#MAKMAEscena
‘Paisatge: Solsida’
Edu Comelles y Anna Estellés
Sala Carme Teatre
Gregori Gea 6, València
Del 26 al 29 de marzo de 2026
La atención, la mirada y el tiempo son los tres grandes rehenes de la contemporaneidad. La aceleración de los ritmos y la sobrecarga de estímulos nos dejan en un estado narcótico donde atención, mirada y tiempo se desprenden de nuestra agencia.
Ya no mantenemos la atención como antes, la mirada se ha vuelto adicta al edulcorante escópico de las pantallas y el tiempo sale disparado en cada scroll. Este problema lo vemos reiteradamente en el arte contemporáneo, que intenta, en sus cápsulas utópicas, devolvernos a un estado seguro para nuestros sentidos.
El artista sonoro Edu Comelles y la artista escénica Anna Estellés empezaron a colaborar en 2025 con la pieza ‘Solsida’, estrenada en la Sala Carme Teatre. Una obra que investiga el espacio liminal entre el arte sonoro, la escultura y las artes del movimiento a partir del concepto del derrumbamiento.
Un año después, estrenan ‘Paisatge: Solsida’, la continuación de este proyecto que, en sus palabras, “se quedó corto”. Para desarrollarlo han contado con el apoyo de la Sala Carme Teatre, Artea Lab, la Pina Submarina, y la participación de la bailarina Doriana Rossi, la iluminación de Carlos Molina, los visuales de Space Circles y el vestuario de Linda Vitolo.
Las artes escénicas, como tantos ámbitos de la vida, sufre de una sobreproducción que el circuito no puede reabsorber y que tampoco permite a las artistas profundizar en sus obras. Comelles y Estellés han optado por insistir en esta investigación artística, también como una posición política hacia la persistencia en un mundo donde todo pasa muy rápido y muy por encima.
“Doriana entró el año pasado en el último momento y nos faltó tiempo. Teníamos la necesidad creativa de seguir creando juntas. ‘Paisatge: Solsida’ ha sido una extensión de ‘Solsida’ hacia paisajes nuevos, paisajes emocionales y estéticos, tomándonos la licencia de arriesgar y de no censurarnos”, contaba Anna Estellés en el coloquio postfunción de los ‘Divendres Tangents’ organizados por la Sala Carme Teatre.
‘Paisatge: Solsida’ mantiene referencias al trabajo anterior, como la evocación al trinquet, escenario principal de la pieza original. Pero en gran parte es una apertura a otros paisajes posibles construidos entre el sonido, el cuerpo, la luz y la imaginación del espectador.
Este último agente, la mirada del espectador, cobra un papel esencial como constructor de la escena, pues en ‘Paisatge: Solsida’ la imagen está siempre a medias, como un dibujo de unir los puntos. Pone en evidencia que hay más mundo que los objetos visibles. Hay un mundo que se construye sobre lo invisible, en esta obra, gracias al uso dramático del sonido.
Este lugar de intermediación, de ambigüedad, entre la realidad y la imaginación, es lo que Anna Estellés denomina el “tercer espacio”, un concepto rescatado de la sociología que define aquellos espacios fuera de lo doméstico (primer espacio) y lo laboral (segundo espacio), donde confluye la gente sin la necesidad de un fin productivo. Un espacio que se construye gracias a las diferencias de los agentes que lo habitan, dotándolo de matices y de posibilidades.
“El tercer espacio es un espacio mestizo y horizontal, donde se encuentran las diferencias. A nivel urbanístico, serían los barrios de periferias, donde se encuentran distintas culturas que a la vez están influenciadas por la propia ciudad donde se ubican. En nuestro caso, nos hemos juntado personas de distintas disciplinas artísticas y generamos una disciplina diferente”, afirmaba Anna Estellés. Edu Comelles, por su parte, añadía: “Es un espacio común donde las jerarquías se deforman y las etiquetas ya no encajan. ¿Es arte sonoro, artes vivas, danza? Da igual. Esto se sostiene sobre una cuestión política en defensa de la cooperación, el intercambio y la horizontalidad”.
Otro recurso característico de la pieza es la confluencia entre los soportes tecnológicos y los elementos naturales. No se puede obviar todo el andamiaje técnico de micros, modulares, la mesa de sonido, los focos. En cambio, el sonido que mana es el de un río, el agua, el viento, unas cuerdas, una voz femenina.
La relación entre el mundo tecnológico y el natural, que es el estado habitual del ser humano, se potencia a nivel escenográfico, encajando los pies de micro con las ramas y evocando unos animales híbridos que habitan este extraño paisaje, o colocando unas piedras sobre un recorte de luz que se convierte en un arroyo. Mientras, la bailarina Doriana Rossi canaliza los distintos estímulos convertidos en una danza que se integra en el paisaje.
‘Paisatge: Solsida’ es una pieza que subvierte el ritmo contemporáneo para devolvernos la atención, la mirada y el tiempo; un trabajo que solo se consigue cuando sus integrantes deciden darse tiempo para profundizar, para prestar atención al mundo de los estímulos sutiles y mirar más allá de lo visible. “Conectar con la erótica del presente”, como dice Anna Estellés.


