#MAKMALibros
Jorge Carrión
Ciclo ‘BlaBlaNights’
LABA Valencia
Calle Quart 21-23, Valencia
21 de enero de 2026
Jorge Carrión dio una masterclass sobre su trabajo como escritor transmedia, dentro de las ‘BlaBlaNights’ de LABA en València. El autor de ‘Las huellas’ centró la charla en el proceso creativo de ‘Los campos electromagnéticos’ con el Taller Estampa, donde la IA tiene un papel fundamental, y conjugó esa perspectiva multidisciplinar con el final de la temporada de ‘Stranger Things’, mediante uno de sus personajes, Mike, que termina vinculando el juego de rol con la escritura.
Sin embargo, su paso por València también responde a una invitación del IVAM; allí, Jorge Carrión será el comisario de un ciclo denominado ‘Escrituras cactus. Tentativas literarias sobre Julio González’ que aunará a nueve escritores en diálogo con las obras del escultor. Un intercambio de poéticas que propiciará una nueva lectura del artista catalán.
‘Las huellas’ es una obra que juega con los lindes de la realidad, la ficción y la metaficción. Nos gustaría conocer tu visión sobre la verdad en la era del simulacro.
Es una época de retroceso de la verdad y de la idea de la verdad. Cuando yo escribí ‘Los muertos’ en 2008, no era un tema ni me lo planteaba conscientemente. No obstante, ahora, al leer ‘Los muertos’ para publicar ‘Las huellas’, me di cuenta de que esa discusión ya está en la novela.
De algún modo, lo que plantea ‘Los muertos’ es que una serie de televisión puede cambiar la historia, la realidad. La mentira artística puede variar lo que entendemos por verdad histórica y esto me pareció tan poderoso que lo seguí trabajando en ‘Los huérfanos’, ‘Los turistas’ y ‘Los difuntos’. Al leer las cuatro novelas que forman una única novela, me di cuenta de que lo que ocurre es que ‘Los muertos’ sintoniza con el espíritu de su época y provoca un cambio en el que el simulacro se impone a los hechos.
De hecho, en ‘Los huérfanos’ hay un auge de la ultraderecha; yo estaba sintonizando con el espíritu de la época. Evidentemente, no se me ocurrió que podía ocurrir algo como Trump, la posverdad y los hechos alternativos porque la historia no sé si supera a la ficción, pero es más grotesca que la ficción.
Si fueses un oráculo, ¿qué dirías sobre el mundo?
Acabo de leer un libro muy bueno que se llama ‘La pregunta 7’, de Richard Flanagan, y él aborda directamente la cuestión oracular. Habla de H. G. Wells y de algunas de sus novelas que adivinaron la bomba atómica y de algunos genios de la física cuántica de los años 20, 30 y 40 que alumbraron el futuro, nuestro presente.
Estoy leyendo a Hao, su libro sobre Sam Altman, y lo que hicieron Elon Musk y Sam Altman hace diez años fue decir: “Hay un 0.1 % de posibilidades de llegar a la inteligencia artificial, pero vamos a intentarlo a ver qué ocurre y, si lo conseguimos, lideramos una revolución histórica”.
Yo creo que de H. G. Wells a los físicos hubo un cambio de quién leía mejor el futuro y lo provocaba. Ahora, lamentablemente, se ha dado un cambio de los científicos a los tecnólogos, que ni siquiera son genios de la informática; son empresarios con mucha intuición, con mucho dinero y que saben beneficiarse del sistema.
Respondiendo a tu pregunta, yo no soy científico ni soy tecnólogo, soy escritor y crítico cultural y he llegado tarde a la condición oracular porque ya los genios de la adivinación como Jules Verne, como Wells, como Asimov, son de otra época.
No obstante, sabes que en ‘Los muertos’ hay un oráculo, un adivino, y lo que hace es adivinar el pasado, no el futuro. A mí se me hace más interesante eso. La idea a partir de ahora sería intentar adivinar el pasado y recordar el futuro y olvidarnos de la idea de profecía, que es una idea anacrónica.

Sobre el protagonismo colectivo que se da en tus novelas, en un mundo en el que las redes funcionan como catalizadores de individualismos, ¿qué crees que queda de ese protagonismo colectivo?
Es una gran cuestión. ‘Las huellas’ es una novela que escribí pensando que ya no hay protagonistas únicos. Es una novela coral, múltiple, en la cual los protagonistas George Carrington y Mario Álvares casi no aparecen; quizá aparecen en un 2 % de las 800 páginas.
En la misma época escribí ‘Librerías’, una historia cultural de las librerías como proceso colectivo y ahí hay personajes más importantes como Sylvia Beach o como Rachel Moyal o como Lawrence Ferlinghetti, pero hay decenas. Toda mi obra tiene estructura de red y en toda se discute que pueda haber protagonistas porque yo creo que vivimos en la época de la inteligencia colectiva y de la horizontalidad.
Siendo eso cierto, por un lado, las marcas personales son más poderosas que nunca y, por otro lado, ahora hay un protagonista de la novela del mundo. La novela del mundo en 2026 tiene un único gran protagonista, que es Donald Trump, que genera una o dos noticias por día.
La IA e Internet son un fenómeno colectivo, pero Elon Musk, Mark Zuckerberg o Sam Altman son personajes únicos; Maduro, Putin… Hay una especie de lucha entre lo individual y lo colectivo en la cual lo individual quiere seguir siendo central y lo colectivo no sabe cómo resistirse. Quizá haría falta otro sistema económico y otro sistema político, porque el capitalismo y la democracia naturalmente tienden hacia el ego que por lo general es siempre masculino.
¿Cuál consideras que es el estado actual de la novela en España?
El estado actual de la novela en España es bastante similar al estado actual de la novela en el mundo. Creo que existe una novela arriesgada, que por lo general es minoritaria, y una novela más visible, con más fuerza comercial, que esconde alguna tendencia mainstream como la autoficción, como la literatura confesional, a menudo basada en un trauma, como la mezcla de fantasía y romance o como el realismo de carácter sociológico.
Mi lugar es más desde la literatura experimental, aunque me parece bastante mentira, extraño y fascinante que tan solo haga quince años que Ricardo Piglia fuera una figura bastante central en el canon o que lo fuese Juan Goytisolo hace cuarenta, porque ahora cuesta encontrar figuras centrales en español que sean arriesgadas, que sean cervantinas y que estén intentando llevar la literatura hacia otros lugares.
El escritor transmedia y la generación Nocilla, ¿en qué punto se encuentran?
La generación Nocilla nunca existió, fue una etiqueta desafortunada. Lo que sí que hubo hace quince años fue un fenómeno, ’Nocilla Dream’, anunciando una poética muy potente que fue la de Agustín Fernández Mallo, con una constelación de autores y autoras como Mercedes Cebrián, como Robert Juan-Cantavella, nacidos en los 70, junto con otros autores como Juan Francisco Ferré, Manuel Vilas o Germán Sierra, nacidos en los 60.
Yo creo que ese fenómeno fue importante porque en ese momento se estaban formando en sus lecturas autores nacidos en los 80 y en los 90 y vieron que había otro camino posible; igual que yo lo vi cuando, con 18 años, leí ‘Historias del Kronen’ y otros autores leyeron a Ray Loriga y esos autores antes leyeron a Juan Goytisolo, etc.
Estamos en la historia de la literatura y, de pronto, ese nombre desafortunado. Creo que afterpop era mejor etiqueta, aunque ese nombre desafortunado visibilizó una voluntad de un cambio que sigue siendo incómodo. Sigue habiendo resistencia a cambiar y se aceptan poéticas que se pueden insertar fácilmente en la cronología de la historia y, en cambio, no las que son más incómodas.
Por otra parte, hubo una exposición hace un par de años en Sevilla sobre Agustín, Eloy y yo en el Festival Bookstock y, efectivamente, somos los tres transmedia: hemos trabajado con artistas del cómic, hemos hecho arte contemporáneo, los tres hemos sido curadores de arte contemporáneo. De modo que la literatura expandida nos define y nos hermana.
Creo que es un síntoma, que la gente está cansada de la literatura literaria y que la literatura, naturalmente, se abre hacia el mundo, hacia los demás lenguajes del mundo, entre ellos los artísticos. Lo natural para un creador es investigar en su literatura, pero también en un pódcast, en series, en cómics o en otros lenguajes.
¿Una pequeña píldora de la charla en LABA?
En esta ocasión, he reunido dos viajes: la charla en LABA y la invitación para un ciclo en el IVAM. Con María Negroni empieza un ciclo con ocho escritores, uno por mes, sobre Julio González; una propuesta de Blanca de la Torre. He aprovechado el viaje para ambas cosas y las dos invitaciones responden a lo mismo.
Tanto el IVAM como LABA me invitan porque trabajo desde la literatura hacia otras disciplinas. En marzo vamos a publicar en YouTube el cortometraje que hemos hecho a partir de ‘Membrana’ con inteligencia artificial; con Jorge Caballero y Anna Giralt Gris, hablaré de eso.
Hablaré de mis experimentos con artistas e ingenieros del Taller Estampa para escribir con GPT23, que eran los programas anteriores a ChatGPT, el libro ‘Los campos electromagnéticos’, es decir, el diseño es un marco mental que te permite pensar cualquier proceso creativo y yo voy a compartir mi proceso creativo con LABA a partir del comentario de ‘Stranger Things’.
Me reconozco mucho en Mike porque jugaba a rol cuando fui adolescente y después fui escritor. A partir de esa identificación con Mike, de ‘Stranger Things’, he titulado mi charla ‘Cosas extrañas’ y voy a hablar de mis libros y de mis proyectos mediante ese disparador.
Últimamente, debido al encarecimiento, se habla de un futuro en el que el libro se convertirá en un artilugio de lujo. ¿Qué opinas de esta perspectiva?
Lo bueno de la escritura y de la lectura es que son muy baratas. Puedes leer gratis en las bibliotecas. En España, tenemos un sistema de bibliotecas públicas increíble. Y puedes escribir con un lápiz, un boli o un ordenador que vale 50 € en Wallapop.
De todas las prácticas artísticas, para ser diseñador gráfico hace falta un Mac, para hacer cine hace falta un presupuesto… Es la más barata. Es verdad que el libro tiene una dimensión económica y de batalla que es el libro de bolsillo, etc., pero la tendencia es a que se vuelva un objeto de lujo. Ahora muchos libros de bestsellers van con el canto pintado, con el papel pintado, para encarecerlo o los libros en estuche, en estuche de tela, hay una fetichización de la literatura.
Yo, en ‘Contra Amazon’, empiezo con ese deseo contra Amazon y acabo con ese deseo que se llama ‘Contra la bibliofília’, porque a mí nunca me ha interesado el libro caro ni el objeto de lujo; no colecciono libros, colecciono lecturas, y yo el libro me lo compro para subrayarlo. Cuanto más humilde, más precaria y más barata sea la literatura, más me interesa.
Para finalizar, ¿algún próximo proyecto?
Ahora estoy con el IVAM, con el ciclo de conferencias con lectura en la sala donde está la obra de Julio González. Creo que va a ser increíble estar hablando de Julio con sus esculturas y dibujos alrededor, empezando con María Negroni, que ha escrito unos poemas fascinantes y los va a leer en València.
En marzo, lanzamos ‘Museo del Siglo XXI’, un cortometraje hecho con IA de ‘Membrana’. Después, mi próximo proyecto creo que es una exposición y un libro que se inaugura en febrero del año que viene en el Centro José Guerrero de Granada.
Hace unos años, cinco, convertí el Centro José Guerrero en una novela e hicimos la exposición-novela ‘Todos los museos son obras de ciencia ficción’. Ahora, al cabo de cinco años o seis, vamos a convertir el museo en un tarot. Hemos hecho un tarot Javier Olivares y yo, que no es un tarot sobre el futuro, sino más bien sobre el presente. Se llama ‘Tarot del siglo XXI’.
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