Txema Muñoz

#MAKMAEscena
‘Lumière’, de Txema Muñoz
Sala Concha Velasco
Laboratorio de las Artes de Valladolid (LAVA)
Paseo de Zorrilla 101, Valladolid
10 de mayo de 2026

Txema Muñoz empezó trabajando como empleado en una tienda de magia, ordenando barajas y limpiando vitrinas. Pero, por el camino, tuvo acceso a algunos de los secretos de un mundo que cautiva por igual a niños y adultos.

Espíritu inquieto, estudió Publicidad, luego mimo y, más tarde, el arte del clown. Y con todos esos ingredientes ha construido unas obras teatrales muy singulares, como ‘Lumière’, que pudo verse este mes en el LAVA de Valladolid, en la que quizás sea su última representación.

La magia es un elemento importante en sus espectáculos, pero sería impreciso y equívoco definirlos como espectáculos de magia. En sus obras, la magia simplemente ocurre, como un recordatorio de todo lo misterioso e inexplicable de la existencia, pero no hay ostentación. Más bien, con la ayuda de sus otras facetas artísticas, se coloca del lado de la inocencia y la poesía.

“Mis personajes viven la magia como una sorpresa. En cierto modo, son víctimas de esa realidad inesperada. Pero no hay ninguna exhibición del poder del mago. La magia simplemente ocurre”, explica Muñoz. Y eso que ocurre puede ser algo tan humilde como una bombilla que se ilumina cuando no debe y que se niega a dar luz cuando más lógicamente debería.

“La magia está en el mundo. Podemos decir que todo lo que no tiene explicación lógica, como el enamoramiento, es magia. Busco esos momentos y los disfruto”, explica. Y luego, de alguna manera, esos momentos encuentran encaje en unos espectáculos teatrales de historias mínimas, pero gran capacidad emocional.

Espectáculos, como ‘Lumière’, que logran generar una gran complicidad con el público. No solo con el infantil, que era mayoritario en la representación del LAVA, sino también con el público adulto.

Txema Muñoz, en un momento de su espectáculo ‘Lumière’.

Llegado un momento de la función, los niños tienden a imitar los sonidos guturales con los que se comunica el protagonista, lo que genera una retroalimentación francamente divertida. Es una reacción espontánea, pero no inesperada para Txema Muñoz, que está acostumbrado a que ocurra y que ha desarrollado una enorme capacidad para jugar con su público.

“Mis espectáculos se basan en algo tan sencillo como el jugar. El juego consiste en compartir unas emociones con los espectadores”. Muñoz explica de este modo cómo contribuyen sus distintas habilidades escénicas a ese juego con el espectador: “El mimo aporta un lenguaje, una narrativa sin texto. El clown pone las emociones y un universo absurdo a partir de situaciones cotidianas. Y la magia aporta la sorpresa y algo de fantasía”.

El título del espectáculo que representó en el LAVA remite a los hermanos Lumière, a los que se atribuye la invención del cine. Su obra más conocida tiene como protagonista un tren que llega a una estación, pero en la obra de Muñoz la situación se invierte: tenemos a un pasajero que espera a un tren que, en realidad, nunca llega, o llega, en todo caso, en forma de fantasía lírica.

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El espectáculo está concebido lumínicamente de forma que se matan los colores para generar una sensación próxima al blanco y negro y los grises del cine primitivo. No es casualidad. “Me he inspirado en el imaginario de artistas del cine mudo como Chaplin o Buster Keaton. Mi padre era muy aficionado a sus películas y las veíamos mucho en casa. De pequeño, me encantaba ver a estos señores que se caían constantemente y nunca se hacían daño. De alguna manera, se convirtieron en un referente”.

Hay algo, también, de la inocencia de aquel cine pionero en espectáculos como ‘Lumière’, en los que todo se juega en emociones básicas, universales y sencillas, completamente alejadas de cualquier posible discurso político o interpretación sociológica. Tan solo la eterna lucha del hombre contra los imprevistos, lo incomprensible y lo inesperado.

Pero todo ello presentado de una forma a veces pícara, pero siempre humilde. No hay aquí nada de la magia grandilocuente de los grandes espectáculos modernos. Más bien, podríamos hablar de la magia del haiku, de la maravilla de ver el movimiento de las hojas.

“La magia crea una sorpresa que funciona. Pero mi intención es contar una situación teatral, algo que sea más que un efecto. Y por eso creo una escena y narro un conflicto. En ‘Lumière’, vemos a alguien que espera un tren y al que, entretanto, le ocurren situaciones absurdas”, explica Txema Muñoz, quien recalca que su trabajo consiste en ofrecer a los espectadores unas situaciones que, luego, cada cual puede interpretar como quiera. “Yo no veo mis obras como una película que cuenta algo concreto o que quiere que el espectador piense de una determinada manera”.

Txema Muñoz, en otro de sus espectáculos.

La renuncia a la palabra, que no a los sonidos, como ya hemos comentado, es un elemento esencial de sus obras. Y, en un primer momento, surgió como algo casi meramente funcional. “Yo tenía mucho trabajo como mago, pero quería viajar por el mundo con mis espectáculos, y la magia hablada me limitaba mucho. El silencio y el trabajo gestual me abrían al mundo”.

Porque las emociones son, en gran medida, universales, y todo el mundo las puede entender. Aunque las diferencias culturales siempre nos proporcionan algunas sorpresas, sobre todo en lo que se refiere a lo que consideramos gracioso o no.

“En determinados países, por ejemplo, ver a una persona con la urgencia de tener que orinar, y no poder hacerlo, no les resulta divertido en absoluto”. Este cronista puede dar fe, sin embargo, de que los niños españoles se morían de la risa con ese sketch.

Lo mejor de ‘Lumière’ tiene que ver con su capacidad para combinar lo básico y lo elemental con lo lírico y lo sorprendente, en un cóctel que funciona y que nos reconcilia con el mundo.