David Gimilio

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Entrevista a David Gimilio
Director del Museu d’Art de la Diputació, antes Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM)
Reportaje gráfico: Fernando Ruiz

David Gimilio llega del Museo de Bellas Artes, donde ha sido conservador durante tres décadas, al Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM) con la misión de cambiar su rumbo ya específicamente inscrito en su nuevo nombre: Museu d’Art de la Diputació. Es decir, que la Ilustración dejará paso al arte de los siglos XIX y XX, dado que la colección de arte que posee el ente foral se centra en las obras de artistas valencianos de ese periodo.

Artistas valencianos que, como subraya Gimilio, superan su contexto geográfico para extender su influencia a nivel estatal, dada la calidad de sus trabajos, a partir de ahora expuestos en el transformado MuVIM, que desmontará su sala estrella, ‘La aventura del pensamiento’, para dar cabida a tan ilustre colección de arte almacenada en las instalaciones del municipio valenciano de Bétera.

David Gimilio aborda esta nueva etapa del ya Museu d’Art de la Diputació con el entusiasmo de quien se sabe custodio de un gran tesoro: esa colección de arte a la que quiere sacarle el debido lustre. Piensa que el MuVIM había entrado en una fase decadente –sin hacer sangre de ello– y que su labor consiste en atraer al público con una programación tan clásica como innovadora, apoyándose en la didáctica y en la transgresión que supone ofrecer contenidos de calidad más allá del oropel de las pantallas móviles.

David Gimilio, director del Museu d’Art de la Diputació, antes MuVIM, durante la entrevista. Foto: Fernando Ruiz.

Has estado trabajando durante tres décadas como conservador en el Museo de Bellas Artes de València. ¿Qué es lo que crees que estás ahora en condiciones de aportar en tu nuevo cargo como director del MuVIM?

Efectivamente, yo entré como becario en el 96 en el Bellas Artes con Fernando Benito Domínguez como director. He pasado por diferentes departamentos, no solamente como conservador o responsable de colecciones, sino que he trabajado en el departamento de registro de obras de arte. Entonces, para mí es fundamental el conocimiento de la colección del Bellas Artes.

Y luego, sobre todo, la relación con los trabajadores, que ahora me sirve de mucho porque estoy, digamos, en el otro lado y entonces empatizo mucho más con ellos, con sus necesidades y sus peticiones que con las mías de jefe.

Obviamente, yo tengo un proyecto que quiero llevar a cabo, pero tengo que contar con ellos y tengo que contar con ellos de la mejor manera posible. Y, bueno, eso me hace empatizar mucho, dada esa experiencia que he vivido yo como técnico.

Y, no sé, así a bote de pronto, yo creo que poseo el conocimiento de las colecciones y de los procedimientos administrativos, que son muy complicados, y ahora soy el responsable de cuanto hay que firmar.

En los 25 años del MuVIM es el giro más radical que se va a producir, porque al comienzo todo giraba en torno a la aventura del pensamiento, una sala que ahora se elimina para mostrar toda la colección de arte que tiene la Diputación. ¿Cómo crees que puede ese cambio afectar al carácter del MuVIM como museo de la ilustración de las ideas?

Es la pregunta más complicada de responder, por una parte, pero también la más sencilla de contestar. Del museo de la ilustración y de la modernidad, desde que opté a la plaza, me he ido documentando, leyendo artículos, publicaciones de los diferentes directores, del proyecto inicial y, bueno, verdaderamente es una institución que ha sufrido bastante, por decirlo de alguna manera.

Siempre con ese fondo de la colección permanente de ‘La aventura del pensamiento’. Es verdad que, si no el primero, ha sido el que más largo recorrido ha tenido desde el punto de vista de ese museo de lo inmaterial. Me parece una idea acertada y no la voy a cuestionar, creo que tampoco es el momento, pero yo creo que verdaderamente el museo tenía que responder en otra dirección.

El propio Rafa Company [anterior director del MuVIM], en uno de sus artículos que escribe, habla de que, en el caso de que pasara algún problema con el museo, sería en torno a una obsolescencia de la parte más informática de ‘La aventura del pensamiento’, no suplementarlo con otro tipo de exposiciones permanentes y, por último, el abandono por parte del del público.

Es verdad que ‘La aventura del pensamiento’ sigue siendo un referente para los docentes y para los alumnos, pero creo, sinceramente, que era un buen momento para dejarlo. Además, no es que se desmonte la sala porque ya no rente, sino porque hay una colección de arte de la Diputación que no está expuesta y que todos, los especialistas y vosotros los periodistas que estáis al corriente, sabéis de la relevancia de esa colección. Es verdad que siempre se recurre a nombres como muy básicos, tipo Sorolla, Pinazo, Bernardo Fernández, etcétera, pero hay obras de artistas de vanguardia, valencianos y españoles de los años 80, 90, como Equipo Crónica, Equipo Realidad, Manolo Boix o Artur Heras, que son de los mejores y que va a ser muy interesante que se vean.

Y, además, en muchos tipos de formato material. No solamente pintura o escultura, que es lo más conocido, sino también dibujo y fotografía, y mi intención es mostrarlo de una manera cuidada, siguiendo los cánones de conservación para este material tan frágil, como es el papel o la fotografía.

Has comentado, en alguna otra entrevista, que el MuVIM había ido a menos. No sé si eso lo quieres matizar, al igual que has afirmado que los contenidos se han alejado de las inquietudes del ciudadano común.

Bueno, verdaderamente, no sé cuáles son las inquietudes del ciudadano común, pero yo sí que he notado, a través de las amistades, de los colegas de la profesión y demás, que el MuVIM, al margen de, como he dicho, las visitas a ‘La aventura del pensamiento’, que tenía un gran aforo por parte del mundo de la docencia, en lo que respecta a las exposiciones, por ejemplo, en los últimos años se alternaban periodos como muy diferentes.

Pasábamos de una exposición sobre la República a otra muestra sobre las imágenes del poder y, más tarde, otra sobre el Santo Cáliz. Claro que todo tiene cabida y que todo se puede hacer desde la visión de la crítica de las ideas, de la modernidad, etcétera, pero yo pienso que eso da una sensación un poco –a ver cómo lo digo para que no te tenga que llamar luego– como de que no había nadie al mando.

Yo tengo esa sensación y es una sensación que además me ha venido corroborada por determinados amigos y colegas de profesión. De manera que era un museo que a lo mejor la gente no acababa de entrar, porque no acababa de ver muy bien qué es lo que había.

Y, claro, esto parece como que me meto con la antigua dirección o con el antiguo coordinador o con los trabajadores del museo, pero no es eso. El abandono a lo mejor también va por otra dirección, no lo sé, pero esa es la sensación que yo tengo.

David Gimilio, durante la entrevista con Salva Torres, en la sala Jerónima Galés. Foto: Fernando Ruiz.

¿Cuáles son las directrices del proyecto con el que vendrías a corregir esa deriva? De entrada, la sala de ‘La aventura del pensamiento’ desaparece y está la sala Parpalló, que tiene una larga trayectoria, además de las salas Baja y Alta. ¿Cómo piensas redimensionar todo ello? ¿La colección de la Diputación va a ocupar todo el espacio?

La línea vertebradora va a ser la colección de arte de la Diputación que, básicamente, se centra en los siglos XIX y XX. Y ambos siglos en su sentido más amplio. No solamente va a ser la segunda mitad del XIX y la primera del XX, sino que, afortunadamente, de los años 40 y 50 aquí hay un fondo también muy importante, además de las vanguardias valencianas que también son un referente cultural para España.

Quiero dejar claro lo de España y Valencia, porque no solamente estamos hablando de artistas valencianos, sino que son artistas valencianos que pasan el corte por su calidad a nivel estatal.

Y, siguiendo esa línea cronológica, también quiero poner el acento no solo en la segunda mitad del siglo XIX, con todos esos nombres de la edad de plata conocida, sino que igualmente esta la primera mitad del XIX, que es fantástica y está bastante olvidada, de manera que hay intención de recuperarla. Y algo también muy importante es que tenemos un contenedor de arte que conviene igualmente extenderlo hacia la didáctica y la difusión, dos elementos fundamentales para poder explicar esta colección.

Con respecto a las salas de exposiciones, es verdad que se pretende desmontar ‘La aventura del pensamiento’ para que ahí se construya el nuevo Museo de Arte de la Diputación, que se pretende mostrar el año que viene.

¿Qué espacios quedan? Que es la segunda parte de tu pregunta. Pues la sala Baixa, que es donde se va a exponer la colección de arte de la Diputación hasta que tenga preparado ese otro espacio, con lo cual solamente me queda como lugar de exposiciones la sala Parpalló, que me parece un espacio muy interesante desde el punto de vista museográfico y donde se expondrá arte emergente que yo voy a intentar alternar, porque solamente se va a disponer de una sala, con arte clásico.

Y cuando digo clásico me refiero a los siglos XIX y XX, con la idea de reforzar ese concepto del Museo de Arte de la Diputación que se centra en esas décadas. Por lo tanto, digamos que gran parte del esfuerzo humano se va a redirigir hacia la colección permanente que es como se trabaja en los grandes museos.

¿Y el resto de espacios?

Los otros espacios temporales, que se han ido colonizando en este museo, yo creo que no son espacios expositivos, sinceramente. A mí la Sala Alta no me parece un espacio expositivo. Es un pasillo amplio, la salida de un espacio, que, dado el esfuerzo económico y humano que supone montar una exposición allí, no logra los resultados apetecidos, por lo menos es la percepción que yo tengo.

Y creo también que la sala Jerónima Galés se puede convertir en un espacio para la presentación de libros; algo como más fluido, más dinámico, de actividades, sin tener que recurrir al salón de actos, que todos sabemos dónde está. Por eso creo que este espacio fantástico, que da a la calle, puede ser muy atractivo. Cuando esté todo organizado, se presentará este nuevo espacio.

Detalle de una de las esculturas expuestas en la sala Jerónima Galés del Museu d’Art de la Diputació. Foto: Fernando Ruiz.

Entiendo que el espacio de la fachada y el del vestíbulo, que también se utilizaba para hacer alguna intervención, así como el del vitral, desaparecen.

No, vamos a ver, a mí el vitral me parece fantástico: es un espacio muy bueno para hacer el tipo de propuestas que se vienen haciendo muy vinculadas al arte contemporáneo, a artistas de aquí. Además, se modifican cada seis meses. De hecho, ya estamos trabajando en la siguiente propuesta. De manera que el vitral se mantiene.

Con relación al escaparate, quizás no es necesario que haya una pieza vinculada a alguna de nuestras exposiciones, sino que puede ser algo que vaya al margen, aunque será una pieza preferentemente de arte contemporáneo, porque el espacio también lo demanda. Pero, bueno, a lo mejor en otro momento puede ser una obra de algún museo, de alguna institución que nos visite, conforme vayamos viendo el recorrido del museo. No es que no esté planificado, que parece como que vaya improvisando, pero lo que quiero decir es que puede ser un espacio como muy abierto: puede ser arte contemporáneo, una pieza de escultura de Mariano Benjumea o una escultura clásica que se quiera exponer aquí.

¿Cuál es el criterio que se va a seguir a la hora de seleccionar las obras de la colección de arte de la Diputación que se van a traer aquí, teniendo en cuenta que la colección cuenta con alrededor de 4.000 piezas?

Bueno, es una muy buena pregunta. Estamos trabajando, concretamente Manuel Ventimilla y yo, sobre la selección de piezas. Piensa que vamos a traer la obra selecta del almacén que las custodia en Bétera. Pueden ser 100 piezas o 50 de todos los ámbitos.

Tenemos, por ejemplo, una colección de 16 relojes fantásticos que se expusieron en su momento y a lo mejor es un buen momento para que no solamente sea algo puntual, sino que también eso forme parte de nuestro imaginario.

Se está trabajando también sobre el mobiliario vinculado a ese periodo del 19 y 20, y luego, sobre todo, las grandes pinturas y las grandes esculturas. La idea es traer obra selecta de esa colección, en la que estamos trabajando gente de la casa y yo mismo. A partir de ahí, pues trabajar ya en la colección permanente para traerla donde está ‘La aventura del pensamiento’.

Tenemos primero que desmontar, acondicionar y montar esa nueva colección, en 2000 m² de espacio, y eso da para mucho. Creo que se puede hacer un proyecto muy interesante. Así es que tenemos las obras, tenemos el tiempo y el personal, aunque en algún momento contaremos también con alguien externo, y tenemos también el apoyo económico por parte de la Diputación, de manera que es una apuesta en la que todo suma para que esto sea un gran proyecto.

¿Cuál es la línea fronteriza que separa al nuevo MuVIM del Museo Bellas Artes de València o del IVAM, que trabajan igualmente con obras de los siglos que abarca la colección de la Diputación?

Bueno, yo esto siempre lo relaciono con el tamaño de la ciudad. Creo que, por ejemplo, el Hortensia Herrero no se solapa con el IVAM, se complementan. Valencia es una ciudad grande y que tiene mucha capacidad cultural. Tú puedes ir al IVAM un domingo y el siguiente fin de semana puedes ir al Hortensia Herrero.

Ya, pero sus contenidos sí son diferentes, mientras que el MuVIM y el Bellas Artes comparten territorios afines.

Yo no lo veo como un solapamiento. Es verdad que hay intersecciones de artistas que van a estar en los dos museos, incluso en los tres. Esto mismo podría pasar con el legado de Pinazo, que hay obra en el Bellas Artes y hay obra en el IVAM, pero en ningún momento se percibe de esa manera, sino que es como el arranque de la Modernidad en un lado y el final de esa Modernidad en el otro. Pienso que va a ser todo como complementario. No hay un solapamiento, más allá de que sean nombres de artistas que conviven en ambas instituciones.

David Gimilio, en un momento de la entrevista con Salva Torres. Foto: Fernando Ruiz.

¿Te has llegado a plantear –dadas las veleidades políticas– la posibilidad de que un hipotético cambio de gobierno en el futuro pueda echar por tierra esta nueva etapa en el MuVIM que tú ahora diriges y que quien pueda gobernar entonces decida recuperar el semblante anterior?

Dos ideas al respecto. Una, yo creo que este proyecto es muy sólido. O sea, la colección de arte de la Diputación es tan sólida que es incuestionable. Otra cosa es que la quieran seguir manteniendo guardada, a la espera de crear otro museo, o de itinerar la colección otra vez.

Pero creo que la Diputación de València tiene una colección tan importante como para mostrarla; de eso no tengo ninguna duda. Yo ahí me encuentro muy seguro y no tengo ningún problema.

Otra cosa es, como tú dices, que las veleidades políticas pudieran ponerlo en entredicho.

Pero pienso que esto, explicándolo bien y viendo que es un proyecto tan sólido y sensato, te lo puede comprar cualquier institución, cualquier partido político, por decirlo de alguna manera.

Lo digo porque el MuVIM siempre ha sido objeto de interés de otras instituciones, hasta el punto de que hace, creo que fueron 10 años, se planteaba como subsede del IVAM.

Yo lo que me he dado cuenta, posiblemente también por mi edad, es que nada es definitivo. Entonces, si después de 25 años el MuVIM ahora se desmonta para dar cabida a la colección de arte de la Diputación, pues a lo mejor dentro de otros 25 o de 10, se pueda volver a desmontar el proyecto que yo he iniciado. Y no me parece mal, ¿eh?

Esto mismo ha sucedido en otros museos, como el Bellas Artes de Bilbao, por ejemplo. Todos sufren una serie de remodelaciones, siempre a partir de la colección permanente. Entonces, yo creo que el MuVIM tiene, precisamente ahí, un peso importante al contar con esta colección de arte.

¿Y, por último, cómo se puede atraer a ese público joven al que, en plena era de las plataformas digitales, le puede parecer todo este arte clásico algo trasnochado?

Yo creo que el concepto de la juventud es muy amplio, cada vez más, porque, efectivamente, puede existir rechazo al hecho de visitar un museo con obra clásica expuesta en un espacio cerrado, prefiriendo elegir otras opciones desde tu plataforma, lo cual me parece todo como muy individual, pero que me parece fantástico, porque igual es lo que ahora toca.

Eso, al mismo tiempo, nos obliga a nosotros a estar permanentemente en alerta para que nuestras propuestas sean atractivas. Ahora bien, que tú traigas, por ejemplo, a Rosalía, no significa que al día siguiente ese público joven vaya a seguir viniendo, cuando saben que ya no va a estar ella.

Los jóvenes son suficientemente listos: saben lo que quieren y lo que no quieren en un momento dado. Entonces, yo creo que hay que trabajar. A mí lo que me gustaría es que visitar un museo como el MuVIM se convierta en algo transgresor, posiblemente porque ya estamos en el otro lado de la historia.

¿Transgresor?

Claro. A mí lo de que no te dejen hacer fotografías con el móvil en el Museo del Prado, me parece espectacular. O sea, es una decisión revolucionaria. Ahora, con el tema de las redes sociales y demás, que tú vayas a un museo y no te dejen utilizar el móvil, me parece un hecho de lo más transgresor. Que no puedas utilizar el móvil durante media hora, tres cuartos de hora o cuatro horas, a mí me parece estupendo.

Yo creo que hay que ir en esa dirección: convertir el museo en un lugar donde hagas cosas que no haces el resto de las 23 horas del día, que es o comer, o dormir o estar con la pantalla del móvil.