a veces de forma notablemente dolorosa y a veces de forma directamente inútil, porque reaccionan demasiado tarde, o no son capaces de aprovechar las lecciones que reciben.

El creador se expresa, opina, a través del estilo. Las opiniones políticas o ideológicas de un creador sobre la situación social del mundo son tan perfectamente prescindibles como las de cualquiera, absolutamente mediocres y generalmente convencionales. Pero, de algún modo, el mundo interno del creador se filtra en su obra a través de decisiones estilísticas que transmiten al espectador una oleada sensorial: una aportación mayor que un razonamiento, que muchas veces tiene mucho más valor que una formulación intelectual.

Rodrigo Cortés dirige a Uma Thurman en el rodaje de 'Blackwood'.

Rodrigo Cortés dirige a Uma Thurman en el rodaje de ‘Blackwood’.

RM: Es precisamente el estilo la gran baza de ‘Blackwood’ para dar verosimilitud a cuanto ocurre.

RC: Siempre ha sido muy importante para mí la generación de atmósferas físicas y tangibles, estableciendo las normas reales y físicas de un universo propio. Dirigir significa literalmente dirigir, es decir, marcar la dirección: la dirección de la luz, del sonido, de la música… Cuando todos estos componentes se alinean en el mismo sentido es cuando se consigue eso que llamamos atmósfera, que es difícil de definir, pero es fácil de percibir, y que crea un mundo tangible que hace de inmediato verosímil todo aquello que ocurre en la trama, porque establece las normas reales y físicas de un universo propio.

RM: Esa fisicidad es muy evidente en ‘Blackwood’, especialmente en algunos momentos…

RC: Intento que haya una aproximación muy física a cualquier cosa que suceda. Este adjetivo –“físico”– es muy importante a la hora de abordar mi narración, porque trato de que haya una aproximación muy física a cualquier cosa que suceda; incluso si hablamos del otro lado, hablamos también de una manifestación muy física y tangible. Cuando alguien sale de ver ‘Buried’, quiero que salga buscando oxígeno, sudando, sacudiéndose la tierra de encima…

RM (Riendo): No sé cuántas patadas di a la butaca de delante…

RC (Riendo): Efectivamente, de eso se trata. Y con ‘Blackwood’ quiero que el espectador sienta que la atmósfera se va haciendo progresivamente más pegajosa, que la mansión evoluciona, vive, se oscurece y va mostrando tentáculos que no se veían inicialmente; he buscado que la oscuridad sea real, que si el protagonista no está seguro de haber visto una silueta en la sombra, el espectador tampoco lo esté, y si los protagonistas atraviesan una casa en llamas, también lo haga el espectador, sometido a condiciones muy físicas que son las que se vivieron realmente en el rodaje, porque usamos siempre fuego real para permitir que el espectador salga de allí, si no chamuscado, sí, al menos, extenuado.

RM: No firmas el guión de ‘Blackwood’ y, no obstante, debe de haber todo un trabajo orientado a plasmar tu visión de la historia…

RC: Cuando un estudio busca un director con quien de verdad quiera trabajar nunca le ofrece un guión acabado, no funciona así. Es más bien un borrador seminal simplemente para ver si el director reacciona de manera profunda con las premisas de esa historia. Si es así, llega una fase de conversaciones –en mi caso larga–, porque quiero asegurarme de que queda claro hacia dónde quiero llevar la película, para que nadie nos engañemos; porque, cuando se inicia una relación con un estudio, se parece mucho a una relación amorosa: nos inventamos al otro, y cada una de sus declaraciones, por vaga que sea, se convierte en la confirmación exacta de nuestros deseos, aun cuando no sea así; pensar de esa manera te aboca a la segura frustración meses después. De modo que me aseguro de que todos tenemos claro que mi intención no es hacer una película en la línea de las sagas juveniles que todos tenemos en la cabeza e invoco, de forma muy específica, los nombres de los cineastas que te he mencionado antes. Y si todos estamos en la misma página y seguimos adelante, se inicia la fase de desarrollo: se llama a un guionista –en este caso Chris Sparling– con quien desarrollo el guión a partir de ese momento, tratando de hacer emerger el subtexto que percibo en la historia, para que se convierta en una reflexión sobre el arte como laguna profundísima, muy oscura, creadora y también destructiva; una reflexión sobre la genialidad, del talento como elementos igualmente erosionadores, que a veces se viven como maldición, y que si no se sostienen en el esfuerzo y el sacrificio acaban exigiendo un precio que, por lo general, es uno mismo. Y eso es lo que va dibujando la historia, alejándola del borrador original y, desde luego, de la novela original, que era una novela juvenil de hace cuarenta años  –que hoy sería una película infantil– y que sufre una radical transformación de tono.

RM: Entre esas claves que contraponen tu película a una de esas sagas para adolescentes está, como decías, el tema de la responsabilidad. En ‘Blackwood’ hay una doble exigencia sobre las chicas: una externa, por parte del personaje de Madame Duret, y otra externa a ellas, que es la que a la postre podría salvarlas. También presentas el arte como resultado del sufrimiento, quizá hasta de disfunciones mentales…

RC: Como decías antes, nunca impongo una tesis, pero sí hay ecos que acaban resonando dentro de cada uno, dialogando consigo mismo, y haciéndole pensar en su relación con las cosas, incluido el arte. Y mi visión sobre el arte es muy matérica; admiro mucho el cine de (Michael) Powell y (Emeric) Pressburger, que hacían películas de gran penetración popular, a veces basadas directamente sobre cuentos populares, pero a través de las cuales se expresa su sensibilidad humanística sobre las cosas, su conocimiento sobre el alma humana y sobre la arquitectura, y sobre la pintura, y sobre la música; y ves en ellas cómo se crea un mundo desde cero para que cada peldaño signifique algo, y cada color y cada tela.

Los cineastas Michael Powell y Emeric Pressburger.

Los cineastas Michael Powell y Emeric Pressburger.

Mi carrera es Historia del Arte y, de alguna manera, mi acercamiento físico –no lírico– a ese fenómeno se filtra en la película: la pintura es una masa oleaginosa, aún húmeda, que burbujea cuando arde el lienzo; la poesía surge del dolor en gran medida. Estudié la carrera de piano, y recuerdo muy bien cómo aquel teclado era inabarcable, de una extensión infinita, y cómo cada año esa extensión se iba reduciendo conforme uno iba domesticándolo, muchas veces a través del dolor y del esfuerzo. Y, en ese sentido, en la película percibimos una aproximación muy física al instrumento: cómo la yema golpea la tecla, cómo al apretar el pedal se oye el retumbo en la caja de resonancia, hasta que fieltro vuelve a cortar los armónicos al interponerse entre los macillos y las cuerdas. Todo eso proviene de tu experiencia y ayuda a dar verosimilitud y fisicidad al arte y a hablar del verdadero precio de abordarlo, que no tiene que ver con las definiciones, una vez más, poéticas.

RM: A propósito, he tenido la impresión en ‘Blackwood’ de que la música impulsa rítmicamente la sucesión de imágenes. Precisamente, Michael Powell otorgaba un papel tan determinante a la música que declaraba no ponerse a escribir el guión hasta haber dado con el ritmo –en el sentido musical del término– y hasta tener clara la música; formula el concepto de composed film. Esto, que quizá sea más evidente en películas como ‘Las zapatillas rojas’ o en ‘Los cuentos de Hoffmann’, otorga a las secuencias finales de ‘Narciso negro’ toda esa fuerza hacia un desenlace fatal…

RC: Un epíteto como ése, composed film, responde necesariamente a una reflexión personal fruto de la experiencia y de la autoobservación, y no puede, por tanto, ser exportable ni importable sin más. Pero, como espectador  asombrado del cine de The Archers (1), reconozco en él un concepto que atiende tanto a lo rítmico como a lo sensorial. Su cine es sensual, rítmico, plástico; también sabio, dialoga con la historia del arte sin presunción. Y sirve a un ritmo interno que debe encontrarse antes para determinar la posterior “composición” (uso la palabra ritmo de forma muy amplia). Hay películas que, de algún modo, son también sinfonías, de forma obvia o no. Al escribir, al planificar, al rodar, al montar, el ritmo interno lo es todo, el ritmo entendido como cadencia interna, pero también como vertebrador de la narración. El ritmo como gestor de la atención. Y también el ritmo de los colores, la caligrafía de la cámara, la armonía o agresividad de la luz. Usamos a menudo la palabra tono, que en su sentido musical es más esclarecedor que en el convencional. Primero se determina, literalmente, un tono: una tonalidad, un armazón armónico. Luego, un tempo inicial, que a menudo es variable. Y de ahí emerge la música de forma natural.

Me llama la atención que menciones ‘Narciso negro’, porque es una de las películas que le pedí a Uma Thurman que viera antes de empezar rodar. Además, porque la casa entera está construida en plató…

Fotograma de 'Narciso negro' (1947), de Michael Powell y Emeric Pressburger.

Fotograma de ‘Narciso negro’ (1947), de Michael Powell y Emeric Pressburger.

RM: ¡Como el monasterio de ‘Narciso negro’ y su entorno, y luego personas que conocían La India escribían a Powell diciéndole que sabían exactamente dónde había rodado, porque reconocían el paisaje! (reímos). Vaya, pues es interesante pensar en Madame Duret como una suerte de Hermana Clodagh a cargo de que su monasterio dé los frutos requeridos… Powell y Pressburger son de esos directores que, habitualmente, los críticos olvidan al elaborar sus famosas listas de “películas para la eternidad”, aun cuando su cine revela a dos enormes cineastas casi siempre en estado de gracia, con una comprensión global de cuantos elementos se implican en la elaboración de una película y con un sentido privilegiado de sus posibilidades artísticas. Quizá es que hay que ser cineasta para apreciarlos en cuanto valen, como ocurre en tu caso, y también en los casos de (Martin) Scorsese o de (Francis Ford) Coppola, dos apasionados de su cine.

RC: Es verdad que el cine, de algún modo, es el arte narrativo definitivo, porque concita y reúne las demás disciplinas. Toma elementos de la literatura, toma elementos de la dramaturgia, toma la plástica de la pintura, el ritmo de la música, que se expresa también a través del montaje en su sentido más rítmico, y se convierte en esa herramienta con gran penetración inconsciente, que muchas veces no es el arma idónea para la profundización y que, sin embargo, es muy poderosa para la siembra de semillas que deben fructificar a posteriori.

Y esa sensibilidad de Powell y Pressburger, o la de un contemporáneo suyo como David Lean, que después transitaría otros territorios, es ejemplar en ese sentido, porque sus historias, de alguna manera, de forma inadvertida, se absorben sensorialmente a través del ritmo del corte o de la elección cromática de algunos elementos, o de la utilización del sonido en sus películas, que en David Lean es absolutamente protagónico, pero del que jamás se habla. Hay un momento en que el espectador, sin darse cuenta, a través de sus músculos, sus huesos, sus ojos y sus oídos absorbe información que tiene el mismo carácter que la racional, pero una penetración mucho más poderosa por saltarse ese volante del cerebro.

RM: A menudo, en un campo como el cinematográfico, en el que la imagen toma una posición preponderante, los directores olvidan esa fuerza del sonido. Incluso a veces ocurre que en algunas películas se ha contado algo mediante una situación en off –construida a través del sonido– y he experimentado casos en los que algunos espectadores creen haber visto aquello que no se ha mostrado jamás.

RC: Eso me sucedía, por ejemplo, con ‘Buried’. Había gente que generaba recuerdos concretos de lo que pasaba fuera del ataúd, y que recordaba el vehículo que recorría el desierto en su búsqueda, el equipo médico que lo desenterraba en un momento dado, antes de que se revelara todo como una alucinación, o los personajes con los que Paul Conroy hablaba. El cerebro ocupa los huecos, hace atajos, asume cosas, y si consigues que la gente viva la historia de forma emocional, la fuerza de esa emoción se comunica con el resto de sentidos generando recuerdos concretos.

Rodrigo Cortés dirige a Ryan Reynolds en el rodaje de 'Buried'.

Rodrigo Cortés dirige a Ryan Reynolds en el rodaje de ‘Buried’.

RM: No sabía que te había ocurrido en ‘Buried’. Hay algo común a ‘Luces rojas’ y a ‘Blackwood’, en el sentido de cómo articulas la historia a partir de espacios mentales, a partir de cuestiones que ocurren, o parece que pueden estar ocurriendo en la cabeza de los personajes, aun en modos distintos. Encuentro rimas y paralelismos en este terreno.

RC: En el fondo es una lección aprendida de (Alfred) Hitchcock, de quien hay muchas enseñanzas que extraer, más allá del manejo de la tensión o de la anticipación. Esa lección tiene que ver con el manejo sagrado del punto de vista. Si consigues plantear de manera absolutamente rigurosa, casi ética, el manejo del punto de vista, puedes introducir a la gente en un cerebro, ya que sensorialmente va a absorber cualquier estímulo desde un lugar muy concreto, que necesariamente va a ubicarlo en ese mismo lugar y le va a permitir experimentar emociones, reacciones y preocupaciones muy concretas. Si a eso añades una preocupación muy profunda por crear atmósferas tangibles, acabarás por introducir al espectador en un mundo muy concreto del que saldrá necesariamente agotado.

RM: Como debe ser, ¿no? (Río)

RC (Ríe): ¡Como debe ser!

RM: Ya que hablas de Hitchcock, quizá encontremos también en ‘Blackwood’ conexiones con ‘Rebecca’: el ama de llaves, la custodia del fantasma que habita la mansión…  Quizá podemos establecer un hilo que, como en el caso de la mitología, va cruzando determinadas obras en el tiempo, estableciendo una serie de rimas absolutamente consecuentes…

RC: … E inevitables cuando respetas una tradición o cuando tu formación se debe a horas y horas con los grandes maestros. Ni siquiera búsquedas de referencias antiguas o pretendidamente nobles y prestigiadas, sino también el cine de (John) Carpenter, que mantenía un respeto por el punto de vista igualmente reverencial; o el manejo de las atmósferas y de los silencios mucho más profundo de lo que durante muchos años se ha reconocido del cine de (M. Night) Shyamalan, por ejemplo. Inevitablemente, eres, como dicen los nutricionistas, lo que comes (reímos), y lo interesante, no obstante, es no plasmarlo en forma de fotocopia, o como homenaje autoconsciente de réplica de planos concretos, sino simplemente como resultado de la digestión y del procesado personal de una serie de lecciones.

RM: Mencionabas antes también a Weir, y viendo ‘Blackwood’ he pensado en ‘Picnic en Hanging Rock’…

RC (Ríe): Yo también pensé en ‘Picnic en Hanging Rock’, una de mis películas predilectas… No son malas referencias, ¿verdad?

El director Rodrigo Cortés durante un instante de la entrevista con Rafael Maluenda. @insideofjamrock

El director Rodrigo Cortés durante un instante de la entrevista con Rafael Maluenda. @insideofjamrock

RM: En todas estas películas hay un peso evidente de la composición, de cuestiones plásticas que forman parte indisociable de la historia que cuentan. A la hora de la escritura, ¿en el guión incluyes cómo se articula la imagen y las cuestiones plásticas, o prefieres que en él sólo esté estrictamente la acción?

RC: Depende. Cuando tengo el control de la producción sí que especifico muchas cosas que van más allá de lo técnico y que atienden más bien a lo narrativo. Cuando otros van a hacer la  evaluación del guión, sobre todo si tienen capacidad decisoria, prefiero eliminar esas referencias que muchas veces entorpecen la lectura; e incluso, a veces, mantengo determinadas réplicas que sé que luego en el rodaje voy a sustituir por una mirada, o por un contexto que va a dar la suficiente información como para poder eliminar respuestas que serían subrayados o que serían enunciaciones literales de cosas que deben percibirse y no escucharse en un diálogo.

RM: Hablaba al principio de similitudes y visión común en varios aspectos clave de tus películas, aun cuando unas han partido de ti y otras se te han ofrecido. Entiendo que, cuando te planteas si aceptar o no un nuevo proyecto, con el que al fin y al cabo vas a convivir durante mucho tiempo, no estés necesariamente buscando que tenga que ver con tus películas anteriores; pero pienso que quizá se establece una coherencia natural en la elección, dado que inevitablemente los temas, o los planteamientos, o los enfoques narrativos que te puedan interesar, van contigo por más que entre la producción de unas y otras pueda pasar mucho tiempo y las hagas en momentos muy distintos de tu vida.

RC: La forma en que se enfocan las elecciones muchas veces parte de una interpretación lineal que no tiene mucho que ver con la realidad. La razón por la que a veces se hacen unas  películas y no otras, o porqué unas películas se hacen antes que otras, puede tener que ver con cosas tan pedestres como que un actor se rompe una pierna y pierde el espacio temporal en el que podía hacerse la película, y al caerse el actor cae la financiación; y puede suceder exactamente lo contrario, como que al romperse la pierna el actor de una película ésta se pospone y otro de ellos queda libre y levanta, entonces, un proyecto que iba a ser el tercero del director y ahora, de repente, pasa a ser el primero de la lista.

Cuando arrancó la preproducción de ‘Blackwood’ estaba trabajando en tres proyectos en paralelo, con consideraciones completamente distintas: uno de ellos, una historia absolutamente personal, original; otro, una adaptación personal de una novela, y el tercero de ellos era ‘Blackwood’. Siendo los tres absolutamente diferentes, respondiendo a géneros diferentes y con presupuestos distintos, inevitablemente tienen que resonar con lo que es uno, si uno ha de sentirse interesado por ellos; por eso es normal que el exégeta, o el crítico, pueda encontrar elementos comunes en las decisiones, ya que responde a tu mundo interno. También es verdad que en otras ocasiones se buscan esas rimas y esas líneas de continuidad de forma más bien perezosa y atendiendo a elementos externos perfectamente contingentes y despreciables, pero las coincidencias comunes también existen y son inevitables. En mi opinión, cuando un director hace diez películas y no se parecen nada entre sí es una mala noticia.

RM (Río): En ese caso podemos quizá estar ante un director, pero no ante un cineasta…

RC (Ríe): Es paradójico: a priori daría la impresión de tratarse de una virtud… Sin embargo, si pensamos en los más grandes directores, ya se trate de Hitchcock, de (John) Ford, de (Luis) Buñuel, o  de (Federico) Fellini, generalmente bastan cinco minutos para reconocer en sus películas un universo personal, aunque éstas sean entre sí radicalmente distintas.

RM: A propósito de esta cuestión, una de mis lecturas predilectas es el ‘Discurso sobre el estilo’ (2), del Conde de Buffon, en el que expone que “el estilo es el hombre mismo”.

RC: No he leído ese texto, que rescataré de inmediato. Pero creo que la obra de cualquier creador que esté dispuesto a dejarse cosas de sí mismo en el camino creativo acaba siendo, de forma inevitable, la expresión de sí mismo.

Notas:

1.- The Archers es el nombre de la productora creada en 1939 por el cineasta inglés Michael Powell y por el cineasta húngaro Emeric Pressburger, dando lugar a una de las colaboraciones artísticas más ricas e impresionantes de la historia del cine.
2.- Georges-Louis Leclerc, Conde de Buffon (1707-1788). ‘Discours sur le style’, discurso pronunciado el 25 de Agosto de 1753, con motivo de su ingreso en la Academia Francesa.

Películas citadas, por orden de mención:

‘Blackwood’ (2018), dirigida por Rodrigo Cortés.
‘Concursante’ (2007), dirigida por Rodrigo Cortés.
‘Buried’ (2010), dirigida por Rodrigo Cortés.
‘Luces rojas’ (‘Red Lights’; 2012), dirigida por Rodrigo Cortés.
’15 días’ (2000), dirigida por Rodrigo Cortés (cortometraje).
‘Las zapatillas rojas’ (‘The Red Shoes’; 1948), dirigida por Michael Powell y Emeric Pressburger.
‘Los cuentos de Hoffmann’ (‘The Tales of Hoffmann’; 1951), dirigida por Michael Powell y Emeric Pressburger.
‘Narciso negro’ (‘Black Narcissus’; 1947), dirigida por Michael Powell y Emeric Pressburger.
‘Rebeca’ (‘Rebecca’; 1940), dirigida por Alfred Hitchcock.
‘Picnic en Hanging Rock’ (‘Picnic at Hanging Rock’; 1975), dirigida por Peter Weir.

El director Rodrigo Cortés durante un instante de la entrevista con Rafael Maluenda. @insideofjamrock

El director Rodrigo Cortés durante un instante de la entrevista con Rafael Maluenda. @insideofjamrock

Rafael Maluenda