Obra de El Manchas.

A El Manchas no se le va de la cabeza

Amores imposibles, de El Manchas
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de abril de 2017

“Soy un artista no bipolar, sino tripolar, que es mucho más jodido”. Quien esto dice es Antonio Mancheño ‘El Manchas’, cuya obra da fe de ese carácter dividido que confluye en una mezcla de arte pop (“muy popi, exageradamente pop, que es como empecé”) y figuración centrada en sus ya famosos hombres con cabeza de caja. “Llevo haciéndolos desde hace seis o siete años y no hay manera de quitármelos de encima”, explica. De quitarse de encima a esos hombres respetables (“sí, pueden ser políticos o banqueros”) y las cajas de cartón que sustituyen a sus cabezas: “Todo muy siniestro”.

El casi medio centenar de piezas que presenta en la galería Alba Cabrera lleva por título Amores imposibles: “En esta ocasión, más que las propias obras, lo que más me ha costado ha sido dar con el título”. Pensó en ‘The sun and the rain’ (El sol y la lluvia), pero al final se decantó por esos amores imposibles que terminan describiendo su propia actitud artística: “Es que yo pongo un cuadro que haya hecho el lunes con otro realizado el martes y no se parecen”. La gente sí los reconoce como propios de él, menos él: “Me extrañan a mí, no a los demás, que parecen ver cierta coherencia”.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Y la coherencia se halla precisamente en esa visión exultantemente “tripolar” que atraviesa su obra. “Me gusta mucho dibujar y mezclar cosas”. También salirse por la tangente, sin saber por qué lo hace. “La tradición del abstracto aquí en Cuenca [su ciudad natal] es la ostia y a mí me ha dado por el pop; cada uno tiene que perderse en su camino”. Algunos de esos caminos por los que se pierde se hallan en Alba Cabrera, donde El Manchas expone por primera vez, tras haberlo hecho antes en la ya desaparecida galería Rosalía Sender.

“Creo que lo que hago tiene un rollo mediterráneo, muy Equipo Crónica, muy del tipo Fallas; no sé, pega conmigo”, dice para justificar su presencia, más o menos habitual, en Valencia. Como pega su querencia por las cosas desproporcionadas: “Me gusta poner a los animales en sitios extraños o bien comparados con elementos pequeños que no funcionan entre sí”. Lo dice en alusión a ese enorme rinoceronte abatido por una avioneta de mucho menor tamaño. O al elefante que supera ciertos tejados de un barrio de Cuenca.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de la Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de la Galería Alba Cabrera.

“Me gusta crear cierto desasosiego”. Y con esto vuelve a su serie de hombres con cabezas de caja. “A un mendigo no le puedes poner una de esas cajas”. Por eso las vincula con representantes del poder a los que rebaja su status transformando sus cabezas en cajas, en sobresalientes lápices, en tuercas o simples ralladuras, muy propias de quien reconoce que “si tuviera una labia más buena, sabría explicar todo eso que se me pasa por la cabeza”.

Su obra lo dice por él, relacionando esa animalidad literal aquí representada por elefantes o rinocerontes, con esa animalidad más humana de quienes nos a veces torpemente nos representan: “No lo había pensado así, pero me gusta esa lectura”. Al igual que le gusta la publicidad tan presente en su obra: gomas Milan, pegamento Imedio, papel Elefante…”No se puede pensar en una imagen de gran poder icónico sin pensar en la publicidad”. De nuevo sale a flote lo bipolar e incluso tripolar de la conducta humana, que tan pronto abomina de esa publicidad que nos seduce y manipula, como se siente poderosamente atraído por ella: “Coca Cola o Apple, con la puta manzana, tienen imágenes muy potentes”.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

También hay calaveras en su obra (“me gustan mucho, no sé por qué”) y referencias a The Rolling Stones, más en concreto al jardinero de Keith Richards: “Se llamaba Jack y me lo imagino dando saltos, de ahí lo de Jumpin’Jack [una de las piezas de la exposición]”. Y retoma las calaveras: “Son más parecidas entre sí que las caras de cada uno, que son todas distintas”.

Hay textos periodísticos, la mayoría fragmentados, en el interior de algunos de sus trabajos: “Textos que no dicen nada, garabatos muchas veces y meramente estéticos”. Aún así, reconoce que el hecho de que no utilice, por ejemplo, recortes de recetas de cocina, “seguramente quiere decir algo, pero no lo sé”. Lo que sí sabe es de dónde le viene El Manchas: “Los chavales en EGB, como me apellidaba Mancheño, se pusieron a jugar con él y, como ya entonces dibujaba garabatos y manchas, pues El Manchas, y la verdad es que me gusta”.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Salva Torres

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