#MAKMAArte
‘El ritual del respawn’, de Ana Esteve Reig
Hasta el 5 de abril de 2026
‘Circuito cerrado’, proyecto comisariado por Cayetano Limorte
Con los artistas Marta Azparren, Ana Esteve Reig, EXONEMO, Inma Femenía, Jean Genet, Takahiko Limura, Almudena Lobera, Aya Momose, Arata Mori, Laura Ramírez Palacio, Manuel Saiz, Kentaro Taki y Kei Uruno
Hasta el 21 de abril de 2026
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
El filósofo Rüdiger Safranski se pregunta: ‘¿Cuánta verdad necesita el hombre?’, siendo esta misma cuestión el título del propio ensayo. Una verdad a la que aspiramos por cuanto “la conciencia nos separa de nosotros mismos y del mundo”, apunta el autor del libro, convirtiéndose esa aspiración en un empedrado camino de búsqueda de cierta unidad perdida.
Esa “gran comunión”, que vendría a ser la disolución de la barrera que separa lo interior y lo exterior, “conlleva el intento de eliminar la alteridad”, señala Safranski, “que el otro se vuelva igual a mí. Sin embargo, ese mundo de armonía también está plagado de hostilidad, “porque tarde o temprano el otro querrá zafarse de las imágenes en las que el anhelo de unidad ha pretendido encerrarlo”.
Valga esta introducción para señalar los puntos de conexión existentes entre los proyectos de Ana Esteve Reig, ‘El ritual del respawn’, y de Cayetano Limorte, ‘Circuito cerrado’, en este último participando 13 artistas de diferentes disciplinas artísticas, presentados en el Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) de València, donde estarán hasta abril.

Ambos reflexionan, desde ángulos distintos, acerca de ese anhelo de unidad, ya sea a través de las tecnologías, como hace Esteve Reig, o de la empatía articulada “mediante pactos y negociaciones lingüísticas”, por utilizar una expresión del propio Limorte. Ahora bien, mientras la primera centra sus pesquisas en el terreno de lo virtual como espacio donde puede emerger cierto misticismo, el segundo lo hace revelando la ilusión que el propio lenguaje comunicativo genera, comportándose como ese “circuito cerrado” incapaz de escuchar el misterio que nos habita.
“Hay que ir con el lenguaje más allá de lo lingüísticamente comunicable”, es decir, hacia “lo indecible”, sostiene Safranski. En este sentido, tanto Esteve Reig como Limorte lo hacen: esto es, hurgan en sus respectivas áreas de interés con el fin, al menos, de cuestionar los límites del encierro al que nos abocan, por una parte, los universos virtuales que propician las tecnologías, y, por otra, los angustiosos a los que pude dar lugar “la cárcel del lenguaje”, según expresión de Friedrich Nietzsche.
‘El ritual del respawn’, según explicó la propia artista, hace referencia al término respawn utilizado en el lenguaje de los videojuegos, lo cual implica la acción de volver a aparecer en el juego cualquier entidad destruida con anterioridad. “Algo así como la simulación de su reencarnación”, precisó la autora de las dos videoinstalaciones que integran la exposición.

Así, en ‘Gamer dreams’ (‘Sueños del jugador’), el espectador se sumerge, mediante diversos travellings y planos fijos, en aquellos espacios físicos objeto de la experiencia virtual, desde un centro de datos a un cibercafé, pasando por un centro de competición de eSports y un templo budista.
Mientras que en ‘El ritual del respawn’, que da título al conjunto expositivo, se ofrecen testimonios de diversos jugadores en torno a la vida y la muerte, en el interior de esos entornos virtuales. “Me alejo de la idea más extendida de los efectos que produce el abuso de la pantalla, para dar luz a otro tipo de historias”, subrayó Esteve Reig, quien se refirió al libro ‘TecGnosis’, de Erik Davies, como parte de esa mirada diferente sobre la tecnología.
En ese ensayo, Davies contradice la predicción que vaticinaba el desencantamiento del mundo por culpa del avance de la razón tecnológica, navegando el autor, según se apunta en la sinopsis, por “las profundas aguas del tecnomisticismo”. Aguas en las que igualmente se sumerge la artista mediante ‘El ritual del respawn’, buscando trascendencia allí donde, paradójicamente, reina un ser que simula ser real sin serlo.
Los artistas que integran el proyecto comisariado por Cayetano Limorte diríanse, por el contrario, ubicados en otras profundidades: las de la caverna de Platón. De manera que, sabedores del reino de apariencias que los encadena en la cárcel del lenguaje como artificio o ilusión, se debaten entre revelar tamaño constructo imaginario, “que enmascara la imposibilidad última de compartir plenamente la experiencia interior”, o tratar de escapar del ‘Circuito cerrado’, aunque tal vía de escape no suponga más que su reformulación “bajo nuevas condiciones”, según apuntó Limorte.

La exposición pone en escena ambas actitudes. Así, las obras de Inma Femenía, Takahiko Limura, Almudena Lobera, Laura Ramírez Palacio, Kentaro Taki, Manuel Saiz y Kei Uruno “indagan en la creación del yo, del otro y de lo real como elaboraciones mediadas por el lenguaje y los dispositivos de percepción”, poniendo de manifiesto “la fragilidad de los estratos de sentido que organizan la experiencia”. He ahí la melancolía propia de quien percibe la falta de sentido, allí donde el lenguaje se reduce a puro instrumento de comunicación sin alma.
La otra actitud, ejemplificada en las obras de Marta Azparren, EXONEMO, Jean Genet, Aya Momose, Arata Mori y la propia Ana Esteve Reig “confrontan el deseo de trascender esa clausura”, apuntó Limorte, aunque tal trascendencia conlleve una especie de eterno retorno de lo mismo: el sujeto atrapado en la malla de un lenguaje que solo a través de su carácter poético puede dejar atrás su más triste condición de mera herramienta comunicativa.
Ana Esteve Reig aboga por el misticismo a que puede dar lugar la experiencia virtual, siguiendo la ‘TecGnosis’ de Erik Davies, mientras que Cayetano Limorte, mediante los trabajos de escultura, dibujo, cine y videoarte de 13 artistas, acusa el solipsismo de quienes, encerrados en su yo como prolongación del otro (“percepción del otro como autopercepción”, según el comisario), anhelan romper las cadenas de un lenguaje insuficiente a todas luces para despejar las sombras que los abaten.

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