Pedro Pertejo

#MAKMAArte
‘Mundo y espejo’, de Pedro Pertejo
Comisario: Juan González de Riancho
Sala Concepción Arenal
Centro Cultural Los Arenales
Ruíz Zorrilla 17, Santander
Hasta el 27 de octubre de 2026

Ojos que acechan a través de la oscuridad, figuras envueltas en sombras que miran más allá del lienzo en el que están encerradas, escrutando el exterior como si ello les otorgara la libertad. Una libertad que solo es un primer paso hacia la respuesta absoluta, esa que encierra la otra mitad, la que da forma y sentido a su mirada fija a una distancia tan inalcanzable como cercana.

Todo ello es lo que esconde a plena vista la muestra ‘Mundo y espejo’, del pintor leonés Pedro Pertejo. Con más de treinta dípticos repartidos por la Sala Concepción Arenal del Centro Cultural Los Arenales, el artista es capaz de llevar al espectador a lo más profundo de la psique a través de los intensos diálogos que crea entre sus obras y que sumergen los temores individuales que cada uno lleve arraigados consigo.

Con la oscuridad y las sombras como eje central de sus trabajos, un examen rápido no será suficiente para encontrar todo el simbolismo que encierran los dípticos de Pertejo. Siluetas y rostros se esconden a plena vista, buscando algo más que ser el centro de atención.

Unos rostros sombríos que, con un amplio abanico de miradas, atraviesan los lienzos anhelando algo más que el espacio habitado de ese interior sombrío y oscuro del cuadro. Por ello, el artista crea junto a esas figuras escrutadoras paisajes difuminados, sin contexto, en los que solo el rostro y la mirada enjaulada en el cuadro dan el verdadero valor a la imagen junto a él.

Como explica el comisario de ‘Mundo y espejo’, Juan González de Riancho, “en las pinturas establece un diálogo en justa correspondencia con el paisaje, que son los dípticos de la exposición”.

Sin embargo, no todas esas miradas dialogan pacíficamente con el lienzo que tienen al lado: algunos rostros rechazan categóricamente la imagen apartando la mirada, tratando así de evitar que el paisaje que encierra los haga rememorar rastros de una vida anterior de la que reniegan, huyen o simplemente odian. Otras, por el contrario, escrutan sin miramientos ni vergüenza a ese observador externo que, a su vez, las mira con detenimiento desde el otro lado del lienzo.

Díptico de la exposición ‘Mundo y espejo’, de Pedro Pertejo. Foto: Néstor Navarro.

Esas miradas directas y los paisajes indeterminados hacen que tanto los blancos como los negros se entrecrucen en el lienzo. La escritora Menchu Gutiérrez explica este cromatismo escogido por el leonés en el catálogo que acompaña la exposición: “El blanco y el negro se comportan aquí en los límites de sus posibilidades y producen reverberaciones, infinitos grises que parecen alumbrar nuevas experiencias del color, otra clase de temblor en la retina, hasta el punto de poner en duda nuestra percepción”.

Esta percepción a la que se refiere Gutiérrez es uno de los pilares en los que se sustenta el artista para provocar la inquietud –o una sensación perturbadora, si se prefiere la expresión– del espectador ante los dípticos que se presentan en este ‘Mundo y espejo’.

Trabajos que exploran terrenos ya descubiertos, sin que Pertejo los expulse de su imaginario. Uno de los dípticos que muestra la exposición presenta un rostro mitad humano, mitad planta, el cual tiene la mirada clavada en el espectador que se detiene frente a él. Una mirada fija e intensa que no abandona al visitante, y por mucho que este se desplace por la sala, puede sentir cómo esos ojos penetrantes vigilan tras de sí.

Este rostro es conocido en muchas culturas europeas como el Hombre Verde. Esta figura representa al guardián de la naturaleza, por ello Pertejo utiliza esa mirada pétrea para dar una reinterpretación contemporánea en la que integra a este ser mitológico como la conexión necesaria entre lo humano y la naturaleza y tender puentes entre ambos mundos.

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Junto a esta criatura, completando el díptico, un paisaje indefinido que para unos puede ser el amanecer de un bosque con su sol vespertino y las copas de los árboles meciéndose al son que marca la brisa, o un lugar cualquiera en el que una niebla espesa se ha cerrado sobre un lugar indeterminado que solo deja pasar difuminadas siluetas del exterior.

Con esto, el leonés no trata de reinventar ningún género artístico, tal y como apunta el profesor Francisco Calvo en su ensayo ‘Los géneros de la pintura’ (Taurus, 2005): “Los géneros artísticos no han desaparecido del arte, sino que es su jerarquía tradicional la que se ha visto alterada”. Una jerarquía que usa el artista para dar un mayor énfasis a esos rostros y equilibrar el statu quo entre la obra y el público.

La propuesta, repleta de lienzos fragmentados y separados de ‘Mundo y espejo’, es el resultado del trabajo de Pertejo a base de pigmentos y resina acrílica, entre otros materiales. Con ello, el leonés busca con ahínco dar la importancia necesaria a su mensaje, transmitido a través de estos dípticos que mezclan la mirada y la imagen.

Díptico de la exposición ‘Mundo y espejo’, de Pedro Pertejo. Foto: Néstor Navarro.

Estos lienzos de realidades deformadas, sus paisajes distorsionados y emborronados, parecen deshacerse a medida que aproximamos el ojo al lienzo, rememorando un momento de sosiego, donde la tranquilidad y el silencio son los mayores aliados de la composición.

Mientras, a su vez, las figuras nos muestran la máscara externa que todos exponemos, donde los sentimientos son un disfraz para los demás, tratando de armar una coraza alrededor del verdadero rostro interno, ese que denota los verdaderos pensamientos y emociones que cada cual atesora en su interior.

Pertejo deja atrás el bien y el mal; va más allá de eso, permitiendo al espectador que entre a valorar su obra y sea este el que tenga la última palabra. Una decisión difícil y personal, porque, como Menchu Gutiérrez escribe, “estamos muy lejos del positivo y el negativo, de la contundencia de un perfil, de cualquier límite”.