STUFF-GALLERY12

Ángela Cuadra y Eva Fàbregas en JosédelaFuente

The stuff that surrounds us. Ángela Cuadra y Eva Fàbregas
Galeria JosédelaFuente
C/ Daoiz y Velarde, 26 Santander
Hasta el 7 mayo de 2016

Ángela Cuadra y Eva Fàbregas con The stuff that surrounds us, nos presentan una exposición flotante como un barco lanzado a la aventura, donde desprenderse de lo estancado para ahondar en una aporía organizada alrededor de obras esparcidas, como si de restos de una deflagración controlada se tratara.

Las pequeñas tablas que Ángela Cuadra instala presentan franjas de color, negras y amarillas, yuxtapuestas a una acumulación de gotas diminutas y errantes de colores vivos. Manchas erráticas que en su elogio al anacronismo, Didi-Huberman individuaba en los frescos que Fra Angélico pintó en el Convento de San Marcos en Florencia en el siglo XV, y que al acercarlos con el drippingde Pollock, inesperadamente, se iluminan de otros posibles relatos y percepciones. El anacronismo fructuoso aflora justamente en la experiencia del desfase.

Una vez superada la aparente confusión del primer vistazo, observando la heterogeneidad azarosa que nos rodea, quizás aflore la experiencia del distanciamiento, a través de una mirada caleidoscópica adulterada.

A través de A shell, many shells, Eva Fàbregas muestra una serie de imágenes del hueco de una concha que, escaneado periódicamente, alterna situaciones de estasis con ligeros movimientos del escáner. A las imágenes así obtenidas, la artista añade capas flotantes de vinilo coloreado que, como un relámpago caído sobre el objeto representado, incrementa el desplazamiento de la luz. El hueco de la concha detuvo en su interior todos los tiempos de su lento desarrollo orgánico y ahora se abre frente al espectador bajo la semblanza de una acumulación de estratos de luces, aire, distancias y cercanías.

Algo pasó y sucesivos movimientos de asentamiento incumben ahora en la sala. Las imágenes dialécticas producen un destello de tiempos heterogéneos que revividos entre pliegues no se dejan reducir a una coherencia domesticada. Las obras de Ángela Cuadra y Eva Fàbregas funcionan como mundos en miniatura, su exposición como una aldea de singularidades donde la vida en común es organizada según rituales que ensalzan el trance procesual. Este proyecto expositivo desplaza nuestro punto de vista increpándonos a re-plantearnos aquello que nos rodea.

Detalle de la exposición "The stuff that surrounds us", 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “The stuff that surrounds us”, 2016. Cortesía de la galería.

En los nuevos lienzos de Ángela Cuadra, emerge un verde que poco tiene de naturaleza y que apunta decididamente hacia el mundo del diseño, posicionandose con cierta aparente vehemencia en el centro de la composición, sin embargo sólo aguarda abdicar en favor de unos elementos decorativos que ya lo rodean y, calladamente belicosos, se acercan para destronarlo. La artista organiza sus pinturas desde los bordes; sin apresurarse tras un esquema compositivo previo, se entrega gozosamente a una parte del cuadro para luego alejarse y volver a dedicarse enteramente a otro fragmento. Aparecen detalles que bien podrían pertenecer a trozos de paredes o suelos, fragmentos de un grutesco en ruinas medio oculto bajo la vegetación. Restos que, juntos al verde artificial, configuran una especie de columpio para el espectador, un montaje de singularidades que nos lleva hacia delante y hacia atrás.

Las malas hierbas, también errantes, que Eva Fàbregas dispone en el espacio de la galería se esparcen bajo la semblanza de una ‘ecología entrópica’ transformando el terreno por el que transitan. La artista instala en los intersticios del suelo unos diminutos ensamblajes de material heterogéneo con un componente táctil que parece contagiar sus alrededores.

Detalle de la exposición "The stuff that surrounds us" 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “The stuff that surrounds us” 2016. Cortesía de la galería.

 Las dos artistas de The stuff that surrounds us organizan sus obras desde los rincones, se aventuran por andamios formales y conceptuales que remiten al grutesco, como hierbas salvajes que por medio del ornamento acaban dominando el espacio. Y por medio de estrategias de suspensión temporal, rodean y cautivan aquel espectador que se asome a la exposición. 

 

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