Cartografías de Óscar Carrasco

Cartografías del olvido, de Óscar Carrasco
Galería Luis Adelantado
C/ Bonaire, 6 Valencia
Hasta el 17 de noviembre de 2016

Se dice de la figura del artista que debe mantener su estilo, esa transmisión estética y conceptual que le haga reconocible. Al mismo tiempo no debe perder originalidad, ni tampoco contemporaneidad, la obra creada debería formar parte del momento histórico social, debería ser fruto de las preocupaciones, inquietudes o desvelos del creador. Plasmar estos deberes es un reto diarios que el artista debe salvar de manera continuada en su día a día. Las fotografías de Óscar Carrasco consiguen compaginar todos estos ‘deberes’ y darles una nueva significación.

La exposición ‘Cartografías en el olvido’ se puede observar de dos formas diferenciadas. Una primera en la que posicionarse en frente de la obra crea, gracias al reflejo, una extraña sensación de  inmersión. Al igual que el paisaje ha sido olvidado, el espectador se transforma en un intruso cuya presencia, humana, no acaba de encajar. El segundo modo de observar las cartografías presentadas, hoja de sala en mano, es la forma que permite identificar lugares y la mejor manera de excarbar, solo con saber su aproximación geográfica aproximada, en los recovecos de las estructuras fantasmales.

Club El Cisne Negro. Una de las obras que pueden verse en la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Club El Cisne Negro. Una de las obras que pueden verse en la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Una serie de elementos, como la arquitectura inundada de graffitis, basura y escombros, se repiten y dotan a la imagen de un carácter simbólico. Ese simbolismo se logra gracias a la creación de un muestrario ejemplar de la técnica fotográfica: buen encuadre, luz adecuada y puntos de fuga irreales. A pesar de esa realidad inherente en las piezas, volvemos a trasladarnos a una utópica y extraña materialidad. La fotografía, una vez más, se convierte en el medio que se extiende hacia una nueva dimensión, más allá de la captada por el ojo.

El propio Óscar Carrasco confiesa que le interesa “la ruina como crítica a la civilización y al poder devastador del ser humano, como recordatorio de su vanidad y fracaso ante el tiempo y el entorno”. Es casi inevitable analizar su visión de la sociedad, esa que realiza a través de nuestros vestigios actuales, al igual que los románticos del XIX buscaban respuestas en la pureza de paisajes furiosos. Una analogía dispar con un mismo resultado: la razón del ser humano, que toma forma de construcción aquí, se torna nimia ante la resistencia de la naturaleza.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Luis Adelantado.

María Ramis

La energía de Victoria Cano deja huella

Ecos & Huellas. Desde el Trastevere al Carmen, de Victoria Cano
Sala Ferreres del Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 1 de mayo de 2016

“Somos materia en transformación”, dice la artista. Y energía, mucha energía, que es la que transmite Victoria Cano durante el recorrido por su exposición Ecos & Huellas. Desde el Trastevere al Carmen, en la Sala Ferreres del Centro del Carmen. “Esta sala te desnuda completamente”. Y así, metafóricamente desnuda y como si hubiera salido de un largo régimen de internado, desgrana lo que han sido 15 años de soledad trabajando en su estudio. Un viaje interior que ha ido mezclando con viajes exteriores para mostrar pinceladas de esa soledad mediante exposiciones en Roma, Jeonbuk (Corea del Sur), Venecia, Qingdao (China), Nueva York, Milán y Berlín. El resultado de todo ello se puede ver concentrado en esta exposición de Valencia.

Victoria Cano en un video de su exposición en el Centro del Carmen.

Victoria Cano en un video de su exposición en el Centro del Carmen.

“Hay una variedad dentro de la unidad”. Y esa unidad, para Victoria Cano, tiene que ver con la energía que impulsa a la creación. Energía asociada a su vez al “tránsito entre la vida y la muerte”. Porque las 200 piezas que conforman esos Ecos & Huellas de su “viaje interior hacia fuera”, junto a los 80 libros voladores que cuelgan del alto techo de la Sala Ferreres, ligan lo vivo y lo muerto en su eterno ciclo. Por eso hay huellas dactilares insertas en sus naturalezas, al igual que perfiles humanos contorneando un tsunami o la figura humana intercalada entre un aluvión de formas en gestación.

Victoria Cano concibe su obra como un todo en el que las partes se van imbricando sin que se sepa a ciencia cierta lo que es naturaleza, propiamente dicha, y lo que es la naturaleza humana. Por eso advierte que el ser humano “hace cosas que van contra la naturaleza” y, cuando tal cosa sucede, “la naturaleza no perdona”. Esa difícil sintonía entre interior y exterior atraviesa el trabajo de Cano. La variedad de técnicas utilizadas, como el lápiz 3D, con las que ha investigado en su taller durante los 15 años de soledad, está siempre al servicio de una máxima: “Transmitir emociones”, resume la artista.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Emociones que tienen siempre que ver con los ecos de esa naturaleza en constante transformación. Cuando la aceleramos, violentando su ritmo, la armonía se quiebra y surgen las agresiones. Como en ese Mediterráneo con alambres, el tsunami devastador, el terrorismo ejemplificado en unas Torres Gemelas cuya luz eléctrica liga con el de la clorofila o la destrucción de un edificio de la Facultad de Bellas Artes del que Victoria Cano toma ciertos elementos de reciclaje. “Territorios, huellas, energía, del aire, de la tierra, de los fluidos”, explica su autora, para revelar “nuestra frágil y provisional existencia” que nos negamos a reconocer.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

“Deberíamos generar belleza como efecto de la armonía entre todo lo vivo”. Esa armonía que la artista rastrea mediante diversos ecos y múltiples huellas se puede ver en su exposición, a veces de forma inquietante y en otras ocasiones de manera más o menos amable. “Me interesa que la gente penetre en la obra”. Como en la pieza ‘Los álamos del jardín’, videoinstalación y técnica mixta, que permite al espectador contemplar a un tiempo el estatismo y el movimiento del bosque, remarcando así su posición pasiva y activa juntamente.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Si el único viaje es el viaje interior, como recoge la artista mediante la cita de Rilke, entonces la exposición de Victoria Cano es un gran viaje al fondo de esa naturaleza humana en continua transformación. Un viaje lleno de una energía que tan pronto avanza creativa como tiende a la destrucción. Ecos & Huellas. Desde el Trastevere al Carmen, que se puede ver hasta el 1 de mayo, es la forma que tiene Victoria Cano de proponernos un viaje solitario hacia la armonía por difícil que esta sea.

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Obra de Victoria Cano en el Centro del Carmen.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Salva Torres

Ética y estética de Roberto Rossellini

Ciclo Roberto Rossellini
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 5 de febrero al 10 de abril de 2015

La Filmoteca de CulturArts IVAC acoge un ciclo de Roberto Rossellini con algunas de sus más sobresalientes películas ahora restauradas. Películas que permiten adentrarse en una filmografía que su propio autor entendía como “vía privilegiada de conocimiento”, dada la concepción que Rosselini tenía del cine como arte, el cual permitía “aproximarse con exactitud a la verdadera naturaleza humana”. Aproximación que requería, según sus palabras, renunciar “a cualquier forma de búsqueda estética y a una toma de posición personal que reconstruyera otra realidad diferente a la observada”.

Ana Magnani en un fotograma de L'amore, de Roberto Rossellini. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Ana Magnani en un fotograma de L’amore, de Roberto Rossellini. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Rossellini pensaba que el cine había de ser sobre todo “un vehículo para comunicar ideas” y que las imágenes “deberían ponerse enteramente al servicio de éstas, nunca de una estética”. El profesor de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid Luis Martín Arias, en uno de sus Escritos, dedicado al cineasta italiano, considera una contradicción entre la teoría y la práctica de Rossellini, puesto que “efectivamente el cine (la imagen audiovisual en general) es ante todo ‘apariencia’ y ‘ficción’, pero no experiencia directa de las cosas”. De tal manera que el cine “sólo puede salvar esa instrumentalización, que ejerce sobre la imagen la sociedad de consumo, precisamente cuando alcanza valor estético, algo que paradójicamente rechazaba, al menos teóricamente, Rosselini, al final de su filmografía”.

Fotograma de 'Roma, ciudad abierta', de Roberto Rossellini. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de ‘Roma, ciudad abierta’, de Roberto Rossellini. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Martín Arias, citando a Miguel Ángel Laviña, apunta que, no obstante, algunas secuencias del cine de Rossellini quedarán en la retina del espectador “como parte de la memoria del siglo XX”. Como por ejemplo: “Pina-Ana Magnani corriendo por las calles de Roma, el niño Edmund escuchando en un gramófono a Hitler entre las ruinas de Berlín o la refugiada Karine-Ingrid Bergman perdida por las laderas del volcán Stromboli”. Y agrega: “Es una buena forma de entender la obra de un autor que por vez primera logró conjugar realidad y ficción, Historia y Cine”.

Fotograma de 'Alemania, año cero', de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

Fotograma de ‘Alemania, año cero’, de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

El Progetto Rossellini, fruto de la colaboración entre Cinecittà Luce, la Cineteca Nazionale, la Cineteca di Bologna y Coproduction Office, ha permitido la restauración de una serie de películas del cineasta italiano, uno de los más influyentes de la historia del cine, al que La Filmoteca dedicó una retrospectiva completa en 2005. Diez años después, los espectadores tienen la oportunidad de disfrutar de la restauración en DCP de algunos de los títulos más emblemáticos de Rossellini. Esta es la lista del ciclo de películas que durante dos meses se proyectarán en la Sala Berlanga.

‘Roma, ciudad abierta’ (Roma, città apera, 1945). Durante la ocupación nazi de Roma, la Gestapo persigue al ingeniero Manfredi, jefe de la Resistencia, que contará con la ayuda de un camarada tipógrafo a punto de casarse y del cura Don Pietro.

‘Stromboli, tierra de Dios’ (Stromboli, terra di Dio, 1949). Para escapar de un campo de concentración, una mujer lituana acepta casarse con un pescador de la pequeña isla de Stromboli, que se convertirá en otra prisión para ella.

‘Paisà’ (1946). Película de seis episodios, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial en Sicilia, Nápoles, Roma, Florencia, Romaña y los Estuarios del Po, y cuyo objetivo es ofrecer el retrato de un pueblo en lucha por su libertad.

Fotograma de 'El general de la Rovere', de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

Fotograma de ‘El general de la Rovere’, de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

‘El general de La Rovere’ (Il genérale della Rovere, 1959). En 1943, en Génova, un estafador aprovecha la ocupación para sacar dinero a las familias de algunos prisioneros. Cuando los alemanes le arrestan, le ofrecen asumir el papel de un general de la Resistencia para obtener información de los prisioneros políticos.

‘Alemania, año cero’ (Germania, anno cero, 1947). En el Berlín de posguerra, un ex nazi inculca a un niño, que vive con su padre enfermo, la idea de que sólo los fuertes tienen derecho a sobrevivir.

‘La máquina matamalvados’ (La macchina ammazzacattivi, 1952). De camino a una localidad costera, un grupo de americanos atropella a un vagabundo que desaparece por arte de magia. El misterioso personaje reaparece en el pueblo, donde es confundido con San Andrés.

Fotograma de 'Te querré siempre', de Roberto Rossellini. La Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de ‘Te querré siempre’, de Roberto Rossellini. La Filmoteca de CulturArts IVAC.

‘Te querré siempre’ (Viaggio in Italia, 1953). Un matrimonio inglés viaja a Nápoles para gestionar la venta de una villa que un pariente les ha dejado como herencia. En ese entorno ocioso, lejos de las preocupaciones de la vida cotidiana, pronto se produce una crisis en la pareja.

‘Ya no creo en el amor’ (La paura. Non credo più a l’amore, 1954). Una mujer casada que tiene un amante comienza a recibir amenazas de una joven que le pide que confiese su infidelidad a su marido.

India, matri bhumi (1958). Un documental que introduce elementos de ficción para representar aspectos de la vida en la India a finales de los años 50.

‘El amor’ (L’amore, 1948). Film compuesto por dos episodios protagonizados por Anna Magnani: “El milagro”, en el que ella se imagina que conoce a San José y se enamora de él, y “La voz humana”, en la que una mujer mantiene una conversación telefónica con su ex amante.

Ingrid Bergman en un fotograma de 'Stromboli', de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

Ingrid Bergman en un fotograma de ‘Stromboli’, de Roberto Rossellini. IVAC La Filmoteca.

¿Qué escondes, Miguel Rael?

El Desacuerdo, de Miguel Rael
Galería Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 16 de enero, a las 20.00h
Hasta el 27 de febrero, 2015

Auspiciar la eternidad mientras hay un mundo que se acaba. Desde hace algún tiempo cuando observo las obras de Miguel Rael me pregunto por la posibilidad de describir el derrumbamiento. El proceso que se debate entre la demolición y la caída. Un trayecto entre la pasividad de ser derrocado por algo o alguien y el activo de desplomarse uno mismo. Pareciera que el fin es el mismo: precipitarse al suelo. Sin embargo, el desplome es la rendición de uno. Nadie te empuja al vacío, sino que tú eliges lanzarte. A pesar de que conoces que no habrá marcha atrás. Se trata, pues, de “la paradoja de un abismo que se encuentra en y con otro abismo”. Consideramos el mundo en un inagotable desacuerdo en su diálogo infinito con la vida. Se trata de ‘El desacuerdo’ de Miguel Rael (Lorca, 1974), la última exposición del artista en Valencia.

Obra de Miguel Rael. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Miguel Rael. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Todo proceso de demolición conlleva la pervivencia de las ruinas. Cuando me acerco a las esculturas (serie Manifiesto y ensamblajes a los que se suma imagen y pintura) de Miguel Rael, me dispongo a habérmelas con esa idea de una abstracción de lo real donde lo concreto se desvanece hacia lo contrario en una anomía de las partes. Son los manifiestos del artista; una suerte de anti monumento en el que la ruina del “memorial” se presta a la transitoriedad del post-materialismo.

Las peanas de nogal avanzan la diferencia que atenderá la pieza en su totalidad en su régimen de planta monaica. Es decir, que separa los géneros. El gusto para los sentidos que produce la madera se deslinda de la piedra a la que da soporte. Los ojos se esconden en el cemento, salen las ropas, se viste el anti-pedestal. El cemento no se presta al paso del tiempo. Su dureza escultural impresiona la maleabilidad del soporte. Al punto que la exploración de Rael sobre el cambio de régimen de las materias retorna en estas piezas. Si bien nunca lo ha abandonado, en ocasiones su sutileza lo ha escondido. Las ruinas en la demolición son como la anti forma primera, aquella en la que se aventajaba Robert Morris, en la desmaterialización de la obra para alojarse en el Realismo Especulativo; manifiestos del desacuerdo, una vez más.

Obra de Miguel Rael. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Miguel Rael. Imagen cortesía de Espai Tactel.

También Miguel Rael parece ocultar la visibilidad directa de las cosas. Sus lienzos elásticos y negros a lo Soulages, como me gusta decirle, se abren en un espaciamiento a la nada. Es decir, una evasión del conocimiento en la forma concreta y que rompe el sentido de cuadro en la gravedad de la anti pintura. A saber: escondiendo la pintura si no raptándola igualmente. Pero, ¿qué escondes, Miguel Rael?¿Por qué esa necesidad de huida de lo real? La ruptura del poder de lo visual, o eliminación de la visión en la oscuridad de la noche del lienzo es la forma más radical de indagar sobre la experiencia de lo Real. “Tenemos sed de infinito”, grita Santiago López Petit.

Obra de Miguel Rael. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Miguel Rael. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Y, en ese acercamiento entre lo antivisual de algunas de sus piezas con cierta tradición postminimalista y una ontología orientada al objeto (el OOO de Graham Harman para más aclaraciones), emerge lo que he definido en el campo de la crítica de la autobioficción en torno al trabajo de Miguel Rael como autoficción conceptual. El ejemplo claro se expondría en sus fotografías y su vídeo La mésentente en el que la metáfora viva, el concepto rebasa su figura para vivir la vida de uno. En este caso la metáfora es aquella en la que una navaja butterfly coreografía los pases de la balysong (arte marcial de orígenes en los mares del sur de China) en un movimiento de diálogo y disputa. La mésentente deriva de la noción de desacuerdo del filósofo francés Jacques Rànciere por la que la disputa o desacuerdo va más allá de no estar conforme al contrario: excede la forma del “contra” para ejercer una tercera figura política, personal e íntima.

Se trataría de la presencia indeterminada del que no puede acordar el contrato de diálogo porque sus capacidades no se integran en este. De ahí, las consideraciones sobre que su trabajo excede la fuerza del concepto para orientarse hacia la propia autobiografía exteriorizada en las relaciones de perpetua disputa con el otro. Finalmente, contrariar, contra-decir o llevar al desacuerdo sería en la obra de Miguel Rael la mayor encarnación política del infinito y la nada.

Obra de Miguel Rael. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Miguel Rael. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Johanna Caplliure

Serisuelo: Ruinas inmobiliarias en La Gallera

Space before place, de Agustín Serisuelo
La Gallera
C / Aluders, 7. Valencia
Visita guiada: jueves 27 de noviembre, a las 19.00h
Hasta el 12 de enero de 2015

Fotografías metidas en cubos de madera, hasta un total de 15 alcanzando los siete metros de altura. Y, alrededor, otra serie de instalaciones escultóricas referidas al urbanismo, a su arqueología como vestigio de una depredación inmobiliaria que ha dejado un sinfín de restos mortales a modo de ruinas. Hasta aquí el mensaje, lo cual en una obra de arte es decir bien poco. Porque el arte, como bien dijo el propio Agustín Serisuelo, artífice de la exposición ‘Space before place’ de La Gallera, “ha de servir para motivar la reflexión del espectador”.

Detalle de una de las fotografías insertas en la exposición de Agustín Serisuelo en La Gallera.

Detalle de una de las fotografías insertas en la exposición de Agustín Serisuelo en La Gallera.

Y Serisuelo, en la muestra que abre la nueva temporada de La Gallera, va más allá. “Son monumentos de nuestra historia más reciente que a algún arqueólogo del futuro le servirán para saber cómo fuimos”. Él se limita a levantar acta de tamaño despropósito jugando materiales como la fotografía, la madera, el PVC espumado o el metacrilato. Todo ello conjugado de forma armoniosa para revelar precisamente todo lo contrario: el desequilibrio y tormento de un territorio sometido a las bajas pasiones del lucro veloz.

Imagen de la exposición 'Space before place' de Agustín Serisuelo en La Gallera.

Imagen de la exposición ‘Space before place’ de Agustín Serisuelo en La Gallera.

Serisuelo transitó por espacios como Canet d’En Berenguer, Moncofa u Oropesa del Mar, se subió a torres y edificios abandonados, fotografió lo que fue viendo y luego recreó el conjunto de ruinas por las que pasó en una serie de esculturas expresamente trabajadas para el espacio de La Gallera. De manera que, como señaló el propio artista, se trajo toda esa periferia esquilmada a un lugar céntrico y emblemático de Valencia. También: “Traigo a un sitio lleno de memoria todo aquello que carece de ella”.

Imagen de la instalación escultórica de Agustín Serisuelo en La Gallera.

Imagen de la instalación escultórica de Agustín Serisuelo en La Gallera.

Por eso ha titulado su exposición ‘Space before place’. “El espacio está antes que el lugar. El espacio es algo frío e inerte que luego el ser humano lo convierte en lugar”. No es el caso que nos ocupa, donde el espacio repleto de ruinas revela la carencia de un lugar habitado por personas. Y el artista se pregunta en el catálogo expositivo: “Alguien quería que esto fuera su casa, un lugar para criar a sus hijos. Pero no lo es”. A partir de la desazón que tal hecho le produce, trabaja en sus esculturas para dejar constancia de tamaña “explotación con fines turísticos”.

Imagen de la exposición 'Space before place' de Agustín Serisuelo en La Gallera.

Imagen de la exposición ‘Space before place’ de Agustín Serisuelo en La Gallera.

De nuevo el mensaje. Pero Agustín Serisuelo vuelve a la carga subjetiva que tantos espacios ruinosos y deshabitados dejan en nuestra conciencia. La “fragilidad” de esa torre de siete metros repleta de fotografías. “Imágenes digitales que se desmaterializan y que yo convierto en materia al incorporarlas como parte de las esculturas”. Una torre que crece a lo alto, pero que parece tener pies de barro. “Me interesa llevar la construcción hacia lo volátil, que es lo que ha llevado el sistema constructivo en España”. Las constelaciones que sobrevuelan por encima de esa torre también producen la sensación de aquello “que no acabas de entender”.

Agustín Serisuelo recorrió todos esos espacios por tratarse de una “problemática cercana a mí”, sorprendido por el “velo de impersonalidad” de unos espacios “que nos hemos acostumbrado a ver”. Y como la costumbre es el vicio de la mirada para dejar de ver, Serisuelo muestra en La Gallera su conjunto escultórico. Un “trabajo arquitectónico como memoria contra el olvido y el abandono”. Ruinas inmobiliarias para arqueólogos que las comprendan.

Obra de Agustín Serisuelo. La Gallera.

Imagen de la exposición ‘Space before place’ de Agustín Serisuel en La Gallera. Imagen cortesía de La Gallera.

Salva Torres

Ruinas del futuro

Exposición y subasta de trencadís de Santiago Calatrava
Octubre CCC
C/ Sant Ferran, 12. Valencia
Inauguración: 24 de marzo
Subasta: viernes 28 de marzo de 2014, 18.30h.

Ruinas del futuro es una exposición y subasta benéfica, una muestra que analiza la situación cultural valenciana, para la que toma como símbolo el Palau de les Arts, de Santiago Calatrava, y la desastrosa circunstancia de la restauración de su cubierta.

En la exposición se muestran trozos de ese trencadís que sirvió como ornamento del edificio, el que hoy ha quedado, literalmente, por los suelos, una ruina, y que se ha convertido en un quebradero de cabeza para políticos y arquitectos partícipes en su levantamiento. “Se muestran trozos de la cultura que se ha creado en los últimos años en Valencia con dinero público”.

Trencadís de Santiago Calatrava (55 x 38 cm). Imagen cortesía de Octubre CCE.

Trencadís de Santiago Calatrava (55 x 38 cm). Imagen cortesía de Octubre CCC.

Trencadís de Santiago Calatrava (54 x 41 cm). Imagen cortesía de Octubre CCE.

Trencadís de Santiago Calatrava (54 x 41 cm). Imagen cortesía de Octubre CCC.

Este trencadís de Santiago Calatrava se subastará públicamente y los beneficios se donarán al Colegio 103, situado a escasas manzanas de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, que ha sido construido totalmente con barracones prefabricados. Debemos recordar que en los llamados “años de despilfarro” la Comunidad Valencia construyó colegios públicos de manera improvisada, obligando a miles de niños a estudiar en edificios de estas características.

Trencadís de Santiago Calatrava (53 x 42 cm). Imagen cortesía de Octubre CCE.

Trencadís de Santiago Calatrava (53 x 42 cm). Imagen cortesía de Octubre CCC.

De esta manera, Ruinas del futuro es un proyecto de participación ciudadana que tiene como objetivo convertir escombros sin uso en ruinas: “objetos de valor económico y simbólicos, que servirán en el futuro para entender la malograda «cultura valenciana»”.

Trencadís de Santiago Calatrava (53 x 39 cm). Imagen cortesía de Octubre CCE.

Trencadís de Santiago Calatrava (53 x 39 cm). Imagen cortesía de Octubre CCC.