Txomin Badiola en la Galería Pérez de Albéniz

Capitalismo Anal Capitalism de Txomin Badiola
En la Galería Moisés Pérez de Albéniz
C/ Doctor Fourquet, 20. Madrid.
Inauguración el 1 de Febrero

La obra de Txomin Badiola se dio a conocer a mediados de los años 80 dentro del contexto convencionalmente denominado “Nueva Escultura Vasca” que aglutinaba a un grupo de artistas radicados en Bilbao. Dicho grupo acabó caracterizándose, en primer lugar, por reivindicar un particular posicionamiento crítico del formalismo como actitud estética que se oponía a la oleada transvanguardista y neoexpresionista de la época, y en segundo término, por la resistencia, desde la práctica y el discurso, a los debates dominantes de la época que negaban la exclusividad mutua de los léxicos moderno y posmoderno. En el caso de Badiola, este posicionamiento derivó a finales de la década hacia actitudes deconstructivas, cuyo primer objetivo consistió en abordar cuestiones vinculadas a la recepción crítica de su trabajo anterior, siendo su materialización más reseñable la exposición ¿Quién teme al arte? presentada en Londres (1989) y Madrid (1990). Durante la década de los 90, la obras de Badiola evolucionaron hacia un determinado tipo de artefactos híbridos (o bastardos como él los denomina) conformados típicamente por un elemento de carácter arquitectónico confrontado a una pluralidad de sistemas sígnicos. Para que dicha articulación fuera posible Badiola hacía uso de lo que, siguiendo a Lyotard, denomina “Mala Forma”: una forma que es a la vez la norma (la ley) y su transgresión, una forma precaria e inestable en la que el deseo permanece atrapado. De hecho estas obras constituían una escenarización del campo del deseo como constructor y destructor de realidades, expresando una particular noción de lo político: “…primero, como exceso semiótico, reconstruyéndolo, después, para, finalmente (re)articularlo, mediante una blasfema, por promiscua, contigüidad entre referentes “codificables” como políticos y otros que desde una lógica política convencional resultarían inocuos. Su discurso estético trabaja en un doble plano: deconstruye la política mediante la saturación paródica de sus referentes tradicionales y establece al tiempo las condiciones de posibilidad para articular cultural, simbólica y discursivamente la política como otro”. Buena parte de estos trabajos fueron recogidos en la retrospectiva celebrada en 2003, en el MACBA de Barcelona y el Museo de Bellas Artes de Bilbao, titulada, precisamente Malas Formas, o en la, también retrospectiva, La Forme qui pense, en el año 2007 en el museo Saint-Etienne-Metropole, Francia.

Obra de Txomin Badiola.

Obra de Txomin Badiola. 2007.

En la última década Badiola ha ido desarrollando una personal actividad acerca de la noción de “herencia” que se distancia del apropiacionismo o la citación posmodernas; un peculiar modo afectivo de la historicidad, en donde de nuevo el deseo, motor tradicional de su trabajo, es fundamental: “El sujeto-artista es una superficie sobre la que se posan signos, palabras, estímulos, como si de una página en blanco se tratara. Donde Badiola dice “deseo” podría también leerse “amor”: el artista como receptor se sitúa en la posición del que ama, y se sabe que en el amor la dialéctica entre el que da y el que recibe está constantemente tensionada, sujeta a constantes inversiones y cambios de posición. Un planteamiento que utiliza sistemáticamente como herramienta la “mala interpretación”, el abuso de los “textos” bien sean estos producidos desde la literatura, el arte plástico, la política o los media. En sus trabajos de estos últimos años –como quedó patente en el conjunto de ejercicios propuestos dentro del proyecto Primer Proforma 2010– ha prestado una especial atención a la relación entre el lenguaje ins/escrito y el hablado como lugar en el que más evidente resulta la falacia que une inextricablemente la eficacia de la comunicación con el significado. En estas obras se trataría precisamente de suspender esa ligazón, como él mismo indica: “Se trataría de que el sentido aparezca como algo que apela no tanto a nuestra consciencia como a la pluralidad que nos constituye; como algo que surgiera a base de violentar las cadenas significantes que lo cierran alrededor de un significado que normalmente responde a uno o varios órdenes de la representación, es decir, de sujeción a la Ley”.

En la presente exposición, la obra Entelequia aparece como una gran valla metálica que, hacia el exterior, articula un espacio de grandes dimensiones, al tiempo que interiormente está articulada en una multitud de microrelaciones espaciales de diverso orden, todas ellas sujetas a su condición eminentemente plana. Esta obra es también una pantalla que proyecta un texto hablado. Se trata de un audio generado en uno de los ejercicios del Primer Proforma 2010 que consistió en someter consecutivamente a dos textos a múltiples traducciones a varios idiomas hasta que estuviesen totalmente corrompidos por lo que respecta a su significado original. Posteriormente, fueron leídos (hechos cuerpo) por los participantes en el ejercicio, recuperando de ese modo, al convertirse en voz, una extraña fulguración de sentido. El otro conjunto de obras comprende piezas agrupadas bajo el título de Capitalismo Anal. El póster/invitación de la exposición incluye en su reverso un texto –que es una recopilación de voces de varios autores– sobre la extraña fraternidad que se produce en la cultura actual entre el capitalismo, la religión y lo excremental; una situación en la que los significantes tradicionalmente vinculados con el discurso de la emancipación han sido de algún modo secuestrados con la consecuencia de la pérdida de todo referente de valor. En estas obras, una serie de frases vinculadas a este campo de referencias fueron perforadas en unas construcciones metálicas con unas características materiales/espaciales precisas. El elemento de autoridad, que en sí mismo conlleva una sentencia grabada sobre una superficie, está simultáneamente afirmado –por su materialidad cercana a la placa conmemorativa, las señales de aviso, o incluso el epitafio-, y negado –por el modo de su espacialidad que suspende las palabras en dimensiones más complejas ofreciendo una resistencia al automatismo de su lectura-.

cartel de la exposición.

cartel de la exposición.

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