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Russafa Escènica – Festival de Tardor
Con el apoyo del Institut Valencià de Cultura (IVC), la Diputación de València, el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat Valenciana
Dirección artística: Jerónimo Cornelles
Coordinación de actividades: Úrsula Vandenberghe
Desde el 16 hasta el 27 de diciembre de 2026
Russafa Escènica – Festival de Tardor celebrará su XVI edición entre el 16 y el 27 de septiembre bajo un lema que invita a cuestionar aquello que se considera intocable: ‘Sagrada y profana’. La nueva edición propone una treintena de actividades y espectáculos y vuelve a poner el foco en la creación emergente.
Teatro de texto y físico, danza, circo, cabaré, títeres, música y artes vivas convivirán durante doce días en diferentes espacios de la ciudad. El festival mantiene así una de sus señas de identidad: acercar las propuestas escénicas a lugares que no funcionan como teatros y establecer una relación más directa entre artistas, espacios y espectadores.
Durante la presentación, el diputado de Cultura de la Diputación de València, Francisco Teruel, destacó el “cuidado y dedicación” con los que se ha preparado la programación este año y ha defendido el festival como una plataforma para la creación y el talento que comienza a abrirse camino.
En esa misma línea, María José Mora, directora adjunta de Artes Escénicas del Institut Valencià de Cultura, sitúa a Russafa Escènica como una de las primeras citas de la temporada teatral y pone en valor su capacidad para acercar las artes escénicas a públicos diversos.
La programación se divide, principalmente, entre ‘Viveros’, formado por piezas breves que se representan en espacios no convencionales de Ruzafa, y ‘Bosques’, que reúne espectáculos de mayor duración en distintos espacios culturales de València. En conjunto, son 23 propuestas escénicas, con catorce estrenos absolutos.
En ‘Viveros’, el lema de esta edición sirve de punto de partida para abordar cuestiones como la familia, la religión, la identidad, el cuerpo o la migración a través de propuestas de teatro, música, cabaré, tragicomedia, teatro físico y títeres.

Entre ellas se encuentran ‘Sr. Bien’, de Gabriel Soler; ‘El Milagro’, de Suspendidas Teatro; ‘Santa’, de María Sáez y Ana Dayo; ‘Mi cara cuando…’, de Julia Zac; ‘Enlatados’, de Volvoreta; ‘Dalt del més Amunt’, de Misèria i companyia; ‘Màret’, de Típica Tópica; ‘Peter Pank’, de Karurosu Teatro; ‘Forastero forastero’, de Hu Zhao, y ‘La Beata’.
Los espectáculos de mayor duración amplían la programación con propuestas que combinan teatro, circo, flamenco, autoficción, música y teatro de objetos. La Nau 3 Ribes acogerá ‘Teatre de Mangiare’, de Teatre delle Ariete; ‘De la sal de la ferida n’he fet un tatuatge’, de Teatre Sense Concessions; ‘Alboroto’, de Truca Circus, y la versión larga de ‘NoDiva’, de LaEstal.
Sala Russafa presentará ‘Las que tiran del carro’, de Patio de Vecinas y Frescultura, y el estreno absoluto de ‘Ahlam, soñar con una vida’, de la Asociación Comité Español de la UNRWA y Hermanas Picohueso. La programación se completa con ‘El testamento’, de Zum Zum, en La Rambleta; el estreno en la Comunitat Valenciana de ‘Solo quería BAILAR’, de Olalla Hernández, en Teatro Círculo; ‘Historia de un calcetín’, de La Canica, en La Beneficència, y ‘Shhh!!!’, de Marian Villaescusa, dentro del ciclo “Revisitar”.
Más allá de los escenarios, el festival volverá a ofrecer talleres de artes vivas, danza y escritura, encuentros con programadores, una lectura dramatizada de ‘La noche en que confundí a un turista con una pelota de fútbol’, de Arantxa Cortés, y propuestas como ‘Clínica de espectadores’ o ‘Cartografía escénica de Russafa’. El objetivo es que Russafa Escènica también funcione como espacio de formación, encuentro y profesionalización.
Sin embargo, la presentación de esta XVI edición estuvo marcada también por una cuestión que acompaña al festival desde hace años: la financiación. Russafa Escènica cuenta este año con un presupuesto de 143.000 euros, pero el 56% depende de una línea de ayudas del IVC cuya resolución todavía no se había producido en el momento de la presentación.
El director artístico, Jerónimo Cornelles, recordó que detrás del festival existe un equipo formado por profesionales que trabajan durante meses para levantar una programación que reúne a unas 120 personas del sector. Según explicó, la incertidumbre sobre las ayudas obliga a planificar sin conocer con suficiente antelación los recursos disponibles. Una situación que resume con una expresión: trabajar “a ciegas”.
Por su parte, Cornelles puso en valor el respaldo recibido de la Diputación y señaló que, sin ese apoyo, esta edición no habría podido salir adelante. Para el director artístico, la financiación continúa siendo el “talón de Aquiles” del proyecto.
La reivindicación adquiere especial significado en un festival que se define como una organización sin ánimo de lucro y que destina los posibles beneficios de cada edición a preparar la siguiente. Cornelles defendió la necesidad de encontrar fórmulas de colaboración institucional que permitan trabajar con mayor previsión y recuerda que, para quienes forman parte del proyecto, las artes escénicas constituyen una vocación que no siempre encuentra unas condiciones económicas acordes con ese esfuerzo.
En ese contexto, Cornelles vinculó las dificultades económicas del festival con el propio lema de esta edición. Para quienes trabajan en Russafa Escènica, explica, las artes escénicas tienen un valor que trasciende lo estrictamente profesional: “Para nosotros la cultura de las artes escénicas es sagrada”. Por eso, consideró que las condiciones de precariedad y la incertidumbre económica suponen, en sus palabras, aceptar que se profane algo que para ellos es sagrado.
Frente a esa incertidumbre, Russafa Escènica reivindica también aquello que sucede cuando las propuestas salen del barrio. La presencia de programadores procedentes de diferentes puntos de España busca precisamente generar conexiones entre compañías y espacios culturales. Cornelles considera que conseguir que los espectáculos circulen por todo el territorio nacional es su “mayor éxito” como festival.
La expansión territorial es, de hecho, otra de las líneas que ha marcado la evolución del certamen. Lo que nació vinculado a los locales de Ruzafa ha ido extendiéndose a otros puntos de València y de la provincia a través de ‘Via Escènica’, un proyecto que traslada parte del proceso de creación escénica a los municipios participantes. En esta edición, Alaquàs, Alboraia, Aldaia, Alfafar, Almussafes, Alzira, Benifaió, Foios, Quart de Poblet y Rafelbunyol forman parte de esta red.
María José Mora resumió la relación entre el IVC y Russafa Escènica a partir de tres elementos. En primer lugar, destacó el compromiso compartido con la creación joven, sin dejar de ofrecer espacio a artistas y compañías ya consolidadas que encuentran en el festival un lugar para continuar experimentando.
En segundo término, señaló esa expansión territorial del proyecto, que ha pasado de los locales del barrio a otros espacios y municipios con la intención de acercar las artes escénicas a más ciudadanos. Por último, puso el acento en la proximidad entre público y artistas, una de las características que, a su parecer, distingue al festival y permite vivir las propuestas de cerca.
La colaboración institucional se extiende también a espacios como el Teatro Escalante. Su directora, Marylène Albentosa, explicó que la relación no consiste únicamente en aquello que el teatro puede aportar al festival, sino también en lo que recibe de él. Las propuestas que llegan a través de Russafa Escènica permiten ampliar sus vías de acceso a un público infantil y juvenil y explorar nuevas posibilidades de exhibición.
Así, Russafa Escènica se prepara para volver a convertir València y sus alrededores en un escenario durante doce días. La coordinadora de actividades, Úrsula Vandenberghe, resumió el propósito de esta edición con un deseo: que el festival genere las condiciones necesarias para que aparezcan nuevas voces, nuevas formas de hacer y nuevas maneras de relacionarse con las artes escénicas.
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