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‘Qué [no] es el cine’, de Alberto Adsuara
Vola Archivos, 2025
Al cine no le interesa ser encasillado en el gran concepto que representa la palabra ‘arte’. Esta idea provocadora la defiende el profesor y cineasta valenciano Alberto Adsuara en su último libro, ‘Qué [no] es el cine’ (Vola Archivos). Adsuara prefiere la expresión “formas artísticas” –o, mejor aún, “formas poéticas simbólicos”– para referirse a las distintas manifestaciones estéticas que genera la cultura. “Desde luego, el cine no es arte y creo que tomar conciencia de ello es algo muy liberador para el espectador”, opina.
“Para mí el arte solo es aquello que la institución señala como arte, con el objetivo de definir el espíritu de cada época”, explica Adsuara. En su opinión, la mistificación del arte tiene su origen en Platón, y su continuación en Hegel, pero ya no resulta operativa.
Fue útil mientras permitió escribir una historia lineal en la que determinadas manifestaciones artísticas podían ser vistas como la mejor expresión del alma de su tiempo. Pero, ahora, “la historia del arte está finiquitada. Hasta la aparición de Internet, la gente asumía lo que le decían los expertos, pero eso ya no es así”.
Renunciar a la palabra ‘arte’ no implica renunciar a una visión densa y con sentido de sus manifestaciones. Solo ayuda, en su opinión, a acercarnos a ellas con más libertad y con menos presión. Y, quizás, también a ver las grandes diferencias que hay entre unas expresiones poéticas y otras. Por ejemplo, contrastar el muy diferente impacto que tiene en el espectador ver una película o contemplar un cuadro.

“A un cuadro en un museo le dedicamos unos segundos; es lógico que su impacto sea mucho más débil que el que nos produce una película que se prolonga en el tiempo”, opina. A ello hay que añadir que el deseo “emerge mucho más” en una historia en la que puedes proyectarte en una trama y en unos personajes. “El cine nos afecta más porque nos abandonamos a la experiencia y porque se implica el deseo”.
Adsuara se pregunta por qué la gente necesita ir al cine y ofrece algunas hipótesis. “Cuando se les pregunta a los espectadores, suelen decir que van al cine a entretenerse, pero yo lo pongo en duda. Creo más bien que vamos para hacer más llevadera nuestra existencia y para evadirnos de otros aspectos de nuestra realidad que son más molestos”.
Pero tampoco hay que descartar que el hombre tenga una necesidad natural de escuchar historias. “Necesitamos escuchar las vidas de otros. A lo mejor, el cine es la evolución natural del contador de historias de las tribus primitivas”.
Lo que el profesor y cineasta valenciano tiene muy claro es que el cine no es un instrumento de comunicación; o, al menos, que esa dimensión no es la fundamental. Desde su punto de vista, sí es “una forma de expresión poética y simbólica”, cualidades que aparecen justamente más en aquellas películas que no pretenden comunicar.
“Pero la gente sigue creyendo que el cine es comunicación, y la izquierda, que lo sabe, se dedica a mandar mensajes a los espectadores. La derecha no lo ha sabido entender ni contrarrestar”, opina el autor de ‘¿Qué [no] es el cine?’. “Y el problema de la crítica es que está dominada por quienes también ven el cine como comunicación y quieren hacer proselitismo de sus ideologías a costa de las películas”.
Un elemento crucial en la forma de entender el cine que defiende Adsuara es que el sentido de las películas es el resultado de todas las cosas valiosas que se han escrito sobre ellas. “La única forma de que el cine trascienda y siga siendo importante para el ser humano es que se siga escribiendo sobre cine, poniendo las cosas negro sobre blanco”, esto es, mediante análisis serios y trabajados.
“El sentido se produce, y yo creo que el canon de la historia del cine es posible, porque se ha producido sentido a través de todos los análisis que se han publicado. Todos ellos se retroalimentan, se acumulan y operan como un depósito en el inconsciente colectivo”, opina el cineasta valenciano.
‘Qué [no] es el cine’ surgió del trabajo de análisis de secuencias que Adsuara realiza para su canal de YouTube. Mientras prepara los programas se le ocurren ideas más abstractas y teóricas que termina plasmando en artículos “y me di cuenta de que tenía cuatro, escritos a lo largo de los años, que configuraban una especie de tesis sobre los distintos modos de interpretar las películas. De modo que volví sobre ellos para darles una forma de libro”.
Pero ¿cuál es el mejor modo de abordar el cine? Adsuara distingue tres: la crítica, la interpretación y el análisis, y está convencido de que los tres modelos pueden ser útiles si se hacen bien. Pero él se inclina por algo que denomina el análisis materialista subjetivo, inspirado en el análisis textual de Jesús González Requena. Por esta vía, busca analizar lo que la película es a través de sus imágenes y formas, sin excluir la presencia de una inevitable subjetividad que mira.
“La función principal del analista es explicarle al espectador por qué le ha gustado una película, o por qué debería haberle gustado, en el caso de que no lo haya hecho”, explica Adsuara. “Todo es una cuestión de conocimiento y autoconocimiento. Por eso, reflexionar sobre por qué algo nos toca hondo es importantísimo para conocernos y conocer al ser humano”. Pero si el analista quiere realizar un trabajo que tenga capacidad de trascender y de prestar algún servicio a la humanidad, “tiene que ver la película varias veces”.
Como profesor que es, a Adsuara le asusta ver que se extiende entre las nuevas generaciones el rechazo de la lectura como forma de conocimiento en favor de lo visión. “Asusta que vayan a tomar el relevo personas que rechazan la lectura. Pensar que solo se puede conocer a través de la experiencia de ver es un error. Sin lo que se ha escrito sobre las grandes películas, no tendrían esa calidad referencial”.
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