#MAKMAArte
‘Girbent. Pintar en el siglo XXI’
Comisariado: Arturo Castro
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán 23, València
Del 2 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027
El sociólogo Jesús Ibáñez decía que la escritura a mano, frente a la realizada por medios mecánicos o electrónicos, conservaba “los temblores de la mano” al estar directamente “conectada con los latidos del corazón”, de manera que registraba la subjetividad humana asociada al rastro de los dedos inscrito en la materialidad del papel que acogía su escritura.
El salto del papel a los procesadores de textos y a las pantallas eliminaba cualquier residuo del cuerpo, sustituyendo la singularidad del trazo manual por las letras contenidas en un molde, aunque tal singularidad no desapareciera del todo al quedar cierto registro en la fuerza del golpeo que erosiona las letras del teclado.
Pep Girbent, al hilo de lo apuntado, diríase que pinta porque necesita sentir ese temblor de los dedos al sumergirse en la más fina o más gruesa capa de sus lienzos. Más que el motivo acerca de lo que pinta, le interesan los dictados que le va imponiendo la propia pintura en su larga travesía por la historia del arte, que, viniendo de lejos, alcanza el presente para seguir interrogándose por las palpitaciones del más inmemorial acto creativo.

Él mismo lo apuntó con cierto aire provocador: “La pintura es una máquina de repetir diferencias”. Una máquina, sí, pero sometida al hecho de que cada obra que sale de las manos del artista resulta irrepetible. “Hay dos obras en mi exposición que proponen el mismo tema, pero cada imagen es singular”, subrayó.
Y, con ese mismo aire lúdico, aclaró que Arturo Castro, el comisario de ‘Girbent. Pintar en el siglo XXI’, exposición que acoge la Fundación Bancaja hasta enero del próximo año, no es otro que el propio Pep Girbent. Y, de nuevo, la misma lógica discursiva: siendo el artista y el comisario la misma persona, “coincidimos, pero no del todo, porque Arturo Castro me obliga a afinar mi propuesta”.
Es ese carácter de continuo afinamiento del proceso pictórico, que lleva consigo una misma puesta a punto de la agudeza visual, lo que Girbent no deja de explorar en sus cuadros, invitando al espectador a seguirle por ese camino que, citando a Machado, el artista va haciendo al andar.
Ese desdoblamiento entre Girbent y el comisario, entre quien pinta y lo pintado, es el que también se refleja en su obra, invocando al espectador como parte de la misma, ya sea literalmente –como cuando se ve a alguien en el interior de la imagen observando ciertos cuadros, en la serie ‘Ad museum’– o implícitamente –cuando la escena pintada se ofrece a la mirada voyeurística del espectador que se asoma al cuadro–.
De hecho, entre sus referentes, además de Velázquez, Vermeer o Rembrandt, se encuentra Edward Hopper, cuya pintura se caracteriza, precisamente, por ubicar al espectador en la posición de quien observa en silencio la intimidad de hombres y mujeres en habitáculos cerrados mostrando su vulnerabilidad.
Rafael Alcón, presidente de la Fundación Bancaja, dijo de Girbent que hacía “una defensa acalorada del acto de pintar”, sustentando dicha defensa en una “mirada pausada”. Por eso el artista, con sano juicio, se desdobla entre el pintor que, cuando pinta, huye de la realidad para acercarse a esos otros mundos que le llaman con el fin de verse contenidos en su obra, al tiempo que corre al auxilio de su comisario para que le rebaje los humos tras el incendio creativo.

“Me interesa más el cómo que el qué”, suele repetir Girbent, como queriendo decir que es el éxtasis, esto es, el tiempo en el que se halla fuera de sí, el que es digno de conocer a través de las huellas impresas en el lienzo. “Son imágenes de creación muy lenta, cuyos avatares quedan registrados en la obra; de manera que hablo de pintura y del acto de pintar”, resalta el artista.
De nuevo, el temblor de las manos dando fe del acto por el cual la subjetividad humana se inscribe en la obra de arte. El mismo éxtasis que aguarda le sea conferido al espectador que se asoma a su trabajo, al que se dirige de la siguiente forma: “No te conformes con las apariencias a primera vista y se te abrirá un mundo de posibilidades infinitas”.
Posibilidades que, en cierta forma, se reducen cuando las imágenes proliferan groseramente por las plataformas y redes sociales, sin tiempo para percibir los matices a que puede dar lugar esa otra mirada más pausada que reclama el artista. Por eso subraya que, pintar en el siglo XXI –tal y como recoge el título expositivo–, tiene que ver con la idea de “producir, a partir de un medio atemporal e intempestivo, imágenes pintadas”.

“Imágenes –continúa diciendo– de alta complejidad ontológica destinadas a sobresalir por encima de la marea uniforme de imágenes digitales de las que estamos rodeados”. “Imágenes hechas con materia, pero sobre todo con tiempo”, concluye, quien insiste en querer “regalar una experiencia al público”.
‘Girbent. Pintar en el siglo XXI’ es una muestra en torno a la potencia de la pintura, como espacio de diálogo con uno mismo –ya sea el creador o el espectador igualmente concernido con el proceso creativo– y en torno a la paciencia de quien sabe que, para saborear la pintura, es necesario rastrear sus huellas afinando la mirada.
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