Nuria Fuster

#MAKMAArte
‘Aire que yo respiro’, de Núria Fuster
‘Tú, tú, tú, mi incesante’, de Esther Gatón
Museo Patio Herreriano
Jorge Guillén 6, Valladolid
Hasta el 13 de septiembre de 2026

‘Lo profundo es el aire’ es el título de una escultura de Eduardo Chillida que puede verse en el exterior del Museo Nacional de Escultura de Valladolid desde el año 1982. Está inspirada en la obra poética de Jorge Guillén, como la exposición ‘Aire que yo respiro’, que presenta estos días en otro museo distinto, el Patio Herreriano, la artista alicantina Núria Fuster.

Pero el acercamiento de ambos artistas a la materialidad del aire no puede ser más distinto. Allí donde Chillida lo hace visible a través del hueco en estructuras contundentemente sólidas, Fuster lo hace presente mediante el movimiento que provoca en una serie de voladizas esculturas cinéticas, marcadas por la fragilidad.

La exposición de Fuster ocupa el espacio emblemático del museo, la capilla de los Condes de Fuensaldaña. Allí, en un entorno que la artista alicantina asocia con la meditación, la reflexión y lo espiritual, ha colocado un gran globo impulsado por un mecanismo mecánico que permite generar una cierta sensación de ‘respiración’. Una sensación que puede ser contemplada desde un banco/mirador situado enfrente.

A continuación, un compresor dispersa aire sobre trozos de neumáticos de bicicleta trabajados para producir un efecto de susurro, y leves movimientos sibilantes. Y, finalmente, en la sala 9, se dan cita una decena de esculturas cinéticas, nuevamente en formas de bolsas, con distintas formas, tamaños y densidades, que se mueven como hojas impulsadas por un viento recreado artificialmente, de un modo que Fuster describe como “coreográfico’. 

Vista de la exposición ‘Aire que yo respiro’, de Núria Fuster. Imagen cortesía del Museo Patio Herreriano de Valladolid.

“La capilla es un espacio espiritual. Yo no soy religiosa, pero me interesaba por esencial y humana y quería hablar de la materialidad de esa experiencia”, explica la artista, que ha concebido la exposición ex profeso para el Patio Herreriano. “Me pareció que la clave estaba en el aire, en la respiración. Un aire que también forma parte de la escultura y que es social, porque convivimos a través de él”.

Normalmente no somos conscientes de ese entorno común aéreo hasta que llega una pandemia y nos lo recuerda. Sólo entonces recordamos que respirar es una experiencia al tiempo estrictamente personal y compartida.

La muestra ‘Aire que yo respiro’, pese al título, habla sobre todo del carácter social del aire, del aire compartido que da forma a nuestro espacio vital. Y también de la fluidez de una realidad que, como diagnosticó Zygmunt Bauman hace varias décadas, es más líquida que sólida, pues progresivamente ha ido perdiendo los puntos de referencia que la sujetaban. “Podemos hacer algo sólido en un mundo líquido, pero ¿tiene sentido?”, se pregunta Fuster. “Nuestra realidad ya no es sólida, es líquida y dispersa”.

Quizás por eso la escultora alicantina se siente especialmente atraída por el artista filipino David Medalla. “Él explica que es absurdo concebir el arte como algo terminado porque la realidad está en continuo movimiento. El arte debe acompañar esa transformación”, opina, y eso seguramente explica la creciente importancia de lo cinético en su obra, así como la necesidad de contar con un técnico, Carlo Crovato, capaz de convertir en realidad las intuiciones de Nuria Fuster a través de la mecánica.

Pero ese acompañamiento de la realidad no es sólo una forma de estar, sino también un modo de comprender. “El arte es un diálogo muy íntimo con la realidad para descifrarla y entenderla. Es algo muy cercano a la filosofía en su propósito, pero lo hace a través de la materia. El arte conecta la materia con las ideas”.

Fuster lleva mucho tiempo asentada en Alemania, en Berlín, una ciudad que le sedujo por su carácter abierto y tolerante. “En los últimos años ha cambiado mucho, ya no es tan económica como cuando yo llegué, pero sigue siendo inspiracional”, explica.

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Para cuando llegó allí ya había decidido orientarse hacia la escultura, un arte “muy físico, corporal y objetual que va mucho con mi forma de ser”. Pero eso no estuvo claro desde el principio, pues cuando acudió a Roma, a completar sus estudios de Bellas Artes con un programa Erasmus, todavía tenía en la cabeza la idea de dedicarse a la pintura. Roma lo cambio todo e inició otro rumbo.

“Las obras que más me fascinan son las que no termino de entender del todo, aquellas en las que no todo es obvio, y en las que hay misterio. La realidad es también así”, opina Fuster, que ha orientado su trabajo artístico hacia el trabajo físico con los materiales, alterándolos mediante la temperatura, la presión o el fuego, tan presente en la cultura valenciana de las Fallas.

“En Fallas hace unos años se tiraban muchos muebles a la calle y yo empecé a trabajar con esos restos directamente en la vía pública”, explica. “El artista es el que hace lo que puede con lo que tiene”. Y en esa época inicial esos desechos materiales eran una materia prima que Fuster veía ya como propicia para la aventura creadora.

“Me interesan mucho los restos, los desechos, las ruinas, las grietas… los veo sobre todo como una oportunidad”. Porque, según su visión, detrás de cada objeto hay una historia oculta o posible que puede ser contada o imaginada. “El objeto es como una escultura doméstica. Muchos de ellos son extensiones de necesidades corporales. Tienen mucho que ver con nosotros. Tengo un lazo íntimo con los objetos”, admite.

Javier Hontoria, el director del museo, resalta de su trabajo la atención que presta a dos grandes cuestiones: “La búsqueda de nuevas posibilidades expresivas del material y la relación que éste trenza con el cuerpo”. Algo que aborda desde el conocimiento de una tradición que hace presente. “En ella (Núria Fuster) afloran nombres como el de Rebecca Horn o el de Jean Tringuely, artistas que pusieron el acento en la maleabilidad de la materia y en la danza de los cuerpos”.

Esther Gatón, junto a una de sus piezas en la exposición ‘Tú, tú, tú, mi incesante’. Imagen cortesía del Museo Patio Herreriano.

Aunque ‘Aire que yo respiro’ es la primera muestra que Fuster protagoniza en el Museo Patio Herreriano, su trabajo no es desconocido en este centro artístico, pues su colección permanente atesora algunas de sus obras y, además, ha participado en varias exposiciones colectivas.

El mismo día que se inauguró ‘Aire que yo respiro’ lo hizo también ‘Tú, tú, tú, mi incesante’, de la artista vallisoletana Esther Gatón, cuyo título remite también a un poema de Jorge Guillén, elemento común entre ambas exposiciones.

“Esther Gatón lleva años trabajando en esa frecuencia: la de los objetos que guardan y cuentan más de lo que muestran, la de las cosas con las que uno establece una relación de empatía, que perdura a través de la escala, del tacto y del afecto que tuvimos por ellas”, explica Hontoria. “Para esta exposición ha creado un engranaje que despliega atmósferas de distinta densidad y ritmo”. Ambas exposiciones pueden verse hasta el 13 de septiembre.

Nuria Fuster
Núria Fuster, junto a una de las piezas de su exposición ‘Aire que yo respiro’, en el Museo Patio Herreriano de Valladolid.