La energía de Victoria Cano deja huella

Ecos & Huellas. Desde el Trastevere al Carmen, de Victoria Cano
Sala Ferreres del Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 1 de mayo de 2016

“Somos materia en transformación”, dice la artista. Y energía, mucha energía, que es la que transmite Victoria Cano durante el recorrido por su exposición Ecos & Huellas. Desde el Trastevere al Carmen, en la Sala Ferreres del Centro del Carmen. “Esta sala te desnuda completamente”. Y así, metafóricamente desnuda y como si hubiera salido de un largo régimen de internado, desgrana lo que han sido 15 años de soledad trabajando en su estudio. Un viaje interior que ha ido mezclando con viajes exteriores para mostrar pinceladas de esa soledad mediante exposiciones en Roma, Jeonbuk (Corea del Sur), Venecia, Qingdao (China), Nueva York, Milán y Berlín. El resultado de todo ello se puede ver concentrado en esta exposición de Valencia.

Victoria Cano en un video de su exposición en el Centro del Carmen.

Victoria Cano en un video de su exposición en el Centro del Carmen.

“Hay una variedad dentro de la unidad”. Y esa unidad, para Victoria Cano, tiene que ver con la energía que impulsa a la creación. Energía asociada a su vez al “tránsito entre la vida y la muerte”. Porque las 200 piezas que conforman esos Ecos & Huellas de su “viaje interior hacia fuera”, junto a los 80 libros voladores que cuelgan del alto techo de la Sala Ferreres, ligan lo vivo y lo muerto en su eterno ciclo. Por eso hay huellas dactilares insertas en sus naturalezas, al igual que perfiles humanos contorneando un tsunami o la figura humana intercalada entre un aluvión de formas en gestación.

Victoria Cano concibe su obra como un todo en el que las partes se van imbricando sin que se sepa a ciencia cierta lo que es naturaleza, propiamente dicha, y lo que es la naturaleza humana. Por eso advierte que el ser humano “hace cosas que van contra la naturaleza” y, cuando tal cosa sucede, “la naturaleza no perdona”. Esa difícil sintonía entre interior y exterior atraviesa el trabajo de Cano. La variedad de técnicas utilizadas, como el lápiz 3D, con las que ha investigado en su taller durante los 15 años de soledad, está siempre al servicio de una máxima: “Transmitir emociones”, resume la artista.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Emociones que tienen siempre que ver con los ecos de esa naturaleza en constante transformación. Cuando la aceleramos, violentando su ritmo, la armonía se quiebra y surgen las agresiones. Como en ese Mediterráneo con alambres, el tsunami devastador, el terrorismo ejemplificado en unas Torres Gemelas cuya luz eléctrica liga con el de la clorofila o la destrucción de un edificio de la Facultad de Bellas Artes del que Victoria Cano toma ciertos elementos de reciclaje. “Territorios, huellas, energía, del aire, de la tierra, de los fluidos”, explica su autora, para revelar “nuestra frágil y provisional existencia” que nos negamos a reconocer.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

“Deberíamos generar belleza como efecto de la armonía entre todo lo vivo”. Esa armonía que la artista rastrea mediante diversos ecos y múltiples huellas se puede ver en su exposición, a veces de forma inquietante y en otras ocasiones de manera más o menos amable. “Me interesa que la gente penetre en la obra”. Como en la pieza ‘Los álamos del jardín’, videoinstalación y técnica mixta, que permite al espectador contemplar a un tiempo el estatismo y el movimiento del bosque, remarcando así su posición pasiva y activa juntamente.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Si el único viaje es el viaje interior, como recoge la artista mediante la cita de Rilke, entonces la exposición de Victoria Cano es un gran viaje al fondo de esa naturaleza humana en continua transformación. Un viaje lleno de una energía que tan pronto avanza creativa como tiende a la destrucción. Ecos & Huellas. Desde el Trastevere al Carmen, que se puede ver hasta el 1 de mayo, es la forma que tiene Victoria Cano de proponernos un viaje solitario hacia la armonía por difícil que esta sea.

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Obra de Victoria Cano en el Centro del Carmen.

Obra de Victoria Cano en la Sala Ferreres del Centro del Carmen.

Salva Torres

Reyes de la improvisación

La crazy class, de L’Om Imprebis
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 15 de noviembre de 2015

Los latinos tenemos fama de buenos improvisadores, especialmente los valencianos, maestros del  ‘pensat y fet’. Tal vez esa predestinación marcó a la compañía L’Om imprebís destinada a convertirse en referente de la improvisación teatral. Ahora los veteranos teatreros presentan hasta al 15 de noviembre en el Talía su nuevo espectáculo, La crazy class, un homenaje al teatro que hace girar a toda marcha una noria de 14 cangilones (personajes). Como regalo especial para celebrar sus 20 años en escena, la compañía ofrece los viernes y sábados seis funciones extraordinarias de su famoso espectáculo de improvisación Imprebís.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Michel López y Santiago Sánchez son los artífices del montaje en el que los actores Carles Castillo, Carles Montoliu, Elena Lombao y Santiago Sánchez se multiplican para dar vida a 14 personajes. Paloma Díaz en la coreografía, y Ángel Ruiz como coach de canto. La obra cuenta con la colaboración del escritor valenciano Juan José Millás.

La crazy class es un homenaje al teatro y a lo que significa: pasión, juego, emociones, diversión y espectáculo en vivo”, dice Santiago Sánchez. “Nuestro amor por él y la implicación diaria para hacerlo presente nos mantiene unidos y, lo que es más importante, nos une con un gran número de público, que es lo que nos mantiene en los escenarios”.

¿Están locos esos actores y actrices por seguir peleando contra los elementos? “A veces vemos más locura fuera del escenario”, responde Sánchez. “Por ejemplo, esas tertulias en las que ya no puedes distinguir si tratan de política, de deportes o del corazón, donde se impone el grito y el exabrupto como forma de comunicación. Estar en escena nos acerca a sentimientos mucho más nobles como la palabra justa, la ironía, el humor inteligente. Eso, nos mantiene muy vivos”.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talía.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talía.

La crazy class no es propiamente una comedia, pero hay mucho humor. No es un musical, pero los actores cantan y bailan. “No sabes qué vas a ver, pero no puedes dejar de verlo”, dicen sus autores.

Sánchez y los suyos están más que satisfechos de volver al Talía donde empezó a despegar su carrera hace la friolera de veinte años, que si en la canción no son nada en una trayectoria teatral son muchos. Su amplio repertorio  abarca desde grandes textos de la dramaturgia universal (Galileo, de Brecht; Quijote, de Cervantes; Calígula, de Camus; o Tío Vania, de Chejov), hasta espectáculos innovadores, como Los mejores sketches de Monty Python o Imprebís, estrenado en 1994, que los convirtió en pioneros de la improvisación en nuestro país.

Al próximo gobierno que salga de las urnas en diciembre le piden, “un poco de decencia y honestidad, sea de derechas, de izquierdas o mediopensionista”, concluye Sánchez.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Bel Carrasco

De Canfranc a Melilla

Volver a Canfranc, de Rosario Raro
Editorial Planeta
La reina del azúcar, de Dolores García
Editorial Versátil

Del norte de la Península al norte de África, de la Segunda Guerra Mundial a la Guerra de Marruecos. Las escritoras valencianas Rosario Raro y Dolores García viajan al pasado de estos lugares limítrofes y exóticos para relatar sendas historias de largo aliento sobre la capacidad de superación del ser humano. ‘Volver a Canfranc’, de Rosario Raro (Planeta) y ‘La reina del azúcar’ (Versátil), de Dolores García, relatos equidistantes entre la historia y la ficción. A  partir de un riguroso trabajo de documentación, su propia memoria y creatividad, las autoras construyen un universo propio plagado de personajes, emociones y conflictos.

Portada del libro 'Volver a Canfranc', de Dolores Raro. Cortesía de Planeta.

Portada del libro ‘Volver a Canfranc’, de Dolores Raro. Cortesía de Planeta.

Consagrada ya con varios títulos, Raro recuperar la gesta de un grupo de héroes que durante la Segunda Guerra Mundial arriesgaron sus vidas para ayudar a ciudadanos judíos a escapar de los nazis a través de la estación Internacional de Cafranc.

“La primera vez que vi una imagen de la estación de Canfranc fue en un libro publicado en Versalles que se titula Lugares abandonados”, dice Raro. “El paso por ferrocarril a Francia a través del centro de los Pirineos está cerrado, a pesar de que es el trazado más corto entre Madrid y París. Después vi muchas más fotografías, centenares de ellas, y comencé a leer sobre su historia hasta el punto de que se convirtió en una obsesión nada patológica sino muy útil para escribir esta novela”.

Rosario Raro, autora de 'Volver a Canfranc'. Cortesía de Planeta.

Rosario Raro, autora de ‘Volver a Canfranc’. Cortesía de Planeta.

Un aduanero bretón,  una camarera de Zaragoza, un músico o un contrabandista son algunos de los personajes imaginarios que conviven con otros históricos como Josephine Baker y su marido Jean Lion.  “Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba subrayar el ensalzamiento de las buenas obras, eso tan poético llamado justicia divina”, señala Raro. “Al menos en literatura es posible que así suceda, que todo cuadre. Los protagonistas cambian mucho a lo largo de estas páginas pero no tanto como para desconocerse. Mi intención es que cobraran vida  y para eso necesitaba que no fueran perfectos. Tienen bastante que esconder, al menos a los lectores, para que sus claves, que están en su pasado, no se desvelen hasta bien avanzada la historia”.

Volver a Canfranc ha sido un éxito de la temporada, en apenas dos semanas se agotó la primera edición de 15.000.  “Se debe en parte a que la editorial le ha dado mucha visibilidad pero también al relato en sí”, indica Raro. “No es sólo una novela histórica y bélica sino también de espionaje y policiaca. También tiene mucho de misterio, de viajes, de aventura y claro,  de amor”.

Dolores García, autora de 'La reina del azúcar'. Cortesía de Versátil.

Dolores García, autora de ‘La reina del azúcar’. Cortesía de Versátil.

Melilla Modernista

Dolores García nació en Melilla, aunque vive desde los nueve años en Valencia. Con ‘La reina del azúcar’  centrada en la vida de Inés Belmonte, una mujer fuera de serie adelantada a su tiempo,   rinde homenaje a su ciudad natal.  “He querido dar a conocer su  belleza como segunda ciudad con mayor patrimonio de edificios modernistas del mundo tras Barcelona, y la trascendencia histórica que tuvo en nuestra historia reciente”, dice García. “También relatar acontecimientos muy poco conocidos de principios de siglo XX  de los que aún estamos pagando las consecuencias”.

Eligió el principio del siglo XX, “una época fascinante, pues al tiempo que se construye una ciudad de bellos edificios modernistas, también se crearon a velocidad de vértigo barrios populares para alojar a las gentes llegadas desde la Península huyendo de los conflictos sociales y de la miseria”.

Portada del libro 'La reina del azúcar', de Dolores García. Cortesía de Versátil.

Portada del libro ‘La reina del azúcar’, de Dolores García. Cortesía de Versátil.

La novela describe el mundo de la burguesía,  en su mayoría de origen sefardí, en busca nuevas diversiones y entretenimientos y  la lucha sorda que se libraba entre las potencias mundiales por sus intereses en aquella zona. “Una tensión que terminó empujando al Ejército español a participar en acciones que tendrán más que ver con oscuros intereses mineros que con los de la nación, siendo ellos las primeras víctimas de la política gubernamental e internacional”.

Dolores García recreó los personajes que pueblan su libro  a partir de la infinidad de historias que ha escuchado a lo largo de su vida. “Historias de mi propia familia y parientes cercanos. Con esa base real creé a una corte de personajes en torno a Inés Belmonte, una mujer de carácter que se convierte  en la industrial más poderosa de la ciudad”, concluye García.

Bel Carrasco

VLC…Negra seductora

VLC Negra
III Festival de Género Negro de Valencia
Del 7 al 17 de mayo de 2015

Tres años. Sólo tres años han bastado para que el Festival Valencia Negra eche profundas raíces y desarrolle una frondosa copa que da sombra a todo tipo de crímenes imaginarios generadores de ríos de sangrienta tinta. Nacido en plena crisis y sin apenas apoyo institucional, VLC es ya un referente en el circuito de encuentros de este tipo que jalonan la geografía española. Nada menos que 30 y en Francia se duplica esta cifra. Sin duda hay una insaciable sed de ‘mal’ de ficción, ansia de explorar el lado oscuro de la naturaleza humana, y el resultado es una seductora negra que, con mil caras, seduce a todos por igual.

Del 7 al 17 de mayo, en plena efervescencia primaveral, el festival concentra a 40 autores españoles y extranjeros, un tercio valencianos y organiza un mosaico de actividades complementarias y paralelas. Desde teatro y exposiciones fotográficas a talleres de escritura o infantiles. Una fiesta a la que todos están invitados.

Detalle de la portada del libro 'La ciudad de la memoria', de Santiago Álvarez. Editorial Tapa Negra.

Detalle de la portada del libro ‘La ciudad de la memoria’, de Santiago Álvarez. Editorial Tapa Negra.

“El éxito de la novela negra se explica porque se trata de un género contemporáneo sobre temas contemporáneos”, dice Santiago Álvarez, uno de los organizadores que se ha estrenado este año con ‘La ciudad de la memoria’. “Creo que nuestra mirada ha regresado, tristemente, a nuestra realidad social y personal de cada día. La novela negra nos ayuda a dar testimonio, a denunciar, a ser un escenario donde sacar a la palestra los problemas que más nos importan”.

Un hecho significativo de esta edición es la presencia de autores valencianos, varios de los cuales usan Valencia como escenario de sus tramas. “Hace cinco años se decía que los escritores valencianos de novela negra eran como francotiradores, que desde las azoteas disparaban palabras en la clave del género”, comenta Álvarez. “Esto ha terminado, y precisamente Valencia Negra es un buen instrumento para articular todos estos solistas y conseguir una buena banda”.

Otro objetivo de Valencia Negra es ser aglutinante cultural para los valencianos. “Queremos sacar el género negro de los rincones de los especialistas y plantarlo en la calle, que la gente lea, que escuche conciertos, que visite exposiciones, que se encuentre con nosotros y los artistas para hablar ello. En tiempos de crisis la cultura se convierte en uno de los pocos asideros para cultivar el pensamiento crítico”, concluye Álvarez.

Detalle de la portada del libro 'La mujer que no bajó del avión', de Empar Fernández. Editorial Off Versátil.

Detalle de la portada del libro ‘La mujer que no bajó del avión’, de Empar Fernández. Editorial Off Versátil.

Ellas también ‘matan’

Hace no muchos años Alicia Jiménez Bartlet era la única escritora española que firmaba en negro, como recordó en su reciente visita a la Fira del Llibre. Hoy las damas oscuras ocupan buena parte del damero de juego. Entre ellas destaca Dolores Redondo que estará en VLC el miércoles 13, la que más vende, pero ni mucho menos la única.

“Creo que el género negro permite una especie de cómodo voyeurismo, facilita poder abrir una ventana al lado oscuro que el lector puede cerrar a conveniencia”, dice Empar Fernández, autora de larga trayectoria que visitará VLC el próximo sábado 16. “En ese sentido satisface la curiosidad y te permite pensar que lo malo siempre les pasa a los demás”.

“No me gusta mucho diferenciar la novela escrita por hombres de la escrita por mujeres”, apunta. “Si debo destacar algún aspecto, creo que nosotras trabajamos mejor las emociones y la personalidad de nuestros protagonistas, intentamos dar más profundidad a los personajes y a sus reacciones. En ese sentido aportamos verosimilitud. También tocamos mejor los conflictos de origen doméstico y los secretos familiares”.

En cuanto a la finalidad de estos eventos, considera que sirven a los autores “para intercambiar experiencias de todo tipo y, muy a menudo, para compartir desdichas y lamentarnos por el mal momento que atraviesa el sector editorial. A los lectores, para conocer tendencias y novedades y, en ocasiones, para abordar a sus novelistas preferidos. Contribuyen a mantener vivo el género y a proporcionarle oxígeno”.

Detalla de la portada del libro 'L'any del devorador', de Emili Piera. El Petit Editor.

Detalla de la portada del libro ‘L’any del devorador’, de Emili Piera. El Petit Editor.

‘Arros Negre’

“La fascinación por la novela negra tiene muchos afluentes y causas,  y no es que su atractivo aumente en períodos de crisis, es que es entonces cuando parecen ‘cargarse de razón”, dice Emili Piera, uno de los autores que enriquecen el catálogo de novela negra en valenciano cuyo máximo exponente, Ferran Torrent, también publicó este año ‘Un dinar un dia qualsevol’.

“Hay tantos tipos de novela negra como autores, aunque como siempre digo, la novela es un artificio, un juguete, una paciente y larga máquina digestora”, añade Piera. “Cuanto más poseído esté el autor por la indignación y la voluntad de denuncia, más debe acercarse, me parece, a la crónica. Es lo que yo he hecho con ‘L’any del devorador’, un mural sobre el tiempo político que sufrimos vestido de novela más o menos policíaca. Con elementos de ciencia ficción y una geografía inventada para que no se lea, sólo, en clave valenciana”.

Detalle de la portada del libro 'El retornode l'Hongarés', de Anna Moner.

Detalle de la portada del libro ‘El retorn de l’hongarés’, de Anna Moner.

Otro título reciente en valenciano es ‘El retorn de l’hongarès’ de Anna Moner, que se ha documentado sobre las técnicas forenses del pasado para construir un relato peculiar que se acerca a la novela gótica. Un lugar común del género es que el protagonista salte de un libro a otro convirtiendo las obras sucesivas en un serial. Lo hace Juli Alandes con ‘Miquel O’Malley’ y Xavier Aliaga con ‘Dos metres quadrats de sang jove’ protagonizada por el inspector de origen guineano, Feliu Oyono.

A Rafael Melero no le hace falta documentarse mucho ya que como mosso d’esquadra conoce las técnicas policiales, además de consagrarse con su segunda novela, ‘La penitència de l’alfil’. Juli Alandes ganó el premio Octubre de novela con ‘Trencatenebres’ una investigación policial que tiene como trasfondo la historia del movimiento libertario.

Premio ‘Cosecha Roja’

El argentino Fabio Nahuel Lezcano acaba de ganar el premio de novela negra Cosecha Roja, en su primera edición organizada por la librería valenciana del mismo nombre. Su obra ‘Crímenes apropiados’ desarrolla, mediante el empleo de diversas estrategias narrativas, una apasionante trama en la que un asesino a sueldo y un periodista devenido en detective se verán inmersos en turbios episodios relacionados con el tráfico de bebés, la estafa, el fraude o la desaparición de personas en plena democracia y todo ello inscrito en el marco histórico de la convulsa historia argentina de las últimas décadas.

Detalle del cartel de VLC Negra.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Bel Carrasco

Otelo en Sala Russafa

Ciclo Nueva Escena Valenciana
El moro de Venecia (Otelo), de Kalicnicta Teatre
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Viernes 27 y sábado 28 de marzo,  a las 20.30h, y domingo 29, a las 19.00h

El Ciclo de programación ‘Nueva Escena Valenciana”, con el que Sala Russafa ha dado cabida desde el 30 de enero a propuestas de compañías autóctonas de reciente creación, se cierra con una pieza de Kalicnicta Teatre.

Este grupo, integrado por 11 jóvenes actores, se ha creado a raíz de uno de los talleres de interpretación de postgrado de Sala Russafa, destinado a profesionales de las artes escénicas e impartido por Chema Cardeña, director del área docente del Centro Cultural.

Una formación de siete meses en la que se tocaron diversas áreas y que tuvo como trabajo final  ‘El moro de Venecia (Otelo)’, montaje que formó parte del Festival de Talleres de Teatro Clásico de Sala Russafa la pasada temporada.

Gracias a la buena acogida del público, los estudiantes se decidieron a constituirse en compañía y a mover esta obra, que del 27 a 29 de marzo podrá verse de nuevo en el teatro de Ruzafa, antes de salir de gira a ciudades como Sagunto. Un reestreno que coincide con el Día Internacional del Teatro, que el centro cultural celebrará leyendo el manifiesto de 2015 por las Artes Escénicas, escrito por el director polaco Krzysztof Warlikowski.

Toni Lloréns, Jaime Vicedo, Eusebio Játiva,  Azucena Abril, Lucía Abellán, Mª José Crespo, María Part, Fran de la Torre, María Poquet, Patricia Pérez y Sandra Perelló son el elenco de este novedoso acercamiento al texto de Shakespeare, dirigido por Cardeña, en el que se da especial relevancia a la expresión corporal y la danza.

Fotograma del 'Otelo' de Orson Welles, que la Sala Russafa acoge en versión de Kalicnicta Teatre.

Fotograma del ‘Otelo’ de Orson Welles, que la Sala Russafa acoge en versión de Kalicnicta Teatre.

Numerosas versiones, tanto en las óperas de Verdi y Rossini, como en el cine, de la mano de directores como Orson Welles (1952), Oliver Parker (95) o Hammudi Al-Rahmoun en una película española de 2012, han popularizado esta tragedia shakesperiana. Sin embargo, Cardeña propone un montaje diferenciado, en el que, partiendo de la simbología animal, se recrea un mundo en el que dominan los instintos y emociones más primitivas.

Un oso, un caballo o una serpiente, por ejemplo, inspiran la creación de personajes y se reflejan en el modo en que los actores dan vida a Desdémona, Otelo y al resto de personajes que interfieren en esta historia pasional, llena de manipulación e intrigas. Una potente historia, marcada por los celos y la codicia, dos de los sentimientos más irracionales y poderosos, capaces de animalizar a cualquier individuo.

Escena de 'El moro de Venecia (Otelo), de Chema Cardeña, por Kalicnicta Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ‘El moro de Venecia (Otelo), de Chema Cardeña, por Kalicnicta Teatre. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Echo et accords, de Michel Desfeux

Michel Desfeux, Echo et accords
Institut Français de Valencia
Moro Zeit, 6, Valencia

Michel Desfeux nace en 1947 en Normandia, Francia. Estudia en la Escuela de Bellas Artes de La Universidad de Rennes. Profesor de Artes Plásticas, vive y trabaja en Madrid desde hace veinte años. Acercarnos a la obra de Desfeux nos plantea, a primera vista, un desafío, determinado por el soporte físico, la forma tubular, escultórica, en la que desarrolla, sin embargo, un trabajo eminentemente pictórico. La verticalidad y la circularidad, casi insular, de cada creación, desvelan percepciones muy arraigadas en el ser humano, reminiscencias que nos llevan al tótem, espejo metamorfoseado del hombre.

De esta manera, mirar una de estas obras puede ser una forma de mirarnos y mirar a los otros, bajo los ropajes inventados por el pintor. La posibilidad, añadida de transitar entre las obras crea también el simulacro del bosque o de la ciudad, que convierte cada pieza del conjunto expuesto en un árbol o en un ser, en cada espacio abierto puede aventurarse un sendero o una calle. Pero Desfeux no encontró en esta forma una simbología humana, ni escultórica, halló sencillamente un espacio distinto que le impulsó una forma de trabajo, una exploración solitaria y minuciosa, hasta llegar a su propio lenguaje. La experiencia de la pintura apropiándose de su soporte, indagándolo, más allá de él mismo. El tubo se transforma, asume cortes, superposiciones, integra nuevas materias: cuerdas, cintas, maderas.

Michel Desfeux, en en Instituto Francés de Valencia. imagen cortesía del autor.

Michel Desfeux en Instituto Francés de Valencia. Imagen cortesía del artista.

En esta búsqueda de la belleza y del equilibrio, el pintor ensaya las diferentes emociones de la vida depurándolas, logra expresar visualmente una melodía, dar forma a un ritmo que se construye sobre el tubo como sobre una escala musical. La idea de la escala y de la escalera es muy propia de esta pintura que se concibe en ascenso. Con Matisse comparte esa “joie de vivre” que fundamenta el desarrollo imaginativo, esa danza interna, ese dinamismo que, en Desfeux, es propiciado por la circularidad y que expresa en esas pinceladas ligeras, en ese sentido ascendente de su construcción pictórica, en los tonos pasteles que se transparentan, o en el juego armónico de variantes y repeticiones.

Michel Desfeux en Instituto Francés de Valencia. Imagen cortesía del artista.

Michel Desfeux en Instituto Francés de Valencia. Imagen cortesía del artista.

Una pintura que, como ‘Alicia en el país de las maravillas’, nos invita a explorar los territorios de un mundo entendido como un encantamiento.

Sylvia Miranda

“Vivimos en un país de trincheras”

La ciudad de la memoria, de Santiago Álvarez
Editorial Almuzara
FNAC de Valencia
C / San Agustín, 2. Valencia
Presentación: jueves 12 de febrero

Santiago Álvarez forma parte del núcleo duro de Valencia Negra. Junto a Jordi Llobregat, Marina López y Bernardo Carrión ponen en marcha cada mes de mayo un encuentro que este año llega a su tercera edición y que cada vez gana más presencia y peso en el intenso calendario negro de la geografía española.

Arropado por su conocimiento del género, Álvarez irrumpe en la palestra con ‘La ciudad de la memoria’ (Editorial Almuzara), una historia que trasciende el relato detectivesco y que rinde homenaje a la ciudad de Valencia donde se desarrolla la acción.  Berta Valero, una universitaria ingenua que pasa por apuros económicos, comienza a trabajar casi por azar en la agencia de investigación de Mejías, un extravagante detective privado, inconformista y audaz, que se conduce como Humphrey Bogart en un mundo que cambia demasiado deprisa.

Ambos indagarán un extraño caso que involucra al poderoso clan familiar de los Dugo-Escrich, propietario del mayor grupo constructor valenciano, y cuyas raíces se hunden en un pasado lleno de secretos que todos parecen o aparentan  desconocer. El autor y Ramón Palomar presentarán en libro el 12 de febrero  en la FNAC.

Santiago Álvarez, autor de 'La ciudad de la memoria'. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Todas las historias tienen un germen o semilla. ¿De dónde surge la suya?

Vivimos en un país de trincheras, donde nos vemos abocados a elegir un bando, cavar hondo en nuestro puesto y disparar al contrario con todo lo que tengamos. Decidí crear a Mejías como un hombre en tierra de nadie, que se niega a luchar en la guerra de otros y sobrevive esquivando las balas porque se resiste a arrojarse al suelo. También se abordan otros temas como la carga del pasado, nuestro gastado concepto de lo que es real y lo que es verdad. Básicamente, escribo para poder ordenar un poco lo que nos rodea y tratar de comprenderlo. Creo que el detective es el arquetipo perfecto del investigador del ser humano.

¿A qué estirpe detectivesca pertenece Mejías?

Mejías es un heredero directo del Bogart de ‘El Sueño Eterno’ o ‘El halcón Maltés’. Del mismo modo que Alonso Quijano es perturbado por la continua lectura de novelas de caballerías, el cine negro de los cuarenta y cincuenta ha dejado una marca profunda en mi detective. Claro que pretender ser Humphrey Bogart en nuestros días resulta bastante complicado, y eso es origen de múltiples conflictos.

¿Hasta qué punto se ha inspirado en la corrupción reinante para tejer la trama?

En los últimos meses la palabra corrupción nos asalta cuando hablamos de la actualidad, nos rodea por todas partes, nos enfurece. Pero no todo lo que podemos escribir sobre el ser humano de nuestro siglo es eso. Terminé mi novela hace un par de años, cuando este ruido era algo más tenue, y más que la corrupción pretende explorar ese lado oscuro que todos tenemos y que puede activarse si le damos la oportunidad. Los peores delitos del ser humano no suelen salir de su bolsillo sino de las pasiones, emociones que no nos dejan atrás. En ‘La ciudad de la memoria’ existe el remordimiento, el odio y la venganza a través de las décadas, con una intensidad que solo solemos atribuir a los animales.

Portada de 'La ciudad de la memoria', de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

Portada de ‘La ciudad de la memoria’, de Santiago Álvarez. Cortesía de Editorial Almuzara.

¿A qué atribuye el boom que vive la novela negra?

Los lectores actuales vivimos bombardeados y preocupados por la actualidad que nos rodea. Nos cuesta marcharnos a lugares fantásticos o a épocas remotas. Hoy día parece que tiene más sentido pulsar la realidad contemporánea de nuestro barrio, de nuestra ciudad, de nuestro país, de esa parte de nosotros de la que no podemos estar orgullosos. Por otro lado, la novela negra no se ha ido nunca: lleva a nuestro lado desde la Transición. Los elementos de suspense, crimen, los arquetipos noir no han caducado tampoco y son muchos los géneros que son permeables a ellos. Me parece que vivimos ahora un boom como el de la novela histórica hace 10 o 15 años, y que ahora agoniza. La novela negra está en pleno apogeo y, por lo tanto, es ahora cuando puede mostrar indicios de decadencia. Si el género pierde la autenticidad, si lo domesticamos para aprovechar su tirón comercial acabaremos reventándolo. Y me temo que eso pasará, quizás en seis o siete años, porque es difícil imaginar que las editoriales opten por una alternativa, que sería darle un toque de normalidad que alargue su vida y seleccionar la etiqueta noir con cuidado para no confundir.

¿Cómo ha tratado Valencia de telón de fondo?

Valencia es un personaje más de mi novela. Yo soy murciano y resido aquí desde hace 15 años. Descubrí esta ciudad de golpe, en tiempos de bonanza y lo que más me gustó fue la importante carga histórica que arrastra. He respetado a la ciudad como es, pero he tratado de incorporar un matiz distintivo, se trata de la Valencia de Mejías, que incluye escenarios modernos como la Ciudad de las Ciencias pero también edificios históricos como la Lonja y huellas del pasado como nuestro rastro. La confluencia de lo moderno y lo antiguo, con sus miserias y alegrías. Como diría Mejías: “Amo esta horrible ciudad”. Por algo será.

¿Quiénes son sus maestros?

Me interesan mucho Melville, Dostoievski y Kafka. De la novela negra soy devoto de Jim Thompson, admiro profundamente su comprensión de la sombra que habita en cada uno de nosotros. De Tolkien he aprendido el gusto por las palabras como proveedoras de una historia y el concepto de mundo secundario no como evasión, sino como lugar donde ser forjado y aprender. De Paul Auster envidio su dominio del tono de la narración, de una voz sin estridencias que puede conducirnos a rincones insospechados. Y Chuck Palahniuk me parece un moderno removedor de conciencias al que todos deberíamos consultar de vez en cuando.

Santiago Álvarez. Imagen cortesía del autor.

Santiago Álvarez, autor de ‘La ciudad de la memoria’. Editorial Almuzara. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

La Sala Off reabre con música y vientos

El cazador de vientos, de Toñi Forascepi
Sala Off
C / Turia, 47. Valencia
Días 9 y 11 de enero de 2015, a las 19.00h

Mestral, Ponent, Garbí o Llebeig, Llevant, Gregal o Tramuntana. Son algunos de los poéticos nombres de las brisas y vientos que acarician las tierras valencianas para alivio del calor cada vez más tórrido. Todos ellos protagonizan la pieza musical con la que la Sala Off se pone de nuevo en modo ‘on’ después de seis años de silencio y unas obras de aislamiento acústico para evitar quejas vecinales que provocaron su cierre. Una buena noticia para los amantes de las artes escénicas y el teatro independiente.

Actores y público al final de la función de 'El cazador de vientos' en Sala Off. Fotografía: Cecilia Cristolovean.

Actores y público al final de la función de ‘El cazador de vientos’ en Sala Off. Fotografía: Cecilia Cristolovean.

‘El cazador de vientos’ es una pieza de teatro musical para todos los públicos diferente y atrevida, dirigida por Toñi Forascepi y basada en un texto del premiado escritor y dramaturgo valenciano Vicente Marco. “Creé un texto dramático a partir de unas indicaciones de la escuela, en concreto de su director Pedro Jiménez Acosta”, dice Marco. “Deseaban que contuviera los elementos propios del género: amor, romanticismo, buenos, villanos y algo de humor. Compuse El cazador… a partir de una idea inicial que me facilitó la primera directora del proyecto Anaís Duperreim. A partir de ese momento mi trabajo concluyó y ellos se pusieron en marcha”.

La obra habla de los sueños, de la posibilidad de imaginar un mundo diferente, de la fuerza de las personas y de las verdades escondidas tras la realidad que nos rodea. Inspirada en las canciones favoritas de los valencianos, recrea la hipotética situación de Krog, un anciano que recoge los vientos en grandes maletas con la intención de que lo empujen muy lejos, y evitar que su familia lo ingrese en una residencia geriátrica. Con la ayuda de la música, las emociones y los recuerdos invaden el escenario. Se mezclan situaciones reales con ficticias, desdibujando así los límites que separan la realidad de la ficción.

Nueve actores que también son cantantes y bailarines muestran su potencial creativo en escena. Pertenecen a la Compañía Off, que en febrero de 2013 estrenó ‘Flechas del Ángel del Olvido’, de Jose Sanchis Sinisterra, dirigida por  José Zamit. En el actual montaje colaboran varios profesores de la Escuela Off, con una puesta en escena característica del género musical supervisada por Toñi B. Forascepi.

Una escena de 'El cazador de vientos', de Toñi Forascepi, en Sala Off. Fotografía: Cecilia Cristolovean.

Una escena de ‘El cazador de vientos’, de Toñi Forascepi, en Sala Off. Fotografía: Cecilia Cristolovean.

15 años en escena

Pedro Giménez y Rafael Cruz fundaron hace 15 años la Escuela Off. Desde entonces el centro contribuye a la formación, producción y exhibición de las artes escénicas valencianas. En estos años se han realizado una treintena de montajes propios, se han formado en artes escénicas a más de 5.000 alumnos y han impartido clases 50 profesores. ‘El cazador de vientos’ estará en cartel hasta el 11 de enero y se representa a las 19 horas.

Con esta pieza musical se abre una temporada en la que Off busca reencontrarse con su público y dar a conocer gran parte del trabajo que se hace en la escuela día a día. Tanto por parte del personal docente en activo, como por los más de 200 alumnos que pasan por sus aulas durante el año, que tendrán un espacio donde mostrar proyectos escénicos. En algunos casos, con puestas en escena de gran nivel profesional.

Festival europeo

La segunda semana de febrero la escuela y la sala Off acogerán el festival europeo Ministry for Favourite Songs, una de las últimas actividades de este proyecto internacional. La escuela y la sala se convertirán en espacio de acogida de diferentes creaciones que marcan tendencia por su calidad artística en los países participantes.

Durante estos días, artistas de toda Europa se darán cita en Off para intercambiar impresiones y experiencias, y clausurar este proyecto que durante dos años ha estado viajando por los países que participan en un interesante intercambio artístico, que ha tenido a la música como principal protagonista.

Una escena de 'El cazador de vientos' en Sala Off.

Una escena de ‘El cazador de vientos’, de Toñi Forascepi, en Sala Off. Fotografía: Cecilia Cristolovean.

Bel Carrasco

Javier Calvo: “Me gusta inquietar”

Itinerario hacia la vacuidad, de Javier Calvo
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 4 de enero

“No se le ha hecho justicia”. Manuel Chirivella, responsable de la Fundación Chirivella Soriano, lo dijo sin levantar la voz, pero muy claro. Es más: “No se puede explicar el arte geométrico español sin referirse a Javier Calvo”. Y Javier Calvo, que mostraba su ‘Itinerario hacia la vacuidad’, se sinceró: “Me he sentido infravalorado”. Y expuso sus razones. “Siempre he tenido ese aspecto lúdico y comunicativo que, de cara a los artistas del rigor mortis, devalúa mi obra”. Su asociación con la moda también ha contribuido a ello, a pesar de su opinión crítica: “La frivolidad de la moda me da rabia, porque detrás de esa imagen hay mucho trabajo y mucha investigación”.

Javier Calvo, ante una de sus obras en la Fundación Chirivella Soriano.

Javier Calvo, ante una de sus obras en la Fundación Chirivella Soriano.

Esa industria de la moda, con la que Javier Calvo dijo tener una “deuda moral” relacionada con su “pedagogía”, posee detrás una “arquitectura” que a él le atrae. Y arquitectura es “miedo al vacío”, cerrando así el círculo explicativo del ‘Itinerario hacia la vacuidad’ mostrado en la Fundación Chirivella hasta el 4 de enero. Porque las 42 obras exhibidas culminan, tras pasar por su primera etapa de abstracción geométrica y las referencias a la moda, con sus trabajos inéditos en torno al vacío. Un vacío a modo de espacio en blanco, que se repite a lo largo de su más reciente obra.

Obra de Javier Calvo en la exposición 'Itinerario hacia la vacuidad', en la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Javier Calvo en la exposición ‘Itinerario hacia la vacuidad’, en la Fundación Chirivella Soriano.

Alguien le explicó ese vacío, tras sufrir un accidente, como un gran tubo en blanco. Especie de corredor de la muerte iluminado con un gran fogonazo. “No da miedo, sino que resulta inquietante”. Y Javier Calvo lo reconoce: “Me gusta inquietar, detesto la pasividad”. De ahí que su obsesión por la forma, la línea y las estructuras le lleve a dejar la “obra abierta”, aludiendo a Umberto Eco, “para que sea el espectador quien la complete”. Más que el final de algo, Javier Calvo ve en ese blanco metafísico cierta “introspección”.

“El vacío es el misticismo, una introspección hacia lo hecho o no hecho”. Algo tan “sugerente”, que le ha llevado los cuatro últimos años de su trabajo. Tan sugerente como “espiritual”. María José Navarro, comisaria de la muestra, puso el acento en los vanos de su obra: “Evoca lo intemporal, lo perpetuo, el más allá, a la vez que sugiere una meditación sobre la existencia”. Un universo plagado de formas poliédricas y coloristas que, como ríos de emociones, van a desembocar en ese mar en blanco de la nada.

Obra de Javier Calvo en la exposición 'Itinerario hacia la vacuidad', en la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Javier Calvo en la exposición ‘Itinerario hacia la vacuidad’, en la Fundación Chirivella Soriano.

“Pasa de la forma a la aparente nada, al vacío. Vacío pleno como lugar donde todo es potencialmente posible”, destacó Manuel Chirivella. Quizás por eso a Javier Calvo le interese “el camino, no la meta”. Un camino o itinerario repleto de oscilaciones y oquedades, por utilizar expresiones de la comisaria a la hora de explicar el trayecto del artista. Líneas y formas geométricas dispuestas de manera que el vacío reciba su merecido protagonismo.

En medio de la “infamia”, la “intolerancia” o la “xenofobia” que nos rodea a diario, Manuel Chirivella se agarró a la obra de Javier Calvo como “válvula de oxígeno para existir de forma digna”. La introspección, el misticismo, la espiritualidad o, simplemente, el vacío como espacio inquietante frente a tanta certeza ideológica, es lo que hace de ese ‘Itinerario hacia la vacuidad’ que propone Javier Calvo una sentida vía de escape.

Obra de Javier Calvo en la exposición 'Itinerario hacia la vacuidad', en la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Javier Calvo en la exposición ‘Itinerario hacia la vacuidad’, en la Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres

Sala Russafa: reinventando los clásicos

III Festival de Talleres de Teatro Clásico
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Hasta el 6 de julio

La enseñanza del arte dramático es una de las facetas de la Sala Russafa, un foco cultural en el barrio del mismo nombre que lucha contra viento y marea para aguantar el tirón de la crisis. A sus aulas han acudido este curso 76 alumnos de los que 24 son menores, un número superior a los anteriores, que demuestra que la afición crece.

Fruto de esa labor pedagógica es la tercera edición del Festival de Talleres de Teatro Clásico, que se celebra hasta el 6 de julio. “Difundir el teatro de corte clásico es uno de los motivos por los que creamos Sala Russafa, junto a la voluntad de apoyar a las nuevas generaciones de la escena valenciana, tanto en la formación como en la exhibición”, explica Chema Cardeña, director del Festival.

Figuras imperecederas y dramas eternos protagonizados por Don Juan, Otelo o Romeo y Julieta han sido reinventados para adaptarlos  al público contemporáneo de forma que su esencia cale y perdure. Beber en estas caudalosas fuentes  de sabiduría y conocimiento del alma humana es la base de la formación actoral que durante cinco meses ahonda no sólo en las técnicas de interpretación, sino también en otros aspectos del oficio. Así, los estudiantes deben escribir o reescribir textos para los personajes que interpretan, diseñar el vestuario, el cartel o escenografía de las piezas, entre otras de las muchas tareas relacionadas con el montaje de una pieza.

Integrantes de la compañía que representa 'Otelo'. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Integrantes de la compañía que representa ‘Otelo’. Imagen cortesía de Sala Russafa.

“El trabajo es muy distinto al que se realiza para un montaje teatral al uso, aquí hay mucho más tiempo y los actores tienen una implicación mayor en el resultado final”, dice  Cardeña. “Esto hace que las obras sean arriesgadas y rupturistas con el concepto más conservador de representación, llevando al escenario la investigación que en muchas ocasiones precede a la creación de un espectáculo”.

El cartel de esta tercera edición del Festival  incluye cuatro montajes: uno de actores aficionados, dos de profesionales y una compañía invitada.  El primero, Don Juan de tod@s se representó del 12 al 16 de junio, una pieza en la que conviven todos los Don Juanes que crearon Molière, Zorrilla, Lord Byron o Tirso de Molina.

Fiesta Shakespeare

Seguirán distintas versiones y adaptaciones de piezas de William Shakespeare, coincidiendo con la celebración del 450 aniversario del nacimiento del autor inglés. Romeo x Julieta, del 19 al 22 de junio, sitúa la apasionada historia de amor imposible en el Flower Power de los años setenta, en una comuna hippie que prepara la representación de los amores prohibidos entre los Capuleto y Montesco. Los alumnos del taller  llevan a las tablas un montaje novedoso, apoyado en la música de la época, que va mostrando paralelismos entre lo que ocurre en la comuna y lo que viven los personajes de la pieza más popular del dramaturgo inglés.

La tercera propuesta es El moro de Venecia (Otelo), del 26 al 29 de junio, cuando se cumplen más de 400 años desde su primera representación. Un nuevo acercamiento a esta pieza en la que tiene especial relevancia la expresión corporal y la danza. Los integrantes del curso de interpretación para profesionales de Sala Russafa parten de la simbología animal para recrear un mundo en el que dominan los instintos y emociones más primitivas.

El Festival culmina con la compañía de Teatro de Sombras Avoramar. Mariola Ponce y Vicent Ortolá (Teatres de la Llum) dirigen a un grupo de discapacitados físicos e intelectuales que encuentran en las artes escénicas una herramienta para integrarse, expresando inquietudes y aptitudes a través de su experiencia de la interpretación. Por tercer año consecutivo visitan el Festival, en esta ocasión con Enfadados con Shakespeare (6 de julio), un montaje en el que todos los miembros de la compañía aportan su particular visión de las emociones encontradas que tan bien supo retratar el autor inglés a través de sus personajes.

Sala Russafa pone a disposición del público un abono por 18€ para disfrutar de las cuatro propuestas de este Festival en el que se espera alcanzar el éxito de anteriores ediciones, con llenos prácticamente diarios. “Los espectadores tienen la oportunidad de descubrir nuevos talentos y de acercarse a piezas y personajes clásicos desde puntos de vista muy distintos a lo habitual” explica su director. “Al mismo tiempo a los actores, les damos lo fundamental: la opción de que les vean haciendo su trabajo”., concluye Cardeña.

Escena 'Romeo y Julieta'. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena ‘Romeo y Julieta’. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Bel Carrasco