Yayoi Kusama

#MAKMAArte
Yayoi Kusama: desde 1945 hasta hoy
Curators: Doryun Chong y Mika Yoshitake, en colaboración con Lucía Agirre
Patrocinador: Iberdrola
Exposición organizada por M+, Hong Kong, en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao
Museo Guggenheim
Abandoibarra Etorbidea 2, Bilbao
Hasta el 8 de octubre de 2023

Al hablar de Yayoi Kusama (Matsumoto, Nagano, 1929) la mente evoca círculos, patrones repetitivos, enfermizos, fruto de su neurosis. Para algunos, puede resultar un estilo cansino e infantil, cuyas imágenes dejar olvidadas en la galería de fotos de su teléfono móvil. Sin embargo, nada de lo que hace la artista puede interpretarse superficialmente.

La obra de la japonesa te lleva de la mano más allá de los límites del abismo sin ser plenamente consciente de ello, atrapando en sus redes hipnóticas al visitante. Tal y como cuenta en su autobiografía ‘La red infinita’: “La monotonía que generaban sus formas repetitivas desconcertaba al observador, al mismo tiempo que su hipnótica serenidad atraía al espíritu hacia un vértigo de vaciedad”.

Una joven observa la obra ‘Transmigración’ (2011), de Yayoi Kusama, en su exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Danae N.

Es necesario ver la exposición de forma pausada, zambullirse en ese mar monótono e hipnótico, explorar sus autorretratos en los que pocos ven parecido alguno con su autora y se acercan buscando algún rasgo que la identifique; en verdad, es bastante simple: no hay ninguna similitud a su rostro real, pero, al mismo tiempo, resulta bastante evidente su semejanza.

Porque así trabaja la japonesa, con obviedades y realidades incomprensibles que el visitante acaba aceptando, no se sabe si por admiración o por moda, aunque eso es otro tema. Los rostros que ves, te observan a ti, del mismo modo que sus esculturas fálicas te tientan a sentarse sobre ellas sin entender muy bien la razón.

Detalle de la obra ‘El momento de la regeneración’ (2004), de Yayoi Kusama, en su exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Danae N.

¿Por qué falos? Porque Yayoi Kusama expresa sus temores y complejos en su arte; crea lo que más le aterroriza. Repudiaba el sexo y le asqueaban los penes, de ahí que los falos se repitan una y otra vez hasta que la forma, el pene, se vuelve algo conocido.

Tal y como explica ella misma: “Al reproducir sin tregua la forma de las cosas que me aterrorizan, soy capaz de suprimir el temor. Hago una montaña de penes de escultura blanda y me tumbo entre ellos. Eso convierte lo terrorífico en algo gracioso, algo divertido”.

Del mismo modo, también incluye macarrones en sus obras porque la idea de consumir comida que “llega a nosotros a través de máquinas y cintas transportadoras” le provoca verdadero asco. Una terapia en toda regla para enfrentarse a sus traumas y complejos que ella denomina ‘arte psicosomático’.

Otro concepto que también se atribuye es el de ‘obliteración’: recrear aquello que le provoca miedo o repulsión de forma repetitiva e infinita, hasta que el mismo proceso termina por enterrarla, por incluirla en ese paisaje creado por ella misma. 

En la muestra también nos encontramos televisores antiguos que emiten las performances sexuales de Kusama realizados durante la década de los sesenta: hombres y mujeres, la mayoría homosexuales, despojados de ropa, a quienes pinta lunares y cuyos cuerpos desnudos entrelazados solían terminar en orgías.

Orgías que reclamaban paz, amor y liberación sexual, mientras que periodistas y asistentes observaban embobados y excitados, hasta el punto de llevar a más de uno a bajarse la bragueta y masturbarse ante semejante espectáculo.

Detalle de ‘Auto-obliteración’ (1966-74), de Yayoi Kusama, en la exposición del Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Danae N.

Recortes de noticias, collages, sus famosas esculturas de calabazas punteadas, piñas enormes, fruta que la tenía fascinada, instalaciones colgantes… La obra de Kusama es su neurosis y su neurosis es su obra. No existiría la una sin la otra.

Si tienes pensado visitar Bilbao, entra en el Guggenheim, elige un lienzo y permanece frente a él unos segundos, como el niño que se acerca a la imagen caleidoscópica de ‘El ojo mágico’ en busca de la figura escondida. Ignora a las personas que hablan a tu alrededor y déjate envolver por ese pozo sin fondo que son las creaciones de la artista nipona.

Detalle de la obra ‘Acumulación de estrellas’ (2001), de Yayoi Kusama, en su exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Danae N.

No te muevas, solo observa. Notarás cómo en cuestión de segundos las figuras planas se vuelven tridimensionales, su estatismo se rompe y comienzan a moverse, hasta tal punto que te acercarás a la obra para comprobar que realmente no hay ninguna corriente de aire que mueva el lienzo o lo que éste incluye. Es tu percepción, es tu yo entrando en un mundo obsesivo que no le pertenece a nadie, ni siquiera a su autora.

De la exposición de Yayoi Kusama has de salir mareado, sí, como lo lees, mareado como si desembarcaras de un barco que ha sido vapuleado por el oleaje. Si no es así, algo has hecho mal.

Si solo has visto círculos de colorines y patrones repetitivos sin sentido, algo has hecho mal. Si después de ver cuadros como ‘Acumulación de estrellas’(2001) o ‘Redes de infinito’ (2007) no sientes cómo la autora ha contenido el infinito en un lienzo de grandes dimensiones, pero, aun así, limitado, inténtalo de nuevo.