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Donación de obras de Manuela Ballester, Carmen Calvo, Horacio Silva, Antonio Ballester y Guillermo Pérez Villalta
Museo Bellas Artes de València (MuBAV)
Sant Pius V 9, València
El Museo de Bellas Artes de València (MuBAV) ha incorporado a sus fondos siete obras de cinco artistas valencianos que enriquecen su colección de arte contemporáneo, formando parte del patrimonio público valenciano tras la donación altruista de sus propietarios. Entre las nuevas incorporaciones destacan piezas de Carmen Calvo y Manuela Ballester, junto a obras de Antonio Ballester, Horacio Silva y Guillermo Pérez Villalta.
Esta donación cobra sentido tras la exposición ‘Tiempos modernos’, exhibida durante el primer trimestre del año. Pablo González Tornel, director del MuBAV, subrayó que la donación está “centrada en artistas valencianos que desarrollaron su obra durante el último franquismo y la democracia”, destacando que sus obras contribuyen a comprender que las artes no quedaron detenidas tras 1936 por su censura, sino que siguieron desarrollándose a pesar de las circunstancias históricas.
Cronológicamente, la pieza más antigua del conjunto posee un valor documental e histórico incalculable para España. Se trata de un relieve pétreo de 1937 del escultor Antonio Ballester, donado por su hija. Esta pieza de 200 kilos formó parte del emblemático Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937, donde también se exhibió el ‘Guernica’ de Picasso. Junto al relieve, el MuBAV recibe, asimismo, el archivo personal e inventariado del artista.
La justicia histórica se expande hacia su hermana, la pintora e ilustradora Manuela Ballester, mediante la donación por parte de un coleccionista particular de un linóleo de 1974 titulado ‘La muerte de un miliciano’.

González Tornel puso en valor la incorporación como un acto de “pura justicia” y del “triple olvido” de Ballester por ser mujer artista en el siglo XX, su exilio en México y Alemania y su vínculo con Josep Renau. Su llegada al museo, al lado de figuras como Juana Francés, busca erradicar cualquier atisbo de una “historia falsa del arte”.
El salto pictórico llega de la mano de Guillermo Pérez Villalta, figura de la Movida madrileña y del grupo Los Esquizos. Pese a su origen andaluz, el artista mantiene una estrecha vinculación con la capital del Turia. Su donación de dos obras (1974 y 2010) incluye, en la primera, la mirada desde el desaparecido local Monquili, a través de cuyo ventanal se contempla la playa de la Malvarrosa antes de su masificación turística. La segunda pieza, de gran formato, es más representativa del estilo de figuración pura, tan característica del pintor.

El panorama contemporáneo se consolida con las piezas de los artistas presentes en el acto. Horacio Silva aporta una obra de 1992 caracterizada por su investigación matérica sobre un sustrato químico no rígido, donde el juego de texturas y la abstracción dialogan con el espacio.
Finalmente, Carmen Calvo, galardonada con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2013, explicó la naturaleza de las dos piezas que dona al museo. La primera, ‘Drapperie’ (1992), concebida durante sus años de residencia en París, consiste en una caja intervenida con telas impresas con huella pictórica que evoca los ropajes clásicos de Sorolla, Picasso o Matisse.

La segunda, ‘Como un cadáver’ (2000), extrae su título del juego de creación surrealista de 1925. La obra se configura como una fotografía intervenida con una trenza que reflexiona sobre la identidad femenina y el castigo social.
Con este conjunto de donaciones, el Museo de Bellas Artes de València asegura la preservación de una memoria visual colectiva indispensable para las generaciones venideras. Según explicó González Tornel, el museo necesita “una mínima distancia cronológica para poder historizar las obras”, convirtiéndose en un lugar donde se narra la historia de las imágenes y de la cultura, más que en un espacio de creación artística.
En este sentido, insistió en la importancia de pensar en el trabajo museístico como un legado a largo plazo a través un proyecto que, además de consolidarse en el presente, también debe servir a quienes lo continúen en el futuro, evitando vacíos que deban ser corregidos posteriormente.
El director del MuBAV defendió, además, la evolución del modelo museográfico tradicional, superando las lecturas estrictamente cronológicas o basadas en géneros. En su lugar, González Tornel propone narrativas conceptuales que permitan entender el arte desde continuidades y rupturas, especialmente en el siglo XX, donde movimientos como el feminismo o los discursos queer obligan a replantear las formas de exposición. Este enfoque, inspirado en modelos como el del Museo Reina Sofía, busca construir una lectura más compleja del arte contemporáneo.

