Carlos García. 15 kg de acrílico. 150 cm diámetro. 2011. Imagen por cortesía del artista

La pintura subversiva de Carlos García

Carlos García Peláez
Casa Bardín
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
C/ San Fernando, 44. Alicante
Hasta el 7 de mayo de 2013

Carlos García. Mala pinta. Gouache sobre papel. 113 x 137 cm. 2012. Imagen por cortesía del artista

Carlos García. Mala pinta. Gouache sobre papel. 113 x 137 cm. 2012. Imagen por cortesía del artista

Carlos García precisa necesariamente del contacto con la sociedad. Lo social y lo mediático son factores esenciales para su proceso creativo. Por tanto, precisa de las herramientas propias de los medios de comunicación de masas para luego, si bien en su introspección, investigación y planificación conceptual o no, elaborar, manufacturar y/o producir una obra o proyecto artístico. Carlos utiliza los códigos tanto como reflejo como residuo cultural, construyendo una subversión o deconstrucción de los mismos códigos.

El signo extraído de su propio contexto e insertado en otro deriva en un mensaje de carácter polisémico y proporciona experiencias inéditas. La naturaleza del público cambia,  la realidad cambia,  para representarla los modos de representación deben cambiar. La desacralización de la imagen en los medios de comunicación masivos  se sacraliza en las obras de Carlos García mediante el hecho pictórico. Pasan de imagen virtual a objeto físico. Como lo es su pieza 15 Kg de acrílico con la forma y el color de un smiley. Es un ejemplo de una serie de piezas cuyo aspecto lo debe al procedimiento pictórico empleado. Trabaja la pintura mediante la superposición de una serie de capas de acrílico que, una vez secas, se despojan del soporte para adquirir un aspecto blando y epidérmico. Y es que cada una de sus piezas cobran un significado nuevo y mutante durante el proceso pictórico en base al resultado que proporcionan experiencias, accidentes y efectos técnicos.

Desprovisto de prejuicios se nutre o se inspira de las imágenes descargadas de google. Los instrumentos se tienen que inventar antes de que alguien los utilice para crear. En todo su proceso creativo hay una interpretación de toda una iconografía popular. Parte de un origen de trabajo colectivo remasterizado y mutante. Carlos G. es un apropiacionista de la cultura visual de masas pero también es consumidor. En el seno de la sociedad tradicional se han gestado condiciones sociales y económicas, a la par que los necesarios factores técnicos, para que la imagen deje de ser patrimonio de unos pocos, para que se democratice de modo efectivo. La imagen se multiplica, enriqueciéndose el repertorio de posibilidades expresivas. Ya no se trata de que muchas personas posean imágenes idénticas sino que se somete y se enfrenta a la repetición del mismo mensaje icónico de forma reiterada en un intercambio de información.

A Carlos García le llama la atención un grupo social representado por la forma de comunicarse los adolescentes, los llamados la «igeneración», y por las formas de representación en base a una iconografía popular. Por ejemplo, le interesa como icono de identificación de un grupo heavy un bocadillo de chorizo que lleva en la mano un joven en la fotografía de Miguel Trillo A la salida de un concierto de Barón Rojo, Madrid 1984.  El bocadillo de chorizo se convierte en el elemento principal de una de sus obras.

“El arte es un producto social” afirma Janet Wolff. Cualquier objeto, imagen o proceso que aparezca ante el espectador puede pasar, o no, a categoría de artístico. Lo artístico, en principio, es lo susceptible de ser «museable», y es mesurable, tiene un peso, una forma, un tamaño, etc.

En su propuesta para el espacio del Instituto Juan Gil-Albert centra su interés en poner en evidencia unos parámetros donde se inscriben la realidad cotidiana, así como los diferentes modos de actuar e intercomunicarse.

Aunque para esta ocasión sólo presenta pintura y objetos, el graffiti, y el vídeo son recursos habituales en su producción en los últimos años. Para Carlos la pintura se mantiene en su acepción tradicional desde la representación de la imagen. Su trabajo adquiere un tono irónico a través de la propia narración absurda de los objetos. Se trata de guiños que transfiguran una realidad de consumo, recreando un constante sistema de signos y sintaxis. Son elementos que aunque poseen autonomía cobran nuevo y más poderoso significado al considerarse como un todo.

El propio artista comenta que el proyecto Descansa todo lo que necesites, sin pena ni gloriabusca establecer  relaciones entre la imagen, el icono y lo anecdótico, considerando lo anecdótico en la construcción, alteración y reutilización de ciertos iconos.

Begoña Martínez Deltell, comisaria.

Carlos García. 15 kg de acrílico. 150 cm diámetro. 2011. Imagen por cortesía del artista

Carlos García. 15 kg de acrílico. 150 cm diámetro. 2011. Imagen por cortesía del artista

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