La memoria abierta de Antonio Alcaraz

Memoria Abierta. Arqueología Industrial. Antonio Alcaraz
Fundación Antonio Pérez. Museo de Arte Contemporáneo
C/ Julián Romero, 20. Cuenca
Hasta el 1 de octubre de 2017

Con motivo de la próxima publicación del catálogo de la exposición Memoria Abierta. Arqueología Indrustrial de Antonio Alcaraz, presentamos un extracto de la entrevista realizada al artista por parte de la comisaria que llevó a cabo la propia exposición, Felisa Martínez Andrés.

F. M. A.: ¿Qué tienen en común todos estos lugares que usted pinta?

A. A.: Prefiero responder a través de las palabras de Paula Santiago y del arquitecto y filósofo Ignasi de Solá-Morales. La primera, directora del Centro de Investigación Arte y Entorno de la UPV, quien dedicó un capitulo de su libro “In situ: espacios urbanos contemporáneos”, a los siguientes conceptos: “Lugares improductivos”, “Tercer paisaje” y “Terrain vague”. Este último, es un término francés que utiliza Ignasi de Solá-Morales para estudiar de forma objetiva los vacíos (ausencias) que se producen en la ciudades actuales generados por el abandono de espacios hasta entonces productivos y que pasan a ser obsoletos, improductivos o residuales. Llamando la atención y alertando del valor patrimonial que pueden tener estos espacios y sus edificios.

Y, en palabras de Solá-Morales, “Son lugares aparentemente olvidados donde parece predominar la memoria del pasado sobre el presente. Son lugares obsoletos en los que sólo ciertos valores residuales a pesar de su completa desafección de la actividad de la ciudad. Son, en definitiva, lugares externos, extraños, que quedan fueran de los circuitos, de las estructuras productivas (…) Son sus bordes faltos de una incorporación eficaz, son islas interiores vaciadas de actividad, son olvidos y restos que permanecen fuera de la dinámica urbana (…) exteriores mentales en el interior físico de la ciudad que aparecen como contra imagen de la misma”.

F . M. A. ¿Qué decir de la exposición Espacios Industriales. Patrimonio de futuro?

A. A. Espacios Industriales, es uno de mis proyectos más completos y tuve la oportunidad de compartirlo contigo. Tanto por la posibilidad de documentar nuevos espacios que se seleccionaron desde Patrimonio, como por los lugares en los que se presentó la muestra, que itineró por algunos de los principales centros de arte de la Comunidad Valenciana. Y que ahora, en versión reducida y revisada, llega a la Fundación Antonio Pérez en Cuenca.

Fue una exposición inaugurada en el Centro del Carmen de Valencia en los primeros meses de 2014, y organizada por la Dirección General de Patrimonio del Gobierno Valenciano, precisamente con la intención de concienciar y poner en valor estos edificios. La muestra recogía algunas de las construcciones mas relevantes de la Comunidad Valenciana.

Una de las secciones de la muestra la dedicamos a las Instalaciones Portuarias. Tuve la oportunidad de documentar los tinglados fruteros del puerto de Gandía (conocidas como las naves de los ingleses), grúas y faros de otros puertos valencianos.

El proyecto original incluía tres faros: Columbretes, Valencia y Tabarca. De los que solo llegué a realizar una gran pieza del faro de Valencia, debido a los límites impuestos por la financiación de la producción.

Imagen: Detalle del faro de Tabarca. Cedida por Antonio Alcaraz

Imagen: Detalle del faro de Tabarca. Cedida por Antonio Alcaraz

La mayoría de los faros conservados en nuestro país datan de 1847, cuando el Gobierno construyó ciento cincuenta torres con el Plan General de Alumbrado marítimo. El abandono ha sido progresivo hasta finales del siglo XX en el que se declara el cuerpo de funcionarios fareros en extinción y se entrega las llaves de los faros a ingenieros portuarios.

En apenas veinte años, los faros habitados en España no llegan a la treintena, y ciento treinta poseen valor patrimonial relevante. Valor desde el punto de vista tecnológico, social y arquitectónico. Pero también otro tipo de valores como la importancia testimonial, la singularidad, la representatividad tipológica, la autenticidad y el grado de integración en su entorno.

Cinco faros de la provincia de Alicante se han integrado en el catálogo del Ministerio de Cultura como joyas del patrimonio. Y he tenido la oportunidad de fotografiarlos en repetidas ocasiones durante los últimos veinte años, son los faros de Tabarca, Santa Pola, Punta Albir en Alfás del Pi y los del Cabo San Antonio y Cabo La Nao en Javea.

En otro de los apartados del proyecto, Infraestructuras viarias ferroviarias, fue el hierro el elemento fundamental de la primera revolución industrial, el material que permitió proyectar obras hasta ese momento imposibles de realizar.

Puentes espectaculares, como el de Eiffel en Oporto, o la construcción de enormes espacios diáfanos como el Crystal-Palace de Londres, realizado por Paxton, o la sala de Maquinaria construida en 1889 por Dutert y Contamin en Paris.

Imagen: Detalle del puente de Oporto, Cedida por Antonio Alcaraz

Imagen: Detalle del puente de Oporto, Cedida por Antonio Alcaraz

Para Espacios Industriales, trabajé sobre dos puentes realizando obras de grandes dimensiones, que llegan a los tres metros y medio de ancho. Uno de los puentes de hierro se sitúa en Benissa sobre el rio Quisi, y también está atribuido a Eiffel o su escuela. Es un gran puente/viaducto para el tren de vía estrecha que comunica Alicante y Denia, que se encuentra en perfecto estado de uso. El otro se encuentra en Alcoy, denominado Puente de las siete lunas, fue construido con piedra y nunca llegó a a utilizarse.

Antonio Alcaraz, responde a más preguntas de Felisa Martínez Andrés en la inminente presentación del catálogo.

“No me parece peyorativo ser un artista formalista”

No solo mires. Escucha. Pepe Gimeno Proyectos 2002-2017
E CA (Espai d’Art Contemporani ‘El Castell’)
Plaza Roja. Riba-roja (Valencia)
Hasta el 1 de octubre de 2017

Con motivo de la exposición retrospectiva de Pepe Gimeno en el E CA (Espai d’Art Contemporani ‘El Castell’) de Riba-roja, conversamos con el autor sobre su proceso creativo y sus motivaciones estéticas.

En tu faceta como diseñador estás obligado a ordenar los elementos para transmitir una información muy concreta. En tu vertiente de artista plástico, ¿cómo te planteas la composición de tus obras?

Tanto en mi trabajo plástico como en el artístico, la estructura nunca es aleatoria, siempre es intencionada y está elegida para que potencie la expresión del concepto que quiero transmitir. Me gusta trabajar con estructuras muy sencillas, lo que me lleva a trabajarlas mucho. Tanto es así que, en muchos casos, el interés de la obra recae en su totalidad en la composición. Eso me ocurre sobre todo cuando trabajo con materiales de desecho en los que no intervengo para nada en su forma y en su color, los utilizo tal cual los encuentro, por eso mi trabajo se concentra en ordenarlos y distribuirlos en el espacio.

Pepe Gimeno, en el centro de blanco, en la inauguración de su muestra retrospectiva en el E CA de Riga-roja.

Pepe Gimeno, en el centro de blanco, en la inauguración de su muestra retrospectiva en el E CA de Riga-roja. Imagen cortesía del Espai d’Art Contemporani El Castell.

¿Temes ser tildado de artista formalista?

No me parece nada peyorativo ser un artista formalista. Pienso que el arte cuya importancia radica única y exclusivamente en el concepto, tan de moda en los últimos años, está sobrevalorado y además no me interesa demasiado. Al arte llegamos a través de la vista y la razón por lo que la obra debe estar creada con la finalidad de satisfacer y estimular ambas acciones, la de ver y la de razonar. En el ámbito literario, escribir una novela exige al escritor no solo narrar una historia interesante sino que además debe estar bien escrita para que nos plazca leerla. El dominio de los elementos visuales que componen la obra, que en este momento están tan infravalorados, es tan complejo que su estudio justifica en ocasiones un trabajo “formalista”, como dices. Quizás el equívoco está en que se asocie el formalismo con el trabajo de los que no tienen nada que decir.

¿Cómo se hace para escuchar con la mirada?

La música y la pintura comparten una serie de elementos que las convierten en disciplinas muy próximas. No es extraño que oigamos hablar tanto en música como en pintura de color, de ritmo, de espacios, de cadencias, de silencios o de espacios en blanco, etc… Es decir, ambas disciplinas utilizan conceptos muy similares pero cada una los resuelve con recursos diferentes para que puedan ser percibidos a través de distintos sentidos, la vista y el oído.

Cuando presenté en el IVAM mi proyecto Grafía callada, el músico Joan Cerveró, que participó en el catálogo, me indicó que muchas de las obras que componían la exposición se podían leer musicalmente. Al principio me sorprendí. Yo no había caído en la cuenta y no era consciente de esa lectura de la obra. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que tenía mucha razón.

Mucho tiempo después conocí a la compositora Sonia Megías y me propuso que preparáramos una video partitura a partir de una de la piezas de Grafía callada. De ahí nació Grafía cantada, una obra en la que el CoroDelantal codifica los elementos visuales de la pieza y los traduce a sonidos. Un proyecto muy interesante con una clara intención de hacer oír lo que se ve.

Vista de la exposición de Pepe Gimeno. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Vista de la exposición de Pepe Gimeno. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Alambres, trozos de madera, objetos cotidianos rotos. Todos estos elementos que recoges en la playa acaban formando parte de tus trabajos plásticos. ¿Qué te lleva a recuperar y reciclar la memoria de esos desechos?

Para mí el material de desecho es muy inspirador. Al margen de las intenciones éticas y de denuncia ambiental que mueven claramente el proyecto, existen otras razones que me motivan a volver a trabajar una y otra vez con este tipo de materiales.
En primer lugar la poética y lo sugerente que me resulta trazar un recorrido imaginario de la historia de cada una de las piezas. En segundo lugar, las texturas, formas y colores que contienen. Siempre intento aplicarlas intactas a las obras, exactamente tal como las encontré. Nunca las deformo, ni las pinto, ni las modifico. Solo las uno, las ordeno y las compongo en el espacio. Por último, me resulta un continuo reto ayudar a este material a dar el paso en esa transfiguración que supone pasar de formar parte de la basura a convertirse en una pieza con interés visual.

¿Cómo te sientes al escapar de los medios tecnológicos e informáticos que imperan actualmente en el diseño?

Por mi trayectoria y mi edad siempre me he sentido cómodo trabajando en el mundo analógico. Ese ha sido el entorno en el que me he formado. El mundo digital me cayó encima con una cierta madurez y he intentado aprovechar las ventajas que ofrece, que son muchas, pero mi relación directa con los materiales, su escala, su tacto y su manipulación es muy importante para mí. El mundo analógico y digital son absolutamente complementarios y enriquecen y facilitan mucho el trabajo creativo. No me parece mejor uno que otro, simplemente son distintos y complementarios. Lo importante es saber elegir en el momento cual de los dos resulta el adecuado.

Vista de la exposición de Pepe Gimeno. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Vista de la exposición de Pepe Gimeno. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Siempre has destacado la importancia de la tipografía en el apartado gráfico. Una de las vertientes del proyecto Grafía callada es un libro de caracteres ilegibles que se publicó en 2004. ¿Qué buscabas usando esa tipografía tan particular?

El diseño gráfico es una profesión que se encuentra situada entre las disciplinas relacionadas con la comunicación, como el marketing y la publicidad y las disciplinas artísticas, con las que comparte el lenguaje plástico, como la fotografía, la ilustración, la pintura… Ninguna de estas disciplinas contempla el uso de la tipografía como eje central de su razón de ser. Solo al diseño gráfico le resulta imprescindible su manejo dentro de su actividad. Claramente la tipografía es el elemento que por excelencia distingue al diseño gráfico del resto de disciplinas artísticas. De ahí mi lógico interés por ella.

Grafía callada es un proyecto de gráfica experimental. Nace con el propósito de ser un libro con todas las partes clásicas que lo componen, portada, guardas, portadilla, índice… pero un libro realizado únicamente con materiales encontrados en la playa y en el que no se puede leer una sola palabra.

Un libro que habla sobre la escritura y el signo y que no se puede leer gramaticalmente, solo visualmente. Las escrituras que allí aparecen son inventadas, no corresponden a ningún alfabeto preexistente. No están hechas con la intención de ser leídas. Es un ejercicio de análisis de las formas en el que me interesaba por las distintas estructuras que componen los caracteres de ciertos alfabetos, cúales pueden ser los códigos para crear uno nuevo y las características que reúnen la mayoría de los alfabetos que conocemos.

Vista de la exposición de Pepe Gimeno. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Vista de la exposición de Pepe Gimeno. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

En 2010 realizaste los Dibujos automáticos con los trazos y manchas que surgían de tu cabeza. ¿Qué imagen de tu inconsciente sacaste con ese proyecto?

Lo de los Dibujos automáticos es una actividad que llevo realizando desde hace más de cuarenta años. Es el tipo de obra que llevo más tiempo realizando. El situarme delante de un espacio en blanco con un pincel y pintura negra a mano es una actividad que me encanta. Actúo de forma automática e inmediata. Son dibujos realizados muy rápido y sus formas son totalmente inconscientes y aleatorias.

Este ejercicio, que se completa con un análisis posterior de los resultados y en el que acabo dotando a cada dibujo de un formato y composición determinada, me ha sido de gran ayuda para trabajar con el material de desecho. En esta segunda parte de racionalización de los Dibujos automáticos actúo de forma similar a cómo lo hago para ordenar y dar sentido al material  de desecho.

Un libro, esculturas, pinturas e, incluso, la vídeo-partitura de Grafía cantada. ¿Qué te impulsa a usar cada  una de estas técnicas?

Mis proyectos y mis retos personales siempre esconden el deseo de dar respuesta a una o varias preguntas. Cuando empecé con el material de desecho me preguntaba que haría yo si me encontrara perdido en medio de la nada, sin ningún recurso ni tecnología y con la necesidad que tengo de expresarme.

Cuando empecé con Grafía callada me preguntaba se era posible realizar un libro sin una sola palabra que se pudiera leer. Empecé a trabajar esculturas por preguntarme si era capaz de convertir en esculturas todos los alambres que contenía una bolsa verde que me habían regalado. La pintura, con el reto de trasladar y potenciar la expresión de algunas esculturas a las dos dimensiones. Y así siempre, cada proyecto surge como respuesta a alguna pregunta.

Pepe Gimeno en una imagen del interior del catálogo editado de su exposición. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Pepe Gimeno en una imagen del interior del catálogo editado de su exposición. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Por último, ¿Qué referencias artísticas han influido en tu trabajo? ¿Qué otras disciplinas y autores te sirven de inspiración?

Toda mi vida he sido un amante del arte. He visto y observado obras de toda época, tendencia y condición. Toda en su conjunto creo que tiene su parte de influencia en mi trayectoria. Pero creo que debo mucho a las últimas vanguardias del siglo pasado. Ha sido una época muy interesante del arte, con muchas propuestas y muchísimo contenido para desgranar.

Me interesa y me inspira todo lo que tenga que ver con el ingenio humano. Desde como está solucionado el plegado de un packaging a como está solucionada una caricatura con tres rasgos. Hay mucho donde aprender y admirar en cosas muy sencillas. Solo es necesario tener los ojos abiertos y mirar preguntando.

Irene Gómez

“El cartel ilustrado vive un momento muy crítico”

Carteles de Cine. Arte en Imágenes
Emilio Sanchís
Editorial El Búho de Minerva

Nos acercamos al fascinante mundo de la cartelería en el cine de la mano de Emilio Sanchís y su primer libro ‘Carteles de Cine. Arte en Imágenes’ (Ed. El Búho de Minerva). Un recorrido por la historia y los ilustradores más reconocidos y reconocibles de ese arte tan poco valorado en la actualidad, pero que tuvo su cénit en los 80´s.

Cuando Emilio Sanchís me contó en una terraza de Valencia, hace ahora dos años, que estaba trabajando en un libro sobre los carteles en el mundo del cine, me quedé de piedra. ¿Cómo era posible que nadie se hubiera interesado por lo primero que ves de una película? Cumplió su amenaza al poco tiempo: su libro “Carteles de Cine. Arte en Imágenes’ consigue repasar, de un modo informal y sencillo, la historia de este arte transformado en parte del merchandising del film. De correa de transmisión de sentimientos y expectativas.

Portada del libro.

Portada del libro ‘Carteles de cine. Arte en Imágenes’, de Emilio Sanchís.

En el libro, además de la historia, podemos encontrar a diferentes ilustradores que han marcado el sendero que después recorrerían sus actuales pupilos. El fantástico ilustrador Drew Struzan o Saul Bass, el que quizás haya conseguido marcar a más profesionales del diseño gráfico actual, aparecen entre las hojas del libro como partes indispensables del cine. Por desgracia, no siempre se le da el mismo valor al cartel. De hecho, la propia Academia del Cine Español no tiene una nominación específica sobre este asunto, relegándolo a un elemento casi accesorio, una parte diminuta, y por tanto, nada valiosa, del resultado final de la película, arrancándole la importancia visual y proyectiva que posee.

Por suerte, algunos festivales como Los Premios Feroz están intentando revertir esta injusta y descorazonadora situación. Este año le han dado el premio Feroz al Mejor Cartel a Gabriel Moreno por su trabajo en ‘El Hombre de las mil caras’ (Alberto Rodríguez, 2016). No es el único evento que premia a los carteles de cine, también lo hacen festivales de la talla de La Cabina o Suspiria Fest.

Cartel de Apocalypse Now.

Cartel de Apocalypse Now.

Quizás le suceda a más de un lector, como me ocurre a mí también, el no poder disociar una película de su cartel. ¿Cómo no recordar ‘E.T.’ (Steven Spielberg, 1982) sin remitirse a los dedos de Elliott y el extraterrestre tocándose, o ‘Apocalypse now’ (Francis Ford Coppola, 1979) sin ese atardecer ensangrentado con un centenar de helicópteros? Los carteles de cine (también de música o tapas de libros) nos han acompañado durante toda nuestra vida, es el momento de darlos a conocer.

¿Por qué un libro sobre carteles de cine, acaso no existe ninguno?

Escribiendo el libro he querido rendir mi pequeño homenaje al mundo del cartel, tan poco reconocido por la industria cinematográfica en la actualidad. En mi adolescencia el cartel solía ser el primer reclamo para hacernos ir al cine a ver una película o nos decidiésemos por coger una película u otra en el videoclub. A menudo nos prometían mundos y personajes fantásticos, que luego no encontrábamos nunca en el interior de la película, aunque el cartel ya había cumplido con su objetivo de vendérnosla. En el mercado sí existen algunos libros dedicados al mundo del cartel cinematográfico pero son más específicos, suelen ser libros biográficos dedicados a un solo autor en el que se repasa toda su trayectoria. Yo en este libro he intentado dar un repaso más genérico a la historia del cartel desde sus inicios hasta nuestros días diseccionándolo por géneros y seleccionando los mejores carteles dentro de cada género.

¿Desde cuándo llevas con la afición a los carteles de cine?

Los carteles de cine me han gustado siempre. Mis primeros recuerdos en los videoclubs son recorriendo los pasillos del mismo, mirando detenidamente todas las portadas de las películas y dejándome llevar por lo que prometían dichos carteles. Curiosamente, mi hija Marta ha heredado esa misma afición. ¿Quién no recuerda esas sesiones dobles en el cine del barrio, en el que proyectaban una película de reestreno y otra que solamente conocíamos por el cartel que la anunciaba y que nos enganchaba con sus llamativos carteles?

No paras de hacer presentaciones del libro, ¿hoy en día es el único medio para vender algo?

No es el único, pero sí el más directo. Yo disfruto mucho con el contacto directo con la gente, comentando datos y anécdotas sobre la historia del cartel y gracias en gran parte a tu colaboración y tus acertados comentarios en las charlas que realizamos, cada presentación se convierte en algo diferente y que nunca sabemos cómo se va  a desarrollar.

Los años noventa son la gran década de la decadencia del cartel ilustrado, y hasta ahora… ¿en qué momento crees, desde tu óptica, que nos encontramos a nivel de ilustraciones?

Desgraciadamente el mundo del cartel ilustrado se encuentra en un momento muy crítico. La gran mayoría de las productoras siguen recurriendo al cartel digital con formatos utilizados mil veces en otras películas. Por contra, los grandes ilustradores tienen que conformarse malviviendo con lo poco que les va saliendo. Sin ir más lejos, para la portada del libro he podido contar con el talento de Mo Caró, uno de los mejores ilustradores españoles de la actualidad, del que os aconsejo entréis en su página web y echéis un vistazo a su arte, aunque desgraciadamente pocos de sus trabajos llegan a ser para los carteles que vemos en el cine.

Cartel de Los Goonies.

Cartel de Los Goonies.

¿Por qué le das esa relevancia al cartel ilustrado, de la que estoy totalmente de acuerdo, en comparación con el de diseño gráfico por ordenador? Haznos un alegato a favor.

El cartel ilustrado tiene algo que en mi opinión nunca podrá conseguir el digital y es la calidez y el alma que nos transmiten; los digitales suelen ser mucho más fríos, aunque en la actualidad los diseñadores gráficos están cada vez intentado innovar más en sus diseños. Viendo cualquier obra de Struzan, Alvin o Peak se puede apreciar el amor que desprenden por sus creaciones, siendo un arte mucho más personal que los digitales con un formato más encorsetado. Por ponerte un ejemplo: observa detenidamente el cartel de ‘Los Goonies’, de Drew Struzan, la imagen de dicho cartel no corresponde a ninguna escena de la película, pero capta a la perfección el espíritu de la misma: adolescentes, aventura, peligro y humor, elementos claramente reconocibles en la película.

Entre la pléyade de grandes cartelistas nacionales están Jano y MAC (Macario Gómez). Cuéntanos algo de ellos y dinos, ¿por qué crees que no alcanzaron mayor éxito?

Como muy bien dices, tanto MAC como JANO son los dos exponentes más destacados de artistas nacionales en el arte del cartel. En su época consiguieron exclusivas con las grandes majors, por lo que se encargaban de realizar prácticamente todos los carteles de las películas de Hollywood que nos llegaban a la cartelera. Como curiosidad, Charlton Heston quedó tan encantado con el cartel realizado por MAC de ‘Los diez mandamientos’ que vino a España para recogerlo personalmente y lo colocó en el salón de su hogar. Por desgracia, tanto MAC como JANO han sufrido uno de los grandes males muy común en nuestro país como es no valorar a nuestros artistas; en otros países serían artistas venerados y respetados, aquí sobreviven como pueden malvendiendo sus obras en la gran mayoría de ocasiones.

Los grandes festivales no dan premio al mejor cartel (en este último año se han sumado dos a premiar carteles: La Cabina y Suspiria Fest, entre otros), y la Academia jamás se acuerda (aunque los premios Feroz sí). ¿Por qué sucede esta anomalía?

Es algo que espero se corrija pronto. Es muy difícil que las productoras vuelvan a apostar por los grandes ilustradores o por darle el valor que se merece al arte del cartel, si no se lo reconoce como un arte propio dentro de la industria del cine. Por suerte siguen habiendo festivales como los premios Feroz, el Suspiria o La Cabina que sí apuestan por premiar al mejor cartel del festival y darles la importancia que se merecen. Espero que la Academia del Cine recapacite pronto y podamos ver un premio al mejor cartel en los Goya, más teniendo en cuenta la gran cantidad de premios que se entregan con mucha menos enjundia.

Cartel de El ataque de la mujer de 50 pies'.

Cartel de El ataque de la mujer de 50 pies’.

¿En qué género se producen mejores carteles de cine?

Sin lugar a dudas en los géneros de ciencia ficción y terror, desde los coloridos carteles de los años 50, en los que se realizaron verdaderas obras maestras como ‘Planeta prohibido’, ‘El ataque de la mujer de 50 pies’ o ‘Invasores de Marte’, hasta los maravillosos años 80 con obras como ‘ET’ ‘Gremlins’ o ‘Noche de miedo’. También es cierto que da mucho más juego una película de ciencia ficción que un drama por ejemplo para la confección de un cartel.

En tu libro hay muchos colaboradores, hasta un total de 25, ¿con cuál de todos ellos te quedas y por qué motivo?

Todos tienen algo especial; he tenido la suerte de contar con  25 colaboraciones de un gran nivel, entre los que se encuentran directores, actores, productores, periodistas o músicos. Una de las colaboraciones más divertidas y acertadas con lo que yo buscaba ha sido la de Santiago Segura, en la que cuenta cómo consiguió que el gran Drew Struzan le realizase el cartel para ‘Torrente 3′, única vez que el gran artista estadounidense ha trabajado en España, o Carlos Marañón, director de la revista Cinemanía y gran amante de los carteles, que me solicitó realizar dos colaboraciones.

¿Dónde podemos pillar el libro?

El libro se puede conseguir en Fnac y próximamente en El Corte Inglés, así como en la web de la editorial El búho de Minerva.

¿Por qué dejas que un tipo como yo, amante del cine de terror, realice las presentaciones conjuntamente contigo?

El poder realizar las presentaciones contigo es una de las mejores recompensas que he obtenido por haber escrito el libro. Si por algo se caracterizan nuestras presentaciones es por ser divertidas y amenas, haciendo que el público participe en las charlas y se involucre en las mismas, aspecto muy importante para que la gente descubra algo más de este maravilloso mundo del cartel cinematográfico, y gracias a ellas he podido constatar que el público sigue amando los carteles.

Cartel de 'Tiburón'.

Cartel de ‘Tiburón’.

Para cerrar bien este artículo es importante darle la voz al triángulo que marca la industria del cine como son: director/a, crítico/a y festival de cine. Emilio Sanchís, como escritor y padre de este libro, no podía faltar para hablarnos de su cartel favorito.

“Sin duda, si me tengo que quedar con un cartel, éste sería el de ‘Tiburón’, no en vano forma parte de la portada del libro. De un sólo vistazo, en el cartel podemos hallar todos los elementos que vamos a encontrar en la película: una bañista relajada disfrutando del agua sin darse cuenta de lo que le viene encima….Simple y directo, perfecto para venderte la película y que quieras ver más de ella”.

Tony Morales es realizador de cortometrajes, se desenvuelve como pez en el agua en el terror con trabajos del nivel de ‘Hada’ o ‘Ku’, y ahora nos cuenta cuál es su cartel por excelencia.

“No soy muy experto en carteles, pero sin lugar a dudas mi favorito es el de la película ‘Poltergeist’. Por un gran motivo, lo mucho que transmite con tan pocos elementos; cómo está todo colocado simétricamente. Yo lo recuerdo cuando iba de pequeño al videoclub, que lo alquilé solo por lo que me transmitió: angustia, terror, pero sobre todo intriga: la soledad de la niña con su osito de peluche, y completamente de espaldas al espectador. Fue todo un descubrimiento para mí esa cinta, con esos colores tan apagados  y cuya frialdad hace que te transmitan pánico”.

Y, por último, Lorena Riestra, directora del festival Suspiria Fest en San Vicente (Alicante), nos habla de su cartel favorito, para tener la visión de una persona que organiza un evento de cine.

“Desde luego pocos podrían adivinar que este cartel (‘Dracula Has Risen from the Grave’) no es un diseño actual, y que se trata nada más y nada menos que de 1968. El cartel seduce sin tapujos ni censuras, a través de una extrañamente anhelante mujer. Es curioso cómo escoge el color rosado y delicado, para curar las cicatrices salvajes de los colmillos afilados del mismísimo Drácula. Es sin duda un cartel que interactúa directamente con el espectador, siendo capaz de atraparlo. Cabe destacar que este cartel fue sólo publicado en los EEUU”.

Emilio Sanchís. Imagen cortesía del autor.

Emilio Sanchís. Imagen cortesía del autor.

Javier Caro

“El galerista trabaja por amor al arte”

Entrevista a Basilio Muro
Junio de 2017

Basilio Muro, galerista valenciano con más de 30 años de experiencia a sus espaldas, cuenta en esta entrevista algunos de los pormenores de su larga actividad profesional, como la relación entre galerista y artista o sobre coleccionismo.

¿Desde tu punto de vista, hay alguna diferencia entre marchante de arte y galerista? 

Hay diferencias. Un galerista tiene un local, por lo que tiene riesgos y gastos. La muestra al público es también otro aspecto importante, otro factor que toma peso en la galería. Pues un buen galerista, cuando defiende la obra del artista, la muestra al público, lo cual cuesta una inversión. Desde luego, los galeristas arriesgamos por nuestros artistas. El marchante, por otra parte, representa a artistas, sin albergar tantos riesgos como un galerista, puesto que no es común que tengan un local, lo cual le descuenta gastos. Él tiene un punto de vista más bien económico, aunque esto no quiere decir que no le guste lo que está vendiendo y representando.

¿Se suele cobrar al artista por exponer en la galería?  

El galerista trabaja por amor al arte, por pasión. Además, un galerista que se precie no cobra al artista por exponer. Pero, cierto es que otras muchas sí lo hacen, lo cual, desde mi punto de vista, te quita libertad a la hora de exponer, privándote de la elección de la obra que uno quiere mostrar al público.

¿Hay artistas que pidan una recompensa económica por exponer en una galería? 

No se ha dado el caso con nadie en mi galería. Eso sería un handicap para ellos, es como decir “Yo valgo tanto y me tiene que pagar”. No creo que un artista que se precie lo haga.

Basilio Muro.

Basilio Muro. Imagen cortesía del autor.

¿En la galería realizabais certificaciones?  

Normalmente, un galerista no debe de certificar una obra. Eso no quita que tenga que tener conocimientos sobre la obra que tiene entre sus manos y de lo que está vendiendo. Yo, por ejemplo,  cuando he tenido algo de Miró lo he mandado a certificar. También me he encontrado con obras que he comprado en subastas que no eran auténticas, sobre todo obra gráfica, porque en el mundo de la obra gráfica hay bastantes falsificaciones. Cuando he hecho certificaciones, era sabiendo que la obra tenía un 100% de autenticidad, e incluso aún sabiéndolo me surgen dudas sobre si hacerlas o no. Porque hay personas, como por ejemplo el hijo de Jacinto Salvadó que certifica la obra de su padre, que yo también lo podría hacer puesto que es un pintor que conozco y que conocí, sin embargo, su hijo está más cualificado que yo.

¿Crees que los familiares, por ejemplo, hijos o nietos, están cualificados para certificar una obra? 

No siempre, sin embargo, los hay y dichas certificaciones ponen en riesgo la autenticidad y veracidad de las obras.

Y, ante un hipotético caso en el que se presenta una obra de un artista reconocido, y que existen profesionales en dicho artista, ¿prevalece antes la palabra del familiar o la del experto? 

Prevalece la opinión del familiar. Pero afortunadamente existen también las fundaciones que certifican y reconocen perfectamente detalles que a nosotros se nos pueden pasar, en la firma por ejemplo. ¿Cómo lo hacen?, no lo sé, pero si lo supiera no lo diría para no dar datos a nadie. Ya te digo, yo he comprado obras, obra gráfica de Miró en subastas reconocidas de París y las he llevado a certificar a la Fundación Miró. Y, una vez ante el experto, te dicen que si no es auténtica esa obra no sale de ahí, siendo destruida ante notario, lo cual me parece perfecto. Pues, convencido de las cinco que compré, tres no lo fueron.

Entonces, a pesar de estos riesgos, ¿los coleccionistas seguirán comprando? 

Sí. Eso va en el género humano.

Basilio Muro. Imagen cortesía del autor.

Basilio Muro. Imagen cortesía del autor.

Hablando de coleccionismo, ¿piensas que depende de algún país? Es decir, ¿hay un motor que lo haga funcionar? Porque, por ejemplo, en Valencia no hay una cultura tan extensa del coleccionismo artístico como en otras partes de España, a pesar de tener grandes pintores.  

Tenemos buenos pintores y clientes muy preparados. Pero también está el coleccionista que piensa que si va a Madrid o a París y compra allí una pieza, ésta será más relevante, pero eso no es así.

Entonces, ¿dirías que es por el nombre de la ciudad, más que por el arte en sí? 

Sí, de nuevo digo que eso va con el género humano. Sin embargo, hay coleccionistas que encuentran obras maravillosas sin salir de Valencia, tan maravillosas como las que puede encontrar en Nueva York, en París o en Londres.

¿En Valencia crees que el coleccionismo irá a mejor, peor o se mantendrá? 

Tendrá sus lapsus, es como la pescadilla que se muerde la cola, al final volverá a su punto de origen. El coleccionismo está ahí y lo estará siempre.

Pero, ¿qué necesita el coleccionismo para que vuelva a resurgir? 

Pues como resulta en todas las cosas, ha habido una serie de crisis haciendo que el poder adquisitivo mengüe, repercutiendo en la venta. Su futuro también va ligado a la política.

¿Qué podrías decir de la educación visual y el reconocimiento de artistas? 

Los galeristas que tenemos un cierto prestigio amamos lo que hacemos e intentamos exponer a gente importante, y cuando digo importante no quiere decir que sean primeras figuras, porque hay pintores que se pueden llamar de segunda fila con una calidad bárbara. Lo que pasa es que aquellos que han llegado a tener un nombre en la Historia, ha sido por su originalidad e innovación. Y, a pesar de ello, los ha habido que no han sido tan reconocidos, aunque el tiempo los pone a todos en su lugar. Yo he visto y escuchado críticas a Sorolla enormes aquí en Valencia, al igual que Pinazo ha sido durante mucho tiempo olvidado por su ciudad. Y, sin embargo, ambos han tenido una calidad magnífica que se encuentra en el mismo nivel, solo que a unos les gustará más Sorolla y viceversa.

Muñoz Degrain también era un gran pintor del XIX y ahí está, olvidado completamente, pero saldrá. Como estuvo Van Gogh, como estuvo George de la Tour, como muchos pintores, el tiempo les pondrá a cada uno en su lugar, ya lo verás. Siempre digo que los cuadros se leen como se lee una novela. Puedes ir mirando una obra y te impacta enseguida. Y te impactan ¿por qué?, porque hay algo. Eso es una educación que nos hacemos también nosotros mismos con el tiempo. He de decir que cuando conocí la obra de Miró por primera vez no me gustó nada, después, sin embargo, considero que es un pintor buenísimo que logró en el final de su vida pintar como un niño. ¡Qué difícil es ser adulto y niño a la vez!

Basilio Fernández junto a Carolina Fernández. Imagen cortesía del autor.

Basilio Fernández junto a Carolina Fernández. Imagen cortesía del autor.

En relación con la infancia, ¿qué piensas del público que menciona la siguiente frase: “Esto lo puede pintar mi hijo”?

En parte, se debe a la ignorancia con respecto a la evolución de un artista y su aprendizaje, cuando en realidad es muy complicado pintar de esa manera, puesto que no se rigen ni son condicionados por la academia o los cánones impuestos en la Historia del Arte. Y cierto es que un niño puede hacer cosas maravillosas; un niño se deja llevar por el color, por las formas…Por eso te digo que Miró murió pintando como un niño adulto. En este sentido, es muy importante tener una educación y un ambiente en el que enseñen arte, Historia del Arte. De esta forma, habría personas que igual seguirían sin entender muchas de las obras artísticas, pero al menos no se atreverían a decir “esto no vale nada”.

¿Crees que ser galerista es una profesión fácil? 

No es una profesión fácil, tienes que luchar mucho. Pero cuando algo te gusta y te apasiona, no cuesta tanto.

¿Cómo te formaste para llegar a ser galerista? 

Yo me formé en la universidad del hambre, que es la que más te enseña. Recuerdo que cuando viví en París trabajaba como courtier, marchante, dándome cuenta de que luego quería ser galerista, ese era mi siguiente paso. Y así fue, llegué a Valencia y monté mi galería, haciendo lo que más me ha gustado en la vida, mi relación con el arte.

Carolina Fernández
Galerista en Art i Oci

“Me atraen ciertos modos de experimentar el entorno”

Vigilias, de Toni Cucala
Espai d’Art Contemporani ‘El Castell’ (E CA)
C / Cisterna, 28. Riba-roja del Túria (València)
Hasta el 25 de junio de 2017

Al hilo de la exposición ‘Vigilias’ de Toni Cucala con la que se ha inaugurado en Riba-roja el nuevo centro de arte E CA (Espai d’Art Contemporani ‘El Castell’), hablamos con el autor de sus motivaciones artísticas y del carácter contemplativo de sus obras, unas piezas que surgen a partir de la relación de su cuerpo con el entorno para despertar niveles de consciencia y de conexión con lo transcendente. En la serenidad silenciosa de las salas del E CA, las obras de Cucala invitan al espectador a detener la mirada, a explorar las diferentes capas de realidad y a descubrir el verdadero sentido de nuestra relación con el mundo.

¿Cómo surge el proyecto Vigilias?

En realidad se trata de una interpretación bastante libre por mi parte del concepto de “vigilia” que desarrolla María Zambrano en sus escritos. Mi visión de las vigilias está relacionada con cierto modo de experimentar algunas realidades, acontecimientos que de pronto se muestran y que sólo puedes ver si estás atento, despierto. Se genera un extraño espacio en ese mundo de soledades que de pronto cobra vida y despierta en mí la necesidad de aprehenderlo, de estar en ese lugar y reproducirlo con mis manos, con mi tiempo y mi cuerpo. Engendrarlo de nuevo. A mí me resultan vitales, en el sentido de que generan lugares de vida.

Obra de Toni Cucala en la exposición 'Vigilias'. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Obra de Toni Cucala en la exposición ‘Vigilias’. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

¿Se pueden definir como momentos de revelación mística? ¿Son tus obras vehículos de conexión con lo transcendente?

Me gusta intuir ese territorio latente desde donde se pueden generar piezas limpias. Quizá lo transcendente estriba en hacer surgir, en desvelar en los objetos un acontecimiento que hasta hace poco solo me pertenecía a mí.

En tu obra, el cuerpo juega un importante papel. ¿Puedes explicarnos tu proceso de trabajo?

Me resultan atractivos ciertos modos de experimentar el entorno. Sentir cómo a partir de las facultades y los límites de mi cuerpo me conecto con otras realidades que se revelan ante mí. Por ejemplo, pasear entre pinos y comprobar los cambios que se operan en el paisaje a medida que avanzo. Cómo a cada paso que doy se genera un paisaje distinto. Se trata de algo que viene de muy lejos y que autores como Maderuelo han tratado en sus ensayos, situando su génesis en la fascinación de los poetas de la China medieval por la belleza del paisaje o en la subida al Monte Ventoso de Petrarca.

Algunas piezas también han surgido a partir del espacio que puedo abarcar con los brazos extendidos. Para conocer los límites de ese espacio, su tamaño y forma, realicé una acción trazando en una pared las líneas de ese límite con unos carbones en las manos. El dibujo resultante presentaba la forma de una mandorla, lo que fue un descubrimiento precioso en sentido estricto: las mandorlas que rodean a las divinidades en los pórticos de las catedrales, las representaciones de la Virgen… esa zona donde se encuentra el límite entre lo sagrado y lo humano. En mi caso, el dibujo trazado en la pared revelaba un lugar de cobijo que me alberga y me protege. Intuyo que el nimbo dibujado puede ser también mi limbo de vida. En definitiva la almendra con su cáscara es una metáfora de esta sensación. No sé, es como si todo cuadrara perfectamente, pero solo en el ámbito de la poesía.

Obra de Toni Cucala en la exposición 'Vigilias'. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Obra de Toni Cucala en la exposición ‘Vigilias’. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Una visión muy mística y espiritual…

Sí, pero también es una visión muy física y matérica. Por ejemplo, en una de las piezas identifico la sangre que corre por mi brazo, que es de color esmeralda, con el horizonte del mar. En otro caso, experimento la cantidad de agua de mar que cabe en la palma de mi mano, que se queda allí sin desbordarse…  Se trata de un hecho físico y visual que atrapa poderosamente mi atención y, sin saber muy bien por qué, me lleva a proyectarme a otros lugares. En realidad todo convive en mi cabeza de forma simultánea. Es como una amalgama de pensamientos y sensaciones que resultan complejas de explicar en palabras.

La formalización de esos momentos de vigilia son finalmente obras y objetos de formatos muy diversos. 

Las formas que surgen están vinculadas a cada situación en concreto, a momentos muy diferentes. Quizás esto explica la diferencia formal entre las piezas; la representación del cruce entre los límites de dos olas requiere que se acometa de forma distinta a la reproducción de una corona de espuma. En este último caso, he contemplado un proceso de síntesis que aglutina todas las posibilidades de coronas, concentradas en una única forma, una especie de icono y de concepto. De este modo tiendo a apartarme de la representación y el objeto adquiere protagonismo. Además se acerca más a la idea que quiero transmitir, despojándola de su carácter eventual o contingente.

Vigilias, de Toni Cucala. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Vigilias, de Toni Cucala. Imagen cortesía del E CA de Riba-roja.

Tu obra pictórica ha evolucionado mucho en cuanto a técnicas y formatos…

El formato en el que se ha desarrollado la pintura ha cambiado mucho respecto a las técnicas tradicionales. En mi caso ha surgido de una forma muy natural, aunque siempre desde los valores pictóricos. En 2013 ya presenté en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Valencia unos dibujos de papel teñido de rojo recortados con la forma que adoptaban muchas de las manchas que constituían los cuadros. Como si despegaras la veladura de la tela y la dejaras exenta en la pared. Esto me llevó a trabajar con otros materiales que permitieran presentar formas exentas y transparentes. Trabajé con metacrilatos, resinas epoxi, etc. Debido a estas necesidades procesuales, mi taller ha visto desfilar moldes, silicona, aluminios, contrachapados, madera de ayous y ya últimamente alabastro, escayola y caucho. Pero el modo de acometer las piezas siempre es muy pictórica. Yo pienso las formas recortadas como soportes que luego pinto. De hecho, la ficha técnica de algunas de ellas continua siendo óleo sobre tabla. En cuanto a la resina epoxi, es una evolución de las veladuras tradicionales, que se realizan también con resina dammar.

¿Cuáles son tus referencias artísticas?

En las obras que se muestran se puede reconocer mi interés por los trabajos de Jean Arp, Kenneth Noland o Ellsworth Kelly. También recuerdo que me quedé atrapado con las piezas de Artschwager cuando vi su trabajo en la exposición que hizo en el Retiro en 1989. Por otro lado, me resultan muy evocadoras las obras de Spalletti y la manera en que consigue generar espacios de contemplación con formas tan sencillas y colores tan contenidos. También hay otros artistas como Gary Hume, Richard Deacon, Alison Wilding o Martin Puryear cuyas propuestas me parecen muy interesantes.

Toni Cucala junto a una de las obras de su exposición en el E CA de Riba-roja. Fotografía: MAO

Toni Cucala junto a una de las obras de su exposición en el E CA de Riba-roja. Fotografía: MAO

Irene Gómez

“Escribo sobre la guerra para conocerme a mí mismo”

De este pan y de esta guerra, de Jesús Zomeño
Ilusstraciones de Fernando Fuentes ‘Miracoloso’
Editorial Contrabando

Jesús Zomeño es abogado y trabaja con su hermano en un prestigioso bufete de Elche. Pero su auténtica pasión es la literatura y en ella se ha volcado tanto en la faceta de escritor como en la de editor de poesía, actividad ésta que abandonó hace algún  tiempo. Trabaja con fervor en tres novelas a la vez y, mientras tanto ha ido publicando una trilogía de relatos ambientados en la Primera Guerra Mundial. ‘De este pan y de esta guerra’ (Editorial Contrabando), ilustrado por Fernando Fuentes, ‘Miracoloso’, la última parte de dicha trilogía, mereció el Premio de la Crítica Literaria Valenciana fallado el pasado 20 de mayo en la Universidad Miguel Hernández de Alicante.

Portada del libro.

Portada del libro ‘De este pan y de esta guerra’, de Jesús Zomeño.

¿Por qué eligió la Primera Guerra Mundial entre las muchas que han existido a lo largo de la historia?

La Primera Guerra Mundial permite una reflexión más universal, me permite hablar de un bando u otro, sin prejuicios ni sectarismos, cosa distinta ocurriría si escribiera sobre la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial. Además, aporta imágenes estéticamente muy poderosas y simbólicas, como son las trincheras, las máscaras antigás, las alambradas… Sin embargo, el principal motivo es que en la Primera Guerra Mundial la supervivencia fue extrema, tanto en el plano físico como en el mental, y eso permite analizar los límites del ser humano. Pero no hablo de la desesperación, mis relatos tienen un trasfondo lírico, una apelación a la belleza, a veces a través del esperpento, porque a mis soldados no les alimenta el estómago sino los sentimientos. Mis personajes luchan mentalmente para sobrevivir porque son optimistas a pesar de todo, como el honesto encargado del urinario de Dublín que se lleva a la guerra el plato de las propinas para acordarse siempre de que tiene que estar agradecido a lo que la vida le dé.

¿Cuál cree que es la batalla más dura que libra el hombre de nuestro tiempo?

La batalla interior. Los poderes fácticos y los políticos lo han reducido todo a la economía, pero la gran revolución pendiente es la felicidad. No hay ningún partido político que presente un plan para fomentar la felicidad y equilibro del individuo, un ocio sencillo y satisfactorio. Es ridículo decirlo, pero está mal visto hablar de sentimientos, eso cada vez forma más parte de la vida interior y secreta de las personas. Se cuidan las patologías, las depresiones, eso sí se permite; pero no se fomenta la felicidad, ni la del individuo ni la social.

Ilustración de Fernando Fuentes 'Miracoloso'. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Fernando Fuentes ‘Miracoloso’. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo ha evolucionado a lo largo de su trilogía?

Del reportaje periodístico a la interiorización. ‘Laberintos’ recogía las respuestas de muchos autores en torno a las preguntas que planteaban unas fotografías originales de soldados. Esa perspectiva coral se individualiza en ‘Cerillas mojadas’, relatos que analizan la biografía y las hazañas de algunos soldados. Sin embargo, a continuación interiorizo y casi suprimo la acción en ‘Piedras negras’ y ‘De este pan y de esta guerra’, son retratos psicológicos. Es un camino de interiorización y mi conclusión es que el hombre despliega mentalmente sus mecanismos de defensa para sobrevivir y ese mensaje es optimista, la auténtica fuerza del soldado en la Primera Guerra Mundial estaba en su cabeza.

¿Por qué el cuento en España es un género minoritario?

Las noticias de prensa y, sobre todo, las digitales ahora son más breves, también nos comunicamos por correo electrónico o vía wasap con mensajes cada vez más cortos; sin embargo, eso no ha abierto camino al relato breve. El microrelato es la imagen de la nueva realidad, pero el relato no ha absorbido ese público. Es posible que la novela plantee una unidad de ritmo y argumento, que si te engancha te mantiene fácilmente, eso es cómodo. Los libros de relatos cambian ritmo, personajes y planteamiento en cada historia y eso cuesta de aceptar. Hay que vaciar la mente, hacer reformas, cambiar el diseño y entonces empezar la lectura, entre un cuento y otro, con la mente preparada. Creo que los relatos exigen más esfuerzo, un ejercicio de renovación mental constante.

Ilustración de Fernando Fuentes 'Miracoloso'. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Fernando Fuentes ‘Miracoloso’. Imagen cortesía del autor.

Háblenos de su último libro, ‘Querido miedo’.

Yo escribo lo que soy, mejor dicho, lo que creo que soy o he sido. Las historias de la guerra intentan ayudarme a conocerme a mí mismo, a través del análisis de situaciones límites. Las historias de ‘Querido miedo’ retratan los años ochenta, el paso del tiempo y aquello en lo que nos hemos convertido los que fuimos jóvenes. Es un retrato lírico y nostálgico del pasado y del presente de mi generación. Por tanto, el ser humano sigue siendo el centro, el protagonista.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Fernando Fuentes ‘Miracoloso’ y yo tenemos intención de ampliar los relatos del libro ‘De este pan y de esta guerra’. ‘Miracoloso’ está trabajando las nuevas ilustraciones, mucho más personales, y luego yo escribiré los relatos. Será una obra breve de cinco o seis historias, un anexo al libro, que ya estaba previsto antes de concederse el premio, porque la Editorial Contrabando desarrolla una gran complicidad con sus autores.

Jesús Zomeño. Imagen cortesía del autor.

Jesús Zomeño. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“Debemos conciliarnos con el paso del tiempo”

Desayunos Makma en Col·legi Major Rector Peset
‘PorMayores’. Festival 10 Sentidos
Diversas sedes de Valencia
Hasta el 21 de mayo de 2017
Con Meritxell Barberá e Inma García, directoras del festival
Entrevista realizada por Merche Medina, Salva Torres y Jose Ramón Alarcón, del equipo de redacción de Makma

“’PorMayores’ pretende fijar su mirada en el paso del tiempo y reflexionar sobre cómo cada ser humano se enfrenta a esta situación en su vida, asumiendo nuevos roles y nuevos escenarios”.

Así reza un extracto del texto explicativo que las directoras del Festival 10 Sentidos, Meritxel Barberá e Inma García, han formulado como razón argumental para su sexta edición -que afronta el último tercio mediante un cronograma diseminado por múltiples sedes de la ciudad- y acerca de la que se ha pretendido reflexionar durante la celebración de los Desayunos Makma acontecido en las dependencias del Col·legi Major Rector Peset.

Meritxell Barberá e Inma García, durante un instante de los Desayunos Makma, celebrado en el Co·legi Major Rector Peset, con motivo del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Meritxell Barberá e Inma García, durante un instante de los Desayunos Makma, celebrado en el Co·legi Major Rector Peset, con motivo del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Partiendo de esta premisa, la conversación se remonta varios años atrás, en particular a la actuación de Candoco Dance Company -compañía puntera de bailarines con capacidades diversas, cuyos montajes ponen en valor y evidencian esa diferencia que, a la postre, les hace excelsos y únicos- en Londres, a la que tuvieron ocasión de asistir y supuso el influjo determinante para formular un certamen de las caracterísitcas que ha venido perfilando al Festival 10 Sentidos. Fruto de esta experiencia reveladora Meritxel Barberá e Inma García aseveran que “indiscutiblemente, la sociedad se cuestiona esta diferencia, así como el despertar de esos sentidos que nosotros no tenemos y que la discapacidad agudiza, ellos rozan y superan, sin duda, cualquier límite”.

A partir de entonces, determinación mediante y con el convencimiento de la profesionalización en el universo del arte y de la danza como vehículos para “para remover conciencias e incluso crear lugares incómodos que no nos dejen impasibles”, la creatividad y la inquietud han ampliado sus parámetros bajo la idea de generar un festival que progresivamente se postulara como altavoz, desde las artes vivas, de nuevos lenguajes de comunicación, a partir de los que explicitar la aceptación de las diferencias con el objetivo de consolidar un espacio visible para aquellos colectivos de aptitudes heterogéneas.

En consecuencia, desde hace seis ediciones el Festival 10 Sentidos se sucede anualmente “bajo un lema que trata de visibilizar y denunciar problemas que afectan a nuestra sociedad”. El festival acontece en diferentes espacios públicos e institucionales de la ciudad de Valencia durante tres semanas. El propósito de “invadir la ciudad y así llegar a colectivos que habitualmente no participan de este tipo de acciones” sigue siendo determinante a la hora de establecer sedes y programación definitiva.

Imagen del programa de mano del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Imagen del programa de mano del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Por razones metodológicas y, en particular, acerca de la inducción o deducción en el proceso de elección conceptual y programática del festival, Meritxel Barberá considera que “para esta edición, en primer lugar, se ha elegido la temática y posteriormente se he conformado la programación”, no obstante, en absoluto es una norma general desde que comenzaron, “en ocasiones el proceso ha sido a la inversa”.

En cuanto al orden temático del presente año, ‘PorMayores’, ambas coinciden en una premisa relacionada con el hecho de “que cuando nos hacemos mayores, dejamos de interesar”; en consecuencia, “en esta edición queremos evidenciar la importancia del discurso intergeneracional, así como el valor de la experiencia”. En esta línea, ambas directoras destacan el espectáculo acontecido en el Palau de les Arts ‘Acts of remembering’, del coreógrafo, artista del movimiento y psicoterapeuta de Artes Integradas de Reino Unido, Cai Tomos, que parte de temas tales como la desaparición, la invisibilidad, la visibilidad y el poder. En el debate posterior entre público y coreógrafo, frases como “nosotros no somos mayores, tenemos juventud acumulada” o “nosotros no tenemos años, tenemos vida” reclaman esa vivacidad e inquietud de continuar visibles y activos frente a quien se obstina en ocultarlos y difuminar su memoria.

Meritxell Barberá e Inma García durante un instante de los Desayunos Makma, con motivo del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Meritxell Barberá e Inma García, durante un instante de los Desayunos Makma, celebrado en el Co·legi Major Rector Peset, con motivo del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

De entre cuantos espectáculos se han sucedido durante la primera mitad del festival, Barberá y García destacan ‘May B’ -basada en los escritos de Samuel Beckett-, de la compañía de la bailarina y coreógrafa Maguy Marin, con la que abrió su programación -”sin duda, es la obra magistral de la danza contemporánea, rompe lo cánones de la danza convencional. Ha sido un privilegio haber podido traerla al festival”-. Igualmente, ambas se refieren a la presencia de la pareja compuesta por Mats Ek y Ana Laguna, director artístico y bailarina del prestigioso Cullberg Ballet, entre otros méritos curriculares, que presentaban “Potato-Memory” -pieza que precisaba de 5 kilos de patatas “grandes, frescas y limpias”-, junto a las elecciones vitales en ‘Never the less’, de la compañía israelí Dafi Dance Group; mención aparte, enmarcada en el último tramo de la programación, se encuentra  la pieza ‘Ta Gueule’ (“calla la boca”), una coproducción entre la Sala Hiroshima y el Festival 10 Sentidos 2017, del colectivo Ça Marche, que será puesta en escena por partida doble en el Centro Cultural La Nau durante los próximos 20 y 21 de mayo, a modo de clausura de la presente edición de 10 Sentidos.

Ineludiblemente, en ‘PorMayores’ se esbozan conceptos como pérdida, inconsciencia, muerte o huella, acerca de los que la danza procura dar respuesta: “la clave está en el aprendizaje emocional y experiencial, esto deja una huella marcada para siempre”. Ambas evidencian esa huella desde la experiencia y la profesionalidad que les he llevado a alcanzar estadios de toma de conciencia y crecimiento tanto personal como profesional a lo largo de su trayectoria, y a partir de 2003 bajo el timón de Taiat Dansa. “Danza es disciplina y en el ámbito de la docencia se emparenta con la exigencia”, y en esa línea Barberá afirma que “la clave es la pasión, gracias a ella es más fácil captar la atención y dejar huella”. Clave indiscutible: “disciplina + método”.

Imagen del programa de mano del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Imagen del programa de mano del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Así mismo, el Festival 10 Sentidos formula un ciclo de charlas y conferencias que aborda campos tan relevantes como ‘El tratamiento de los mayores en la publicidad y en los medios de comunicación’ o ‘Yo también soy mayor y qué’, con Rosa María Calaf, así como otras actividades que hacen partícipe al universo infantil.

Las directoras destacan la labor de fomento de la danza que realiza 10 Sentidos mediante el Certamen Coreográfico que se convoca anualmente y la importancia en la elección del jurado para mantener y elevar unos estándares de calidad adecuados. La presente edición ha recibido más de doscientas cincuenta propuestas; posterioremente, un jurado formado por representantes del Centro Suzanne Dellal se encargará de elegir la pieza ganadora de entre los diez finalistas seleccionados. La obra galardonada en la pasada edición, ‘Foreing body_solo’ -un trabajo a partir del movimiento como proceso de investigación del lenguaje y las expresiones de cada parte del cuerpo de forma aislada-, de la coreógrafa coreana Howood Baek, será representada en el Centro Cultural La Beneficencia el próximo 18 de mayo.

De este modo, ‘PorMayores’ se erige como una vía de encuentro, reflexión, diálogo y toma de conciencia acerca de nuestros mayores y esta nueva etapa vital gracias al arte, la danza y la música, entre otras disciplinas. “Es muy importe la calidad y la autonomía al hacerse mayor” afirma Inma García. “Los mayores merecen una vida digna y un envejecimiento activo y por ello debemos conciliarnos con el paso del tiempo”, apostilla Meritxell Barberá.

Meritxell Barberá e Inma García, durante un instante de los Desayunos Makma, celebrado en el Co·legi Major Rector Peset, con motivo del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Meritxell Barberá e Inma García, durante un instante de los Desayunos Makma, celebrado en el Co·legi Major Rector Peset, con motivo del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Fernando Ruiz.

Merche Medina

 

De Berlín a Barlín

Barlin Libros
Alberto Haller

Hay que tener un gran amor a los libros para atreverse a crear una editorial en estos tiempos, y en una ciudad periférica como Valencia. Una pasión como la que ha marcado la vida de Alberto Haller, primero como librero en Berlín, y ahora al frente del nuevo sello Barlín especializado en ensayo con vocación universalista y multidisciplinar. De Berlín a Barlín en un salto fonético. “Siempre me ha gustado leer y los libros en sí mismos, soy una especie de fetichista del papel”, dice Haller, que cambió su apellido por el del protagonista de El lobo estepario de Herman Hesse. “Nunca entenderé a los que dicen que los libros son caros; un objeto que, una vez lo tienes, te sirve a ti, a tus hijos, tus nietos, biznietos”.

Barlin Libros busca un hueco “en el mapa de la edición joven, cosmopolita y moderna en castellano”, con dos colecciones, Paisaje y Recóndita, bajo el lema Academia pop, “un término que me acuñé como una especie de faro o guía. Hace referencia a que pretendo evitar que mis libros, aunque sean rigurosos, no resulten áridos para un público no académico. Mi intención es que tiendan a la transversalidad por el tipo de lenguaje que utilicen, la edición y el diseño. Quiero publicar libros atractivos para un sector amplio de lectores, que mantengan el rigor de los buenos estudios. El principal reto al que me enfrento ahora es tener visibilidad. Ganar visibilidad es existir: si no lo logras, no existes”.

Portada de Magia cruda, de Silvia Plath. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Portada de Magia cruda, de Silvia Plath. Imagen cortesía de Barlin Libros.

El primer título apareció el pasado 14 de marzo, Magia cruda, una biografía de Sylvia Plath, de Paul Alexander, traducida por el propio Haller y Sonia Bolinches. También en abril La Europa negra, un  estudio sobre la Europa del siglo XX, de Mark Mazower, catedrático de la Universidad de Columbia (Nueva York).  Un libro muy esperado que analiza el contexto político de una Europa que parece reproducir ciertas tendencias ya vividas en los años 30 del pasado siglo.

“La librería Berlín fue mi escuela, una toma de contacto durante tres años, entre 2012 y 2015, con el mundo real, más allá del idealismo que nos persigue a todos los que amamos los libros y las ideas”, dice Haller. “La editorial surgió por una especie de inercia natural. En Holanda conocí la obra La Europa negra y no podía creer que un clásico imprescindible no pudiera encontrarse en España. Tampoco podía creer que sólo hubiera una biografía de Sylvia Plath. Esas dos ideas vinieron de manera natural. Dos ideas muy potentes, pero insuficientes, así que comencé a buscar más textos que me interesaran y se ajustasen a mi línea”.

Portada de Europa negra. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Portada de La Europa negra. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Para el próximo otoño están programados tres títulos de contenido muy variado. Un libro ilustrado sobre la Transición, de Ana Penyas, ilustradora valenciana galardonada con el premio Salamandra Graphics, En éxtasis, de Joan Oleaque, un estudio sociológico sobre la Ruta del bakalao, y  La época victoriana a través de la literatura, de G.K. Chesterton.

Historiador y politólogo, Haller tiene también una faceta como traductor. Junto a Bolinches tradujo Magia cruda y en solitario un par de textos. “Soy bilingüe, por lo que no me costó demasiado. El secreto para este tipo de trabajo es marcarse unas pautas  y ser constante. Hacer mucha indagación y búsqueda, contextualizar lo que no entiendas. El contexto es la clave.  Y en cuanto al criterio para elegir a los traductores, está claro: criterios profesionales. Cuando busque traductores, les pediré una prueba de traducción. Lo normal en estos casos”.

Los dos primeros títulos de la editorial los conocía de antemano. La biografía de Sylvia Plath por una amiga, y el de Mazower por mi etapa en Holanda. “Entre los libros que sacaré más adelante, hay de todo. Algunos los he conocido a través de agencia, otros indagando en bibliotecas, también voy a hacer libro ilustrado porque conozco a la ilustradora, Anna Penyas. Hay que estar atento a todo lo que se mueve en el mundo de la cultura. Leer la prensa, blogs, revistas, etcétera. Las buenas ideas están en todas partes”, concluye Haller.

Alberto Haller. Imagen cortesía del autor.

Alberto Haller. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

La introspección en tránsito de Rosa Padilla

‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla
Casa del Cable
Sala de exposiciones
Av.Marina Española 6, Jávea
Hasta el 23 de abril de 2017

En la Casa del Cable, en Jávea, cerca del mar que ella ha mirado, vivido y pintado tanto, cuelga su última obra la artista Rosa Padilla (Valencia, 1949). Esta entrevista tiene lugar semanas antes de la inauguración en su estudio de Valencia. Es una mañana soleada y la luz se cuela tamizada en el local en el que –entre botes de pintura, pinceles, bastidores, cartones…–, descansan ya, apoyados en las paredes, los cuadros que pronto viajarán a la exposición.

Mientras me va mostrando uno a uno sus lienzos más recientes, nos sumergimos en una charla que fluye como su pintura; introspectiva, lírica y serena. Sus palabras traducen el ejercicio previo de reflexión y análisis de sus propios sentimientos y en su obra, lo esencial se crece frente a lo anecdótico y en su búsqueda por atrapar y transmitir visiones que salen del alma, su iconografía más íntima se alía con el color y emerge espontáneamente componiendo en las telas paisajes a golpe de trazos evocadores, ritmos, equilibrios y emociones. Brochazos contundentes, pinceladas enérgicas y firmes irrumpen en sus cuadros frente a otras más delicadas y sutiles creando composiciones en las que alegría y belleza comparten, como en la poesía y en la vida, espacio con el dolor, la rabia y la tristeza.

‘El alma en tránsito’, ¿por qué has elegido este título para la exposición?

Se me ocurrió a partir de leer una frase de Samuel Bresson relacionada con el proceso creativo que hacía referencia a lo que puedes transmitir al observador mediante tus obras, el sentimiento de emoción que a través de un cuadro puedes provocar. Hablaba Samuel Bresson de “el alma en tránsito” y me gustó porque mi obra no es premeditada sino que es una obra creada a partir de rasgos emocionales, directa y que intenta expresar mis vivencias.

¿En qué momento pictórico te encuentras?, ¿cómo te has enfrentado al reto de llevar a cabo esta exposición?

Creo que es un buen momento después de haber superado etapas de mi vida bastante difíciles donde la enfermedad ha tenido un protagonismo importante y ha hecho que me detuviera en varias ocasiones impidiéndome desarrollar algunos proyectos. Ahora tengo más tiempo, más energía y los años te dan un bagaje desde el que puedes reflexionar y analizar lo que has hecho, corregir errores y analizar la evolución de tu trabajo. Todas las experiencias son importantes, tanto las buenas como las malas, de todas se aprende y todo conforma un “legado vital” que es lo que realmente se transmite.

Imagen de una de las piezas presentes en la exposición. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de una de las piezas presentes en la exposición. Fotografía cortesía de la artista.

Esta nueva etapa vital se refleja en tus últimos cuadros en los que la pintura se ha desprovisto de capas, se ha hecho más etérea, más ligera y luminosa…

Sí, es que la vida y la pintura están estrechamente relacionadas. Personalmente también me he desprendido de muchas cosas materiales. Si realmente lo que más queremos son las personas y… ¡es inevitable que vayan desapareciendo! Cuando perdí a mi madre tuve una sensación de claridad acerca de lo material que nunca olvidaré, cualquier problema me parecía minúsculo comparado con su ausencia. En la pintura también se refleja ese afán de eliminar lo superfluo y atrapar la luz, lo esencial.

Has sido siempre muy coherente en tu trayectoria artística, has seguido siempre un estilo que te identifica perfectamente, ¿te sientes cómoda cuando definen tu obra como “abstracción lírica”?

Sí, porque es una abstracción del paisaje que me rodea y lírica porque de alguna manera narra mis emociones, las cosas que veo a través de mis sentimientos en una labor de introspección.  Realmente me considero fiel más que a un estilo a una forma de hacer, pienso que cada un tiene su propio lenguaje y es en el que se debe profundizar, pulir y evolucionar sin perder nunca la curiosidad y el interés por seguir indagando nuevas propuestas.

No se puede hablar de tu obra sin hablar de mar, ¿siempre ha sido así?, ¿concebirías vivir lejos del mar?

Me sería realmente difícil. Bueno, cuando era muy pequeña veraneaba en un sitio de montaña, en La Cañada, hasta los doce o trece años, pero como a mi padre le gustaba el mar y le encantaba pescar siempre nos escapábamos a El Saler, a El Perelló, o algunas noches al Puerto donde “tiraba las cañas” mientras mis hermanos y yo cogíamos gambas. A veces íbamos unos días a Tavernes de la Valldigna  donde teníamos familia. En La Cañada pasábamos temporadas porque veraneaban sus amigos pero nunca quiso comprar nada allí, siempre alquilábamos. Cuando un día conocimos Moraira, mis padres dijeron: “aquí sí” y fue cuando adquirieron el terreno e hicimos una casa y ya se convirtió en nuestro destino. Luego, cuando conocí a Moncho, mi marido, ya fue “mar adentro”, porque él es un amante de la navegación y me contagió esa pasión. Al principio pasaba mucho miedo en el barco…

…y ahora te has convertido en una experta marinera.

Es muy bonito, me llena de sensaciones especiales, en varios de mis cuadros reconozco la costa vista desde el mar, muchos horizontes, amaneceres, puestas de sol…

En algunas de tus últimas exposiciones en el Museo del Ruso de Alarcón, en Doce Islas… pudimos ver algunos collages que reflejaban paisajes más introspectivos, ligados a tu familia o a estados de ánimo relacionados con momentos vividos felices y también dolorosos.

Eran trabajos de mesa, dibujos y collages. Me gusta hacerlos porque ahí no sueltas de golpe la expresión sino que son más meditados, más íntimos y es otro tipo de técnica porque es muy diferente trabajar sobre el papel que trabajar sobre la tela. Los formatos también condicionan mucho, el formato grande te permite accionar de otra manera, el formato pequeño te recoge y te invita a probar técnicas, componer.  Me gusta mucho utilizar el collage, me abre un mundo de posibilidades.

Han escrito textos sobre tu obra importantes críticos como Juan Ángel Blasco Carrascosa, Rafael Prats Rivelles, Wences Rambla, Francisco Agramunt…, también el gran pintor Michavila, ¿crees que en general se ha entendido bien tu obra o que hay aspectos de los que aún no se ha hablado?

Guardo esos textos como tesoros. Sí, puede ser que falte profundizar, decir algunas cosas. Yo también he ido madurando con los años y afianzando paso a paso mi trabajo.

¿No te has sentido nunca dirigida, ninguna galería o marchante ha intentado marcar tu trayectoria?

Nunca he tenido marchante, llevo muchos años con Galería Thema, casi desde sus inicios, su directora y yo somos amigas y alguna vez me ha dicho que le gustaba una etapa más que otra pero mi evolución es mi evolución aunque eso signifique vender menos. Nunca podría pintar algo que no surja de la más absoluta sinceridad, a veces da vértigo no saber qué puede pasar pero ahí está la emoción y la magia. Me siento completamente libre haciendo lo que hago y hago lo que me gusta, procuro estar informada, visitar exposiciones, ferias y museos, es necesario conocer las tendencias y lo que hacen los artistas, todo aporta y enriquece.

Imagen general de la exposición 'El alma en tránsito', de Rosa Padilla. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

Imagen general de la exposición ‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

¿Qué importancia ha ejercido en tu obra el pintor Joaquín Michavila?

Joaquín Michavila fue mi profesor en la asignatura de Dibujo Decorativo cuando estudiaba Bellas Artes en San Carlos. Guardo un cariñoso recuerdo y una profunda admiración como profesor, artista y persona. Escribió un texto para una de mis primeras exposiciones. Siempre he sido admiradora de su obra que sin duda ejerció una gran influencia en mis primeros pasos hacia la abstracción.

Además de Michavila, ¿qué referentes tienes?

Otros referentes fueron los pintores del grupo El Paso que configuraron la vanguardia española de posguerra, Manolo Millares, Antonio Saura, Manuel Viola etc. El Museo de Arte Abstracto de Cuenca, iniciativa de Fernando Zóbel, fue uno de los lugares fetiche en mi recuerdo.

¿Sigues en contacto con compañeros de Bellas Artes?, ¿tu vida se mueve en ambientes artísticos?

Durante años no he tenido la suerte de tener a mi alrededor gente ligada al mundo del arte. Iba más por libre. Ahora, sin embargo, estoy en un grupo en el que disfruto, compartimos muchas inquietudes artísticas, muchos momentos buenos, mucho cariño. La verdad es que de mi generación salió gente interesante pero cada uno después de la carrera tiró por su lado. Sí conservo contacto con un grupo de compañeros capitaneados por nuestra querida amiga Francisca Lita Sáez. Hace unos años compartí un periodo interesante con la galerista y amiga Pilar Marcellán, la pintora Helga Dietrich y la ceramista y escultora Marisa Herron, juntas visitábamos exposiciones, viajábamos a Madrid para ver la feria de Arco y nos reuníamos periódicamente. Fue una etapa bonita pero por unas cosas u otras fuimos poco a poco dejándolo.

Con la artista Marisa Casalduero también tuviste mucha amistad. En el 2015, al cumplirse dos años de su muerte, vuestra obra compartió espacio en una bonita exposición en Moraira…

Sí, con Marisa Casalduero tuve mucha amistad, la conocí siendo alumna mía en el colegio donde yo daba clases de dibujo. Cuando terminó la carrera vino a decirme que había acabado, recuerdo ir a su primera exposición, procuraba acudir cada vez que me llamaba. Había mucho cariño entre nosotras, mucha conexión, nos gustaban las mismas cosas. La culminación fue la exposición que hicimos en Moraira, lugar tan querido por las dos, pero unos años antes hubo una casualidad que nos unió más; un día viniendo de Moraira me suena el teléfono y era ella para decirme: “Rosa, ¡que tu hijo sale con mi sobrina, que somos familia! A raíz de ahí, retomamos el contacto, nos veíamos más, hablábamos por whatsapp, que entonces empezaba a utilizarse, y quedábamos para ir a ver las exposiciones en El Carmen, en el IVAM, disfrutábamos mucho. En esa época conocí a varios de sus amigos que hoy lo son también míos. Otras de mis alumnas también artistas a las que tengo un especial cariño son Cristina Alabau y Rocío Villalonga.

Tus años como profesora, ¿qué aportaron a tu formación como pintora?

Mucho, el trabajo me obligaba a reciclarme año tras año. Tuve que ponerme las pilas, por ejemplo con el dibujo técnico que no me gustaba nada. Empecé queriendo enseñar y transmitir lo que yo más dominaba, el dibujo artístico. Yo quería enseñar a dibujar, incluso a las que no sabían dibujar, y buscaba los procedimientos para que de alguna manera pudieran disfrutar aprendiendo. Aparte, me sirvió para documentarme mucho, fue cuando empecé a ir a Cuenca, a buscar en libros, a estudiar las vanguardias, la Bauhaus que me interesaba mucho, quería contar a mis alumnas todo aquello que a mí no me habían enseñado, todo eso que yo no había vivido. Poderlo transmitir y hablarles de lo importante que era la creatividad, el poder desarrollar ideas, expresarse con libertad.

En el año 2009, mostraste tu obra en una gran muestra en La Gallera titulada “La magia de lo casual”, ¿qué supuso para ti esta exposición?

Pues absolutamente supuso una motivación, porque cuando estás transmitiendo, lo que quieres es que tu obra llegue al máximo número de gente o al menos que se te dé cobertura, que la gente lo pueda ver, que te conozcan. No tanto que se te reconozca como que se te conozca, el reconocimiento vendrá o no, pero sí, fue fundamental para mí, cuando expuse en La Gallera ya tenía 52 años y era la primera exposición realmente importante que yo hacía en toda mi carrera y llevaba pintando desde los veinte años, empecé la carrera con 16 años y mis primeras muestras las hice mientras estudiaba.

Un instante de la inauguración de la exposición 'El alma en tránsito', de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

Un instante de la inauguración de la exposición ‘El alma en tránsito’, de Rosa Padilla, comisariada por Marisa Giménez. Fotografía cortesía de la Casa del Cable.

¿Crees que muchas veces las instituciones valencianas se olvidan de artistas comprometidos con su obra que llevan trabajando tantos años?

Pues, yo creo que sí, pero a veces es estar en el lugar idóneo, conocer a la gente adecuada. Yo no culpabilizo solamente a las instituciones, yo pienso que hay gente que tiene más oportunidades porque se maneja mejor en esos ambientes, tiene más facilidad. Yo quizás, en ese sentido, he estado más alejada, más apartada y a veces cuando he querido solicitar esos espacios institucionales, el procedimiento era complicado, no lo ponían fácil. Ahora con las nuevas tecnologías, piden presentar todo en unos formatos en los que a veces yo me pierdo, menos mal que cuento con la ayuda de amigos, como en este caso la de Juanra Bertomeu que me facilita tanto las cosas.  Me acuerdo, hace años, que para participar en concursos tenías que prepara unos dosieres que para mí suponían un esfuerzo. A mí que me pidieran meterme un mes en un cuarto a pintar murales o a hacer lo que sea, pero manejar el ordenador… A esa burocracia, a ese papeleo, se refería una artista, creo que Rebeca Plana, cuando decía que a veces a los artistas para llegar a algún sitio nos hacen hacer casi una oposición. Eso y la competitividad que hay a veces te desmotiva.

A lo largo de tu carrera, ¿te has sentido arropada por tu entorno, por tu familia?

Sí, siempre me apoyaron. Yo desde muy pequeña siempre estaba con un lápiz en la mano, me pasaba horas dibujando, además tenía un déficit atencional –lo descubrí décadas más tarde– y a mí en esa época eso me acomplejaba y pensaba ¿por qué me cuesta tanto estudiar? Y claro, ese complejo se me iba, se me diluía, con los buenos resultados en dibujo –sacaba matrículas–, en el colegio me encargaban hacer los murales… Mis padres vieron pronto que tenía facultades y a los diez años me apuntaron a clases particulares en el piso en el que enseñaba la misma profesora del colegio, allí empecé a pintar mis primeros cuadritos, copias al óleo …y después me matricularon en Barreira en verano, cuando acababan las clases. Yo vivía en la calle Salamanca y Barreira estaba muy cerca, en la Gran Vía. Luego, la casualidad hizo que años después fuera compañera de Vicente Barreira y de su mujer, Esperanza, en la carrera de Bellas Artes.

Yo no he estado rodeada de personas que fueran entendidas, de gran cultura artística. Mi familia y mis amigos han pertenecido a otro mundo pero siempre les ha gustado, han entendido y apoyado mi trabajo, –no les ha quedado otro remedio, no han sido muy objetivos… –. La ayuda de Moncho, mi marido, ha sido fundamental para mí. Recuerdo, hace tiempo, cuando expuse en Luxemburgo, que nos alquilamos una furgoneta, cargamos los cuadros y allá que nos fuimos. Siempre viene conmigo, me ayuda a colgar, siempre para arriba, para abajo. No le ha importado nunca que yo me pasara el tiempo que fuera metida en el estudio pintando.

Tienes dos hijos y cinco nietos, ¿ves a alguno de ellos siguiendo tus pasos?

Sí, a mi nieta Laura, es idéntica a mí. Me identifico muchísimo con ella. Le encanta dibujar y lo hace muy bien. Con seis años compone cuentos en tres dimensiones recortando y pegando materiales. Tiene muchísima imaginación.

Tras esta exposición, ¿cómo ves el futuro?, ¿cuáles son tus próximos retos?

Voy a experimentar un momento de cambio, nos vamos a vivir a Moraira. Si antes vivíamos aquí e íbamos mucho a Moraira, a partir de ahora Moraira será mi casa pero seguiré viniendo a la ciudad porque lo que tengo aquí no lo voy a dejar. Ahora que por fin he encontrado gente con la que comparto gustos, que conectamos tan bien, que hacemos tantos planes juntos… eso no lo quiero perder. Esos lazos son importantes. Mi rutina variará, el estudio de Valencia, en el que he trabajado siempre tan a gusto, pasará a ser básicamente almacén y el estudio de Moraira tendrá todo el protagonismo. Espero que esta nueva etapa sea fructífera, me enfrento a ella con ilusión.

La artista Rosa Padilla y la comisaria Marisa Giménez durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía de la artista.

La artista Rosa Padilla y la comisaria Marisa Giménez durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía de la artista.

Marisa Giménez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“He querido retratar la corrupción en la distancia corta”

Sinpiedad, de Bernardo Carrión
Editorial Almuzara

Érase una vez tres chicos amantes de la novela negra y de la literatura en general que soñaban con escribir una novela. Con ese propósito se apuntaron a un par de talleres literarios y luego afilaron los lápices en el colectivo Cuaderno rojo, llamado así en homenaje a Paul Auster. Pocos años después los tres lograron alcanzar su sueño y por el camino crearon uno de los festivales más vivos del calendario que gira en torno a misteriosas muertes: Valencia Negra (VLC Negra), que en su próxima edición, en mayo, invita al escritor suizo Joël Dicker e impulsa su faceta gastronómica con un encuentro en la Bodega la Viña, en la Font de la Figuera.

Tres autores y cuatro novelas en tiempos de atasco editorial. No, no  se trata de un milagro ni de un cuento de hadas sino de la aventura real de Santiago Álvarez, Jordi Llobregat  y Bernardo Carrión. Los dos primeros ya publicaron sendos títulos, el primero por partido doble. Ahora le toca el turno a Carrión que debuta con ‘Sinpiedad’ (Almuzara) un thriller sobre la corrupción, la crisis y una imaginaria venganza ciudadana.

Bernardo Carrión. Fotografía de Josele Bort.

Bernardo Carrión. Fotografía de Josele Bort.

“Desde que era adolescente quería escribir una novela, como tantos otros”, confiesa. “Me ha costado ponerme, sospechaba que es un trabajo duro y he podido comprobarlo con creces. La satisfacción al acabarla ha sido muy grande. Y es mayor aún después de haberla presentado, percibir el cariño de la gente y empezar a recibir sus impresiones. Estoy disfrutando, y me gustaría que los lectores de ‘Sinpiedad’ lo hicieran también. Significará que ha valido la pena escribirla”.

La acción arranca en Afganistán, en mayo de 2008, pero enseguida se traslada a Valencia, sus alrededores y a un lugar de Lugo. Carrión combina el conocimiento de la actualidad como periodista bien informado con un aliento creativo que le permite dar vida a una constelación de personajes que encarnan todos los pecados capitales. Pícaros, corruptos y depravados, pero también seres humanos y sensibles. Construye un relato crudo y descarnado que no excluye el humor y la ternura. Una fábula moral en torno a las secuelas del expolio que ha sufrido este país en manos de políticos corruptos y el efecto que ello ha causado en los más vulnerables.

“La novela transcurre entre los años 2008 y 2015”, dice Carrión. “Mantiene el decorado por el que hemos transitado y reproduce algunos de los hitos más significativos de la España de la crisis: la caída de Lehman Brothers, el 15-M, el paro desbocado o los recortes presupuestarios. Los personaje de ‘Sinpiedad’ viven esos años desde diferentes perspectivas, pero tanto los beneficiados como los desfavorecidos y sus formas de conducirse son reconocibles en la sociedad de hoy. No lo son sus identidades, todas inventadas”.

Portada del libro 'Sin piedad', de Bernardo Carrión, en la editorial Almuzara.

Portada del libro ‘Sin piedad’, de Bernardo Carrión, en la editorial Almuzara.

Carrión no se inspira en ninguno de los múltiples casos de corrupción que se han denunciado en los últimos tiempos. Según algunas estimaciones, sólo los políticos valencianos han saqueado hasta 15.000 millones de euros en las dos últimas décadas, una factura que, unida al despilfarro y la mala gestión, se tardará décadas en pagar. “Me quedo con la sensación de abuso de autoridad, de estar en manos de las élites extractivas y tener que soportar sus abusos”, dice Carrión. “He leído muchas noticias y análisis sobre corrupción en los últimos años, debo confesar que algunos casos me han tenido enganchado, me han convertido en un yonqui de la información. Así que me he inventado uno nuevo, podría hacerlo en la vida real después de leer tantas crónicas sobre el mismo asunto. He querido retratar cómo es la corrupción en la distancia corta: el comportamiento de sus protagonistas en el despacho, en casa, en el restaurante, en el mitin o en el yate del promotor”.

Para eso utiliza una galería muy variada de seres humanos. Un ex empleado de Lehman Brothers, un alcalde con ambiciones y sus más cercanos colaboradores, una diseñadora de interiores, un ex soldado, una carnicera o los periodistas de un diario digital. En la otra punta del mapa, Galicia, y en contraste con todos los anteriores, un informático singular que teje su red en las sombras.

“Al tratarse de una novela coral he disfrutado inventando todo tipo de personajes”, señala. “En el caso del ex empleado de Lehman Brothers, es el banquero de la historia y remarca el vínculo entre el estallido de las hipotecas basura y la crisis del ladrillo, y recuerda que la crisis es global. En el caso del gallego, necesitaba un lugar apartado para alguien que quiere retirarse del mundo y dedicarse a cultivar su intelecto. Encontré una aldea abandonada en Lugo por Internet. Hay muchas a la venta en Galicia, algunas a precios muy competitivos”, concluye Carrión.

Bernardo Carrión. Fotografía de Santiago Carrión.

Bernardo Carrión. Fotografía de Santiago Carrión.

Bel Carrasco