Bad Bunny. Super Bowl 2026

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Tras el paso de Bad Bunny por la Super Bowl 2026

Puerto Rico, la última colonia española en América hasta 1889, ha sido la cuna de muchísimos artistas reconocidos, admirados y queridos por el mundo entero. La más pequeña isla de las Antillas Mayores ha sido un caudal de talento en todas las áreas posibles: en la música, en la literatura, en la industria cinematográfica, en los deportes… Sin mencionar nombres, por lo extenso que resultaría la lista y por temor, pánico, a excluir a alguien injustamente por puro despiste.

Ahora bien, el fenómeno de la nueva y máxima figura de la cultura popular, Benito Antonio Martínez Ocasio, alias Bad Bunny, merece una reflexión desde muchos ángulos. Como en términos cronológicos, para bien o para mal, yo pertenezco a una generación anterior a la del famoso intérprete puertorriqueño, además de haberme pasado la vida entera viajando fuera de la isla y ser un ferviente amante de la música romántica, en especial la que le pertenece a mis padres y abuelos, a estas alturas se me escapa la trayectoria musical de Bad Bunny en su totalidad.

No pretendo excusarme ni disculparme. Simplemente, esa es mi realidad. Considerando que también tuve la dicha o el privilegio de haber sido ungido desde niño por Noel Estrada (el compositor de ‘En mi viejo San Juan’ y el resto de su obra musical), por ser parte de mi familia inmediata y haber estudiado música en el Conservatorio de Música de Puerto Rico desde adolescente hasta entrar a la universidad.

Pero esta reflexión no es sobre mí ni de mi falta de conocimientos acerca de los últimos diez años de arduo trabajo, del desarrollo y la evolución artística y profesional de Martínez Ocasio. Aun así, he podido comprender y apreciar, con mucho orgullo y satisfacción, la dimensión de su éxito, su misión cultural y su compromiso social con el pueblo de Puerto Rico.

Bab Bunny. Super Bowl 2026
Bad Bunny durante su actuación en el descanso de la Super Bowl 2026.

Mi apreciación y mis palabras son solo una reacción a lo que tantas gentes han podido observar y disfrutar durante la realización de su recién espectáculo en el descanso del Super Bowl 2026, que acaba de celebrarse hace solo tres de días en Santa Clara, California, para una audiencia de unos 128 millones de espectadores del encuentro final entre los dos equipos contrincantes, o de la misma fanaticada que, año tras año, espera con todo el entusiasmo del mundo el evento deportivo-social-cultural más importante de los Estados Unidos.

De los sesenta años de historia del Super Bowl, su edición de este año se distinguía de todas las anteriores por haber seleccionado, propuesto y aceptado por primera vez a un artista latino-hispano-puertorriqueño, que protagonizaría el esperado espectáculo de mitad de tiempo en español. Y no por puro capricho ni coincidencia.

Al ofrecerle el halftime show a Bad Bunny, la NFL sabía de sobra lo que estaba haciendo. Se trataba de invitar al máximo representante de la cultura popular no solo en los EE. UU., sino a nivel internacional en estos momentos. Y Bad Bunny, en el pináculo de su carrera artística, no perdió la oportunidad.

Si, tradicionalmente, el intermezzo musical-artístico-cultural de la Super Bowl se espera que sea algo extraordinario y fuera de serie –tipo Broadway, con fuegos artificiales y todos los recursos inimaginables, y tan sensacional como fuese posible–, Benito Antonio de Puerto Rico se encargaría de eso y de mucho más. La expectativa era muy grande y el resultado de su actuación –y su ejecución con sus queridos invitados y amigos Lady Gaga y Ricky Martin– sería algo magistral. Histórica, también, en muchos sentidos.

Era el momento preciso para Benito de poder lucirse desde su aventajada posición artística, y así lo hizo. No hablamos solamente en el aspecto musical, sino de su protagonismo como portador de un mensaje muy especial, en un momento histórico y sociopolítico sumamente sensible y crucial debido a la tensión generada en todo el territorio norteamericano por las nuevas tendencias y políticas migratorias.

Entonces, Benito, en la piel de Bad Bunny, con su estilo tan particular, aprovechó cada uno de los trece minutos designados a su intervención por medio de la narración de todos los episodios relacionados con su cultura puertorriqueña a los que pudiera echarle mano, para así poder hilar su discurso y exponer su punto de vista de la manera más sutil y sublime posible por la defensa de su isla en todas las dimensiones imaginables. Solo habría que echarle un vistazo y considerar la cadena de acontecimientos negativos que ha sufrido Puerto Rico durante la última década, desde el paso del huracán María hasta el presente, incrementadas, a su vez, por su factor isleño, aun siendo territorio americano.

Sin temor a equivocarse, nuestro personaje, Bad Bunny, supo interpretar, tal vez como nadie más lo hubiese podido haber hecho, un papel de abogado de cada causa probada en contra de los puertorriqueños, víctimas de todas las calamidades posibles desde el ciclón tropical de 2017 hasta la actualidad. Aún más, en su campaña en defensa de los suyos, disfrazado de artista, hace eco e incluye, de paso, a todos los hispanos y latinoamericanos por igual. Y lo logra realizando su papel de abogado defensor, pero con todo su amor y fiel a su lema: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.

Bad Bunny. Super Bowl 2026
“Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Bad Bunny en la Super Bowl 2026.

Desde mi humilde papel de espectador, solo puedo expresar mi orgullo, mi admiración y mi esperanza de que todo lo realizado por Bad Bunny, independientemente de la calidad, la grandeza y la autenticidad de su producción musical. Así perdure su obra humanitaria por todos los hispanos, nuestra lengua española, nuestra música y nuestra cultura, dentro del contexto sociopolítico norteamericano y en todos los rincones del mundo, y sea valorada con dignidad e igualdad.

Me resta felicitar a nuestro querido Benito, independientemente de lo político y de sus sentimientos puertorriqueños, por su papel defensor de la lengua y la cultura española, habiendo logrado mucho más durante sus trece minutos de gloria el domingo pasado, en el más grande e importante escenario/plataforma norteamericana posible, lo que tal vez ni en todo un año todos los Institutos Cervantes hubiesen podido promulgar y alcanzar.

Sin todavía poder contabilizar las consecuencias de lo que implica el alcance de la promoción de la lengua y la cultura española a largo plazo gracias a Bad Bunny, no dudo que también sea candidato y recipiente del próximo Premio de la Princesa de Asturias por su histórica labor en pro del español.

Si un día, de la noche a la mañana, perdimos la nacionalidad española, convirtiéndonos en ciudadanos americanos sin ni siquiera habernos consultado, es curioso y sumamente admirable lo que un solo puertorriqueño ha podido realizar el pasado domingo en la Super Bowl 2026.

Benito Martínez Ocasio ha defendido nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra presencia en los Estados Unidos de América, justo en uno de los momentos históricos más difíciles y conflictivos de nuestra historia.

Enhorabuena por el artista puertorriqueño, que ha sabido hacerlo correctamente en el momento preciso, estando en la cumbre de su carrera y compartiendo el momento más sublime de todo su éxito con el resto de Puerto Rico y la cultura hispana en los Estados Unidos.

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