Jerónimo Hagerman

Artfulness o la plenitud del arte

Artfulness, comisariada por Nerea Ubieto
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 17 de febrero de 2018

“Un arte de la conciencia plena”. Ése es el objetivo de la exposición Artfulness comisariada por Nerea Ubieto y que reúne en el Centre del Carme piezas de nueve artistas. La escisión entre el arte y la vida, que las vanguardias históricas quisieron disolver, prosigue su camino en la muestra de Ubieto, que pretende desdibujar “los dualismos cimentados en una ontología de la conciencia (interioridad-exterioridad, sujeto-objeto, alma-cuerpo, yo-otro) a favor de una filosofía del cuerpo y del nosotros ligada a la fenomenología de Merleau-Ponty”. He ahí la declaración de principios de la comisaria, que los nueves artistas evocan en sus respectivas instalaciones.

Ninguna distancia estética de por medio, sino la franca disolución de las formas que el espectador, más que contemplar, debe sentir como si fueran parte constitutiva de sí mismo. La exposición, dice la comisaria, “es una llamada a la escucha, a tomar conciencia de lo que sentimos –a través de nuestro cuerpo- al estar en contacto con el mundo, esa parte de nosotros que nos une irrefutablemente al otro”. Esa ligazón al otro y a las formas que vienen a ser su correlato, guarda relación con el movimiento romántico que antecedió a las vanguardias.

Elena Alonso

En primer plano, obra de Elena Alonso, al fondo, montaje de Paula Prats. Imagen cortesía del Centre del Carme.

De ahí que el recorrido expositivo esté planteado para guiar al espectador hacia el encuentro del otro, no alguien aislado, cuyas formas lo separan del conjunto, sino conformado por el plural nosotros que transmiten las obras. Un recorrido, por tanto, trazado “desde las sensaciones encarnadas en las piezas, hacia un pensamiento integrador en el que se entiende al otro como continuación del cuerpo propio”, señala Ubieto. Recorrido que la comisaria estructura en tres fases comunicadas entre sí.

Las instalaciones de Elena Alonso, Paula Prats y Beatriz Castela vendrían a representar, o más bien presentar, “la percepción como vía de apertura al mundo”, por utilizar las palabras de la propia Ubieto. Percepción de una sinuosa estructura que invita a ser tocada (Alonso), de unas fotografías de tamaño variable sobre aspectos diversos de la naturaleza (Prats) y del color que se transforma sin fin (Castela). “La muestra invita a desplazar el yo hago y yo pienso, por el yo siento”, de manera que cierto sentimiento oceánico se apodere del espectador en una especie de viaje psicodélico.

Everything is circular until is not, de Rosana Antolí. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Everything is circular until is not, de Rosana Antolí. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Una segunda fase remitiría al cuerpo “como pliegue entre realidades erróneamente separadas”, que vendrían de nuevo a enfatizar “la identificación entre ser y sentir”, y en la que estarían los trabajos de Damià Vivés, Marta Fernández Calvo y Jerónimo Hagerman. En esta fase, las pulsaciones juegan un papel fundamental, como lo revelan los sonidos captados por Vivés, las camas de olor de Hagerman y los latidos del corazón grabados por Fernández Calvo, tras correr durante horas por el propio Centre del Carme para medir el espacio a impulsos.

La tercera fase que cierra el conjunto expositivo evidencia, según la comisaria, “la corporalidad como un continuum de significaciones, que nos trascienden y posibilitan pensarnos desde lo común. Leonor Serrano, Rosana Antolí y Olalla Gómez son las artistas encargadas de transmitir esa ligazón del sujeto y el objeto, no exenta de sinuosidades (Serrano), misteriosos destellos lumínicos (Gómez) y la circularidad envolvente del juego del hula hoop (Antolí). Artfulness se postula “más allá de las fronteras del pensamiento”, abriéndonos “las puertas a un horizonte común”, concluye Ubieto. Un horizonte que evoca al imaginario Shangri-La.

Camas de olor, de Jerónimo Hagerman. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Camas de olor, de Jerónimo Hagerman. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

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