#MAKMAEscena
‘La inquilina’
Idea, creación e interpretación: Merce Tienda
Ayudante de dirección y mirada externa: Maribel Bayona
Creación juegos lumínicos y asistencia de títere: David Durán
Creación titere: Linda Vitolo
Espacio sonoro: Vicky Trillo
Casal Jove Plaza Jaume I
36ª Mostra Internacional de MIM de Sueca
Hasta el 20 de septiembre de 2026

Con ‘La Inquilina’, recién estrenada en la 36ª MIM de Sueca, la actriz y creadora del Cabanyal firma su tercera pieza en solitario. En esta ocasión, se trata de un viaje íntimo a través del gesto, el cuerpo y la manipulación de la marioneta que le lleva a enfrentarse con su propia sombra.

Después de 25 años de carrera, sus trabajos no caben en estas pocas líneas. Comenzó con la Carme Teatre a principios de siglo, fundó su propia compañía con Eva Zapico (Copia Izquierda) y La Panda de Yolanda (con David Durán) y ha trabajado durante años con Bambalina o La Teta Calva.

Después de ‘Perpetuum Mobile’ y ‘De fenetre’, Merce Tienda sigue buscando un lenguaje escénico propio. Si algo tienen en común las tres obras es, sin duda, la honestidad. La creadora nos habla de su último trabajo, de lo que ha sido su vida a través del teatro de esta ciudad y nos confiesa cuáles son sus temores y anhelos para el futuro.

Tu nueva obra habla de ti de una manera muy personal. En esta ocasión, no cuentas tu pasado como en ‘Perpetuum Mobile’, sino que te centras en tu presente y desde un lenguaje completamente distinto.

Yo tengo que crear a partir de necesidades personales; si no, no me sale. No entiendo mucho las cuestiones del mercado. Solo puedo hablar de lo que me hierve la sangre. Es parte de una necesidad personal. Sí que me he planteado cuál es mi lenguaje, pero es verdad que creo que he sido una persona que ha tocado muchos palos.

En ‘Perpetuum Mobile’, yo intentaba ver un poco qué soy, contar la historia de mi familia a partir de objetos, el paso del tiempo y los ciclos. Aquí, mi motivación parte de dos caminos: uno es las ganas de trabajar otra vez el gesto y las imágenes. El otro es el mundo del títere. Mi característica es que soy bastante profunda y, bueno, de ahí no puedo huir. Me preocupa también mi crecimiento personal, me preocupa aprender, ver de dónde vienen las cosas. He pasado momentos muy difíciles y quería abordarlo en esta pieza.

Me di cuenta de muchos lugares en los cuales yo estaba colocada, en los que asumía manipulaciones, asumía poder sobre mí, me sentía pequeña por aquello que me han podido decir determinadas personas en determinados momentos. Sucede que te paras y dices: “Yo quiero ser yo, yo no quiero ser lo que vosotros queréis que sea”. Intenté volcar esto a través del cuerpo, que era lo que me apetecía, tratar de esos pequeños maltratos y agresiones que he sentido como mujer para llevarlo a lo universal.

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Me imagino que esas frases que te han dicho a lo largo de tu vida acabas sin querer por decírtelas tú y conforman la visión que tienes de ti misma.

Muchas de estas cosas vienen de la educación y la familia, pero también vienen de gente en el trabajo, incluso de amistades, de relaciones íntimas, de cosas que vas aceptando y que, al final, te las crees. Esas frases que pueden estar venidas de muchos lugares sociales, al final las asumes como propias. Entonces, ese es el proceso de investigación mío sobre mi propia sombra.

Hay un rol de ser siempre amable, siempre ser correcto, siempre tener que adaptarse a lo necesario en cada momento. Más en el caso de las mujeres: tienes que ser la cuidadora, la fuerte, la independiente y también sexy y, también, trabajadora, pero no demasiado. Las imposiciones sociales nos tapan, nos van colocando capas y capas hasta que tú ya no sabes quién eres. Mi proceso interno ha sido ir quitando todas esas capas que creo que no son mías para ver quién soy en realidad. La obra lo que cuenta es el proceso del encuentro, de enfrentamiento con la sombra.

La sombra que teorizó Jung a principios del siglo XX está presente en tu obra. Se considera que todas esas narraciones sobre el doppelgänger, al monstruo o el doble, estaban advirtiendo el advenimiento del fascismo y la guerra en una sociedad que ahogaba al individuo. ¿Tú crees que, en cierto modo, estamos en un punto parecido? ¿Se están cerniendo de nuevo esos tiempos convulsos y por eso tenemos la necesidad de hablar de nuestro lado oscuro?

A mí, lo que en el momento actual me mueve es esta cosa de la máscara. Al principio, barajé la posibilidad de usarlas en este trabajo. Creo que estamos en un punto en el que nadie es como es, o sea, en el que ya no sabes quién es honesto. Hay tanta pose, tanta mentira en uno mismo, tanto intentar ser el otro. En todas las redes sociales, toda esta cosa de que se nos valora por algo externo, los likes, creo que la honestidad es algo que está muy diluido. Y eso también me conectaba bastante con el momento actual. La honestidad con los demás parte de la honestidad con uno mismo.

Merce Tienda durante un instante de 'La inquilina'. Foto: Nuro Visuales.
Merce Tienda durante un instante de ‘La inquilina’. Foto: Nuro Visuales.

Siempre has trabajado en otros proyectos de encargo o en los que te has implicado con otra gente. Ahora llevas tres obras que has escrito y dirigido tú. Sin embargo, cuentas con un equipo que te sostiene y te acompaña.

Una de las paredes contra las que me daba era que no podía hacer algo yo sola. Estaba detrás de los demás porque así me siento más protegida. Enfrentarme a mi sombra también tiene que ver con decir: “Bueno, me voy a atrever”. Pero cuento con un equipo que me ayuda a delegar decisiones como la luz o el sonido.

Para mí, es muy importante rodearme de gente cercana que tiene mucha claridad que he conocido en los muchos años de trabajo. Se trata de gente muy válida. David Durán por ejemplo, es una persona superimportante para mí. Yo lo conozco desde que tenía 26 años. Me ayudó con un títere en L’horta, ‘La Bella Dorment’, y de ahí estuvimos en la compañía Bambalina recorriendo el mundo, hasta que montamos la compañía La Panda de Yolanda. Siempre está a mi lado, es muy buen iluminador, es muy buen manipulador y constructor de títeres.

Y, luego, Maribel Bayona también ha sido una compañera de viaje durante muchos años. Yo empecé trabajando con ella en las obras finales de Copia izquierda, con Eva Zapico, en el 2000, como en ‘La mujer de amianto’ Allí hacíamos mucho cuerpo. Y luego, además, también trabajé con ella que en una obra de la Inestable que giró dos años [‘La exiliada, la negra, la puta, el caracol y la mística’]. Ahí intimamos mucho, ya somos muy amigas.

Me es muy fácil hablar con ella, es una persona también muy completa: escribe, me revisaba el texto, me ayuda un poco con la dramaturgia, esa mirada que, cuando estoy ya en acción, no puedo tener del ritmo, de las necesidades de entendimiento para el espectador.

Luego ,Victoria Trillo, en la música. Vicky es muy amiga, pero no había trabajado nunca con ella. Quería rodearme, también, de un equipo de mujeres y opté por Vicky. Y Linda Vitolo es amiga de aquí, del barrio, y ella construye marionetas. Hemos trabajado distintos procesos hasta dar por fin con lo que estábamos buscando.

Después de todos estos años en los que has acumulado trabajos y experiencia ¿dónde te ves a ti y cómo ves las artes escénicas ahora, en el punto en el que estamos?

No estoy muy optimista con las artes escénicas. La situación es malísima. Las ayudas cuentan cuántos autónomos tienes en vez de los proyectos artísticos. Nuestras generaciones no han podido convertirse. No es que no hayamos querido, es que no hemos podido convertirnos en una empresa como otras que venían delante. Es como que los creadores o la gente del pequeño teatro, que es superimportante porque es donde hay más variedad, no está recibiendo ningún tipo de apoyo.

Entonces, también veo como que el teatro se ha ablandado; nadie se arriesga nada porque hay que vender y hay que vivir. Y, quizás, ahora es el momento de arriesgarse. Por mucho que hagas el producto perfecto, tampoco te dice alguien que te vaya a dar trabajo o que te vayan a salir bolos. A veces, depende más de a quien tengas al lado y de si tienes quien te distribuya. Muchas cosas no dependen del creador.

En mi caso y a mi edad, la vida me ha quitado todo para que yo empiece a hacer cosas por mí misma porque ya no llaman a una mujer de 50 en ningún casting del IVC. La ciudad no sostiene a sus creadores, a sus actores. Estamos en un estado muy frágil. Y, de repente, qué tenemos que hacer, ¿cambiar de profesión a estas alturas? Es una pena porque van desapareciendo creadores y actores cuando llegan a una edad. No hay nada que nos sostenga, no hay un tejido, no hay una red, no hay nada. Entonces es un sálvese quien pueda. Actualmente hay mucho individualismo y escasez. La situación es bárbara.

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Por buscarle el lado optimista, el teatro está desde el siglo V a. C. y ha tenido etapas mejores y peores, pero sigue siendo algo insustituible. Es imposible no emocionarte cuando sientes la presencia de otra persona ante de ti.

Yo creo que hay que seguir con la ilusión y contar cosas. Creo que la situación que vivimos socialmente, no solo en el teatro, no nos puede permitir el venirnos abajo. Creo que no hay que perder la ilusión y seguir haciendo. Y nos seguiremos transformando con todo lo que vaya pasando. A lo mejor es bueno que no nos pese todo este mundo que ya es demasiado pesado. Y, bueno, surfeando todo lo que vaya pasando para que no se nos vayan las ganas de contar cosas. Al final, eso también es el teatro, ¿no? Transmitir lo que nos preocupa. Que la gente reflexione y que se vea reflejada.