Adsuara

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Contracampo
Escuela de Cine e Interpretación ante la Cámara
Alberto Adsuara y Samuel Navarro (Absurdara)
De octubre de 2026 a enero de 2027

Alberto Adsuara, director, guionista, analista de cine y, como figura en su cuenta de Linkedin, “Filmmaker libertario y canónico”, estrena junto con su compañero Samuel Navarro, montador y cámara, su primera Escuela de Cine e Interpretación ante la Cámara en València.

Los miembros de la productora Absurdara se embarcan en el mundo de la formación actoral con su proyecto Contracampo, aunque la enseñanza no resulte nada nuevo a ninguno de los dos, que imparten clase en la Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT). El curso tendrá una duración de cuatro meses y no admiten matrícula online. Como indica su página web: “La admisión es una conversación”.

¿Qué es Contracampo y qué la diferencia de una escuela de cine convencional?

Alberto Adsuara (AA): Contracampo es una Escuela de Interpretación ante Cámara, pero no es una escuela de cine. Todo lo que se lleve el alumno o alumna de la escuela será de calidad técnica y estética. Solo dependerá de la capacidad interpretativa que tenga como estudiante. La diferencia es esa. En vez de llevarse un diploma, se van a llevar un par de escenas grabadas profesionalmente.

Ambos sois los docentes y juntos formáis Absurdara. ¿Cómo nace vuestra productora?

AA: Cuando conozco a Samuel, le digo que me ayude a hacer algunas cosas. Entonces, empieza a ayudarme y nos tiramos un año y medio haciendo chorradas hasta que nos planteamos hacer una primera película.

Samuel Navarro (SN): Me acuerdo de que me ayudaste a hacer el trabajo de fin de grado (TFG). Entonces, ahí me ayudaste con parte del guion.

AA: Ahora producimos nosotros con nuestro bolsillo y no aceptamos subvenciones. No las queremos ni aunque nos las den, porque lo que queremos es hacer lo que nos da la gana y uno solo hace lo que le da la gana si se lo paga de su bolsillo.

¿Cómo aparece este proyecto?

AA: Nació precisamente porque teníamos ganas de hacer una escuela de cine y lo fuimos reconvirtiendo hacia escuela de interpretación. Creemos que podemos aportar algo distinto a las otras escuelas.

SN: Empezamos a buscar gente para la escuela de cine y todos los que nos venían eran mayormente actores. En su momento, queríamos hacer una especie de mix en la clase que hubiese varios actores y luego técnicos. Entonces, cada uno se podía retroalimentar. Y al final es hacer una única escena todos juntos. Pero veíamos que, de un grupo de ocho personas, los ocho eran todos actores los que nos venían a pedir información.

AA: No me acordaba yo de eso y tienes toda la razón, Samuel. Fíjate si hace tiempo.

Contracampo. Alberto Adsuara y Samuel Navarro (Absurdara)

¿Por qué apostar por una escuela de cine física en un tiempo en el que gran parte de la formación predomina en el entorno virtual?

AA: Yo no tengo absolutamente ninguna duda, porque llevamos siete películas y cuando ha sido necesario hacer ensayos virtuales, los hemos hecho. Pero hemos hecho, también, ensayos no virtuales. Y la conclusión es apabullante: se aprende muchísimo más con el contacto físico que a través de la virtualidad.

Entonces, ya no es una cuestión de conservadurismo ni de antitecnología. Es una cuestión de eficacia. Cuando voy al teatro, siempre me ha gustado estar en las primeras filas para que me cayeran las salivillas de los actores, para verlas al trasluz.

SN: Además, aquí también, en el momento en el que estén los alumnos y Alberto les esté dando las lecciones, lo vamos a ir grabando y esas mismas grabaciones se les van poniendo para que ellos las revisen. Entonces, en ese caso, también es muy bueno que estén aquí presencialmente para las dos cosas. El sentir que al resto también les están viendo y que se están viendo.

¿Cuál consideráis que es la parte más complicada de formar a una persona que quiere ser actor o actriz?

AA: El amor propio. Hay veces que te encuentras con un montón de gente que tiene tanto amor propio que le sabe mal que le corrijas. Que esté dispuesto a no tener amor propio y dejarse llevar cuesta mucho. Yo les digo a todos: “Tienes que confiar en mí; si no confiáis en que cuando yo os digo algo que no está bien, no avanzamos”.

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La formación apuesta por el análisis de escenas antes de ponerse directamente delante de la cámara. ¿Por qué habéis considerado que este es el mejor método para enseñar?

AA: El cine reclama tanto de tu emoción y tus sentimientos que te obvia las partes más técnicas. Solo cuando te comparas con algo que está muy bien hecho entiendes por qué está muy bien hecho. Se ven a sí mismos y analizan la película, la despiezan, porque eso es lo que es un análisis: destrozar para analizar por partes.

SN: La idea final debería ser que el plano que se grabe me haga a mí la vida más difícil a la hora de editarlo; que yo no sepa exactamente cuál debo usar porque todo está bien. El ideal de un actor debería ser ese: ponérselo supercomplicado al montador.

¿Cuál es el trabajo de un montador?

SN: Mi caso, concretamente, es un poco especial porque yo estoy en todas las fases del desarrollo de nuestras películas. Cuando graban una toma de cinco minutos con seis planos distintos, es ahí donde entra realmente el trabajo de un montador, que es verlo todo. En el caso de Alberto y mío, estamos mano a mano porque siempre hemos estado, desde que él tiene el guion, mirando las escenas.

AA: El montaje es sumamente importante. El que monta es el que decide qué ritmo tiene la película. Rodamos lo justo porque tenemos una buena planificación. Además, los actores han pasado por el ensayo y el filtro de la aceptación nuestra porque él [señalando a Navarro] está en todo. Él va a estar con una cámara más pequeña y con una más grande haciendo cosas que, después, se van a sorprender de verlas en pantalla.

Si “la admisión es una conversación”, ¿qué buscáis conocer o encontrar a través de ella que no podáis descubrir mediante una videoconferencia?

AA: El compromiso, tener enfrente a la persona y cerciorarnos de que va a venir aquí a aprender y no a pasar el ratillo. El otro día vino a hacer un casting una chica de 18 años. Entra en esta casa; le puede gustar, pero no deja de encontrarse en un sitio desconocido donde no sabe que se va a encontrar con un calvo mayor como yo y otro con gafas de pasta. Tú la ves reaccionar ante esto y aquello en directo. Se está delegando mucho en lo virtual, pero no tiene otra explicación más que la económica.

¿Cómo creéis que nutre a ese alumno contar con vuestra formación y la experiencia de tener ya siete películas?

AA: Siempre he dicho que una persona puede saber mucho y no saber comunicarlo. No dudo que haya gente que sepa, pero una cosa es ser profesional del asunto; otra cosa es que seas un profesional activo.

Dios me libre de hablar mal de los demás, que no es la intención. Pero con nosotros se junta algo y es que hay siete películas que dan fe de lo que somos capaces de conseguir con actores y eso es impepinable.