Museo de Ulia

#MAKMAArte
Museos desde la periferia. Alguna reflexión
MAKMA ISSUE #08 | Entornos Museográficos
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2025

Resulta curioso eso de dirigir un museo. Uno nunca se siente lo suficientemente formado para acometer dicha tarea. Quien escribe, después de veinte años trabajando en arqueología, recaló en la disciplina museística tras superar varios procesos selectivos, tanto estatales como autonómicos, pero sin acceso a plaza.

Finalmente, obtuve el premio en una pequeña localidad de la Campiña cordobesa, Montemayor, de algo menos de 4.000 habitantes. Y, exactamente en ese momento, es cuando comienzas a ser consciente de que, en el entorno rural, la práctica museística resulta marcadamente diferente respecto a lo estudiado.

Cuando uno afronta este trabajo, trata de fundamentar su acción en obras de referencia, en soluciones comúnmente aceptadas compendiadas en distintos volúmenes que aquí sería muy extenso mencionar.

No obstante, tales escritos básicos de referencia generalmente se hacen pensando en la gestión de grandes museos, por lo que uno acaba sabiendo más sobre cómo dirigir el Louvre que el pequeño, o no tan pequeño, museo local. 

Portada de ‘Entornos Museográficos’ | MAKMA ISSUE #08, diseñada por José Antonio Campoy.

Es gracioso leer páginas donde, sirviendo como ejemplo el supuesto de cómo organizar una exposición temporal, se detallan los pasos a seguir: que si tal o cual área deben coordinarse, que si el facility report para préstamos de piezas, que si el estudio previo por parte del área de colecciones y su posterior revisión por el área de conservación, etc. 

La realidad es que la mayor parte de los más de 1.500 museos y colecciones museográficas oficialmente registrados en España carecen de los recursos necesarios para contar con una plantilla suficiente para poder implementar tales protocolos, pues casi todas las tareas, desde la vigilancia de salas hasta la gestión administrativa y de colecciones, pasando por el diseño museográfico, las labores de difusión o la necesaria investigación, frecuentemente, son acometidas por la persona que ostenta la dirección y que suele ser la única empleada estable de la institución museística.

De este modo, nos encontramos ante propuestas museísticas que suelen estar muy condicionadas por la personalidad del sujeto que las dirige. 

Museo de Ulia
Fachada del Museo de Ulia, en Montemayor (Córdoba)

La circunstancia descrita suele reflejar la realidad de la mayor parte de los museos locales y/o rurales, afectando en gran medida el alcance de algunas propuestas. No obstante, contar con una estructura limitada también puede suponer ventajas, pues nuestras instituciones museísticas muchas veces muestran y demuestran una agilidad mayor que la de los grandes centros de referencia.

Así, generalmente, la relación del museo con la Administración de la cual depende suele resultar más fluida y directa, más sencilla. Otra ventaja es la estrecha relación que puede establecerse con la población local. 

En nuestro caso, el grueso de las piezas que conforman nuestras colecciones provienen de donaciones particulares, en gran medida hallazgos fortuitos de piezas arqueológicas recuperadas durante la realización de tareas agrícolas.

Ello hace que la práctica totalidad de las familias del pueblo hayan contribuido, en mayor o menor medida, a la conformación de los fondos del museo, convirtiéndose este en un hecho idiosincrásico para los habitantes de la población en su conjunto; un símbolo de comunidad sostenida por una serie de pilares entre los que destaca el sentimiento de ser depositario de una herencia cultural y patrimonial compartida, la cual se evidencia en su museo. En resumen, si todos los museos son, o debieran ser, del pueblo, el Museo de Ulia lo es especialmente.

Llegado este momento, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿y el Museo de Ulia es lo que el pueblo de Montemayor merece o necesita? Creemos que estamos en proceso de lograrlo y, desde luego, nos esforzamos porque así sea. Para ello tratamos de diseñar exposiciones accesibles y adecuadas, pero huyendo en todo momento de cierta visión condescendiente, muchas veces proyectada desde las grandes ciudades sobre el entorno rural; esa visión que acaba siempre en un “pues está muy bien lo que hacéis para ser un pueblecito”.

Nosotros, desde el Museo de Ulia, reivindicamos que los proyectos culturales diseñados y ejecutados en localidades rurales pueden alcanzar niveles de excelencia similares a los de centros culturales de mayor renombre, no debiendo confundir nunca calidad con cantidad. 

Evidentemente, no podemos competir con grandes exposiciones del tipo comúnmente conocido como blockbuster, pero podemos, por citar algún ejemplo, acercar a nuestros escolares el alfabeto cuneiforme, o una gran muestra de abstracción a nuestros mayores, caso de la recién inaugurada exposición temporal ‘Arte contemporáneo en ruta. Gráfica estructural y la edición de artista‘, comisariada por Felicia Puerta, docente de la Universitat Politècnica de València.

Visitantes de la exposición ‘Arte contemporáneo en ruta. Gráfica estructural y la edición de artista’, en el Museo de Ulia. Imagen cortesía de Felicia Puerta.

Espléndida muestra que ha podido organizarse gracias al esfuerzo de cuatro pueblos (Cehegín, Alarcón, Alboraya y Montemayor), en cuatro provincias (Murcia, Cuenca, València y Córdoba) de cuatro comunidades autónomas (Región de Murcia, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Andalucía), gracias a lo cual nuestros habitantes y visitantes pueden disfrutar de la obra de 54 artistas contemporáneos, estableciéndose, en nuestro caso, un fructífero diálogo entre el patrimonio histórico-arqueológico y lo mejor del arte de nuestros días. 

Al hacerlo, comprobamos cómo no hace falta haber leído a Keats para que en nuestros vecinos afloren los mismos sentimientos que inspiraron ‘Oda a una urna griega’, para que se estremezcan entre la fragilidad de lo temporal afrontado a la atemporalidad de las piezas arqueológicas, en la sensualidad inherente a la relación especular de las formas.

Los pueblos tenemos mucho que proponer, por y para nosotros, pero también haciendo extensiva nuestra oferta cultural a las grandes ciudades; solamente hace falta que el poblador urbano preste un poco de atención. A buen seguro, podría acabar sorprendiéndose.

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