¿No les suena ‘La Traca’?

La Traca. La transgresión como norma
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. València
Hasta el 15 de enero de 2017

Durante un tiempo la ciudad de Valencia produjo la revista de mayor tirada de España y también la más polémica y jocosa. Su propietario, Vicente Miguel Carceller, era además el editor más importante del país, pero el destino de ambos se interrumpió súbita y fatalmente por compartir compromiso antifascista: la publicación tuvo que dejar de editarse y Carceller fue fusilado. La Universitat de València recupera esta historia en la exposición ‘Revista La Traca. La transgresión como norma’.

La primera exposición que se realiza sobre esta publicación, que vio la luz entre finales del siglo XIX y el fin de la II República, recupera una extensa documentación que no se ha mostrado públicamente. Portadas y números completos de ‘La Traca’, ejemplares todos de gran valor que pudieron salvarse, ya que en su mayoría fueron destruidos durante el régimen franquista. La muestra podrá visitarse hasta el próximo 15 de enero en la Sala Estudi General del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

El vicerrector de Cultura e Igualdad, Antonio Ariño, señala el carácter popular de esta publicación satírica y, cómo, a través de esta muestra única, la Universitat de València rinde homenaje no solo a ‘La Traca’, sino también al conjunto de la cultura popular satírica valenciana. Asimismo, destaca el mensaje homogéneo de ‘La Traca’ que llegaba a toda la sociedad, a diferencia de Internet que propicia una forma diferente de circular la información.

Antonio Ariño estuvo acompañado en la presentación de la muestra por los comisarios, los profesores Antonio Laguna y Francesc-Andreu Martínez, para quienes esta exposición no solo reconstruye la historia del semanario y de su editor, sino también la de una cultura popular alternativa que cuajó en la Valencia de los años 30 del siglo XX a través de ‘La Traca’. Aquel semanario, que se escribía en valenciano frente a la cultura oficial en castellano, fue importante porque reflejó una cultura alternativa, a la contra, inmisericorde con la corrupción y que reivindicó la fiesta laica y popular.

Tanto Laguna como Martínez reconocen la singularidad de esta exposición producida por la Universitat de València: “No solo es la primera exposición que se realiza sobre este semanario, es que además reúne auténticas piezas de coleccionista, ya que los ejemplares que se conservan sobre ‘La Traca’ son una rareza”, coinciden ambos, que agradecen el apoyo de la Universitat por la realización de esta muestra, así como la aportación del coleccionista y erudito Rafael Solaz, crucial para reunir el material exhibido, y la ayuda de la Biblioteca Valenciana y de las Hemerotecas Municipales de Valencia y Madrid.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Martínez reivindica, además, la figura del editor valenciano Vicente Miguel Carceller (1890-1940), el hombre que editó ‘La Traca’ desde 1909 y que fue el creador de un imperio editorial, al conseguir que sus publicaciones -más de una decena-, fueran las más leídas de España, siendo el primer editor que consiguió superar el medio millón de ejemplares con ‘La Traca’ en 1931. Un total de 50 familias entre impresores, redactores, grabadores, dibujantes, personal administrativo y otros trabajaban para las publicaciones de Carceller. Pero que ‘La Traca’ fuera casi la única publicación en caricaturizar la figura de Franco tuvo consecuencias: Carceller fue fusilado en junio de 1940 en los muros del cementerio de Paterna y su obra fue destruida. Esta exposición pretende dar a conocer la historia del semanario.

La exposición, ubicada en la Sala Estudi General, está estructurada en 10 secciones, en las que se analiza, entre otras cuestiones, el papel de ‘La Traca’ en el periodismo, la figura de Carceller o las señas de esta publicación, símbolo de la República, el anticlericalismo y el erotismo, que marcaron la cultura alternativa de la época.

‘La Traca’ fue la heredera de una prensa satírica que nació a principios del siglo XIX, un periodismo que vivió su primera edad de oro entre 1868 y 1874. Tramoyeres (1880-81) contabiliza 101 periódicos entre 1868 y 1874 aparecidos en la ciudad de Valencia, de los que 28 fueron satíricos. La mayor parte de ellos eran republicanos o carlistas, lo que indica que se dirigían a un público que compartía características intelectuales y económicas; un público iletrado que requería de imágenes y nuevas formas narrativas.

La conexión entre la prensa satírica y la primera ‘Traca’ se llama Constantí Llombart, que fue su inspirador a través de las publicaciones que impulsó. En noviembre de 1884, los hijos políticos de Llombart, Manuel Lluch Soler y Luis Cebrián Mezquita, creaban ‘La Traca, Semanari pa la chent de tro’. Con todo, el protagonista indiscutible de ‘La Traca’ es Vicent Miguel Carceller (1890-1940), no solo por retomar en 1909 la cabecera creada por Lluch Soler dos décadas atrás, sino por dotarla de todos los ingredientes que acabarán convirtiéndola en la publicación señera del valencianismo que Sanchis Guarner denominó de “espardeña”, es decir, popular.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

‘La Traca’ fue denunciada insistentemente a lo largo de su existencia, no solo por la crítica política que pudiera efectuar, cuanto por los dibujos y el contenido sexual que pudiera sugerir. En 1913 tuvo tres denuncias interpuestas por el fiscal por sus dibujos “pecaminosos”, que conllevaban una sanción económica de entre 25 y 125 pesetas, además del secuestro de la tirada, incluidos los clichés.

A pesar de las multas, el éxito de la publicación fue rotundo: en el balance que efectuaba en 1913 informaba tener una tirada de 12.000 ejemplares, lo que se traducía en unos ingresos que se aproximarían a las 500 pesetas semanales. Las claves de este éxito radican en la conjunción de múltiples factores, entre los que se encontraba su precio de venta, ‘una aguileta’ (5 céntimos), al alcance de cualquiera, la originalidad y la comicidad de sus contenidos.

Suspendida con la dictadura, reaparecida con la República, desde entonces, en abril de 1931, ‘La Traca’ multiplica sus contenidos para hacerse más didáctica, más visual, más provocativa. El anticlericalismo y el erotismo fueron marcas de la casa, por eso ocupan dos secciones de la exposición. El erotismo, que Carceller exprime hasta donde fiscales y jueces lo permitieron, con el fin de ganar lectores y dinero. Pero en ambos ámbitos siempre discurren con sutileza, en un velado juego de metáforas y de alusiones indirectas.

En 1934, con la llegada de la derecha al poder, la revista quedó silenciada, y la editorial que la publicaba, desmantelada. Después, con el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, la publicación que más ejemplares había sido capaz de vender en la historia del periodismo español volvió a reaparecer. Con el inicio de la Guerra Civil, ‘La Traca’, por su incidencia social, deja de tener un sentido comercial para pasar a ser, por encima de todo, un potente medio de propaganda, hasta su fin en 1938.

 

El Nadir recupera grandes pioneros del cómic

El Nadir, sello editorial
Los pioneros del cómic

Nadir es un término de origen árabe que se utiliza tanto en astronomía como en medicina para designar el punto más bajo en un proceso. Es el nombre cargado de ironía que eligió un grupo de amantes de la literatura para crear una asociación que, en 2003, mudó en sello editorial El Nadir. Blas Parra, Carmen Botello, Elena Lambies y Jorge Beltrán son los pilares que mantienen en pie el proyecto a lo largo de estos años logrando sobrevivir al margen de las corrientes dominantes apostando por la calidad y lo diferente.

Hace cuatro años el núcleo original se rejuveneció al incorporarse una segunda generación de veinteañeros, René Parra y César Sebastián, entre otros colaboradores, los llamados Inefables, que inauguraron  una nueva línea dedicada a recuperar a los pioneros del cómic, los grandes y a veces olvidados maestros del humor gráfico. Rodolphe Töpffer, Oskar Andersson, Henry Yoshitaka y Gustave Doré entre otros maestros.

Una de las portadas de El Nadir. Imagen cortesía de la editorial.

Una de las portadas de El Nadir. Imagen cortesía de la editorial.

Editor fusilado

No se trata sólo de nombres extranjeros. Uno de sus títulos más cuidados es un ensayo que rescata la memoria del prolífico editor valenciano Vicente Miguel Carceller, personaje clave de la cultura popular en España durante el primer tercio del siglo XX. Un estudio de Antonio Laguna, Catedrático de Historia de la Universidad Castilla-La Mancha, que siguió su pista borrada por la censura y el olvido durante veinte años. Gran promotor de la literatura en valenciano, Carceller fue director de la difundida revista satírica La Traca, máximo exponente del erotismo, republicanismo y anticlericalismo de su época. En junio de 1940, la justicia franquista lo fusiló, junto al caricaturista Bluff.

Los artífices de  El Nadir se autoproclaman francotiradores en un campo de batalla caracterizado por el minifundismo, unas 700 editoriales  en España polarizadas entre Madrid y Barcelona, y dominando por las grandes multinacionales del libro. Desde el principio apostaron por la radicalidad y la literatura combativa hecha por mujeres. Su colección DePaso cuenta ya con un centenar de títulos primeras traducciones al español de significativas obras de autores de la gran literatura europea de entreguerras y literatura de mujeres, adelantados a su tiempo en nuevas formas de expresión artística. Incluye obras de ciencia ficción, novela gótica y de misterio, novela negra, etcétera.

“En esta colección caben tanto obras de crítica y pensamiento, como cualquier viaje o aventura cuya singularidad merezca ser recordado”, dice Parra. ¿Cuál es la fórmula? “Algunos libros se venden más que otros mientras nos mantenemos en un ideal de supervivencia y una trayectoria elegante dando una vuelta de tuerca, apostando por lo distinto y significativo”.

Portada de El Nadir. Imagen cortesía de la editorial.

Portada de El Nadir. Imagen cortesía de la editorial.

Poder de la imagen

En la colección El Nadir Gráfica  “indagamos los orígenes del cómic, y ante ciertos olvidos incomprensibles recuperamos la obra de grandes maestros del pasado junto a otras manifestaciones alternativas, clásicas o modernas, que conectan con nuestro presente”, señala René Parra. Los amantes del cómic tienen acceso a obras cumbres como El hombre que hace lo que le viene en gana, del sueco Oskar Andersson. Un brillante antecesor del surrealismo que tuvo una malograda trayectoria al suicidarse con sólo 29 años.

Otro hito recuperado es Henry Yoshitaka Kiyama, autor de El manga de los 4 inmigrantes (1931), una crónica visual de la experiencia de su autor como inmigrante en los Estados Unidos. Publicado originalmente en japonés e inglés y dibujado en un estilo cercano al cartoon, la historia es un fascinante retrato de los primeros forcejeos, coincidencias y desencuentros entre Asia y América.

Monsieur Cryptogame y otras historias incluye algunos de los pioneros del cómic durante la época dorada de la caricatura en Francia.  Reúne las historias de Monsieur Cryptogame, de Rodolphe Töpffer, el auténtico padre de la historieta, Los trabajos de Hércules de Gustave Doré, Las historias campesinas de Petit y Las Impresiones del viaje de Monsieur Boniface de Cham. Las Biblias de Tijuana, una selección de cómics underground de contenido erótico que excitaron la imaginación de los americanos ha sido su título más vendido. El sexo siempre vende más.

Ahora preparan una edición de Historia de la Santa Rusia (1854) de Gustave Doré en su etapa juvenil, más fresco e irreverente del que posteriormente alcanzó la fama.

Portada de El Nadir. Imagen cortesía de la editorial.

Portada de El Nadir. Imagen cortesía de la editorial.

Bel Carrasco