Las ‘Voces’ de Perico Sambeat

Voces, de Perico Sambeat
Perico Sambeat Big Band, con Carme Canela y Viktorija Pilatovic
Sala Iturbi del Palau de la Música
Paseo de la Alameda, 7. Valencia
Sábado 9 de julio, 2016, a las 22.00h

El saxofonista valenciano Perico Sambeat, presentará el sábado 9 de julio en la Sala Iturbi del Palau de la Música y dentro del XX Festival de Jazz, su último proyecto Voces, en el que vuelve a demostrar su interés por trabajar con la formación jazzística más espectacular, la big band.

En ‘Voces’, además de las piezas escritas especialmente para la ocasión, da también nueva vida a algunos temas anteriores, como ‘Matilda’, que ahora muestra de una manera muy sorprendente y diferente.

Sambeat dirigirá una formación numerosa, con una gran orquesta de jazz formada por músicos de primera línea, en la que también destacan con luz propia los temas acompañados por la cantante Carme Canela.

Sin duda una de las voces más reconocidas y prestigiosas del jazz español, con una dilatada carrera que avalan sus trabajos en solitario y sus múltiples colaboraciones con los mejores músicos del jazz nacional e internacional. También Viktorija Pilatovic, cantante que se ha ganado a pulso su lugar en la escena del jazz, por su extraordinaria y prometedora carrera profesional tanto dentro como fuera de España.

Las próximas citas del Festival serán el domingo 10 de julio, con la actuación de las ‘Dómisol Sisters’ en la Sala Iturbi, con su último trabajo ‘Get on board’ y la actuación de la Sedajazz Kids Band, en el vestíbulo de la estación Adif Valencia Norte a las 12.00 horas.

Perico Sambeat. Imagen cortesía de Festival de Jazz de Valencia.

Perico Sambeat. Imagen cortesía de Festival de Jazz de Valencia.

Saber pero no querer creer

‘Aquello que no sabéis de mi’ de Rafael Tormo i Cuenca
Comisariada por Izaskun Etxebarria
Galería Rosa Santos
Calle Bolsería 21, Valencia
Hasta el 8 de julio de 2016

Atreviéndome a definir en breves esbozos el trabajo presentado para ‘Aquello que no sabéis de mi’, de Rafael Tormo i Cuenta, parece simplificarse en la premisa de que el arte, o por lo menos ese que el susodicho artista crea, actúa como agente amplificador de la acción social. Nada más y nada menos. Todo un reto que ha conseguido, como Etxebarria ya anuncia en la hoja de sala, “(…) rememorar aquello que quedó vacío. Un vacío social, emocional,vital.” Estos tres últimos adjetivos pudieran ser tomados a la ligera, pero realmente actúan como fundamentaciones sintéticas de todo un discurso que el artista viene encajando dentro del mundo profesional del arte desde los años 80.

Con Rafael Tormo i Cuenca ocurre, como no podría ser de otra forma, que esta concepción social del arte le ha llevado hacia otras disciplinas no tan ligadas a las artes plásticas y visuales como tal, y se ha convertido en un auténtico generador de proyectos multidisciplinares versados sobre educación, danza, poesía, crítica, etc. Es quizá por esa mirada periférica que su obra resulta complicada de describir.

‘Aquello que no sabéis de mi’ la componen tres conversaciones en forma de video entorno a tres piezas clave que tratan de rememorar partes de la microhistoria que nos ha rodeado en las últimas décadas. Estos vídeos son una conversación del autor con distintos pensadores, en concreto, Miguel Ángel Martínez, José Luis Clemente, y Mijo Miquel. En primer lugar nos encontramos con ‘Implosió Impugnada 23. Batallar, batallem’, creada en 2012 a raíz del singular acontecimiento acaecido en la celebración del primer aniversario desde la famosa ocupación de la Plaza del Ayuntamiento de Valencia.

Cuando, tras un año de convulsiones, dicha manifestación terminó en la Plaza del Ayuntamiento, los participantes se encontraron de pleno con que la plaza había sido “ocupada” en esta ocasión, por una mascletà. Ocurrió un 12 de mayo. Este hecho se narra de manera secuencial a través de la técnica fotográfica. Seis libros enganchados cual masclets, una mesa de madera como contenedor formal y una intervención sobre los registros del Ayuntamiento sobre el hecho. Algo simple pero efectivo. El video reflexivo que acompaña a esta pieza es una conversación con Mijo Miquel, donde Rafael Tormo y ella reflexionan entorno a la idea de como el gobierno de entonces utilizó, como si de un arma se tratara, la propia cultura popular en contra de los manifestantes… Miquel apunta tajantemente que “siempre se utilizó”.

Implosió Impugnada 23. Batallar, batallarem. Fotografía: María Ramis.

Implosió Impugnada 23. Batallar, batallarem. Fotografía: María Ramis.

En la siguiente planta de la galería de Rosa Santos, podemos ver ‘Implosió Impugnada 21. Èxode ultralocal’ una propuesta entorno a la ocupación del espacio público, diferenciándose de la ocupación de la que hablábamos anteriormente, más allá de lo político y a través la fiesta, de lo folclórico… La carroza, ese elemento que, extraído de su entorno, nos resulta extraño, es el hilo conductor de la conversación entre Rafael Tormo y José Luis Clemente donde reflexionan acerca de los cambios que ha sufrido en la reciente historia y la manera en que se ha establecido como un elemento de empoderamiento de ciertas partes de la sociedad. La carroza engloba, en su propia concepción, lo popular y la ocupación del espacio, lo que le sirve al artista para reflexionar y ampliar su discurso.

Por último, ‘Implosió Impugnada 16. Rescat d’un relat’ es una ilustración sobre la catástrofe del pantano de Tous cuando, en octubre de 1982, la gota fría se hizo eco en la localidad de la Ribera de tal manera que acabó por desbordar la presa asolando todo a su paso. Tormo crea una pieza en la que nos muestra la cara directa de las personas afectadas, a raíz de un mural donde pueden verse sus documentos identificativos, acompaña la instalación de sonidos de voces, ininteligibles, que quizá cuenten la historia de esas personas o quizá no. La pieza audiovisual, esta vez con Miguel Ángel Martínez, cavila sobre lo intrínseco de la narración y de lo que implica el hecho narrativo, casi el recordar sin querer y cómo eso mismo, ya se configura como el rescate de un relato.

Nos encontramos al final del todo con sentimientos encontrados, prácticamente incómodos y, haciendo balance, nos damos cuenta de que el título de la exposición, ‘Aquello que no sabéis de mi’, no es una referencia autobiográfica a si mismo, sino más bien un guiño, un modo de sacar a la luz de manera reluciente aquello que como ciudadanos, por ende sociales, no sabíamos, o mejor, sí sabíamos pero no queríamos creer.

Implosió Impugnada 21. Èxode ultralocal. Fotografía: María Ramis.

Implosió Impugnada 21. Èxode ultralocal. Fotografía: María Ramis.

María Ramis

¿Somos todos hombres grises?

El hombre gris, de Cayetano Ferrández
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 5 de abril, 2015

“Todos somos hombres grises. Yo, el primero”. Cayetano Ferrández trabaja en la banca (“ahora tan mal vista”), donde asume una labor “monótona, aburrida”. He ahí el hombre gris al que alude de múltiples formas y maneras en su exposición en el Centro del Carmen, titulada, cómo no, ‘El hombre gris’. Pero resulta que ese hombre gris sale de su trabajo, se quita el anodino traje que le angustia por dentro, y se lanza a reproducir como un poseso la serie de figuras, convertidas en personajes de desgarradas historias, que al modo de “madelmans tuneados” le ayudan a quitarse tanto pesar de encima.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen de Valencia. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Todo ese existencialismo gris, comisariado por José Luis Pérez Pont, se muestra entre penumbras, para que la escasa luz revele aspectos esenciales de esa angustia que palpita en cada una de las obras de Ferrández. “Reflejo mi forma de entender la vida”. Y la entiende gris, porque ya sea el poder (y señala su figura ecuestre) o el dinero (en forma de dólar que estrangula a uno de sus personajes) así nos lo hacen saber. “Pongo el acento en las personas que nos manejan y nos utilizan”. También lo pone en el “engranaje social al que nos vemos abocados”.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

Y de esos hombres grises está repleta una de las salas del Centro del Carmen, ya sea arrastrando pesadas carretillas, caminando sobre cabezas, congelados, como marionetas o presos de la propia mente. Figuras convertidas en personajes que le sirven a Ferrández “para contar historias”. Historias que Pérez Pont relacionó con la sociedad de consumo, la crisis y el poder, y que el artista extendió “a la totalidad de la civilización y la gente”.

El existencialismo de Cayetano Ferrández se nutre de ese “sistema social que nos oprime unos a otros”. Pero también del Freud que señala al propio sujeto como enemigo de la civilización, en tanto habitado por una pulsión de muerte autodestructiva. Energía que prolifera en la sociedad de Internet. “Hay tantas voces y tanto murmullo que ya no sabes lo que está bien y lo que está mal”, reduciéndolo todo “a una especie de sordera”.

El hombre gris, de Cayetano  Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

‘El hombre gris’ aparece replicado en el Centro del Carmen metamorfoseado en las múltiples caras kafkianas del tedio y la violencia, haz y envés de esa triste grisura. Fotografías, esculturas y videos que sirven al artista para enjugar su angustia y, de paso, conectar con la del espectador. “Si la exposición conmueve, entonces la comunicación es perfecta”. Y conmueve. Conmueven esas figuras que juegan a las sillas, a competir, a martirizarse unos a otros, a doblegarse por el peso de un poder inmisericorde.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

¿Le queda alguna salida al hombre gris? ¿Alguna salida que no sea asistir impávido a su propia esclavitud, antaño forzada y hoy enteramente asumida por el narcótico del consumismo? “Ser consciente de ello ya es suficiente”, subraya el autor de tanta figura gris. Y añade: “Lo que es un impedimento puede ser también lo que te impulsa”. La figura del ‘cucurucho volador’, hombre que parece precipitarse al vacío con un gran helado a su espalda, sería ese signo esperanzador, “de lucha por salir de la situación”. Frente al horror, la ilusión por toda mochila.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

El hombre gris, de Cayetano Ferrández, en el Centro del Carmen. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Despertar al grito de Savannakhet

La nuit du bal. Amanda Moreno
Salón Rouge
Institut Français
C/ Moro Zeit, 6. Valencia
Hasta el 30 de mayo

La algarabía en el salón de baile, durante la recepción de los embajadores de Francia en Calcuta, solo puede compensarse con la melodía de India Song y el gran silencio que esta produce. Cada vez que suena se repite un instante congelado de aquella noche, de la gran pasión. “Que d’amour, ce ball… Que de désir…”(1).

En la noche del baile se mezclan las voces con los personajes, los gritos con los llantos, las narraciones con los destinos; todo para traer a la memoria lo que el olvido ha disipado con la luz de la aurora. La nuit du bal representa un espacio en el que el tiempo ha sido hechizado. En él Amanda Moreno consigue captar algunas de las imágenes de la obra de Marguerite Duras: aquellas que se repiten en el canto de su serie inspirada en la India y que Moreno exhibe de manera propia, haciéndola suya, fascinada por la complejidad narrativa de la francesa. Así, la densidad del tiempo, la laxitud de la acción nos introduce en la ficción, no tanto la literaria de Duras como aquella que hace de la memoria un lugar para confundir los recuerdos, dotar de existencia al amor y el deseo, dar voz a la locura y observar, de cerca, la muerte en vida.

Obra de Amanda Moreno en 'La nuit du bal'. Imagen cortesía de Institut Français de Valencia.

Obra de Amanda Moreno en ‘La nuit du bal’. Imagen cortesía de Institut Français de Valencia.

Por tanto, La nuit du bal es un “récit très lent, mélopée faite de débris de mémoire, et au cours de laquelle, parfois, une phrase émergera, intacte de l’oubli”(2). Entonces Amanda Moreno guarda los restos de memoria que las voces traen en su narración componiendo ese gran escenario que es La nuit du bal. En él se mezcla un jardín tropical de cocoteros y palmeras, de plantas verdes y adelfas trás las que se oculta la chica de S. Thala. Una selva misteriosa que esconde los secretos del tiempo más oscuro y en el que el Ganges mece cada una de esas vidas, donde el Vicecónsul embebido en su existencia fantasmagórica vagabundea; la mendiga exhala su canto de Savannakhet. “Elle se tient là avec les restes. Oublieuse. Déliée, c’est-à-dire absolue”(3). O los leprosos que se aproximan a la embajada y que son devorados por la hambruna.

También nos hallamos frente a una recepción envuelta en decadencia exuberante. De entre estas ruinas, Moreno hace emerger algunos instantes de esplendor. Los amantes hipnotizados por la asfixiante dulzor del vals atraviesan las estancias a pesar del rumor de los cuchicheos de los invitados. El pasado lujo se ha hecho añicos, polvo y piedras quemadas. La luz emana del monzón verde, de los rostros blancos de la locura, de las manchas de la luna y el negro de la noche.

Obra de Amanda Moreno en 'La nuit du bal'. Imagen cortesía de Institut Français de Valencia.

Obra de Amanda Moreno en ‘La nuit du bal’. Imagen cortesía de Institut Français de Valencia.

La absoluta visualidad deviene una transición de paisajes de ausencias. Oscura es la noche, calurosa e inalcanzable. Las sombras hacen de ella su morada. El deseo avanza apresurado sobre la tormenta que se adentra en el Bengala. Así, el monzón con su lluvia impregna cada pincelada: el aceituna que aflora de la húmeda y espesa selva tropical, el amarillo de la faz perdida y su destilación en flores, y el azul del mar que ensordece el final de cada palabra. Las veladuras aumentan la atmósfera pesada y perfumada en incienso. Cada fragmento de papel pintado, arrancado y pegado por nuestra artista es la rotura de una escena, el hábito de los deseos más enloquecedores y la lepra del corazón.

Todo los elementos de las grandes estancias de la embajada, los personajes y la naturaleza parecen estar cubiertos por las piezas rotas de una historia imposible de ser compuesta, en la que el fin ya llegó y su escritura está por venir. Por eso, los fragmentos de collage-décollage pictórico, de las pinturas rotas y brillantes de Amanda Moreno son como la memoria residual de las voces que nos hablan de La nuit du bal.

(1) Duras, M., India Song. Paris, Gallimard, 1973, p. 16

(2) Íbid., p. 40

3) Certeau, M., La fable mystique, Paris, Gallimard, 1982, p. 48

Obra de Amanda Moreno en 'La nuit du bal'. Imagen cortesía de Institut Français de Valencia.

Obra de Amanda Moreno en ‘La nuit du bal’. Imagen cortesía de Institut Français de Valencia.

Johanna Caplliure