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‘La voz quebrada’, de Manuel Menchón
Reparto: Álvaro Morte, Francesco Carril, Joaquín Notario, Pedro Casablanc, Verónica Sánchez, Víctor Clavijo, María Galiana, Alberto San Juan, Federico García Lorca y Juan Ramírez de Lucas
Música: Iván Palomares
Fotografía: Javier Calvo
88′, España, 2026
Estreno: viernes 16 de octubre de 2026
Han pasado noventa años de la muerte de Federico García Lorca, un hecho que, aún hoy, sigue provocando todo tipo de debates y controversias, un misterio. Cada día, sin embargo, aparecen documentos que aportan nuevos detalles de la vida del poeta y dramaturgo.
Piezas que, si bien no acaban de despejar todas las claves, sí van completando poco a poco el cuadro, no solo sobre las circunstancias de su fallecimiento, sino sobre su propia personalidad. Su obra hablará siempre por sí misma, pero ¿qué hay del hombre, del ser humano?
‘La voz quebrada’, último trabajo del realizador malagueño Manuel Menchón, viene a aportar una de esas piezas a su imagen, una nota de color en una foto todavía en blanco y negro. El documental parte del hallazgo de los escritos de Juan Ramírez de Lucas (Albacete, 1917-Madrid, 2010), último amante del poeta.
Lorca y Juan establecieron una relación sentimental a pocos meses de la muerte del primero. Tal fue la intimidad que surgió entre ellos que pronto empezaron a hacer planes juntos, entre los que se encontraba un viaje a México al que Lorca había sido invitado por la actriz catalana Margarita Xirgu, que en ese momento estaba de gira por el país.
Ilusionado ante la posibilidad de salir de una España envuelta ya en un ambiente enrarecido, Lorca quiso que Juan le acompañara en esta aventura. Un inconveniente vino a entorpecer el proyecto: Juan todavía no era mayor de edad y necesitaba el consentimiento de su padre, un hombre tradicional que se opuso a la relación de Lorca con su hijo.
Esta circunstancia hizo que el viaje se retrasara. Entre tanto, se produjo el fatal desenlace. Juan ocultó esta relación toda su vida, un secreto que volcó en una serie de escritos que ahora salen a la luz, lo que abre una nueva mirada hacia un Lorca, como explica Manuel Menchón en esta entrevista, más próximo, más cercano.

Está la reciente película de los Javis, ahora tu documental y el año que viene Fernando Franco también estrena una película sobre su figura. Dejando un poco de lado el hecho de que este año se cumple el nonagésimo aniversario de su muerte, Lorca está de moda. ¿Cómo lo ves?
Te refieres a esto de ahora de ver a Lorca por todas partes… Mira, pues es que esto lo vemos así porque es España, pero si esto fuese Estados Unidos o Inglaterra, con Shakespeare, no habría ningún problema. De hecho, lo extraordinario es que no haya más obras sobre Federico García Lorca [risas].
Pero yo creo que este proyecto es muy diferente porque, primero, contiene material inédito y, sobre todo, porque parte de la realidad. No es una cosa de ficción ni una adaptación de Federico García Lorca.
En este terreno, lo que hay… La verdad es que, en fin, no quiero hablar mal, pero solo hay que recordar la serie que ha hecho recientemente RTVE contra la que todos los historiadores han salido al ataque [se refiere a ‘Lorca, las horas perdidas‘, criticado por distintos medios por lo que se ha querido ver como un ejercicio de revisionismo que despolitizaba la figura del poeta]. Esto es muy riguroso, están los documentos, no hay opinión… Es otra cosa.

¿Quién fue Juan Ramírez de Lucas? ¿Qué significó para el poeta?
Juan Ramírez de Lucas fue la última relación de Federico García Lorca. En concreto, fue la persona que estuvo con Federico los últimos cuatro meses de su vida. Y es muy importante –aparte de por ser la última pareja de Lorca y estar en los últimos episodios de su vida– porque no hay ningún testimonio de ninguna pareja de Federico García Lorca, y Juan dejó escrito, antes de morir, unos cuadernos que quería que vieran la luz tras su fallecimiento, relatando su historia con él.
Así que es un testimonio de primera mano, tanto a un nivel histórico, para conocer cuestiones de los últimos días de vida de Lorca, pero también para ver a un Federico más humano, una perspectiva que nos faltaba hasta ahora. Una persona humana que siente, que sufre. Era muy importante tener esa dimensión.
La película cuenta la historia de un azar. Según este relato, Lorca se podría haber salvado si Juan hubiera sido mayor solo unos meses. ¿La historia se decide en un instante?
Este hecho de la edad de Juan fue lo que marcó el que Federico no viajase a México, y eso, efectivamente, hubiese cambiado el curso de la historia, como dice Juan. Y también significó la muerte en vida del propio Juan porque, de alguna manera, él se sintió culpable toda la vida por esta circunstancia.
Respecto a lo que comentas del azar o no, yo creo que la historia real, los documentos, tienen algo de trágico, de tragedia lorquiana, de fatum, de destino. En ese sentido, es una historia muy muy poderosa que parece increíble que sea real, por desgracia.

Cuando estaba viendo la película, pensaba: ¿cómo se convive con eso? ¿Cómo se vive con un sentimiento de culpa, aunque no haya una culpa real? ¿Cómo vivió Juan Ramírez esta carga durante toda una vida?
Pues nunca lo sabremos porque él nunca contó a nadie su relación con Federico, y el motivo es este sentimiento de culpa que él tenía. El hecho de que se liberase toda esta experiencia tras su muerte creo que habla mucho del sufrimiento que este hombre pudo tener durante toda su vida hasta que murió en 2010. Juan lo guarda por sufrimiento y por culpabilidad, evidentemente. Eso queda de manifiesto por sus palabras y por lo que se ve en la película. Lo cuenta el propio Juan, no lo tengo que decir yo.
¿Cómo se siente un investigador o un director como tú cuando se encuentra con un testimonio como este? ¿Cómo te sentiste frente a este material?
Pues yo creo que como cualquier espectador que ve la película: muy sobrecogido y muy emocionado. Y luego, en segundo término, con una responsabilidad muy grande porque era dar la voz a alguien que ha muerto y cuyo deseo era que esto viese la luz, con el agravante de que era la última pareja de Federico. Digamos que el testimonio, aparte de tener un valor emocional muy muy fuerte, también tenía mucho valor histórico y, como digo, es algo muy sobrecogedor.
¿Cómo ha sido para ti esta experiencia de introducirte en la intimidad de una persona que, además, tiene todo ese peso que comentas? Como dices, aquí partes de testimonios reales, es decir, que no se trataría de construir un personaje de ficción, sino de sumergirte en la vida de otro.
Mira, tener el testimonio de Juan ha hecho que conozcamos la parte humana de Federico, y eso nos faltaba. Tenemos a Lorca como autor genial, también tenemos a Lorca como un icono vacío de contenido, pero aquí, de repente, tenemos a Lorca como ser humano, como una persona que ama, que siente, que tiene deseos, que tiene planes y que no quiere morir, y creo que esta dimensión nunca se había dado y es muy importante de cara a conocer y a sentir a Lorca.
¿Cómo describirías a ese Lorca íntimo?

Pues yo creo que es alguien profundamente tierno. Es algo muy tierno, con un punto de persona intrépida por cómo lleva la relación con Juan, cómo da él el primer paso a ligar, entre comillas, con Juan, cómo le plantea sus planes, por ejemplo, de ir a Córdoba y Ávila, cómo planifica que le acompañe a México; era alguien con un montón de planes e iniciativa. Esto no lo teníamos. Sabíamos que era un hombre muy vital, pero, de repente, verle tan proactivo con la persona a la que quiere es algo muy emocionante.
Entiendo que esto abre un campo, quizás, a reinterpretar o sentir su obra de otra manera. ¿Cómo asociarías tú el descubrimiento de esta persona, más carnal, más real, que describes, con esa obra?
Pues yo creo que es importante porque, generalmente, pensamos que los genios o este tipo de personalidades son como sobrehumanos, como una escultura. Pero, claro, una escultura es algo frío y metálico.
El que tenga carnalidad y que sea humano, que tenga espíritu, creo que nos acerca a su obra a otro nivel, más emocional. Así que creo que el acercamiento a la obra de Federico tras este proyecto, para quien se acerque a esta película, hará que sea más cercana y más sincera, más humilde.
Si tuvieras que elegir un pasaje de la película que te remita especialmente a esta nueva mirada, ¿cuál sería?
Hay muchos, pero, en particular, no te diría un fragmento concreto, sino el último escrito que hizo Federico García Lorca antes de que lo asesinasen, que fue una carta de amor que le escribe a este chico, a Juan.
Creo que es una de las cartas de amor más hermosas jamás escritas, con un mensaje de amor muy profundo no solo hacia la persona que quiere, en este caso, a Juan, sino hacia el otro, hacia el padre de Juan, para que este le perdone, para que quiera al otro, a la otra persona, en lugar de encizañar y de enfrentar, algo que podría haber hecho. No sé, me parece muy bonito y muy emocionante.
La película combina imágenes de archivo, testimonios, reconstrucciones, incluso recurrís a una serie de representaciones teatrales con sombras. ¿Cómo se compone ese puzle? ¿Qué fue lo más complicado a la hora de dar coherencia o hilvanar al relato?
Son teatros de sombras. Tú sabes que a Federico García Lorca le encantaban los teatritos, y estos son unos teatros de sombras que hemos hecho con marionetas para la película.
Pero, sí, lo más complejo fue estar a la altura emocional de lo que las personas narraban. Es decir, estamos contando una historia de amor a través de los documentos reales, sin inventar nada. En ese sentido, el reto era poder llevar al espectador la emoción pura de la persona que escribe eso.
Esta imagen de Lorca que, como decíamos al principio, se trata de recuperar, casi siempre está asociada a sus últimos momentos. ¿No puede ocurrir que, en ese incidir casi exclusivamente en esos pasajes últimos de su vida, acabe por perderse o diluirse el sentido o el valor de su obra en el imaginario del público general?
Bueno, yo creo que eso es como decir que los evangelios pierden fuerza porque Jesucristo fue crucificado. Salvando las distancias, claro, porque Lorca no fue un mártir. Lorca no quería que lo matasen. Lorca quería vivir.
Uno de los momentos más emocionales de la película es cuando Lorca aparece interpretando a la Noche (la Sombra) en el auto sacramental ‘La vida es sueño’ de Calderón de la Barca. Para mí, esa imagen es como una especie de aparición, de regreso a la vida del propio Lorca.
Absolutamente. Mira, ten en cuenta que hemos tenido la gran suerte, no solo por la película, sino para nuestro patrimonio nacional, de que los nitratos originales rodados por Menéndez Pidal de Lorca en La Barraca los conservase el propio Pidal.
Él era consciente de la relevancia de esos materiales. Habitualmente, en los años 30, cuando uno rodaba y revelaba la película, luego la destruía, porque sabes que el nitrato ardía con facilidad. Pero él lo guardó en una lata sabiendo de su importancia. Y esto es muy importante porque son los brutos originales y se ve tan bien porque los fotoquímicos tienen una calidad de imagen que ya quisiese la tecnología actual, es cine puro.
En ese sentido, el poder revelar esas películas y luego poder aplicar la restauración de 6K… se ve mejor que si se hubiese rodado hoy en día. Verlo en una pantalla grande, que es muy importante, con esa expresión facial, con ese movimiento, es, como dices, como si Federico volviera a la vida.
¿Qué sientes cuando ves ahora ese rostro?
Bueno, primero hay que saber que, hasta ahora, lo que se conservaba de La Barraca no se veía. Podía ser Lorca como podía ser Sara Montiel [risas] o quien fuese, daba igual. Ahora el velo se hace traslúcido, se le ve el rostro. Lorca está interpretando la Noche y pide como clemencia. Es muy estremecedor ver esas imágenes en pantalla grande.
Y luego hay una cosa que me llama mucho la atención y que creo ha pasado algo desapercibida –pero que yo tengo muy vista–, que es cuando, al principio de la película, sale vestido con el mono de La Barraca. Eso siempre se había visto mal, con un movimiento así como a lo Chaplin.
Ahora lo vemos con su movimiento normal y hay algo que me llama la atención, que es cuando él viene a cámara y saca un papelito para leer. Tiene como cierta timidez y a mí eso es algo que me ha sorprendido porque no es alguien que haga gala de un desparpajo total, como quizá piense todo el mundo. Ahí muestra cierta fragilidad y timidez, otra capa del ser humano.
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