Cuando las fallas fueron un arma

IVAC-La Filmoteca

Fallas 37. El arte en guerra

Óscar Martín

Estreno: 4 de marzo

Si el pueblo ponía las fallas, el ejército se encargaría de las tracas. Con el inicio de la Guerra Civil Española en 1936, la fiesta fallera vive una situación comprometida: la ciudad se convierte en capital de la República y decide plantar monumentos reivindicativos; desde el otro bando ven las fallas como amenaza pero, bien utilizadas, también como oportunidad. Y deciden contraatacar. Este peculiar y poco conocido periodo de la historia de la fiesta ha sido analizado y recuperado por Óscar Martín (1973), documentalista y profesor de la Universitat Jaume I de Castellón. El resultado es un corto, Fallas 37. El arte en guerra, que se estrenará en la Filmoteca de Valencia el próximo cuatro de marzo y en los cines Lys el día siguiente, podrá verse después en otras salas de ámbito nacional. Martín entrevista a nombres conocidos del mundillo fallero (Gil-Manuel Hernández, Vicent Borrego, Miguel Santaeulalia…) para recuperar la historia: un grupo de artistas e intelectuales valenci anos (con Renau, delegado de Bellas Artes, a l a cabeza) impulsa la creación de cuatro fallas de contenido antifascista que nunca llegaron a plantarse tal y como estaban concebidas. Debido a los bombardeos que sufre a diario Valencia, las fallas no se plantan pero los ninots se trasladan a la Lonja, donde se presentan en una suerte de exposición abierta al público. Además, el bando encabezado por Franco decide también utilizar propagandísticamente las fallas, plantando su propio monumento junto al Alcázar de Toledo, un Miguelete ‘amenazado’ por una hidra. El documental (con la voz en off del ganador de un Goya, José Sacristán), recuerda con imágenes algunas de estas figuras y recrea de forma virtual cómo se hubieran plantado las cuatro fallas pensadas de inicio. «No había apenas información», comenta Martín, que tuvo que reunirse con antiguos artistas y bucear en la biblioteca para aproximarse a los bocetos. Incluye, además, un capítulo histórico más, cuando el régimen victorioso adapta la fiesta a sus ideales y sólo queda el exilio. En Perpiñán, un grupo de valencianos promueven la creación de la falla Quememos a Franco, un acción reivindicativa que se extendería a otros países. El director apunta que nunca antes se había interesado por la fiesta pero ahora ha descubierto «que las fallas no siempre han sido monumentalidad, que fueron otra cosa». Defiende, como los protagonistas de su corto, «las posibilidades críticas del monumento». Algún día, quizás, este espíritu vuelva.