Augusto Ferrer-Dalmau

#MAKMAArte
‘Imágenes de la historia. Ferrer-Dalmau’
Comisario: César Manrique
Sala de Exposiciones de las Francesas
De Santiago 22, Valladolid
Hasta el 8 de marzo de 2026

“Cuando empecé a pintar hace veinte años no había una etiqueta para lo que yo hacía”, reconoce Augusto Ferrer-Dalmau, una de las figuras más relevantes del mundo en pintura histórica, que protagoniza estos días, y hasta el 8 de marzo, la más importante retrospectiva sobre su obra en una década en la Sala de las Francesas de Valladolid, ciudad en la que vivió varios años.

“Hoy ya no tengo ese problema y podría decirse que he creado mi propio estilo”. Mucho más que eso: ha creado una identidad artística y una marca personal, tal y como certifica el comisario de la exposición, César Manrique. Pero, además, ha promovido una fundación que busca multiplicar su capacidad de trabajo con la ayuda de un grupo de cinco socios de pincel. Todos ellos comparten una tarea que es al tiempo una pasión: poner imágenes a la historia de España.

Cuando Ferrer-Dalmau comenzó, las referencias gráficas capaces de ilustrar los grandes acontecimientos eran escasas. Hoy, gracias a su trabajo, contamos con muchas más. Pero a Augusto le faltan manos para acometer tan titánica tarea, incluso ahora que cuenta con colaboradores, porque cada obra exige un meticuloso proceso de documentación histórica, para que todos los detalles posean el mayor rigor. “Sin imágenes es muy difícil conocer la historia”.

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Hace veinte años la fiebre de las vanguardias había dado paso ya a una multiplicidad de propuestas y ofertas muy diferentes. Antonio López y su escuela realista habían abierto de nuevo el camino a los amantes de la figuración. Cada cual podía hacer lo que quisiera, y el único problema era encontrar un público. Pese a lo inhabitual de su propuesta, o quizás por ello, Ferrer-Dalmau encontró el suyo muy pronto.

“Mi primera exposición centrada en esta temática trataba sobre caballería carlista y el dueño de la galería no recordaba haber expuesto nunca nada militar como eso, pero curiosamente tuvo muy buena acogida. En apenas una semana se habían vendido todos los cuadros. Y ahí empezó todo. Luego me pidió otra que también funcionó muy bien, y cuando me quise dar cuenta ya no podía organizar más exposiciones porque tenía muchos encargos”, recuerda Ferrer-Dalmau.

Fue en ese momento cuando el pintor catalán se dio cuenta de que quizás su trabajo no era muy habitual en las galerías de arte, pero tenía capacidad para conectar con la gente. “Es una pintura popular. Cualquiera la entiende. Transmite algo. Cuenta una historia”, explica.

Por pura intuición y fidelidad a sus gustos personales, encontró un nicho que estaba desatendido y sobre el que hoy ha levantado una pequeña industria. Ya no son solo cuadros, libros, propios y ajenos, carteles, reproducciones, calendarios…, sino también ilustraciones de temática aventurera que realiza para la colección de Zenda-Edhasa, en compañía de su amigo Arturo Pérez Reverte, que se encarga de los prólogos.

“En estos momentos, cualquiera puede desarrollar el tipo de arte que prefiera. Yo solo digo que el que me gusta a mí es el que cuenta una historia, el que transmite. Así es como lo veo”.

Y en su caso, las historias tienen que ver con los grandes y pequeños episodios de la peripecia vital de la nación española: las grandes gestas, como la llegada a América, la batalla de las Navas de Tolosa, o la conquista de Tenochtitlán, pero también las grandes derrotas, como el desastre de Annual, o la batalla de Rocroi, que puso fin a 150 años de imbatibilidad militar de los Tercios.

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“A la gente le gusta conocer y sentirse orgulloso de su pasado”, explica Ferrer-Dalmau. Y lo ve lógico, dado que la historia de España contiene momentos memorables, muchos de ellos desconocidos por el gran público.

“De pequeño no eras consciente de la importancia que tuvo tu país. Pero fue realmente trascendente”. Quizás por eso, lo que más le atrae es descubrir historias nuevas y lanzarse al reto de plasmarlas en imagen. “Es lo que más me apasiona, pintar episodios nuevos”.

Hoy, la novela histórica, la novela de aventuras e incluso la pintura histórica viven un significativo revival, incluso aunque la cultura oficial se resista a otorgarles dignidad, salvo casos muy particulares. Pero Ferrer-Dalmau fue pionero y descubrió que había agua abundante en lo que parecía un desierto. “Me adelanté porque me gustaba. Y coincidió que a la gente también le gusta la historia, y las historias de la historia”, explica. “Siempre ha habido un público para este tipo de temática”.

En ese momento todavía no se había generalizado la mirada hipercrítica sobre la historia, especialmente la de España. “Cuando yo empecé nadie hablaba de la leyenda negra. Yo pertenezco a una generación que celebraba cada año el festival de la OTI, una especie de Eurovisión americana. Por entonces había un acercamiento muy grande entre América y España, y si viajabas a Sudamérica todo el mundo te hablaba de la madre patria. Los problemas aparecieron bastante después”.

Parte del secreto del éxito de Ferrer-Dalmau, amén de su gran calidad técnica, es la vivacidad y autenticidad de sus composiciones. Y una clave importante es su conocimiento real de las guerras –al menos de las guerras actuales–, pues ha acudido a siete de ellas empotrado en busca de detalles y sensaciones. Hace tiempo de la última en la que participó, pero no es por falta de ganas, sino por falta de misiones.

“Ahora mismo no hay conflictos en los que estén involucrados militares españoles y yo tiendo a acompañar a nuestro Ejército, que es el protagonista de mis pinturas. Con ellos me siento arropado y protegido, como en casa”, explica. “Pero no estoy retirado de las guerras”. Si surge la oportunidad, quizás le veamos de nuevo armado con sus pinceles, tomando bocetos y respirando el temor a la muerte, que es el aroma que impregna el aire de todas las guerras.