#MAKMAMúsica
‘Libre. El musical de Nino Bravo’, de Melomans
Dirección: Santiago Sánchez y Víctor Lucas
Teatro Amaya
P.º del Gral. Martínez Campos 9, Madrid
Hasta el 13 de septiembre de 2026
Hay voces que nacen junto al Mediterráneo y terminan perteneciendo a todo un país. Dejan de ser de un artista para instalarse en un territorio donde ya no pertenece únicamente a los discos ni a una época determinada, sino a la memoria compartida. La de Nino Bravo salió de Aielo de Malferit y lleva más de medio siglo recorriendo ese camino.
Aprendió a volar ‘Libre’, fue dejando ‘Un beso y una flor’ en varias generaciones y todavía hoy sigue sonando en las verbenas de los pueblos, en las plazas, en los teatros y, quién sabe, quizá también camino de ‘América, América’ convertida en himno colectivo.
No deja de resultar significativo que, mientras la escena continúa explorando nuevos lenguajes, cada vez sean más las propuestas que vuelven la mirada hacia grandes figuras de la música para preguntarse quiénes fueron realmente. Porque en el homenaje y en la creación existe un espacio donde las canciones se convierten en una nueva forma de mirar el pasado desde el presente, incluso de mirar el presente desde el pasado.
Desde esa premisa nace ‘Libre. El musical de Nino Bravo’, la propuesta de Melomans dirigida por Santiago Sánchez y Víctor Lucas, que convierte el legado del cantante en un relato escénico. Hablamos con Pau Ferrer, uno de los miembros del grupo.
Vuestro espectáculo parte de un homenaje a Nino Bravo, pero incorporando teatralidad, arreglos musicales a capela, humor. ¿Qué convierte ese homenaje en una creación con identidad propia?
Lo que hacemos es un musical porque, al final, estamos contando la vida y la carrera de Nino Bravo a través de elementos teatrales y musicales. Repasamos su repertorio desde una visión a capela, con una producción actualizada y utilizando técnicas en directo como bucles o secuenciaciones.
Por otra parte, el guion y la dramaturgia de Santiago Sánchez y Víctor Lucas nos han permitido construir un formato que combina esa parte teatral desde la que recorremos toda su trayectoria profesional, pero también su faceta mucho más personal y menos conocida.
Queremos mostrar a Nino desde el humor, con una mirada desenfadada, fresca y natural. Cómo era como compañero, como padre, como amigo, como ese hijo que, aunque estuviera de gira, siempre encontraba el momento para volver a comer un arròs passejat con sus padres. Era una persona muy familiar y cercana y nos interesaba que el público también descubriera esa parte.
En los últimos años han proliferado los musicales dedicados a grandes figuras de la música popular. ¿Creéis que este auge responde únicamente a la nostalgia o también existe una necesidad de revisitar esos referentes culturales desde nuevos lenguajes escénicos?
Por una parte, existe ese componente nostálgico de querer descubrir qué puede ofrecerte alguien sobre un referente cultural que conociste en tu época o que, de algún modo, fue importante para ti en algún momento de tu vida. Pero, al mismo tiempo, también hay otra necesidad, la que surge desde el lado creativo o interpretativo.
En nuestro caso, desde nuestro grupo, Melomans, queremos ofrecer una lectura muy personal de una figura que siempre ha sido muy importante para nosotros los valencianos y valencianas.
Este musical sobre Nino no nació porque alguien nos propusiera hacer un espectáculo aprovechando un buen momento para los musicales. Todo confluyó de una manera muy natural. Los cuatro del grupo, Gonzalo, Javi, Edu y yo, Pau, admirábamos y admiramos profundamente a Nino Bravo, hacia más de diez años que coincidimos con su banda original, ‘Los Superson’, ya habíamos trabajado con Santiago Sánchez y también con Víctor Lucas en proyectos anteriores. En un momento dado pensamos: ¿“Por qué no recuperamos aquella idea y contamos esta historia?”Empezamos a trabajar y surgió esta propuesta escénica.
Es verdad que el nombre del artista puede atraer al público, como ocurre con cualquier espectáculo sobre Mecano, Camilo Sesto, Queen o Michael Jackson. Pero lo que realmente determina el recuerdo que el espectador conserva de ese montaje es la manera en que el grupo y la compañía decide contar esa historia.
Precisamente habéis insistido en que ‘Libre’ no es un tributo convencional. ¿Dónde situaríais entonces el espectáculo dentro del panorama?
Es un homenaje, pero un homenaje original. Al final estamos rindiendo tributo a una figura a la que admiramos profundamente, pero no de la manera en la que habitualmente se hacen los tributos. No imitamos a Nino Bravo ni simplemente enlazamos una canción con otra, sino que intentamos descubrir quién había detrás del mito.
‘Libre’ es un musical, pero tampoco responde al formato tradicional de grandes producciones con enormes elencos y escenografías monumentales. Somos cuatro personas en escena y, gracias a la producción musical, conseguimos recrear con nuestras voces la sensación de estar escuchando toda una orquesta mediante bucles, secuenciaciones y distintos recursos sonoros.
Nosotros no pretendemos que nuestra propuesta sea mejor ni peor que otras. Simplemente creemos que es diferente. Lo es por su componente teatral, por la presencia constante del humor, porque recorre toda la carrera de Nino, contextualizando su figura más allá de las canciones.
Uno de los retos de un musical biográfico es convertir la documentación en escena sin perder el pulso dramático. ¿Cómo afrontasteis ese proceso de investigación y adaptación en ‘Libre’?
Uno de los pilares fundamentales fue el trabajo de historiadores y biógrafos que han investigado la vida de Nino Bravo. La referencia principal fue Darío Ledesma, su biógrafo oficial, cuya biografía recorre de manera muy completa toda su trayectoria y nos sirvió de inspiración durante el proceso de creación.
De hecho, Darío vino a ver el espectáculo y nos hizo una crítica muy bonita. También nos ayudó mucho un ‘pódcast’ realizado por el periodista de Radio Valencia-Cadena SER Arturo Blay, que hace un recorrido sonoro por toda la vida de Nino.
El segundo pilar fue su familia. Desde el primer momento nos brindaron su apoyo y tuvieron mucha curiosidad por conocer la propuesta que estábamos preparando. Una vez estrenado el musical, siempre han estado a nuestro lado, acompañándonos en los estrenos y avalando el espectáculo.
Ellas mismas nos han dicho que les gusta mucho porque no solo escuchan las canciones de su padre y reviven episodios de su vida, sino porque la propuesta les pareció muy original, diferente a cualquier otra que hubieran visto hasta entonces.
Lo que más ilusión nos hizo fue que nos confesaran que era la primera vez que, asistiendo a un espectáculo sobre la figura de su padre, no solo lloraban y se emocionaban, sino que también se reían. Que las hijas de Nino Bravo te digan que se han reído con tu montaje, que les ha parecido respetuoso, divertido y original, es una satisfacción enorme.
La verdad es que antes del estreno estábamos algo nerviosos. El humor siempre ha sido una de las señas de identidad de Melomans y queríamos que también estuviera presente en ‘Libre’, pero nos preocupaba saber cómo iba a recibirlo la familia: si les parecería adecuado, si nos habríamos excedido… Al final ocurrió todo lo contrario. Nos dijeron que era un humor muy respetuoso y que precisamente les había gustado descubrir esa faceta más luminosa.
Porque, evidentemente, la vida de Nino termina de una forma muy trágica y eso aparece en el espectáculo, pero no queríamos que ese fuera su centro. Preferíamos ofrecer una mirada más vitalista y celebrar todo lo que fue como artista y como persona.

La escenografía, la iluminación y el sonido también cuentan la historia. ¿Cómo construisteis ese lenguaje escénico?
La escenografía está diseñada por Luis Crespo. Tampoco necesita ser gigantesca para resultar significativa. Con muy pocos elementos, todos ellos cargados de significado, consigue construir un universo escénico muy sólido. O el propio diseño de iluminación de Antonio Castro, que no se limita a crear efectos visuales durante las canciones, sino que desarrolla un auténtico recorrido dramatúrgico.
Al comienzo la luz es más tenue porque los inicios de Nino fueron difíciles: muchos lo menospreciaban y pensaban que no llegaría lejos. Sin embargo, conforme avanza la historia, la iluminación va ganando intensidad, igual que lo hizo su carrera.
A todo ello se suman la producción de sonido y el vestuario diseñado por Gabriela Salaverri, que también evoluciona con el personaje. Con pocos elementos se construye un recorrido que va desde aquellos jóvenes que están empezando hasta los artistas plenamente consolidados, con la estética característica de la época.
Al final, todas esas disciplinas dialogan entre sí para dar al espectáculo coherencia y cohesión. Eso hace que, sin necesidad de una gran producción repleta de intérpretes y decorados monumentales, el escenario se llene de significado y el público pueda recorrer, junto a nosotros, todo el viaje vital y artístico que vivió Nino Bravo durante la hora y media que dura el espectáculo.
‘Libre’ se construye también desde la memoria de quienes compartieron escenario con Nino Bravo. ¿Qué lugar ocupó el testimonio de ‘Los Superson’ en ese proceso de creación?
Serían el tercer gran pilar de documentación. ‘Los Superson’ fueron cuatro músicos valencianos que acompañaron a Nino Bravo prácticamente desde sus comienzos hasta el final de su carrera. Los conocimos en 2013, durante el homenaje organizado con motivo del cuarenta aniversario de la muerte de Nino en el Palau de la Música. Nos llamaron para hacer los coros porque entonces ya éramos un grupo a capela.
Además de hacer los coros, pudimos interpretar un par de canciones nosotros solos y, sobre todo, compartir muchos ensayos con ellos. Ya eran hombres de más de sesenta años, pero al verlos trabajar era inevitable imaginarlos cuando tenían veinte y acompañaban a Nino por los escenarios. Era muy emocionante hacer esa traslación en el tiempo.
También fue muy bonito conocer sus personalidades: su sentido del humor, la ironía de algunos, la ternura de otros… Todo aquello fue dejando una semilla que permaneció ahí durante diez años.
Cuando más adelante coincidimos de nuevo con Santiago Sánchez y Víctor Lucas recuperamos aquella idea que había quedado latente y decidimos contar la vida de Nino Bravo, muy especialmente a través de la mirada de su banda, aunque también incorporando a otros personajes fundamentales de aquella época que aparecen, de una u otra forma, sobre el escenario.
En ‘Libre’, las canciones dejan de ser números independientes para convertirse en parte del relato. ¿Cómo ha transformado esa dimensión teatral vuestra manera de construir los arreglos musicales?
Al formar parte de un todo escénico, muchas veces las canciones que inicialmente habíamos arreglado de una determinada manera acabaron modificándose cuando la escenificación empezó a asentarse.
Por ejemplo, hubo canciones que en un principio iban a interpretarse completas y que finalmente tuvimos que acortar porque la escena lo pedía. Otras, en cambio, crecieron porque narrativamente tenía sentido mantenerlas íntegras. También construimos varios medleys. Hay uno dedicado a los grandes compositores que trabajaron con Nino Bravo: Manuel Alejandro, Juan Carlos Calderón, Pablo Herrero, Augusto Algueró o José Luis Armenteros.
Son auténticas figuras de la composición española y quisimos rendirles homenaje agrupando canciones de amor y desamor que ellos escribieron para Nino. Algunas piezas quizá habrían quedado fuera, pero acabaron integrándose porque daban coherencia a todo lo que estábamos contando.
Hay otro caso muy representativo. Una canción que aparece casi al final del espectáculo estaba concebida inicialmente con mucha percusión vocal, beatbox y una sonoridad muy potente.
Sin embargo, cuando vimos dónde funcionaba mejor dentro de la historia, decidimos rehacer completamente el arreglo para convertirla en un momento mucho más desnudo: prácticamente solo voces, sin bajo ni percusión, con una armonía más delicada y una carga emocional mucho mayor. Ahí se ve claramente cómo la escena termina condicionando la propuesta musical.
Si la dramaturgia propone una nueva mirada sobre la figura de Nino Bravo, los arreglos musicales hacen lo propio con su repertorio. ¿Cómo se aborda el reto de reinterpretar canciones tan reconocibles desde el lenguaje a capela y una producción sonora contemporánea?
El gran reto fue encontrar una manera de reinterpretar un repertorio tan conocido sin perder su esencia, y ahí la gran transformación llegó de la mano del productor italiano Erik Bosio, uno de los mayores especialistas internacionales en música a capela.
Ya habíamos colaborado con él en un proyecto discográfico, pero nunca en un espectáculo en directo, y nos abrió completamente la forma de entender las posibilidades tecnológicas de este lenguaje.
Gracias a él incorporamos recursos como los bucles o las secuenciaciones en directo. Podemos grabar un estribillo mientras lo interpretamos y reproducirlo más adelante para que quien lo cantó inicialmente haga una voz distinta. El resultado es la sensación de que sobre el escenario hay muchas más voces de las que realmente existen. Lo mismo ocurre con los bucles de percusión, trompetas o diferentes capas sonoras, que se van construyendo.
Además, el tratamiento del sonido también adquiere un valor dramatúrgico. Siempre pongo el mismo ejemplo: puedo hacer un bajo vocal de la forma más tradicional o puedo interpretarlo de una manera muy suave para que, al pasar por todo el proceso de producción y amplificación, el público perciba el sonido de un auténtico bajo eléctrico. Ese tipo de posibilidades nos las descubrió Erik Bosio y han sido fundamentales para este espectáculo.
Otro aspecto muy importante son los arreglos musicales. El reto era tomar canciones que forman parte del patrimonio sentimental de varias generaciones y trasladarlas a nuestro lenguaje, al sonido de Melomans y a una estética plenamente contemporánea.
En ese proceso, además de Erik Bosio, han sido fundamentales Moi Bautista, nuestro arreglista desde hace muchos años y un auténtico referente para nosotros, y el músico italiano Lorenzo Subrizi. Entre todos han construido armonías nuevas, rearmonizaciones y diferentes texturas que ofrecen otra mirada sobre canciones muy conocidas.
Hay momentos en los que una misma canción atraviesa distintos estilos musicales, o casos como ‘No te quiero’, que interpretamos pasando por las diversas versiones que hicieron Lola Flores, Carmen Sevilla, Raphael y, finalmente, Nino Bravo. Son recursos que enriquecen el relato y hacen que todo el espectáculo tenga una identidad propia, manteniendo siempre la cohesión entre la propuesta musical y la teatral.

Tras vuestro paso por València, Madrid y otras ciudades, ¿cómo está reaccionando el público ante una propuesta que se aleja del tributo convencional y plantea una lectura distinta de la figura de Nino Bravo?
La acogida está siendo increíble. Ya hemos girado por todo el país y el verano pasado estuvimos dos meses en Madrid. De hecho, cuando terminemos las funciones en el Teatro Olympia, volveremos allí para hacer otra temporada de dos meses.
Es evidente que en Valencia Nino Bravo es una figura absolutamente querida, pero el cariño que despierta en toda España también es impresionante. Nos encontramos con público de todas las edades.
Viene mucha gente que llegó a conocerlo e incluso asistió a sus conciertos, pero también personas que crecieron escuchando sus canciones y, además, muchos jóvenes que descubren su figura a través del musical o que acompañan a sus abuelos y terminan conectando con temas como ‘Libre’, ‘Un beso y una flor’ o ‘Noelia’.
Lo más interesante es la reacción ante la propuesta escénica. Muchas personas llegan pensando que van a encontrarse con un espectáculo de imitaciones o con un concierto de versiones, y cuando termina la función se acercan para decirnos que la experiencia ha superado completamente sus expectativas.
Nos comentan que les ha sorprendido la originalidad del montaje, que se han reído, que se han emocionado y que han descubierto una forma distinta de acercarse a Nino Bravo. Quienes ya conocían a Melomans esperaban algo con nuestro sello, pero quienes vienen únicamente atraídos por la figura de Nino suelen salir especialmente sorprendidos porque encuentran una propuesta muy diferente a la que imaginaban.
Al final, la mayor satisfacción es comprobar que la realidad termina superando las expectativas con las que el público entra al teatro. Esa es, probablemente, la mejor señal de que el espectáculo funciona.
Más allá del recorrido que pueda tener ‘Libre’, vuestra propuesta plantea una manera diferente de abordar el musical biográfico. ¿Creéis que este tipo de aproximaciones pueden abrir nuevas vías dentro del género e inspirar a otras compañías a reinterpretar grandes figuras desde lenguajes escénicos más personales?
Por nuestra parte, lo primero que deseamos es que ‘Libre. El musical de Nino Bravo’ tenga un recorrido muy largo. Ha supuesto muchísimo esfuerzo, mucho tiempo y una enorme pasión por parte de todo el equipo, pero cada vez que nos subimos al escenario sentimos que merece la pena.
Ahora lo hemos vivido en el Teatro Olympia, con funciones prácticamente llenas todos los días. Ver cómo reacciona el público, cómo se ríe, cómo se emociona y cómo al final del espectáculo se genera una comunión tan especial con la sala es algo muy reconfortante desde el punto de vista artístico. Ojalá podamos seguir haciéndolo durante muchos años y que la gente continúe queriendo venir a verlo.
En cuanto al género, realmente nunca nos planteamos ser precursores de nada. Lo que hicimos fue reunir diferentes referentes artísticos y construir un musical desde una perspectiva distinta, siempre fiel al sello de Melomans, que es lo que acaba dando identidad a la propuesta.
Es verdad que esta manera de acercarse a figuras icónicas quizá se había explorado más en el cine, el audiovisual o el documental. De hecho, hay quien nos ha dicho que funciona casi como un “musical documental”, porque recorre toda la vida de Nino Bravo desde una ficción muy apoyada en hechos reales. Otros lo definen como un “jukebox musical”, ya que utiliza su repertorio para construir un relato con una dramaturgia muy sólida.
Si esa propuesta puede servir de inspiración para que otras compañías se acerquen a grandes figuras de la música desde un lenguaje propio y menos convencional, para nosotros sería un motivo de orgullo.
Estoy convencido de que no hemos sido los primeros y tampoco seremos los últimos, pero sí creo que es un camino muy interesante. Es una forma de contar y cantar la historia de grandes artistas desde una mirada original, personal y contemporánea.
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